Capítulo 33
EMMA
— Los extrañaré...
Sus palabras flotaron en el aire congestionado del aeropuerto mientras abrazaba a cada uno de sus hermanos. Sabía que sus negocios no podían esperar; habían pospuesto sus vidas para tenderle la mano, y ese gesto la conmovía hasta la médula. Pero ahora, tras compartir esos días fugaces, entendía con dolorosa claridad cuánto había añorado su presencia sin siquiera admitirlo.
Omán, el más pragmático del clan, le apretó el hombro con firmeza:
— Solo será unos días. Si no fuera estrictamente necesario, créeme, no te dejaríamos así. Aún hay... asuntos pendientes.
Omat, el místico, tomó su mano con intención de leerle la palma. Emma retiró los dedos como si hubiera tocado fuego.
— Basta de examinarme como a un espécimen de laboratorio — espetó, cruzando los brazos—. El destino ya está escrito. ¿Qué importa si me dices que moriré al salir de aquí o a los ochenta?
— Déjanos ayudarte — insistió Omat, su voz cargada de una urgencia que Emma decidió ignorar.
— Ya lo hicieron — susurró, mirándolos uno a uno—. El día que me salvaron la vida, cuando me enseñaron a bailar bajo la luna, a blandir una daga, a convertir el miedo en fuerza. Hasta sus burlas me hicieron más resistente. — Una lágrima traicionera rodó por su mejilla—. Me prepararon para este mundo... y jamás podré agradecerles lo suficiente por aceptarme como sangre de su sangre.
Los seis hermanos la envolvieron en un abrazo que ahogó sus palabras. Emma sintió el peso de sus brazos como una armadura familiar.
— No sabía cuánto los extrañaba hasta ahora — confesó contra el hombro de Omán—. Quizá no tuvimos una infancia feliz, pero son mi única familia. La que elegí proteger.
El altavoz anunció el vuelo con una frialdad que cortó el momento. Sus hermanos retrocedieron, sus miradas una mezcla de orgullo y preocupación. En cada rostro, Emma creyó ver un fragmento de Gregori e Isabella —sus padres adoptivos—, y el contraste le provocó un dolor agridulce.
— Cuídense — murmuraron al unísono, girando sobre sus talones con esa elegancia estoica que ella misma había heredado. Los observó marcharse, cabezas altas, sin volver la vista atrás.
— ¿Nos vamos? — La voz grave de Vincent la rescató del trance.
— Sí. A la oficina. — Su amigo asintió en silencio, guiándola hacia la salida entre la multitud anónima.
El traqueteo del coche hacia Manhattan no logró distraerla. Un vacío insondable se expandía en su pecho: ¿era la despedida? ¿El viaje obligado a Italia? ¿O el distanciamiento repentino de Jasón, que la hería como un cuchillo oxidado?
— ¿Todo bien? — Vincent interrumpió sus cavilaciones.
Emma no pudo contenerse más:
— ¿Jasón estuvo ayer contigo? — La pregunta llevaba horas martilleándole los pensamientos.
Vincent esbozó una sonrisa en el espejo retrovisor:
— ¿Es tu manera sutil de preguntar si no estaba con otra mujer?
— Podría ser.
— Sí, estuvo toda la noche. Hablamos hasta tarde y se quedó en la habitación de huéspedes. Por la mañana ya no estaba... — Hizo una pausa calculada—. Hay algo que debes saber.
Emma alzó la vista. Los ojos azules de Vincent reflejaban una advertencia.
— Nicholas se divorció. Hablé con su hermano por lo de Rachel... Está preocupado por cómo actúa contigo.
— ¿Y a mí qué me importa su divorcio? — cortó ella, clavando las uñas en sus propios muslos—. Soy una mujer comprometida, Vincent. Lo único que quiero es ser feliz con Jasón. Punto.
— Lo sé — susurró él, ajustando el volante con tensión—. Pero temo que Nicholas intente acercarse... o peor, que arme algo para separarte de Frederick.
El corazón de Emma se estrujó. ¿Era eso lo que había convertido a Jasón en un fantasma? ¿Que ahora, con su familia recuperada y Nick soltero, dudaba de su amor?
— Esta conversación es con él, no conmigo — continuó Vincent—, pero te diré algo: cree que solo estás a su lado por gratitud o comodidad. Que ahora que tienes opciones... lo dejarás.
— ¡Qué estupidez! Jamás estaría con alguien que no amo — exclamó, apretando los puños sobre sus muslos—. Y él dice conocerme...
Vincent sonrió mientras estacionaba frente al edificio de oficinas. Sabía que Emma quería a Jasón, a su manera peculiar pero auténtica. De pronto, una idea cruzó su mente y no pudo resistirse:
— Entonces demuéstrale que lo quieres de verdad. Debes arrancarle esas dudas de la cabeza. No lo demuestra, pero tras esas sonrisas y bromas, Frederick es un hombre que ha sufrido en el amor. Su camino no ha sido fácil.
Emma frunció el ceño:
— ¿A qué te refieres exactamente?
Vincent apagó el motor y giró hacia ella, apoyando un brazo en el asiento. La luz del atardecer filtraba por los cristales, pintando sombras dramáticas en su rostro.
— Tenía veintisiete años cuando creyó encontrar a la mujer de su vida — comenzó, bajando la voz como si compartiera un secreto de Estado—. Siempre ha sido un soñador, Emma. La idealizó: la perfecta esposa, amable, hermosa, deseaba hijos, un hogar... Por entonces, ocultaba su apellido. Quería que lo amaran por quien era, no por su fortuna.
Hizo una pausa dramática antes de continuar:
— Cuando finalmente se reveló, la llevó a conocer a su familia. Todo parecía perfecto... hasta que conoció a Epson. El viejo la llenó de joyas y la trató como su "nieta predilecta" — Vincent imitó una voz gutural que arrancó una risa breve a Emma—. "La que me dará herederos... y muchos nietos varones para perpetuar mi apellido".
Emma sintió un escalofrío.
— ¿Qué pasó entonces?
— ¿Qué pasó? — Vincent soltó un bufido amargo—. Que ella siempre supo quién era Jasón. Solo iba tras su dinero. Jason estuvo seis meses por fuera y al volver estaba casada con su abuelo.
Emma llevó una mano al estómago, como si la náusea fuera física.
— Dios... debió destrozarlo. ¿Qué fue de ella?
— Se casó con el viejo — espetó Vincent, abriendo su puerta con un movimiento brusco—. Ahora es una espina clavada en el costado de Frederick. Por eso evita las reuniones familiares.
Emma sintió que el aire se le helaba en los pulmones. ¿Se casó con su propio abuelo? La indignación le quemó la garganta:
— ¿Qué clase de mujer hace eso? ¡Y cómo pudo Epson aceptarlo! Es... aberrante.
— Exacto — Vincent abrió su puerta con un gesto caballeroso, pero su expresión era de hierro—. Imagínate verla en cada cena familiar, llamándolo "abuelo" mientras te mira con superioridad. Por eso se exilió de su propia familia. Y por eso el viejo tapa todos sus escándalos con la prensa: carga con la culpa. Ella, en cambio, interpreta que si Jasón no se casa... es porque aún la quiere.
Un sudor frío recorrió la espalda de Emma.
—¿Y... es así? — la pregunta le salió en un susurro.
Vincent le sostuvo la mirada, serio como un juez:
— Tú conoces esa respuesta mejor que yo. Te conoció dos años después, y jamás lo vi tan entregado. Ni siquiera con Geraldine.
Emma se mordió el labio.
— ¿Por qué me cuentas esto ahora?
— Porque a mí nadie me dio este consejo cuando lo necesité — respondió, pasando un dedo por el borde del capó como si limpiara un polvo invisible—. Perder a quien amas es un dolor que no deseo ni para mis enemigos. Los quiero a ambos como hermanos, pero son tercos y orgullosos. Alguien tiene que mantener la cordura para evitar que cometan una idiotez.
— Eres un romántico disfrazado de cínico — replicó Emma, aunque el agradecimiento asomaba en sus ojos.
— Y ustedes dos son testarudos profesionales — él le lanzó una mirada de advertencia—. Frederick es como un muro de hormigón cuando se trata de emociones.
Emma suspiró, ajustándose la chaqueta.
— Gracias, Vincent. Tomaré en cuenta tus consejos... aunque el lunes ya me voy a Italia. — Hizo una pausa, cambiando de tema con calculada casualidad—: Dime, si Rachel tiene veinticuatro años y estaba en ese club... ¿de qué exactamente se está graduando?
Vincent cerró la puerta del auto con un golpe seco.
— De preparatoria. Lleva seis meses contigo. Abandonó todo cuando su padre la vendió, pero solo le faltaban los exámenes finales. Yo me encargué de eso.
Emma lo miró de reojo mientras caminaban hacia el ascensor.
— ¿Y por qué tanto interés en Rachel, Vincent?
— Por nada en particular — respondió él, presionando el botón con un dedo. Pero Emma no pasó por alto cómo su amigo evitaba su mirada, ni ese brillo inusual en sus ojos azules.
Así que Cupido por fin alcanzó a mi lobo solitario, pensó, ocultando una sonrisa. Solo esperaba que Rachel supiera valorarlo... o tendría que explicarle personalmente las consecuencias de lastimar a su mejor amigo.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro