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Capítulo 44

Emma despertó sola en el apartamento. Miró hacia un lado de la cama y no había rastro de Jasón; no era normal que saliera sin despedirse. Se levantó desnuda, con el dolor en su cuerpo recordándole la noche anterior. Sonrió ante las imágenes de su amado haciéndole el amor; Jasón la sorprendía más cada día. Cubrió su cuerpo con una camiseta que encontró y salió a la sala. En otras ocasiones, él le dejaba notas indicándole dónde estaría, así que las buscó, pero no encontró ninguna. Extrañada, fue a la cocina a preparar algo ligero antes de arreglarse y partir. Lo que halló le alegró el corazón: su desayuno servido y cuidadosamente cubierto, con una rosa solitaria y una nota sencilla pero única:}

"Te amo, princesa. Lamento no esperar a que despertaras. Tengo algo urgente que hacer antes de partir mañana. J. F."

Tras terminar su desayuno, tomó la rosa y la nota, y decidió que era hora de ir a trabajar. Sentía a su alrededor una paz que nunca creyó posible. Media hora después, estaba en la puerta del edificio, entrando al auto donde la esperaba su amigo.

—Buenos días, querido. ¿Listo para tu último día antes de las vacaciones?

—Buenos días, preciosa. Aún tengo cosas que dejar terminadas. Por ejemplo, ¿quién te cuidará? —dijo mientras le abría la puerta del auto.

—No te preocupes, falta para eso. Estaré tres meses fuera; ya encontraremos a alguien de confianza.

—No sé. Aún no estoy seguro de lo que Frederick quiere. ¿Manejar a tiempo completo la empresa...?

—¿Quieres vivir toda tu vida como escolta? Es insólito, Vincent.

Ella observó al hombre que tenía frente a sí, consciente de que llevaba a cuestas el trabajo de tres personas: cuidarla a ella, dirigir la seguridad de la empresa y gestionar el equipo de los Frederick. No dudaba ni por un instante que estaría a la altura; era el momento de que diera el salto y manejara su propia empresa. Después de todo lo que él había hecho por ella, era lo mínimo que merecía. Además, no lo abandonaría: tanto ella como Jasón estarían ahí para apoyarlo. Con ellos a su lado, no habría incertidumbre que no pudiera superar. Todo terminaría encajando.

—Pensaba hacer otra cosa, pero era más trabajo de campo, en la hacienda con mis padres.

—No hay nada escrito, Vincent. Quién sabe, tal vez encuentres a alguien que te ayude a avanzar y crecer, o que las cosas con Rachel se solucionen. —Vio su cuerpo tensarse.

—Terminé con ella. Fue la mejor decisión que pude tomar. Solo me centraré en mi hijo y en la empresa —respondió.

El silencio que siguió le hizo entender que no quería hablar al respecto. Guardó silencio; más tarde, averiguaría con Rachel. Si le había hecho daño a Vincent, se lo haría pagar.

—¿Qué tienes para hoy? —Lo miró, sin entender a qué se refería—. Hoy es la despedida de soltero de Jasón. ¿No te han planeado nada a ti? —Su rostro reflejaba confusión.

No tenía idea de que hoy era la despedida de Jasón, y ella no tenía muchas amigas, solo María, quien estaba ocupada últimamente con su madre y hermano.

—No creo que haga nada. Sabes que no soy de salir, y mis amistades son escasas.

—Hay un partido de rugby hoy. Podemos ir si quieres —sonrió ante la idea de pasar su despedida con Vincent.

—Lo pensaré. Me imagino que a Jasón no le agradará que mi despedida sea contigo.

—No estarás en mejores manos. De todas maneras, tengo la noche libre; Mark está con su madre.

—¿Cómo lo llevas con eso?

—El abogado afirma que es difícil que ella gane, pero he investigado: está casada, y su marido no anda dentro de la ley. Se valdrá de todo para ganar; debo ser muy cuidadoso.

—Estaremos contigo, Vincent; no te dejaremos solo en eso. ¿Seguro que tienes un buen abogado?

—Con eso no hay problemas. Stefany Evans es una de las mejores, si no la mejor.

No dijo más. Si era ella, tenía razón: estaba con uno de los mejores defensores del país, y sintió alivio por eso.

*****

Demasiadas cosas por hacer en tan poco tiempo. Pensó que, al paso que iba, le resultaría imposible el viaje. La voz de su asistente la sacó de sus pensamientos.

—Señorita, el señor Alexis Ivannok quiere hablar con usted.

Alexis... No recordaba a nadie con ese nombre, aunque el apellido le era familiar.

—¿Tenía cita, Sofía?

—Sí, señorita.

—Entonces, hazlo pasar.

La puerta se abrió dando espacio a un hombre alto, delgado que la observaba con una mueca divertida. Su rostro le parecía familiar, pero no lograba ubicarlo donde. Media un poco más de un metro ochenta, de complexión delgada pero atlética. El recién llegado se quedó en mitad de la oficina, con una mano dentro del bolsillo de su pantalón y observándola fijamente.

Su rostro le era familiar. Debía medir 1.80, tal vez un poco más, delgado pero atlético. Miró al recién llegado, que se quedó en la puerta con una mano en el bolsillo, observándola fijamente.

—Perdón, ¿nos conocemos? —rompió el silencio, ante la falta de palabras de Alexis.

—He de decir que me siento satisfecho. —empezó a decir — Me dije que, si lograba ocultar mi verdadera identidad a Emma Bradford, entonces mi vida estaría a salvo.

Cerró los ojos, recordando esa voz, ese acento ruso en particular. Los abrió rápidamente.

—¡Ivanna Ivannok! —recordó de repente —¿Qué haces vestida así? Por favor, acércate. —pidió —¿Tomas algo?

—Gracias, ricura, pero por el momento, no. Y lo de vestirme así es una larga historia —la miró a los ojos.

Llevaba el cabello, normalmente rubio, corto. Su estatura y porte la hacían mimetizarse fácilmente. Emma se dispuso a escuchar la historia de su antigua compañera de trabajo y, entre más escuchaba, más sorprendida estaba.

—En síntesis, te amenazó para que te casaras con él, solo de papel. Viviste un infierno cuatro años, y luego fuiste tú quien lo amenazó para que te diera el divorcio —hizo una pausa, mirando a su amiga—. Es increíble lo que me cuentas, querida. Pero es difícil contratarte como hombre. Quiero ayudarte, pero debes presentar los documentos, y sabes que tendrás que decir la verdad. —La vio sacar una billetera de su saco y pasárselos.

—Técnicamente, no estoy mintiendo. Mi nombre es Ivanna Alexis Ivannok. Mi madre esperaba un hijo varón —su rostro se tornó sombrío—. Si tuviera otra opción, créeme, jamás te pediría algo así. Pero eres la única en quien puedo confiar. Antwan se encargó de cerrarme todas las puertas.

Miró a la mujer; era una tragedia por lo que estaba pasando. Pero ¿por qué casarse con Antwan?

—Ivanna, ¿por qué te casaste con un hombre como Antwan? —le recriminó—. Eres hermosa, podías escoger al hombre que quisieras. Pasaste de ser la jefa del cuerpo de seguridad de Antwan a ser su esposa, y ahora a esto. Lamento ser sincera, pero esto que estás haciendo es extremista. Le darás un giro drástico a tu vida. ¿No piensas en casarte, tener hijos? Espero que esto sea momentáneo.

—Conoces mi historia; provengo de una mala semilla. —le recordó con aspereza — Mírame: por más que mi madre se esforzó en hacer de mí una mujer de bien, mira en lo que terminé. Ningún hombre querrá tener en su vida a alguien como yo —notó el tono desesperado de la mujer.

Para el mundo, aquel matrimonio no era más que un intercambio práctico: ella ganaba la residencia, y él, una esposa que acallaría los rumores. Pero en el fondo, supo desde el principio que aceptar su propuesta había sido un error. El problema era que ya no podía retroceder; Moscú había dejado de ser un refugio hacía mucho tiempo, y él lo sabía mejor que nadie. Sin embargo, contra todo pronóstico, encontró la manera de liberarse... justo a tiempo.

Suspiró, mirando fijamente a su amiga. Decidió ayudarla, pero necesitaba que el jefe de Recursos Humanos colaborara.

—Déjame hacer una llamada. Si él acepta ayudarte, tendrá que saber la verdad; me refiero a mi jefe de Recursos Humanos. —Tomó su móvil y marcó el teléfono personal de su amigo—. Richard, buenos días. Necesito un favor muy especial.

—Buenos días, señorita. Un placer servirle —le respondió.

—Tengo a una amiga que necesito contratar como escolta. —empezó a decir con la mirada de la chica puesta en ella —Es de las mejores, pero necesito que su identidad quede en secreto; solo quedará entre los tres quién es en realidad.

Le explicó a Richard, sin mayores detalles, el caso de Ivanna, recalcando que no estaba en líos judiciales y que podía verificarlo si quería. Al colgar, había conseguido el secreto absoluto por parte de Richard y sonrió satisfecha a Ivanna.

—Todo listo. Llamaré a Sofía para que te acompañe a Recursos Humanos, pero te advierto: con esa pinta que te inventaste, tendrás problemas en esta empresa. Serás carne fresca para las mujeres, y a menos que quieras intimar con alguna, será mejor que te inventes una novia.

Llamó a Sofía, quien llegó muy rápido y algo sonrojada. Si era sincera, Alexis era muy atractivo como hombre y tendría problemas con el personal femenino.

—Dígame, señorita —Sofía parecía nerviosa ante la presencia del supuesto ruso, y Alexis se divertía con su incomodidad.

—Dime, Sofía, ¿tienes novio? —Entornó los ojos, viendo a la rusa. ¿Qué se traía entre manos? —. Verás, Ángel, mi nuevo jefe me recomendó tener novia si quería sobrevivir en esta selva rodeada de mujeres deseosas de hombres. Dado que no conozco a nadie en la ciudad y que eres una mujer hermosa, me gustaría saber si tal vez quisieras salir algún día conmigo. Por cierto, mi nombre es Alexis Ivannok.

—Soy Sofía. —No soportó la incomodidad de su amiga y decidió intervenir.

—Maldita sea, Alexis, cuando te dije que buscaras una novia, me refería a alguien que supiera tu condición, no que coquetearas con mi asistente. —le reprochó Emma —Sofía, te presento a Ivanna Alexis Ivannok, miembro del cuerpo de seguridad y quien reemplazará a Vincent.

Le explicó su situación de forma fugaz, no era necesario entrar en detalles, le permitiría a Ivanna decidir abrirse con Sofia o no. Sofia era de confianza, si existía alguien confiable era ella dentro de la empresa, aunque lo que pediría no era ético y podría acarrearle problemas a Sofia con su padre.

— Necesitamos correr el rumor de que están saliendo, sin dar mayores explicaciones. —le comentó —Alexis no conoce a nadie.

La incomodidad de Sofía creció; sus mejillas se tiñeron de un color carmesí mientras veía de reojo a Alexis de arriba abajo con bastante interés.

—¿Cómo ocultaste tus...? —dijo, señalando sus pechos.

—¿De todas las preguntas que pudiste hacerme, se te ocurre esa? —respondió Alexis, poniendo los ojos en blanco—. Eres muy inocente; creo que necesitas algo más de mundo, y nadie mejor que yo para guiarte por el buen camino o te comerán viva.

—Como veo que se están llevando de maravilla, Sofía, acompaña a Alexis a Recursos Humanos. Ahora, salgan, que tengo que trabajar.

—¿Señorita, y su despedida de soltera? —quiso saber Sofía—. Podemos hacer algo sencillo si quiere. —Miró a las dos, y una idea surgió en su mente.

—Arruinar la despedida de mi futuro esposo, ¿te parece bien?

—Dijiste la palabra mágica para mí: "arruinar". Lo que sea que haya que hacer, yo ayudo. De paso, me pongo un vestido; ya me estoy olvidando de cómo se siente —dijo Alexis con su acento extraño y una voz más ronca de lo habitual, lo que hizo reír a Emma. Con un ademán, les indicó que avanzaran.

—OK, nos vemos en casa de Sofía. Llamaré a Sara a ver si quiere unirse a nuestro plan.

****

Corría la tarde cuando recordó lo que tenía que hacer. Decidió que era hora de ir a casa de Sofía. Bajó del edificio y se encontró con Alexis y Sofía hablando animadamente en la acera, ante las miradas extrañadas de los empleados que salían a esa hora.

Alexis sabía llenar el traje; su altura y elegancia la hacían pasar desapercibida. Miró a Vincent, que observaba en dirección a Alexis, y recordó que aún no le había dicho nada. Se acercó a él y llamó a Alexis para hacer las presentaciones pertinentes. Vincent no parecía agradarle el ruso, y Emma sonrió. Lamentaba tener que mentirle, pero entre menos supieran la verdad, mejor. Como dijo Benjamín Franklin: "Tres pueden guardar un secreto, solo si dos están muertos". Ella ya había superado el número de personas que sabían ese secreto, así que no correría más riesgos.

Alexis se acercó a ella a pasos rápidos, Emma pasó de la calma al caos y la incertidumbre. El ruido de las llantas de un auto acelerando, alguien lanzando algo en dirección a su amigo, y las manos de Alexis sujetándola con fuerza, llevándola detrás de ella mientras le gritaba a Vincent: "¡AL SUELO!". Todo parecía en cámara lenta. La rusa disparó, y el auto aceleró. Así como el caos había comenzado, terminó. Miró confusa en todas direcciones.

—¡Qué mierda te pasa! —reclamó Vincent.

—De nada —fue la seca respuesta de Alexis.

—¿De qué estás hablando? —recriminó Vincent — Bien pudo ser para ti; eres el nuevo. No vuelvas a hacer eso.

—Perdón, no acostumbro a dialogar con personas que tienen una maldita arma. ¿Qué se supone que haga? ¿Le doy palmaditas en el trasero?

—No sé cómo mierda hacían dónde vienes, pero aquí es diferente —escupió Vincent.

—Tengo solo una manera de reaccionar ante un ataque: primero disparo, después pregunto. —se defendió Alexis —El que tú seas una gallina no es mi problema. —Vincent avanzó amenazante hacia Alexis.

—¡Basta! —dijo, metiéndose entre los dos—. ¿Quieren calmarse? Vincent, él es Alexis, quien te reemplazará en vacaciones. Es un viejo amigo.

— ¿Qué? —gritó Vincent, enojado—. No pienso trabajar con él...

—No trabajaré contigo. Seré tu reemplazo. ¿Es que eres sordo?

Alexis caminó hacia Vincent, que se puso en guardia y llevó sus manos al costado donde tenía su arma. Pero, contrario a lo esperado, solo recogió lo que parecía una piedra con una nota, la abrió y se la entregó a Vincent.

—Me debes una disculpa y un favor. Te lo cobraré más adelante —dijo Alexis, poniendo los ojos en blanco. Esto sería un caos.

—¿Qué dice la nota?

—Nada importante, es para mí. ¿Nos vamos? —Notó el cambio de conversación y lo miró a los ojos, buscando algo, pero su rostro estaba sombrío.

—¿Podrías llevarnos a casa de Sofía? Después, te puedes retirar; no nos moveremos de ahí, y Alexis nos cuidará.

—No estoy seguro...

—Ya le comuniqué a Jasón. Si quieres, después de que me dejes, llámalo. Él te dirá que no hay problema; de hecho, conoce a Alexis muy bien.

—¿Por qué su currículum no pasó por mis manos, como siempre se hace?

—No es necesario. Conozco a Alexis; no tienes de qué temer. —La respuesta no pareció convencerlo, pero, como siempre, supo guardar silencio.

Sofía y Emma estaban en la parte trasera del auto mientras Vincent conducía y Alexis iba a su lado. De vez en cuando, veía a su amigo mirar de reojo al nuevo guardaespaldas, y Sofía y ella solo sonreían cómplices.

—Esto va a ser muy interesante —le murmuró a su asistente, que solo sonrió, asintiendo.

****

IVANNA

Tres horas después, Ivanna entraba con un vestido negro corto, zapatillas rojas y una peluca larga. Caminaba decidida hacia el club, buscando el lugar donde estaban los hombres. Vio a unas mujeres bailar en el tubo y a un grupo de cuatro hombres algo alegres. Entrecerró los ojos y distinguió al amargado amigo de Emma. El mundo era un pañuelo; encontrar al hombre que había visto haciendo ejercicio en la empresa. Divisó a Jasón, algo apartado del grupo.

Pidió un whisky y lo tomaba mientras observaba fijamente al prometido de su jefa. Sabía que solo era cuestión de mirarlo. Entre tantos hombres, alguien lo notaría, y bastaría con que Frederick la viera.

¿En qué carajos pensaba cuando decidí colaborar en esto?, pensó. Miró a la entrada: tres chicas con pelucas de diferentes colores entraban y se ubicaban en un sitio oscuro. Asintió a la más alta, de cabello negro, indicándole que lo había visto. Entre el grupo de hombres destacaban unos gemelos; imaginó que eran los famosos hermanos de Emma o Fiorella, aún estaba confundida con todo eso.

Uno de pelo largo le hizo señas al otro, quien golpeó con el codo a su cuñado. Este levantó la vista de su bebida y siguió la mirada de todos, que a esas alturas sabían del interés de ella por el rubio. Al encontrar sus miradas, lo vio sonreír; supo que la había reconocido. Siguió sosteniendo su mirada, ignorando el hormigueo en su estómago al notar cómo la observaba el rubio de cabello largo. Vio a Jasón avanzar hacia ella y sentarse en la barra a su lado.

—Llegas tarde —dijo, pidiendo dos nuevas bebidas y entregándole una.

—No nos poníamos de acuerdo en la ropa que debía usar. Sara no quería que distrajera a su esposo.

—Típico —respondió él con una sonrisa, hablándole al oído—. ¿Cuándo nos vamos?

—Esperemos unas bebidas más; no quiero parecer fácil.

—¿Bailas? —le dijo Jasón, y ella sonrió, divertida.

—Sabes que necesito mi empleo. No quiero ser despedida antes de tiempo.

—Conozco a mi mujer, y si dejó esta labor en tus manos es porque confía en ti. Por cierto, creo que Vincent debería saber.

—Aún no sé si es de fiar. Cuando me demuestre que es de confianza, se lo diré. Hasta ahora, los que saben mi historia lo hacen por necesidad. Mejor bailamos; así parecerá más real —dijo.

Al mirar hacia los hombres, parecían haberse olvidado del novio, salvo uno de ojos celestes que seguía observando atentamente a Jasón. Imaginaba que era para custodiar a su amigo. De todas maneras, era el heredero de uno de los hombres más ricos del país. El hormigueo en su estómago persistía.

—Damas y caballeros, parece que hoy es un día especial. —anunció una voz desde la pista — Contamos con dos despedidas de solteros, y como nos conocen por atender a nuestro público como es debido, hemos hecho una excepción. ¡Disfruten, damas presentes! —finalizó el animador mientras una luz seguía el recorrido de la mesa donde estaban las tres.

Una mujer trigueña se acercaba al grupo, sonriente, mientras cuatro hombres fornidos, vestidos con disfraces (un policía, un médico, un bombero y un motociclista), se aproximaban a las mujeres.

—Creo que tu plan se acaba de ir al carajo, Frederick —dijo Ivanna al ver cómo los gemelos del grupo de hombres miraban enojados a los bailarines.

Fiorella miraba hacia su prometido. Sintió que Jasón la soltaba y avanzaba hacia el grupo, al tiempo que los gemelos hacían lo mismo desde el otro lado.

—Fue un placer ayudarte, Jasón. Después de todo, volverás a casa con tu mujer —le dijo, divertida.

—Gracias, Ivanna. Mi chófer está afuera; te llevará donde desees. No quiero que estés sola, menos vestida así.

Caminó rápido hacia la calle, consciente de que Vincent estaba detrás. Si la veía de cerca, sabría la verdad, y no quería eso.

*****

EMMA

—Quita tus manos de mi mujer —dijo Pierre de mal humor. —Todos, largo.

—No irán a ningún lado. Es la despedida de Fiorella, ¿no es obvio? —dijo María.

—¿No se suponía que no harían nada? ¿Y por qué tiene que ser en este lugar? —Esta vez habló Alex, mirando a Sofía, no a su esposa, lo que confundió a Emma.

—Si ese es el problema, nos iremos a otro lado, con los chicos, claro está —habló Emma por primera vez—. Ustedes se divierten, y nosotras también; es lo justo —finalizó levantándose de la silla.

—Tú no irás a ningún lado, y menos con esos hombres. Si tienes que hacer tu despedida, será aquí y vigilada por nosotros —advirtió Jasón.

—Bien, entonces así será. Marcamos una línea imaginaria: ustedes se van a su puesto, y nosotras al nuestro, sin violar los espacios —aceptó María—. Ahora, largo.

—¿Y Ivanna? —preguntó Emma, al no verla por ningún lado.

—Se fue; iba algo apurada. ¿De dónde la conoces? —preguntó Vincent, que recién se unía a ellos.

—¿Qué haces tú persiguiendo a Ivanna?

—Todo fue un truco. La chica de piernas largas, cuerpo y rostro hermosos, es amiga de ustedes. Nosotros también queremos saber, ¿quién es? —El rostro de Pierre, aunque simulaba estar calmado, sus ojos contaban otra historia.

—Después. Ahora, largo. Ustedes se divierten, y nosotras también —expresó Sara.

Los cuatro hombres caminaron a sus puestos, fingiendo que no les importaban los gritos de júbilo que de vez en cuando oían de la mesa de sus mujeres. El celular de Emma vibró, y vio el mensaje:

"En media hora estarán todos borrachos, ¿nos escapamos? PD: Te amo." Sonrió y se dispuso a responder: "Media hora estará bien para mí. Yo te amo más."

Guardó su móvil y fingió que los hombres que tenía enfrente le gustaban, pero solo tenía una imagen en mente: la del rubio que, desde el otro lado del club, no hacía más que vigilar que nadie tocara a su mujer.

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