Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 35

VINCENT

¿Alguna vez han querido que todo fuera un sueño? ¿Que al despertar todo desapareciera? Así me sentía mientras miraba el diario de mi hermana. Había viajado casi seis horas, sabía que no podía dormir, así que llamé a Andrew y dejé a Marck con su familia mientras iba y volvía. Pero al regresar, no quise llegar a casa. Llamé a Ivanna y le dije que debía hablar con mis padres sobre lo que descubrí.

Ella no hizo preguntas, tal vez porque notó mi estado, aunque intenté sonar normal. No pude engañarla. Cuando fuimos a casa, le dije que debía ver a mis padres; no preguntó, ni siquiera cuando llamé para decir que no regresaría a dormir. No podía contarles nada a ellos, no hasta aclararlo todo.

Tenía en mis manos la carta que acabé de leer y el diario, que solo leí hasta la mitad. En él, Vanessa narraba lo que pasó desde que salió de casa, se despidió de mí y de Marck, fue a una fiesta, y cómo Claire insistió en ir con el grupo a otro lugar. Vanessa se negó a irse cuando Claire quiso regresar. Pasé la noche leyendo y, para mi sorpresa, encontré una foto de Ivanna. En el diario, Vanessa decía que le pidió a Claire que la buscara en la dirección que le dejó, pero su amiga no dio con ella. Abrí el diario y seguí leyendo:

"¿Has sentido al ver a alguien que lo conoces de mucho tiempo atrás? No sé si existen otras vidas, pero siento que Ivanna y yo nos reencontramos en esta. Ella llegó a mi vida y me mostró que se puede vivir a pesar del caos. En ese callejón, donde mi vida se destrozó junto con mis ilusiones y ganas de vivir, verla fue como ver a un ángel. Su voz era calmada, siempre sonriendo. Jamás imaginé que tras esa sonrisa había una mujer con tantos problemas, lágrimas y sufrimientos. Lo supe en el hospital, al escuchar su historia. La admiré más: no solo era hermosa, sino valiente. Cómo hablaba de sus padres, cómo extrañaba su casa, cómo cuidó de mí sin conocerme, me defendió y evitó que me hiciera daño.

Quise ayudarla, buscarla, que mi hermano la conociera, y viera que se puede sobrevivir y reír a pesar del dolor. Todos mis esfuerzos fueron en vano; no sé más que su nombre, su origen y dónde vivía. Conservo una foto que me dio, diciendo que, si alguna vez quería rendirme, recordara que en algún lugar de América alguien vive por saber que yo vivía. No puedo. Es difícil. No hay día en que no recuerde sus rostros burlándose, diciendo 'No vales nada', 'Eres la basura que tiramos en este callejón'. Quisiera ser fuerte como ella, reír, soñar con volver a casa, formar un hogar.

Ella decía que era imposible que alguien se fijara en ella tras saber de su vida, que su madre la alejó del mundo de su padre, pero este la alcanzó sin quererlo. No supo cómo se vio rodeada de tanta maldad; le asqueaba saber que la comida, ropa y todo lo pagaba el sufrimiento de niños inocentes. Ella es la prueba de que se puede vivir en un mundo mejor. Lamento haberte fallado, Ivanna, no encontrarte ni ayudarte. Fue mi mayor frustración. Tal vez todo habría sido diferente si lo hubiera logrado. Nunca lo sabré."

Cerré el diario. No pude seguir; era como invadir su intimidad. Hice memoria: Ivanna no mencionó esa foto, aunque no hablamos mucho del tema. Me prometí preguntarle todo al llegar. Necesitaba saber para hablar con mis padres. Mi reloj marcaba las ocho de la mañana, la hora de llegada de Claire. Marqué a Ivanna, esperando que contestara.

—Buenos días, preciosa —dije, intentando sonar natural.

—¿Estás bien? —fue su respuesta.

Sonreí. Estaba acostumbrado a lo directa que era, y su preocupación me conmovió.

—He tenido mejores días, amor, pero estoy bien. Llamaba para decir que en media hora estoy con ustedes. ¿Marck está bien?

—Sí, de hecho, está listo, esperándote. Tenemos un lugar al que ir —me extrañó que quisieran salir, pero no dije nada. Mejor no llevarle la contraria.

—¿Alguna pista? —escuché su risa al otro lado.

—Es el regalo de bodas de papá. No aceptó un no, y no sé qué es. Hay una limusina afuera que envió Pierre, con una nota que debemos leer juntos. Te espero.

—Nos vemos entonces —estaba por colgar cuando la oí.

—¿Vincent?

—Dime —su respiración era lo único que se escuchaba. Estaba nerviosa; por un momento, temí lo que diría.

—Te amo... o te amamos, no puedo dejar de lado a Marck —esa confesión alegró mi corazón. Nunca me lo había dicho, aunque yo siempre le decía que la quería. Ella solo bromeaba con que era de su propiedad.

—Los amo aún más. Son todo lo que tengo. Nos vemos pronto. Tengo curiosidad por ese regalo, aunque no hay fecha de boda aún —colgué, con una sonrisa estúpida, y esperé a Claire.

La escuché en su escritorio y esperé. Entró con una sonrisa que se borró al verme alzar el diario y la foto de Ivanna. No dije nada; no hacía falta. Ella sabía quién era Ivanna y no lo dijo, a pesar del deseo de Vanessa. Me dolió, y que quisiera dañarla me afectó más. No sabía si alguna vez le di esperanzas, pero siempre fui cuidadoso; nunca le di motivos para creer que podía haber algo entre nosotros.

—Puedo explicarlo —balbuceó—. La busqué, fui a donde Vanessa dijo que vivía, pero no me dieron razón de ella. Dijeron que ya no estaba. Yo quería encontrarla; quería que hablara con Vanessa, estaba obsesionada con ayudarla, no sé por qué.

—El problema, Claire, es que has mentido mucho. No sé dónde empieza la verdad y dónde la mentira.

—Digo la verdad —se defendió—. Con el tiempo, creí que esa mujer no existía, que la foto era algo que Vanessa encontró. La describía como un ser celestial; era absurdo.

—¿Por qué no dijiste la verdad? —cuestioné—. La existencia de Ivanna en el juicio habría cambiado todo; tal vez Vanessa estaría viva. Esta mujer —alcé la foto de mi prometida— podía confirmar que lo que decía mi hermana era cierto. Fuiste egoísta, Claire, solo pensaste en ti —a pesar de mi rabia, mi voz sonó calmada.

Sabía que gritarle no serviría. La conocía lo suficiente; nunca diría la verdad, aunque supiera que yo la sabía. Pero merecía ser escuchada.

—Llegué al hospital antes que tú, pero fui a hablar con los médicos por su estado —empezó—. Entraste por urgencias, apareciste y me agradeciste, creyendo que yo la traje, porque alguien dijo que una amiga estuvo con ella. Estabas feliz, me abrazaste, me besaste —limpió sus lágrimas con el dorso de la mano—. Pensé que podía aprovechar esa confusión. Vanessa ayudó al no decir quién era; quería encontrarla y contar todo. Cuando supo que creían que era yo, se enojó, me dijo que dijera la verdad, me dio tiempo. Intenté encontrarla para que me perdonara, y que Vanessa volviera a sonreír. Creí que esa chica podía ayudarme. Al no hallarla, pensé que era una jugarreta de su mente, así que dejé de buscarla. Ella dejó de mencionarla, y pensé que estaba bien, pero no fue así —dijo, llorando—. Vanessa hizo creer a todos que estaba feliz, que había superado eso, incluso cuando la policía le ofreció ayuda profesional.

—No mientas, Claire —la interrumpí—. Mira esta foto; es difícil creer que no la conocías. ¿Por eso tu odio?

—¡Digo la verdad! —gritó—. Ella llegó, no se acercaba a mí, salvo para dar órdenes. Y llegas diciendo que es tu mujer. La odié por eso. Llevaba años intentando acercarme a ti, y ella en meses logró lo que no pude en años. ¡Es injusto!

Su grito desesperado me hizo levantarme, furioso. Injusto era que intentara dañar a la única persona que ayudó a mi hermana en ese callejón. Eso era injusto.

—¿Por qué dijiste que eras tú quien ayudó a mi hermana? Mentiste a mis padres. Y lo más importante: ¿por qué soltaste a Satán? —lancé el pendiente a la mesa. Quería todas las respuestas, entender este lío.

—¡Porque no la quiero en tu vida! Siempre me has visto como niña, pero soy una mujer. Nadie te amará como yo —fue suficiente. No se podía razonar con Claire. Lo intenté, por respeto y el cariño entre nuestras familias, pero fue una pérdida de tiempo.

—Recoge tus cosas, Claire. Hablaré con los D'Angelo; te conseguiré un lugar mejor. No denunciaré lo que pudiste causar en el rancho, pero no por ti, sino por tu abuelo; no soportaría saber esto. Te quiero lejos de mi mujer y mi hijo. No puedo prohibirte ir al rancho, no es mío, pero asegúrate de visitar a mi madre cuando no esté, porque no quiero verte —recogí todo y di media vuelta. La vi desplomarse en una silla, llorando desconsolada.

Lamentaba su dolor; no me gustaba causar daño. Pero ella quiso dañar a mi mujer y pudo herir a mi hijo y a mi padre.

—¿Por la amistad que nos une, no necesitarás vigilancia para recoger tus cosas, o tal vez sí? —la miré. Ella alzó el rostro, negó con la cabeza y se levantó.

—Espera mientras recojo todo. Me quedó claro que sobro en tu vida. Lo que más me duele, aunque no me creas, es no haber encontrado a esa rusa cuando Vanessa vivía. Nadie me dio razón de ella; en el barrio temían decir algo. Tuve miedo. Nunca quise llegar a tanto, pero una mentira llevó a otra, y no pude dar marcha atrás —la vi recoger sus cosas y entregarme las llaves. Suspiré, frustrado. No quería que terminara así, pero era imposible que siguiera cerca tras intentar dañar a Ivanna.

IVANNA

Vincent aún no llegaba, y estaba preocupada. No quise acosarlo con preguntas, aunque tenía muchas. Era mejor que él me contara sin presión. El sonido del auto me dijo que había llegado. Tomé el sobre de mi padre y las llaves de la casa, y salí con Marck. Lo encontramos despidiéndose de Andrew, quien durmió en el cuarto de huéspedes. Marck quiso dormir conmigo, según él, para cuidarme en ausencia de su padre.

—¿Nos vamos? —dijo Vincent, abrazándome y tomando a Marck en brazos—. Te sigo, voy con mi familia detrás —le habló al chofer, que parecía contrariado—. Hermano, no dejaré a mi familia contigo, sin ofender, ni iré de pasajero como niño rico, espero me entiendas —sonrió, relajando al chofer, que entró al auto.

Lo noté tranquilo, incluso feliz, lo que me alegró. Fuera lo que fuera a buscar, le dio paz. El auto seguía a la limusina. El trayecto fue largo para mi gusto; quería saber qué era ese obsequio de mi padre. La limusina se estacionó frente a una casa de paredes blancas, con hombres trabajando, un enorme árbol a la derecha y un jardín con flores rojas y blancas, las favoritas de mi madre. Sonreí; sabía por dónde iba esto. El lugar estaba en remodelación. Al observarlo, mi corazón se detuvo: era una réplica exacta de mi casa en Moscú. Las rosas que mi madre cuidaba con adoración, el jardín grande pero no ostentoso, las paredes blancas. Todo idéntico, algo más grande, pero como estar frente a mi hogar. Pegué la cabeza al vidrio, llorando. No necesitaba leer la carta.

—¿Qué tienes, nena? —preguntó Vincent, preocupado, pasando su mano por mis hombros. Tomé mi móvil, busqué la foto de mi hogar y se la mostré. Lo vi mirar la foto, luego la casa.

—Es idéntica. ¿Cómo ocurrió? ¿Este es el regalo de tu papá? —me dio el sobre. Lo abrí apresurada, sacando una llave y una carta que leí:

"Hola, bebé:

Sé que te enoja que te llame así, pero es lo que eres para mí. No puedo devolverte lo que perdiste por mis malas acciones, pero sí puedo darte una parte de nosotros siempre. Tal vez no lo sepas, Vincent, pero Christine y yo hicimos nuestro hogar como lo soñamos. Por eso dolió venderlo. Espero entiendan su valor para mí al aceptar esta casa.

Tu nacimiento fue mi mejor regalo, un milagro que nunca dejó de sorprenderme. Tener una esposa e hija me dio propósito. Antes era egoísta, pero contigo quise ser mejor, no solo para ti, sino para la sociedad. Por eso quise alejarme de Holsen, pero no pude sin arrastrarlas. Pido perdón por el dolor causado. Mi mayor deseo es verte feliz y llevarte al altar, aunque sea un sueño imposible. Pongan la fecha de su boda e inicien un futuro juntos. Tal vez la vida me permita conocer a mis nietos, aunque sé por terceros que tengo uno de ocho años.

Solo pido que cuides a mi hija, mi mayor tesoro, y rezo para que su matrimonio sea todo lo que esperan.

Te quiere, papá."

Miré la casa y salí del auto. No sabía si era seguro entrar, así que me apoyé en él. Vincent y Marck salieron, apoyándose a mi lado, mirando la casa. No sabía qué opinaba él, y si no quería aceptarla, sería una ofensa para mi padre.

—¿Qué haremos? —pregunté, dudosa, mientras alzaba a Marck y me abrazaba.

—Por ahora, ese árbol es perfecto para una soga, ¿no, Marck? —los ojos del niño se iluminaron.

—¿Es nuestra casa? —preguntó, animado.

—Creo que sí, pero debemos esperar a que la terminen. ¿Te gusta?

—¡Sí, es grande y bonita! —respondió Marck, ilusionado, mirando el árbol.

Sabía que, siendo tan orgulloso, aceptar un regalo así era difícil para Vincent. Agradecí que lo hiciera; así mi padre no se sentiría despreciado, y yo tendría un pedazo de mi niñez. No era la misma casa, ni la ciudad, ni estarían los mismos, pero sería mi familia, y siempre se podía empezar de cero. Un hombre rubio bajó de un auto y avanzó hacia nosotros. Pareció reconocer a Vincent y sonrió.

—O'hurn, un placer verte —dijo, sonriéndome—. ¿Piensas construir? —Vincent negó, mirándome.

—Cariño, él es Richard Hardy, arquitecto. Hardy, ella es Ivanna Ivannok.

El hombre, de ojos azul y gris, sonrió. Lejos de intimidar, lucía exótico.

—Jamás imaginé que era para ti, pero me alegra, por dañar un negocio a Anderson —dijo, y Vincent rio, aunque no entendí el chiste—. Está sin terminar, faltan detalles, pero pueden entrar si quieren —asentimos y avanzamos, emocionada por entrar sin proponérmelo a la casa de mi niñez.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro