Capítulo 28
VINCENT
Caminaba por los pasillos del hospital hecho una furia. No me agradaba ese hombre, como tampoco su presencia rondando a Ivanna. Desde el primer día que me lo presentaron, chocamos. William era prepotente, no escuchaba consejos y, sobre todo, me trataba como si fuera alguien inferior. Quizás fue una de las tantas razones que me motivaron a retirarme cuando supe que él compraría la empresa de Pierre y Jasón. Desde la primera conversación con el griego, supe que no éramos compatibles y que no tendría las libertades que disfrutaba cuando Jasón y Emma dirigían la empresa. No solo lo intuí; el propio York me lo hizo saber. Por eso aproveché las vacaciones y el nuevo jefe de seguridad para irme sin sentir que abandonaba a mis amigos.
Al llegar a mi auto, me detuve. No sabía por qué me afectaba tanto que Ivanna y William se hubieran besado. Ella tenía razón: eso ocurrió mucho antes de que estuviéramos juntos, y jamás hubo sexo entre ellos. Pero el comentario de que Ivanna tenía "las manos inquietas" me dolió. ¿Lo decía para humillarme a mí o a ella? No era de caballeros hablar de una mujer de esa manera. Una mano golpeó con fuerza mi hombro. Giré la cabeza y me encontré con el maldito sonriendo detrás de mí. Solté todo el aire que pude e inspiré profundamente; necesitaría todo mi autocontrol para no caer en su provocación.
—Te veo demasiado pensativo, O'hurn. Espero que mi comentario de hace unos minutos no les haya causado problemas —no lo lamentaba; no se veía apenado en absoluto—. Si quieres una opinión muy personal...
—No necesito la opinión de alguien con tu reputación, York —lo interrumpí—. Eres la última persona a quien le pediría consejos sobre mi vida sentimental. Tienes esposa y embarazaste a tu amante... —lo vi apretar los labios y sonreí mentalmente al verlo contener la rabia.
—Creo que no estás a la altura de Ivanna —habló tras unos minutos—. Te niegas a aceptarlo. Ella necesita otra clase de hombre en su vida, uno que no tenga tantos problemas. Como te dije, es muy personal.
—Una opinión que no te he pedido, York, pero gracias —respondí, y él asintió.
Me tensé al verlo sostener una videocámara encendida. Pude ver fragmentos del video, y todo mi cuerpo se tensó. Era claro que quería provocarme.
—Olvidé darle esto hace unos minutos; es de ella —me tendió la videocámara con el video reproduciéndose—. Te he mandado muchas razones y te he llamado otras, y jamás devuelves las llamadas. Creo que te estás aprovechando de la situación; hasta pienso que le estás cobrando el alojamiento y el empleo que le has dado —guardó silencio, con la mirada fija en el video.
Respiré profundo y pensé en lo que nunca me enojaría: el rostro de mi hijo, mi mejor mantra. Las imágenes que veía iban mucho más allá de lo que imaginé. Apagué la cámara y saqué la pequeña tarjeta, que destrocé con las manos. No le daría el placer de verme enojado. Ivanna no era un trofeo ni un objeto que rifaríamos al mejor postor; era la mujer que amaba, y no permitiría que nadie la humillara como William lo estaba haciendo.
—Dejé claro mi retiro —le recordé—. Cumplí el tiempo estipulado, entrené a mi reemplazo. No es mi culpa que Alex enfadara a Ivanna esa noche —hablé con una calma que estaba lejos de sentir—. Y tienes razón, es una opinión muy personal, una que no te pedí. Aunque no tengo por qué decirte mis intenciones con ella, te aclararé: hablé con su padre, la única familia que Ivanna reconoce, hasta donde sé. Y esto lo digo no para darte explicaciones —le di el frente por completo y lo observé en silencio—, sino para que ella no esté de boca en boca ni haya comentarios malintencionados sobre ella.
—Soy su familia —me interrumpió—. No puedes juzgarme por protegerla.
—Fue precisamente su padre quien me exigió mantener a su hija lejos de ustedes. Ahora, si me lo permites, debo cuidar de mi mujer —evité cualquier roce, lo rodeé y, al darle la espalda, lo escuché murmurar.
—Nos volveremos a ver, Vincent O'hurn. Estaré pendiente del estado de salud de Ivanna.
No respondí. Seguí caminando con la videocámara en la mano hasta llegar a la puerta de la habitación donde ella estaba. Ajeno a las miradas que las mujeres me dirigían, estaba inmerso en las imágenes del video que acababa de ver, que revoloteaban en mi cabeza y me perseguirían por días.
La encontré despierta en la cama. Al verme entrar, noté cómo me observaba con detenimiento. Miró lo que llevaba en la mano y luego a mí. No sabía cómo empezar ni qué decirle. Me senté en la silla que minutos antes ocupaba William, le tendí la videocámara, tomé su mano, la abrí y coloqué los restos de la tarjeta que acababa de destruir.
—¿Viste el video? ¿Quién te lo dio? —suspiró pesadamente y se tapó el rostro con las manos—. Vincent...
—William me estaba esperando en el estacionamiento. Fue muy diligente y se aseguró de que lo viera. Me entregó la videocámara con eso reproduciéndose —sentí sus manos sobre las mías y las apreté con fuerza, para luego quitarlas y apoyarlas en su rostro.
—No entiendo por qué te enojas. Sabes que eso ocurrió mucho antes de que tú y yo tuviéramos algo. ¿Qué hubieras preferido, que me dejara chantajear? —preguntó, y ni yo mismo sabía la respuesta—. ¿Por qué te afecta tanto? No te he juzgado por Rachel ni por la chica que manoseaste en ese club. Nuestros actos individuales no tienen por qué afectar al otro —se quitó mis manos del rostro y me miró.
—Todo lo que hagamos afecta al otro, Ivanna. Debes entender que hay métodos para solucionar los problemas, y los tuyos no son muy ortodoxos —le recordé—. Te dije que no pude hacer nada con Rachel, y ese día en el club solo estaba frustrado por lo que empezaba a sentir por ti. Es difícil explicar lo que siento ahora. Sé que William solo está provocando, y que insistan en decir que te estoy usando...
Guardé silencio bruscamente. Lo último que quería era entrar en detalles; ella no tenía por qué sentirse afectada por mis temores. Pero fue astuta y notó mi turbación.
—Eso pasó antes de estar los dos—insistió por enésima vez—. Jamás haría algo así ahora que estamos juntos. Tú solo estás desviando la atención de lo que hiciste con Claire; no se me ha olvidado. No tenemos por qué vivir para hacer felices a los demás. Ellos no saben qué ocurre entre nosotros; nosotros sí, y no hay manera de que mis actos te afecten —me levanté de la silla, sonriendo, me acerqué a ella y le besé la frente.
—Te demostraré con hechos que el comportamiento loco de uno afecta al otro. No quiero cambiarte, Ivanna; amo esa parte rebelde de ti, pero debemos tener un límite. Y sobre William, me revienta que ese malnacido te tocó antes que yo, que me lo restregó en la cara y que seguirá haciéndolo —dije, saliendo de su cuarto.
IVANNA
Me quedé pensando en las palabras de Vincent. A mí también me dolió saber que Rachel era su pareja, más aún cuando lo encontré afuera de su apartamento. Minutos después, recibí la visita de Emma y Jasón. El embarazo de Emma estaba en sus últimos días, lo que me distrajo de mis pensamientos por unos minutos.
—Mis ahijados ya están casi por salir. Quiero verlos y abrazarlos. ¿Cómo estás? —pregunté.
Observé a la pareja. Si Jasón pudiera cargarla para que no caminara, lo haría. La forma en que la llevaba mostraba cuánto temía por ella.
—Quiero que sea rápido para ver si J deja de tratarme como minusválida —dijo Emma, furiosa, mirando a su marido, que solo la abrazaba cariñosamente.
—Eres la primera mujer que conozco que no le gusta ser mimada, nena. Eres el tesoro más preciado que tengo; debo protegerte —dije, poniendo los ojos en blanco mientras murmuraba.
—Creo que vomitaré —mi comentario hizo reír a Emma y resoplar a Jasón.
—Vi a O'hurn salir apresurado. ¿A dónde iba? —preguntó Jasón. Alcé los hombros como respuesta.
—Está celoso de William. Llegó diciendo que ocultaría el video que le hice si era cariñosa con él, así que le conté lo sucedido —empecé a decir—. Como era de esperarse, no agradeció mi sinceridad; se enojó por haberlo besado antes que a él. Como si no fuera suficiente, William le entregó la videocámara con el video. Imagino que fue Sofía quien se lo dio, a propósito... ¿Por qué no me dijeron que William no era del todo York?
—Por supuesto que es un York. ¿De dónde sacas eso? —preguntó Emma—. Es una historia complicada. Solo te puedo decir que, aunque mi supuesto abuelo le dio el apellido York, él lo lleva de forma directa —entrecerré los ojos. ¿Por qué mentirme? Si la historia que él contaba era cierta...
—Legalmente, él es el verdadero heredero, no nosotros, si de verdad es un York —aclaró Jasón.
Ellos llevaban el apellido solo porque William quiso usar el de la pariente de su mujer, no porque le perteneciera. Pero si William era realmente mi familia, ¿por qué me había coqueteado ayer?
—La abuela decidió que mi tía, tu madre, debería heredar todo —insistió Emma—. Por algo fue. Solo sé que es familia directa; la historia es intrincada. Él asegura no necesitar el dinero de su familia paterna.
—Dirás que vendió porque, según contó, le dieron dinero solo por eso. Pero, si es así, sigo sin entender por qué su propuesta tan absurda —la pareja se miró divertida, pero solo Emma habló.
—Cariño, si crees que William se quedará de brazos cruzados después de que lo filmaras, estás muy equivocada. Es tan perverso como tú, o un poco más. Eso, y que no se lleva bien con O'hurn. Aún no le perdona que dejara el puesto tirado, así que hará todo lo posible para fastidiarlos —imaginé que Emma sabía de lo que hablaba; hasta donde sabía, él era muy cercano a la pareja frente a mí, más que a los gemelos.
—Creo que te has encontrado con la horma de tu zapato —dijo Jasón, divertido—. No me extraña que esa mente perversa sea herencia de alguno de tus ancestros. Hablo de los verdaderos York. Tú y William son muy parecidos; será una guerra sin cuartel —terminó, mientras ayudaba a su esposa a levantarse.
—Nos alegra que estés bien. Por cierto, tendrás a Andrew de tiempo completo. Debemos irnos; es nuestro último control.
Los vi irse tomados de la mano. Era hermoso ver a Emma acompañada. Recordaba cuando trabajaba con Antwan: era una chica alegre, llena de sueños, con un temperamento fuerte desde entonces. No había tenido una vida fácil, y su llegada a este país fue aún peor.
La puerta se abrió, y abrí los ojos, asombrada por lo que veía. ¿Vincent estaba disfrazado? Lo que llevaba apenas cubría sus partes nobles y trasero; estaba casi desnudo. Lo miré de arriba abajo, sin poder creerlo; solo una pequeña tela lo cubría.
—Espero que tengas una buena excusa para venir vestido así —dije. Él solo sonrió y se sentó en la silla. Una enfermera entró con los medicamentos que me tocaban, y fui muy consciente de la mirada que le dirigía a mi hombre. Rabiosa, la observé con detenimiento, y él solo le hizo un guiño divertido—. Te vas a resfriar.
—Con gusto te cuido, bebé —dijo la enfermera metiche.
Lo miré a los ojos, pero él solo observaba sonriente a la resbalosa enfermera, que salió de la habitación con un movimiento de caderas. Me senté en la camilla y me crucé de brazos, mirándolo enojada.
—Dijiste que mi acto no te afectaba, así que quiero comprobarlo —me advirtió, cruzándose de brazos, estirando las piernas y cerrando los ojos. Por último, apoyó la cabeza en la pared.
—Saldré desnuda... —me apresuré a decir.
—Haré lo mismo; seremos Adán y Eva... —replicó.
—¡Pero si ya estás desnudo! —le grité, furiosa—. ¡Todas esas babosas seguro te vieron! ¿Qué pretendes? —seguí reclamándole, histérica, y él se alzó de hombros, divertido, con los ojos cerrados.
—Quiero que, por un momento, te pongas en mis zapatos, que veas lo que se siente hacer locuras sin pensar. No estoy desnudo, pero si hago esto, sí lo estoy —dijo, alzando el diminuto trapo que lo tapaba. Abrí los ojos por la sorpresa.
—¡Haz lo que quieras! —dije, señalándolo—. Pero una cosa te advierto: si tocas a otra mujer o miras su trasero, no volverás a tocarme en tu vida, Vincent O'hurn Miller. Y ahora, ¿a dónde crees que vas? —pregunté al verlo levantarse. Me bajé de la camilla rápidamente, lo que me mareó—. No dejaré que otra mujer te vea así. ¡No puedes hacer eso! —solo entonces se detuvo. Suspiré aliviada. Giró su enorme cuerpo y me observó fijamente.
—¿Por qué no? —dijo, sonriendo.
—¡Porque eres mío! —grité con todas mis fuerzas, sosteniéndome de la camilla—. ¿Me entendiste? ¡Mío! Si alguna se atreve a mirarte o tocarte, la arrastro por todo el maldito hospital —terminé de decir.
Con horror, lo vi abrir la puerta. Entró Sofía con la ropa que Vincent llevaba hace unos momentos. Entorné los ojos; acababa de ser traicionada de la manera más cruel.
—Gracias, Sofía —dijo, recibiendo la ropa. Luego se dirigió al cuarto de baño, pero antes de entrar, me dijo—: Ahora ya sabes lo que sentí cuando vi ese video. Cada vez que hagas algo parecido, haré lo mismo como respuesta, hasta que entiendas que no debes actuar así.
—¡No entrarás a mi cuarto! —era una amenaza estúpida, pero lo único con lo que podía amenazarlo y que sabía que le afectaba.
—Veamos cuál de los dos resiste sin las caricias del otro, Ivanna —suspiró, frustrada, y miré a mi amiga.
—¡Eres una traidora, Sofía!
—A mí también me alegra verte, Ivanna. Además, él debía ganarte al menos una vez —dijo, acercándose y abrazándome.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro