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Capítulo 30

IVANNA

Estábamos en camino a llevar al pequeño a casa de Tessa. Como ya era costumbre, Marck lloraba e insistía en no querer quedarse con su madre. Quería estar con nosotros. Era conmovedor, pero era consciente de que no podía intervenir en algo que era decisión de su padre. También extrañaría al pequeño. Como aún no podía ir a trabajar, debía guardar reposo durante quince días, tiempo en el que, sin duda, me aburriría. Estacionamos frente a la casa de Tessa, y ella ya estaba en la puerta. Vi a Vincent bajar y acompañar a Marck, quien, antes de irse, me hizo abrir la puerta y me abrazó.

—¡No me quiero quedar! Prometo portarme bien, lo juro —rogó.

Miré a su padre, que estaba imperturbable de pie. No quería que Marck viera el tiempo con su madre como un castigo o que pensara que queríamos deshacernos de él.

—Siempre te portas bien, cariño, pero tu mami desea compartir más tiempo contigo. Quiere conocerte más, y para eso necesitas estar un tiempo con ella —el pequeño se aferraba a mi cuello mientras Vincent intentaba separarlo.

—Vamos, Marck, solo será un día. El domingo vendremos por ti en la mañana; visitaremos a los abuelos.

No entendía cómo no se conmovía por el sufrimiento del pequeño, quien, cabizbajo, se separó de mí y caminó con los hombros caídos, de la mano de su padre. Lo vi entablar una breve conversación con Tessa y luego agacharse para besar a su hijo.

Los observé hablar como dos extraños. Era increíble que, después de quererse tanto, terminaran hablando de manera tan impersonal y poco afectiva. Marck, por su parte, miraba anhelante hacia el auto. Algo pasaba que no quería estar con su madre; no eran malos tratos. Siempre, al regresar, con el pretexto de ayudarlo a cambiar, lo revisaba y preguntaba qué habían hecho. Quizás era paranoia, pero, después de todo en lo que estuvo metida Tessa, cualquier cosa podía suceder. De regreso en el auto, ambos nos despedimos del pequeño y nos encaminamos rumbo a casa.

—¿Por cuánto tiempo seguirás con ese plan? —rompió Vincent el silencio. No respondí; él conocía esa respuesta mejor que nadie. Quería que Claire estuviera lejos de nosotros, y él se negaba—. ¿Por qué no sientes celos de Tessa? Insistes en querer dejar sin empleo a Claire.

—¡No te estoy pidiendo que la saques! —dije con calma—. Solo que la traslades de puesto. Estoy intentando entenderte, Vincent. ¿Qué es eso tan importante que esa mujer hizo para que no puedas tenerla lejos de ti? —mi voz sonó calmada, a pesar del tormento que sentía por dentro.

Él seguía negándose a dejarla fuera de su alcance y también a decirme por qué. Se notaba alterado; entre más se encerraba en sí mismo, más quería yo saber sus razones.

—¿No te basta con saber que no tengo nada con ella? ¿Que jamás la he tocado? No quiero hablar de eso, Ivanna. He respetado tus decisiones cuando te has negado a contar qué pasó el día que te causaron esas dos heridas. ¿Por qué no puedes hacer lo mismo? —su voz sonaba triste.

Algo había detrás de eso. Claire había demostrado que no era lo que le mostraba a Vincent, pero él se negaba a creerme. Miré por la ventana del auto; era increíble que no confiara en mí lo suficiente.

—No es lo mismo—me defendí—. Esa parte de mi vida no te afecta en nada, mientras que la presencia de Claire en la empresa sí. Puedes conseguirle trabajo en otro lado; te dije que podía hablar con William...

—William, William, otra vez ese hombre —dijo, deteniéndose en un semáforo y golpeando el volante con fuerza—. No podemos hablar sin mencionarlo; siempre tienes que nombrarlo.

Suspiré. El odio de Vincent hacia William era tan grande como el que yo le tenía a Claire, solo que ella no era su familia. Guardé silencio hasta que llegamos a casa. Me bajé y caminé sin esperarlo. Abrí la puerta y, al pie de las escaleras que daban al segundo piso, le hablé.

—Bien, si esa es tu decisión, la respeto. Solo te recuerdo que William y yo tenemos lazos familiares, cosa que no ocurre contigo y Claire —agradecí que Marck no estuviera en casa; no quería que nos escuchara discutir.

—¡Solo te pido que confíes en mí! —gritó, furioso.

—¡No puedo! —le respondí—. Es absurdo que guardes silencio y no digas las razones. Entre más lo pienso, más tengo que dudar de ti. No puedo confiar, no mientras esa mujer te ronde y te niegues a decirme qué pasó entre ustedes. ¿Qué los une? —giré mi cuerpo y lo miré suplicante, pero él solo desvió la mirada y caminó hacia mí.

—Tengo que irme —dijo, acercándose, pero retrocedí.

—¡No me toques! —alcé las manos, poniendo límites al verlo acercarse.

—No hagas esto más difícil para mí, Ivanna. Es una promesa que le hice a mi hermana; es todo lo que te puedo decir —el sonido del timbre de la puerta le dio la oportunidad de alejarse de una discusión que no daría frutos.

—Que tengas buen día entonces, O'hurn —dije, ya en calma—. Espero que Claire aproveche este tiempo a solas contigo, porque tampoco quieres que vaya a trabajar.

—¡Te mandaron reposo! Tú misma escuchaste...

—Lárgate, O'hurn, o Claire se enojará, y aquí se hace lo que ella dice —respondí.

Habíamos llegado a la puerta. Lo escuché resoplar e intentar sujetarme. Me solté y abrí la puerta de golpe, enojada. El hombre al otro lado sonreía al verme, y no pudo llegar en mejor momento: era Omat. Me alegré de ver un rostro conocido, diferente a los de siempre.

—¡Tienes piernas! —se burló. Corrí hacia él y lo abracé; estaba dolida, confundida y rabiosa—. ¿Llegué en mal momento? —dijo, respondiendo a mi abrazo y besándome en la cabeza.

—No, creo que no has podido llegar en mejor momento. No esperaba verte; no me avisaste de tu llegada —ignoré por completo la ceja alzada de Vincent, que, con su silencio, pedía explicaciones. Él desconocía que Omat y yo éramos cercanos desde aquel día en el parque. Omat nos miraba a ambos, confundido.

—Emma pidió que estuviera en el parto de los bebés. Llegué anoche. Supe por Jasón lo que te pasó. ¿Seguro que no llegué en mal momento? Puedo regresar otro día —Vincent negó con la cabeza, mientras yo me hice a un lado para que entrara, pero seguía en la puerta, mirando a O'hurn.

—¿De dónde se conocen? —metió una mano en el bolsillo de su pantalón, y esta vez fue su turno de mirarnos con interrogantes.

—Me gustaría decírtelo, pero me es imposible —intenté mover a Omat, pero parecía anclado en la puerta.

No se movería ni entraría sin el permiso de Vincent. Eso me recordó lo diferente que era mi amigo de los demás y lo bien que me hacía su compañía.

—Es una historia un poco extraña —dijo Omat—. El día que nos encontramos, fui yo quien le consiguió la cita con mi hermana. Sé que no tenemos buenos momentos. Te aseguro que mi visita es solo de amistad; quise saber cómo estaba —Vincent pareció pensar en sus palabras. Tras un momento, su rostro se relajó.

—No tienes que recordar esa época; es parte del pasado, y estás en tu casa —dijo Vincent tras unos minutos. Intentó acercarse a mí otra vez, pero volví a retroceder—. No me gusta irme así, nena. Me pones entre la espada y la pared.

—Que tengas buen día —le dije, manteniéndome lejos.

Vincent no se acercó. Tal vez estaba haciendo un drama, pero solo yo sabía lo que pasó ese día. Nadie miente sin motivo, y si se atrevió a mentirme, era por algo. Lo iba a descubrir, además del hecho de que quería a Vincent.

—Te acompaño a la puerta —dijo Omat, caminando con él. Escuché sus palabras—: Hablaré con ella —suspiré, enojada. ¡Hombres!

—¿Cuál es la disputa? ¿Nombre de la dama? —preguntó Omat al volver minutos después. Su comentario me hizo mirarlo, enojada—. Quiero ayudarte; por eso pregunto. He estado casado diecisiete años; puedo ser de mucha ayuda —le hice un resumen de lo que pasaba, y él solo asentía mientras narraba.

—Es absurdo que no me diga por qué no puede despedirla y qué es eso tan importante que hizo para que acepte sus mentiras...

—Creo que has subestimado a esa chica —me interrumpió—. Ha actuado más inteligente que tú, lo que me sorprende de tu parte —se sentó conmigo en el sillón y apoyó mi cabeza en su pecho mientras me acariciaba el cabello—. Te aseguro que enojarlo y acorralarlo para que te diga qué pasa no funcionará. Con respecto a ella, no le muestres todas tus jugadas, o sabrá con qué carta jugarás. Fuiste agresiva, y eso facilitó que tu prometido le creyera —tenía razón. Ella me había hecho enojar al decirme aquello; perdí todo mi autocontrol con esa mujer.

—¿Qué debo hacer, según tú? No quiere decirme qué le agradece, ni trasladarla a otro sitio —Omat entrelazó sus manos y sonrió con ternura.

—Es cuestión de estrategias. Siempre debes estar un paso adelante de tu oponente, sin mostrar todas tus armas. Suena drástico, pero así la estás viendo ahora, como una rival. Creo que deberías saber eso: conocer sus fallas, debilidades y virtudes; a eso me refiero. Sin mencionar que, estás armando una tormenta en un vaso de agua —lo miré, sorprendida. Era increíble que me dijera eso. Aunque era hombre, nunca me entendería.

—Eso lo dices porque no la viste ese día. Nadie ataca así por nada, ni miente tan descaradamente. Lo que me dices solo lo lograría teniéndola cerca, y ella no creería en mi amistad —le reclamé.

Entre más se negaba a decirme qué había entre ellos, más quería averiguarlo. Tal vez era una tontería, pero esa chica se tomaba atribuciones que ni yo, siendo la prometida, me atrevería a hacer.

—No hablo de acercarte a ella; hay otros métodos más suaves. Discutir con él no hará que te diga lo que oculta. "Se gana más con miel que con vinagre". Por otra parte, sentir celos y demostrarlo solo le dará el poder que necesita. Se comprometieron; llevas un anillo, y me han dicho que le exigiste que llevara uno. Has ganado algo. Tienes un estatus más alto que ella, y debes actuar como tal. Una mujer debe darse el valor que le corresponde, y no lo esperes de ningún hombre si no lo ve en ti. No esperes algo que no demuestras —hablaba con calma; se notaba su autocontrol. Me pregunté qué lo enojaría. No parecía de los que perdían el control fácilmente.

—Me parece increíble tener que pelear por un hombre. Es él quien debe darme mi lugar; no tengo por qué hacerlo. Jamás pensé estar en una situación así —mi voz se quebró.

—¡No! Lo que debes hacer es saber qué lo ata a ella, y para eso necesitas estar cerca —bajé la mirada, confundida.

Nunca pensé que querer a alguien me haría tan vulnerable. El sonido de una notificación me hizo mirar la pantalla del celular. Era un mensaje de Vincent.

—"Te quiero. Estos días sin ti han sido una locura; solo deseo estar contigo sin conflictos. Olvida a Claire; no tiene un puesto en mi vida. Todo lo ocupan tú y Marck" —no dije nada; tomé el móvil y lo apagué.

—Vamos, salgamos un rato y despejemos la mente. Es solo una pelea de las muchas que tendrán. Tristemente, se saltaron etapas hermosas: el noviazgo, la conquista. Estos conflictos son normales —me tomó de la mano, y salimos juntos. Andrew tiró el cigarro y caminó hacia nosotros—. Si quieres estar junto a ella, será mejor que nos sigas. Yo no necesito escolta, y ella tampoco mientras esté conmigo, pero entiendo que cumples tu labor —su voz era calmada al dirigirse a Andrew, y en su rostro vi su sonrisa de siempre—. Te aseguro que te gustará el lugar a donde iremos —esta vez me habló a mí.

—No quiero llevar la contraria, pero la señora no debe salir —la voz de Andrew sonaba dudosa. Era de esperarse que Vincent le hubiera dicho algo así.

—Yo me las arreglo con él. No la dejaré sola en esta casa después de esa discusión, que tú también debiste escuchar. Si quieres, llámalo e indícale dónde estaremos, pero no me pidas que me vaya y la deje en ese estado —Andrew dudó unos minutos, luego asintió y se metió en su auto, detrás del de Omat.

—¿Para cuándo es el nacimiento? —ignoré el comentario. No quería salir a ningún lado; aún me dolía el cuerpo, y me sentía derrotada al verlo salir sin decirme qué lo unía a Claire.

—En tres días, pero quise estar antes para ayudar con el cuarto de los niños. Jasón insistió en decorarlo —debería ser un espectáculo verlo en ese plan; sería hermoso construir una familia—. Anímate, Ivanna. Algo me dice que esto es solo momentáneo; ya verás cómo se solucionará —quería tener esa fe, pero su renuencia a hablar me hacía dudar. Era mejor cambiar de tema si quería animarme.

—¿Por qué dijiste aquella vez que yo solo adelanté las cosas? ¿A qué te referías? —era una duda que rondaba en mi cabeza todo este tiempo.

—Porque sus vidas estaban unidas desde hace mucho, Ivanna, y era cuestión de tiempo que se encontraran. Ahora, a divertirnos —dijo, arrancando el auto.

—Jamás he visto a Vincent antes —le contradije.

—Eso es lo que ustedes creen, pero no lo que yo percibo —decidí ignorarlo. La mayor parte del tiempo, Omat hablaba en términos extraños, pero insistía: jamás había visto a O'hurn; de ser así, lo recordaría.

Me llevó a un restaurante. Miré alrededor; no había nada especial en él, o eso creía, hasta que abrí la carta: eran comidas típicas de mi país. Cerré los ojos ante ese gesto; me alegraba tener en mi vida una amistad tan extraña como la de Omat. Parecía saber el momento exacto en que necesitaba a alguien.

Tras unas horas, el teléfono de Omat sonó. Su mirada se tornó divertida al ver la pantalla. Habíamos pasado una buena velada, y la comida me transportó a casa, al lado de mi madre y mi padre. Contrario a lo que creía, no me dio nostalgia; la presencia de Omat llenaba y opacaba todas las tristezas.

—Creo que debemos irnos. ¿Apagaste tu teléfono? —cerré los ojos; supe de quién era el mensaje.

—Quería hablar contigo tranquilamente, y con él enviando mensajes o llamando, sería imposible.

—Debemos pasar por la oficina —dijo mientras pedía la cuenta—. Dice que hay algo que debes firmar, y que él no está en el edificio, pero su secretaria sí. Debes recoger los documentos en tu oficina. Yo te acompaño; de paso, observo a la mujer que te tiene en ese estado. Luego iremos a visitar a Emma. Si él quiere recogerte en su casa, no te dejaré sola en la tuya.

—¿No te gustaría adoptarme? —le pregunté, y mi amigo solo sonrió—. Seré una buena hija —insistí.

—Sería un honor ser tu padre, pero dudo que al tuyo le agrade que te cambies el apellido —respondió, y ambos sonreímos.

Llegamos y no encontramos rastro de Claire. Entré a mi oficina, donde supuestamente estaban los papeles. Agradecí en silencio no tener que verle la cara a esa mujer; hoy no estaba preparada para un enfrentamiento. Omat no quiso entrar; se quedó sentado en una sala de espera frente a mi oficina. Me había hecho encender el móvil, y en ese momento entraba una videollamada del motivo de mi tormento. Descolgué y puse el móvil frente al PC mientras firmaba los documentos.

—Tampoco es como si estuvieras en otro país; nos vimos hace tres horas —intenté que mi voz sonara lo más natural posible.

—Estabas llorando —afirmó, y guardé silencio—. Ivanna...

—Estoy mejor, no te preocupes. Omat es buena compañía.

—Nena, esto no puede seguir así. Prometo contarte todo esta noche... no llores... —la puerta se abrió bruscamente, haciéndome alzar la vista e ignorar a Vincent.

—¡Y soy yo la que no tiene modales! —le dije a Claire, que estaba furiosa frente a mí. Miré mi móvil; la videollamada seguía abierta.

—¡Eres una maldita perra!

—La historia se repite —dije con calma—. Esto parece un déjà-vu. Creo que ya hablamos de esto; deberías superarlo, Claire. Aquí tienes tus papeles —le dije sin mirar el móvil, consciente de que Vincent estaba atento a lo que decía.

—¿Crees que no conozco a las de tu clase? Si no hubieras aparecido en la vida de Vincent, a esta hora yo tendría ese anillo. ¿Sabes cuántas golfas he visto aparecer y desaparecer de su vida? —seguí escuchándola; me crucé de brazos y la miré atenta. No sería yo quien le dijera que la llamada estaba abierta y que su jefe la escuchaba—. Muchas, más de lo que tu maldito cerebro puede procesar, y sé que también te hará a un lado cuando se dé cuenta de que no eres la indicada.

—¿Y tú manera de hacerme a un lado es dañando mi trabajo o no entregando los documentos para que los firme? Eres muy madura, Claire; te felicito —no pude evitar reír.

—No deberías subestimarme. No sabes de lo que soy capaz. He esperado mucho tiempo para este momento, y no será una maldita rusa la que me haga a un lado. Llevo años esperando por él —cerré los ojos por un momento hasta que la sentí lanzarse sobre mí. Me levanté, abriendo los ojos rápidamente, y vi unos brazos bronceados atraparla por la cintura y tirar de ella hacia atrás.

—¡Basta! —dijo Omat, inmovilizándola—. ¡He dicho que basta! —insistió al ver que ella se retorcía para zafarse—. Será mejor que salga de esta oficina, señorita —su tono era amable pero firme, mientras ella solo me miraba con enojo.

—Tienes muchos hombres a tus pies, ¿cuántos son, Ivanna? He contado tres, pero este no me es conocido...

—Yo me cuidaría de hablar de más, Claire...

—Salga ahora mismo, o lo que sea que impida que O'hurn la despida será ignorado con solo llamar a mi hermana y decirle que atacó a su prima —al ver su cara de desconcierto, Omat aclaró—. Parece que aún no se ha enterado. Cuando hablo de mi hermana, me refiero a la esposa de Frederick, según sé, su jefe y prima de Ivanna. Tiene usted frente a sí a Ivanna Ivannok York, hija de Christine York. Ahora, le pido el favor de que salga de esta oficina —la vi dar media vuelta y salir, tirando la puerta.

—¿Estás bien? —preguntó Omat, y asentí.

—Lo siento —escuché en el móvil. Con todo lo que pasó, olvidé que Vincent estaba en la línea—. Lamento mucho esto, cariño; es realmente vergonzoso.

—Solo porque lo viste, me crees, O'hurn. Que no se te olvide —no lo miré, colgué la llamada y me levanté de la silla—. Estoy bien, Omat, mejor que nunca. Vamos a visitar a Emma; quiero ver ese cuarto —le dije, agarrándome de su brazo.

VINCENT

No podía creer lo que había escuchado. Me era imposible pensar que Claire fuera capaz de algo así. Hace unos minutos, había tenido un enfrentamiento con ella al notar que llevaba el anillo que Ivanna me dio. Estaba frustrado porque no me respondía el celular y luego lo había apagado.

Me dolía no poder decírselo, pero no podía faltar a esa promesa, y ella nunca entendería mis razones; las consideraría absurdas, y para mí no lo eran. Después de tanto tiempo, ni yo mismo entendía por qué seguía manteniendo esa promesa. No hacerlo era como fallarle a mi hermana otra vez. Aún dolía recordar que la dejé ir sola a esa maldita fiesta ese día.

FLASHBACK

—Los balances que pediste —tomé los documentos sin mirar a Claire a los ojos. Verla era recordar el altercado con Ivanna. Decidí marcarle, pero su móvil iba al buzón; lo había apagado.

—¿Qué significa ese anillo? —resoplé, ignorando la pregunta—. ¿Por Dios, tan dominado te tienen? ¡Debería darte vergüenza!

—No te he pedido opinión. Cuando la necesite, te lo haré saber. Ahora, si me disculpas, necesito que me dejes solo —no la escuché moverse. Al darme cuenta, levanté el rostro y la encontré mirándome fijamente.

—He hecho todo para agradarte. He cuidado a Marck, conozco a tus padres desde pequeña, nuestras familias han estado unidas mucho tiempo, y ayudé a tu hermana. Aun así, nunca he podido hacer lo que esa estúpida rusa ha hecho en meses —me quité las gafas y cerré los ojos. A este paso, me volvería loco.

¿Por qué no podía llevar una vida tranquila?

—No sigas, Claire, y te pido que, cuando hagas de mi mujer, lo hagas con respeto —le dije, enojado.

—Ella nunca estará a tu altura. Es corriente, grosera y maleducada. ¿De qué sirvió todo lo que hice? Estuve a punto de morir ese día —era cómico que dijera eso, cuando era yo quien nunca estaría a la altura de Ivanna.

—¡Déjame solo, Claire! —rogué—. Jamás te pedí nada de eso. Pensé que habías ayudado a mi hermana por el lazo de amistad que nos unía. Si me hubieras dicho que tenía un precio, nunca habría aceptado tu ayuda, menos si el pago es tan alto. Ahora, déjame solo —rogaba porque Omat pudiera ayudarme. Había llamado a Emma, y ella me aseguró que entre Ivanna y su hermano había nacido una amistad, y que, si alguien podía ayudarme, era él.

FIN DEL FLASHBACK

No lograba concentrarme. Descubrí que los balances no estaban firmados por Ivanna. Frederick era muy quisquilloso, y yo tenía una reunión en quince minutos. Era difícil ir a casa y regresar, y ni muerto dejaría que Claire pisara mi casa, no con Ivanna sola y convaleciente. Volví a marcarle, pero, al ver que el móvil seguía apagado, llamé a Andrew. Me dijo que Ivanna había salido con Omat y que su rostro mostraba señales de haber llorado. Eso me hizo llamarla, pero no quería solo escuchar su voz; quería ver si estaba bien.

Jamás creí encontrarme con algo así. La primera que se enojaría sería mi madre, quien insistía en que ayudara a Claire por la deuda de gratitud que teníamos. No podía permitir que siguiera dañando mi relación, más aún con Ivanna comprometida. Conocía a mi mujer; sabía que su amenaza de barrer el piso con Claire no era mentira. Más positivo que nunca, caminé rumbo a la clínica. La reunión había terminado, y Omat me había enviado un mensaje diciendo que llevaría a Ivanna a casa de Emma, que no me preocupara; "él se la amansaba", fueron sus palabras textuales. Cosa difícil de creer, pensé, divertido, mientras me metía al auto.

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