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Capítulo 16

La lluvia de abrazos, besos y felicitaciones no cesó.

Tenía tantas ganas de dividirse en mil Katheryn para hablar con todos al mismo tiempo.

Comenzó hablando primero con Gabriel Duarte, su sobrina ex elegida y Christian Nakamura. Los tres se quedaron asombraron cuando por fin ella los puso al corriente de los hechos. No podían asimilar que estaba embarazada del mismísimo dios del trueno.

-Cuando me di cuenta que ya no era un Elegido—le dijo Christian con nostalgia—fue cuando quise ir al sanitario como de costumbre y sentí que mis piernas no respondían. Me asusté bastante, incluso Gabriela pensó que estaba paralitico pero Gabriel nos dio la teoría de lo que posiblemente estaba sucediendo.

Gabriel asintió, riéndose.

-Fue épico ese momento, en serio—inquirió Gabriel.

-Me enteré que ya no era Elegida cuando intenté convertirme en un gato para asustar a una vecina. Me hice gato y cuando iba por el borde de la ventana, volví en sí y casi me parto la espalda al caer—agregó Gabriela con disgusto—pero al menos ya somos de nuevo personas mundanas. Me alegra saber que podré envejecer.

Katheryn no dejaba de sonreí ante las anécdotas de sus amigos. Llegó el turno de hablar con Clara Ponce.

Ella se mostró igual de animada que antes, incluso no dejó de estrecharla entre sus brazos.

-Es raro saber que hablaba durante años con una persona que debería estar muerta—ladeó la cabeza mirándola—pero Katheryn, eres perfecta. Siempre lo has sido y yo fui una idiota al tratar de odiarte. Eres una persona imposible de odiar. Y quiero que sepas que voy a estar el día de tu parto dándote ánimos.

Ese último comentario hizo que Katheryn se partiera de la risa. Clara se rio con ella hasta reventar.

Después de haber saludado a Heidi y Luke, a Brenton y a Ben, llegó el inesperado turno de Sam Blair y Ethan Quin.

-Te ves estupenda, Katheryn—el elogio de Sam la desconcertó por un segundo, pero al ver que ella sonreía, se relajó—en serio, te ves estupenda, ¿verdad, Ethan?

-Sí—admitió él, regalándole una de sus magníficas sonrisas que alguna vez le volvieron loca. El pelo rubio de Ethan se alborotó cuando le dio un cálido abrazo—te ves hermosa. La maternidad te ha caído de maravilla.

Sam sonrió y se disculpó un segundo para darles privacidad.

-Ven, Kath, quisiera hablar contigo a solas—le dijo Ethan.

Katheryn por instinto buscó a Thorsten y lo vio a unos pasos de distancia, hablaba con Gabriel animadamente y de pronto la vio.

No te preocupes, Honey. Ve con Ethan.

 

Sonrió tímidamente y se dejó llevar por su antiguo amor al patio trasero, donde la niebla reinaba.

Estando fuera, Ethan suspiró estruendosamente.

-¿Recuerdas que el año pasado, en este preciso día, nos separamos para jamás volvernos a unir?—dijo en un murmuro.

Katheryn asintió, sin apartar la vista de aquellos ojos verdes esmeraldas que la miraban fijamente.

-Lo recuerdo perfectamente—admitió, desorientada. No sabía hacia qué rumbo se iría esa conversación.

-Fueron días terribles—reconoció él—pero creo que ahí me di cuenta que nuestro amor no iba a ser eterno. Y mira que tuve razón—extendió los brazos—ahora estamos aquí los dos, frente a frente, un año después y estamos felices pero no juntos.

-¿Estás feliz al lado de ella?—preguntó Katheryn.

-Estoy feliz a mi manera—se encogió de hombros y se acercó lo suficiente a ella para rozar su nariz con la suya— ¿y tú? ¿Estás feliz con él?

-Nunca había estado tan feliz en mi vida.

Sabía que esa respuesta lo heriría.

Él retrocedió unos pasos de ella.

-Eso es lo que esperaba oír—él sonrió, pero fue de sus magníficas sonrisas, sino que sonrió con nostalgia, tristeza y resignación—ahora le perteneces a otro. Espero que te haga el doble de feliz. Ese bebé que llevas dentro es el fruto del verdadero amor de dos personas.

Ante esas palabras, ella no supo que decir.

-¿Y cómo se llamará?

Parpadeó, sorprendida del cambió de conversación.

-Milo si es niño y Mila si es niña.

-¿Milo, Mila?—arrugó la frente y luego sonrió—esos nombres son poco comunes. Es perfecto para él o ella.

Un segundo después, la silueta de su chico apareció detrás de Ethan.

-Hola, Ethan—lo saludó amablemente. Caminó hasta colocarse junto a ella y abrazarla cariñosamente de la cintura.

Ethan elevó los ojos al cielo y las comisuras de sus labios se elevaron hacia arriba.

-Hola, Thor.

-Sam está esperándote en la sala. Está hablando con Gabriel sobre ti—le informó, arqueando una ceja.

-Ay, no—Ethan hizo una mueca—tendré que ir a rescatar mi dignidad o si no Sam me va a catalogar de tonto, olvidadizo y otras cosas más—miró a la pareja una vez más y dijo: —Se ven lindos juntos.

Y entró a la casa, dejando a Katheryn ruborizada y a Thorsten sonriendo con satisfacción.

-Al fin solos, tú, yo y nada más—le oyó decir a él mientras la apretujaba a su cuerpo—desde hace una hora he deseado tenerte a solas.

-También yo deseaba tenerte para mí sola—cerró los ojos e inhaló el perfume delicioso que él despedía—hueles muy bien.

-Esta colonia me la obsequió Terry, dijo que debo oler malditamente bien para ti.

-Entonces ella debe ser felicitada. Hueles bien.

-Oh—la miró con los ojos entrecerrados—te refieres que huelo mal sin colonia.

-¡No!—ella rio—obvio no. Hueles bien a todas horas, pero hueles más delicioso con perfume.

-Y tú olerías al mismo paraíso incluso si no te ducharas.

-¡Thorsten!—le golpeó el brazo juguetonamente.

-Eres hermosa, Honey—le rozó la nariz en su cuello. Ella se estremeció y el recuerdo de las palabras de Terry inundó su cabeza.

De pronto, los gritos de histeria de sus amigos la desconcertaron. Pero Thorsten le dio la vuelta con rapidez y la besó en los labios.

Y segundo después, un sinfín de fuegos artificiales bañó el cielo y seguido de gritos de emoción de sus amigos, que fueron saliendo al jardín trasero con velas.

Katheryn comprendió que ya era año nuevo, eran las 00:00 am del 2015.

-¡FELIZ AÑO 2015!—gritaron todos.

La luz del interior de la casa se apagó y solo quedó la luz tenue de las velas que todos habían sacado.

Aquella noche fue la mejor de todas.

Sus hermanos y sus amigos se dieron a la tarea de ir sacando la cena al patio. Y Thorsten se hizo cargo de la niebla, la cual se esfumó y pudieron sentarse a gusto en el césped y disfrutar la noche.

El cielo estaba estrellado y el frío calaba los huesos pero era confortable.

Cenaron a la intemperie. Incluso Tyler se llevó un gran manjar.

-Hace un año—la voz de Owen surgió entre la oscuridad. Su rostro se iluminaba por la flama zigzagueante de la vela—en este día, fue una mierda.  Pero hoy, es una agradable noche al lado de ustedes.

-Ahora que estamos fuera de peligro—prosiguió Ben y Katheryn enseguida sintió la tensión de Terry y de Thorsten—quiero que sepan que los aprecio mucho—miró a Thor—y eso te incluye a ti, Staggs. Después de todo no eres un idiota.

Thorsten le regaló una sonrisa de lado y apretujó a Katheryn en sus brazos.

Estaban sentados en el césped. Todos los chicos abrazando  a sus chicas por detrás y Thor no fue la excepción, solo que él tenía sentada a Katheryn sobre sus piernas.

Katheryn se relajó en el pecho de Thor y cerró los ojos un momento para poder saborear el sonido del silencio que reinaba a su alrededor y las respiraciones compasadas de todos los seres a los que amaba.

-Nadie podrá igualar el regocijo de este día—le oyeron susurrar a Heidi entre la penumbra. Su alborotado cabello zanahoria  se movió al son del aire nocturno.

Luke la atrajo a su pecho y le besó suavemente la sien.

Katheryn abrió los ojos y suspiró con cansancio.

-¿Sucede algo, Honey?—le preguntó Thor, su voz apenas era audible para ella.

-Necesito hablar contigo de algo importante.

-Cuando me dijiste esa frase fue para decirme sobre lo del bebé, ¿pasa algo con nuestro hijo?—la preocupación en su voz era palpable. Ella solo se limitó a asentir—dime que pasa, Honey.

-Preferiría hablarlo dentro de mi habitación.

Y al segundo que ella lo mencionó, él la tele transportó al interior de la casa. En la habitación de Thor, para ser precisos y al parecer nadie se dio cuenta.

-Por favor, explícame que pasa con el bebé—dijo él.

-Hoy tuve un dolor perturbador en el área del abdomen—comenzó a decir y se detuvo con el labio entre sus dientes para observar la reacción de Thorsten, pero él estaba serio y preocupado—Terry verificó el estado del bebé y dijo que… no somos compatibles…sé que es una locura y que parece sacado del cuarto libro de Crepúsculo pero así declaró tu hermana. Ahora que soy de nuevo humana, no tengo la suficiente fuerza para llevar el hijo de un dios dentro de mí.

-¿Qué?

Y a juzgar por las facciones de Thor, Katheryn se percató que estaba en shock.

El rostro duro e inflexible que él tuvo alguna vez, había desaparecido, ahora parecía asustado.

-¿Qué más te dijo?—le exigió saber.

-Hay probabilidades de que uno de los dos no sobreviva—dijo simplemente. Se sentía serena. Aunque sabía que quizá moriría, no le importaba. De todas maneras iba a morir en vida cuando Thorsten se fuera del mundo.

-¡Por todos los infiernos!—espetó él, furioso— ¡No vas a morir! No puedes morir…

-Thor—dijo ella, tratando de agarrarle la mano pero él la detuvo—Milo merece vivir.

-Ustedes dos merecen vivir—le corrigió, con los labios apretados—van a vivir.

-¿Y si no?

-Sí lo harán—afirmó, iracundo.

Y de pronto, un estruendo los sobresaltó. Justo en el patio trasero, una luz descendió desde el cielo, acompañado de una risa malévola e histérica.

Thorsten palideció y cogió a Katheryn del brazo, obligándola a verlo a los ojos, se acuclillaron en el suelo.

-¿Qué pasa? ¿Qué fue eso?—preguntó Katheryn entrando en pánico.

-¡Es Nelid! ¡Es Nelid!—apareció Terry en la habitación con todos los demás. Tyler aullaba y se escondía entre las piernas de Jack y Charlie.

Thorsten agrandó los ojos y volvió a centrar su atención en Katheryn. Ella estaba temblando.

-¿Nelid? ¿Nelid está aquí?

-Quédense todos juntos, no salgan por ningún motivo de aquí—alardeó Thorsten—Honey, quédate aquí.

-¡No!—gimoteó ella— ¡No! iré contigo, Thor.

-No—le espetó él y buscó entre la masa de personas a alguien—Ethan, te encargo a Katheryn. No dejes por ningún motivo que salga. Ninguno de ustedes deje que ella salga.

Todos asintieron y Ethan se aproximó a Katheryn.

Terry miraba aterrada por la ventana.

Seguía rayos y relámpagos muy cerca. Y aquella risa malévola sonaba cada vez más cerca.

-Debió traer a Leonard consigo—susurró horrorizada—debemos enfrentarnos a él, Thor.

Todos observaban en silencio la escena de Katheryn y Thorsten, donde prácticamente se despedían.

Ethan apenas lograba procesar lo que estaba pasando:

Un año más en el que ella iba a sufrir por el hombre que amaba.

Katheryn forcejó para poder abrazar a Thorsten pero Ethan no la soltó. Y Thorsten se lo agradeció con la mirada.

-Debo plantarle cara a ese maldito, Honey—le besó las manos—vas a vivir. Todos van a vivir.

-Ya es hora, hermano—agregó Terry. Su voz sonaba tranquila pero su cuerpo temblaba.

Y cuando Katheryn logró zafarse de Ethan para abrazar a Thorsten, él y su hermana desaparecieron de la habitación. Ella soltó un grito y perdió el conocimiento.

—A varios kilómetros de distancia—

Terry mantenía afianzada su mano con la de su hermano. Thorsten mantenía los ojos fijos en el horizonte, donde en pocos minutos Nelid tendría su merecido o viceversa.

-Tengo miedo, Thor—le susurró su hermana.

-No tengas miedo, Terry, yo te protegeré.

-Nelid está en la tierra, no podremos salir ilesos.

-Negociaré con él y ya verás que nadie va a morir. Nadie.

-¿Qué vas a negociar…?

Sus palabras quedaron flotando en el aire cuando un rayo descendió a unos pasos cerca de ellos, dejándolos aturdidos.

-Hola, mis niños adorados.

Una voz profunda, ronca y áspera habló.  Los dos hermanos sintieron que un escalofrío les recorrió la espina dorsal, provocando que se les erizara el vello del cuello.

-Tanto tiempo sin verlos—el dueño de la voz apareció frente a ellos como por arte de magia.

Thorsten lo recordaba a la perfección: Un hombre robusto, alto, mucho más alto que él, quizá de unos dos metros de altura. De piel bronceada con algunas arrugas. Su pelo azabache ligeramente peinado hacia atrás, y dándole un toque más siniestro a su rostro, estaban sus ojos lilas, casi transparentes. Su barba fina le daba un aire casual pero su sonrisa delataba que era un ser despiadado.

Iba vestido con su típica sotana roja y su capa azul rey.

-¿Dónde está Leonard?—preguntó Terry en un balbuceo.

-¿Te refieres a este gusano?—de alguna parte de su capa extrajo un costal sucio y de él sacó algo circular parecido a un coco. Thorsten miraba aterrado aquella escena: Era la cabeza de Leonard. Todo su pelo rubio estaba teñido de su propia sangre. Nelid la arrojó al suelo, cerca de donde ellos estaban.

Enseguida sintió que la mano de Terry se aflojaba. En un ágil movimiento, cogió a su hermana antes de que ella cayera al suelo inconsciente.

-¡No tenías por qué ser tan cruel!—le gritó Thorsten con los puños apretados.

-No me salgas con que ahora eres temperamental—comenzó a caminar a su alrededor. Evaluándolo—ya no pareces aquel bicho que vivía en mi casa.

-Eso es porque no lo soy. Nunca fui un bicho.

La mano áspera de su padre se cernió sobre uno de sus hombros.

-Reconozco que te has vuelto un hombre—dijo— ¿Dónde están tus cicatrices? Recuerdo que tenías las suficientes para adornar tu piel.

-Las he ocultado.

-Oh—dijo Nelid sonriendo. Estaban frente a frente, y Thorsten tenía que levantar la cabeza para verlo—aquí tienes una visible. Esa fue la primera, ¿no?

Se refirió a la que tenía en el rostro. Thorsten se enfureció.

-¿Saber que tengo cicatrices por tu culpa te hace sentir orgulloso?—le espetó.

-No, pero por ende me hace sentir satisfecho. Tú eres mi hijo y puedo hacer contigo lo que yo quiera.

-¿Por qué has venido?—le reprochó—no entiendo por qué quieres seguir arruinando mi existencia. Asesinaste a mi madre, asesinaste a mi mejor amigo, me maltrataste por siglos y ahora casi matas a tu hija de un infarto, ¿Qué es lo que quieres de nosotros?

-Quiero que me devuelvas mi poder—siseó. Sus dientes parecían más colmillos al estar ligeramente puntiagudos.

-Tómalo. No lo quiero.

-Para eso vas a tener que regresar a Krosper y me devolverás el poder de la manera más brutal que jamás hayas conocido.

Thorsten sintió que iba a vomitar pero valdría la pena. Nadie aparte de él moriría y eso le hacía feliz.

-Acepto el trato—alargó su mano, esperando que su padre se la estrechara. Pero no fue así. Nelid lo sujetó del cuello y tirándolo al suelo, le pateó las costillas. Thorsten se sujetó el estómago y escupió sangre.

-Tu hermana y tú se han vuelto casi humanos—rugió Nelid—que deshonra. Siento sus patéticos latidos de los dos en mis oídos. ¡Levántate!

Volvió a patearlo y con más fuerza.

Con dificultad, se puso de pie y se limpió el hilillo de sangre que escurría por su boca hasta su barbilla.

Nelid lo abofeteó dos veces seguidas, llegando al grado de hacerlo caer otra vez. Thorsten sintió que todo le daba vueltas.

-Levántate—lo jaló de la espalda y lo puso de pie a la fuerza—nos vamos de este asqueroso planeta.

Con un movimiento de su mano, arrastró a Terry cerca de Thorsten y comenzó a llamar a los rayos. Pero antes de que hiciera su ritual de regreso, Thorsten—adolorido y cuerdo—le sujetó la manga de su sotana. Nelid giró el rostro para verlo.

-¡Suéltame!

Pero no lo soltó.

-Quiero hacer un trato contigo, padre—logró decir Thorsten. El sabor de la sangre la daba más nauseas.

-No seas idiota. Nos vamos para que seas castigado como se debe.

-No. Si no aceptas las dos condiciones que te doy, haré que todo tu poder se quede en este mundo para siempre y aunque me mates o destruyas este mundo, jamás lo tendrás de vuelta.

Esas palabras hicieron que Nelid se enfureciera más.

-¿Qué tipo de trato quieres hacer conmigo, hijo?—preguntó suavemente.

Cuando por fin abrió los ojos, esperaba ver aquellos ojos grises oscuros sonriéndole. Pero a medida que iba recordando los hechos del día anterior, comenzó a levantarse de donde estaba, captando la atención de todos los que estaban a su alrededor.

-Thorsten—fue lo primero que dijo.

Ethan, que estaba agarrándola del brazo, bajó la mirada y negó con la cabeza. De inmediato, Katheryn se incorporó sintiendo como su mundo volvía a romperse una vez más. Sus hermanos le enviaron una mirada llena de tristeza, que ni si quiera Tyler se animó a menear la cola.

-¡No!—gritó, su garganta estaba reseca y áspera. Sentía que sus ojos iban a estallar en lágrimas si no miraba a Thorsten— ¿Dónde está Thorsten? ¿Dónde está Terry?

-Kate, debes calmarte—le aconsejó Heidi y detrás de ella Clara le repitió lo mismo pero en un susurro.

-¡No!—gritó una vez más y salió desesperada de la habitación en la búsqueda del amor de su vida. Bajó corriendo las escaleras sin importarle nada, Ethan fue tras ella pero Katheryn fue más rápida y logró salir fuera.

El aire le alborotó el pelo, aturdida, miró entorno y corrió en dirección al bosque, donde alguna vez pasó los mejores instantes de su vida con él.

No se detuvo hasta llegar a un claro donde a él le gustaba visitar. Lo llamó innumerables veces y al no obtener respuesta, se sentó en la hierba y sin más, comenzó a llorar.

¡Tenía que ser un sueño! No podía ser real.

¿Por qué justamente en año nuevo? ¿Al inicio de un año perfecto?

El año anterior fue lo mismo: Ethan fue arrebatado de su vida en el mismo día y sintió que no lo superaría y ahora pasaba lo mismo.

-¿Acaso estoy destinada a nunca ser feliz?—gritó a los cuatro vientos mientras le daba de golpes a la hierba bajo sus manos.

-¡Katheryn!—oyó su nombre a lo lejos pero hizo caso omiso. Ella quería hacerse un ovillo y morir.

Era Ethan con Jack. Los dos jadeaban de tanto correr.

-Yo hablaré con ella—dijo su hermano a Ethan.

Katheryn apenas podía sostenerse en el suelo. Le temblaba las piernas, los brazos y le daba vueltas todo.

El suspiro agotado de Jack la hizo deprimirse más. Y un minuto después, sintió el cuerpo de su hermano deslizarse junto al suyo. Desde el ángulo que ella estaba, solo lograba verle los botines.

-Kate—dijo él—debes ser fuerte. Esto iba pasar tarde o temprano.

-Tú no sabes nada, Jack—le espetó.

-Heidi me ha contado todo y admiro a Staggs—escuchar el apellido de Thor la hizo sollozar—él lo hizo por ti y por todos nosotros.

-Pero no era justo, Jack. No debió ir a encontrarse con ese maldito.

-Pero sucedió. No hay vuelta atrás.

Katheryn apretó los labios, sabiendo que de todas maneras iba a seguir llorando toda su vida.

-Mira el lado bueno.

-No hay ninguno.

-Sí lo hay y es ese bebé que llevas dentro. Es el recuerdo del hombre que te amó hasta su último aliento.

-Jack—sonrió con nostalgia—yo no resistiré el parto. Es lo que le estaba diciendo a Thor antes de que se fuera. En todo caso, Milo estará aquí dentro de unos meses pero sus padres no.

La mandíbula de su hermano se abrió de repente, sin dar crédito a lo que oía.

-¿Qué?
-No soy fuerte para llevar al hijo de un dios dentro de mí.

-¡Qué demonios!—se puso de pie con violencia— ¡Debes ir a un médico!

-No. No iré a ningún sitio. Si he de morir, moriré. Sé que mi bebé estará en buenas manos cuando yo me vaya a reunir con su padre.

-¿Estás demente? Nadie más morirá y de eso me encargaré yo.

Vio a su hermano alejarse e intercambiar algunas palabras con Ethan antes de regresar a la mansión-casa.

Ahora el turno de Ethan y Katheryn decidió recostarse en la hierba a ver el cielo nublado y borroso por las lágrimas de sus ojos.

-Sé que no soy nadie para decirte esto—comenzó a decir el antes Elegido—pero quiero pedirte que pienses bien lo que quieres hacer. Jack ya me dijo sobre el peligro que corres con tu embarazo y sé que si Thor estuviera aquí, te haría entrar en razón. Y no soy él, pero soy tu amigo y voy a apoyarte.

-No tengo ánimos de nada, Ethan pero agradezco tu apoyo.

-¿Dejarías que te dé un abrazo?

Katheryn se volvió para verlo y a Ethan se le encogió el corazón. De nuevo estaba ahí su mirada herida y perdida que tanto le dolía. Le dolía verla sufrir.

Y sin más, ella se echó a llorar en su pecho como una niña pequeña.

Semanas después, Gabriel Duarte, su sobrina y Christian Nakamura tuvieron que irse y se disculparon. Trataron de despedirse de Katheryn pero ella se mantuvo recluida en la habitación de Thorsten y solo dejaba ser alimentada por sus hermanos.

Owen y Clara estuvieron un mes más pero Clara no podía seguir faltando a su trabajo, así que con el dolor en el corazón, se fueron.

Al parecer, después de haber llevado a Katheryn al hospital más cercano, su embarazo siguió su curso sin problemas.

Heidi, Luke, Jack, Charlie, Ben y Brenton, incluso Tyler, se dieron a la tarea de cuidar de Katheryn hasta el término de su embarazo.

Ethan tampoco podía descuidar su empleo ni la vida que tenía al lado de Sam. Él también se fue, pero haciendo una promesa de volver antes del parto.

Cuanto Katheryn cumplió los ocho meses de embarazo, Brenton y Ben tuvieron que abandonarla para atender asuntos del departamento de México, además de haber recibido una llamada del chico, Toni, que estaba angustiado por ellos. Se fueron de inmediato.

Jack y Charlie se dieron de baja en el internado pero siguieron en contacto con sus chicas, incluso tenían una visita programada de ellas a Rumania.

Pero Heidi era la más afectada de todos. A cuestas insistía a Katheryn a ducharse o a comer para estar fuerte y saludable pero eso lo empeoraba más.

-No quiero—se negaba la hermana mayor de los Levis. Su vientre era enorme y pasaba tirando cosas al darse la vuelta. Sus ojos estaban adornados de desagradables bolsas moradas gracias a la falta excesiva de sueño. Y de no ser por Heidi y Jack, ella estaría en los huesos.

Y llegó el día inesperado…

Katheryn se encontraba hurgando entre las cosas de Thorsten, se la pasaba en la guarida y pasaba horas inhalando el olor de Thorsten y leyendo todos sus pergaminos para no olvidarlo. Pero ese día, ella estaba fisgoneando entre los cajones de la cómoda,  encontró cuatro sobres sellados y al lado de ellos, el iPhone 5 de Thorsten sin batería.

 Sacó los sobres y el teléfono, los depositó en la cama y en el siguiente cajón encontró el cargador. Deseaba con toda su alma encontrar algo que la hiciera sentir mejor. Conectó el aparato y de inmediato cobró vida. La foto que emergió de la pantalla era una donde ella estaba besándole la mejilla a Thorsten.

No pudo evitar salírsele las lágrimas.

Buscó directamente al reproductor de música y se dejó llevar por aquellas canciones que él le dedicó.

Lloró durante media hora sin dejar de escucharlas y recordó los cuatro sobres sellados. Reconoció la letra de su chico.  Comenzó a leerlas una por una con la música de fondo. [1]

Volvió a llorar desconsoladamente, ¿Por qué esas palabras no se las dijo en persona?

Angustiada, abrió la cuarta y última carta. Era muy diferente a las anteriores, parecía que él la había escrito con rapidez y apenas se le entendía a sus palabras.

Y decía así:

Sé que no hay mucho tiempo, Honey.

Cada día que paso en Alaska, siento que voy perdiendo fuerza si no estoy a tu lado. Y es una locura, porque eres tú la que me ha provocado heridas en el cuerpo más que nadie pero cada mañana que despierto y vuelvo a la realidad, hay un enorme abismo en mi pecho.

Presiento que no queda mucho tiempo para estar contigo. Siento que a Leonard le ha pasado algo terrible y no quiero decírselo a Terry.

Los vellos de mi cuello se erizan cada que pienso en el final de este episodio de nuestras vidas.

Estoy seguro que Nelid viene en camino.

Espero que si algún día encuentres estas cuatro cartas y yo no esté a tu lado, sepas que te amo más que cualquiera en el mundo. Tú me hiciste creer en el amor. Me transformaste. Y ahora siento una impotencia que me asfixia. Deseo con toda mi alma estar ahí para cuando nuestro bebé nazca. Pero es probable que ni si quiera llegue al día del parto. Es triste, lo sé.

Pero al menos sé que estarás segura.

Cuando Nelid llegue, haré un trato con él. Le pediré que te de fuerzas para sobrellevar tu embarazo y mi perdida, también que no destruya este hermoso planeta, a cambio de que yo sea castigado de la manera que el desee. Es el mejor sacrificio que haré en mi vida. Por ti daré mi vida y mucho más.

Te amo.

 

Hasta siempre,

Thorsten Staggs.

Y al finalizar la lectura, sintió que iba a desfallecer

Un dolor brutal surgió desde lo más profundo de su vientre y gritó.

El parto se había adelantado.

Milo nació pesando 3.700 kilogramos.

Había heredado los peculiares ojos de su padre, grises oscuros y la sonrisa de su madre. Una fabulosa combinación. Y un dorado pelo le cubría la frente y Katheryn no podía dejar de abrazarlo y besarlo.

Fueron días difíciles, pero al segundo que tuvo a Milo en sus brazos, supo que todo iba a estar bien.

Sus amigos llegaron al siguiente día del parto con globos azules y obsequios.

Jack y Charlie estuvieron a punto de llorar de la emoción pero Kelly y Diane los consolaron y felicitaron a su cuñada por tener a un bebé precioso.

Ethan apenas podía salir del asombro: Milo era los suficientemente fuerte para ser un recién nacido, ya que podía incluso sostener un vaso lleno de agua por sí solo.

Ese era el inicio de una nueva vida.

De una nueva luz en el corazón de Katheryn.


[1] Si quieres leer las tres cartas de Thorsten, regresa a los capítulos 09, 11 y 13. 

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