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Extra [3]







Jared & Alissa.

Alissa caminaba junto a su mejor amigo, también alfa, hacia la sala de los castigados.

Ambos alfas tenían reservado un asiento fijo en aquel lugar, pues no paraban de meterse en líos.

Allí les daban una charla sobre "autocontrol, cien lecciones para contener la ira".

Siempre las mismas caras.
Aquellos chicos podrían formar una pandilla de badboys, solo que la líder sería una alfa testaruda.

Cuando entraron en la sala, se dirigieron a sus respectivos asientos bajo la atenta mirada de los otros asistentes con un pase diario garantizado.

-¿Qué hace una cosita como él por aquí?- inquirió Alissa hacia su mejor amigo, señalando al omega que estaba sentado en un asiento de la primera fila, cerca de la salida.

Parecía que echaría a correr fuera de allí en cualquier momento, ya que la sala apestaba un poco a omega asustado.

Además de ese omega, había otra omega que Alissa conocía perfectamente.

A ella y a sus hermosas garritas.

-Será uno de los nuevos...- refunfuñó él- ¿Acabas de llamarlo cosita?- inquirió, incrédulo- Tú nunca llamas a nadie de esa forma.

Alissa ignoró a su mejor amigo, manteniendo su mirada fija en aquel omega.

Acabó negando mientras soltaba un exagerado suspiro.

-El mundo se está yendo a la mierda...- refunfuñó Alissa, aún sin poder creer que alguien como él estuviera por recibir una charla sobre "autocontrol, cien lecciones para contener la ira".

-¡Primer puto día de clase de un nuevo curso escolar y ya estáis metidos en líos!- gritó el profesor, entrando en el aula- ¿Qué se os pasa por la maldita cabeza?

Creo que él necesita esa charla más que yo.
Pensó Alissa.

-Cariño, ¿puedes repartir estas hojas?- inquirió el profesor, suavizando su voz.

El omega se levantó con rapidez de su asiento, tomando las hojas que el profesor le estaba entregando.

Alissa sintió ganas de vomitar.

-¿Sabe usted, señor profesor, que no está permitido ponerle apodos cariñosos a sus alumnos?- inquirió Alissa- Yo podría llamarte príncipe, Rodrigo.

El profesor hizo una mueca, regalándole una mirada para nada amorosa.

-Es mi hijo, ¿algún problema?- inquirió con molestia- Se ha tenido que quedar esta hora extra gracias a vosotros.

Alissa asintió, llevándose una mano a su pecho en un gesto dramático.

-Ya no volveré a meterme en ningún problema y me encargaré de que estos inútiles me copien...- refunfuñó Alissa- Promesa.

-Eso estaría genial, Alissa- comentó el profesor, ahora de mejor humor.

Alissa sintió ganas de vomitar, otra vez.

-Lo haré por tu lindo hijo, no por tí, príncipe Rodrigo- refunfuñó Alissa- ¿Qué lección repasaremos hoy?

La hora pasó demasiado lenta, casi como una digna tortura medieval, para casi todos los alumnos allí presentes.

Para Alissa la hora pasó volando, ignorando las palabras del profesor y centrándose únicamente en observar cómo el omega hacía las tareas que le habían mandado.

-Espero no ver a nadie por aquí mañana- se quejó el profesor mientras los dejaba marchar.

-No te preocupes Rodrigo, me encargaré de ellos personalmente- comentó Alissa con una gran sonrisa.

Durante gran parte del segundo día de clases, Alissa se pasó la mañana amenazando a los alumnos con pase diario a la tortura para que no se metieran en líos o de lo contrario les haría la vida imposible durante el resto del curso.

Fue durante un descanso, en el cual la alfa decidió ingresar a los baños, cuando escuchó pequeños sollozos provenientes de uno de los cubículos.

Ni siquera supo cómo es que reconoció al omega del cual procedían esos sollozos.

En ese momento sólo le importó subirse en el lavabo y así poder echar un vistazo desde arriba al interior del cubículo en el cual estaba el omega.

-¿Por qué estás llorando?- inquirió Alissa con fingida tranquilidad.

Observó cómo el omega se sobresaltaba, mirando hacia arriba de forma automática.

-¡Oye!- chilló el omega, olvidándose de su llanto por un instante- ¡No puedes hacer eso!

-No me meteré en ningún lío si tú no me acusas a tu padre- comentó la alfa con una gran sonrisa- Ahora en serio, omega...- refunfuñó- ¿Por qué estás llorando?

-¡Estos son baños para omegas, omegas hombres!- volvió a chillar el omega- ¡Y tú no eres ni omega, ni hombre!

Alissa se encogió de hombros, soltando una pequeña risita.

-Puedo ser un angelito cuando quiero y cuando estoy follando me sale pene así que...¿me dirás por qué lloras?- insistió la alfa.

-¡Ser omega no significa ser bueno, yo también puedo meterme en algún lío si me da la real gana!- chilló el omega, saliendo del reducido espacio- ¡Bájate de ahí, puedes caerte!

-Nene, tú necesitas asistir a esas charlas con tu padre...- comentó la alfa, bajándose del lavabo- ¿Sabías que tienes problemas de ira?

El omega, contra todo pronóstico, acabó riendo fuertemente.

-Gracias...- murmuró Jared, algo avergonzado- Por hacerme reír en un momento como éste.

-¿Me dirás?- insistió Alissa, poniendo cara de cachorro herido- ¿Porfi?

Jared dudó por unos instantes, pero acabó cediendo. Total, lo que había sucedido correría como la polvora por el instituto.

-Mi alma gemela me ha rechazado- comentó, afligido- Ni siquiera me ha dado una oportunidad por ser un omega chico.

Alissa asintió.

-¿Quieres hacer un trato conmigo?- Jared miró a la alfa, curioso- Tú me dices su nombre y yo le parto la cara por hacerte llorar y por hacer tremenda estupidez, pero a cambio tienes que asistir a la clase sobre control de la ira de tu padre para darme apoyo moral.

Jared acabó aceptando el trato entre risas, pensando que sólo era una excusa más para hacer reír al omega.

Sin embargo, se sorprendió al ver a la alfa en el aula, la cual estaría completamente vacía de no ser por ella, sentada cómodamente esperando la llegada de su padre.

Observó también sus nudillos decorados con pequeños hematomas y su labio partido.

-¿Pero tú no que ibas a mantenerte fuera de líos?- inquirió Rodrigo, molesto- ¡Iniciar una pelea no es una buena forma de hacerlo!

Jared se sobresaltó al escuchar los gritos procedentes de su padre, quien estaba situado tras él.

-Lo siento, cariño...- comentó ahora apenado- Pero tenemos que quedarnos una hora más.

Jared asintió todavía sin apartar la mirada de la alfa, sin ser capaz de procesar la información.

-No te preocupes, papá- comentó Jared con una sonrisa- Haré mis deberes.

La hora pasó exactamente igual que la del pasado día con Jared haciendo sus tareas mientras era observado por la alfa, ambos ignorando al profesor que no paraba de hablar sobre "autocontrol, cien lecciones para contener la ira".

El curso había avanzado con rapidez, encontrándose casi en el ecuador del curso.

Jared, por más que intentó evitarlo, se volvió muy unido a Alissa.

Su omega se irritaba con facilidad si no tenía su olor cerca. También se irritaba aún más si su olor estaba presente, pero ella no le prestaba atención porque otro omega se la estaba robando.

Su omega se moría de placer cuando la alfa, por cual motivo, tomaba contacto con él.

Se negaba a soltarla si estaban abrazados, o soltar sus manos si éstas se encontraban entrelazadas.

Cuando perdían el contacto, su omega volvía a irritarse. En definitiva, Jared se pasaba la mayor parte del día irritado, debido a que Alissa no era su alfa, pero éste quería que lo fuera.

-¿Estás listo para descubrir el lindo mundo sobre sexo?- inquirió Alissa con tono pervertido- Todos están hablando sobre ello.

La primavera estaba por entrar, y con ello el aumento del apetito sexual de los lobos.

Los profesores aprovechaban, por tanto, para reunirlos a todos en el gran salón de actos y les daban la temida charla.

Era temida porque no sólo les obligaban a escuchar, sino que también debían participar, colocando algún que otro preservativo sobre un miembro de plástico, entre otras cosas.

-No quiero- lloriqueó el omega, tomándolo de excusa para abrazarla- Quise quedarme en casa pero papá me obligó a venir.

-No te preocupes, nene- comentó Alissa con dulzura- No será para tanto, es divertido.

No lo fue para él cuando plantaron un pequeño pene de plástico y un pequeño paquetito frente a él.

Alissa tuvo que pegarle a su mejor amigo para que dejase de reir por la expresión de su asustado omega.

-Te ayudaré, nene- comentó Alissa, tomando el preservativo- Tienes que abrirlo con cuidado porque podrías picarlo y nueve meses después habría sorpresa, ¿si?

Gritó un ¡así no, desgraciado! cuando observó a su mejor amigo rasgar el paquete con los dientes sin ningún tipo de cuidado.

-¿Cuántos hijos tienes y no me has dicho?- inquirió la alfa, incrédula- ¡Eres un imbécil!

Varios alumnos comenzaron a reír ante tal espectáculo, provocando que los nervios del omega desaparecieran al instante.

Colocó dos preservativos, uno masculino y otro femenino, con la ayuda de su alfa.

-Aquí ya tenemos un problema...- refunfuñó la alfa mientras tomaba la caja de supresores- Esto ya no entra dentro de mi ámbito.

-Los que tienes en tus manos son para prevenir- murmuró el omega, avergonzado- Estos son para alguna emergencia- tomó otra caja.

Alissa se la quitó de las manos y se la lanzó a su mejor amigo, aconsejándole quedarse con el nombre de las pastillas, pues tal y como había roto el paquete del preservativo, iba a tener bastantes emergencias a lo largo de su vida.

-¡Bien, chicos!- gritó un profesor, intentando poner un poco de orden- Mientras estáis en un acto sexual, ¿podéis inclinar vuestra cabeza hacia un lado?

-¿Si?- respondió el omega, dudoso.

-Sí- afirmó Alissa, atrayéndolo a sus brazos- Pero no cuando hay un nudo que te une a un alfa, nene.

-Porque el alfa perdería el control debido a tal acto de sumisión y acabaría marcando al omega...- finalizó Jared- Me sé la teoría, ¿tú me marcarías?

Alissa asintió sin darle más importancia al asunto.

La charla duró una hora más y con ello dio paso a tres horas más de insufribles clases.

Una vez finalizada la jornada por ese día, Jared fue a buscar a Alissa, más como no la encontró, fue a preguntarle a su padre si debía quedarse con los castigados.

Entre tantos alumnos, observó a la alfa sentada en su habitual asiento junto a su mejor amigo, ambos visiblemente golpeados.

-¡Alfa!- gritó histérico, sin llegar a percatarse de lo que había hecho- ¿Qué te ha pasado?

Alissa se levantó de su asiento.

-Estoy bien, nene- comentó la alfa con tranquilidad, dejándose revisar por un muy alterado omega.

Jared negó, arrastrándola fuera del aula para ir hacia los baños.

-¡Estás terriblemente golpeada!- chilló el omega- ¡Mira tus labios, y tu ojo!- levantó la camiseta de la alfa- ¡Joder, mira que moratón!- señaló sus costillas.

Alissa intentó tranquilizarlo, pero el omega fue más rápido y entrelazó sus manos.

-Déjame curarte por favor, alfa- imploró Jared- ¡Aunque debería golpearte por estar buscando problemas a todas horas!

Alissa se dejó curar pacientemente por el omega, ya que la saliva de estos no era tan eficaz como la de un alfa.

También se dejó reprender en lo que el omega esperaba a que su saliva hiciera efecto.

-La alfa que te rechazó está interesada en tí de nuevo, estaba contándole a sus amigos cómo te tendría de vuelta cuando yo lo escuché...- se quejó Alissa como una niña pequeña- Solo le dejé claro a quien perteneces ahora, nene.

-Oh...-

-Porque eres mío, ¿no, nene?- inquirió Alissa con una gran sonrisa.

Jared asintió, aferrándose fuertemente a la alfa, quien lo recibió en sus brazos.

-Y tú eres mía, alfa- comentó Jared soltando un gruñido demasiado territorial, consiguiendo así espantar a varios omegas que se encontraban por allí.

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