Capítulo 23
Emma y Jason esperaban en la clínica cuando, a lo lejos, ella distinguió la figura del padre de Jason acercándose con paso firme. Matthew Frederick llevaba aún el atuendo de golf —polo impecable, pantalones de vestir y zapatos de cuero—, pero su expresión no reflejaba la tranquilidad de un día de deporte.
—¿Podrías explicarme qué es tan urgente que no podía esperar a mañana? —su voz, aunque calmada, destilaba una ironía cortante.
—Le ofrezco una disculpa —se excusa Alex, que el recién llegado responde con una leve inclinación de cabeza, mientras mira a su hijo.
—Acabo de abandonar la mejor partida de golf de mi vida por esto. —le reprocha — Espero que valga la pena.
—Lo valdrá, papá, no te preocupes —le calma Jasón con una sonrisa traviesa en los labios, pero su padre lo mira con sospecha.
—¿Qué escándalo es este del bar? —Emma se muestra apenada, solo ella porque Jasón no deja de reír —¿Y cómo es que me entero por la prensa de que mi único hijo está comprometido? —Sus ojos azules, se clavaron en su hijo con una mezcla de exasperación y curiosidad.
Emma observó a su futuro suegro con detenimiento. A pesar de las canas que plateaban su rubio cabello y las líneas de expresión alrededor de los ojos —marcas de una vida entre sonrisas—, era evidente que en su juventud había sido un hombre de presencia imponente.
—Aquí mi amigo, interrumpió en el apartamento... —comenzó Jason, pero Matthew alzó una mano.
—Sin prólogos, hijo. —le detuvo alzando un mano — Omite los detalles de tu vida privada —lanzó una mirada significativa a Emma—. Respeta a tu prometida. Porque asumo que esta encantadora mujer a tu lado es tu futura esposa... ¿o prefieres que te expulse de mi clínica?
Jason sonrió, envolviendo a Emma con un brazo.
—En efecto, papá. Te presento a Emma Bradford, mi futura esposa.
Emma extendió su mano en un gesto formal, pero Matthew la envolvió en un abrazo cálido y repentino.
—¡Dios mío! —exclamó, con una carcajada—. Juro que te haré un altar. Pondré tu foto en él y lo adornaré con rosas si logras domesticar a este hijo mío.
A Emma le cayó bien al instante. Su humor descarado explicaba de dónde Jason había heredado el suyo. Mientras los hombres conversaban, ella dejó vagar su mirada por el hospital. Los centros médicos siempre le habían provocado una opresión en el pecho, resucitando recuerdos que prefería mantener enterrados. Para distraerse, se concentró en los detalles arquitectónicos: las paredes blancas, el olor a antiséptico, el murmullo distante de enfermeras...
Tan ensimismada estaba que no notó que se alejaba del grupo hasta que unas manos le cubrieron la boca y otra la sujetó del brazo, arrastrándola hacia un pasillo lateral. Alguien la empujó contra la pared. Emma forcejeó, pero sus movimientos fueron inútiles hasta que, finalmente, logró zafarse. Al alzar la vista, el rostro de Nick le devolvió una sonrisa burlona.
—Y yo que pensaba que hoy no era mi día de suerte —murmuró él, acercándose.
—Suéltame —ordenó Emma, manteniendo la voz fría.
No le daría el gusto de verla asustada. Intentó aplicar una llave de defensa, pero Nick anticipó el movimiento y la inmovilizó con facilidad.
—¡Suéltame, joder! ¿Es que no entiendes? —gritó, sintiendo cómo el calor de la ira le subía por el cuello. Nick se inclinó para besarla, pero ella giró la cabeza, dejando que sus labios rozaran solo su mejilla.
—¡Que agradable sorpresa!
Su cuerpo se tensó ante su cercanía y por más que intentaba alejarse, él la tenía aprisionada con fuerza. ¡No volverá a distraerse de esa manera! ¿Por qué bajó la guardia? Se recriminó.
—¿Nos estás siguiendo? —preguntó entre dientes, retorciéndose.
—No, nena. Parece que el destino insiste en unirnos —respondió él, acercando su boca al cuello de ella—. Trabajo aquí.
Emma sintió el aliento caliente en su piel y contuvo un escalofrío.
—¡Que me sueltes! —gritó, esta vez con fuerza.
—Te dijo que la soltaras —intervino una voz serena detrás de ellos.
Unos brazos firmes separaron a Nick de Emma, liberándola. Al volverse, Emma se encontró con Henry, el sobrino de los niños que Sara y ella habían regresado a casa de sus padres.
—Esto es un asunto personal —gruñó Nick, ajustándose la camisa—. Problemas de pareja.
—¿De qué carajos estás hablando? —Emma dio un paso amenazante hacía Nick, mientras Henry enarcaba una ceja, con la diversión reflejada en su rostro.
Henry arqueó una ceja rubia.
—Será lo que digas, pero a una mujer no se la toca ni con el pétalo de una rosa. —le recrimina Henry —Y ella te pidió que la soltaras.
Emma dejó de verlo con antagonismo, la primera impresión que le dio fue de ser un truhan, ya que por sus bromas pesadas, sus sobrinos habían húmido de casa. s
—¿Por qué no te vas a atender pacientes, Henry? —replicó Nick, con desdén—. Deja que mi novia y yo arreglemos esto.
Emma notó entonces el uniforme médico que llevaba Henry y contuvo una exclamación. Nunca hubiera imaginado que ese "cabeza hueca, fuera doctor.
— Si lo que dices sobre la señorita Bradford es tu prometida... —dijo Henry con voz fría, clavando sus ojos en el otro hombre—¿Por qué nuestro director, dice otra cosa?
Emma siguió la mirada de Henry, Jason avanzaba hacia ellos con porte autoritario, acompañado de su padre.
—Según pude escuchar —continuó Henry Nick con tono burlón, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón—, la buscan como la futura nuera de Matthew Frederick. —Su sonrisa era desafiante, como si disfrutara cada palabra.
Jason llegó hasta ella tomó sus manos y fijó los ojos en Nick que los veía a ambos con rostro tenso.
—Preciosa, nos diste un susto de muerte —intervino Jason, atrayendo a Emma hacia sí con un brazo alrededor de su cintura—. No vuelvas a alejarte así. — Le besó la mejilla, pero su mirada permaneció fija en Nick, cargada de advertencia.
—Parece que siempre corres detrás de ella —dijo Nick, arqueando una ceja—. ¿No dijiste que su relación era libre?
Emma no respondió. Se limitó a lanzarle una mirada gélida antes de desviar los ojos hacia Jason, cuyo rostro se había tornado sombrío. ¿En serio podría creerle a Nick? El dolor de esa posibilidad le quemó el pecho.
—Tiempo sin verte, hermano —intervino Henry, instalándose entre ellos con naturalidad—. Es bueno tenerte por aquí de nuevo.
—Ocupaciones, Henry —dijo Jason, forzando un tono ligero—. Pero hoy estoy aquí para presentarles a mi futura esposa. —Su brazo se apretó alrededor de Emma, como reafirmando su posesión.
—Ya tuve el gusto de conocerla —respondió Henry con una sonrisa cortés—. Los dejo; tengo pacientes esperando en urgencias.
No hubo tiempo para despedidas. En ese momento, Matthew Frederick y Alessandro llegaron a su altura.
—Nick, veo que por fin conoces a mi nueva hija —anunció Matthew con orgullo, pasando un brazo alrededor de los hombros de Emma—. La futura madre de mis nietos.
Nick forzó una sonrisa.
—Yo también tuve el gusto de conocerla, Matt. Pero me alegra saber que estás comprometida, Emma —dijo, dirigiéndose a ella con una mirada que pretendía ser inocente—. Esperaré ansioso la invitación a la boda... si es que se concreta.
Matthew, distraído por una llamada, se alejó unos pasos, dejando el ambiente cargado de tensión. Fue la oportunidad perfecta para que Jason y Alessandro se acercaran a Nick.
—Quiero que te mantengas lejos de Emma —gruñó Jason, agarrándolo por el cuello con una fuerza que sorprendió incluso a Emma—. No quiero que le hables, ni que respires el mismo aire que ella. Métete eso en la cabeza.
Nick, aunque inmovilizado, no perdió su actitud desafiante.
—¿Y qué pasa si es ella la que viene a mí?
—Eso solo ocurrirá en tus sueños más patéticos —espetó Jason, empujándolo contra la pared con un golpe sordo.
Emma intentó intervenir, más por preocupación hacia Jason que por compasión hacia Nick, pero Alessandro la detuvo, tomándola suavemente por la cintura y apartándola del altercado.
—Hagamos un trato —dijo Alessandro, acercándose a Nick con una calma peligrosa—. Tú te mantienes lejos de mi hermana, y yo olvido que la tocaste con tus manos asquerosas. —Su voz bajó hasta convertirse en un susurro amenazante. —Pero si vuelves a hacerle daño... reza para que tu Dios esté de tu lado.
Nick se enderezó la camisa, pero no pudo evitar una última provocación.
—Disfrútala mientras puedas, niño rico. —amenazó —Pero ambos sabemos que tarde o temprano, volverá a mí.
El puño de Jason se tensó, pero Alessandro lo contuvo con una mirada. Emma, sintiendo el peso de la situación, se soltó de la mano de Jason y comenzó a caminar sola, alejándose del grupo.
Alessandro la siguió con la mirada antes de volverse hacia Jason.
—Me adelanto; los dejo solos.
Jason no lo escuchó. En dos pasos, alcanzó a Emma y la detuvo, tomándola suavemente de la mano.
—Lo lamento —murmuró, acariciando el brazo de Emma, donde los dedos de Nick habían dejado marcas rojas—. Pensé lo peor cuando no te vi... y luego te encontré con él. Su voz se quebró. —No pude evitarlo.
La atrajo hacia sí en un abrazo apretado, como si temiera que desapareciera.
—Perdóname, cariño. Si algo te llegara a pasar... —Su respiración se agitó—. No valdría la pena vivir sin ti. Todo lo que tengo, todo lo que soy... no significaría nada si no estás a mi lado.
Emma suspiró. Sus ojos se encontraron con los de Jason, y ese rostro entristecido, esa mirada llena de ternura, la desarmó por completo. Quería amarlo. Lo deseaba con todas sus fuerzas. Anhelaba el día en que pudiera corresponder a ese amor intenso que él proclamaba tener por ella.
—Sé que te exijo demasiado —continuó Jason, acariciando su cabello—. Pero necesito que sepas esto: si mañana yo no estuviera aquí, quiero que recuerdes que te amé como un loco... y que habría dado mi vida con tal de verte feliz.
—No lo vi llegar —confesó en voz baja, jugueteando con el borde de su blusa—. Solo caminé unos pasos, y de repente sentí unas manos tapándome la boca... Me arrastraron antes de que pudiera reaccionar. —Bajó la vista, avergonzada. —Bajé la guardia. Solo te pido paciencia... no te exijo más que eso.
Jason la envolvió en un abrazo tan fuerte que casi le cortó la respiración, pero Emma no se quejó. Al contrario, hundió los dedos en su espalda, aferrándose a él como si fuera su ancla en medio de la tormenta.
—He esperado muchos años por ti, preciosa —murmuró él contra su cabello—. Esperaré el tiempo que sea necesario. Se separó lo justo para mirarla a los ojos, y su expresión se tornó seria. —Pero tenemos que hablar con Vincent. Hay que duplicar tu seguridad; ese tipo no te dejará en paz.
Una sonrisa fugaz asomó en sus labios antes de añadir:
—Y ahora, vámonos. Alessandro ya da por hecho que eres su hermana, y si tardamos más, vendrá a buscarnos personalmente.
Minutos después, abandonaban el hospital. Los resultados de los exámenes tardarían cuatro días —ni siquiera Matthew Frederick, con toda su influencia, pudo acelerarlos más—, aunque prometió hacer lo posible por tenerlos antes.
—¿Adónde van ustedes dos? —preguntó Alessandro al verlos caminar en dirección opuesta al auto.
—A buscar un anillo —respondió Jason, pasando un brazo por los hombros de Emma—. Tú vete con tu esposa. Por cierto, ¿sabes por qué no quiso venir hoy?
Alessandro se encogió de hombros, pero el gesto no ocultó la tensión en su mandíbula.
—Problemas en el restaurante. Iré con ustedes.
Jason sonrió y le dio una palmada en la espalda, mitad apoyo, mitad burla.
—Deberías enfrentarlo como hombre, Alex. Ve con ella y cuéntale la última novedad —hizo énfasis en las palabras—. Quizá así logres que te dé un respiro.
Alessandro no se inmutó. Al subir al auto, contraatacó:
—Ja. Algún día yo me reiré de ti cuando sea Emma quien te haga la vida imposible —dijo, lanzando una mirada pícara a Emma por el retrovisor—. Y no olvides que ella tiene el doble de mal genio que Sara... y es mucho más peligrosa.
Emma los fulminó con la mirada, pero Jason solo rio, apretándole la mano.
—¿Ya pensaron qué pasará si el examen resulta positivo? —preguntó él de pronto, cambiando el tono de la conversación—. ¿Cómo lo tomarán tus padres?
Emma contuvo otro suspiro. Llevaba horas haciéndose la misma pregunta. ¿Qué ocurriría si descubrían que ella no era Emma Bradford, sino Fiorella D'angelo?
—Francamente, no lo sé —admitió, mirando por la ventana mientras la ciudad pasaba en un borrón de luces—. Será un golpe duro para todos. Creo que llevará tiempo asimilarlo.
—Y nos tendrás a nosotros para eso, preciosa —susurró Jason, llevando sus dedos a los labios para besarlos.
*****
La joyería fue el escenario de un nuevo conflicto.
Emma quería algo sencillo, discreto. Jason, en cambio, insistía en un anillo con un diamante que brillara como una estrella.
—Vamos, cariño —argumentó él, señalando un diseño que costaba más que un auto de lujo—. Solo nos casaremos una vez, y ese anillo lo llevarás siempre.
Alessandro, divertido, observaba la discusión con los brazos cruzados.
—¿Para qué la traes a escogerlo? —intervino, mordisqueando una uva que había tomado del buffet de cortesía—. Yo no llevé a Sara a elegir el suyo.
—¿Quieres callarte? —replicó Jason sin mirarlo—. Y no compares a la víbora que tienes por esposa con Emma.
Emma rodó los ojos. Aquí vamos otra vez.
—Como si Emma fuera una mansa palomita —refunfuñó Alessandro—. Elijan el que sea; lo importante es que se van a casar.
Tras media hora de debate —y varios comentarios pasivo-agresivos entre los dos hombres—, optaron por un anillo sencillo: un fino aro de oro blanco con un pequeño diamante en solitario. Elegante. Discreto. Perfecto.
Alessandro recibió una llamada de su padre y partió a resolver un problema en la empresa, no sin antes prometer reunirse con ellos más tarde.
Decidieron caminar por el centro comercial antes de regresar a casa.
La noche ya había caído cuando, por fin, se dirigieron al auto. Fue entonces cuando sonó el teléfono de Jason.
—Es Vincent —anunció, frunciendo el ceño—. Dice que vayamos al restaurante. Sara necesita hablar con nosotros.
Emma sintió un escalofrío. Algo en el tono de Vincent le dijo que esa conversación no sería sobre el menú.
******
Sara había descubierto algo que la aterrorizaba: Dominic y Henry eran hermanos de su primer esposo, y al parecer, ese pasado que creía enterrado era más peligroso de lo que imaginaba. Se había negado rotundamente a contarle a Alessandro la verdad, y ahora, Emma y los demás se veían arrastrados a esa mentira por omisión.
A Emma le corroía la culpa. Alessandro amaba a su esposa con una devoción que era palpable en cada mirada, en cada gesto. ¿Cómo podían seguir ocultándole algo tan importante? Pero Sara había sido clara: "Si lo sabe, lo pondrá en peligro". Y contra los deseos de Sara, ni siquiera Emma se atrevía a ir.
Cerró los ojos, sintiendo el peso de la complicidad en sus hombros, cuando unas manos cálidas rodearon su cintura por detrás. Era Jason.
—¿En qué piensas, preciosa? —susurró él, acercando los labios a su oreja.
—En todo el dolor que Sara y Alessandro han cargado... y en el que aún les espera —respondió Emma, dejándose envolver por su abrazo.
Jason no dijo nada. En lugar de palabras, sus labios encontraron la piel sensible de su cuello, dejando un rastro de besos suaves que le erizaron la piel. Un escalofrío le recorrió la columna, y Emma contuvo un jadeo. Todo esto—el contacto, la intimidad, el amor que él le profesaba— seguía siendo nuevo para ella.
—¿Recuerdas que nos interrumpieron antes? —murmuró Jason entre besos, mientras sus manos descendían con posesividad hacia sus caderas. —¿Te sientes bien?
Emma intentó responder, pero las palabras se ahogaron en su garganta cuando sus dedos se cerraron sobre su entrepierna con una presión que no dejaba espacio para dudas.
—Eres como una droga, Emma —confesó él, con la voz ronca por el deseo—. Mi adicción, mi mejor estimulante, mi maldito mundo entero. —La giró bruscamente para enfrentarla, y en sus ojos ardía una mezcla de pasión y algo más profundo—. Te amo, preciosa. Más de lo que mereces.
Emma vio la sombra de la inseguridad cruzar su rostro.
—Sé que este compromiso no es lo que mereces —continuó Jason, acariciando su mejilla con los nudillos—. Que todo ha sido demasiado rápido, demasiado caótico... Pero cuando esto se solucione, lo haré bien. Te lo prometo.
Ella no necesitó pensar su respuesta. Atravesó la distancia entre ellos, enredando los dedos en su nuca para atraerlo hacia sí.
—No importa cómo empezó —susurró ella contra sus labios—. Solo importa que estamos juntos ahora.
Y cuando Jason la besó, Emma permitió que el mundo a su alrededor se desvaneciera, aunque solo fuera por un momento.
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