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Capítulo 21

Meses después

Vincent

Los días han pasado, y aún no le hago preguntas. Tengo tantas que no sé por dónde empezar. Quiero que ella decida contármelo todo. Esta mañana, está sentada frente a mí en el comedor, en silencio, inquieta. Se muerde el labio inferior, una señal de nerviosismo. Me inquietó cuando dijo que, si tras contarme la verdad quiero alejarme, lo entendería. Por eso no la he presionado. Ella y Mark se llevan bien, y eso me alivia.

¿Qué podría ser tan monstruoso como para alejarme? La idea es absurda. Juzgarla por lo que hizo su padre tampoco tiene sentido. Yo tengo mi propio pasado; no soy quién para señalar a nadie por estar o haber estado en prisión. Se ve hermosa con vestido, y descubro que sus ojos son grises. Me levanto y me siento a su lado. El leve temblor en su mano me dice que lo que está por contar es delicado.

—No tienes que contarme nada si no estás lista. No es una obligación ni una condición para quedarte. Me honra que hayas confiado en mí y me alivia que me buscaras en lugar de deambular por la ciudad —tomo sus manos y entrelazo nuestros dedos—. Puedo esperar a que te sientas cómoda.

—¿Qué haces cuando sabes que debes confesar algo, pero temes que esa persona se aleje? —dice, sin mirarme.

Observo su cabello, que empieza a crecer, y el movimiento nervioso de sus piernas mientras tamborilea los dedos en la mesa. Está tensa, y no entiendo por qué. Decido abrirme primero para darle confianza. Si quiere contarme, será su elección.

—Depende de qué tan importante sea esa persona. Tal vez no le importe mi pasado y solo quiera mi compañía, sin importar lo que hice antes —entrelazo más nuestros dedos y la miro fijamente.

—Ese es el problema. Creo que esa persona es muy importante, y temo su rechazo —su voz es baja. Saber que soy importante para ella me alegra. Decido compartir mi historia para que se relaje.

—Cuando pedí la baja, encontré a Mark enfermo. Tessa lo abandonó y se llevó todo nuestro dinero. Me dejó en la calle con un niño enfermo. Mi hermana insistió en celebrar mi llegada, pero yo estaba destrozado: sin trabajo, sin hogar, con Mark enfermo. No tenía motivos para festejar. Debía vivir con mis padres. Ella trabajaba en una oficina de abogados, tenía un pequeño apartamento aquí en la ciudad. Al día siguiente, debía llevar a Mark a la clínica. Tomé la peor decisión: quedarme en su apartamento. Esa noche se despidió, me abrazó y dijo que, si no llegaba a dormir, estaría con una amiga. Nos encontraríamos tras la clínica para ayudar a Mark —cierro los ojos. Las imágenes de mi hermana ahorcada aún me persiguen. Su rostro golpeado, el informe médico, el dolor no se borra—. En la clínica, me encontré al Mayor Frederick, retirado como yo, trabajando con su padre. Me habló de una chica y su amigo desaparecidos. Como no tenía nada que hacer, ofrecí ayudar. Tenía contactos y entrenamiento. Me preguntó por qué estaba ahí, y le conté lo de Mark. Él y su padre costearon su tratamiento. Al volver al apartamento, mi hermana no estaba. La llamé, pero su teléfono iba al buzón. No quise preocupar a mis padres; quería manejarlo solo. Esa tarde, una amiga en común me dijo que la habían encontrado internada. La habían asaltado, sodomizado y violado. Denunciamos. Ella conocía a los cuatro hombres; estaban en la fiesta. Videos mostraban que se besó con dos, drogada, aunque juró no haber consumido nada. No le creyeron. Los tipos salieron libres durante el juicio. Meses después, ella se suicidó. Mis padres quedaron destrozados. Me culpé por dejarla ir sola, pero tenía a Mark enfermo...

—No tienes que seguir. Sé lo doloroso que es hurgar en el pasado —dice, apoyando su otra mano sobre las nuestras.

—Solo quiero que sepas quién soy. Alguien te lo dirá tarde o temprano, y prefiero que lo sepas de mí —sigo con nuestras manos entrelazadas—. Meses después, con Emma libre y trabajando con el francés, vi a dos de ellos en un bar. No había pruebas para encarcelarlos. Intenté irme al verlos, con sus sonrisas. ¿Sabes lo que es ver a esos malditos disfrutando mientras mi hermana estaba muerta? Pero tenía a Mark; no podía ir a prisión. Salí, pero me siguieron. Se burlaron, me provocaron. Les dije que no quería problemas. Uno dijo: "Disfruté follarme a tu hermana. Aún recuerdo sus gemidos mientras la cogíamos entre tres. No dejamos orificios vírgenes". Perdí el control. Peleé fuera del bar. Uno quedó gravemente herido; el otro, muerto. Estoy libre gracias a Epson, el abuelo de Jason, que me ayudó. Pero eso no quita que soy un asesino —me levanto y camino a la sala. No puedo mirarla tras esto.

Sus pasos me indican que me sigue, pero no me giro. Miro por la ventana al parque, donde unos chicos juegan baloncesto. Mi pasado me persigue. Nadie me dio trabajo después, salvo Epson y Jason, que me contrataron para cuidar a Emma tras la supuesta muerte de Pierre.

—Si hubiera estado contigo, no habría sido un muerto, sino dos —siento sus manos en mi espalda. Me alivia que no me juzgue.

—Gracias por no juzgarme —digo al fin.

—Una víspera de Navidad, llegué a casa y vi patrullas rodeando la casa de mis padres. Mi madre dijo que se llevaron a mi padre, acusado de asesinar a diez personas, incluido un niño de 14 años, hijo de su mejor amigo. Cuando se demostró su culpa, todos nos dieron la espalda. Me sacaron de la liga de taekwondo que iba a las olimpiadas. Perdí una beca deportiva. Estuve enojada con mis padres por años. Mi madre sabía lo que él hizo, pero nunca quise escucharlo, aunque se arrodilló suplicándome que lo visitara para que me explicara. La última vez que vi a mi madre viva fue en esa discusión. Le dije que quería irme a América, alejarme de ellos, no saber del delito ni jugar a la familia perfecta. Ese día, ella murió.

Me giro y me acerco. Está perdida en sus pensamientos, relatando por qué vino a América, el castigo por hablar con Jason, su matrimonio falso con Antwan. Me alivia que fuera una fachada y me sorprende que sea hija de una hermana de Evangeline. La historia de su madre es increíble; imagino lo duro que será para Emma y los gemelos descubrir esa verdad. Pero nada permanece oculto para siempre.

Me cuenta la disputa de ayer. Al terminar, me mira, esperando mi reacción. Entiendo su miedo al rechazo; todos le dieron la espalda tras lo de su padre. No puedo juzgarla. Yo viví algo similar. Si soy honesto, estoy enamorado de ella. No sé cuándo pasó, pero me gusta demasiado, y su pasado no me importa.

—¿Eres familia de Emma y los gemelos? Por eso te ayudaron —es lo único que digo por ahora.

—¿Eso es todo? —su voz suena sorprendida. Sonrío ante su confusión.

—Lo único que me preocupa es tu bienestar. Me da igual de quién seas hija. Considérate en casa. Quédate el tiempo que quieras. Solo te pido que no le des esperanzas a Mark de que te quedarás si no es tu intención. Es vulnerable y está empeñado en verte como su nueva mamá. Me preocupa que salga herido —parece pensar su respuesta cuando el timbre suena.

Maldigo al que interrumpe; quería escuchar qué diría. Abro la puerta y veo a Tessa.

—¿Qué haces aquí? —la empujo a un lado y entra bruscamente.

—¿Por qué tienes a una extraña en casa? —entra a la sala, pero Ivanna no está. Ruego que la presencia de Tessa no la afecte—. No puedes ser tan irresponsable. Mark sufrirá cuando se vaya. ¿Buscarás otra? No dejaré que mi hijo sufra, Vincent —se cruza de brazos. Me sorprende su descaro.

—¿Desde cuándo te importa el bienestar de Mark? En seis años no te has preocupado por él. Ahora vienes a hacer de madre perfecta. Siempre hemos sido Mark y yo. Hasta el juez vio que solo te motiva el dinero. Creíste que encontraste la solución a tus problemas, pero te equivocaste, Tessa. Sal de mi casa. No eres bienvenida. Tienes horarios para ver a Mark.

—¡Tú lo pusiste en mi contra! No quiere estar conmigo. No ayudaste a acercarme a él, y ahora metes a esa mujer en casa. Ninguna aceptará cuidar a Mark con su enfermedad. Podemos solucionar nuestras diferencias, darle a Mark el hogar que quiere —la miro como si le salieran cuernos.

—¿Qué sabes de lo que Mark quiere? Cuando tenía tres años, lloró inconsolable porque no quería tu foto en su cuaderno. Me dolió ver su cara bañada en lágrimas, su barbilla temblando, diciendo "ella no". ¿Sabes que durmió con tu foto en el pecho? Tuve que inventar miles de mentiras para que no supiera que su madre no lo quiso por estar enfermo. No solo me dejaste con él; te llevaste todo lo ahorrado. Mark nunca fue una carga para mí —la llevo a la cocina y señalo los dibujos en el refrigerador—. Este fue su primer dibujo, a los tres años, cuando no quiso tu foto. Siempre dibuja a una mamá diferente a ti. No te ve como madre, Tessa. No te has ganado su cariño. Si ahora lo quieres, es porque Charles es estéril y está en la cárcel. Quieres recoger donde nunca sembraste.

—Es mi hijo. No puedes alejarme —grita, enojada.

Miro a la mujer de la que estuve enamorado. Mark siempre dibuja a una madre rubia o castaña, nunca de pelo negro como ella. No puedo cambiar eso, menos cuando ella siempre se preocupó más por el dinero que por su hijo.

—Ella te dejará, y Mark sufrirá. Solo piensas con tu entrepierna, no en tu hijo —guardo silencio. Hay algo de verdad en eso, y lo sé.

Ivanna

Al escuchar que Vincent menciona a Tessa, corro escaleras arriba. No es prudente estar en esa discusión. Quiero ser cauta por primera vez, pero sus gritos en la planta baja me impacientan. Esa mujer lo acusa de irresponsable y dice que nunca querré a Mark por su enfermedad. ¡Es un niño adorable! ¿Y con un padre tan sexy? ¿Qué más podría querer? Camino de un lado a otro en la habitación, conteniendo las ganas de bajar y estrangular a esa maldita que abandonó a Mark y Vincent sin un centavo. Lo habría logrado si no la escucho decir que tarde o temprano me iré, y Vincent no responde.

Antes de que apareciera, iba a contestarle. Me quito el vestido, busco en el armario y saco un short. Veo la ropa que Vincent me prestó la noche que llegué, que lavé y olvidé devolver. Con una sonrisa traviesa, me pongo el buzo largo, me quito las sandalias y bajo descalza. En la cocina, los veo enfrentados. Me coloco al lado de Vincent y lo tomo por la cintura. Me mira, y le devuelvo mi mejor sonrisa. Él sonríe de vuelta.

—¿Cómo permites que ande vestida así por la casa? ¡Está casi desnuda! —grita Tessa, indignada. Es atractiva, pero Mark es idéntico a su padre, por suerte—. ¿Hablas mi idioma, verdad? No pareces de aquí. No te quiero así vestida frente a mi hijo —sacude las manos frente a mí.

—¿Tú eres Tessa? Quería conocerte para felicitarte —extiendo la mano, que toma dudosa. Vincent parece confundido—. No me mires así, cariño —le guiño un ojo—. Has hecho un gran trabajo con Mark. Es el niño más decente que conozco, un ángel, y has llevado su enfermedad con orgullo. Qué duro debe ser cuando llega llorando porque sus amigos se burlan, ¿verdad? ¡Qué gran madre eres, Tessa! —digo con sorna, mientras Vincent ahoga una carcajada.

—Eres una insolente, mala influencia para mi hijo. Espero que tu visita sea corta —recuerdo por qué bajé.

—Antes de que llegaras, iba a responder una pregunta. Tendrás que acostumbrarte a mi presencia en la vida de Mark. No pienso alejarme. Es adorable; solo una loca se iría.

—¿Te quedarás en esta casa? ¡Imposible! No te quiero cerca de mi hijo —me apoyo en el hombro de Vincent con mi mejor sonrisa.

—Seré la niñera de ambos. Aunque, confieso, el grandote me exigirá horas extras de noche, y estoy encantada de cumplir —siento las manos de Vincent en mi cintura. Tessa observa, furiosa.

—Ya oíste, Tessa. Espero que esto resuelva tus dudas. No vuelvas a entrar a nuestra casa, o no dejaré que veas a Mark. Si te he permitido verlo, es por su bienestar. Pero si tu presencia lo afecta, no lo verás nunca más —veo divertida cómo Vincent la saca casi a rastras, mientras ella se queja de que es insensible y no sé cuántas tonterías más.

La voz de Mark me saca de la cocina. Lo escucho saludar a su padre y gritar mi nombre. Salgo y lo veo en la puerta.

—Ivanna, te traje un regalo —pasa junto a su madre, diciéndole un simple "Hola, Tessa", mientras agita una hoja, orgulloso.

—Debes saludar como es debido, Mark —lo alzo y lo llevo a la salida.

—¡No quiero! —se abraza a mi cuello, dándole la espalda a su madre.

—Dormiremos juntos si te despides bien —lo digo bajo, pero sé que Tessa escucha.

—Adiós, Tessa —extiende su manita. Vincent observa, divertido.

—Es una promesa, y papá dice que debemos cumplirlas —dice Mark.

—Tienes razón —Vincent lo toma de mis brazos, y entramos los tres—. Prometiste que dormiríamos juntos. Debes cumplir —me río. Mi lengua me mete en problemas.

—Siempre cumplo. Te dije que regresaría, y regresé. Ahora, lávate las manos —Mark baja de los brazos de su padre y sube las escaleras, dejándonos solos.

—¿Serás mi niñera y me atenderás de noche? —pasa sus manos por mi cintura y me atrae—. Hay algo que he querido hacer desde hace tiempo —baja la cabeza, mirando mis labios. Los siento resecos.

¿Me va a besar? Vincent me besará. Mi mente grita de emoción, mientras mi corazón late desbocado. Espero que no lo note.

Sus labios húmedos tocan los míos. Ahogo un gemido cuando me aprieta contra su pecho. Su lengua invade mi boca, y su mano viaja a mis glúteos. No sé cuál corazón late más rápido. El beso se vuelve posesivo. Paso mis manos por su cuello para estar más cerca. Esta vez, su erección no me asusta; un calor se instala en mi intimidad. Yo también lo he deseado por mucho tiempo. ¡Joder, cómo besa este hombre!

—Esto es trabajo extra, señor —digo al separarnos.

—Pon las reglas, preciosa. Pago lo que quieras, como quieras, incluso en especies —me besa de nuevo, mordisqueando mi labio, pasando las manos por mis glúteos y haciéndome entrelazar las piernas en sus caderas.

—Vincent —jadeo cuando mete las manos en el buzo y atrapa un seno—. El niño —jadeo de nuevo al sentir sus dedos pellizcar un pezón. Su risa entre mis labios es el mejor afrodisiaco.

—Sé que quieres más. No lo niegues. Lo has querido tanto como yo, Alexis —su voz es ronca mientras sus labios bajan a mi cuello y mi oreja.

—Vincent, el niño —lo escucho gruñir, y me río.

—Ya son papá y mamá —Mark está a nuestros pies, mirándonos—. Si se besan, son papá y mamá —Vincent apoya la cabeza en mi hombro, sonriendo.

Saca la mano de mi pecho y me baja lentamente.

—No es tan fácil, pequeño. Primero sería mi novia, tendría que aceptar. Luego, mi esposa. Entonces seríamos papá y mamá —Mark parece pensar.

—¿Son novios? —sonrío ante la frustración de Vincent.

—Tenemos que comprarle un anillo, papá. Alexis, ¿quieres ser nuestra novia? —no aguanto y suelto una carcajada. Esto será divertido.

—¡No puede ser tu novia! —dice Vincent.

—¿Por qué no? Tú no la quieres, yo sí —Mark cruza los brazos, enojado.

—¿Quién dijo que no la quiero? —la discusión es adorable. Son idénticos; Mark será igual a su padre de grande.

—¿La quieres? —insiste Mark.

—La quiero —me atrae y me besa el cuello. No sé cómo reaccionar ante esa confesión. Es pronto para decir qué siento, pero algo siento por la mole—. Te quiero —susurra en mi oído.

Lo miro, ante la sonrisa de Mark, que observa encantado.

—Ahora que todo está dicho, vamos a comer —no suelta mi cintura, y no quiero que lo haga.

¿Es amor lo que siento por él?

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