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Capítulo 28

Anthony Johnson es producto de una infidelidad. Su padre, Henry Dominic Johnson, tiene otros dos hijos: Henry y Dominic. Tío y sobrino de Odda y Edward, los chicos a quienes Sara había impedido que fueran golpeados en los baños de un gimnasio por quien, se supo más adelante, era la novia de su tío Henry.

Pero las casualidades no acaban ahí. El destino parece querer burlarse de Sara Johnson —o Reynolds—. Tras la lectura del testamento, Sara recuperó su apellido de soltera. ¿Quién la culpa?

Como sea, después de la muerte de su esposo, Sara se mudó a Miami, donde trabajó todo ese tiempo como escolta. En esa ciudad conoció a Camila, una mujer menuda con la que entabló rápidamente una amistad que creció al punto de traerla consigo cuando tuvo que asistir a la lectura del testamento de su marido.

Camila, madre soltera de dos niños, se ha convertido casi en una hermana para ella. Según el testimonio de Sara, ha sido su soporte, su consuelo e incluso su psicóloga. Por eso no dudó en traerla a esta ciudad e involucrarla en su sueño de tener un restaurante.

Una amistad que pudo nacer del trato diario, pero que los eventos ocurridos un par de días atrás la hicieron dudar. Todo empezó cuando la empresa de seguridad contratada para las cámaras envió a un hombre a revisarlas. ¿El problema? Sara no había solicitado dicha revisión, y el local tampoco la necesitaba.

En búsqueda de explicaciones escuchó una conversación entre Camila y dos hombres. Uno de ellos era Dominic, el padre de Odda y Edward; el otro, su hermano Henry. Ambos hombres se mostraban alterados y actuaban con Camila con naturalidad.

Los dos le exigían que les revelara el paradero de su padre y la acusaban de ayudarlo a escapar del psiquiátrico. Lo que más sorprendió a Sara fue que la llamaran "Angela" y que Camila conociera al padre de su esposo. Eso la hizo desconfiar de quien, hasta ese momento, creía su mejor amiga.

En medio de los cuestionamientos, Camila admitió haberlo ayudado a escapar, Sara se enteró de que era la nueva pareja de su suegro y que los dos niños eran hijos de él. Como si todo eso no fuese suficiente, la fuga del psiquiátrico coincidió con la llegada de Sara a la ciudad.

Agobiada por la información recibida, llamó a Vincent y le pidió que fuera al restaurante. Entre los datos que escuchó, descubrió que fue el padre de su esposo quien lo instó a enamorar a Emma y a hacer todo lo posible para separarla de los D'Angelo y Frederick.

Mientras observa a Alex exigir explicaciones, Emma revive mentalmente lo que fue ese encuentro.

Flashback

La oficina del restaurante estaba ubicada en el segundo piso. Un lugar que Emma recordaba bien: la última vez que lo visitó fue después de enterarse de que Sara había enviado a alguien a seguirla.

Inspira y suelta el aire, estirando las piernas mientras intenta descifrar por qué Sara no quiere que su esposo se entere de lo sucedido. Al no hallar respuesta, decide ir directamente a la fuente.

—Me repites, Ricitos, ¿por qué no quieres que Alessandro sepa de esto? —le increpa.

Pero no es Sara quien responde como ella esperaba, sino Jason.

—Ya te lo dijo, princesa —le contesta—. Ese hombre no está bien de la cabeza, Sara quiere proteger a Alessandro.

Jason le recordó que Alex tenía demasiadas preocupaciones, cosas en las que pensar y problemas por resolver. El padre de Jason conocía su compromiso con Emma, y a estas alturas, toda la familia Frederick —incluyendo al temido y poderoso Epson, a quien llamó jocosamente "El Gran Pluma Blanca"— estaría al tanto. Si el patriarca era tan controlador como todos creían, era seguro que, a partir de ese día, Emma desaparecería de los titulares de la prensa sensacionalista.

—No quiero recalcar tus errores, pero guardar esos videos estuvo mal —le dijo Jason, y Emma permaneció en silencio.

No entendía por qué estaba tan tranquila cuando debería estar furiosa por la estupidez de Sara al guardar esas grabaciones. Emma sabía que la primera en fallar había sido ella, al desnudarse frente a Sara y mostrarle sus heridas. Sin embargo, aunque debería sentirse alarmada por la posibilidad de que ese desquiciado tuviera los videos y de que cayeran en manos de la prensa, no era eso lo que la preocupaba. Su verdadera inquietud era Alex y la relación malsana que tenía con su esposa.

Jason tenía razón al desconfiar de ella desde el principio; cada día que pasaba lo confirmaba.

—Que no mencionaras a Camila como cercana cuando Vincent te pidió los nombres de tus allegados tampoco ayudó —continuó Jason—. No estarías en desventaja como ahora.

—Eso no importa en este momento —se defendió Sara—. Lo importante es que ya lo sabemos.

—¿Crees que podrás disimular con tu amiga? —preguntó Emma—. Si no es así, mejor di que estás enferma y quédate en casa —sugirió—. Así podremos actuar sin problemas. La seguridad de Emma no me preocupa tanto.

—Necesito que Alex no se entere —insistió Sara.

—He visto cómo se pone cuando descubre que le han mentido —comentó Jason—. No te gustará verlo en ese estado.

—Él tiene razón, Ricitos. Es mejor decirle la verdad. Así podrá protegerse también. D'Angelo enojado no es muy agradable —intervino Emma.

Sara solo miró a Jason en silencio, sin decir nada.

Por varios minutos, se abstrajo observando los azulejos mientras lanzaba suspiros. Emma notó su comportamiento, y la duda se apoderó de ella. Sara actuaba como alguien enamorada. ¿Era posible que la estuvieran juzgando mal? De ser así, su sexto sentido le había jugado una mala pasada.

—Asumiré ese riesgo, Jason —dijo al fin—. Gracias por ayudarme después de todos los problemas que hemos tenido.

—Si esa es tu decisión, será respetada, Sara —respondieron ambos.

Fin del flashback

—¿Me van a decir qué carajos sucede, sí o no? —La voz de Alessandro la trajo de vuelta a la realidad.

Emma suspiró y miró a Jason como tomando valor.

—Mira, primero debes calmarte. —pidió — Hace unos días, Sara descubrió que su amiga Camila es la nueva esposa de Dominic Johnson —empezó a explicar, y al ver el rostro confundido de Alex, añadió—: El papá de Anthony. Escuchó sin querer una conversación entre ella y sus hijos, que resultaron ser nada más y nada menos que Dominic y Henry, los familiares de los niños que rescatamos.

Así le fue contando a Alessandro todo lo que sabían. Justo cuando estaban por mencionar lo del mensaje recibido, el timbre de la puerta sonó y entró apresurado Vincent.

—¡Sara fue secuestrada! Charles la entregó. Acabo de recibir esto —le dijo, entregándole su móvil a Alex.

Emma vio cómo el rostro de su amigo palidecía. La expresión de los tres era una mezcla de incertidumbre y furia.

—¿Cuándo consideraron que era momento para contármelo? —les recriminó— ¡Maldición, Emma! No solo eres mi amiga, llevas mi sangre. ¿Por qué me lo ocultaste? —dijo, avanzando de manera amenazante hacia su hermana.

Jason y Vincent se interpusieron. No porque Emma necesitara ayuda —no era el momento—, sino porque, aunque ella era calmada, si se sentía amenazada, devolvería el golpe sin importar nada.

—¡Parece que no conoces lo testaruda que es tu mujer! —se defendió —Se negó a contártelo, por eso ha estado en casa todo este tiempo. Queríamos dar con el paradero del infeliz, y si salió fue porque algo debió suceder. Conocía los riesgos mejor que nadie —Emma hizo una pausa—. No es el momento de explicarte nada. Es hora de actuar, y no me quedaré de brazos cruzados esperando que ese maldito llame. Las primeras horas son decisivas para liberarla.

Dicho esto, entró a su habitación y salió minutos después. Al regresar, no vio a Alex ni a Jason por ningún lado. Miró a Vincent, interrogante.

—Alex se fue a hablar con Camila, y Jason decidió acompañarlo. Con el estado en el que está, es capaz de retorcerle el cuello a la mujer. —explicó Vincent —La hemos seguido por días y no ha tenido encuentros con nadie. Si tiene contacto con ese hombre, es por teléfono; en persona no se han visto.

De pronto, su móvil, que estaba sobre la mesa de centro, comenzó a vibrar. Vincent miró la pantalla: era Sara.

—Debes hacerla hablar. Pregúntale cualquier cosa, así ella sabrá que conocemos su situación y podrá actuar con más tranquilidad —dijo, activando el altavoz.

—¡Hola, Sara! ¿Hiciste las compras que te pedí? Las del viaje —Emma miró a su acompañante, quien le hizo señas de seguir hablando.

Su intento fue interrumpido por la voz de Sara:

—Necesito hablar contigo sobre una sorpresa que le quiero dar a Alex, pero no quiero que Jason se entere. —le dijo con vos calmada— Sabes cómo es, no puede guardar secretos. Y, de ser posible, sin Vincent.

Emma vio a su amigo escribir algo en su celular y mostrárselo.

—Claro, no hay problema. —leyó el texto que le enseñaba — Pero... ¿estás bien? Te noto extraña. ¿Discutiste con Alex otra vez?

—No. Solo quiero tener un detalle con él, y sabes que ese asunto del viaje me tiene nerviosa.

Vincent asintió, se levantó del sofá y llamó a alguien por teléfono. Luego colgó y se sentó a su lado.

—¡Ok! Nos vemos ahora, Ricitos. Mándame la ubicación —colgó la llamada y se puso de pie—. Esperemos a Jason. No te pondré en riesgo. No saldrás a verte con ella, y me importa una mierda lo que Alessandro diga. No irás, y sola, menos.

Emma cerró los ojos, apretando los puños. Coincidía con Vincent en que ir sola era un riesgo, pero estaba en juego la vida de la esposa de su amigo —o hermano—. Aún le costaba asimilar que eran familia. Les llevaría tiempo aceptarlo.

*****

Gracias a Camila, se supo cual era el plan trazado por el padre de Anthony. Secuestrar a Sara y obligar a que asesinara a Emma. Según Anthony, el plan perfecto: Emma muere, Alex se separa de su esposa y Jason queda solo sufriendo.

Para ello la policía ideó un plan que a Jason no le agradaba y a Emma le hacía respirar con dificultad. Acudir a la cita y fingir una muerte para que Sara fuera liberada. Sin embargo, a Jason le resultaba difícil que la vida de Emma dependiera de Sara.

—¡No irá! —aclaró Jason con vehemencia —No me importa que sea tu esposa, que lleve escolta o ropa blindada. —se interpuso entre ambos al ver que Alessandro se acercaba a ella —me resulta increíble que le pidas algo así. ¿Estás dispuesto a sacrificar a tu única hermana para liberar a tu esposa?

Alex caminaba desesperado de un lado a otro mientras escuchaba los reproches de Jason. Su amigo tenía razón: no quería perder a su esposa, pero tampoco arriesgar a su hermana, no ahora que la había encontrado.

—Esperemos a la policía. —dijo Emma intentando calmar los ánimos — Vincent está con ellos, y nos someteremos a lo que digan. Ya llamé a mi abuelo; está al tanto de todo.

—¿Exactamente para qué es importante Epson en estos momentos? —le gritó, furioso.

—Mira, hermano, —Jason lanzó un suspiro largo antes de seguir — sé que estás estresado, y solo por eso te dejaré pasar esa pataleta. —advirtió señalándole —Mi familia se encargará de la prensa; mi padre y el viejo ya están al tanto de todo.

—¿Y crees que para mí es fácil? ¿crees que estoy feliz por tener que elegir entre mi hermana y mi esposa?

—Si es difícil, lo disimulas muy bien. —replicó —Iré con ella. Buscaré un taxi o un avión o Uber, pero seré el chófer de mi mujer. No pienso dejarla sola.

—¿Quieren callarse? —habló Emma — Iré, no hay discusión. —señaló a Alex amenazante antes de seguir —Te lo advierto: Puede ser tu esposa o mi supuesta cuñada, pero no permitiré que se pase de lista. Después de esto, no quiero volver a verlos. Se alejarán de mí...

—Emma....por favor, no puedes hacer eso. Soy tu hermano —suplicó.

Emma sonrió irónicamente eliminando la distancia que le separaba con Jason, quien, milagrosamente, permanecía en silencio. Él la envolvió en sus brazos y le susurró al oído:

—Debe haber otra manera, preciosa. Por favor, solo esperemos a Vincent. No quiero que te pase nada más... no lo soportaré.

Alex se dejó caer en el sillón, llevándose las manos a la cabeza. Estaba derrotado. Todo era culpa suya: la mujer que amaba corría peligro, y su hermana también.

—Hablo en serio. Te ayudaré con esto, luego Jason y yo iremos al aniversario de tus padres. Después de eso, no quiero ningún contacto con ustedes. —reafirmo —He vivido 28 años sin una familia real. En lo que a mí respecta, cualquiera de ustedes podría ser responsable de mi secuestro, y nada me garantiza que, al cambiar de apellido, no intenten hacerme daño a mí o a Jason. Así que les pido que acepten mi decisión.

—Te hemos buscado por años, Fiorella. Debes saberlo...

—No lo hicieron lo suficiente —replicó, justo cuando su móvil sonó con un mensaje que contenía la ubicación. Le pasó el teléfono a Jason, quien llamó a Vincent inmediatamente.

En minutos, un grupo de policías de civil llegó al lugar. A Emma le colocaron un chaleco antibalas bajo el traje, un micrófono en la oreja y un agente la acompañaría en un taxi pedido en la calle —por si estaba siendo vigilada. Miró a su prometido, que observaba por la ventana del apartamento con Andrómeda a sus pies. Sabía que estaba preocupado, pero todo saldría bien. Después de esto, se alejaría de los D'Angelo: le entregaría la dirección a Samantha, buscaría otro empleo o fundaría su propia empresa. Lo que fuera, con tal de estar lejos de todos.

Solo Jason y ella. Se acercó por detrás y lo abrazó. Sintió su cuerpo tenso; él giró, envolviéndola en sus brazos, y apoyó la cabeza en su cuello mientras un leve temblor lo recorría. Emma apretó los ojos, intentando contener las lágrimas, pero fue inútil. Su voz sonó quebrada al hablar:

—Todo saldrá bien. Lo que dije hace unas horas es cierto: cuando lleguemos a Italia, le entregaré la empresa a Samantha. No sé cómo lo harán ustedes dos, pero ya no quiero vínculos.

Desea una vida tranquila, y si para eso debe alejarme de ellos, lo haré. Su familia no vivirá bajo la amenaza de que lastimen a quienes ama. Alex puso en la balanza a su esposa y a ella... y la eligió a Sara.

— Él tiene sus prioridades, y yo las mías.

Se separó un poco para mirarlo a los ojos. Pasó sus manos por sus mejillas, y él apoyó el rostro en su palma. De pronto, Jason sonrió, y Emma frunció el ceño.

—¿Acabas de decir "a quienes amo"? —Hizo una mueca y giró los ojos al cielo. Todo un discurso, y a él solo le importó eso.

Sonrió mientras se acercaba de nuevo, pero una voz interrumpió desde atrás, indicándoles que debían partir. Le dio un beso fugaz en los labios.

—Tenemos una conversación pendiente.

—Iré en uno de los autos, detrás, con Vincent. Si todo sale bien, la prensa dirá que fuiste gravemente herida. Quédate en el suelo cuando escuches la señal; suelta el chaleco. Dolerá, pero no te muevas. Iré por ti en cuanto el auto arranque.

Ella asintió, separándose lentamente. Jason intentó retenerla, pero el agente volvió a hablar:

—Debemos partir, señor. No se preocupe; estará en buenas manos. Nadie quiere al abuelo de enemigo. Ya nos advirtió que no toleraría ni un cabello maltratado de su "nieta".

Jason sonrió ante eso. Su abuelo ni siquiera conocía a su futura esposa, y ya la había adoptado como nieta. Le dio un último beso a Emma y la vio marcharse: espalda recta, paso firme. Ojalá él tuviera su seguridad. Tendrían que hablar sobre lo de retirarse... En el fondo, él también anhelaba una vida tranquila. La entendía. Debían encontrar un hogar adecuado; el apartamento era acogedor, pero pequeño para los tres. Decidió que era hora de buscar una casa... pero primero, debía traerla de vuelta.

—Vamos, Frederick —la voz de Vincent lo sacó de sus pensamientos—. Y quita esa cara, hombre. Esto no es un funeral. Verás cómo todo sale bien.

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