Extra [2]
Alaia & Kasen.
Kasen ni siquiera supo en qué estaba pensando cuando aceptó la propuesta de aquella omega.
Quizás fue la soledad que sentía lo que le empujó a hacerlo. Todos sus amigos estaban emparejados, a excepción del omega Liam y él mismo, y todos los nombrados también habían formado una familia, a excepción, claro está, del omega Liam y él mismo.
Por lo menos el omega tenía a Shania, pero él, ¿qué tenía él?
Ni siquiera tenía pareja y ya era hora de cambiar eso, por lo que cuando Camila le propuso intentar formar un lazo con ella, él acabó aceptando.
Camila era una omega muy dulce, pero muy dramática. La noticia sobre ellos corrió como la polvora por la manada, siendo Alaia la primera ir a exigirle al beta saber si ese rumor era cierto.
Kasen se enfadó con Alaia por tener el descaro de preguntarle sobre su vida cuando ésta no hacía más que decir cosas negativas sobre él.
Alaia se enfadó con Kasen porque éste no le quiso confirmar que el rumor que se había extendido sobre ellos era falso.
-¡No es falso, Alaia!- gritó Kasen- Es justo lo que estoy haciendo y ojalá todo me salga bien porque estoy hasta los huevos de estar solo, ¿entiendes?- comentó ahora un poco más calmado- También te sugiero que busques otra persona a la que sacar de quicio, creo que no soy la única mierda de persona en esta manada de la cual sacar cosas negativas.
Alaia no volvió a molestarlo a partir de entonces, evitándolo cada vez que coincidían en la casa principal o en cualquier otro lugar.
Aún así, Camila se tomó el descaro de prohibirle a Kasen hablar con ella, aún si era la omega la que lo buscaba a él.
Kasen quiso recalcar el hecho de que ellos ni siquiera estaban saliendo o habían conseguido formar el lazo como para intentar prohibirle nada.
También quiso recalcar que aunque así hubiera sido, tampoco tenía el derecho de decirle con quién podía hablar y con quién no podía hacerlo.
Sin embargo, cansado un poco de todo, aceptó el capricho de la omega.
-Kasen, amorcito de mi vida y de mi corazón...- comentó Abel con una gran sonrisa- ¿Cómo está siendo tu día hoy?
Kasen suspiró, dejando el vaso de agua sobre la mesa.
-¿Cuándo comienza tu turno?- inquirió, directo al punto- Por el único que estoy dispuesto a hacerte el cambio es por el que tengo mañana a las siete de la tarde, ¿qué dices?
-Empieza hoy a las once de la noche y por supuesto que hay trato- comentó Abel feliz- Ya sabes el problema que tienen los niños y lo nerviosos que se ponen si no estoy en casa para dormir, gracias Kasen.
El beta se encogió de hombros, pensando que prefería perderse una sesión de sexo aburrido a que unos niños de tres años pasaran una mala noche debido a su padre ausente.
Abel abandonó la cocina justo cuando Alaia estaba entrando en ésta.
Ignoró la presencia del beta, dirigiéndose al frigorífico para sacar un poco de zumo.
-Gracias...- espetó la omega, irónica- Mañana tendré que soportar al estúpido de Abel por tu estúpida forma de hacer el bien.
-Pensé que cualquier persona que no fuera yo te agradaría- espetó Kasen, también irónico- Son niños, ¿entiendes? También lo haría por tu hermano.
-Pues fíjate que prefería tu compañía a la del estúpido alfa que me has colocado como compañero de turno- refunfuñó la omega- Por cierto, ¿tú no deberías estar ignorándome?- inquirió con burla- Tu omega se pondrá muy furiosa si se entera de esta pequeña conversación.
Kasen quiso reprocharle que no era su omega, más decidió seguir su juego.
-¿Por qué mi omega se enfadaría por tal cosa?- inquirió con fingido desinterés.
Alaia intentó no parecer afectada ante las palabras de Kasen. Una cosa era decirlo ella misma y otra muy diferente escuchar las mismas palabras del propio beta.
-¿Así que lo habéis conseguido?- inquirió con voz afligida- Me alegro mucho por tí, Kasen.
Ojalá seas muy feliz, te lo mereces, después de todo-
Alaia intentó salir de la cocina, más Kasen se lo impidió, tomándola del brazo.
-No es mi omega y no tengo un lazo con ella- refunfuñó Kasen- Ahora díme como es que sabes sobre la prohibición.
-Ella se encargó de restregármelo en la cara junto a su grupito de amiguitas- murmuró la omega, soltándose de su agarre para salir de allí con rapidez.
Alaia lo había tenido difícil al ser la hija de dos alfas, siendo repudiada por algunos integrantes de la manada y aceptada por otros tantos.
Gracias a la protección de Alissa y Jared, aquellos que la repudiaban no llegaban a transmitir su desagrado por la omega más que con caras de desagrado pero, al fin y al cabo, el sentimiento de malestar que producía en Alaia estaba ahí.
Ese era uno de los principales motivos por el que no se atrevía a confesarle sus sentimientos a Kasen, quien tiempo atrás había intentado convencer a la omega sobre formar un lazo o ser pareja sin nada de eso de por medio.
Alaia lo rechazó rápidamente aunque internamente se moría por decirle que sí.
Le temía al amor porque, después de todo, eso había matado a su padres y, si no llega a ser por Alissa, también la habría matado a ella y a su hermanito.
El amor hace daño.
Se recordó a sí misma.
…
Kasen llegó a la casa principal a las tres y media de la mañana.
Las cosas se habían complicado, debido a que habían encontrado huellas de lobos alrededor de su territorio.
Huellas no pertenecientes a sus lobos.
Cuando su turno de vigilancia finalizó y sus compañeros los relevaron, el beta y su compañero decidieron seguir el rastro, más no encontraron nada.
Cuando pasó por la habitación de la omega, escuchó sus pequeños sollozos, más se obligó a sí mismo a continuar, haciéndose entender que no era su problema.
Por supuesto esa noche no pudo conciliar el sueño debido al malestar que le había causado el llanto de la omega.
La mañana siguiente tampoco fue la mejor, no sólo para él sino también la omega, quien ni siquiera parecía un poco más animada con la compañía de su hermanito Thiago.
-Kasen, ¿puedes venir, por favor?- inquirió Aisha, haciéndole un gesto para que la acompañase.
Se reunió junto a Aisha y Alissa en el despacho de ésta última.
-Las huellas pertenecen a los cazadores, Kasen- comentó Alissa, sin su habitual buen humor- Les llegó el rumor de un bebé encontrando a su mate y quieren asegurarse de que mi nieta no es una omega.
Los cazadores se dedicaban a vagar por el mundo, dándole caza a aquellos lobos que se atrevían a desafiar las leyes de la naturaleza, emparejándose con uno de su misma raza.
Estos lobos fueron quiénes se encargaron de matar a los padres de Alaia y los que se habrían encargado de eliminar a Daniela y Thiago si ésta hubiera nacido omega.
-Quiero que sea algo pacífico- prosiguió Aisha- Que conozcan a mi hija para que vean por sus propios ojos que es alfa y se marchen cuanto antes.
Kasen asintió, completamente serio.
-¿Qué debo hacer?-
-Anibal y Abel están al tanto ya- comentó Alissa- Se quedarán con sus omegas y los niños en sus habitaciones.
-Quien nos preocupa es Alaia- comentó ahora Aisha- Thiago también debe ser reconocido por ellos para que vean que no estamos mintiendo.
Kasen apretó sus puños, debido a la furia que estaba sintiendo en ese momento.
-Con todo respeto, Alissa...- comentó con fingida calma- ¿Vas a exponer al niño que salvaste de esos mismos desgraciados de una muerte segura? ¿De verdad crees que Alaia lo va a permitir?
-No hay otra opción, de lo contrario se iniciaría una guerra de la cual no vamos a salir victoriosos- objetó Alissa, dando por finalizada la conversación.
…
-Todo estará bien, te lo prometo- susurró Kasen en el oído de la omega.
Kasen se encontraba sentado en uno de los sillones del salón con Alaia acurrucada en él, sentada sobre sus piernas.
En ese momento poco le importaba mostrarse débil frente a los demás.
Lo único que le preocupaba era su hermanito y la visita que recibirían en breves instantes.
Cinco lobos en total entraron al salón, acompañados de Alissa. Aisha se levantó de su asiento con rapidez, murmurando un iré a por los niños, justo antes de salir de la estancia.
-¿No te suena de algo?- inquirió un lobo hacia otro, señalando sin siquiera disimular un poco a Alaia.
La omega se encogió instintivamente, evitando soltar el pequeño gimoteo que les advertiría lo asustada que se encontraba.
-Vuelve a mirarla otra vez y te arranco los ojos- gruñó Kasen, abrazándola aún más fuerte.
-Vale, vale...- comentó el lobo, burlón- Tranquilo, fiera.
Las burlas continuaron hasta que Aisha volvió a ingresar al salón, ahora acompañada de su chica y de los niños.
-Ella es nuestra hija Daniela- señaló a la pequeña alfa que miraba a los lobos con desconfianza- Y él es su omega, Thiago.
-Estos dos son los hijos de aquella pareja de alfas que matamos no muy lejos de esta manada- comentó el lobo, cayendo en cuenta del motivo por el cual la chica le era conocida- ¡No matéis a mis papás, ellos no han hecho nada malo, dejadlos!- imitó la voz de Alaia.
La omega comenzó a sollozar, ocultando su rostro en el cuello del beta, provocando más risas por parte de los cazadores.
-¡Hermanita!- chilló Thiago, saliendo a correr hacia ella.
Daniela lo siguió rápidamente, más los lobos le impidieron el paso, consiguiendo separarla de su omega.
-¡Dejadme pasar!- chilló Daniela- ¡Thiago, no podías separarte de mí!- mordió la pierna de uno de los lobos, el cual rompió la compostura y Daniela aprovechó para colarse por el pequeño hueco para ir tras su omega- ¿Estás bien, Thiago?
El omega negó, comenzando a llorar al ver así a su hermana.
-¡Ay, papá qué hago!- chilló Daniela, histérica- ¡Están haciendo a llorar a Thiago, tontos!
-Bueno, nosotros ya hemos terminado por aquí- comentó el líder- Me alegra que la muerte de tus padres te haya hecho recapacitar, omega- provocó la risa de sus compañeros- Cuando te dejé marchar con vida temí que acabaras siguiendo los pasos de tus padres, pero me alegra ver que no ha sido así, has sabido valorar tu vida.
-¡Samira, llévate a los niños de aquí!- gritó Aisha- ¡Y a la omega!
No fue un trabajo fácil para Samira, pero consiguió sacarlos fuera de allí antes de que la pelea comenzara.
Sin embargo, a las dos alfas y al beta no les fue difícil encargarse de ellos ya que solo eran cinco, y con la ayuda de Anibal y Abel se encargaron de finalizar la guerra que Kasen había iniciado al arrancarle la cabeza a aquel lobo que se había dirigido de esa forma a la omega.
Estás equivocada, omega.
El amor verdadero no te daña, te hace más fuerte.
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