Capítulo 40
VINCENT
—¿Qué sucede? —me preguntó Ivanna al verme colgar el teléfono, con el rostro desencajado—. ¿Vincent?
—Era Jasón —logré decir tras recuperarme—. Su abuelo se suicidó. Quiere que vaya un momento —la miré a los ojos.
Habíamos planeado almorzar juntos los tres antes de llevar a Marck, quien estaba emocionado por pasar las vacaciones con sus abuelos.
—Ve. Otro día haremos esto. Él te necesita; debe ser duro —dijo Ivanna, comprensiva.
—Lo siento. No quiero dejarlos solos —respondí, dudando aún.
Últimamente, cada vez que me iba y los dejaba en casa, sentía un vacío.
—No me iré a ningún lado. Estoy más escoltada que la primera dama. ¿Qué me puede pasar? Estaré aquí cuando vuelvas, lo prometo —se acercó, alzó a Marck y me abrazó.
—Llama si necesitas cualquier cosa. Andrew no está hoy, pero afuera están los chicos —la vi sonreír y poner los ojos en blanco.
—No te preocupes; estaremos bien. Veremos películas en el cuarto —salí de casa y me acerqué a los dos hombres de seguridad. Los conocía; fueron de los primeros en trabajar conmigo.
—Debo irme. No quiero cambios de turno. Ustedes responden por las dos personas dentro de esa casa —ambos sonrieron al oírme.
—Tranquilo, hombre. Nos dijeron que no habrá cambios hasta medianoche. Espero que tu mujer nos dé al menos un café —bromeó Álvarez, un excompañero.
—Sigue soñando, Álvarez —respondí, subiendo al auto.
Llegué a la gran mansión de Epson. Había policías por todas partes; dudaba que me dejaran entrar. Envié un mensaje a Pierre, indicando que estaba afuera. Vi su auto y el de su hermano a un lado. Minutos después, un agente me permitió entrar por el lado este. Dentro, encontré a Jasón abrazado por Emma. A un costado, Matthew sostenía una nota. Al verme, Alex, que hablaba con un policía junto a su hermano, se acercó.
—¿Están seguros de que fue suicidio? —pregunté de inmediato.
—Estaba solo, sin visitas. Últimamente, su comportamiento era extraño. Jasón, Matthew y hasta los empleados lo confirmaron. Decía ver personas muertas por todos lados —respondió Alex, mientras Jasón se acercaba.
—Lo lamento. No sé qué decir. ¿Sabes por qué lo hizo? —pregunté. Jasón apretó los puños, mirando hacia donde los policías recolectaban pruebas.
—Él fue el culpable. Causó ese accidente de mamá—dijo, mirando a su padre con sorpresa.
Me extrañó la aflicción de Jasón al llegar; él y su abuelo siempre se llevaron mal. Aunque era una pérdida, buena o mala persona, era un ser humano.
—¿Estás seguro? —pregunté. Teníamos sospechas. Jasón me había consultado varias veces sobre la época del accidente, pero Epson siempre evadía el tema.
—Dejó una nota pidiendo perdón, diciendo que lo hizo por nuestro bien. Destruyó a mi padre la noche que murió mi madre y terminó de destruirlo hoy. Fue un egoísta y cobarde —un hombre se acercó, mostró una placa y se dirigió a Jasón.
—Señor Frederick, soy el capitán Viktor Novicov. Lamento su pérdida. Trasladaremos el cuerpo —dijo, acercándose—. Las cámaras no muestran nada inusual, solo a su abuelo caminando y hablando solo por la mansión. Haremos las investigaciones pertinentes —lo observé; su apellido extranjero contrastaba con su acento americano.
—¿Con quién quedaron Marck e Ivanna? —preguntó Alex, notando mi preocupación.
—Stephen y Álvarez están afuera. Andrew tiene el día libre, y ella prometió quedarse en casa —dije, mirando al capitán. Algo en su rostro me resultaba familiar.
—Alguno debe acompañarnos. Sé que no es un buen momento, lamento insistir —dijo el capitán.
—Iré —interrumpí, dando un paso—. Conozco a Epson desde hace años. Les agilizaré las cosas; ellos necesitan este tiempo. Espero entienda —sostuve su mirada, pensando que se negaría, hasta que Matthew habló.
—Es como un hijo para mí, capitán. Queremos procesar esto. Vincent, lamento que dejaras a Ivanna y Marck solos.
—No se preocupe. —le calmé — Están custodiados, y di la orden de no cambiar turnos. Los llamaré cuando esté listo, pero hoy no entregarán el cuerpo.
—Quédate con él —dijo Jasón, amargado—. Debo irme con mi mujer y mis hijos. No le dedicaré más tiempo a Epson; no lo merece —dio media vuelta, tomó la mano de Emma y salió.
—Nos encargaremos de todo, Matt —dijo Pierre, intentando calmarlo.
—Ojalá pudiera irme como él. Tiene motivos para no querer estar en esta casa —respondió Matthew, viendo a su hijo partir.
—Bien, señor Vincent, ¿nos acompaña? —recordé que el capitán esperaba. Caminé hacia él, y salimos.
—Los sigo en mi auto, capitán —dije, sin esperar respuesta. Su rostro me era familiar, pero más joven.
(...)
—Maldita sea —golpeé el volante con fuerza. Quería llegar a casa; Ivanna no contestaba. Algo estaba mal, lo sabía. Salí del auto y vi el neumático pinchado—. Esto debe ser una maldita broma —pateé la rueda.
Estaba fuera de la estación de policía. Era de noche, estaba cansado; había sido un día duro. En mala hora, Epson decidió suicidarse. Jasón estaba afectado, no por su muerte, sino por la carta pidiendo perdón. ¿Qué clase de hombre deja a su nieto huérfano de madre?
—¿Necesita ayuda? —la voz del capitán me hizo responder sin mirar.
—Me pinché, y en casa no responden —lo miré. Le había contado durante la tarde lo que le ocurría a Ivanna; prometió ayudarme, contactar amigos en Moscú y actualizarme.
—Deje el auto ahí. Enviaré a alguien a recogerlo. Lo llevo a casa —no me negué; en ese momento, hasta William sería bienvenido—. No se preocupe; tal vez se quedó dormida. No hay que pensar lo peor.
—Ojalá, pero ni los hombres que la custodiaban contestan —respondí, angustiado.
Seguimos en silencio. Al llegar, vi el auto con los hombres que custodiaban a Ivanna. No eran los mismos de la tarde. Me acerqué.
—Buenas noches —saludé al que fumaba, quien arrojó el cigarro al verme—. ¿Por qué el cambio de turno? Pensé que era a medianoche.
—Lo siento, señor. Hubo un cambio en la planilla; alguna confusión. Nos tocó el mismo lugar —esa noticia me aceleró el corazón.
—¿Cuánto tiempo estuvo mi mujer sola? —los dos hombres se miraron, confundidos y asustados—. ¡Hablen! —grité.
—Quince o veinte minutos, señor. Nadie ha salido.
—¿Alguno corroboró que ella y el niño estén dentro? —la voz de Viktor los hizo girar, pero sus rostros culpables me hicieron correr al interior. Escuché a Marck llorando, llamando a su mamá.
—¡Marck! ¡Ángel! —subí las escaleras rápidamente.
—Papi, mami se fue —dijo Marck, corriendo hacia mí—. Dejó esto y me dijo que te dijera algo, pero lo olvidé. Lo siento, papi —lo tomé en brazos mientras leía la nota.
"Lo siento, sabes lo que me cuesta cumplir una promesa. Solo soy una carga para ustedes; es mejor estar lejos."
No podía ser. Ella no se iría; no nos dejaría.
—Tranquilícese, señor Vincent. No toque nada —dijo Viktor, entrando.
—¿Quién está a cargo? ¡Debían estar aquí todo el maldito tiempo! Por eso le di el día libre a Andrew. ¡Maldita sea! —grité, saliendo a la calle, haciendo que Marck llorara más—. Lo siento, pequeño. Encontraré a tu mamá, lo prometo —lo abracé.
Entré de nuevo, releí la nota y envié un mensaje a William para alertarlo. Los tres hermanos estaban con Jasón; no quería causar más problemas. Llamé al abogado de Alexis.
—Habla Vincent. Lamento la hora, pero necesito un recado para Alexis. Su hija se fue... desapareció. Creo que fue Antwan —un silencio se oyó al otro lado. Imaginé que no quería transmitir esa noticia.
—Ya no soy su abogado; prescindió de mis servicios. Pero no creo que sea Antwan. Lo abatieron ayer, y Holsen está crítico en una clínica —colgó.
¿Qué mierda pasaba? Alcé la vista; Viktor bajaba con guantes puestos.
—Necesito que vea algo —dijo, asomándose por las escaleras. Subí, cargando a Marck. El piso del cuarto estaba cubierto de polvo blanco.
—Quise ver una peli de terror; me dio miedo. Mami dijo que hiciéramos lo de la peli, tirar harina para ver que no había espíritus —dijo Marck, llorando—. Me quedé dormido; luego me despertó, me dio la nota y dijo que te dijera que me cuidara de los... —cerró los ojos, llorando más—. No recuerdo la palabra, papi.
—No importa, Marck. Esto quiero que vea —dijo Viktor, encendiendo las luces—. Estas huellas son del niño; estas, descalzas, imagino de su mujer. Pero estas son de un zapato pequeño, y de dónde vienen —abrió el closet—. Quien se ocultó aquí es pequeño; esperó a que durmieran. Tal vez amenazó a su esposa con hacerle daño al niño, por eso se fue sin pelear. Si escribió la nota, ¿por qué dejarle un recado al niño?
Lo dudaba. Ivanna no dejaría a Marck, menos estando solo. ¿Quién podía ser? Antwan muerto, Holsen moribundo. ¿Charlie?
—Felinos —dijo Marck por fin—. Que nos cuidáramos de los felinos —lo miré, sin entender.
—¿Alguien tiene llaves de esta casa? ¿Perdieron alguna? Tal vez cambiaron las cerraduras, o alguien las tuvo antes —preguntó Viktor. Hice memoria: mis padres, pero estaban lejos; Ivanna, que rara vez salía sola. Entonces recordé quién tenía una copia y nunca la devolvió.
—Rachel... Ivanna le dice "Felina" por el color de sus ojos —apreté el puño, mirando a Marck.
—¿Quién es Rachel, señor Vincent? —la voz de Viktor era dura, reflejando la gravedad del momento.
—Con quien salía antes de Ivanna. Pero pensábamos que estaba huyendo —Viktor asintió, hablando por teléfono.
—¿Es del caso de prostitución que lleva Gabriel Ferrini? ¿El que me contaste? —dijo al colgar. Asentí, incapaz de hablar—. Ya viene para acá —abracé a Marck, que lloraba.
—Quiero a mi mamá —dijo. Yo también la quería de vuelta. "Vamos, nena, tú eres fuerte", rogué mentalmente, escuchando la voz de William en la puerta, hablando con mis hombres.
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