Capítulo 38
IVANNA
Creía que no había posibilidad de volver al edificio donde trabajé dos meses con Vincent, pero Sofía insistió en que necesitaba verme. Como ella no podía venir a casa por el horario laboral, decidí ir a su oficina. Suponía que era por el favor que le pedí: consultar a su padre sobre reabrir el caso de Vanessa. Algunos compañeros me miraron sorprendidos, otros con curiosidad. No conté con eso y entendí por qué Vincent no quería que viniera sola. Insistió en acompañarme, pero estaba ocupado; Jasón lo llamó por algo "urgente".
Entré con la credencial que William me mandó hacer, con el sello de "Presidencia". Agradecí el gesto, aunque lo consideré ostentoso; significaba que era parte de la junta directiva. Subí al ascensor, ignorando las miradas curiosas de los demás pasajeros. No hablé ni di explicaciones; no quería detalles innecesarios. El ascensor se detuvo en mi piso, y salí, despidiéndome con un gesto. Para mi sorpresa, las mujeres que estaban conmigo, las mismas que acosaban a Vincent en la cafetería con "la felina", no salieron; volvieron a bajar. Sonreí, sabiéndome descubierta, y seguí hacia la oficina de Sofía.
Esperaba encontrarla sola, no discutir con William, con quien últimamente solo peleaba. Para mi sorpresa, Sofía estaba con Sara, demasiado cerca para mi gusto.
—Buenos días, Sara. ¿Ya salió el sol? ¿Qué haces fuera de tu sarcófago? —dije, enfrentándola y protegiendo a Sofía—. Te rostizarás, se quemará tu piel, te desollarás viva —bromeé, sonriendo al ver que retrocedía y me miraba altiva.
—¡Oh! La princesa de Alex necesita su escolta. ¿A qué te dedicas ahora, Ivanna? ¿En qué club nocturno vendes tus miserias? —respondió, alzando una ceja.
—¿Buscas trabajo? No creo que quieran tus servicios, pero puedo recomendarte con una amiga en Moscú. Supe que tu economía no está bien. Estás en el lugar equivocado... aunque William está soltero y es millonario, te gusta eso, ¿verdad, querida? —avancé desafiante, riendo mientras Sofía se cruzaba de brazos.
—¿Necesitas que ella te defienda, Sofi? ¿Ahora estás embarazada? ¿Crees que soy estúpida? Puede que engañes a Alex, pero no a mí —dijo Sara. Sabía que Sofía era nerviosa, y en su estado, un enfrentamiento era peligroso. No necesitaba verla para saber que estaba asustada; oía los latidos acelerados de su corazón. Viviría por el día en que Sofía perdiera el miedo.
—Deberías creerle, porque la chica que insultas es... —hice una pausa, buscando las palabras, y reí suavemente—. Digamos que Sofía no ha tenido novios oficiales, mientras tú... eres la envidia de cualquier actriz porno, con bragas muy inquietas, Sara —eso la hizo lanzarse sobre mí, pero detuve su mano antes de que tocara mi cara. Hice un puchero y la atraje hasta que nuestros ojos estuvieron cerca—. ¿No deberías cuidar a tu bebé? ¿O buscar empleo? —chasqueé la lengua y golpeé su frente con la mano libre—. Cierto, tu loco difunto marido te dejó dinero. ¿No es suficiente? ¿Qué pasa, Sara? ¿No te gusta perder, o te molesta que perdiste contra una mujer decente?
—No sé cómo entraste, Sara, pero te exijo que salgas de este edificio. No me obligues a llamar a seguridad —dijo Sofía, con voz firme. Agradecí mentalmente que, a pesar de su miedo, se defendiera—. No tengo que darte explicaciones. Si alguien debe decirte algo, es Alex, no yo. ¡Largo!
—¿Desde cuándo es "Alex", Sofi? ¿Crees que me olvidó en tan poco tiempo? Tardó ocho años sin pareja después de mí. ¿Y dices que ya te quiere? Vamos, eres más inteligente —respondió Sara. Me contuve para no golpearla, apretando con fuerza su brazo. Iba a responder cuando una voz resonó.
—¿Qué sucede aquí? —rugió William, el dueño de la compañía—. ¿Cómo entraste? Te advertí que te alejaras de Sofía. Si tienes algo que reclamar, habla con tu exesposo.
Noté que Alessandro venía detrás. Solté a Sara, pero seguí protegiendo a Sofía. El rostro de Alex se endureció al verla.
—Una reunión familiar, perfecto. Jamás estarás a mi altura, Sofi. Nunca podrá quererte porque no me sacará de su cabeza, ¿verdad, cariño? —dijo Sara.
—¿Por qué no me dejas en paz? No los quiero cerca de mí ni de mi bebé —Sofía salió de mi protección, sacando valor de la mirada lastimera de Alex. Era hermosa pero insegura, y Sara era astuta para ella—. No tengo que competir contigo ni hacerte creer si este niño es de Alex o William. ¡Solo quiero que me dejes en paz! No pelearé por nadie.
Sara se lanzó hacia Sofía, pero Alex la detuvo, sirviendo de escudo.
—No te atrevas a acercarte, Sara, o te atendrás a las consecuencias. La cláusula de divorcio no está cerrada, y la amenaza de tirar tu dinero desde un helicóptero sigue en pie —dijo Alex. William, a una distancia prudente, hablaba por teléfono, atento a la situación.
Tomé a Sofía de la mano; era mejor alejarla. Hubiera dado mi vida para que no escuchara lo que siguió.
—Dime, Alessandro, ¿la amas? Dilo delante de todos —dijo Sara. Alex no respondió, y supe que no lo haría. Sofía corrió a los baños, y yo la seguí.
—Qué pena, la princesa se fue a llorar —escuché a Sara. Tres hombres llegaron, y William ordenó:
—Escolten a la señora a la salida y díganle a su jefe que necesito hablarle. ¡Demasiadas fallas por su culpa! ¿No hay alguien eficiente en esta ciudad? —gritó.
Encontré a Sofía encerrada en un cubículo, llorando. Su llanto me partió el corazón.
—Vamos, ángel, sal. Es solo una perra resentida —no respondió, solo lloraba—. Eso le hace daño al bebé, a mi sobrino y ahijado, porque será mi ahijado, y tú la madrina de los míos —oí su risita y me alivié; se estaba recuperando, al menos por ahora.
—Ella tiene razón —dijo tras unos minutos, sentada en el suelo junto al cubículo. Vi unos zapatos relucientes; era Alex, preocupado—. Jamás me amará como la amó a ella, y no lo negó —suspiró, mirando a Alex, que parecía contrariado. Lo miré desafiante, pero no dijo nada, solo observaba la puerta cerrada, con los puños apretados.
—Tal vez aún no sabe lo que sabe que está enamorado, ángel. Lo importante es que tienen un hijo —dije, pero Sofía tenía respuesta para todo. Alex se pasaba las manos por la cabeza, caminando de un lado a otro.
—Un hijo no arregla una mala relación —dijo ella—. Hablé con mi padre; por eso te llamé. Me dio una cita. Hace días me dijo que tenía respuestas, pero cuando le conté que estoy embarazada y no tengo una relación real con el padre, me corrió de su oficina. Dijo que el caso de Vanessa está cerrado; necesitan pruebas para reabrirlo, y tu confesión no basta. También dijo que los cuatro culpables están muertos, y el juicio por el quinto es un callejón sin salida porque no sabemos quién es —su respiración se calmó. Decidí seguir por ese tema, haciendo señas a Alex para que nos dejara solas. Obedeció, a regañadientes.
—Anda, salgamos. Tengo hambre, y algo me dice que no has comido. Mueve tu pequeño trasero, Sofi, o tumbo la puerta —el pestillo sonó, y la voz de Vincent me llegó desde el otro lado. Suspiré, atrayendo a Sofía hacia mí. Salimos, y lo vi mirándome atento, preocupado por Sofía—. ¿Puedes quedarte con ella unos minutos? —al ver su ceja alzada, añadí—. Sara vino, y Alex, como siempre, no supo manejar la situación. Ve bajando con ella; los alcanzo en unos minutos —le di un beso fugaz.
No le di tiempo a responder. Caminé rápido a la oficina de William, entrando sin anunciarme. Los encontré en una discusión acalorada que se detuvo al verme.
—¿Necesitas a Sofi? La llevaremos fuera a que se calme. ¿Crees que se pueda? —pregunté. William miró a Alex con enojo.
—¡No sería necesario si le hubieras dado el lugar que merece! —dijo William.
—¿Quieres dejar de meterte en mis problemas? ¡Ya te he permitido demasiadas libertades! —replicó Alex.
—Llévatela, cariño. Yo me encargo de que este animal reaccione. Asegúrense de que esté bien —dijo William. Los miré; no sabía quién estaba más enojado, ni entendía el papel de William, pero no preguntaría. Asentí y di media vuelta—. Por cierto, Sofía me contó de tu cruzada por el caso de Vanessa. He indagado. La muerte de esos hombres fue en circunstancias extrañas, aunque no sorprende por lo que le hicieron. Imagino que no fue la primera vez.
—¿Desde cuándo Sofi es tu confidente? ¿Por qué no recuperas a tu prometida en vez de merodear a las mujeres de tu familia? —dijo Alex, sarcástico. William se alzó de hombros.
—Trabajamos y viajamos juntos. No todo es trabajo; hablamos de cosas. Sofía me contó de Ivanna. Como es mi sobrina, y esa muralla que tendrá por esposo será mi familia, quise ayudar. No fui yo quien besó a otro; fue Ivanna quien empezó esta pelea. Tú descuidaste a Sofía. Nunca he hablado de mi vida privada con ustedes, cosa que ustedes sí hacen conmigo —concluyó William, sonriendo infantilmente. Una notificación en su celular lo distrajo.
—Bien, me voy. Vincent me espera —dije.
—Hablé con él. No creo que quisiera que te citara, así que fui prudente... solo por hoy. Nos vemos, preciosa —dijo William, lanzándome un beso. Puse los ojos en blanco y salí.
VINCENT
La oficina era un caos. La persona que pedí de la agencia no llegaba, y no quería que Ivanna trabajara aún; tenía dolores en el costado, y yo no ayudaba. Sonreí al recordar nuestros juegos en la cocina y el baño, pero sacudí la cabeza para concentrarme.
Frederick me llamó: su abuelo actuaba extraño y sospechaba que tenía negocios con un tal Charlie en Rusia. Tiré los papeles que tenía; esto era un maldito rompecabezas, y Ivanna estaba en el centro. La idea de que fuera un "comodín" me revolvía. Debía protegerla sin contarle lo que Jasón y yo sospechábamos, ni cuánto le había dicho Alexis. No quería alarmarla.
Mi preocupación tenía fundamento. Gabriel me alertó del peligro que corría Ivanna. Allanaron la casa de Antwan y encontraron documentos donde la mencionaban como "el comodín", alguien que salvaría a sus enemigos y mantendría a Alexis callado. Pero las investigaciones avanzaban, y Antwan estaba bajo escrutinio. Ya no tenían motivos para protegerla; al contrario, era su forma de vengarse de Alexis. La llave que Pierre dio a Charlie abrió una caja de Pandora, y no me interesaban los detalles, solo que Ivanna no saliera dañada ni salpicada tras años en esa casa.
De alguna manera, esto la afectaría. Alexis destapó todo al saber que dañaron a su hija, pero no pensó que la convertiría en un blanco. Por eso su abogado insistió en cuidarla y construir esa casa segura. Aunque Alexis era astuto y tendría algo preparado, no me tranquilizaba. En las pesquisas salió el nombre de Holsen, prófugo junto a Antwan, con una circular roja. No era hombre de miedos, pero pensar que Ivanna podía salir herida me aterraba, más porque no era consciente del peligro.
—¿Sí? —contesté al teléfono. Era William, quien me evitaba hacía días. Era hora de que diera la cara.
—Necesito que vengas. ¿Tienes 30 minutos? Tengo algo que debes ver sobre la investigación tuya y de Ivanna. No he hablado con ella, pero Sofía me dijo que consultó a su padre. Es de tu interés; no tomará mucho.
—Voy para allá —colgué, levantándome rápido. De paso, recogería a Ivanna, que insistió en ir sola. Aunque estaba con Andrew, no me aliviaba con esos buitres sueltos.
Llegué al edificio y saludé sin detenerme. Me sorprendí al ver a dos viejos amigos escoltando a Sara en el ascensor. No intervine; no sabía qué pasó, y ya no trabajaba allí. Evitando contacto, me hice a un lado.
—La maldita rusa me las pagará —dijo Sara. No me sorprendió; Ivanna sacaba lo peor de la gente. Sabía que no golpeaba sin provocación, pero su carácter revoltoso era innegable. Ignorándola, entré al ascensor y pedí que cerraran las puertas.
En las oficinas, no vi a Sofía ni a Ivanna. Me dirigí a la de William, encontrándolo con Alex, ambos de mal humor.
—¿Dónde está Ivanna? —pregunté, paranoico. No quería perderla de vista con tantos problemas.
—Estoy muy bien, O'hurn, gracias por tu preocupación —dijo William, mirándonos—. Está con Sofía. Tu futuro primo la cagó con ella, como siempre —miró a Alex, enojado.
—¿Qué se suponía que debía hacer? No tengo que demostrarle nada a Sara. Mi compromiso es con Sofía. Si mis actos no le bastan para entender lo que significa para mí, nada lo hará —respondió Alex. Pasé las manos por mi cabeza, suspirando. Aquí vamos...
—No es por eso que te cité —dijo William, viéndome molesto—. Ven, estuve averiguando. Tres de los cuatro hombres están muertos; sabes quién es el cuarto. Lo curioso es que eran cinco amigos. Uno, de padre irlandés, trabajaba con tu hermana —me dio una foto que no reconocí. Me avergonzaba no conocer a los amigos de Vanessa—. Sé que apenas estabas en casa entonces, pero Ivanna podría recordarlo —asentí mientras me pasaba más fotos de los cuatro en un bar, riendo, mientras mi hermana sufría.
—¿Cómo averiguaste esto? —pregunté a William, que de pronto no me parecía tan antipático—. Para ser nuevo aquí, tienes muchos contactos.
—George, o Kerchak, como lo conoce Ivanna, trabaja para mí —dijo William, cortando la protesta de Alex—. Nada ilegal. Tiene la destreza para ubicar a alguien en este país; por eso estoy aquí. Me contó, tras saber cómo trataron a Ivanna, parte de la historia que Sofía me había dicho. Al lidiar con Ivanna, le tomó cariño, como nos pasa a todos —sonrió; era cierto, Ivanna tenía ese efecto en los hombres, menos en las mujeres—. Ella confesó, drogada, lo de Vanessa. Kerchak la vigilaba para protegerla. Con el tiempo, no eran golpes, sino entrenamientos, y algunos hombres se propasaban con ella. Yo también quise saber nombres y matarlos —dijo, viendo mi puño apretado—. Kerchak se quedaba con ella para evitarlo. Un día, ella le contó lo de Vanessa. Tu hermana fue vengada dos años después. El quinto hombre, el pelirrojo, desapareció por miedo; nadie sabe de él.
—¿Por qué lo hizo George? ¿Y por qué Ivanna no lo sabía? —pregunté.
—Antwan no quería lazos entre su seguridad e Ivanna; volarían cabezas si la ayudaban a escapar. Kerchak no quería parecer débil —explicó William, mostrándome las fotos. Pensé que saber de sus muertes me aliviaría, pero no.
—Tenerlos en la cárcel no era opción —dijo Alex—. Yo los querría muertos. En prisión, verían el sol, respirarían, tendrían sueños, familia. Vanessa no tuvo eso. Quema esas fotos, O'hurn. Muéstraselas a Ivanna para confirmar, y déjalo ir. El pasado solo duele.
No entendía por qué George hizo eso. Según William, Ivanna siempre sonreía, lo que enojaba a Antwan. Con el tiempo, fueron amables con ella, sin esforzarse en buscarla cuando escapaba. George quiso ayudarla con lo que la atormentaba: no haber salvado a Vanessa.
—¿Dónde están? —pregunté tras un silencio.
—En los baños —dijo Alex. Guardé las fotos en mi chaqueta y caminé a buscar a Ivanna.
—¿O'hurn, te pasa algo? —preguntó William, mientras abría la puerta—. "Es mejor perder el orgullo por alguien que amas, que perder a ese ser por tu inútil orgullo". John Ruskin. Somos familia, Vincent; puedes contar con nosotros.
Tenía razón; no podía proteger a Ivanna solo. Sin mirarlos, compartí las sospechas de Jasón y lo que la policía me dijo.
—Ella debe saber, O'hurn. Si no, seguirá escapándose por diversión de Andrew —dijo Alex. Suspiré, girándome.
—¿Han sentido que, hagas lo que hagas, algo no terminará bien? No sé cómo describirlo —dije. William respondió.
—Es miedo a perder lo que amas, Vincent. Podemos custodiarla, pero eso no resuelve todo. Lo mejor es encontrar a esos dos. Deja que Alex, Pierre y yo nos encarguemos. Tú cuídala con escoltas.
Asentí. William era un misterio; su carácter revoltoso parecía una fachada. Algo me decía que era más poderoso de lo que aparentaba.
—Gracias. Nos veremos —dije. William tomó el teléfono, diciendo: "Tengo un trabajo para ti..."
Fui a los baños, toqué y llamé a Ivanna. Salió con Sofía, de ojos rojos. Me pidió cuidarla y dijo que debía hacer algo. Tomé a Sofía de la mano y salimos sin preguntar.
—¿Crees que pueda amarme? —preguntó Sofía. Recordé lo que dijo Alex, pero fui prudente.
—¿Qué te hace pensar que no, Sofi? Tal vez no lo diga, pero lo demuestra. Cualquier hombre estaría honrado de tenerte, y Alex no es la excepción.
—Él aún quiere a Sara...
—No lo llamaría amor. Cuando Tessa nos dejó, dejaba el teléfono encendido, ponía un plato de más, no pasaba el seguro, vivía pendiente de mensajes. No sabía que se fue con otro, ni que Marck fue una excusa. Luego odié a todos: la vida, las mujeres. Mi hijo me dio fuerzas. No creo que Alex vuelva con Sara, no tras lo que hizo. No sé si conoces los detalles, pero las posibilidades son nulas, menos ahora que le darás un hijo que sabe que es suyo —dije, abrazándola mientras salíamos del ascensor.
—Ojalá fuera fácil. No sé si lo quiero en mi vida, no tras lo que me hizo —respondió. Estaba en su derecho; Alex no fue leal, pero todos merecen una segunda oportunidad.
—Tienes razón, Sofi. Toma la decisión que quieras; nos tienes a Ivanna, a Marck y a mí. Llamaré a Ivanna, y recogeremos a Marck en casa de su amigo. Hoy estarás con nosotros, la invitada de honor. Pero primero, conocerás la nueva casa.
—¿Tendré un cuarto?
—Claro, pero si crees que Alex te dejará vivir sola, deliras —su alegría al oírlo no pasó desapercibida. Sofía solo se hacía de rogar, y algo me decía que Ivanna estaba detrás de eso.
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