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Capítulo 39

IVANNA

El día del bautismo llegó, trayendo consigo la revelación de que mi familia estaba en peligro. Vincent quería minimizarlo, diciendo que solo yo corría riesgo, pero sabía que no era así. Mi presencia en sus vidas los había convertido en blancos de Antwan. Aunque mi padre insistía en que no había peligro, que esos hombres estaban demasiado ocupados escondiéndose de la policía para acercarse a mí, yo tenía seguridad y estaba vigilada. ¿Por qué Vincent no me lo dijo antes? Esperó dos meses y solo habló ante mi insistencia de no querer a Andrew cerca. Había estado sufriendo en silencio, y no era justo. Yo era la culpable de poner sus vidas en riesgo, solo yo.

—Mis padres se quedarán con Marck por un tiempo. Nosotros iremos los fines de semana —dijo Vincent. No podía permitirlo; él y su hijo eran inseparables. Debía hacer algo—. Es temporal, nena, hasta que la policía confirme que estás fuera de peligro —continuó, pero no sabía qué responder. Me afectaba que se separara de Marck—. ¡Por Dios, di algo, bebé! —su voz sonó desesperada. Solo era consciente de que mi presencia los ponía en peligro.

—Debiste decírmelo —logré decir tras una pausa—. No es justo; están en peligro por mi culpa.

No podía creer lo que Vincent me decía. ¿Nunca tendría paz? Mi presencia era un riesgo para él y Marck, pero algo me impedía dejarlos. Me quedé en silencio, abrumada. Tal vez debía alejarme mientras todo se resolvía y buscar a ese tal Charlie.

—No puedes alejarte de Marck; es tu hijo —dije al fin—. Si alguien debe irse, soy yo —con el cuerpo pesado por la culpa, me levanté de la silla en la cocina.

Solo había traído desgracias a sus vidas. Si algo les pasaba, nunca me lo perdonaría. Estaba por salir cuando sus manos rodearon mi cintura, atrayéndome. Posó su cabeza en mi cuello, apretándome fuerte.

—Es temporal —me calmó, con voz lenta—. Es lo mejor; ambos podemos estar atentos. Con Marck es difícil —sus manos se aferraron a mi cintura, y jadeé al sentir su erección contra mí—. No me pidas que te deje ir; es imposible. Sería como permitir que te pase algo, y no podría vivir sabiendo que estás en peligro. Tu padre dice que esos hombres no se expondrán acercándose a ti —sonreí al sentir sus besos en mi cuello y entrelacé mis manos con las suyas—. Te amo, Ivanna. No dejaré que nadie te dañe otra vez.

Era la mejor decisión: alejarme. Pero no podía. Era imposible dejarlos, aunque fuera temporalmente.

—También los amo, pero no puedo quedarme de brazos cruzados mientras corren peligro. Busquemos a ese amigo de papá...

—No —me interrumpió—. No quiero más nudos en tu vida. No te expondré a que luego nos cobren ese favor —giró mi cuerpo, y me abracé a él—. Sé que podemos arreglarlo. Temo por ti; estás en peligro. No soy un superhombre, pero puedo y quiero cuidarte. Solo te pido que no te alejes; no es necesario. Pierre y los chicos están a cargo; a mí solo me dejaron cuidarte, y lo haré.

Apoyé mi cabeza en su pecho mientras besaba mi cuello, como diciéndome por qué no debía irme. Éramos uno solo en ese momento. Acarició mi cuello, haciéndome girar para acercarse a mi boca.

—¿No me dejarás otra opción? —me quejé—. No quieres que me aleje. No sabía que eras masoquista —lo sentí reír en medio del beso, y sonreí.

—Ya me acostumbré al caos a tu alrededor. La calma sería una tortura —posó su mano en mi trasero, tomando posesión de mi boca.

—Marck está aquí, Vincent, y recuerda que debemos ir al bautizo —lo separé. No quería ver a mi tía, pero no podía hacerle eso a Jasón y Emma—. Si alguna vez salgo de sus vidas, será para siempre —alejé mi rostro, y me miró a los ojos.

—¿Qué significa eso? —preguntó, confundido.

—Solo hay una manera de salir para siempre de la vida de alguien. Ahora me doy cuenta de que será la única forma de librarte de mí —unos pasos pequeños nos interrumpieron; Marck llegaba, dejando la conversación pendiente.

—Estoy listo. ¿Veré a Omat? —preguntó.

Me divertía la cercanía de Marck con el inglés, pero Vincent sentía celos. Los ojos azules del niño nos miraban, anhelantes. ¿Qué tramaba con el hermano de Emma? No lo sabía, pero siempre que Omat estaba en la ciudad, pasaban tiempo juntos.

—¿No me estarás cambiando por ese? Soy tu padre —bromeó Vincent, golpeándome el hombro mientras sonreía a Marck, que nos miraba sin entender.

—Él me prometió ayudarme con el regalo de bodas —dijo Marck, encogiéndose de hombros, caminando delante de nosotros. Esa respuesta nos confundió.

—¿Y encima tienen secretos? Entre nosotros no hay secretos, ¿lo olvidaste? —dijo Vincent.

—Ahora es distinto. No es secreto; es sorpresa —Marck se puso el cinturón de seguridad y miró por la ventana, dando por terminada la conversación.

Su intento de parecer serio lo hacía adorable. El tema de su madre se desvanecía poco a poco; tuvimos cuidado de que no viera la prensa. Agradecía que no fuera jornada escolar. Sus padrinos querían que estudiara en una escuela privada para evitar bullying por el encarcelamiento de su madre. Pero yo sabía que era cuestión de tiempo para que se enterara, y lo había dicho: era mejor prepararlo. Aunque Tessa renunció a Marck, él la conoció. Me acerqué, asegurándome de que estuviera bien abrochado.

—Sé que nos gustará, mi amor. Ignora a tu padre; está celoso, cree que lo cambiarás por Omat —susurré, fingiendo un secreto con Marck.

—Siempre será mi papá, y tú mi mamá. Omat es mi amigo —dijo, abrazándose a sí mismo, haciendo un puchero—. Te quiero, papi.

—También a ti, campeón. Pero disimula un poco, ¿quieres? —Vincent puso los ojos en blanco—. Últimamente, tú y tu madre están muy cerca de él —suspiró, sentándose a su lado.

—Vincent, Omat es un hombre casado, de casi 45 años, con tres hijos y una esposa que adora. Yo los tengo a ustedes; no necesito más para ser feliz. Él es solo un amigo al que le debo, y tú también, habernos conocido. ¿Cuántas veces te lo repetiré? —acarició mi mano, sonriendo.

—Me gusta escuchar cómo me espiabas mientras paseaba a mi hijo. Estoy más agradecido con Omat que tú; sin él, no nos habríamos encontrado —no quise mencionar lo que Omat opinaba: que yo solo me adelanté, que nos habríamos encontrado tarde o temprano. Ni yo entendía a qué se refería, así que entrelacé mi mano con la de Vincent y le lancé un beso—. Si te sientes incómoda, dímelo y nos vamos. No quiero que te acosen otra vez.

Llegamos a la capilla, un lugar elegante. Me pregunté: si la idea era presentar a un niño ante Dios, ¿por qué tanto lujo?

—¿De quién fue la idea de tanto lujo? —pregunté, curiosa. Emma no era suntuosa, y Jasón, aunque hijo de quien era, no vivía rodeado de lujos.

—Tu tía. Aunque Emma quería algo privado y humilde, ella y Epson insistieron en esto. No están felices con esa decisión, así que no te extrañe si terminan huyendo con nosotros —dijo Vincent, abriendo la puerta del auto para que bajara. Agradecí el vestido que insistió en comprarme; de lo contrario, desentonaría en tanta opulencia—. No pertenecemos a este lugar —lo escuché murmurar, más para sí mismo. Tenía razón; no encajábamos ahí.

—No podemos dar marcha atrás. Saca pecho y enfrentemos esto como somos —tomé la mano de Marck, y los tres entramos a la capilla.

La ceremonia transcurrió en calma. Me mantuve lejos de Evangeline y su esposo, Alessandro, de quien me sorprendió descubrir, en la breve presentación, que era elegante y muy parecido a sus hijos. Adoraba a su hija, siempre cerca, atento a sus movimientos, ayudándola con sus nietos. Sentí envidia; no sabía cuánto tiempo pasaría para ver a mi padre o si él conocería a mis hijos. Miré alrededor; estábamos en la casa de Jasón y Emma. En el fondo, vi a Vincent hablando con Jasón y Pierre, muy serios. Supe que el tema era yo.

—¿Aburrida? —la voz de William me hizo girar. Estaba a mi lado—. Estás hermosa, pero imagino que lo has oído mucho hoy —esperaba su sarcasmo, pero parecía serio.

—No me gustan estas reuniones, menos cuando se trata de presentar a un niño ante Dios. No deberían tener tanto lujo, pero es mi opinión; no espero que estés de acuerdo.

—Te equivocas; estoy de acuerdo. Solo dije que estaría en la ceremonia y luego me iría de viaje. Pero Sofía ha estado mal por lo del embarazo. ¿No quieres venir conmigo? Algo me dice que me quedaré sin asistente —ambos vimos a Alex intentando llamar la atención de Sofi, que parecía evitarlo—. ¿Cuánto crees que le durará a Sofi perdonarlo?

—Tres o cuatro horas, tal vez menos —murmuré, segura.

Aunque Sofi insistía en no querer a Alex, era obvio que lo amaba.

—¿Horas? No pensé que estuviera tan enojada. No parece de rencores. Me perdonó fácil, aunque aún me siento un imbécil —dijo, callando.

No lo corregiría; había actuado como tal.

—Horas, William. Sofía adora a Alessandro. Si él le corresponde, no tengo idea. Gracias por tu oferta, pero debo rechazarla. Soy como una prisionera en mi propia casa.

—Lamento eso. Estamos tomando cartas en el asunto. Pronto acabará; recordarás esta época y sonreirás. ¿Aún no quieres hablar con Evangeline? —la pregunta me tomó por sorpresa.

No dije nada, solo negué sin mirarlo. No quería que supiera cuánto dolía recordar esa época y lo que mi madre sufrió donde debía estar segura. Una voz detrás nos hizo girar: era Alessandro, el padre de los D'Angelo.

—Ella tiene sus motivos. En su lugar, no me habría acercado a Evangeline, ni a mis hijos. Tienes razones para no querernos cerca —puso su mano en mi hombro—. Sé que no debería acercarme tras lo que has sufrido, pero no quería irme sin pedirte perdón, de parte mía y de mis hijos. Lamento lo que has pasado; de haberlo sabido, esta historia sería distinta.

Agradecía sus palabras, pero venían de alguien que no tenía culpa.

—No me lo tomo a mal, señor Alessandro. Soy lo bastante madura para saber que ni usted ni sus hijos tienen que ver con esto —dije con calma—. Me mantengo alejada porque revolver el pasado nunca es bueno. No hay rencor hacia usted o sus hijos; han sido muy atentos. Pero no puedo decir lo mismo de Evangeline. El problema es entre ella y los Ivannok.

Mi respuesta pareció contrariar a Alessandro. William, observador, lo notó y cambió el tema.

—Don Alessandro prestó todas las herramientas de su compañía para resolver tu problema, cariño. Créeme, en una lucha de poder contra Epson, Piamonte le daría la pelea, sin duda.

El comentario rompió el hielo, logrando el efecto esperado.

—Estoy segura —dije con una media sonrisa—. Agradezco su ayuda; espero no molestar. Nunca quise crear problemas en su familia.

Alessandro tomó mis manos, sonriendo. Su sonrisa me recordó la de Pierre; supe de dónde venía la chispa risueña del gemelo menor.

—Eres de mi familia —dijo, apretando mis manos—. Para los D'Angelo, la familia es la base, más allá del dinero. No importa si tu padre acepta el dinero o no, o si conservas solo su apellido, lo que entiendo más de lo que crees. Importa que eres familia de mis hijos, que ayudaste a mi hija sin saber quién era. Eso te hace más valiosa que cualquier fortuna. Lamento no conocer a tu madre. Espero conocer a tu padre y felicitarlo por la mujer que educó. Estaríamos honrados de tenerlos en Piamonte si deciden visitar.

Solo pude sonreír. Vincent me había descrito la enorme mansión de los D'Angelo. Si me sentía incómoda en la de Jasón, o en la ocasión que estuve en la de Anthony, no imaginaba cómo me sentiría en esa edificación monstruosa.

—No iría. También rechazó mi invitación a Grecia. Es tan necia como su futuro esposo; tal para cual —dijo William, y lo miré con el ceño fruncido.

—Tu invitación era solo para mí y no era amistosa, William —le dije, golpeándole el hombro.

—¿Si la traslado a tu futuro esposo y tu hijo, irán?

—¿Por qué no? —respondió Vincent detrás de mí—. Es bueno conocer a la familia. Me gustaría conocer al ser que te dio la vida, William. Merece mi consideración; de seguro le sacaste muchas canas —todos rieron, incluso William, que parecía divertirse.

—Te equivocas. Fui un buen niño; las mujeres hicieron de mí lo que ves —dijo, encogiéndose de hombros—. Mi madre reza por mí toda la noche, esperando que encuentre el camino correcto.

—No me digas que el mapa de ese camino está en chino y no sabes el idioma —dije. Todos, incluido William, rieron.

CHARLIE

—¿Tienes la carta? —Charlie le preguntó a su hijo, Viktor, quien le extendió un sobre plástico. La letra era inconfundible: de Epson—. Aún me parece descabellado. Te eduqué para mantenerte lejos de este mundo. No quiero esta vida para ti, Viktor. ¿Cómo se la quitaste?

Viktor sonrió, invitándolo a sentarse.

—Él debe pagar, papá. Todo saldrá bien. ¿Desde cuándo eres cobarde? Fue fácil: lo distrajo el celular. Fue difícil, pero hice el cambio. Cuando le dije que podía leerla, me arrebató la carta y la arrojó a la chimenea, pero ya había cambiado el original.

—Toda mi vida trabajé para que tuvieras una vida distinta, Viktor. Mi anhelo es verte feliz. Deja esto en mis manos; no necesitas este estrés —Charlie adoptó a Viktor, hijo de su esposa, cuando tenía nueve o diez años. Tras la muerte de ella y sus hijos, decidió mantener a Viktor lejos de su mundo. Lo habría logrado si no fuera porque Viktor insistió en saber qué pasó con su madre, encontrando en la caja fuerte todo lo necesario.

—No dejaré que caigas preso, papá. Lo haremos a mi manera; luego nos iremos donde quieras. Solo hazlo como acordamos —Viktor miró la carta y el frasco que le dio.

—¿Qué tan mal está? Siempre fue fuerte; nadie creerá lo que intentas hacer ver —Charlie conocía a Epson; nunca desvariaba, y los que lo rodeaban lo sabían.

—Confía en mí. Su nieto nos ha ayudado, escarbando en su pasado. La llegada de Ivanna lo hizo dudar de su abuelo. Está listo para lo que queremos. ¿Tienes acceso a esa casa sin que te vean? —Charlie sabía cómo entrar; Epson le dio una llave de una puerta secreta para evitar a la servidumbre. Asintió, mostrándosela a Viktor, riendo.

—Bien. Te diré cuándo visitarlo y qué retirar. En siete días, estaremos fuera de esto. ¿Antwan y Holsen? —Viktor sabía todo tras encontrar esas fotos y documentos. Él quiso que Antwan estuviera en el "Ala del Infierno" y recolectó todo.

—Ya saben dónde se esconden —Charlie miró la hora—. En cinco horas estarán presos, pero los conozco; no se entregarán sin pelear.

—Ya no es nuestro problema. Me gustaría que paguen, pero la muerte también es una opción.

—Sería una decepción, pero muertos no estropean nuestras vidas, ni las de tu tío —Viktor asintió, riendo.

—Él está por salir, papá. Boris lo confirmó ayer.

Era una buena noticia. Tras tantos años, fue injusto que solo Alexis pagara la culpa de todos. Charlie estaba en deuda con él por no mencionarlo, manteniéndolo a él y a Viktor a salvo.

—Espero que esté para la boda. Proteger a su hija no es fácil, no con el hombre que tiene por marido —ambos sonrieron. En más de una ocasión creyeron ser descubiertos, pero salieron airosos.

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