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-Lo que me faltaba- gruñó Aisha apartando la mirada de Samira para poder mirar hacia la entrada.

El íntimo ambiente que había intentado crear se había desecho gracias al estrepitoso sonido provocado por la puerta siendo fuertemente azotada contra la pared.

-¡No te tengo miedo!- gritó Sean mientras se adentraba en el lugar- ¡Así que no me hagas pegarte un puñetazo porque lo haré!

Se giró levemente para encarar a Abel, quien iba caminando tras él.

Éste gruñó una maldición, pero continuó su persecución hacia Sean bajo la atenta mirada de unos espectadores deseosos del espectáculo.

-Tú eres una pequeña mentirosa- le acusó su hermano con algo de histeria una vez consiguió llegar hasta su hermana.

Samira soltó su característico ruidito de disgusto.

Ella todavía no podía asimilar la declaración de Aisha, ni controlar su tembloroso cuerpo o su fuerte sonrojo, ¿como enfrentar el numerito que su hermano estaba a punto de comenzar?

-Déjalas en paz, tú tienes una cuenta pendiente conmigo- gruñó Abel sujetando con un poco de fuerza el brazo de Sean, dispuesto a sacarlo de allí.

-¡Te he dicho que me dejes en paz!- gritó Sean, soltándose de su agarre con brusquedad- Como se te ocurra tocarme otra vez te juro que te golpeo.

Samira miró a Aisha completamente disgustada por la situación, provocando que la diversión en el rostro de la loba se disipara.

-Lo siento muchísimo- comentó casi en un susurro mientras hacía el amago de levantarse- Será mejor que me lleve a mi hermano de aquí o terminarán a golpes.

Aisha negó con rapidez, instándola a permanecer en su sitio.

-Abel- comentó autoritaria- ¿Por qué no coges una silla y te sientas a mi maldito lado?

Abel asintió con brusquedad.

Le gruñó una última vez a Sean antes de dirigirse hasta una silla, tomándola y sentándose junto a Aisha.

Tal y como ella, sutilmente, le había ordenado.

-Justo como si fuera tu mami, eh- comentó la loba a regañadientes- Cuando lleguemos a casa tú y yo vamos a hablar.

Abel asintió otra vez, soltando un pequeño gemido de dolor provocado por el fuerte apretón que Aisha le estaba proporcionando en su pierna bajo la mesa.

-¿Estás bien?- inquirió Samira con preocupación, ajena a la situación.

-¿Y te preocupas por él?- inquirió Sean con indignación- ¿Te parece bonito haberme engañado? ¿Y si es una psicópata que solo busca raptarte y hacerte cosas que no estoy dispuesto a imaginarme?

Su hermana le regaló una mirada cargada de furia, indicándole con un disimulado gesto que finalizara su numerito.

-Soy Aisha- se presentó mientras se levantaba para quedar frente a él- ¿Te doy la impresión de ser una psicópata?

Sean negó, intimidado por la altura de la chica y la mirada para nada agradable que le estaba proporcionando.

-Pues tú sí que me has dado esa impresión, entrando así a la cafetería y gritándole a mi amigo- comentó ella con molestia- ¿Qué tal si le das una disculpa a tu hermana?

Sean miró a su hermana pidiéndole ayuda, más ésta se dedicó a encogerse de hombros.

-Lo siento mucho, enana- murmuró de forma atropellada- No era mi intención, pero estaba muy preocupado.

Abel emitió una pequeña risita.

-¿Qué te hace tanta gracia?- inquirió Sean con molestia- ¿Tengo que recordarte que te has sentado como un perrito obediente?

Otra vez no, por favor.
Pensó Samira.

Sin embargo, la chica que les había atendido en un primer momento, llegó en el momento perfecto para detener otro posible asalto verbal.

-¿Desean tomar algo?- inquirió temerosa mientras miraba a los dos chicos.

Ambos negaron, pero Aisha no compartía el mismo pensamiento.

Antes de que la chica se marchase nuevamente, ella le pidió que se quedara.

-Por supuesto que ellos quieren tomar algo- comentó Aisha con fingida amabilidad- ¿Verdad?

-Un café, por favor- comentó Abel con rapidez.

Sean lo miró, incrédulo.

-Aunque te parezca mentira, ella está muy enfadada en este momento- comentó Abel sin mirar a la loba- Tú probablemente acabarás saliendo ileso de esta, pero no creo que pueda decir lo mismo d...-

-Abel- objetó Aisha.

Éste levantó las manos, murmurando un par de disculpas.

-Pediré otro café, gracias- comentó Sean con rapidez.

Él estaba oficialmente intimidado.
Había leído un par de artículos y la reacción de Abel sólo le había confirmado que era mejor no llevarle la contraria.

Se supone que yo debo intimidar a mi futura cuñada, no al contrario.
Refunfuñó Sean en su mente.

-Espero que tengáis una agradable charla y disfrutéis de vuestro café- Aisha le hizo un gesto a Samira- Nosotras nos vamos.

-¿Qué?- inquirió Sean- De ninguna manera voy a perm...-

-Llevaré a Samira a su casa, si ella quiere y mientras tanto vosotros os quedaréis aquí, ¿entendido?- espetó con molestia- No quiero que ese café os dure menos de veinte minutos, y Abel nos invitará a todos, ¿te parece buena idea, Abel?

-Incluso le invitaré a un dulce si así lo desea- respondió él con una gran sonrisa- Veinte minutos.

Sean le regaló una mirada cargada de odio.

Se suponía que debería estar de su parte y declinar esa tonta idea del café, pero no, él tenía que darle la razón.

-Mándame un maldito mensaje cuando hayas llegado a casa, Sami- comentó a regañadientes- Realmente no te haces una idea del lío en el que te has metido, Aisha.

-¡Oye!- se quejó Samira.

-¡Voy a acusarte a mi papá y vas a saber lo divertido que se siente ser intimidado de esta forma!- chilló como un niño pequeño.

-¡Vámonos!- chilló Samira tomando la mano de Aisha por impulso- ¡Ojalá te quemes la lengua con el café!

Aisha no puso resistencia, dejándose arrastrar hasta la salida por ella todavía tomadas de la mano.

¡Ni la conocemos y ya va chivarse a nuestro padre!
Pensó Samira con algo de histeria.

-De verdad que no me importaría caminar así hasta tu casa, conmigo siendo arrastrada y todo, pero tengo el coche justo allí- comentó Aisha con suavidad.

-Oh- comentó ella soltando sus manos al instante- Lo siento yo...-

-¿Te llevo a casa?- la cortó, sonriéndole.

Samira mordió su labio inferior, pensando una respuesta.

Ella realmente no quería despedirse de la loba aún, pero técnicamente era una desconocida.

-¡Samira!-

La chica volvió a la realidad, observando como su mejor amiga gritaba una y otra vez su nombre, agitando sus manos mientras se acercaba a ella con una patosa carrera.

-Tu her..ma.. Sean- murmuraraba Shania entre jadeos, luchando por respirar.

-Llegas un poco tarde, pero gracias por el intento- comentó Samira soltando una pequeña risita.

-¡Si es que ya lo decía el profesor de educación física! ¡Correr no sirve para nada!- gritó a todo pulmón, logrando quedar sin el poco oxígeno que poseía.

Aisha observaba la escena con un poco de recelo.

-Siento haberte involucrado- comentó Samira con sinceridad- Pero había quedado con Aisha para hacerle una pequeña entrevista- le dedicó una mirada que Shania pudo interpretar perfectamente.

Te lo contaré todo más tarde.

-Aisha ella es mi mejor amiga, Shania- Aisha asintió sonriendo brevemente.

Shania miró a la chica, y soltó un pequeño jadeo.

-¡Tú eres la chica del vídeo!- chilló mirando a su amiga- ¡Serás pilla!

-¡Shania!- chilló Samira- ¡¿Qué tenéis contra mi hoy?!

Shania se alejó de allí, murmurando unas cuantas disculpas, argumentando que les daría espacio para las despedidas.

-Supongo que hasta aquí llegó todo- comentó Aisha intentando reprimir un gruñido- Una entrevista muy productiva.

-Muchas gracias por todo, Aisha- susurró Samira- Ha sido muy divertido.

Esto me pasa por no hacerle caso a Kasen.
Pensó Aisha.

-Si me vas a poner una maldita orden de alejamiento de esas que sea por algo más que por pedirte sexo, joder- gruñó Aisha- Al menos merecerá la pena.

Sin darle tiempo a procesar sus palabras, Aisha tiró de ella con suavidad, uniendo sus labios en cuanto tuvo la oportunidad.



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