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Capítulo 41

—Creo que esta prenda no va aquí —dijo Jasón, levantando la braga que estaba sobre la cama, junto con su vestido.

¡Sí! Había perdido la apuesta. Era su tercer día en casa y no lo soportó más. El encierro no era para ella. Lo vio meterla en su saco y alzó una ceja.

—¡No te llevarás eso a la oficina, Jasón Frederick! —Se acercó a ella y le dio un leve beso en los labios.

—Será mi trofeo y el indicativo diario de que mi mujer anda por la oficina sin bragas... de lo más excitante —dijo con voz ronca mientras la apretaba más contra él.

—No puedes solo dejar eso. Maldición, Frederick, ya es demasiado tener que ir sin bragas. ¡Y ahora saber que las llevas contigo! —Intentó acercarse, lo que lo hizo caminar más rápido hacia la puerta. Era imposible seguirle; aún no terminaba de vestirse.

—Nos veremos para almorzar y cuidado con resfriarte —dijo mientras le lanzaba un beso y cerraba la puerta. Sacudió la cabeza, sonriendo.

Tenía que apartar cita con el psicólogo. Después de tanto tiempo negándose, venir a hacerlo solo por apostar con Frederick... Debió imaginar que él ganaría. No en vano era un hombre exitoso, no solo en su campo, sino en los negocios. Claramente no apostaba a perder. Tal vez estaba perdiendo el toque con los negocios, o era Jasón quien la hacía bajar la guardia, pensó mientras terminaba de vestirse.

Optó por un vestido negro de corte sencillo hasta las rodillas, rezando para que su "liberación" no quedara expuesta. Lo último que quería era que su nombre estuviera en los pasillos del edificio. Salió del apartamento y recordó que no habían hablado sobre la casa que debían buscar. Decidió hablar con Sofía para que la ayudara con el agente de bienes raíces amigo suyo.

Al llegar al estacionamiento, se encontró a su amigo, que estaba recibiendo una llamada. Por su rostro, no parecían buenas noticias. Lo saludó con una leve inclinación de cabeza mientras él le abría la puerta del auto.

—Buenos días —le dijo en tono serio y distraído.

—Buenos días, Vincent. ¿Malas noticias?

—Tessa volvió y está pidiendo la custodia de Mark.

—Tessa... Era increíble que esa mujer apareciera en la vida de Vincent después de tanto tiempo, justo ahora que él tenía solvencia económica, una empresa y una relación estable con Rachel. Aparecía para complicarle la vida a su amigo.

—No creo que tenga probabilidades de ganar.

Es decir, abandonó a su hijo enfermo. Está bien, lo dejó con sus abuelos, pero aun así... Puede pedir la custodia, pero ningún juez le dará a Mark.

—Eso espero, pero no es lo único que me preocupa —dijo su amigo, mirando el horizonte—. Mark se hará ilusiones, y ella se volverá a ir, Emma. La conozco.

—Entonces hay que rodear al niño de amor. Todos podemos afirmar la calidad de padre que eres. Abandonaste el servicio solo para estar con él. ¿No será que quiere dinero?

—Es una posibilidad, sí —respondió, distraído.

—¿Has intentado hablar con ella? Sé que suena horrible, pero intenta negociar. Me parece extraño que quiera al niño justo ahora. Ayer salió la nota en primera plana sobre tu empresa, y hoy ella aparece. A mi parecer, quiere dinero, Vincent. ¿Le dijiste a Rachel? —El auto arrancó, saliendo del edificio. Miró a su amigo, que parecía distraído y preocupado.

—Las cosas entre ella y yo no van bien, Emma. Me gusta, lo acepto, y sé que ha pasado por cosas difíciles. Pero creo que nuestra relación llegó a un callejón sin salida. Me cela con todos, incluyendo a los hombres. Además, hay algo en torno a ella que no alcanzo a entender, y a mi hijo no le gusta —lo escuchó dar un suspiro desesperado.

—Incluso yo lo he notado; lo hablé con Jasón. Pensamos que era por su pasado —lo observó mirarla por el retrovisor y le dio una media sonrisa.

—Quiere que entregue a mi hijo, que estará mejor con Tessa. No fue directa, pero lo insinuó.

—Qué horror, pobre Mark. Debes pensar bien con quién andas; ya no pienses solo en ti. Tienes un niño. Coloca en una balanza lo bueno y lo malo de la relación. En base a eso sabrás si vale la pena seguir en el punto en que te encuentras.

Era hora de dejar de pensar como hombre y empezar a hacerlo como padre. No se trataba de buscar una madre para su hijo, sino de asumir que cada una de sus relaciones dejaría una huella en el niño. Sus elecciones, sus errores, sus ausencias... todo terminaría moldeando el corazón de ese pequeño. El niño lo observaba todo, incluso lo que él creía ocultar. No había ruptura, ni amor, ni promesa rota que no lo alcanzara. Porque los hijos nunca son espectadores inocentes; son frágiles espejos que devuelven, tarde o temprano, las consecuencias de lo que sus padres siembran.

—No es sano que el niño vea cómo desfilan mujeres que entran y salen de su vida. Debe crear lazos firmes, recuérdalo —sabía que no era la persona indicada para decirle esas cosas, pero necesitaba decírselo.

—Ese es uno de los problemas. Llevo dos meses saliendo con Rachel; tiene fallas, las he notado. Me gusta, pero no estoy ciego, Emma. Tiene problemas de ira, de celos. Ya estuve en una relación así, y no quiero eso para la vida de mi hijo —se notaba frustrado, y Emma se entristeció por él.

—¿Qué piensas hacer? —quiso saber — Si te gusta, puedes intentarlo. Aunque, por experiencia, sé que la gente no cambia. Si quieres, tómate un tiempo mientras resuelves tus problemas con tu exesposa y tu novia.

—No es necesario. Sé qué decisión debo tomar; solo espero que ella entienda mis motivos —dijo mientras detenía el auto en un semáforo—. Por cierto, lindo atuendo; me encanta el cambio de look.

Emma lo miró por el retrovisor, buscando si había algo más que un simple cumplido. Tal vez se había dado cuenta de su ausencia de ropa interior. Lo vio mirarla, divertido, mientras le decía:

—No sé qué se traen Frederick y tú, pero tengo prohibido ver algo más que tu rostro. Amenazó con golpearme si permitía que te faltaran el respeto. Me dijo, y cito textualmente: "Necesito que hoy seas la sombra de mi mujer, que no la dejes sola en ningún momento". Así que lo lamento si hoy soy una piedra en el zapato, pero debo cumplir órdenes.

Llegaron al enorme edificio, y Emma salió del auto sin esperar ayuda. Sonreía al saber que Jasón estaba preocupado por ella. Pero él tenía la culpa; era quien había puesto las reglas de esa apuesta, y como sabía que le afectaba, lo haría aún más gustosa. Llegó a su piso y caminó hacia su asistente.

—Buenos días, Sofía. Esto es para ti —le dijo, entregándole un pequeño paquete—. Espero te guste y no aceptaré devoluciones. Sabía que, al abrir el obsequio, se negaría a aceptarlo por lo costoso del regalo—. Es tu regalo de cumpleaños, de parte de Jasón y mía.

—Gracias, señorita, pero no era necesario. Espero se hayan divertido en sus vacaciones —dijo mientras se levantaba para seguirla.

—Divertida no es la palabra que yo emplearía, pero digamos que fue... fructífera —respondió, haciendo una mueca de disgusto—. Pero gracias de todas maneras. ¿Qué tenemos para hoy?

—A las 9:00 a.m. tiene cita con el señor Gabriel Ferrini...

—¿Perdón? ¿De quién fue la idea de esa cita, Sofía? —La chica parecía aturdida por el enojo de su jefa.

—El señor Frederick indicó que le hiciera campo hoy. Me dijo esta mañana temprano que el señor Gabriel solicita hablar con usted; al parecer, es importante.

Decidió no matar al mensajero. Ya llegaría el momento de pedirle explicaciones a Jasón. Había insistido en que hablara con Nick, y entendía su preocupación. Él quería cerrar esa parte de su vida y estar tranquilo. Si hablar con el hermano de Nick aliviaba a Jasón de alguna manera, lo haría.

—Está bien, Sofía, no te preocupes, no es tu culpa. Después hablaré con el señor.

—La señorita Marshall también ha solicitado hablar con usted. Quiso saber el teléfono de sus familiares en Italia; ha venido varias veces para saber cuándo puede hablarle. El señor me indicó que hablará con usted y le preguntará en qué momento podría hacerlo —asintió y le hizo señas para que prosiguiera. Escuchó el itinerario del día hasta el final.

—¿Qué hora tengo libre hoy, Sofía? —Era mejor salir de esa víbora rápido, pensó.

—A las 11:00 a.m., señorita.

—Bien, entonces cita a Marshall para esa hora. Gracias, puedes retirarte y, por favor, pásame todos los pendientes que tengo.

La vio salir y volver minutos después con el café que siempre pedía y los pendientes. Miró la hora; aún tenía una hora antes de que llegara el tal Gabriel, así que se dispuso a revisar los correos de las dependencias y el informe de las subsidiarias.

****

—¿Señora? Su cita de las nueve llegó, pero creo que hay un pequeño error —la voz dubitativa de la secretaria la hizo pausar el correo que estaba enviando a la subsidiaria en España.

—¿Qué ocurre, Sofía? —No le dio tiempo de seguir.

La puerta de su oficina se abrió rápidamente. Supo el porqué de la confusión de su asistente: no era Gabriel Ferrini, era Nicholas, su hermano. No le sorprendió mucho, pero esperaba que Jasón supiera de este error. No quería conflictos con él; estaban en un buen momento en su relación y no quería malentendidos.

—Lo lamento mucho, señorita, pero no pude detenerlo —dijo Sofía. Emma miró fijamente al hombre frente a ella mientras respondía a su asistente.

—No te preocupes, Sofía. Por favor, pregúntale al señor Frederick si él sabía de este cambio.

—No lo sabía. Si soy sincero, ni siquiera mi hermano sabía que me haría pasar por él —escuchó decir a Nick.

—Ok —respondió secamente—. En ese caso, Sofía, puedes retirarte e informar del cambio al señor. No te preocupes, estaré bien.

—¿Le llamo a Vincent?

—No creo que sea necesario. Con que le informes al señor, es suficiente. Puedes retirarte —le dijo sin apartar la vista del recién llegado. Cuando su asistente salió, le indicó a Nick que se sentara—. ¿Algo para tomar?

—¿Temes estar sola conmigo, Emma? —fue su respuesta—. ¿O debo decirte Fiorella?

—Emma está bien —dijo, evitando la pregunta—. ¿En qué te puedo servir, Nicholas? Tienes una hora de mi tiempo. Espero que esta sea la última vez que me persigues y que sepas aprovecharlo.

—Vine a despedirme... — Respiró aliviada ante esa confesión.

Por fin.

—Qué bien.

—No lo lamentes tanto. —habló Nick en tono amargo.

—¿Qué querías que dijera, Nick? —le recriminó — Te has encargado de borrar todos los buenos recuerdos que podía tener de ti.

Pudo haber sido solo un recuerdo, uno de esos pasajeros que dejan su huella al marcharse, una presencia fugaz que con los años se vuelve nostalgia. Pero no fue así. En lugar de convertirse en un suspiro del pasado, se empeñó en perseguirla, en acosarla, en convertir su nombre en una sombra incómoda. Ella ya cargaba con sus propias batallas, con heridas que sanar y silencios que guardar. Y, sin embargo, allí estaba él, añadiendo peso a sus días, transformando lo que pudo ser un dulce adiós en un tormento interminable.

—Tenía problemas personales que resolver y, encima, tuve que lidiar con ¡tu acoso! —lamentaba ser cruda, pero a las buenas no había logrado nada.

—Mi error fue regresar a tu vida casado, ¿me equivoco? —se sorprendió escucharle decir — Si hubiera estado soltero, el tal Frederick jamás habría tenido oportunidad contigo. ¡Atrévete a negarlo!

Emma pensó bien su respuesta antes de hablar; no quería hacerlo con el enojo a flor de piel.

—Tal vez. Inconscientemente, esperé por ti, no te lo puedo negar —habló por fin—. Pero tu llegada coincidió con la posible partida de Frederick de mi vida. Lamento ser sincera, pero he aprendido que es mejor decir las cosas como son. Tal vez hubiéramos iniciado algo si hubieras llegado soltero. Pero no te engañes, Nick; jamás habría llegado demasiado lejos. En algún momento habría entendido que la persona que amaba no eras tú.

—La que se engaña eres tú, Emma. —insistió —Estás con él por la comodidad que te brinda, por compromiso, por gratitud, por todas las razones que sean, pero no por amor. Estoy seguro de ello. Tal vez no me quieres a mí; eres incapaz de amar. Te dañaron tanto que no puedes brindar algo que no tienes dentro de ti —Nick se levantó de la silla violentamente.

—Eres muy básico, Nick. —comentó ella en calma —Pasas del amor a la humillación ¿Crees que no sé qué quieres lograr? —le enfrentó —Te guste o no, las cosas ocurrieron así.

De nada vale si apareció en su mi vida casado o soltero. La realidad es que esta próxima a casarme. Sus sentimientos no le interesan; a la única persona que debe importarle lo que siente es a su futuro esposo, a nadie más.

—Te pido, por favor, que abandones este edificio, y en el futuro me gustaría que no vuelvas a cruzarte en mi camino.

—Tal vez ahora Frederick no lo vea, pero casarse contigo es la peor decisión que puede cometer —dijo con un rastro de amargura en su voz.

En ese momento, su móvil sonó. Lo miró mecánicamente; era un mensaje de Jasón que la hizo sonreír por el texto: "¿Cómo van tus primeras horas? Espero no hayas pillado un resfriado". Imaginó que Sofía no le había contado del cambio en su encuentro, así que, ignorando que Nick la observaba fijamente, respondió rápidamente: "Interesante".

—Es mejor que me retire; parece que esta reunión ha llegado a su fin. No lo tomes a mal, Emma, espero que tu matrimonio funcione. —pero su vos y comportamiento decían lo contrario —No le veo futuro. Hay demasiado odio en tu corazón; lo puedo ver en tus ojos. Ya no sonríes, tu rostro está libre de cualquier expresión.

—Espero que la vida te sonría nuevamente, Nick, y por el bien de tu hijo, intenta recuperar tu hogar. Tal vez ya lo sepas.

Sintió el móvil vibrar de nuevo y leyó rápidamente el texto: "Espero estés respetando las reglas."

—Tuve la oportunidad de hablar con tu hijo, y él cree tener la culpa de la separación de sus padres. —Le miró, enojado.

—No necesito tus consejos. Creo que eres la persona menos indicada para decirme cómo debo vivir mi vida o cómo ser un buen padre. Un placer haberte conocido.

—Adiós, Nick. Es una lástima que no pueda decir lo mismo —dijo, sosteniéndole la mirada.

Azotó la puerta al salir. Era curioso, pero no sentía pena por él, como tampoco lo sintió por su supuesto tío. Se preguntó si era normal o si lo que Nick había dicho tenía algo de razón: le habían dañado tanto que era incapaz de sentir solidaridad por alguien.

Tomó su celular y le envió un último mensaje a Jasón antes de su próxima reunión: "Soy ante todo una mujer de palabra. Nicholas se acaba de ir; no te preocupes, todo dentro de lo normal. Salgo a mi próxima reunión con el gerente de la subsidiaria en Londres".

Al poco tiempo, recibió la llamada de Jasón. Sonrió; sabía que no se quedaría quieto al saber eso.

—¿Por qué no llega él a la oficina, Emma? No te quiero fuera de mi alcance.

—Aún desconozco el porqué, pero no te preocupes, cariño. Volveré en media hora; es aquí cerca, y ya le indicaste a Vincent que no me deje sola. Nos vemos al mediodía —le dijo sin esperar respuesta y apagó su móvil mientras sonreía.

Su reunión era en la misma oficina, pero quería que él pagara de alguna manera por su incomodidad.

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