Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 8


—Animal de siete letras —preguntó Sofía, mi pequeña amiga, en un sábado por la tarde. Su súper plan era llenar crucigramas.

—Vincent—dije tras pensarlo un poco.

La risa de Sofía resonó fuerte ante mi arrebato. Estábamos en la cama: ella con sus crucigramas, y yo jugando con una pelota de tenis que hacía rebotar contra la pared.

—¿No deberías quitarte ese disfraz?

—No, Sofía. Solo para dormir o bañarme. Necesito meterme en la cabeza que soy Alexis, y para eso debo estarlo todo el tiempo que pueda.

—Aún pienso que hay algo más. Ese tal Antwan no puede estar enojado solo porque descubriste que es gay. Debe haber otra cosa —se levantó y empezó a caminar por la habitación—. Tal vez te dio el divorcio por eso, pero tiene que haber más. ¿Por qué te fuiste de Moscú?

—Una larga historia —respondí.

—Amo las historias —dijo, sentándose a mi lado. Negué.

—No querrás saberlo, ángel. Entre menos sepas de mi vida, mejor para ti. Cuando todo esto acabe, si es que acaba, prometo contártelo todo —no quería meter a Sofía en problemas. Su primo era agente; podría contarle lo que yo le dijera.

—No confías en mí —su voz sonó decepcionada. Se levantó y hurgó en mis cajones—. No se lo diré a Alfred ni a Gabriel. Les dije que eras mujer porque ellos se dieron cuenta. No es inteligente mentirles, menos a Alfred.

—No es eso —aunque, en parte, sí lo era—. Si sabes el porqué, te alejarás de mí, y tal vez corras peligro. Si no sabes nada, no dirás nada, ángel.

—Tu pasado no te define, Alexis. ¿Qué es esto? —levantó una pequeña maleta. Intenté quitársela, pero ya la había abierto y miraba horrorizada su contenido.

—Se la robé a Antwan. Fue lo único que traje. Eran los juguetes de él y Arthur.

—¡Dios! Esto es asqueroso —dijo, levantando un consolador. Sonreí divertida ante su cara de espanto—. Mira esto, Ivanna: esposas, látigos, cuerdas. ¡Qué asco! —cerró la maleta, asqueada—. ¿Para qué te trajiste eso?

Me encogí de hombros. No tenía una razón clara; solo quería enojarlo y que supiera que conocía sus oscuros secretos.

—No sé. Tropecé con ella y la traje. No hay un motivo aparente.

—¿Podemos salir? ¿No te aburres encerrada? Anda, vamos —era una opción, pero no quería arriesgarme ni poner a Sofía en peligro si alguien me reconocía.

—Más tarde. Iremos al cine.

Nos acostamos otra vez, Sofía con su crucigrama y yo pensando en mi padre. El número de su abogado estaba apagado. No tenía cómo contactarlo, salvo buscar a su amigo, pero seguía con reservas.

Unos golpes fuertes en la puerta me hicieron levantarme. Nos miramos, asustadas.

—¿Esperas a alguien? —preguntó Sofía.

—No, Sofía. Solo te tengo a ti como amiga, y Fiorella y su esposo están de luna de miel —no hizo falta seguir preguntándonos, porque los gritos de Vincent llegaron a la habitación.

—¿Qué hace aquí?

—Abre la maldita puerta, Ivannok —estaba enojado. Aunque desconocía por qué, algo me decía que debía mantenerme al margen. Miré alrededor, buscando dónde esconderme, y luego a Sofía.

—Quítate la ropa —ordené.

—¿Qué? ¡No!

—Tienes que quitártela y ponerte una camisa mía. Luego sales a abrirle —le expliqué—. Así sabremos qué mierda quiere. Hay que hacer creer que hemos estado follando, no llenando crucigramas, Sofía.

Me acerqué y la ayudé a desvestirse rápidamente. Le puse una camisa mía que le cubría las piernas y la miré.

—¡Dios! Pareces una niña con el disfraz de papá —le solté el cabello y lo despeiné un poco, ante sus quejas.

—Esto no es gracioso. Mejor salimos y le preguntamos. ¿Has hecho algo malo? —no, pero ese animal no razonaba. Algo me decía que era así.

Los gritos sugerían...

—Listo, ahora muérdete un poco los labios —dije, ignorando sus consejos y pendiente de los golpes en la puerta—. Rápido, Sofía... ¡Mierda! —rugí cuando el ruido se intensificó—. Esto está feo.

—¿Por qué te pones así? Vincent no es violento y no sería capaz de dañar a una muj... —abrió los ojos, captando la idea—. Rachel...

La tomé por los hombros y la acerqué. No lo pensé; el instinto de supervivencia fue más fuerte. La besé con violencia. Ella se quedó quieta, asustada. Al terminar, tenía los labios rojos y la cara sonrojada.

—Listo, ahora estás perfecta.

—¿Qué hiciste? —dijo, horrorizada.

—Por favor, Sofía —rogué—. Está enojado. Solo quiero que me des tiempo para saber por qué, mientras pienso qué decirle.

—Me debes otro favor, y no vuelvas a hacer eso —dijo, alterada, mientras salía alegando que no habíamos hecho nada malo y que era mejor decir la verdad.

Me sentí miserable por usarla. Era la peor persona del mundo; no merecía a una amiga como Sofía. Me senté en la cama, escuchando cómo abría la puerta a Vincent.

—¿Dónde está? ¿Qué haces aquí con ese hombre, Sofía? ¿Sabes lo que hizo?

—Sal de aquí. No tienes derecho a molestarnos —sonreí al escuchar el tono fuerte y autoritario de Sofía. No era tan mansa como creía.

—¿Y él necesita que tú lo defiendas? ¿Qué clase de hombre es que su novia sale a defenderlo? ¿Por qué no das la cara, Ivannok?

Decidí salir. Lo último que quería era parecer cobarde. Revisé mi apariencia y salí.

—Lárgate, Vincent —fue lo primero que dije al salir de mi humilde cuarto.

Lo encontré en la sala, mirando amenazante a Sofía, que estaba cruzada de brazos, con la barbilla alzada, desafiante.

—¿Qué haces aquí? —mi voz fue lo más calmada que pude. Lo vi girar hacia mí.

—Contigo quería hablar —se acercó.

Sus movimientos fueron tan rápidos que no vi venir el golpe, o tal vez no creí que fuera capaz de golpearme. Algo impactó mi estómago, y me doblé en dos. A lo lejos, escuché a Sofía gritar mientras yo estaba arrodillada, intentando respirar.

El maldito me golpeó.

—Te aprovechaste de Rachel. ¿Tienes idea de su pasado? La emborrachaste, te aprovechaste de su estado.

No podía pensar; mi cuerpo solo intentaba recuperar el aire. Sus manos tomaron mi camisa. Supe entonces que Rachel debió contar que la llevamos a casa y tal vez vio las fotos. Como no le caigo bien, lo contó a su manera.

—No hables de lo que no sabes. Eso jamás ocurrió —me defendí—. Estás a años luz de la verdad.

—Eres un maldito bastardo —dijo, alzándome y arrojándome al piso.

—¡Déjalo en paz! —gritó Sofía. Esperaba que no revelara que soy mujer—. Las cosas no ocurrieron así, Vincent. ¿Desde cuándo me conoces? Mucho antes que a Rachel y a Alexis. Mi palabra debe valer algo. Me viste salir de esa casa con él. Alexis jamás se sobrepasó con ella. Fue todo lo contrario. Pregunta al grupo o a Josep —escuchaba a Sofía, pero mi cuerpo no reaccionaba. Me dolían las costillas y el pecho. Respirar me costaba.

—Apártate, Sofía. Esto es entre él y yo. Levántate, Ivannok, arreglémoslo como hombres.

Me arrodillé, apoyándome en mi rodilla derecha y con el puño en el suelo para estabilizarme. El recuerdo de Kerchak vino nítido: los golpes recibidos, cómo me drogaban para someterme. Fue suficiente para levantarme, aunque con dificultad, y mirarlo de frente.

—No hagas algo de lo que puedas arrepentirte, O'Hurn —le advertí, porque algún día sabría que Alexis es mujer—. Te dije que no soy hombre de peleas. Mi padre no me entrenó para eso. Pero no te confundas ni me subestimes. Te aseguro que puedo golpearte más fuerte —lo miré, con los puños apretados y Sofía en medio, lo que quizás me impedía golpearlo—. Jamás toqué a tu chica. Habla con los demás. Estaba muy tomada, alterada porque la dejaste. Habló de un niño y no sé cuántas estupideces más. La llevamos a casa, y me viste salir con Sofía.

—Defiéndete, Ivannok —se acercó.

¡Este tipo está demente!

—No sé cómo te enseñaron a resolver las cosas, pero a mí no fue a golpes —le advertí—. Si quieres un saco de boxeo, mal por ti. Jamás toqué a tu chica más que para ayudarla. Estaba con Sofía. Si puedes ver la diferencia entre Sofía y Rachel, sabrás que jamás me fijaría en Rachel... sin ofender. —alcé la mano para reafirmar mi punto y luego señalé la puerta —fuera de mi casa y averigua quién se acostó con tu mujer, porque no fui yo. Es imposible —intenté sonreír. La situación me parecía cómica, si no fuera porque sentía que me había arrollado una aplanadora.

—¿Crees que es un juego, ruso? ¿Te tomas algo en serio? Hazte a un lado, Sofía.

Le gritaba a Sofía, que se empeñaba en quedarse frente a mí. Era un acto tierno, considerando que la mole podía apartarla con un movimiento.

—No pelearé contigo, O'Hurn. No por Rachel.

Di media vuelta para entrar al cuarto. Necesitaba ver mi costado; dolía en serio. El grito de Sofía me hizo mirar atrás. Ella caía al suelo.

—¡Qué mierda te pasa! —grité, acercándome para levantarla.

—Quiero explicaciones, Ivannok.

—¡Ya te las di! —grité, exasperada—. Te dije qué pasó, pero esa cabeza solo sirve para cargar ese cabello rubio sin peinarse. Jamás toqué a Rachel más que para ayudarla. ¿Cómo carajo quieres que te lo explique?

Lo vi levantar el puño. Esta vez, lo vi venir y esquivé todos los golpes. No quería golpearlo; algo me lo impedía.

—Déjalo en paz. No eres más que un cornudo. Agradece que Alexis no quiso sobrepasarse con ella —dijo Sofía.

Pero Vincent estaba cegado por la ira. No sabía si era por defender el honor de Rachel o algo más. Entonces, por la puerta abierta, entraron dos hombres idénticos que, al ver la pelea, inmovilizaron a Vincent.

—¿Qué carajos pasa aquí? —dijo el de cabello largo.

Di pasos atrás, tocándome el costado. Intentaba respirar, pero no podía. Caí de rodillas.

—¿Estás bien? —la dulce voz de Sofía me hizo levantar el rostro y asentir.

—¿Alguien dirá qué pasa? —esta vez habló el de cabello corto, de semblante serio.

—Su empleado modelo emborrachó a Rachel y se sobrepasó con ella. Pero es tan poco hombre que no lo acepta —dijo Vincent.

—¿Quién es Rachel? —preguntó el de cabello largo.

—La novia de Vincent —respondió Sofía, ayudándome a levantarme. Nos tiramos en un mueble.

—Jamás... toqué... a Rachel... más que... —inspiré fuerte, porque me faltaba el aire. Cuando recuperé el aliento, hablé—. Para ayudar. Pero eres tan bruto que no ves la realidad.

—Mira, mocoso, di la verdad. Ella asegura que la desvestiste y la forzaste.

La risa de los gemelos nos sorprendió. Los miré, embobada por lo perfectos que se veían riendo en mi pequeño espacio.

—Dios, sí que tiene imaginación. Lo siento, no me he presentado. Soy John Pierre D'Angelo, socio de Frederick —lo miré. Claro que lo conocía; era el chico apuesto que acompañaba a Jason el día que fui a buscar a Emma.

—Creo que te conozco —dije por fin.

—Yo también te recuerdo. Has cambiado un poco —dijo, jocoso, haciéndome reír.

—Soy Alessandro, hermano de Fiorella.

—He visto las noticias.

—Habla, Ivannok —rugió Vincent. Puse los ojos en blanco.

—Sal de mi casa, O'Hurn. Averigua qué pasó en realidad. Ve a tejer como vieja chismosa o a cuidar de tu hijo. Lo que prefieras. ¡Pero lárgate! —grité con una fuerza que no sabía de dónde saqué.

Se lanzó sobre mí otra vez, pero Alessandro lo detuvo y lo sacó de la casa ante mi mirada exasperada.

—¿Estás bien? Si golpea tan duro como Frederick, será mejor revisarte.

—Sabe lo que hace —respondí, consciente de con quién hablaba.

—No te defendías, solo esquivabas. ¿Por qué? —exasperada, di la respuesta que imaginé.

—No quise complicar las cosas —dije, seca.

—¿Cómo es eso que forzaste a una tal Rachel?

—Es un idiota. Solo buscaba un pretexto para golpearme. Desde que entré, le caigo mal.

—¿Y tú has ayudado a que cambie su actitud? —miré a Sofía, que me veía divertida—. Acéptalo, no has hecho más que provocarlo. Lo llamaste a las diez para decirle que saldrías con su novia y te dejaste tomar fotos para que él las viera. ¿Qué esperabas que hiciera?

—¿Es eso cierto?

—¿Qué hacen ustedes aquí? —respondí con otra pregunta.

—Primero responde tú —dijo el gemelo, alzando una ceja. Vi el parecido con su hermana.

—Puede que sí —dije, encogiéndome de hombros—. Pero él se lo buscó. Me dejó trabajo triple. Llegaba a casa a las dos de la mañana y volvía a las seis, solo porque no le caigo bien. Inventa que estoy con su chica y solo defiende a una... —guardé silencio al darme cuenta de que sonaba como una mujer celosa. Entonces me golpeó: ¿por qué sabían que soy mujer?

Pierre parecía confundido. Alessandro entró y se sentó junto a su hermano.

—Ya se fue —murmuró, mirándome preocupado—. ¿Estás bien?

Que alguien se preocupara por mí era nuevo, más si no me conocía. Los miré con recelo.

—He tenido días mejores —respondí, sin quitarles los ojos de encima.

—¿Quieres que te llevemos a algún lugar? La clínica del papá de Jason es privada. No será un peligro. Vincent sabe golpear.

—Vamos, Ivanna —rogó Sofía.

—Acostúmbrate a llamarme Alexis, ángel. Se te puede escapar en público y me meterás en problemas. No se preocupen, estaré bien. Me pondré hielo; sé qué tomar y hacer. No es la primera vez. ¿Qué hacen aquí?

—Tenemos noticias de tu padre —dijo Alessandro en ruso—. Boris, su abogado, nos contactó. Alguien te vio con Frederick. Hay algo que debes saber.

Sofía nos miró sin entender, pero supo que debía irse. La reunión era privada.

—Hablamos después, Sofía. Llegaré a tu casa. Tenemos que ir al cine —ella asintió, entró al cuarto, salió vestida, tomó sus cosas y se fue con la cabeza baja. Sabía que no confiar en ella le dolía, pero era mejor mantenerla a salvo.

—¿En verdad estás bien? —preguntaron ambos al unísono.

—Sí. ¿Qué le pasó a papá? ¿Cómo es que alguien me vio? —pregunté, asustada. Si le sucedía algo, estaría sola en el mundo.

—Charlie hace trabajos especiales para Epson. Uno era vigilar a Jason, su nieto. Ahí te vio. Tu padre no sabe de ti desde hace años, solo por fotos. Se contactó con Charlie a través de su abogado —los miré, sorprendida.

—Estuviste casada con Antwan, socio de Holsen —dijo Pierre—. Debía cuidarte; era el trato para que tu padre no hablara. El trabajo en América fue un señuelo para traerte y asegurar su silencio.

Empuñé las manos con fuerza mientras los gemelos contaban todo. Nos habían engañado, a mí y a mi padre. De no ser por ese día en que vi lo que no debía, seguiría en ese infierno. Al terminar, me miraron expectantes. Había más.

—¿Aún hay más, cierto? —asintieron.

—Tu padre quiere que estés más segura. Le quedan años en prisión. Quiere saber que estás bien. Te debemos lo que hiciste por nuestra hermana. No perderás tu libertad. Jason tiene un apartamento cerca de la empresa. Ahora que está casado, quedará vacío. Venimos a instalarte. Estarás segura y podrás contactar a Boris y a tu padre —miré a Pierre, dudosa. No sabía si creerles; seguían siendo York—. Pagarás alquiler si te hace sentir más cómoda.

Alessandro me acercó una pulsera. La reconocí: idéntica a la que mi madre me dio. Ambos, mi madre y mi padre, tenían una.

—Tu padre dijo que con esto nos creerías. Será mejor para ti. Queríamos que vivieras con nosotros, pero dijo que jamás aceptarías —tomé la pulsera, la puse junto a la de mi madre y sonreí. Mi padre era el único que me conocía realmente.

—¿Cuándo debo mudarme? —sus amplias sonrisas mostraron que eran atractivos, sin duda.

Pero seguían siendo sangre de personas despreciables para mí.

—Ahora mismo. Te ayudaremos a recoger todo. Tu padre dijo que viajas liviana —asentí, me levanté con dificultad y entré a mi cuarto a empacar.

Dos horas después, entramos al apartamento. Era enorme; nunca había vivido en algo así, rodeada de tanto lujo. Me asomé por la ventana; la vista era maravillosa. Ahora sí, Sofía podía vivir conmigo.

—¿Puede Sofía vivir aquí? Es muy grande para mí sola.

—Esperábamos que lo hicieras. Así sabremos que estás con alguien.

—¿Por qué hacen esto?

—Tenemos una deuda contigo, ya te lo dijimos. Llamaré a un médico. Quiero estar tranquilo, saber que estás bien.

No dije nada. Algo me decía que a estos hombres no se les podía decir que no. Además, el de sonrisa hermosa era el dueño de la empresa. Necesitaba aliados, no más enemigos.

Me quedé en la terraza del edificio, esperando al médico, mientras los gemelos hablaban con seguridad. Suspiré pesadamente; el golpe aún dolía, pero tendría el domingo para descansar.


—Eres un animal, Vincent.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro