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Capítulo 16

Vincent

Estoy manejando hacia el edificio, con Alexis a mi lado. Miro sus manos; no las había detallado antes. Son de dedos delgados y finos. Cuando nos detenemos en un semáforo, observo su rostro: nariz respingada, labios pequeños y delgados. Una erección repentina me recuerda por qué evito mirarlo demasiado y me mantengo alejado. ¡Vamos! Su sola voz basta para despertar a mi amigo.

Algo en su forma de caminar me llama la atención. No es el andar masculino habitual, con zancadas largas. Sus pasos son cortos, suaves, con un movimiento de caderas que noté antes. Entrecierro los ojos; algo no encaja. Últimamente, me sorprendo observando a otros hombres, buscando alguna atracción. Si fuera gay, algunos me parecerían atractivos, pero no es así. Solo este chico me atrae, y que Dios me perdone, pero he tenido más de una erección al recordarlo. Llego a la conclusión de que no soy gay; algo raro pasa con él. Ahora que lo observo mejor, sus ademanes y rostro tienen un toque femenino.

Suspiro, frustrado. Lo que me faltaba: ver en ese ruso rastros de mujer. En eso, ambos móviles suenan. Orillo el auto para leer el mensaje. Es de Alex.

"Tengo cosas pendientes. Hablaremos mañana."

—Mierda —el arrebato de Alexis me hace mirarlo, interrogante—. Sofía me dejó afuera. Se largó a la calle, Dios sabe dónde, y estoy fuera de casa.

Lo veo enojado, y por primera vez lo miro con otros ojos, como si lo viera de verdad. Tal vez porque no estamos discutiendo, como siempre. Sus labios están apretados, quizás por el enojo. Imagino que no es por estar fuera de casa, sino por mi compañía.

Miro el lugar donde nos detuvimos: una zona de clubes. Una idea cruza mi mente. Si Ivannok sabe jugar sucio, yo también puedo.

—Tomemos algo mientras Sofía llega. No tengo prisa por volver a casa —salgo del auto y espero a que él salga. Parece dudar al ver el sitio, y mi sonrisa se amplía.

—Pensé que lo esperaba Rachel —escupe, en tono despectivo. Alzo una ceja; parecen celos, pero es imposible. ¿Y si Alexis está tan confundido como yo?

—No le interesa. Tiene cosas pendientes. La despidieron, ¿sabes? William York, por orden de los D'Angelo —noto que la noticia alegra al ruso, y, lejos de parecerme extraño, me alegra a mí.

—Imagino que estarás sufriendo por eso —dice, tan furioso que no nota que se sale del papel. Si los celos lo hacen mostrarse como es, seguiré por ese camino.

—No me interesa Rachel. Ya terminé con ella. Estoy seguro de que mi hijo se quedará conmigo. Charles fue capturado, y Tessa está siendo interrogada. Solo queda saber quién me amenaza —miento, diciendo—: De hecho, pienso contratarla.

Su rostro enrojece, pero guarda silencio. Entramos al club y buscamos un sitio.

Dos chicas se acercan de inmediato. Veo a Alexis tensarse ante su llegada. ¿Qué hombre no disfruta de los cariños femeninos? "Hombres raros y Alexis", pienso, sonriendo, mientras recibo en mis piernas a una pelirroja.

No quiero perder tiempo pensando en él. Decido jugar con la chica, mirando de vez en cuando al ruso, que parece desentonar en este lugar. Las caricias de su chica parecen incomodarlo.

Sonrío mientras beso el cuello de la pelirroja. Mis manos se deslizan bajo su diminuto top, dándole pequeños masajes mientras la beso con fiereza. Necesito sacarme a ese hombre de la cabeza. Sé que me observa, y saber que lo incomodo hace que disfrute más. La chica jadea cuando mis manos bajan a su entrepierna. Por un momento, olvido que tengo audiencia, hasta que mi mirada se posa en la silla de al lado.

Me sorprende ver a Alexis besar a la chica de cabello negro, que parece disfrutar tanto como él. Eso me desconcentra, aunque la pelirroja sigue besando mi cuello. Hablan entre besos y jadeos, en ruso, así que no entiendo qué dicen o de qué ríen.

Pierdo interés en la chica en mis piernas. Mis besos y caricias son mecánicos, porque, en realidad, quiero las caricias que están a mi lado. Quise desquitarme de los trucos sucios de Alexis, pero ahora soy yo el afectado por las imágenes de él besando a esa chica, imágenes que me atormentarán toda la noche.

Ivanna

Entro al club enojada. El maldito contratará a Rachel. De nada sirvió decirle a Pierre quién era ella para sacarla de la vida de Vincent. El infeliz la llevará a trabajar con él, lejos de mí. Me propuse que la mole es mía y de nadie más. Si tengo que dejar calva a Rachel, lo haré, si con eso él deja de mirarla. Nos sentamos, y dos chicas nos reciben de inmediato. Veo con sorpresa y rabia cómo ese idiota devora los labios de la pelirroja, lo que me llena de odio.

Observo sus manos acariciar los pechos y la entrepierna de la mujer. Por un momento, imagino que es mi cuerpo el que acaricia. ¿Cómo se sentiría que esos labios besaran todo mi cuerpo?

Intento alejar las manos de mi chica, que parece decidida a no dejarme en paz.

—Quita tus manos de encima —estoy tan enojada que no me doy cuenta de que hablo en ruso.

—Te está provocando. Eres más inteligente que él —me dice la chica, también en ruso, sorprendiéndome—. Llevo años en este trabajo y sé cuándo alguien quiere dar celos. Ese grandulón lo está intentando.

Eso es imposible. ¿Por qué lo haría?

—¿Qué propones? —le digo, sonriendo. De pronto, se me antoja atractiva.

—Darle una cucharada de su propia medicina —dice, acercando sus labios a los míos, sonriendo.

Hace años que no beso a una mujer de verdad. Los besos castos que le doy a Sofía no cuentan. Esta chica sabe lo que hace, pienso, mientras interpreta su papel magistralmente.

—Esto será gratis, la casa invita. Solidaridad femenina —dice, mientras sigue besando y acariciando—. Rusa 3, guapo 0. Lo desconcentramos, cariño.

—No me has preguntado por mi vestimenta —decido aligerar el ambiente, si vamos a fingir.

—He visto de todo en este trabajo. Nada me sorprende —responde, entre caricias y sonrisas.

(...)

Salimos del club horas después, cuando Sofía me avisa que llegó a casa. De reojo, veo a Vincent en silencio, incómodo, cambiando de posición mientras conduce.

Verlo besar y acariciar a otra mujer delante de mí me enfureció. Nunca había sentido celos; esa palabra no existía en mi vocabulario hasta hoy. Sigo soñando con ese hombre, mi obsesión. A veces, bajo al primer piso solo para verlo.

Llegamos al edificio, y lo veo detener el auto en silencio. No hay saludos gruñones ni comentarios ofensivos. Parece absorto en sus pensamientos.

Me confunde. Minutos atrás, parecía disfrutar las caricias de la pelirroja, aunque mi chica dijo que era fingido. Tengo mis reservas. Ya llegará el momento de hacerle pagar por dejarse besar.

—Buenas noches, Vincent, y gracias. Me divertí mucho. Espero que se repita —digo, saliendo del auto. Es la primera vez que lo llamo por su nombre. Nos llevamos bien, así que no hace falta molestarlo con "señor".

—Buenas noches, Ivannok —responde, acelerando el auto.

Mi enojo me confunde. ¿Por qué está enojado?

—¿Se puede saber qué haces a esta hora sola con O'hurn en un club nocturno, Ivanna? —la voz de Frederick me hace girar. Está bronceado, más atractivo, con el cabello más corto de lo habitual.

—Me quedé fuera, y él me invitó una cerveza —respondo, sin dar detalles.

—Me vas a volver loco, Ivanna. Llegamos hace unos días, y ya recibimos quejas por tu comportamiento —me toma del brazo mientras entramos al edificio.

—No tienes una esposa que cuidar, Frederick. ¿No eres mi mamá? —hablo, calmada.

—Mira, cariño —dice, en tono cariñoso, desarmándome—. Eres la prima de mi mujer. Me enteré hace poco, pero ya antes me ayudaste a descubrir las intenciones de tu exesposo, de quien te escondes. Me preocupa tu bienestar. No puedes andar por ahí como si no tuvieras enemigos. Vincent te ayudaría en otras circunstancias, si no lo provocaras tanto.

—No le digas a los D'Angelo que sé quiénes son. ¡Y no hagas como si él no hiciera nada! ¿Sabes qué hizo? —ya estamos en las puertas del ascensor—. Entró a un maldito club nocturno y manoseó a una pelirroja, ¡delante de mí! —digo, frustrada, haciendo reír a Frederick.

—¡Estás celosa! —dice, divertido—. Esto será interesante. Ustedes como pareja terminarán matándose y matándonos a nosotros. Eso si tu amor —hace comillas con las manos— no nos mata primero, cuando descubra que le mentimos. Nos desollará y hará un collar con nuestras pelotas. Y a ti, querida rusa —me señala, sonriendo—, si sobrevivo a su furia, estaré en primera fila para ver cómo se venga de ti. Será interesante —ríe fuerte.

—Me puso a trabajar de más. Desde que entré, no hace más que vigilarme. Y me golpeó por esa zorra que tiene de novia.

—Vincent no es tonto, preciosa. Sabe que ocultas algo, y tarde o temprano lo descubrirá. Que te golpeara le dolerá más a él que a ti cuando sepa que eres mujer. Ahora, explícame, ¿cómo es eso de que amarraste a William? Sé que fue tu idea. Sofía jamás haría algo así.

—Se sobrepasó con Sofía, Jason. No esperes consideración de mi parte hacia alguien que daña a alguien como ella.

—¿Y no se te ocurrió decirlo? ¿De dónde sacas esas ideas retorcidas? Dios, pareces un ángel, pero eres Lucifer.

—Se lo merecía, J —digo, enojada—. ¿Qué haces aquí?

—No cambies de conversación, Ivanna. Por favor, no te metas en problemas y dile a Vincent quién eres. Me han dicho que el pobre parece alma en pena. Y, respondiendo a tu pregunta, Alex quiere hablarme. Por él sé lo que le pasó a Sofía. Parece que se la encontró en el ascensor, alterada.

Sonrío. Así que Sofía habló con su hombre ojos de cielo. Valió la pena el sufrimiento de ver a la mole en brazos de otra mujer. Ya llegará el momento de desquitarme.

Vincent

Llevo varios minutos en la ducha, intentando sin éxito que mi erección baje. No sé cómo sobreviví a ese club. Las imágenes de Alexis besando a esa mujer llegan a mi mente. Duelen. La idea de masturbarme pensando en él me enferma. Ahogo un sollozo lastimero. Esto no me puede estar pasando.

No puedo caer tan bajo, masturbarme con la imagen de un hombre besando a una mujer. Pero no es cualquier hombre. Es ese ruso, con sus labios, su acento, su voz ronca, su manera de retarme y reírse. Todo en él me parece atractivo.

Cierro los ojos e intento recordar a Rachel. Poso mi mano en mi miembro, pero las imágenes que vienen son de Alexis sonriendo, hablando, llorando en el ascensor mientras me contaba lo de su padre. No sé en qué momento pasa, pero me encuentro masturbándome con él en la mente, imaginando su boca rosada besándome como besó a esa chica. La realidad me golpea cruelmente. No puedo estar haciendo esto.

Asqueado, me quedo quieto, con la cabeza apoyada en los azulejos. Golpeo la pared con el puño, derrotado. ¿Cómo es posible? Soy un hombre sexualmente activo con mujeres. Mis pausas son cuando tengo pareja fija. Nunca tuve problemas de erección, pero desde que este chico entró en mi vida, todo cambió. No pude estar con Rachel. Pensé que era el estrés por la custodia de mi hijo, pero hoy sé que es otra cosa.

No puedo seguir. Decido ahogar mi frustración en alcohol. Así, al menos, quedaré inconsciente y no soñaré con ese estúpido mocoso.

Salgo de la ducha, me paso la toalla por la cintura, pensando en todo lo ocurrido. Una notificación me interrumpe mientras me pongo unos jeans. Necesito hablar con Emma y Jason; son los únicos con los que puedo hablar sin ser juzgado, y conocen al chico.

Tomo el celular. Es un mensaje de Thomson. Había olvidado que le pedí investigar sobre los extranjeros que trabajaron con el francés hace cinco años, cuando ocurrió lo del compromiso de Emma y Arthur. Son cinco hombres y una mujer. Paso los dedos por los archivos, uno por uno.

—Al fin sabré quién eres, ruso —digo, con una sonrisa.

Leo los nombres de los hombres. Ninguno coincide. La siguiente es una mujer. Con poca esperanza, antes de dejar el móvil, decido revisar. Su rostro aparece en primera plana. Me quedo estático.

Mi mente viaja a la chica de la despedida de soltera, la rubia de cuerpo exuberante que se me escapó y de la que quedé prendido. La misma que creí ver esa madrugada. Estaba seguro de que no había dos como ella en el mundo; era perfecta. Comparo el rostro del chico y la mujer. Son idénticos. Con manos temblorosas, deslizo el dedo por la pantalla.

Nombre: Ivanna Alexis Ivannok.

Ciudad natal: Moscú, Rusia.

Edad: 30 años.

Estado civil: divorciada.

Sigo leyendo, sin creerlo, entre aliviado y enojado por la burla de estos cuatro meses.

—¡Hija de Lucifer! —murmuro, entre alivio y furia.

Pero eso no es todo. Me enoja más que los tres hermanos y mi amigo lo sabían. ¿Por qué la ocultan? O, más bien, ¿de quién? Está claro que, si se esconde tras esa vestimenta, huye de alguien o algo.

—Empezaré a jugar tu juego, Alexis —murmuro—. Veremos cuánto resistes hasta que me digas quién eres de verdad —paso los dedos por su imagen, sonriendo.

El recuerdo de haberla golpeado me golpea. Me tiro en el sillón. Su rostro de confusión al ser golpeada, su no responder a mis golpes.

"No hagas algo de lo que te arrepientas."

Esas fueron sus palabras. Luego, las risas de Pierre y Alex cuando dije que se aprovechó de Rachel.

"Sí que tiene imaginación," dijo Pierre.

"No debiste hacerlo, pero el mal está hecho. Ahora solo te falta pedirle disculpas."

La golpeé. Yo la golpeé. Por eso se sorprendió.

—¿Quién eres, Ivanna? ¿Por qué te escondes en ese disfraz tan horrible? —susurro—. Dios, cuánto lo siento.

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