Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 8

Alana

El timbre del apartamento me indica que Axel ya ha subido; hace diez minutos me llamaron de recepción diciendo que él estaba allí. Le dije que bajaba e insistió en subir. Observo por última vez mi imagen en el espejo. Me ha dicho que, de preferencia, vaya con un vestido rojo. Mi vestuario no es el más extenso, pero tengo varios de ese color y, lo más importante, nadie me los ha visto puestos aquí. Con un escote no muy pronunciado en V, zapatillas rojas con tacón de cuatro centímetros, que es el que me puedo dar el lujo de calzar. Culmino mi atuendo con una cadena sencilla y unos pendientes con una imitación de rubí. Ojalá nadie note esto último. Sonrío, satisfecha con mi imagen en el espejo, hasta que el timbre vuelve a sonar y niego, divertida.

Axel siempre ha sido puntual e impaciente; recuerdo los problemas con mi hermano porque él era todo lo contrario. Con esos pensamientos, abro la puerta y mi respiración se paraliza. Creo que ambos nos quedamos sin palabras hasta que él sonríe y se aclara la garganta.

—Estás hermosa, Alana —habla, entrando al apartamento. —Pero ese accesorio no me gusta.

Estoy por quejarme cuando se instala detrás de mí, me los retira y deja en la mesa que está al lado de la puerta. Saca algo de su bolsillo y no me permite ver de qué se trata. Hace lo mismo con los pendientes; siento su respiración en mi cuello mientras lo hace. No soy de piedra y la corriente eléctrica que siento ante eso me hace alejarme de él; me mira, confundido.

—Es involuntario —aclaro y sonríe.

—Eso he notado —mira en todas las direcciones y su vista se queda fija en un espejo.

Me toma de las manos y me hace mirar frente al espejo; el collar que me ha puesto es costoso y estoy segura de que no es una imitación como el mío. Sonrío, incómoda, porque no suelo recibir ese tipo de regalos; divago entre decirlo o no, y decido ser sincera.

—No me gustan ese tipo de regalos, Axel —hablo, al no poder evitar decirlo, y se queda en silencio.

Acomoda una última vez los pendientes y se queda detrás de mí. Podría decir que no estoy emocionada con la imagen de él en mi apartamento o que su reflejo se vea tan cerca de mí. Pero lo cierto es que amo esa vista y podría mi loco corazón imaginarse que sea algo más que acompañar a un amigo.

—Es de parte de mi padre; es una manera de agradecer lo que hiciste por mí —responde simplemente y me saca algo de la chaqueta. —Gracias a ti estoy aquí y eso es algo que no puedo ignorar. No lo rechaces; papá no se lo tomará bien.

Es una nota de agradecimiento escrita de puño y letra de Filippo Russo,  firmada por él y su esposa. Creo que puedo hacer una excepción; solo espero que no se convierta en costumbre. Los regalos tienden a comprometerte; tengo experiencia en cosas así.

—Solo esta vez; de todas maneras, no creo que lo vuelva a usar. No es algo que suela llevarse al cine o a comer un helado —que son los lugares a los que suelo ir con Pilar, y él solo ríe sin decir nada.

Ella también iría; me ha dicho que sus padres fueron invitados y, como sabe que mi hermano estará, quiere verlo. Mujeres estúpidas y Pilar, grita mi mente. Tomo el brazo que Axel me brinda y recuerdo lo que pensaba muchas veces al verlo de la mano de su esposa: lo que se sentiría ser llevada así por él. Descubro que aquello del pensamiento positivo y la ley de la atracción funciona, pero solo lo trae de manera superficial o a cuentagotas. Si es que no te hace estar al lado del que te gusta y que este te vea como una amiga.

(...)

—La próxima vez que me digan que la piedra se convirtió en diamante, juro que grito —me quejo y mi acompañante me toma de las manos para entrar a la pista de baile.

—Pero es la verdad —toma mi otra mano y me acerca a él.

—Ya yo era un diamante, Axel; un enorme y hermoso diamante —su risa es fuerte mientras apoya nuestras manos en su pecho y la otra hace que me acerque a él.

—Tienes razón; ya lo eras.

Nuestra presencia no ha causado mucha sorpresa; la gran mayoría nos ve con alegría, se han acercado a Axel y lo felicitan por su liberación. El personal femenino lo mira con ansias; el que esté de nuevo soltero las hace pensar que quizás tengan oportunidad de ser la nueva señora Russo. De momento, yo acaparo toda su atención; es lo suficientemente caballeroso para no ver en otra dirección que no sea yo.

Lo que me hace sentir especial, pensar que solo tiene ojos para mí y que nadie es más importante que yo. Una quimera, porque he visto a Caitín revoloteando a nuestro alrededor y haciendo intentos para acercarse que él evita de manera magistral, llevándome a otro lugar.

—¿Recuerdas la cara de mono?

—No —respondo rápidamente y se aleja para verme el rostro, que está rojo producto de la vergüenza.

Sonríe y, esta vez, sé que soy yo quien ha logrado ese efecto al ver sus hermosos ojos, últimamente tristes y opacos, brillar. La cara de mono la hacía normalmente cuando solía ver a Zack o a mi hermano amargados. Jalaba mis orejas, fruncía mis labios y volteaba mis ojos. Solo Zack y Axel se reían; a Liam lo odiaba verme así, porque decía que solo quería llamar la atención.

—Sé que la recuerdas —insiste y guardo silencio.

Suelta mi mano cuando el ritmo cambia a uno más lento y siento sus manos en mi cintura. Observa mi rostro y sé que espera que haga ese gesto; vuelvo a la idea de que me cree una chiquilla a quien hacerlos reír era su prioridad. Su vista se aleja de mí; alguien ha reído fuerte y ha captado su atención. Descubro que es Caitín y sigo sin entender a qué está jugando, cuando hace un año la escuché llorar a mi hermano, diciéndole que lo amaba.

Cuando me mira una vez más, ya sus ojos no tienen el mismo brillo y han vuelto a ese estado de tristeza que odio verle. Quiero encontrar la manera de que sepa que puede ser feliz. De momento, solo se me ocurre y, cuando estoy de espaldas a todos y solo él me ve, hacer la jodida cara de mono. Sus ojos se abren por la sorpresa, al tiempo que de su garganta sale esa risa que eriza toda mi piel. Verle con el rostro rojo, mientras me abraza fuerte contra él, es mi pago.

—Tú no perdiste a nadie, Axel —digo con las mejillas contra su pecho y escucho su corazón latir apresurado. —A ti te perdieron y, cuando se dé cuenta de que dejó un verdadero caballero por ir en búsqueda de un sapo, será demasiado tarde; otra te habrá ganado y serás inmensamente feliz.

Suelta el aire, sintiendo sus dedos presionar mi cintura fuerte, y su cabeza en mi cuello. La magia empieza a crearse y, por un instante, solo estamos él y yo, la música y mi necesidad de que su dolor cese. Nos venden la idea de que solo estamos completos hasta que nos casamos, tenemos hijos y un hogar. Nadie puede cargar con el peso de hacerte feliz; somos dueños de nuestra felicidad.

—No estás incompleto —termino de decir cuando la música cesa y lo veo asentir.

—Tu padre debe estar orgulloso de ti —habla y se aclara la garganta. —No solo eres una mujer hermosa, también inteligente y fuerte —esto último lo dice cuando ya salimos de la pista.

Avanzamos hacia el jardín del hotel, donde tenemos una vista de la playa. El viento frío de la noche nos recibe y miro el mar a lo lejos. Permanecemos en silencio, tomados de la mano, cuando unos tacones nos hacen girar... Caitín.

—Tenemos que hablar —dice y me mira. —A solas.

—Tú y yo no tenemos nada que hablar; te pido que nos dejes solos y dejes de seguirnos; es realmente incómodo —la calma con la que habla me resulta admirable.

Hasta hace unos minutos, estaba casi partido en pedazos al verla a ella reír y, mucho antes, enojado cuando la vio con Liam besándose. No entiendo qué sucede, pues se supone que se divorció porque estaba enamorada de mi hermano y esperaba un hijo suyo. No obstante, se comportaba como si quisiera darle celos.

—¿Por qué viniste? Sabes que te invitaron por cortesía y apareces aquí con la hermanita de Liam. ¿Crees que puedes hacerme sentir celos? —habla y se burla claramente de mí.

—Creo que puedo aprovechar tu presencia para invitarte; la mansión será remodelada y Hardy empezará a hacer los cambios de mi nuevo hogar. No me parece adecuado que entre a ese sitio en esas condiciones; es tu gusto y siempre odié el decorado.

Las palabras la hieren y lo veo en su rostro. Sigue mirándome con superioridad y su escaneo va desde mi collar hasta mis zapatos; allí se detiene un poco y la curva de su sonrisa se debe quizás a que mi pie se inclina levemente, aunque ya no como antes. Eso me lleva a una época que creí había olvidado, cuando ella y mi hermano estaban de novios. Se burlaba de mi pie, de mi obesidad; lloraba amargamente tras encerrarme en casa. Pero no por lo que dijera; era que Liam no me defendía.

—Pensé que te habían operado; creo que debes demandar a ese cirujano. Tener que usar esos zapatos de adolescente es causal de demanda —no deja de ver mi pie y luego mi cuerpo. —Espero que no seas de las que aguanta hambre para tener ese cuerpo. Porque Axel odia las mujeres que hacen dieta.

—Debo ir al tocador —alcanzo a decir al ver la química extraña que hay entre ambos.

Me alejo de ellos e ignoro si Axel me sigue, hasta que siento su mano en mi brazo y me hace detener. Intento liberarme antes de que mis lágrimas salgan, pero me lo impide, atrayéndome hacia él.

—No llores, Cara —intenta calmarme y respiro pesadamente al no poder controlar el llanto. —Tú no tienes por qué sentir vergüenza de lo que eras o eres —se aleja de mí y me hace verlo. —¿Eres un diamante, recuerdas?

—Tengo que ir al tocador, Axel —insisto y asiente; esta vez me acompaña e insiste en esperarme.

Una vez sola en el lugar, observo mi rostro en el espejo; encuentro frente a mí a una mujer atractiva. Pero los recuerdos de mi adolescencia todavía la perturban; que mi hermano jamás hiciera algo por protegerme y contribuyera con las burlas era quizás un motivo. Me quedo allí el tiempo suficiente hasta que logro calmarme. Al salir, encuentro a Axel en una actitud extraña con mi hermano. No dudo en que le esté provocando, por lo que no le dirijo la palabra y salimos del lugar.

La actitud de Axel ha cambiado y desconozco por qué; solo que mi hermano tuvo que ver. Le pido que me lleve a casa y me pregunta si no me quedaré hasta que presenten a quien va a administrar los hoteles.

—No veo por qué deba; estoy aquí por ti —le respondo sin mirarle.

—¿Estás segura?

—Llévame a casa, Axel; no sé qué te has fumado, pero no me gusta tu tono y reclamos —me suelto de su agarre y salgo a las afueras del hotel.

—Alana, Alana, mira a quién tengo aquí —Pilar corre hacia mí, y trae de la mano a un hombre que reconozco muy bien.

—¿Kai? —pregunto, sin poder creerlo, y lo veo sonreír.

Se detiene y abre los brazos; no lo pienso dos veces y corro hacia él al verle allí. Ni siquiera sé por qué está allí; solo que lo está y verlo después de tanto tiempo me hace reír. Me suelta luego de un largo abrazo y camina hacia Axel.

—Mis padres le dieron hospedaje a Alana cuando fue a estudiar a Tokio. Es un placer, señor —Axel mira la mano que Kai le extiende y, a regañadientes, la toma.

—Fue el que buscó al cirujano que la operó —habla rápidamente Pilar y mi mirada la hace detenerse.

—Su novio... —Kai sonríe, diciéndole que fue hace muchos años y cuando recién vivía con ellos. —No me digas, un noviazgo fugaz; nada importante que no llegó a significar nada.

Sus palabras me hacen enojar; él no puede compararme con mi hermano y su ahora esposa, ni siquiera tiene por qué sentir celos, cuando no somos nada y yo solo le estoy haciendo un favor el día de hoy. Por lo que decido darle una lección.

—De hecho, significó mucho —corrijo. —Kai hizo de mi estancia en su ciudad agradable; no lo hubiera logrado sin él — sin Colín y Amaury, pero eso no se lo dije.

Kai nota la tensión y se excusa, llevándose a Pilar con él; ni siquiera le he preguntado qué hace aquí o dónde está alojado. Avanzo hacia el auto, entro en él y espero que el troglodita de Axel entre y me lleve a casa. Se toma su tiempo, pero, una vez lo hace, acelera el auto, llevándome a la puerta de mi apartamento en minutos y en completo silencio. Una vez salgo (sin despedirme), acelera y decido ignorarlo; detesto los celos, más los que son infundados o cuando no tienen derecho.

Liam

En Tokio, mi hermana tuvo un único novio, Kai, que solo duró un año. Fue, junto con Amaury y Colín, las personas que le ayudaron en su estadía en la ciudad, con el idioma y las costumbres. Sus mejores amigos y con los únicos que compartiría desde los 16, cuando llegó a estudiar. Fue en casa de Kai que ella se instaló; sus padres eran amigos de los míos y la adoptaron como una hija.

La convivencia y el carácter alegre de ella hicieron que el chico se enamorara y, más adelante, ella correspondiera. Estaba seguro de que ese noviazgo fue una forma de gratitud con el chico y su familia; se negó a hacerle sufrir y, por ello, le aceptó. La prueba de ello es que, desde que regresó, no lo menciona o habla sobre ese noviazgo.

Él, junto con los otros dos jóvenes, fueron los que encontraron a ese cirujano que operaría a mi hermana de su pie y, luego, más adelante, la animaron a ir al gimnasio o practicar con ellos jiujitsu. En conclusión, ellos tres hicieron de Alana la mujer que es hoy día. El rompimiento de la relación, Kai asegura no saber; Alana simplemente dijo no poder seguir.

Jamás ha hablado de Kai; sé que a Pilar no se lo ha mencionado y, cuando le pregunta, le responde con evasivas. No era de extrañar; Alana no solía hablar sobre sus sentimientos o lo que le molestara; si lo hacía, era cuando ya todo había sucedido.

Con Axel rondando a Alana y las ganas de dañarme, la única manera que tenía de hacerlo era a través de mi hermana. Los tres hoteles necesitaban administración y Kai no tenía trabajo; a mí me urgía alguien que la alejara de Axel. Por lo que lo recomendé y sus antiguos trabajos hablaban por él; fue fácilmente escogido entre un grupo de veinte. Su currículo llegó hace solo dos días y fue el último en recibir la cadena de hoteles.

Quién mejor que el hombre causante de todo ese cambio que tiene hoy día, el que le enseñó a amarse tal cual era y aceptar que no fue su error. Fue Kai quien la amó antes de ese cambio físico y, creo, si conozco bien a mi hermana, ese gesto es muy importante para ella.

Le intentaba explicar en este instante que no llamarle era por las condiciones en las que trabajaba, que él debía saber, porque sus amigos tuvieron que contarle. De ninguna manera se debe al hombre que la acompaña en ese instante y con quien sonríe, bailando muy pegados.

—Ni siquiera ha notado mi presencia —dice, un tanto aburrido, y observando a todos a su alrededor. —Está feliz con él y, por lo que sé, la quiere; por lo menos, lo suficiente para protegerla.

—Ese hombre con el que baila... Mi mujer fue la suya...

Me mira y sus ojos negros brillan peligrosamente; mide cerca de 1,77 cm. Es elegante, distinguido y discreto, de ojos negros, y ese rostro que fácilmente puede confundirse como de mujer, pero si me mandan a buscarlo dentro de diez de sus compatriotas, muy seguramente no lo hallaría. Alza la copa hacia mí, antes de llevársela a los labios, y murmura con una sonrisa.

—Mientras él estaba secuestrado y antes, se acostó con ella —sigue por mí. —Está el pequeño inconveniente de que era su mejor amigo. Lo que lo dejaría a usted muy mal parado frente a mi padre o cualquiera de los míos. Conozco la historia, señor Parissi; Alana me la contó.

—Pensé que no hablaba contigo —le recuerdo y asiente.

—En privado, tenemos un grupo y saluda y habla a todos por igual; cuando llama a mamá, se asegura de que yo esté y hablamos en conjunto —la observa bailar y ve que dice algo que a Axel le causa risa porque está rojo producto de lo que sea que ella le dijo. —Es feliz y es lo que cuenta; soy lo suficientemente hombre para aceptar que otro puede tener lo que yo amo. Me basta con saber que es feliz y que el tipo la quiere —su pupila se dilata al tal punto que parecen dos turmalinas y sus quijadas se tensan. Observo a un hombre que realmente ama a mi hermana y eso es un punto a mi favor. —No me compare con usted; no estamos al mismo nivel. No le quitaré la mujer a nadie y solo me acercaré o la pretenderé de nuevo si veo que soy correspondido, algo que sé que no es así.

—¿Por qué estás aquí, entonces?

Mi buen humor ha cambiado y reconozco que el que tengo ante mí está lejos de ser alguien a quien pueda moldear o manipular. Estamos bastante retirados del grupo; no hay señales de Caitín desde hace algún tiempo, exactamente desde que vio entrar a Axel con Alana.

—Por ella, pero no por lo que cree —señala con el dedo índice que sostiene la copa a la pareja y me mira con rostro serio. —Hace unos días, alguien la drogó delante de ese hombre. ¿Sabe qué hizo? —pregunta y mi rostro se ensombrece porque sé lo que hizo.

La sacó del sitio, la llevó lejos de las murmuraciones, llamó a Zack y le puso una enfermera para tratarla. Mientras hacía esto, desplegó a su equipo de seguridad, que desde entonces está investigando lo que sucedió. Habló con mi padre y le aseguró querer solo una amistad con ella, pero era consciente de que Alana no le era indiferente. Tras contarle lo que su primo había hecho, lo sacó de la empresa y su padre rompió negocios con el hermano de su mujer, al enterarse de que se hizo pasar por él para que su hijo no fuera encarcelado.

—Eso es lo que me tiene aquí, señor Parissi, entre otras cosas; no se confunda —concluye, dando media vuelta y alejándose de mí.

Necesito que Alana se aleje de Axel o al revés; alejar al hombre de mi hermana es fácil. Solo crear una mínima duda y, dado el infierno que fue su matrimonio, está paranoico. Mi momento llega cuando lo veo acompañarla a los tocadores y quedarse a un costado esperándola. Es, ante todo, un caballero; muy seguramente, todo lo que pasó y mi padre le dijo hará que extreme los cuidados sobre ella. Tomo dos copas y me acerco a él, quien mira hacia el sitio en que mi hermana se ha perdido una y otra vez. Una vez su cabeza y vista están puestas en frente, me ve avanzar hacia él y el enojo es rápido.

—¿Disfrutas la velada? —me pregunta y no sé a qué se refiere, pero sonrío como respuesta.

—Vengo en un gesto de paz —le digo y le acerco la copa, misma que ve con curiosidad.

Sé que, desde que se divorció, está pegado a la bebida y que le está dando duro que Caitín lo dejara o que su padre lo mantuviera con el mínimo. Solo que ese día no se ha tomado la primera y veo las manos de Alana metidas allí. Es necesario que siga refugiándose en el alcohol y que deje de investigar lo que no debe.

—Kai debe estar seguro de Alana —empiezo a decir y sé que he captado su atención. —El novio de mi hermana —digo, señalando al tipo que charla con Pilar y que están malditamente cerca de ella. —¿No lo sabías?

—Alana no tiene novio —responde entre dientes y sonrío con pesar.

—¿No tiene o no le has preguntado? Porque, hasta donde he visto, la presentas como una amiga. ¿Imagino que fue ella la de la idea? —ante su silencio y su rostro tenso, decido seguir. —No deja que te acerques de más y pone barreras; elude ciertos temas privados. ¿No lo has notado? Le ayudé con este trabajo porque ella no se quiso quedar y él no pudo estar lejos de ella...

Tiene las manos cerradas y se está conteniendo para no golpearme. Su renuencia a acercarse a desconocidos es por lo vivido y, en teoría, Axel lo es. Hace muchos años que no lo ve y, por más que le guste y fantasee con él, su sentido común la mantendrá alerta. Un brillo diferente adquiere sus ojos y toma la copa que le he extendido todo este tiempo.

—¿Por qué, en vez de preocuparte por mi virtud, no cuidas a tu mujer y le dices que se aleje de nosotros? —señala detrás de mí, y giro para encontrar a Caitín observando a Alana. —Si fuera su novio, tu padre no me hubiera dejado salir con ella y menos en un lugar en que su "novio" estaría... Con permiso.

En ese instante, sale mi hermana, quien me observa sin decir nada, toma las manos que Axel le extiende y se pierden de nuevo en la multitud. Si he tenido o no suerte, no lo sabré, porque, al igual que mi hermana, él no suele exteriorizar sus demonios y, cuando lo hace, es porque ha estallado. Camino hacia Caitín y la tomo por el brazo, sacándola de la recepción. No dice nada; tan solo se limita a sonreír mientras salimos y, una vez fuera, la enfrento.

—¿Dónde cojones estabas? ¿Qué haces detrás de Axel y mi hermana? —sus ojos se humedecen y recurrirá a la vieja táctica de los celos.

Ya no soy un chico de 25 a quien solía manejar a su antojo; acepté casarme con ella por nuestro hijo y solo porque la prueba demostró que era mío. De ser negativa, le hubiera contado la verdad a Axel y enfrentado las consecuencias; casarme con Caitín jamás hubiera sido una opción de no existir ese bebé.

—Necesito que pares la demanda en contra de mamá —ruega y resoplo.

—Le debe a Caitín mucho dinero; su padre le está controlando todo —le recuerdo. —Es lógico que quiera su dinero de vuelta.

—Si es así, vendería la mansión y no la tiraría, como es lo que dice que hará... Me acaban de invitar a que vea cómo va a destruir mi casa.

Una parte de mí sonríe por él, porque, si alguien se merece ese momento, es él; si tan solo se alejara de Alana y dejara todo así. Yo podría descansar, pero él insiste en investigar.

—Será mejor irnos; el bebé debe estar llorando —habla, al ver que observo a Pilar y como baila en este instante con el tal Kai.

Lo traje para que me quitara a mi mujer... ¿Qué mierda estoy pagando?

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro