Extra [1]
Es el único extra que va antes del epílogo.
Cai & Anibal.
Habían intentado formar su lazo por segunda vez, no mucho tiempo después de que Anibal por fin decidiera enfrentar a Alissa.
Sin embargo, no había salido como ellos esperaban.
No consiguieron nada, justo como la primera vez.
-¿Y ahora qué?- inquirió Cai en un bajo murmullo, intentando contener sus lágrimas.
No obtuvo respuesta por parte del alfa, quien únicamente se dedicó a apresarlo entre sus brazos para intentar dormir.
Aunque sabía que no lo logría, su mente intentando idear un nuevo plan que llevar a cabo no lo dejaría descansar.
Sabía también que, si no habían conseguido formar el lazo en dos ocasiones, probablemente no lo conseguirían en una tercera.
Sabía que tenía que desistir, rendirse ante la tonta idea de hacerlo su pareja de por vida, para que así Cai pudiera intentarlo con otra persona o, en su defecto, esperar a su alma destinada.
-Lo mejor ahora será dormir, ¿si?- demandó con suavidad- ¿Quieres que me marche?
El omega negó con rapidez, acurrucándose aún más en el calor que el cuerpo del alfa le proporcionaba.
-Buenas noches, Anibal- murmuró Cai, soltando un pequeño bostezo.
-Buenas noches, Cai- comentó el alfa, besando con dulzura su frente.
Te amo, omega.
Pensó Anibal con un deje de amargura.
La mañana siguiente, Cai despertó solo en su cama y, cuando fue a buscarlo después de una ducha, Anibal le explicó que lo mejor sería desistir.
Lo nuestro no va a funcionar.
Comentó el alfa con molestia, encerrándose nuevamente en su habitación para no enfrentar al omega.
Cai, por supuesto, no estuvo para nada de acuerdo con la decisión tomada por el alfa, pero poco pudo hacer al respecto.
Dejó de insistirle una semana después de que Anibal tomara esa decisión por los dos, y una semana más tarde finalizó sus noches ahogado en llanto.
-¿Vas a salir, omega?- inquirió Jared con dulzura.
-Sí, mamá- respondió Cai con una sonrisa- He quedado con mis amigos para seguir con los entrenamientos.
Jared asintió más que feliz por aquella idea. Se había dado cuenta de que las cosas no marchaban muy bien con Anibal y el daño que aquello le estaba causando a ambos.
-Diviértete pero no en exceso, ¿vale?- le regañó su madre con ternura- La última vez regresaste con una pierna rota.
-¡Lo intentaré!- chilló el omega, saliendo a correr fuera de la casa.
Se chocó accidentalmente con Anibal, quien en ese momento estaba intentado ingresar en la casa junto a Abel, seguramente después de recorrer el perímetro de la manada para comprobar que todo estaba bien.
-¡Lo siento!- chilló Cai, sin siquiera mirarle más que un par de segundos, reanudando su caminata.
Abel suspiró, un tanto dramático a decir verdad, mirando como su amigo seguía con la mirada los pasos del omega que cada vez se alejaba un poco más de ellos.
-Eres un imbécil que va a perderlo si no haces nada- gruñó Abel con fastidio.
-Ya lo hemos intentado dos veces, no habrá una tercera porque lo único que voy a conseguir es hacernos más daño- gruñó Anibal, igual de fastidiado.
-Lo dicho...- refunfuñó Abel- Eres un imbécil.
Cai regresó dos horas más tardes, hecho un completo desastre.
Su camiseta y pantalón estaban decorados con manchas de tierra, su pelo estaba revuelto.
De su brazo derecho no paraba de salir abundante sangre, así como de sus ojos no paraban de salir abundantes lágrimas.
-¡Omega!- chilló Aisha con histeria, observándolo.
Los demás dirigieron la mirada hacia donde la loba estaba mirando, soltando más de uno unos cuantos jadeos.
-¡Papi, no vayas a enfadarte, por favor!- chilló Cai, abalanzándose sobre los brazos de Alissa, buscando su protección.
Si algo había aprendido Alissa todos estos años era que cuando ese omega le decía papi no te enfades, significaba que iba a enfadarse, y mucho.
-Ya estoy pensando tu castigo, omega- refunfuñó Alissa, correspondiendo su abrazo- Déjame ver la herida y cuéntame que has hecho esta vez.
Cai asintió, separándose de ella con un tierno puchero. Estiró su brazo, mostrándole a sus padres un arañazo que parecía ser bastante profundo.
-Kevin golpeó mi estómago y me hizo esto...- refunfuñó el omega- Intentó curarme con su saliva y perdí un poquito el control, pero sólo un poco papi.
Sí, justo como el poquito embarazo de Sean.
Pensó Aisha con burla.
-¿Qué le hiciste?- inquirió Alissa, examinando la herida.
-Le mordí, dos veces- murmuró- ¡Pero es que ese alfa testarudo no entendía que no quería que me curase!
Cai no estaba contando toda la verdad, o bueno sí que lo estaba haciendo pero estaba cambiando las cosas de orden.
-¿Te duele mucho?- inquirió Jared con preocupación- ¡Alfa, cúralo!- lloriqueó el omega.
-Solo si es estrictamente necesario, mi dulce omega- comentó Alissa en dirección a su esposo- ¿Te duele mucho, Cai?
Cai negó, formando otro puchero.
-Entonces iremos a buscar un botiquín y te lo curaremos de esa forma, ¿si?- Cai asintió enérgicamente.
-¡Alfa!- lloriqueó Jared aún más fuerte- ¡Así no, con tu saliva!
Alissa tuvo que llevarse a sus dos omegas a la habitación, uno para tranquilizar y otro para curar.
-Jared, mi amor...- inició Alissa con dulzura- Nuestro bebé ya ha crecido, tienes que entenderlo.
-¡Pero nuestro bebé no tiene alfa todavía!- chilló Jared, histérico- ¡No será una falta de respeto para nadie!
-Anibal está intentándolo, sería una falta de respeto para él- afirmó Alissa con suavidad.
Cai se sonrojó fuertemente al escuchar a su padre, sintiendo a su vez ganas de llorar.
-¡Es tu hijo!- insistió Jared- ¿Qué falta de respeto puede suponer eso, eh?
-Si Aisha lo hiciera contigo en una situación que no fuera crítica, me sentiría así y es nuestra hija...- refunfuñó Alissa- No hay más que discutir, mi dulce omega.
-¡Estúpido orgullo de alfas!- chilló indignado, saliendo de la habitación con furia- ¡Cómo se le infecte la herida a mi bebé te vas a enterar!- gritó una última vez desde el pasillo.
Cai se dejó curar pacientemente, aguantando pequeños gruñidos cuando el algodón empapado en alcohol rozaba su herida.
-Anibal ya no quiere intentarlo más conmigo- murmuró Cai, algo avergonzado.
-Dale un poco de tiempo, dulce omega- comentó Alissa con ternura- Los alfas somos un poco estúpidos y temperamentales, si algo no nos sale desistimos por la rabia que nos provoca, pero él te ama demasiado.
Anibal y Kasen regresaron a casa pasada la una de la madrugada, habiendo finalizado por fin su turno de vigilancia.
-No le vuelvo a cambiar un turno a Abel- refunfuñó el beta con indignación- ¿No vas a cenar?
Anibal negó, comentado que no tenía hambre y que se iría a la habitación.
No te detengas, sigue tu maldito camino.
Se reprendió a sí mismo el lobo.
Estaba pasando por la habitación de Cai y su lobo no estaba colaborando para detener la estúpida idea de abrir un poco la puerta para comprobar que el omega estaba durmiendo.
Al final, sus instintos acabaron cediendo y abrió la puerta con cuidado, intentando no hacer ruido.
Cai no se encontraba dormido, sino que estaba de pie frente a su espejo enterizo, observando una zona específica de su vientre, donde residía un gran moratón.
Anibal soltó un fuerte gruñido, haciendo que el omega se sobresaltara y bajara su camiseta.
-¿Quién mierda te ha hecho eso?- inquirió el alfa con rabia.
Perdió aún más el control cuando se percató de la herida en su brazo.
-Un entrenamiento fallido, no pasa nada- respondió el omega con suavidad, intentando calmarlo.
El alfa entró en la habitación con brusquedad, encerrándolos a su paso. Se sentó en la cama y tiró del omega, obligándolo a sentarse sobre sus piernas.
-¿Por qué Alissa no te lo ha curado?- inquirió con reproche, mirando fíjamente la herida.
-Sí que lo ha hecho, con alcohol- murmuró el omega- En un par de días no tendré nada.
El alfa negó, gruñendo.
Llevó el brazo del omega hacia su boca, curando la herida con su saliva.
-Cuéntame que ha pasado, por favor- imploró Anibal con fingida tranquilidad.
Cai dudó por unos instantes, pero acabó cediendo, acomodándose mejor sobre sus piernas.
-Les dije que no podían golpearme en el vientre, pero Kevin lo hizo- refunfuñó el omega- Entré en pánico por el bebé y perdí el control, así que le mordí dos veces y él, intentando separarse de mí, acabó arañándome.
Anibal se tensó en cuanto escuchó la palabra bebé. Rápidamente hizo que el omega inclinara su cabeza hacia un lado, dejando su cuello expuesto.
Olfateó en repetidas ocasiones, sin éxito alguno. No sentía su olor mínimamente cambiado o siquiera más dulce.
-Estoy ocultándolo- murmuró el omega, comenzando a sollozar- Tengo muchísimo miedo.
Los omegas tenían la capacidad de ocultar el olor de su embarazo hasta determinado punto de gestación si así lo querían.
Pasados ese punto, el olor comenzaba a manifestarse aún cuando ellos no quisieran.
-Shhhhh, estoy aquí para vosotros, mi dulce omega- comentó Anibal con evidente alegría en su voz- Déjame sentir tu olor, por favor.
Cai cedió una vez más, no pudiéndose negar ante la necesidad de su alfa.
Anibal lo olfateó otra vez, consiguiendo así encontrar el dulce cambio que tan ansiosamente estaba esperando.
-¿Desde cuándo?- inquirió acompañado de un gruñido, satisfecho.
-La última vez que intentaste ser mi alfa...- respondió el omega, sollozando.
Así, entre sollozos por parte del omega y lágrimas amargas por parte del alfa, hiceron el amor por tercera vez.
Anibal intentó ser todo lo cuidadoso posible, susurrando delicadas palabras en el oído del omega.
Haciéndole miles de promesas sobre protección, amor eterno y muchos cachorros más, mientras suplicaba internamente a su diosa para que los bendiciera con el ansiado lazo que tanto deseaban.
Cuando el nudo del afa comenzó a crecer en el interior del omega, ambos lo sintieron.
Ambos conectados de una forma especial, justo como en las historias que tantas veces les habían contando de pequeños.
Cai inclinó su cabeza hacia un lado, dejando su cuello expuesto hacia el alfa, sumiso.
Habían logrado formar un lazo y el omega no estaba dispuesto a esperar más tiempo por su marca.
El alfa parecía pensar igual, quien no dudó en enterrar sus afilados colmillos en su cuello, marcándolo como suyo para toda la eternidad.
-Mi omega...- gruñó, calmando el dolor de la mordida con su saliva- Y mi cachorro...- volvió a gruñir, acariciando el, todavía plano, vientre de su omega.
Míos.
Pensó con felicidad.
Sin siquiera pensar en las consecuencias, estiró su cabeza hacia atrás y soltó un aullido que fue escuchado, no solo en la casa, sino en toda la manada.
¿Alguna idea para los próximos extras de cada pareja? ♥
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