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Capítulo 22

"I could stay awake just to hear you breathing
Watch you smile while you are sleeping
While you're far away and dreaming..."

Escuchaba una voz cantar la dulce melodía. I Don't Wanna Miss A Thing, en la voz de Steven Tyler, podía sonar majestuosa, pero la que ella escuchaba ahora se asemejaba al cielo. Estiró su cuerpo con pereza, convencida de que era una alucinación.

Una maravillosa alucinación.

Sin embargo, al abrir los ojos, se encontró con unos ojos verdes que la miraban con adoración. Recordó entonces a la persona que había curado sus heridas, junto con las cicatrices en su cuello y la que había visto en el de Jason.

—Se me hace conocida esa canción —dijo, sonriéndole—. Siempre has sido tú.

—¿Tu crees? —le susurró acariciando su rostro.

No había duda, su ángel y Jason era la misma persona ¿Por qué esa revelación no la sorprendía? ¿Por qué saberlo le daba emoción?

—Tú curaste mis heridas y recitabas esa canción —confesó, con el corazón hinchado de emoción.

—Era la única forma de que te quedaras quieta —respondió él, con una sonrisa en los labios, dejando un beso en su frente—. De otra manera, no podía revisar tus heridas. Nadie más lograba controlarte —añadió con voz ronca.

—Y yo que pensé que te sentías identificado conmigo y con esa canción —dijo, simulando decepción.

En respuesta, él la apretó contra su pecho y Emma se permitió ser mimada por esos brazos.

—Cada letra de esa canción me recuerda a ti.

La veía allí, en esa cama, siempre sedada, siempre dormida, y se preguntaba si alguna vez tendría una oportunidad con ella. Si alguna de las fuerzas que operan en este universo le concedería la redención de tenerla. Si ella, en algún momento, podría llegar a sentir algo por él, por mínimo que fuera. Si soñaría con él como él soñaba con ella. Si ocuparía algún lugar en sus pensamientos. Le resultaba imposible escuchar esa canción sin pensar en ella.

—Es curioso... siempre tuve presente a la persona que cuidó de mí, y la canción llegaba en algunos de mis sueños —confesó—. Jamás pensé que estuvieras tan cerca.

—Lo estaba.

—En alguna ocasión, llegué a pensar que te había imaginado, incluso que estaba muerta y eras solo un ángel.

Él soltó una carcajada.

—Estoy muy lejos de ser un ángel, pero gracias por tu fe en mí.

—Yo sé que lo eres —reafirmó—. Nadie es capaz de cuidar de otro sin esperar nada a cambio. ¿Podría decir que tenemos una canción?

—En efecto, tenemos una canción desde hace tiempo. —aceptó —Aún no sé exactamente qué somos, pero ya tenemos una canción.

—No te vayas... —murmuró en un hilo de voz apenas audible—. Anoche, cuando llegué a casa y supe que te había herido...

No dejó de pensar que tal vez no volvería a verlo. No quería alejarse de él. Aún no entendía qué era ese sentimiento, y quizás estaba siendo egoísta, pero no soportaba la idea de perderlo. Recordó las palabras de Sara: que todo lo dañaba. Sabía que era egoísta al querer retenerlo sin saber qué lugar ocupaba en su vida, pero no concebía su mundo, su existencia, sin él.

—Quiero intentarlo. Sé que podemos lograrlo —insistió, tratando de persuadirlo—. No te vayas. Y si te vas, llévame contigo. Dejemos todo y vámonos, pero no me dejes sola aquí.

Lo vio suspirar mientras acariciaba su brazo.

—Te lo dije borracho, y hoy te lo repito sobrio: te tengo metida aquí y aquí —dijo, señalando su cabeza y su corazón—. Y Sara no es más que una enferma celosa. No sé cómo Alessandro puede estar casado con ella; a mí me volvería loco —continuó, mirándola a los ojos y tocando suavemente su mejilla—. Eres, y siempre serás, lo más maravilloso que la vida me pudo dar. Pero si iniciamos esto, será en serio. Como decía Pierre: "Posso dire di amarti da una vita... perché da sempre sei presente nei miei sogni". Todo o nada, preciosura. Estás a tiempo de elegir. Pero una vez que aceptes, jamás me alejaré de ti.

Emma se quedó callada, pensando. Por el momento, le asustaba lo que vendría, pero no era una mujer cobarde; pocas cosas la hacían rendirse. No quería a Jason lejos de su vida, eso lo tenía claro, y sí quería lejos de ella a Nick. Por otra parte, siempre había habido buena química entre ellos, salvo por las pequeñas peleas que jamás llegaban a algo serio... excepto la de ayer.

—No vuelvas a llegar borracho y a dejarme preocupada toda la noche, o juro que te dejaré durmiendo fuera —fue la única respuesta que pudo dar por ahora.

Jason soltó una carcajada mientras rodaba con ella en la cama, quedando encima. El ambiente cambió de pronto: su mirada se fijó en sus labios, y Emma los sintió resecos. Los humedeció y vio cómo Jason seguía el movimiento de su lengua, acercándose lentamente.

Sus labios se rozaron, explorándose al principio. Emma rodeó el cuello de Jason con sus manos y lo atrajo hacia sí. El beso se tornó posesivo entre ambos; lo escuchó gemir mientras ella se arqueaba contra él. Y el descubrir que podía hacerle perder el control desató un cúmulo de sensaciones en su cuerpo.

Él soltó sus labios y comenzó a besar su cuello. Sus manos recorrieron despacio su vientre mientras la despojaba del camisón. Emma alzó las caderas para ayudarle a quitarse el pijama, mientras su boca tomaba posesión de un pezón y una mano atendía al otro.

La humedad de su lengua, sus caricias... como si apreciara una obra maestra. Sus pezones se endurecieron bajo su tacto. Emma llevó la cabeza hacia atrás, arqueándose para acercarse más a él. Jason siguió bajando por su vientre, besando cada cicatriz.

Ella se retorció de placer al sentir su lengua en su humedad. Lo vio alejarse un momento para quitarse el bóxer y volver a colocarse sobre ella. Sus dedos acariciaron primero esa parte hinchada de su intimidad, mientras otros ingresaba en su interior. Emma hundió las manos en su cabello rubio, arqueándose una vez más.

—Deliciosa —le dijo con voz ronca, y eso la excitó aún más.

Rodeó sus caderas con las piernas, atrayéndolo cerca, sintiendo entonces el tamaño de su deseo.

—J... Por favor...

—¿Por favor qué, preciosa? Dime qué quieres. Soy tu esclavo —murmuró sin dejar de mover esos dedos traviesos dentro de ella.

—A ti...

Sintió un vacío cuando retiró su mano, y luego un ardor al entrar en ella. Jason se tensó al encontrar la barrera.

—Yo jamás... Lo siento —dijo, deteniéndose bruscamente antes de besarla con ternura.

Ella supo que se echaría atrás, y, por extraño que pareciera, no quería eso. Necesitaba aliviar ese fuego que aún ardía en su interior. Un instinto primitivo, ese que ha existido en la humanidad desde siempre, la hizo rodear sus caderas con las piernas y atraerlo hacia sí.

—Nena, no hagas eso... ¡Dios! —Jason se quedó quieto, pero ella se arqueó más.

El dolor gradualmente cedió paso al placer. Pensó que moriría cuando se movió dentro de ella, lento al principio.

—Déjate llevar, preciosa. Tenemos todo el tiempo del mundo —murmuró él mientras profundizaba.

Jamás imaginó que su primera vez sería así. Había oído que era dolorosa, pero para ella estaba lejos de serlo.

—¿J? —susurró, entrecortada.

—Shhh... tranquila, mi amor —respondió con voz áspera en su oído.

Se arqueó hacia él, buscando más. Quería que ese momento durara eternamente. Jason embistió más rápido, ahogando sus gemidos con un beso mientras le acariciaba.

—Preciosa... —gruñó cuando alcanzaron el clímax.

La besó con ferocidad, absorbiendo su grito de éxtasis. Por primera vez, Emma se sintió viva, feliz, amada. Jason la abrazó con ternura y cubrió su rostro de besos.

—Gracias. Me has hecho el hombre más feliz. Te amo, Emma Bradford. Eres mi mundo.

Agotados pero felices, se abrazaron, tan ajenos a todo lo que los rodeaba que no sintieron abrirse la puerta del apartamento, ni siquiera los llamados preocupados de Alex. Solo cuando la puerta de la habitación se abrió de golpe y la expresión de sorpresa de Alex los sacó de su burbuja. El instinto de Jason fue cubrir a Emma con su cuerpo.

—¿Qué mierda pasa aquí?

Jason miró al recién llegado con rabia.

—¿Es que no te enseñaron a tocar? —reclamó —Las puertas existen para dar intimidad. ¿Y qué coño haces en mi casa?

Alex intentó buscar contacto visual con Emma, pero Jason, con su espalda, la tapaba por completo.

—Te hizo una pregunta. —demandó con violencia — ¿Qué haces aquí? Podrías salir mientras nos vestimos, ¿es mucho pedir?

Alex rodó los ojos y dio media vuelta.

—No es la primera vez que veo tus miserias, —escupió Alex —Ni las de Emma también, así que no es novedad para mí.

Jason le lanzó un cojín y gritó:

—¡Sal de una vez, joder!

Emma apoyo la mano en su hombro, había que bajar el ambiente o acabarían de nuevo liándose a puños.

—Ya estoy bien. —

Se levantó y se puso el pantalón, luego le pasó a Emma la camisa que él llevaba para que se cubriera, aunque ella ya se había puesto la suya. Divertida por el comportamiento de su ahora novio, se la instaló.

—Puedes girarte. —dijo Jason de mala gana.

Alex miró a uno y a otro, expectante, pero ambos mantenían la misma actitud: brazos cruzados y mirada indescifrable.

—Llevo toda la maldita mañana intentando llamarlos. —reclama —Primero no contestan, luego apagaron los teléfonos. —continua —¿Tienen idea de lo que me imaginé hasta que los encontré? Tu familia está preocupada, Frederick. Te huiste de tus escoltas anoche, y tu abuelo está hecho una furia.

Jason se sentó de nuevo en la cama y rodeó a Emma por la cintura.

—Era obvio que estábamos juntos. ¿Dónde más íbamos a estar? —bufa molesta calzándose la camisa —En cuanto a mi abuelo; es un controlador, ya no soy un niño.

Alex se pasó una mano por su impecable peinado, exasperado.

—Los vieron discutir anoche. Me llamaron para decirme que estaban dando un espectáculo frente al bar. ¿Se puede saber qué diablos les pasa?

—Me importa un carajo quién te llamó. —Jason lo interrumpió—. No me interesa si te preocupas o no. Te lo dije hace días y te lo repito ahora: Emma es mi prioridad. Yo me encargaré de ella, ¡tú no! —le señala —Mientras tu histérica esposa la aceche como buitre, te quiero lejos de mi mujer. ¿Queda claro?

Alex los miró alternativamente, esperando que Emma negara semejante declaración.

—¿"Mi mujer"? —repite Alex —-¿Acabas de decir "mi mujer"?

Jason se levantó, amenazante.

—Escuchaste bien. —responde Jason en Calma — Mi mujer, mi novia, mi prometida... —enumera —llámalo como quieras, pero te quiero lejos. Al menos hasta que tu esposa cambie de actitud.

Emma ya había tenido suficiente. Se levantó de la cama, buscó las llaves del apartamento de Jason y decidió ir por Andrómeda, su mascota, que probablemente tenía hambre.

—Iré por Andrómeda mientras ustedes siguen con esto. —dijo con calma—. Y sí, Alessandro, Jason y yo hemos decidido comprometernos. Aún no hay fecha; lo decidimos ayer. Ya vuelvo.

Alessandro miró a su amigo y, contra todo pronóstico, sonrió.

—Eres un maldito con suerte. ¿Tienes idea de cuántos hombres estuvimos detrás de ella y a todos nos ignoró?

—Esa estadística me importa poco en este momento —dijo Jason, tomando una foto de Emma cuando tenía seis años. Pasó los dedos por la pequeña fotografía mientras sonreía. La niña del vestido beige se veía hermosa, incluso llorando—. ¿Sabes que les tiene terror a las arañas? —le preguntó a Alex.

—¿Quién? —preguntó Alex confundido.

—Emma, idiota. ¿Quién más? —corrigió Jason.

—¿A qué viene eso ahora?

—En esta foto estaba llorando porque, si notas el fondo, hay una araña. ¿La ves? —dijo, pasándole la fotografía.

Alessandro la tomó distraído, pero al reparar en la niña, alzó la vista y se acercó a Jason con urgencia.

—¿De dónde sacaron esto? —pregunta, con voz alterado y manos temblando— ¡Responde! ¿De dónde? —insiste en saber tomándole de las manos y sacudiéndolo.

Jason se sacudió del agarre y lo miró confundido.

—¿Qué te has fumado hoy? —reclama —Emma, obvio. Es la única foto que tiene de pequeña, según me contó.

Alex observó la imagen y cayó de rodillas. Jason vio las lágrimas brotar de sus ojos y se alarmó. Lo ayudó a levantarse, lo sentó en la cama y lo sacudió levemente.

—¿Qué te sucede? ¿Me explicas qué pasa?

No hubo respuesta. Alex solo seguía mirando la foto, llorando en silencio.

—Es imposible que alguien se parezca tanto... Jason, esta niña es Fiorella, mi hermana. ¿De dónde sacó Emma esto? ¿Se la dio Pierre?

Jason negó con la cabeza, desconcertado.

—¿Cómo va a ser tu hermana, Alex? —resopla —Tu hermana desapareció a los tres años, y en esta foto Emma tiene seis. —le aclara —Además, mira: tiene la cicatriz en el brazo izquierdo. Según me contó, se la hizo al caer de un árbol por una araña.

Alessandro no apartaba los ojos de la foto cuando Emma apareció en la habitación. Al ver el rostro lleno de lágrimas de su amigo y la imagen en sus manos, frunció el ceño.

—¿Qué sucede? —preguntó a Jason.

—Nada. Que aquí Romeo asegura que la niña de la foto es su hermana Fiorella.

—¿Tienes una hermana?

—Tuvo. —aclaró Alex —Ella murió.

—¡No murió! —grita Alex —Yo estaba ahí ese día... —La voz de Alex se quebró—. Tenía un lunar en el costado derecho de la espalda y otro...

—En el muslo, en forma de corazón —lo interrumpió Jason esta vez—. Vamos, viejo, si esto es uno de tus chistes, no le veo la gracia.

Emma miró a Alex y retrocedió, refugiándose frente a Jason, quien la rodeó por la cintura.

—¿Cómo mierda sabes que mi hermana tenía esas marcas?

—¿De qué hablas? Estoy describiendo las que Emma tiene —dijo Jason, mientras ella alzaba un poco la camisa, mostrando el lunar del costado.

Alex se levantó de golpe y abrazó a Emma con fuerza. Ella se quedó paralizada, sin entender, y buscó a Jason con la mirada, pero él solo se encogió de hombros, igual de confundido.

—¿Estás segura de que Gregori e Isabella fueron tus padres? ¿Tienes más fotos tuyas de pequeña o con tu madre? —preguntó Alex, separándose apenas para mirarla. Emma negó.

—Pierre reaccionó igual el día que vio esta foto.

Alex palideció.

—¿Pierre vio esta foto? ¿Cuándo?

—Unos meses antes del secuestro —dijo Jason, ya que Emma no respondía; ese tema siempre le había sido doloroso—. Pierre se la pidió prestada justo el día que los secuestraron. Tenía una cita contigo en ese bar, ¿lo recuerdas?

Alex lo recordaba, pero no había podido acudir. Justo ese día, Anthony había tenido una recaída y tuvo que acompañar a Sara al hospital.

—No tengo recuerdos de pequeña. Solo esta fotografía y lo de la caída del árbol a los seis años. —Emma hablaba con voz frágil—. Mis padres decían que era normal, que era muy pequeña para recordar,

Nunca le dieron una explicación que calmara sus dudas. Recordó el sueño de hace días. Sam lee decía que necesitaba hablar con ella. le mostró fotos de cuando era niña —fotos que nunca vio en su casa en Londres—.

—En una estaban Pierre, tú, Evangeline y yo. —señala a Alex que la escuchaba en silencio —El resto fue confuso. Tengo sueños así desde siempre.

Al principio los contaba, pero su padre le golpeaba, diciendo que dejara de decir estupideces. Sueño con arañas... con un hombre de traje...

Se desplomó en el sillón, el peso de la revelación golpeándola de repente. Mientras, vio a Jason tomar sus llaves y frunció el ceño.

—¿A dónde vas?

—A cambiarme. Necesitamos ir a la clínica para una prueba de ADN. Mientras tanto, buscaremos respuestas.

—¿Quién te hará una prueba un domingo? —objetó Alessandro.

—¿Quién más? Mi padre. Y de paso, le presento a mi futura esposa.

—No te casarás con ella si es mi hermana —Alex se interpuso, separando a Jason de Emma.

Jason lo miró con una calma peligrosa.

—Aclaremos algo, Romeo. —empieza a decir señalándole — Si tus sospechas son ciertas, no solo recuperaste a tu hermana, sino que ganaste un hermano. Porque para evitar que Emma sea mi esposa, tendrás que matarme. ¿Entendido?

Sin esperar respuesta, tomó a Emma por los hombros, su voz bajando a un murmuro protector:

—Sé que esto es abrumador, pero estoy aquí. Pase lo que pase, siempre lo estaré. No importa si compartes sangre con este animal —señaló a Alex—. Te quiero. ¿Vale?

Le selló la promesa con un beso en los labios, luego agarró a Alex del brazo con fuerza.

—Ahora, sal mientras ella se cambia o acompáñame, pero déjala respirar.

Empujó a Alex hacia la puerta, hablando entre dientes:

—Tendremos respuestas hoy, aunque tenga que hacer el maldito examen yo mismo, incendiar la clínica o sobornar a mi padre. —exclama arrastrándole —Llama a tu esposa. Que suelte ese muñeco vudú o lo que sea que te tenga hechizado y nos espere en el hospital. De lo contrario, no nos dejarás en paz. En serio, Alex... ¿todo este circo? Acepta que me casaré con ella. —lo arrastró fuera del apartamento y slo en los pasillos lo soltó.

Refunfuñaba más para sí que para Alex, quien lo seguía mecánicamente, la mirada perdida hacia el apartamento de Emma.

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