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Capítulo 29

Narrador

Estación de policía, San Juan de los Vientos

Al capitán Jules Duges no le gustaba el rumbo que había tomado la investigación. Comenzaba con el asesinato de Caitín Mancini, antigua Russo y, meses antes de morir, Parissi. La única declaración que, de momento, existía era la de Pilar Milani, hoy día prometida de Liam, el ex de Caitín. Una maraña de relaciones e infidelidades que lo tenían asqueado.

Jace Astori Carleti, el psiquiatra, insistía en que Zachary tenía serios problemas de salud mental. Era imposible que fuera a juicio y, de ir, recomendaría que fuera internado en un hospital de salud mental. Justamente ese día, daría su conclusión a un juez, pues en unos días iniciaba el juicio, que se había aplazado una y otra vez.

Lo bueno y rescatable era precisamente esa declaración de Pilar, quien asegura, sin contradicciones de ninguna clase, que llegó a casa de Zachary Bern's a las acostumbradas clases, pues estaba atrasada en algunos temas, producto, según ella, de haber terminado con Liam. El doctor le envía un mensaje diciendo que no está en casa, pero que ella sabe dónde guarda las llaves, dentro de las flores que tiene colgadas en la ventana que da a la cocina de la mansión.

Se quedó sin carga en el móvil, y eso la hizo subir en búsqueda de algo para solucionar el percance. Aseguró que no era la primera vez que estaba sola en esa casa. Erró en el cuarto y entró a uno de visitas; lo que descubrió coincidió con las ruinas que los oficiales vieron el día del hallazgo del cadáver de Caitín.

Solo que ni ella, ni Axel, ni el mismo Liam Parissi, quienes habían ido innumerables veces a esa casa, negaban haber visto esa habitación de esa manera. Era uno de los cuartos de huéspedes, donde Axel Russo solía quedarse luego de su divorcio con Caitín. Alana Russo también aseguraba lo mismo; ella se quedó en esa casa sola, con el que ahora era su esposo, y estuvo en todas las habitaciones... En ninguna de ellas vio algo parecido, salvo la mesa de noche con llave; todo era accesible, aseguró.

Pilar describió una habitación con un enorme espejo en el techo, una cama encadenada a la pared, una mesa negra y varios objetos sexuales perturbadores. Cuatro paredes llenas de fotografías de los amigos de Bern's, en situaciones diversas, tanto familiares como privadas. Entre las fotos estaban aquellas del abuso del que fue víctima la hoy esposa de Russo; allí fue encontrada por el dueño de la mansión. Zachary no tuvo problemas en confesar su autoría en ese acto, así como en el secuestro de su mejor amigo.

Después de confesarle todo, le dijo que tenía que morir; en ese punto, no le convenía dejarla libre, por lo que la llevó al sótano, alegando que solo esperaba que durara un poco más que Rebeca Wood, dando a entender que mató a esa mujer en ese lugar. Se salvó únicamente por la llegada de su novio; aseguró haber escuchado la conversación. La llegó a narrar, y esta coincidió con la que Liam contó. Gritó hasta que se quedó sin voz; los vecinos escucharon los ruidos, llamaron a la policía, y estos llegaron, pero no encontraron nada raro. Exhausta, se quedó dormida, hasta que unas voces la hicieron despertar; reconoció a Caitín Mancini y a Leonardo Conti, es decir, la ex y el tío de Axel Russo.

Leonardo Conti los acusaba, a ella y a Zack, de estar obligando a su hijo a colaborar, por lo que había pasado hace más de diez años con la hija del general. Fue obligado a llevar a la chica a ese partido de fútbol, a trucar la botella de agua, y luego tenía que llevarla a un lugar donde Zack la esperaba. Nadie previó dos cosas: la primera, que la chica ya tenía un protector dentro del grupo de hombres, un latino de apellido Santana, estuvo pendiente de ella todo el partido; y la segunda, la llegada del jefe a ese lugar (algo que rara vez hacía). Observa el letrero y empieza a sacar sus conclusiones.

Ese cuarto no estaba allí; fue trasladado de otro lugar.

Rebeca Wood no fue asesinada en esa casa, porque los vecinos habían escuchado algo.

Jamás hubo movimientos extraños, salvo esa noche en que murió Caitín.

Los vecinos vieron entrar a una mujer, cuya descripción coincide con Caitín, y horas más tarde a dos hombres y una mujer. Pilar Milani asegura solo reconocer la voz de Leonardo, pues los otros dos no los reconoció. Perdió el conocimiento; desconoce si fue porque la drogaron o por el pánico de escuchar el disparo.

Por último, tiene recuerdos vagos de ir en el baúl de un auto, perdiendo y recobrando la consciencia. Despertó del todo cuando unos turistas la vieron en esa playa, le dieron agua porque tenía los labios cuarteados y estaba desorientada.

Sale a los pasillos de la estación y busca por todo el lugar a Elián Gaus. Una vez lo encuentra, charlando ameno con un grupo de compañeros, le llama.

—Gaus, necesito el detalle de las propiedades de Zachary Bern's —ordena.

El sargento asiente, avanza hacia su escritorio, de donde saca un folder, y camina hacia su jefe, quien va hacia la salida de la estación.

—Acompáñame; visitaremos la casa principal inicialmente —tira las llaves hacia el sargento, y este las atrapa en el aire, mientras lee los detalles de los bienes del hombre.

—¿Qué buscamos? —pregunta el sargento una vez que está detrás del volante.

—Según la chica, Bern's le dijo que mató a Rebeca Wood, y sus vecinos escucharon los ruidos dentro de la casa el día de la muerte de Caitín —el sargento asiente, y el capitán continúa. —Antes de eso, el doctor era un vecino modelo.

—Lo que no quiere decir que no cometiera actos raros allí... Recuerde que los que estaban ese día no eran visitas usuales —interrumpe el sargento.

—El cuarto tampoco estaba; nadie vio o escuchó un trasteo —insiste el capitán. —De haber un cuarto oculto, no tendría razón para sacar sus secretos, no cuando sabía que la chica iría... A no ser que su escondite fuera descubierto.

—Entiendo —dice, maniobrando el auto por la autopista. —Tiene un yate en el puerto, junto al de los Russo, una casa cerca del este y otra por el astillero —empieza a nombrar. —Una cabaña, por la zona pesquera.

—¿Cuál tiene menos vecinos?

—La del astillero —responde rápidamente. —Las otras están en medio de urbanizaciones o construcciones.

—Vamos allá, entonces.

Son exactamente seis horas y diez minutos de viaje, un lugar alejado de la ciudad, con muelle propio y otro yate, anclado, bastante viejo. La casa es de madera, de un solo piso, y con jardines de margaritas. Es, sin dudas, el lugar perfecto para el crimen; la casa viene con más de 20 hectáreas de terrenos vírgenes, lo que le da al dueño del lugar cierta privacidad en tierra, pero no en el mar.

Detienen el auto a unos diez metros de la casa, y ambos se bajan. La presencia de botes pesqueros cerca de la casa le anula la teoría de que aquí tenía a sus víctimas. El capitán deja al sargento al teléfono y rodea la casa antes de entrar; descubre que no es tan anticuada, tiene todos los servicios. Busca por teléfono y marca a uno de los hombres del alcalde, esperando que le conteste.

—Capitán —saluda la voz del otro lado, y Jules se mira los cables de internet, teléfono y energía. —¿En qué puedo ayudarle?

—En la zona este, cerca del antiguo muelle, ¿hay alguna construcción pendiente? ¿Proyecto de vivienda o urbanización? —pregunta, avanzando hacia la parte posterior de la construcción.

—El proyecto de vivienda de los ex empleados del puerto —responde, luego de una pausa. —Alexandre Bern's Jr. cedió un 40% de sus terrenos a la alcaldía local, a cambio de que lleváramos hasta allá los servicios con que contaría cada casa.

—¿Cuándo fue eso? —insiste.

—Hace más de un año; no tengo clara la fecha —responde. —Su hermano no estaba en la ciudad; su mamá estuvo enferma, algo por el estilo, y él estaba cerca de la isla. ¿Por qué? ¿Tiene que ver con su encarcelamiento?

—Estoy pensando que sí —le responde, escueto. —¿Qué detalles importantes hay de ese acuerdo?

—¿Importantes o sospechosos? —pregunta entre risas, y a Jules no le parece nada gracioso. —Solo la guerra entre ambos hermanos cuando se enteró de que había regalado esas tierras; el problema es que Alexandre Bern's Lepore es el heredero universal de Fiama Lepore Caccini, su madre, y ese terreno forma parte de su herencia.

Alexandre, padre e hijo, no se llevaban bien; uno no quería saber del otro. Parece que el hijo mayor del matrimonio, y los otros tres, no gustaban de la manera de hacerse rico de su padre. Tanto fue la guerra que, hace quince años, el matrimonio se disolvió, y la esposa no quiso el dinero, bienes y demás servicios que le fueron impuestos al disolverse.

—Sin embargo, se llevaban bien con su medio hermano, y él tenía a cargo los bienes que sus hermanos tenían en la isla, hasta que Alexandre decidió ceder esos terrenos —Jules decidió entrar a la casa antes de colgar. —El problema es que esas tierras, él aseguraba, le fueron entregadas a su madre, Gane Carleti Astori. Aún hoy están en pleitos legales por ellas y otras en Italia.

Lo que no entendía era que, si estaban en pleitos legales por herencia, por qué su hermano pagaba sus abogados y hasta el tratamiento psiquiátrico. Además, insistía en querer a su hermano cerca en Italia, y le transmitió la inquietud al hombre.

—De lo único que estoy seguro es que Alexandre se ha alejado de su padre. Según dijo, la similitud de los nombres hace que, constantemente, la gente los confunda —solo los distinguía el segundo apellido, y esta rara vez se empleaba.

Era lógico pensar que, al decir Alexandre Bern's, se refirieran a su hermano, quien, en última instancia, era el que llevaba el control de los negocios. Todo el dinero que los Bern's tenían era el heredado de los Lepore. Cuelga la llamada y busca el interruptor; lo que ve a su alrededor lo hace dar dos pasos hacia atrás y llamar a su compañero.

—¿Qué sucede...? —su compañero tiene el arma en la mano, dispuesto a enfrentar a quien sea que tuviera en peligro a su jefe.

Se encuentra con una sala llena de computadoras polvorientas y varias fotografías de los amigos de Zack. Elián encuentra el cable que conecta los aparatos y, seguidamente, enciende uno al azar; descubre que son las cámaras de la mansión que antes ocupaba Axel y Caitín, ahora propiedad de Charlotte y Christian Seller, esposos amigos de Axel.

Los otros dos computadores son de la casa de Zachary y el otro solo del lugar. Hay varios documentos en desorden, otros en el suelo, que se encuentran viendo con cuidado. Uno de ellos llama su atención; es una tarjeta de Navidad enviada por quien parece ser la madre de Zack, en donde le dice que uno de sus tíos vivirá en la isla y que ya no estará solo.

—Tenemos que regresar —le dice a su compañero, quien lo mira, confundido. —Llama para que revisen este lugar; que no quede ni un centímetro sin ver.

(...)

Jules entra decidido hacia el lugar, lleva en sus manos un sobre pequeño. Lo acompaña un hombre joven, de unos 30 años aproximadamente, cabello rubio y ojos azules. La gran mayoría del personal lo ve con curiosidad, más cuando cruzan todo el lugar.

No se anuncian, no pasan el registro de seguridad y menos se detienen a preguntar dónde está el sospechoso. Jules sabe que, a esa hora, tiene la cita con el psiquiatra; las enfermeras lo ven cruzar los pasillos con el andar acostumbrado, lento, con una leve falla en su pierna izquierda, producto de un enfrentamiento con unos traficantes. La bala recibida valió la pena; todos fueron encarcelados ese día. Llega hasta el cuarto correspondiente y le pide al oficial que está en la puerta:

—¡Abre! —ordena, en un timbre de voz al que está acostumbrado.

El oficial busca el juego de llaves y abre la puerta, se hace a un lado y le indica a su jefe entrar. Su acompañante niega y se hace aún más a un lado, esperando la orden del capitán para entrar. Como lo imaginaba, el psiquiatra está atendiendo al paciente; en ese instante, le da un medicamento.

—¡Más le vale que no lo hagas! —ordena, con una mano en su arma, y el hombre gira rápidamente.

—Pedí privacidad; el paciente se estresa cuando los ve...

—Me cago mil veces en el estrés de este criminal —interrumpe, con voz firme, y saca el arma. —Aléjese de su sobrino, doctor.

Ante la mención del vínculo familiar, el psiquiatra no tiene más opción que hacerse a un lado, y el paciente, quien parece aletargado y ajeno a todo, mira las paredes del lugar sin notar lo que ocurre a su alrededor.

—Deje ese medicamento; espero que haya dejado escrito todo el tratamiento que le ha proporcionado —señala la cápsula pequeña que tiene en sus manos, y el hombre lo hace. —En adelante, el señor Bern's será tratado por un especialista que enviarán de la capital —ordena a sus hombres, quienes asienten. —Será llevado a una clínica para revisión y verificar su estado de salud. Después de lo cual, será enviado a una prisión estatal de máxima seguridad.

Una chispa ocurre en los ojos del supuesto enfermo, que hace al capitán sonreír. El malnacido estuvo a punto de salirse con la suya, pero aún no había acabado con él. Un agente saca al psiquiatra, mientras que otros dos llegan a llevarse al hombre para revisarlo antes de llevarlo a prisión.

—Hay alguien que desea ver al señor Zachary —sigue diciendo, al ver que sus hombres lo toman para llevarlo al hospital.

La puerta se abre, y de ella entra el rubio que venía acompañando al capitán. Sonríe mientras se mete una mano en su bolsillo y observa al hombre que, atado con camisa de fuerza, lo mira con horror. Todos los oficiales salen del lugar y dejan solos a ambos hombres, que, en ese punto, y dado el parecido, saben que son parientes.

—Tiempo sin saber de ti —habla, con una sonrisa, y el rostro de Zack palidece. —Espero que no me hayas olvidado; no lo creo... Has estado usando mi nombre para actos no muy legales.

Zachary guarda silencio, mientras el recién llegado sigue con una sonrisa en su cara. Mira en todas las direcciones y observa con atención el lugar; no hay muchas preocupaciones en sus cejas rubias, solo fastidio.

—Soy Young, ¿ya lo olvidaste? Tenías las fotos mías y de mi hija en esa casa como una de las posibles víctimas —continúa diciendo, y Zack niega. —¿Matarías a mi familia, Zack? —la risa que sigue es fuerte, y niega, sin poder creer que llegara tan lejos. —No invocas a Satanás si no estás dispuesto a vender tu alma, Zachary. Vengo a que tú y tu padre me aclaren un par de cosas. No soy el débil de mi hermano; no me haré a un lado, no eres mi hermano, y ese malnacido no es mi padre —golpea con fuerza su pecho y continúa. —Young Bern's Lepore quiere respuestas, y las quiere ahora.

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