Capítulo 4
Moscú, Rusia
Holsen
—¿Qué estás diciendo, imbécil? —Mi estruendosa voz rugió por todo el lugar mientras hablaba por teléfono con mi socio en Nueva York—. Me tiene sin cuidado tu vida, tu reputación o tus excusas de mierda. Tenías una sola tarea, ¡una sola maldita tarea!: mantenerla contigo y cuidar de ella. —El ruido de mi puño impactando contra el escritorio asustó a mi hombre de confianza, que dio varios pasos atrás.
Colgué el teléfono furioso y alcé la vista hacia el hombre frente a mí. Era increíble que tantos hombres, con una tarea tan sencilla como cuidar de una mujer, hubieran fallado.
—La dejó ir —me quejé—. El maldito le dio el divorcio, y ella se escapó. No han podido ubicarla. Algo obvio, siendo hija de quien es. Será difícil rastrearla. El dilema es que, hasta ahora, Alexis no ha hablado porque le prometí cuidar de su "bebé" —enfaticé la última palabra—. ¿Qué pasará cuando se entere de que no cumplí? Y lo peor: ese maldito afeminado la trató mal todos estos años. Ya puedo oler a cadáver, porque sé que no solo hablará y dirá lo que sabe, sino que también contactará a Dimitri, y este, a su vez, al Mayor...
—El señor Alexis no tiene cómo saberlo —dijo el hombre frente a mí, mi encargado de seguridad—. Puede seguir diciendo que está cumpliendo mientras la ubicamos.
Hice una mueca de disgusto.
—Alexis Ivannok fue mi hombre de confianza antes de que tú dieras tus primeros pasos —interrumpí—. Cuando inicié en este mundo, él estuvo a mi lado, me ayudó muchas veces, me salvó la vida otras tantas. Eso, y su vínculo con el gran jefe, el Mayor, lo mantienen con vida. Ese vínculo le da contactos mucho mejores que los míos. Fue el único que creyó en Dimitri, el hombre de confianza del Mayor, y le salvó de una muerte segura. Solo está preso porque quiere. Puede soltar todo lo que sabe, pero sabe que, si paga su condena y sale, tendrá más estatus. Me tiene agarrado de las pelotas. Si se entera de que traté mal a su hija, desatará un infierno.
—Usted dirá, ¿qué hacemos? Puede tener algún problema en prisión. Es fácil; la mayoría están presos de por vida y matan por hobby.
—Ese maldito es una celebridad en prisión. Nadie le tocará un puto cabello. Dimitri le dio un estatus ahí; todos están dispuestos a morir por él. ¿En qué momento te dejé ir, Ivannok? —grité, frustrado—. Hasta ahora no me has dado ninguna idea. Pareces un niño de kínder —le grité al hombre.
—Podemos empezar por ubicarla. Su hijo está allá; puede acercarse a ella. Teniendo la misma nacionalidad, será fácil para él. Además, no lleva su apellido, lo que facilita las cosas.
Lo miré a los ojos, y una sonrisa se dibujó en mi rostro. ¿Cómo no lo pensé antes? Mi estúpido hijo había viajado a la tierra de su madre hace años. Aunque llevábamos una relación cordial, se negaba a vivir en Rusia. Conocía el idioma y no llevaba mi apellido. Lejos de casa, se añoran muchas cosas, quizás el idioma.
—¡Vaya! Al fin esa cabeza te sirvió para algo —dije mientras tomaba el teléfono y marcaba a mi primogénito—. Tengo un trabajo para ti —le dije cuando contestó—. Busca a Ivanna Ivannok y acércate todo lo que puedas a ella. Quiero saber todo lo que encuentres sobre ella y quiénes están a su alrededor. No dejes que el afeminado se le acerque, y si tienes que eliminarlo, lo haces. ¿Entendiste? —grité.
—¿Qué sucede? —cuestionó el hombre y negué.
—No está en el país y dice que intentará llegar. Necesitamos otro plan por si este no funciona —la idea de golpear a Alexis en la cárcel era buena, pero llevaría tiempo encontrar a alguien dispuesto a morir por esa causa—. Averigua en prisión quién está desahuciado y con familia afuera que necesite dinero.
—Como ordene, jefe.
Alexis Ivannok
—Vamos, hombre, no estás concentrado... ¡Otra más! —me decía el chico con el que boxeaba en ese momento—. ¿Aún no tienes noticias de tu hija?
—No, el maldito Holsen no me ha enviado noticias, y eso huele mal.
—Tal vez todo está bien. No hay que pensar lo peor. Además, es tu hija. Si es tan buena como su padre, compadezco al que quiera joderte la vida.
Hice una mueca. Sabía que Ivanna podía cuidarse, y me habían prometido protegerla, pero desconocía al hombre encargado de hacerlo. Había pedido muchas veces saber su identidad. Afortunadamente, mi nuevo abogado, Boris, había tomado cartas en el asunto y me traería noticias sobre el hombre que tenía a mi hija.
Estaba en el patio de la prisión con mi compañero de celda. Llevaba años sin hablar con Ivanna y casi cuatro meses sin saber de ella. Algo andaba mal. Había mantenido la boca cerrada solo para que estuviera bien y lejos de las murmuraciones y el peligro que corría en este país por ser mi hija. En su momento, creí que era un buen trato: yo no hablaba, y ella tendría una vida tranquila. Debí haber hablado directamente con el Mayor o Dimitri; seguramente habrían hecho un mejor trabajo. Ella pudo quedarse con Amelia, la hija del Mayor. Estaría en el país y mejor cuidada.
—Te arrancaré las uñas una por una, Holsen, si llegaste a hacerle daño. Juro por Dios que me ocuparé personalmente de ti, y tu agonía será tanta que desearás no haberte metido en mi camino —dije mientras golpeaba la pared con fuerza.
—Ivannok, tienes visita —gritó un guardia cerca de mí.
—Ya llegaron las noticias que esperabas. Y si no, tranquilo, tenemos cómo ubicarla —dijo mi compañero. Asentí y caminé hacia el guardia que me esperaba. El problema era si Ivanna querría mi ayuda.
—¿Un mal día, Ivannok? —preguntó el guardia. Solo lo miré en silencio.
Gruñí como respuesta, lo que hizo que sonriera. Entré a la sala, y ahí estaba Boris. Lo saludé.
—Espero que sean buenas noticias, Boris, o pagarás mi frustración —dije, amenazante, sentándome frente al escuálido chico pelirrojo.
Boris sonrió hacia mí. Era un hombre enorme, y aunque hasta ahora no había tenido problemas con él, no dudaba en que me haría daño si algo le disgustara.
—No son muy buenas. Tu hija estuvo casada todos estos años con un francés llamado Antwan, dueño de unas joyerías. Pero eso no es todo —continuó cuando notó que mi rostro se tensaba—. Al parecer, este hombre es socio de Holsen. Hace cuatro meses, tu hija pidió el divorcio, y desde entonces, Antwan y Holsen desconocen su paradero.
—¡Es un maldito! ¿Es segura esa fuente? —Boris asintió, y mi rostro se descompuso—. Me dijo que ella estaba bien cuidada. Nunca mencionó que estaba casada. ¿Se casó por voluntad propia? ¿Estaba enamorada, al menos? —Las preguntas salieron tan rápido que no le di oportunidad de responder—. ¡Maldición, Boris! Habla o te arrancaré la lengua.
—Verá usted —dijo Boris cuando le di la oportunidad—. Parece que tu hija se metió en problemas al defender a una mujer. Fue castigada, no sé de qué manera. Luego, este hombre, Antwan, le ofreció matrimonio para legalizar su estadía —hizo una pausa, acomodó sus gafas y sacó unas fotos de su bolso, mostrándomelas—. Pero fue engañada. En realidad, señor Alexis, ambos fueron engañados. Tu hija nunca estuvo bien cuidada; solo fue usada para ocultar la homosexualidad de este hombre —me tendió una foto, señalando a un chico más joven—. Mi informante dice que tu hija se enteró y, con esto que te muestro, amenazó con sacarlo a la luz si no la dejaba libre.
—¿De dónde sacaste esto? —pregunté al ver las fotos comprometedoras. Boris sonrió.
—Te dije que buscaría a tu hija y la cuidaría. El bienestar de los míos a cambio de su protección —me recordó, y asentí.
—Aquí solo está lo que han hecho con mi hija. Aún no la has protegido, así que no cantes victoria, Sullivan. ¿Dónde está mi hija en este momento, Boris?
—No lo sé con exactitud —dijo entre dientes—. Hace cuatro meses canceló todas sus cuentas. Si usa efectivo, es difícil rastrearla. Estoy esperando que encienda el celular de emergencia que le envié para comunicarme con ella. Pero si siguió tus indicaciones, será difícil encontrarla. Solo nos queda esperar que ella nos llame.
—Charlie...
—Él está a cargo de buscarla. Luego, tendrá que acercarse a ella y encontrar la forma de traerla aquí o mantenerla a salvo. Ya no hay razón para permanecer callado, señor Ivannok.
—Primero quiero ubicarla, saberla a salvo y hablar con ella. Luego diré todo. Hazle saber a quién sea que mande allá arriba en la policía: mi hija a salvo a cambio de todo lo que sé. Es lo único que negociaré —dije, levantándome de la mesa.
—Una última cosa, señor —interrumpió Boris cuando ya iba hacia la entrada—. Tu hija parece que buscó ayuda con los D'Angelo.
Me detuve bruscamente y lo miré. O este chico era muy estúpido o muy listo. Algo me decía que era lo segundo. Pese a parecer débil, sus ademanes, voz y comportamiento indicaban lo contrario. Ser enviado por Charlie también era motivo para considerarlo alguien de cuidado.
—¿Dijiste no saber de ella? ¿A qué estás jugando, Boris? No agotes mi paciencia.
—Charlie la vio hablando con uno de los Frederick, pero le perdió el rastro. Por eso digo que aún no sé su paradero. Este hombre está próximo a casarse con la hija de Alessandro y Evangeline D'Angelo —me quedé mudo ante ese descubrimiento y luego empecé a reír.
Mira si el mundo es un pañuelo...
—¿Me estás diciendo que mi hija buscó ayuda con su familia? —pregunté. Boris asintió—. ¿Hablas de Evangeline York, hija del maldito William York?
—Parece que sí, señor. Pero no te preocupes; tu cuñada no es como su suegro, y sus tres hijos son empresarios muy conocidos. Hasta donde sé, si ese tal Frederick decide ayudarla, tu hija estará a salvo. Es nieto de Epson Frederick.
—Esto es increíble —empecé a reír fuerte. Mi bebé ya no estaba en peligro. Solo debía buscar a su familia y contarles quién era. Ella nunca pediría ayuda a un York—. ¿Hablamos de Epson, el petrolero? —dije, sonriendo.
Tú me debes algunos favores, Epson, y los códigos se cumplen...
—Ese mismo, señor. Para el que trabaja Charlie algunas veces. Si sabe quién es tu hija, estará resguardada. El problema es ella. Hizo un cambio de apariencia un tanto drástico, mira —me tendió una foto.
Observé a dos hombres rubios hablando en una cafetería. Nada extraño, salvo que uno era muy conocido para mí. Mostré mi mejor sonrisa. Mi ángel había tomado mi consejo, aunque de forma extraña. Saber que siguió mis indicaciones me aliviaba.
—Buscaré a Charlie —le aseguré a Boris—. Cuando le dije que cambiara su apariencia, nunca me referí a esto —dije, sonriendo—. Pero confieso que es un buen camuflaje.
—Epson tiene vigilado a su nieto. Parece que quiere que se haga cargo de su compañía. Pero su hijo, Matt, no desea que su único hijo esté en ese mundo, ni tampoco Jason Frederick, que es cardiólogo y el futuro esposo de la prima de tu hija.
—Le dije que buscara a su familia, y nunca quiso saber ni el nombre de alguno de ellos. Y mira dónde fue a parar —hablé más para mí mismo—. Dios, mi ángel estará bien. Eso es lo que cuenta. Haz lo que te digo. Necesito viajar para buscar a mi hija. No la dejaré en manos de nadie. No confío en nadie. La quiero cerca de mí y a salvo, Boris. ¿Me has entendido?
—Enseguida me pongo en eso. Llamaré a Charlie para decírselo.
—Que no le quite los ojos de encima. Aún no sabemos qué clase de personas son los hijos de Evangeline. En este momento, no me fío ni de mi madre.
Salí del salón, dejando al abogado nervioso, acomodando las fotos. Llegué al patio y me encontré con mis compañeros.
—Buenas noticias, Ivannok.
—No tantas —dije sin dar detalles.
Ahora más que nunca, nadie debía saber el nuevo look de mi hija. Estaba orgulloso de mi ángel. No había dudas de que era mi hija; jamás se dejaría atrapar. Aunque no pude seguir entrenándola por estar preso, pagué a Yulken, un viejo amigo, para que la capacitara en todo. Sabía que, por ser mi hija, sería un blanco fácil para quienes querían hacernos callar. Cuando se presentó lo del trabajo en América, me alegré. Jamás pensé que Holsen estaba detrás. No fue hasta meses después que me mostró fotos de mi hija, indicándome que se encargaría de su cuidado si yo guardaba silencio.
—Estás acabado, Holsen. Haré de tu maldita existencia un infierno si tocaste a mi bebé —dije en voz alta, ignorando las miradas de mis compañeros.
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