Capítulo 20
NICOLAS
En la barra, sentado, se encontraba un Nick que la había visto llegar sola y esperaba el momento oportuno para acercarse a ella. Sonreía al darse cuenta de que estaba de suerte. Había pensado que sus planes se habían ido al traste cuando Gabriel le dijo que el carro estacionado cerca de ellos era el de Emma. Cabía la posibilidad de que ella no fuera en él y que solo hubiera sido una extraña coincidencia. Samanta lo había negado, y la historia del prometido aún no se la creía, pero esa noche recuperaría a Emma, a su Emma.
Se apresuró a terminar su vaso de whisky, lo dejó en la barra y se encaminó hacia la mesa donde estaba Emma. Se detuvo en seco al ver a un hombre acercarse a ella. La observó alzar la vista, levantarse y sonreírle al recién llegado. Luego lo abrazó con fuerza, y sus cejas se fruncieron. No conocía a ese hombre, pero la cercanía con Emma no le gustaba. Sonaba egoísta querer tenerla atada a un hogar, pero, demonios, ya la había encontrado y no pensaba perderla nuevamente. Estaba dispuesto a separarse y empezar de cero con la mujer que nunca dejó de amar.
Si le explicaba los motivos de su matrimonio, ella lo perdonaría y lo entendería. De repente, encontró la manera de que Emma supiera que él estaba allí. Vio en el pequeño escenario a una mujer cantando y se acercó al barman. Le entregó una nota con la canción que quería que interpretaran, junto con una jugosa propina. Hoy, Emma sabría que él había vuelto a su vida y que no estaba dispuesto a dejarla ir otra vez.
Observó con detenimiento al hombre que la acompañaba. Era alto, mucho más que él, de cabello rubio. Se parecía al hombre de la prensa. Tomó su celular, le sacó una foto y se la envió a su hermano.
— Quiero saber todo sobre este hombre.
La respuesta llegó minutos después.
— Es su socio y tal vez algo más. Ya te hablé de él. Jason Frederick. Su relación es un tanto misteriosa; ninguno de los dos da cabida a la prensa en su vida privada, así que bien podría ser su esposo, su prometido...
Pidió otro trago y sonrió al escuchar los acordes de la canción que había solicitado. No había nada que el dinero no pudiera comprar, pensó. La canción, en español, era la misma que había pedido el día que se enteró de que Emma estaba comprometida con Arthur.
Vio a Emma recorrer el lugar con la mirada al escucharla. Sin embargo, lo que ocurrió después le heló el corazón. Emma le susurró algo al oído a su acompañante, este giró hacia ella, la miró a los ojos y le sonrió. Estaban cerca, malditamente cerca...
EMMA
Emma estaba distraída cuando una voz conocida la hizo levantar la vista.
— ¿Podrías decirme el motivo por el que una mujer tan hermosa se encuentra sola en un lugar tan apartado?
Alzó los ojos y vio a un Jason elegante, con su traje oscuro, las manos en los bolsillos y una sonrisa en los labios mientras la observaba fijamente.
— No sé. Tal vez esperaba a un caballero de brillante armadura que me hiciera compañía. ¿Qué haces aquí? No es el tipo de lugar que suelas frecuentar.
Se levantó y lo abrazó. Jason le dio un beso en la frente antes de sentarse a su lado.
— Sam me llamó. Fui a buscarte a tu apartamento, pero no estabas. Imaginé que te encontraría aquí. Está preocupada por ti. Le prometí cuidarte y ayudarte... Sonaba un poco extraña.
Emma suspiró. Era típico de Sam protegerla como si fuera su hermana menor.
— ¿Te contó todo? Es descabellado lo que quiere, Jason. No necesito inventarme un prometido para mantener a un hombre alejado. Nunca he necesitado mentiras para eso. No quiero involucrarte en mis problemas. No me perdonaría si algo malo te pasara.
Vio a Jason inclinar la cabeza, como si estuviera pensando en su respuesta.
— No hay discusión posible. De todas formas, Alex no está en la ciudad, y hasta que regrese, seré yo quien te cuide. Aún hay un peligro inminente sobre ti. Ya sabes lo de Anthony... Y hacerme pasar por tu prometido no es tan raro. La mayoría de la prensa asume que estás casada o comprometida con tu socio. Solo hay que dejarnos ver juntos; el resto lo harán los medios.
Jasón giró la cabeza y, en ese momento, pudo ver una pequeña cicatriz en forma de corazón en el cuello de Jason. Se inclinó un poco hacia él y la tocó Arrugó la frente mientras sentía el cuerpo de Jason tensarse al roce de sus dedos. Él habló de manera atropellada:
— Un accidente de auto —le dijo, tomando su mano y llevándosela a los labios.
— Se me hace conocida...
Lo vio sonreír y apretarle las manos.
— La habrás visto otras veces.
Emma suspiró. Podría ser, pero no podía asegurar que fuera la misma que recordaba. Apretó las manos de Jason. No sabía los motivos que tenía para no ejercer su profesión, pero respetaba su decisión. Nunca le había preguntado por qué había dejado de ser cardiólogo.
— Desde el secuestro, has cuidado de mí. No me parece justo meterte en esto. Además, puede ser solo paranoia de Samantha. No creo que Nicolás le haga daño a nadie, más aún cuando tiene una familia.
El rostro de Jason se ensombreció ligeramente y bajó la cabeza.
— Cuando me llamaste ese día, sentí que volvía a vivir. Los D'Angelo estaban afectados por la muerte de Pierre. Para entonces, no tenías noticias de Sam, estabas sola... y sabes mejor que nadie lo que siento. —Hizo una pausa y tomó aire—. Emma, no somos niños. Me gustas desde que te vi por primera vez. Luego, cuando te encontré herida, sentí la necesidad de protegerte. Cuidarte nunca ha sido, ni será, un sacrificio. Pensé que, con estar a tu lado, siendo solo tu amigo, sería suficiente. Pero hoy me doy cuenta de que no es así. —Soltó la mano de Emma y se pasó la suya por el cabello—. He pensado en dejar la firma. Pero no te preocupes, esperaré a que Alex llegue. He estado hablando con él, y me recomendó venderle mis acciones. Creo que es lo mejor. Cada día me resulta más difícil estar cerca de ti. Me gustaría que me dieras la oportunidad de ayudarte, pero sé que en el corazón no se manda. —Giró el rostro y la miró fijamente—. Que me vaya no significa que te abandone. No te defraudaré. Prometo estar siempre para ti.
Emma abrió los ojos y lo miró.
— ¿En serio te quieres ir? ¿Me quieres dejar? Todos se han ido de mi vida, Jason... menos tú. En el fondo, siempre supe que este momento llegaría, pero... Dios, esto no puede estar pasando. —Su voz se quebró. Cerró los ojos, tratando de controlarse y contener las lágrimas que amenazaban con caer. —Prometiste estar conmigo.
Bajó la cabeza, pero de pronto los acordes de una canción la hicieron levantar la mirada y recorrer el lugar con la vista. Era la canción de Nick. No podía ser una coincidencia. Buscó con la mirada por todo el local, pero no logró encontrarlo.
— ¿Qué sucede? —preguntó Jason.
Ella giró hacia él y se encontró con unos hermosos ojos verdes mirándola con preocupación. Recordó entonces su sueño y cómo había cobrado sentido con Sam.
— ¿Qué estás dispuesto a hacer por mí?
Lo vio sonreír mientras acariciaba su rostro con los nudillos. Se acercó lentamente, hasta que sus labios estuvieron a un susurro de distancia.
— Iría al mismo infierno por ti, Emma. Estaría dispuesto a matar con mis propias manos a cualquier infeliz que se atreva a hacerte daño.
El corazón de Emma latió con fuerza al sentir la mirada de Jason fija en sus labios. Sabía lo que vendría: él la besaría, y no estaba segura de estar preparada para ese paso. Tragó saliva y cerró los ojos. Sintió sus labios acercarse. El beso fue lento, deliberado.
Emma no estaba preparada. No para ese beso, ni para la delicadeza con que Jason la abrazó, ni el torrente de sensaciones que sus labios despertaron en ella. No era novata; había besado y sido besada antes. Pero nunca un beso la había hecho sentirse tan viva. Jason se movía con lentitud, explorando, como si memorizara cada detalle. De repente, su mano se posó en su cintura, atrayéndola con fuerza hacia él. Emma dejó escapar un suspiro y se acercó más, perdida en el descubrimiento de sus sentimientos y en la certeza de que él estaba dispuesto a todo por ella.
Lo sintió separarse y lanzó un quejido de protesta, lo que le arrancó una risa a Jason. Él la miró a los ojos y preguntó:
— ¿Crees que podemos intentarlo?
Emma solo atinó a asentir, perdida en la mirada del hombre que tenía a su lado.
—Tendré paciencia— le dijo mientras pasaba sus dedos con delicadeza sobre sus mejillas. Por un momento, a Emma se le olvidó la canción de fondo, pero pronto recuperó la compostura.
— Está aquí —logró decirle a Jason, aún afectada por el beso.
— ¿Quién? —preguntó él, mirándola con cierta confusión.
— Nick. Está aquí, sé que está aquí —respondió nerviosa, sin atreverse a mirar a otro lado que no fuera Jason.
Jason la observó fijamente y, al notar su turbación, la atrajo hacia sí en un abrazo protector. No entendía por qué ella temía tanto la presencia de quien fuera su amigo. No creía que ese hombre pudiera hacerle daño, pero conocía la perspicacia de Sam y sabía que no daba alertas sin motivo. Si ella decía que debían estar atentos, lo estarían.
— ¿Quieres hablar con él? —preguntó, necesitando saber su respuesta.
Suspiró aliviado cuando ella negó con la cabeza, apoyando su frente contra su cuello.
— Entonces no dejaré que se acerque a ti, pequeña...
— Definitivamente, aquel que dijo alguna vez que solo el que muere vuelve a verse tenía algo de razón —oyeron decir a una voz junto a su mesa.
Alzaron la vista y vieron a un hombre de ojos avellana que los observaba con mirada dura. Sus cejas fruncidas y su expresión concentrada en el brazo que Jason tenía alrededor de la cintura de Emma delataban su enojo.
— Tiempo sin vernos, Emma. Es bueno verte otra vez. Me gustaría hablar contigo. ¿Será posible que me dejes a solas con ella un momento? —Nick preguntó con falsa cordialidad.
Jason
Jason sintió a Emma aferrarse a él con más fuerza, notando su nerviosismo. La vio mirar al hombre y supo que Nick no le era indiferente. Una sonrisa melancólica asomó a sus labios; quizás había declarado sus sentimientos demasiado tarde. Pero la expresión le duró poco. Con mirada fría y voz carente de emoción, escuchó a Emma responder:
— Hola, Nick —dijo con tono glacial—. Lamentablemente, no será posible. Tenemos poco tiempo a solas y valoramos nuestra privacidad.
— Y yo que pensé que habías venido aquí para recordar viejos tiempos —replicó Nick con ironía.
El rostro de Jason se endureció. No era un hombre celoso, nunca lo había sido, pero la actitud desafiante del otro hombre lo irritó.
— Estamos aquí porque buscábamos privacidad, lejos de la prensa —respondió con firmeza.
Giró hacia Emma, que lo miraba con una sonrisa, y se levantó de la silla, tendiéndole una mano para ayudarla a ponerse de pie.
— Ahora, si nos disculpas, mi mujer y yo tenemos asuntos pendientes.
El rostro de Nick enrojeció de ira, pero aún tenía algo que decir:
— Mientras no lleve anillo de casada, no la consideraré tu mujer —espetó con desafío.
— Me gustaría que, si deseas hablar con mi mujer —prosiguió Jason, ignorando por completo el comentario—, agendes una cita. No quiero verla involucrada en noticias estúpidas. Ahora, si nos disculpas, que pases buenas noches.
— ¿Acaso temes que Emma te deje si nos vemos en un ambiente relajado? —insistió Nick con sarcasmo.
Emma vio cómo Jason se detenía en seco y apretaba su mano, indicándole que se contuviera. Lo miró y negó levemente con la cabeza: no valía la pena.
— Cada quien está donde quiere —respondió Jason con calma glacial—. No necesito perseguir a mi mujer para que esté conmigo. En eso radica nuestra relación: estamos juntos porque así lo decidimos, no porque la haya acosado por toda la ciudad. Por cierto, felicitaciones por tu matrimonio. Envíanos la dirección; nos gustaría conocer a tu familia.
Habló sin volverse, solo girando ligeramente la cabeza para asegurarse de que lo escucharan, y continuó su camino de la mano de Emma.
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