Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 22

Vincent

Despierto con una vista maravillosa. Mark está despierto, insistiendo en que durmamos los tres juntos. Desde hace días, se acuesta entre Ivanna y yo, abrazado a ella. Lo envidio por eso. Puede hacer toda la noche lo que he soñado durante meses. Lo observo de reojo, contemplándola dormir como si fuera algo increíble. Nunca imaginé lo importante que sería para él una familia. Siempre me he preocupado por su salud.

Mark la mira embelesado. Ivanna duerme de lado, y él está a centímetros de ella. Es increíble cómo parece un ángel, dormida, cuando despierta es un demonio. Eso, lejos de molestarme, me encanta. Su rebeldía y despreocupación me atraen.

Pongo una mano en la cabeza de Mark. Me mira, y le indico con señas que salgamos en silencio para no despertarla. Obedece sin protestar, un milagro que agradezco a su presencia. No tengo que negociar para que vaya a la escuela o coma verduras; obedece en todo. Pero este fin de semana le toca con Tessa, y, como siempre, insiste en quedarse.

Dejo una nota en la mesa de noche, diciéndole a Ivanna que llevé a Mark a la escuela y cancelé mis compromisos para estar con ella y decidir qué hacer.

—¿Ivanna no viene? —pregunta Mark, con voz afligida.

—Está dormida. No podemos despertarla. ¿No te pareció que se veía bien dormida? —le digo mientras caminamos al auto.

—Parece un ángel, ¿verdad, papá? ¿Ella también se irá? —me quedo en silencio. No tengo respuesta. Negarlo sería malo; decir que nunca se irá sería mentir. No puedo decidir por ella.

—No lo sé, pero podemos hacer que se sienta bien con nosotros para que no quiera irse —lo ayudo a subir al auto y me siento tras el volante.

—¡Súper! Pero, ¿cómo lo haremos?

—Ya se nos ocurrirá. Por ahora, a la escuela.

Tras dejarlo en la escuela con un beso, lo veo caminar con sus compañeros. La idea no es descabellada. Si Ivanna va de lugar en lugar, es porque no se siente a gusto o no encuentra un hogar. Debo hacer que se sienta en casa, pero, ¿cómo? ¿Será demasiada responsabilidad para ella cuidar de Mark? Todas las mujeres en mi vida querían sus propios hijos. Algunas, como Rachel, sugirieron entregarlo a Tessa. Otras fueron amables un tiempo, pero siempre llegaban al mismo punto: querían sus hijos.

Llego a casa. El sonido de la ducha me indica que Ivanna despertó. He notado que no duerme bien. Cuando me levanto a vigilar a Mark, la veo despierta, mirando al vacío, o con la luz encendida en su habitación.

Entro a mi cuarto y veo que se ducha ahí. Su ropa de dormir está regada desde la entrada: camiseta, short, y una pequeña braga en la puerta del baño. Dudo que sea desordenada; nunca escuché quejas de Sofía al respecto.

Me quito la ropa, apresurado y entro al baño. Su silueta desnuda y sus curvas me excitan. Suelto el aire que retenía sin darme cuenta, deslizo la puerta y me uno a ella. Paso las manos por su cintura y la atraigo, presionando mi erección contra sus nalgas. La siento sonreír.

—Creo que encontraste el camino —dice, restregando su trasero contra mí.

—Hansel encontró más que una casa de dulces —tomo un pezón y lo masajeo mientras mi otra mano viaja a su intimidad—. Dime qué sientes —mordisqueo su oreja—. Quiero saberlo.

Acaricio su triángulo y lo siento humedecerse sin introducir mis dedos. La escucho jadear mi nombre, echando la cabeza atrás, dándome una vista perfecta de su cuello, que muerdo levemente.

—Calor —murmura.

—¿Qué más? Describe lo que te hago sentir, Ivanna.

Introduzco un dedo en su interior, lentamente. Se arquea, y su mano atrapa mi miembro. Gimo al sentirla apretar mi erección, que está a punto de explotar. Nunca imaginé tenerla así, cuando hace meses estaba frustrado, pensando en ella creyéndola hombre.

—Por favor... no soportaré. Siento que quemo por dentro —sigue masturbándome, aumentando el ritmo en ambos.

—Aún falta. Tengo planes para ti. Quiero desquitarme por la frustración de pensar que me gustaba un hombre —inserto dos dedos, más rápido. Ella jadea mi nombre repetidamente. Acelero—. Eso quería escuchar todos estos días —beso su cuello.

—Esto es mío —dice, sonriendo.

—¿Solo quieres eso? —la hago girar y la monto en mis caderas—. Puedes tener todo si quieres.

Le beso con fuerza, un beso apasionado y exigente. Luego seré tierno; ahora solo quiero saciar mi deseo, sentirme dentro de ella, oírla gritar mi nombre como siempre quise. Sin aviso, entro en ella de una estocada. No estoy preparado para la barrera ni para su leve grito. Me tenso y la apoyo en los azulejos.

—Lo siento, Dios, lo siento —tomo su rostro y la beso despacio—. No parece tu primera vez —se arquea y aprieta su cuerpo al mío.

—No te detengas —jadea, mordiendo mi oreja y moviendo sus caderas. Es todo lo que necesito.

—Luego será diferente, lo prometo —la embisto, salgo y entro de nuevo.

—Vincent, por favor —reprocha cuando me detengo. Sus manos en mi cabello me acercan. Nuestras lenguas danzan al ritmo de mis penetraciones. Camino con ella en brazos, sin salir de ella, y la llevo a la cama, donde sigo embistiéndola.

—Eres deliciosa —atrapo un seno con mi boca.

—Lo sé —dice, riendo.

—Y presumida —la hace reír más.

No hay parte de su cuerpo que no bese, muerda o ame. Nunca me cansaría de poseerla, pero es su primera vez. Debo ser prudente para no lastimarla. Se lo digo cuando, por tercera vez, me acaricia, encendiendo mi deseo.

—No podrás caminar —le digo tras acabar por tercera vez.

—¿No aguantas el cuarto, cariño? —responde con ese acento extraño y voz ronca que empiezo a amar.

—Todos los que quieras. Eres una droga, pero no quiero lastimarte. Ahora no lo sientes, pero dolerá —la atraigo cuando el timbre suena. Nos miramos, confundidos. No es Mark; faltan dos horas.

Jason y Emma tienen hombres vigilando la casa por Ivanna, así que quien toca debe ser conocido. Cancelé mis citas para estar con ella. Con Mark cerca, estos encuentros son imposibles. Frustrado, me siento en la cama.

—Voy yo —dice Ivanna, vistiéndose rápido con su short y mi camisa—. Despacharé al que sea. Eres mío, lo prometiste —me lanza un beso y corre por el pasillo.

Sonrío como idiota. Pasan minutos, solo escucho murmullos, hasta que la oigo gritar.

—¡Lárgate! —me visto rápido, pensando que Alex encontró su paradero. Ignoré sus llamadas; no quiero hablar con ellos ni contenerme al expresar mi desprecio.

Ivanna

Floto en una nube al salir del cuarto, maldiciendo en ruso al intruso que interrumpió mi momento mágico. Bajo las escaleras y abro la puerta con fuerza. Frente a mí está una mujer muy parecida a mi madre, pero con ropa cara y mirada astuta. Mi madre tenía una mirada tierna. Es su hermana, Evangeline.

—¡Qué grande y hermosa estás! Eres el vivo retrato de tu padre. Sube y recoge tus cosas. No te dejaré un minuto más aquí —me cruzo de brazos, sin decir nada.

—¿No me escuchas? Vine por ti —me observa con superioridad, y la odio por eso.

—¡Lárgate! —señalo la puerta.

—Quiero enmendar mi error. Sé que hice mal. Déjame explicarte —examina el lugar en silencio.

—Solo quieres limpiar tu conciencia. A quien le debías explicaciones ya no está. Vete, no quiero hablar contigo.

—¿Por qué lo haces tan complicado? No tienes que molestar a los demás cuando tienes un lugar donde vivir y podemos protegerte.

—No soy Emma. No me convencerás con la familia perfecta. Yo tuve un hogar feliz, así que ahórrate la hipocresía.

—¿No te enseñaron modales? Eres tan grosera e impertinente como Alexis. ¡Solo quiero ayudarte!

—Ahora le ves defectos, cuando años atrás te arrastrabas para quitárselo a mi madre.

—No permitiré que me faltes el respeto. Solo sabes una parte de la historia, y ni siquiera es tu casa.

—Es su casa —escucho a Vincent detrás—. Buenos días, señora. Le pido que baje la voz. No será el lujo al que está acostumbrada, pero es mi casa, y yo decido quién me visita. Ahora no quiero a ninguno de los suyos cerca de Ivanna.

—¿Qué dices? Intenté dialogar, pero es imposible —me señala—. Pusiste a mis hijos en mi contra. No tenías derecho a remover el pasado —Vincent se encoge de hombros.

—Ella dejó claro que no quiere hablar con usted. Debería respetarlo. No quiero ser grosero.

—¿Dije alguna mentira? —le digo a Evangeline, sonriendo orgullosa a Vincent.

—Las cosas no fueron así. Debiste esperar mi explicación —insiste.

—Respóndame, ¿algo de lo que dije a sus hijos es mentira? Estuve ahí, no me lo contaron. Conocí el resto de la historia por mi madre, en llanto. Ella nunca me mentiría.

—Estás tomando el camino de tu madre, ¿no lo ves? Puedes vivir donde quieras y decides vivir ¡aquí!

—¿Ahora no soy digno de cortejar a una de las suyas? —la voz de Vincent es calma, pero llena de enojo. Se pone a mi lado y toma mi mano.

—No dije eso. Solo que pueden vivir en un lugar mejor. ¿Has visto dónde viven? Este lugar es pequeño. No sobrevivirán juntos. ¡Es imposible! El dinero de Christine nunca se tocó. La contacté muchas veces para devolverlo, pero no quiso verme ni saber de mí. Sé que fallé, pero había perdido a mi hija...

—Vivía en Moscú, en un lugar más pequeño. Responda, ¿si Emma estuviera comprometida con Vincent en lugar de Frederick, haría este circo? ¿O si Frederick no fuera millonario, lo habría aceptado?

—No pienso responder eso, y no digas tonterías. Tu casa en Moscú era más grande.

—Es una lástima, porque quisiera escuchar esa respuesta —dice Jason detrás de Evangeline.

—Y yo quiero que expliques cómo sabes que la casa en Moscú es más grande —dice Emma junto a Jason—. Creí que dejamos claro que no intervendríamos, que Jason y yo solucionaríamos esto con Vincent. Si te soy sincera, madre, de no haberme casado con Jason, lo habría hecho con Vincent. Si crees que exageré cuando Alex no aceptó a Frederick, desataré una tormenta si torpedeas la relación de Alexis y Vincent. No estarán solos; ellos saben trabajar duro y no necesitarán de nosotros, pero Jason y yo estaremos aquí —mira fijamente a su madre.

—No digas tonterías. Ella debe escuchar mi versión, saber cómo pasaron las cosas. Christine no quiso el dinero, por eso sé dónde vivían. Viajé muchas veces, pero era orgullosa. No cometas su error. Puedes tener una vida diferente. No estoy en contra de Vincent; es un buen hombre. Pero es absurdo que no recibas lo que te pertenece.

—Jamás seré como tú o tus hijos. Dime, ¿les leíste cuentos al dormir? ¿Les enseñaste a andar en bici? ¿Estuviste ahí cuando se lastimaron, Evangeline? ¿O lo resolviste con regalos caros, como intentas conmigo? Quieres llenarme de lujos para limpiar tu conciencia. Soy más rica que tus hijos —la señalo con desprecio—. Emma tal vez me entienda. ¿Es el dinero todo lo que tienen para ser felices? Yo tengo más. Mi madre fue más feliz que tú, amada hasta su último día. No hay un maldito día que mi padre y yo no lloremos su partida. Exijo que te largues y pierdas el camino. Tú y yo nunca seremos nada, ni conocidas.

—Salga de mi casa, señora. Esto no llegará a nada. Ivanna no necesitará nada mientras viva aquí —Evangeline gira y pasa entre Emma y Jason en silencio.

—Lamento esto. No entiendo cómo fue capaz —dice Emma, indignada.

—No quiero hablar más de esto. Remover el pasado duele, más si es doloroso. No puedo aceptar un dinero que causó tanto dolor a mi madre —Vincent me abraza, acariciando mi espalda, y me ayuda a sentarme.

—Entonces hablemos del motivo de nuestra visita —dice Jason, mientras Vincent nos indica sentarnos.

—Queremos que sean los padrinos de nuestros hijos —añade Emma.

—¿Hijos? —decimos Vincent y yo al unísono.

—Serán gemelos. Nos lo confirmaron hoy —sonríen orgullosos. Veo a Jason posar la mano en el vientre de Emma, y ella entrelaza sus dedos con los suyos. Me alegra verlos tan enamorados, y ruego algún día ser amada así.

—¿Ya saben cómo los llamarán? —pregunto, curiosa. Estar entre dos familias complicará elegir nombres.

—Gregori y Matthew —dice Emma sin dudar.

—Será un honor, pero tendrás problemas con tus hermanos —dice Vincent. Tiene razón; Emma tiene siete hermanos que querrán ser considerados.

—Estoy encantada, pero Vincent tiene razón —añado.

—Ustedes son los padrinos de Mark, y de alguna forma ayudaste a unirnos. Te lo debemos —dice Jason. Me intriga cómo Vincent ayudó a esta pareja, pero él solo muestra su mejor sonrisa.

—Recuerdas que en el servicio acordamos ser padrinos de nuestros hijos, sin importar cuántos fueran —ambos hombres sonríen, y Emma mira a Jason con una ceja alzada.

—Aún falta más de mi parte, y por lo que veo, de la suya también. Felicidades, cuídala mucho. William necesita hablar contigo. Me pidió que te dijera que vayas a su casa; tiene algo para darte —no entiendo qué podría tener William York para Vincent. Pienso en el video que dejé en casa de Sofía...

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro