Capítulo 23
Vincent
—No tengo nada que hablar contigo, Frederick —le digo a mi jefe, o socio, al verlo entrar.
Ignorando mi queja, mi antiguo superior se sienta frente a mí, observando la oficina. Debería estar molesto por ocultarme la verdadera identidad del "famoso ruso" o por hacerme dudar de mi sexualidad, pero no puedo. Hemos compartido demasiado; lo veo como un hermano.
—No tengo excusas para mi comportamiento —dice, y lo miro con sospecha—. Era su secreto. No quería, y aún no quiere, meter a otros en problemas. Decía que le tenías rabia, que eras demasiado recto para ayudarla. Las personas que la persiguen, con quienes trabajaba su padre, son peligrosas. Y tú ya tenías amenazas.
—Me lo contó. Fue excesivo hacerse pasar por hombre. No debiste...
—Llegó como Alexis. Su padre le aconsejó ocultarse. Admite que su idea fue brillante —asiento.
Tiene razón. Todos se creyeron la historia. En la empresa, sabían que era mujer, pero los comentarios giraban en torno a que era mi pareja y que nuestros pleitos eran por su comportamiento.
—¿Qué piensas hacer? —me pregunta al verme callado.
—Según el abogado, a su padre le faltan años, pero no le ha dicho qué buscan de ella —respondo tras unos minutos—. Solo que se mantenga a salvo.
—¿Te arriesgarás?
—Sí. No la dejaré sola —digo con firmeza.
—Me alegra. Trátala con cuidado. Ivanna no es de este mundo —su comentario me hace reír por lo acertado—. Dile a Andrew que no la pierda de vista. Es el más indicado para controlarla.
—Ya lo hace, pero genera gastos...
—Recuerda que es familia de Fiorella. Eran muy unidas. Le debo un favor. Por alertarme, se metió en problemas. Yo pago todo —dudo, avergonzado por aceptar dinero de Frederick.
—Vive conmigo, Jason. Es mi deber protegerla —confieso. Niega.
—Pago mis deudas. Tú lo sabes mejor que nadie. No es caridad. Por ayudar a quien hoy es mi esposa, estuvo castigada, trabajando en un lugar de mala muerte...
—¿Los negocios sucios de Antwan? —pregunto, confundido. Nunca profundicé ese tema con Ivanna.
—Cloacas, con mujeres y niños —un escalofrío me recorre al pensar que ella pudo caer ahí—. Pero no estuvo directamente. Antwan fue astuto; sabía que, de hacerlo, su cabeza rodaría.
—Hablaré con Andrew —mi móvil se ilumina. Llamada de William York. La rechazo y retomo la charla.
—Es tu empresa. Tú decides —dice ante mi idea de traer a Ivanna—. Solo ten cuidado —señala la puerta, refiriéndose a Claire—. Esa mujer es peligrosa y puede traerte problemas.
—Es amiga de Vanessa y necesita mi ayuda —la defiendo—. Sabe que nunca la veré como más que amiga. Ivanna es mi mujer; se lo dejaré claro —Jason duda, pero niega, incrédulo—. Fue la única que la ayudó esa noche, Jason. Se expuso. Le prometí a mi hermana ayudarla.
—Lo sé, pero puedo conseguirle un mejor lugar para evitarte problemas —asiento y estrecho su mano.
—Hablaré con ella —tras ver a Frederick irse, camino hacia Claire, mi asistente y amiga.
Al verme, la antigua amiga de mi hermana alza el rostro y sonríe.
—¿Necesitas algo? —pregunta. Asiento.
—Esta empresa está empezando. No podré pagarte lo que mereces —empiezo. Ella asiente—. Frederick sabe todo lo que hiciste por mí y mi familia. Está dispuesto a darte un buen empleo. Ivanna y yo trabajaremos juntos. Será una empresa familiar. Los primeros años no habrá mucha liquidez, y tú necesitas dinero para tu abuelo —su rostro muestra sorpresa, pero el cambio es fugaz.
—Tengo derecho a algo mejor. Somos casi hermanos. Eres el único recuerdo de Vanessa.
—Me gusta este lugar y está cerca de casa —dice, sonriendo—. Será un placer trabajar contigo y tu novia.
—¿Estás segura? Los sueldos son buenos. Podrías ayudar a tu abuelo —insisto.
No veo a Claire como amenaza. Nunca me dio motivos para pensar que hay algo más que amistad. Me asegura que el sueldo le basta y que me avisará si necesita un cambio. Confiado, vuelvo a mi oficina. Ahora debo hablar con Ivanna. Está estresada en casa. No está acostumbrada al hogar, y temo que se aburra y se aleje. Si quiere trabajar, debe ser cerca de mí para estar tranquilo.
Ivanna
Es la tercera vez que veo al hombre del auto azul siguiéndome hacia las oficinas de Vincent. Estoy aburrida, así que decido jugar al gato y al ratón. Debe ser de confianza; una vez lo vi estacionado frente a la casa a medianoche.
—Veremos qué tan entrenado estás —pienso en voz alta, pidiéndole al taxista que me deje en un centro comercial.
Me bajo y entro rápido al edificio. Recuerdo cuando, adolescente, me escapaba de casa para desafiar a mi padre, solo para ver si era tan astuto como decía. Nunca quise llegar a algún sitio; solo quería hacerlo quedar mal. Las primeras veces me descubrieron y castigaron. A los 13, ya tenía destreza. A los 15, logré escapar y tocar el timbre de casa a las tres de la mañana sin que mi padre lo notara. Recuerdo su cara de desconcierto.
Nunca entendí por qué Alexis Ivannok temía que saliera sola, hasta su detención. Era obvio: temía que cayera en manos de un mafioso o que fuera venganza por intentar dejar ese grupo. Finjo ver boutiques, ropa cara que me dolería usar. Es un sacrilegio gastar tanto en una prenda.
Veo al hombre a unos metros, fingiendo ser un transeúnte. Miro mi móvil: tengo media hora. Decido jugar. Me mezclo en la multitud y, tras perderlo, tomo un taxi y doy la dirección que Vincent me dio.
Me sorprendo al ver el auto azul estacionarse al salir del taxi. Está lejos, pero es el mismo. ¿Cómo me siguió? ¡Estaba segura de haberlo perdido!
Finjo no verlo y entro al edificio de diez pisos. Es sencillo pero acogedor. Según entiendo, fue remodelado al gusto de Jason y Vincent. Me acerco a la recepcionista, una chica de cabello y ojos castaños.
—Buenos días, busco las oficinas del señor Vincent —le digo.
Es mejor marcar distancias. Si él es el jefe y trabajaré aquí, no quiero que mi nombre corra por los pasillos. La chica examina mi ropa, sorprendida.
—¿La señorita tiene cita? —pregunta.
Pienso un momento. ¿Qué se supone que debo decir? "Claro, esta mañana me agendó un espacio" Me resulta extraño verlo como hombre de negocios. Siempre lo vi peleando conmigo o de vacaciones, con ropa informal.
—¿Señorita? —su voz me saca de mis pensamientos.
—Ivanna Ivannok. Recibí un mensaje suyo diciendo que me necesitaba —asiente y habla por teléfono.
No pasa desapercibida su mirada. Llego con vaqueros gastados, camiseta y zapatillas por si debo correr. Una falda sería incómoda. Alzo una ceja, sosteniendo su mirada. No deberían juzgar por la apariencia, pero lo hace.
—Lo siento, pero Claire dice que no hay nadie con su nombre en la agenda. El señor espera a una visita, canceló todo y pidió no ser molestado.
Me cruzo de brazos y resoplo. Entiendo que hace su trabajo, pero si digo que recibí un mensaje y espera a alguien, dos más dos es cuatro. Al parecer, es mala sumando.
"Obsérvame bien, tonta, que seré tu jefa pronto."
—¿No puedes llamarlo? Dile que Ivanna lo necesita —la chica, hasta ahora sonriente, me mira despectiva, escaneando mi ropa.
—¿Quieres revisar mis dientes también? —le digo, sonriendo ampliamente—. Esto no es una feria equina, y no soy una yegua.
Me estoy alterando. ¿Cómo me dice que me espera si no da la orden de mi llegada? ¡Qué estupidez! Mi teléfono vibra en el bolsillo trasero. Es él.
—¿Dónde estás? ¡Llevo media hora esperándote, Ivanna! —primero el gorila siguiéndome, luego la recepcionista tratándome como leprosa, y ahora él me grita. Enojada, suelto una retahíla de insultos en ruso, lo que parece divertirlo—. Cariño, necesitaré un traductor o aprender ruso. ¿Dónde estás?
—Llevo el mismo tiempo intentando que la recepcionista y tu asistente entiendan que tengo una cita contigo. Se niegan a dejarme pasar porque mi ropa no va con esta prestigiosa compañía —su risa fuerte me indica que se divierte con mi enojo.
La recepcionista sigue en plan "no me agradas, no pasas". La miro con fastidio, esperando que Vincent se calme.
—Perdón, cariño, pero te dije que cambiaras tu vestuario —¡¿Qué tiene mi ropa? ¡Es cómoda, joder! —. Hablaré para que te dejen pasar.
—No deberían tratar mal a la gente solo por no venir con millones encima —cuelgo con rabia, lo bastante alto para que lo oiga. Ella me ignora, atendiendo una llamada.
—Puede pasar, piso séptimo —dice entre dientes.
Me alejo y camino al ascensor, presionando el botón con furia. ¿Por qué los prejuicios? La ropa no hace a la persona. Antwan, con sus trajes finos, Lamborghini, Rolex y mansión, resultó ser un maldito animal.
El ascensor se abre. Las miradas no se hacen esperar. Resoplo. ¿Qué les llama la atención? No cambiaré quién soy para encajar en una sociedad hipócrita. Veo a una chica detrás de un escritorio, mirándome como si viera un fantasma. Me acerco, con mi mejor sonrisa.
—Buenos días, busco la oficina del señor Vincent. Me espera. Soy Ivanna —otra mirada a mi ropa.
No es una entrevista. Es una reunión informal para mostrarme las oficinas. No sé en qué rol trabajaré; hasta repartiendo cafés lo haría. Quiero salir de casa; el encierro me enloquece.
—Espere un momento —se levanta y camina hacia una oficina, seguramente la de Vincent.
Noto su contoneo, tipo Jessica Rabbit. Entorno los ojos, siguiendo sus ademanes. Es demasiado hermosa para mi gusto, y Vincent demasiado atractivo para tener una asistente tan llamativa. Preferiría una mujer mayor; me sentiría más cómoda.
Tras un tiempo que me parece eterno, sale, arreglándose la blusa y sonriendo. Una alarma se dispara en mi cabeza. La miro fijamente, sin decir nada. No haré una escena sin pruebas. No está claro qué soy para Vincent, así que tengo las manos atadas.
—Vincent la espera —dice con una sonrisa maliciosa. Típico cliché: la secretaria enamorada del jefe. "Perdóname, Sofía", pienso, divertida.
—Gracias, eres un amor —respondo, caminando hacia la oficina.
—No lo agotes. Tiene cosas pendientes esta tarde —me giro y sonrío.
"Cariño, este es un juego donde no querrás tenerme de rival."
—No, soy la más interesada en que llegue descansado a casa —le lanzo un beso a la ya furiosa mujer y entro sin anunciarme.
Vincent se levanta, rodea el escritorio y me abraza.
—Lamento el malentendido, preciosa —rechazo el beso que intenta darme y me alejo—. ¿Pasa algo?
¡Hombres! La chica salió arreglándose la blusa, y él pregunta si pasa algo. Podría castrarlo sin anestesia, y estoy tentada.
—No que yo sepa. Vine por trabajo, no para eso —estoy enojada. Tal vez no tiene la culpa, pero el enojo crece, sobre todo por Claire y su blusa—. Bonita asistente. ¿La sacaste de un concurso de camisetas mojadas? —lo veo sonreír mientras se acerca. Retrocedo.
—¿Celosa de Claire? Es una vieja amiga. Necesitaba alguien de confianza.
Me alejo bruscamente. Su mensaje fue claro, aunque él no lo note. Para mí, es obvio que Claire trama algo. Desde ahora, es mi enemiga.
—¡Ya! Y yo soy Natalia Vodianova.
Me siento frente al escritorio. Lo siento caminar hacia mí, sus manos en mis hombros, dando pequeños masajes. Sus labios besan mi cuello.
—Te aseguro que no tienes motivos para estar celosa. Hace meses, la única mujer en mi cabeza eres tú. Tal vez no fui claro, pero esta noche te lo demostraré —cierro los ojos, intentando concentrarme, pero sus caricias, su voz ronca y su aliento en mi cuello me erizan la piel. Lo escucho sonreír tras un último beso—. Si supieras lo que causas en mí, no tendrías celos.
—¿Qué haré aquí? —cambio de tema—. No quiero un puesto inventado ni que despidan a nadie por mí —no quiero lidiar con el karma de quitarle el empleo a alguien. Quiero trabajar, pero no a ese precio.
—Entiendo. Nadie será despedido. Frederick y yo no sabíamos a quién poner en ese puesto. Tengo demasiados compromisos, a veces me ausentaré. No soy diestro en esto. Emma dijo que eres más experta que yo. Ella iba a ayudarme, pero está embarazada. Estoy saturado, estresado, a punto de dejarlo todo y volver a lo que sé hacer —concluye, frustrado.
Tengo estudios, pero nunca los apliqué. Me tiende documentos que reviso con interés. El problema de Vincent es el área contable, mi fuerte.
—No dirigiré esta empresa si eso implica que Claire se quede y la recepcionista la siga —digo, molesta por el trato de ambas y por Claire, que trama algo con Vincent. Dudo que él no lo note.
—Nos dividiremos el trabajo. Serás la vicepresidenta. Será una empresa familiar. Quién sabe, tal vez tu padre se una cuando resuelva su problema.
Mencionar a mi padre me hace alzar la vista y mirarlo a los ojos. Creo que bromea, pero está serio, sosteniendo mi mirada. Si tenía dudas sobre lo que siento por él, se disipan. Incluir a mi padre en sus planes, darle una nueva vida, lo cambia todo.
—Todos merecemos una segunda oportunidad. Yo la tuve —no digo nada, bajo la vista a los documentos y guardo silencio.
No sé qué planes tiene mi padre al salir, pero sé que le gustaría trabajar con Vincent. Él espera mi respuesta, y agradezco que no me presione. No estoy libre; mis problemas podrían poner en riesgo a Vincent y Mark.
—Pongo sus vidas en peligro cada día. No debería estar con ustedes hasta resolver esto...
—No pregunto eso, Ivanna. Soy lo bastante mayor para decidir. No te dejaré sola, no después de lo que hemos vivido. Me da igual si trabajas aquí o en otro lado. No te dejaré ir, salvo que quieras. Mírame y dime que quieres alejarte, y te dejaré libre —me pierdo en sus ojos. La respuesta a lo que siento me golpea con fuerza, quitándome el aliento. También quiero a Vincent.
—No, pero...
Me calla con un beso tierno que quiero prolongar. Tomo su corbata, acercándolo. Me levanta, me toma por la cintura y retrocede hasta sentarse en el escritorio, conmigo entre sus piernas, sin dejar de besarme.
—Perdón por interrumpir —dice Claire. Vincent gruñe, molesto.
—Ahora no, Claire —ordena, y la escucho protestar—. Estoy en una junta importante con mi señora.
Sonrío, divertida. Él no me quita la vista de encima, despejando mis dudas. Claire está enamorada sola; no veo en Vincent nada que indique algo entre ellos.
—No acepto peros, Ivanna. Sigamos, o acabarás desnuda en este escritorio, gimiendo mi nombre. Ese recuerdo no me dejará trabajar —me da un beso tierno—. ¿Te quedas aquí o en otro lado?
—Acepto, pero no soportaré coqueteos con tu secretaria...
—No tienes por qué. Hace días le dije que tengo mujer. Acabo de advertirle que no necesitas anunciarte. Empecemos, y luego iremos de compras —alzo una ceja, mirando mi ropa.
—¿Qué tiene mi ropa?
—Estás hermosa con cualquier cosa, pero no quiero verte más con ropa de hombre —finge un escalofrío, bromeando por cuando dudó de su heterosexualidad. Me divierte.
Antwan
—¿Estás seguro? —miro a Arthur fijamente, sosteniendo la dirección del lugar donde está mi exesposa.
—Completamente. Vive con el exmarine, el guardaespaldas de mi antigua prometida. Y hay más: el cambio de turno de su custodia tiene un fallo de diez minutos. ¿Sabes todo lo que se puede hacer en diez minutos? —se recuesta, sonriendo satisfecho.
—¿A qué hora es esa falla? —necesito visitar a Ivanna. Esa maldita rusa solo me ha traído problemas con Holsen. Por su culpa, estoy a punto de ser reemplazado.
—A las siete de la mañana. El personal de Frederick está dirigido por un nuevo jefe de seguridad. El cambio es minutos después de que el marine sale y el niño está en la escuela. Está sola diez minutos, Antwan.
—Bien. Mañana le haré una visita a Ivanna en su nuevo hogar. Daremos un pequeño paseo —digo, divertido.
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