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Capítulo 32

JASON

Llegó a la casa de Vincent, quien le había dicho que necesitaba hablar con él. Se bajó del auto y miró a todos lados; llevaba días con la sensación de ser vigilado.

En un principio, pensó que eran los de seguridad de Epson, pero este lo había negado. Aseguró que la que tenía vigilancia era Emma, pues según él, era a ella a quien debían cuidar. "Yo sé cuidarme solo", pensó, mientras se quitaba las gafas oscuras y observaba detenidamente los alrededores.

Era un barrio cómodo. Si bien no era lujoso, se respiraba tranquilidad. Cerca de la casa había un parque. Imaginó que por eso su amigo había elegido ese lugar: por su pequeño hijo. Nunca le había preguntado cómo hacía para ser padre soltero.

Tenía el apoyo de sus padres, pero el niño necesitaba una figura materna. ¿Qué clase de mujer abandona a su hijo? Él, más que nadie, sabía lo que era crecer sin una madre. Aunque siempre tuvo a sus tías, era consciente de que anhelaba el abrazo y el cariño de una mamá.

En la época de escuela, cuando sus compañeros eran llevados por sus padres y a él solo lo acompañaban el chófer o su nana, esa ausencia se hacía más evidente. Giró hacia la derecha y siguió revisando el lugar. A unos 200 metros, vio un auto negro con vidrios polarizados; no pudo distinguir si había alguien dentro.

—¿Te quedarás toda la tarde admirando el lugar? Espero que el barrio haya pasado la prueba contigo. No es lo que acostumbras visitar, pero es tranquilo; no te asaltarán. Puedes entrar, tus lujosos zapatos no se dañarán —dijo su amigo con sarcasmo.

— Parece que la estupidez es contagiosa andas mucho con Alessandro. —respondió Jason mientras entraba. El olor a comida inundaba el pequeño espacio—. ¿Preparaste una cena romántica para mí? Lo lamento, cariño, pero no eres mi tipo —se quitó la gabardina—. Eres demasiado rubio para mi gusto.

—Sí, ya sé. Tú las prefieres castañas. —bromeó Vincent —Una pena, hieres mis sentimientos.

—¿Y Mark?

—Con sus abuelos este fin de semana. Les toca a ellos —Vincent se encogió de hombros—. ¿Dónde está Emma? ¿No la habrás dejado sola?

—Está con sus hermanos. Hoy es su última noche en la ciudad; viajan a Londres mañana. Quiso estar con ellos y me dijeron que yo sobraba —Jason frunció el ceño—. Además, me dijiste que tenías que hablar conmigo. ¿Recuerdas?

Vincent parecía incómodo. Caminó hacia la cocina y Jason lo siguió.

—¿Quieres algo de tomar?

—No, gracias. Prefiero que me lo digas todo de una vez y sin anestesia. Ya me tienes preocupado.

—¿Recuerdas a Rachel?

—Sí, la chica que Emma quiere ayudar.

—Bien. Emma me pidió que la investigara —cosa que, por cierto, no hemos tenido tiempo de hablar—. El caso es que inicialmente dijo tener 19 años, pero en realidad tiene 24 —hizo una pausa y siguió picando verduras con más fuerza de la necesaria—. También dijo que vivía con su padre, cuando en realidad se había escapado de un club nocturno al que su padre la vendió al cumplir los 18.

—No creo que eso importe mucho. —pensó Jason en voz alta — Su edad y cómo sufrió son detalles; el punto es que sufrió. El cuándo o el cómo no cambian nada.

—Lo sé, pero no es todo. —insistió su amigo— Decidí enfrentarla antes de hablar con Emma, y admitió que mintió sobre su edad y su situación. Había visto en las noticias a Emma y a ti. Probó suerte; incluso durmió frente al edificio varios días, esperando el momento adecuado —Vincent apretó el cuchillo con fuerza—. Me contó que había más chicas como ella en ese club, que la buscaban... que se había escapado.

Jason observó a Vincent. Sabía de su debilidad por las mujeres maltratadas —herencia de lo ocurrido con su hermana—, pero algo le decía que su interés en Rachel iba más allá.

—¿Fuiste a la policía?

—¿Me dejas terminar? —Vincent abrió los brazos en señal de rendición. Jason se sentó en un banco frente a él, mirando cómo destrozaba las verduras con rabia.

—Hablas muy despacio. Intento ayudarte. Aún no sé qué tengo que ver yo en esto. Si necesitas mi ayuda, dilo y tendrás vía libre. Puedo hablar incluso con el viejo; tiene influencia en la policía por su apoyo... ya sabes.

Ya la llevé. Dio su declaración —tiene buena memoria: fechas, direcciones, nombres—. Pero aquí entra tú parte. En la estación, nos dijeron que el FBI ya seguía a esos tipos, aunque sin pruebas concretas. Nos dieron el nombre del agente a cargo, y cuando llegó... era el hermano de Nicholas Ferrini.

Jason se tensó.

—Gabriel Ferrini pidió que Rachel repitiera todo ante uno de sus agentes. Mientras, se quedó conmigo. Me reconoció como el amigo de Emma. Está preocupado por la obsesión de su hermano con ella —Vincent bajó la voz—. Dijo que Nick ya está divorciado y que, aunque no es violento, "no se da por vencido fácilmente".

—Entiendo. —aunque una parte de él no lo haga, esa que involucra sus sentimientos. — no veo qué tengo que ver yo.

—¿En serio? —Cuestionó Vincent alzando su ceja rubia —Buscará la manera de estar con ella. Hará lo que sea.

—Si eso es lo que ella quiere, no puedo hacer mucho. —aceptó Jason con algo de dolor.

—¿No lucharás por ella? Creí que la amabas.

—Aprendí hace años que no puedes obligar a nadie a amarte o quedarse —Jason clavó la mirada en Vincent—. Si Emma quiere que luche, lo haré. Si no, se irá con quien prefiera.

—Ella te quiere. —le defendió —Pero me preocupa que él la obligue. Mis vacaciones están cerca y necesito saber que estará segura.

Jason suspiró. Las dudas sobre los sentimientos de Emma —por Nick o por él— seguían ahí.

—Si ella desea que él esté lejos, así será. Está protegida, Vincent. Tiene la seguridad de mi familia —no es por menospreciar tus cuidados, estoy agradecido por cómo la has protegido—. El viejo no dejará que ni una mosca se le acerque, y eso que aún no se la he presentado. Creo que entiendes por qué no lo he hecho.

Hiciste mal: esta conversación debes tenerla con ella. Amo a Emma más que a nada en este mundo, pero si ella decide iniciar algo con ese tal Nick, no hay nada que yo pueda hacer.

—¿Qué te sucede? —le preguntó alterado —Llevas ocho años intentando que te quiera, y ahora que tienes la oportunidad de casarte, ¿te rindes? Por favor, explícamelo como si fuera un niño de tres años, porque sinceramente no entiendo.

—Pasa, hermano, que me estoy cuestionando si Emma se casa conmigo por amor o por agradecimiento. —confesó —Lo nuestro surgió porque quedó sola: Alex se casó, Samantha se fue y Nick estaba casado.

Ahora tiene una familia; ya no está sola. Y Nick está libre. ¿Entiendes? Mejor habla con ella y que decida. Pero no le digas que me lo contaste primero a mí.

Se levantó para salir de la cocina.

—¿A dónde crees que vas?

—Necesito un trago. No soy buena compañía ahora.

—No irás a ningún lado. Si quieres tomar, hazlo aquí. La última vez que bebiste, terminaste en brazos de Marshall.

—No me lo recuerdes. —Se acercó al pequeño bar y buscó los vasos con gesto adusto.

—¿Por qué? ¿Qué te hizo esta vez? —preguntó curioso

—Se presentó con un boceto nuevo: el dorso de una mujer desnuda... de ella. —comentó en voz baja.

—¿Y salió viva?

—Sobrevivió, sí. Pero Emma no. Si hubieras visto sus nudillos... Golpeó la pared una y otra vez, solo para no golpear a Marshall.

—¿Y aún dudas de que te ama? Si hubieras visto cómo estaba el día que Alex le dijo que no sabía nada de ti... Ella te quiere, Jason. Solo que le cuesta expresar lo que siente.

—Ojalá tuviera tu fe.

—Hablaré con ella. Le contaré lo que me dijo Ferrini, y luego te diré cómo fue.

—No sé si quiero saberlo. Además, está el hecho de que su familia biológica la busca hace 28 años...

—Ella ya tiene una vida. Tendrán que aceptarlo. Son ellos quienes deben adaptarse a ella, no al revés —lo interrumpió Vincent—. Hasta donde sé, ni siquiera los ve como familia. Si son inteligentes, la tratarán con cuidado; no tolerará que la manipulen. Tampoco quiere irse: me dijo que su hogar está aquí, contigo.

Jason lo miró por encima del vaso de whisky.

—¿Desde cuándo eres tan cercano a mi mujer?

—Quiero a Emma como a una hermana. Me preocupo por ella y por ti. Créeme, Jason: te ama. Solo dale tiempo. Y si el hermano de Nick advirtió sobre él, será por algo.

—Nadie se le acercará si ella no lo desea. Hablaré con los chicos de seguridad. Y cuéntale lo de Ferrini; ya la ha abordado dos veces desprevenida.

—¿Le has dicho algo a Emma sobre Geraldine?

—¡No!

—Deberías.

—No veo por qué. Yo no le he preguntado sobre su pasado.

—¿Y qué pasará cuando se encuentren?

—Nada. Ella está casada con mi abuelo, y Emma es mi mujer.

—Jason, debería saberlo. Geraldine es... problemática. Todavía cree tener derechos sobre ti.

Quedó pensativo. Vincent tenía razón: debía hablar con Emma.

—Tienes razón.

—Lo sé —dijo su amigo, sonriendo mientras reanudaba la masacre de vegetales.

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