Capítulo 08
Al paso de las horas, Katheryn y Thorsten seguían recorriendo la ciudad, ya sea caminando o en el Jetta. La cuestión era que se estaban divirtiendo como nunca y ninguno de los dos quería que el día se acabara.
El cielo comenzaba a teñirse de rojo, señal del atardecer y que el sol se estaba despidiendo para darle paso a la luna y a las estrellas para ocupar su lugar.
-No quiero regresar todavía—alardeó ella pegando su mejilla en el musculoso brazo de él que estaba envuelto en una cálida chaqueta.
-¿Quién dijo que regresaríamos hoy mismo?
Perpleja, alzó la barbilla para verlo y recibió un beso fugaz.
-¿A qué te refieres? Se supone que solo estaríamos hoy, además no traje más ropa y…
Pero Thorsten le puso un dedo en los labios para hacerla callar.
-Honey, no es necesario tener ropa extra para quedarse a dormir en una ciudad ajena—le aseguró—no te preocupes.
-Está bien—asintió ruborizada— ¿En dónde dormiremos?
-Aquí—le dijo y palpó sus bolsillos hasta sacar una llave con un cuadrito colgando que tenía escrito el número 20 en medio y alrededor de toda la llave tenía escrito L’amoreen francés y que significaba Buscando el amor o al menos eso parecía decir. Era un hotel.
Las pupilas de los ojos de Katheryn se dilataron.
-¿Ya lo tenías bien planeado, verdad?
-Sí. Desde ayer reservé una habitación para los dos.
-¿Ayer? Pero…-se detuvo a mitad de la frase—ay, ¡Qué ingenioso! En un segundo viniste, hiciste el trato y regresaste.
-¡Me descubriste!—rió entre dientes y ella lo golpeó juguetonamente.
-¿Por qué no me lo dijiste?
-Quería que fuese una sorpresa.
-¿Sorpresa, por qué?
-Porque esta noche haremos de todo menos dormir—le respondió, acompañado de una sonrisa que Katheryn jamás pensó que tenía oculta y un brillo vivaz se disparó en sus ojos.
-Thorsten… ¿Qué?—ella estaba petrificada. El rubor le tiñó absolutamente toda su cara y él la cogió de la mano y avanzaron en dirección al auto.
-¿No quieres pasar la noche conmigo? Si quieres puedo cancelar la suite y…
-¡No!—lo interrumpió y se avergonzó—no lo hagas. Por supuesto que quiero estar contigo pero me siento como si fuera una adolescente que no tiene experiencia y que será su primera vez.
-Honey—le dijo con dulzura—quizá tengas experiencia con los humanos pero jamás has hecho el “amor” con un dios, y será tu primera vez con uno.
Aquellas sexys palabras de Thorsten la desconcertaron y algo en su interior se contrajo.
Cuando supo que haría el amor con Ethan, se puso nerviosa pero cuando llegó el momento se tranquilizó de inmediato, y ahora que sabía que lo haría con Thorsten, sabía que no podría tranquilizarse. No podría.
Él era majestuoso y dudaba que ella lograra llegar a su altura en el bello momento.
Entraron al auto y un silencio repentino los abrigó. Ninguno de los dos dijo nada.
Thorsten condujo con el rostro neutro e inexpresivo, pero teniendo aun en los ojos el brillo vivaz que ella notó minutos atrás.
-¿Tienes miedo?—Katheryn se sobresaltó al escuchar la voz de Thorsten de repente.
-No—titubeó, girando el rostro hacia un costado. Incapaz de verlo a la cara.
Sé que no te sientes segura de hacer esto. Y no te voy a obligar, Honey. Dormiremos como lo hemos hecho antes, no te preocupes.
No. Estoy segura que quiero hacerlo. Pero dame unos segundos meditarlo, ¿sí? Estoy nerviosa.
Está bien, princesa. Voy a dar un par de vueltas más. Cuando te sientas segura, aparcaremos. Solo dame un apretón de manos.
Era una completa idiota. ¿Idiota? Ja, Ja, Ja. Idiota era poco.
¿Segundos para meditarlo? De seguro él ya no querría pasar la noche con ella por semejante respuesta y estaba en todo su derecho de dejarla botada y de dormir en habitaciones distintas.
Pero, ¿Y sí la cagaba? ¿Y sí decía algo que no debía ser o sí pensaba en la tremenda traición que pactó con Leonard?
No. No.
Inhaló y exhaló repetidas veces, notando la mirada radiante de él sobre ella.
Se acomodó el cabello detrás de las orejas y estiró su mano hasta tocar la de Thorsten y dandole un apretón, le dijo:
-Andando, tigre.
La sonrisa de Thorsten se ensanchó y giró a la izquierda, luego a la derecha y el hermoso hotel quedó frente a ellos. Los latidos de Katheryn se multiplicaron y sintió que iba a darle un ataque cardiaco al bajar.
Thorsten le abrió la puerta con elegancia y la ayudó a bajar. Él botón le recibió la llave para estacionar el Jetta en algún sitio libre del estacionamiento.
-Elegí la habitación 20 porque de esa edad te convertí en mi Elegida.
-¿Sabías que lo que acabas de decir se le llama Cursi?
-Oye, pero, ¿Qué te pasa? Soy todo un cursi—esbozó una sonrisita de lado y la animó a continuar andando en dirección al ascensor que daba a la recepción.
Mientras subían en el ascensor, Katheryn se sintió como la protagonista de la trilogía de 5O Sombras de grey, Anastasia Steele, donde está en un ascensor toda perpleja ante sus sentimientos y el protagonista, el caliente Christian Grey la besa apasionadamente, aplastándola contra la pared fría del ascensor y la posee.
Tembló ante el pensamiento y miró a Thorsten. Él tenía un parecido a Grey, solo que más guapo, más masculino, más protector y más maniático del orden y del poder de mandar.
Pero Thorsten no era un sádico como el de esos libros. O al menos eso esperaba.
-La diferencia entre ese Grey y yo, es que yo soy real y él no—le informó Thorsten a unos milímetros de su oreja y ella dio un respingo.
-Prometiste no leer mi mente—le recordó con las mejillas ardiendo de pena.
-Era inevitable. Tu rostro estaba algo espantado y supuse que tu cabeza estaba trabajando a toda máquina y no me equivoqué.
Katheryn quiso replicar pero las hojas de la puerta del ascensor se abrieron y tuvieron que salir antes de ser aplastados por una ola de personas que entraron sin pedir permiso.
Katheryn se preguntó si esas personas solo habían llegado un rato a tener sexo o habían ido a hurtadillas de sus respectivas parejas.
-Andando—le dijo Thorsten.
Al llegar a la recepción, sus piernas comenzaron a flaquear y a temblar como gelatina. Y si no fuera por la mano de él afianzada a la suya, de seguro se hubiera caído al piso.
-Tengo reservada la suite número 20—le oyó decir a Thorsten con firmeza a la chica de la recepción, que por cierto se quedó lívida y pasmada al verlo—aquí tengo la llave.
Y hasta que Katheryn pudo poner atención, se dio cuenta que Thor estaba hablando en francés y se escuchaba sexy.
La recepcionista dijo unas palabras más y Thorsten asintiendo, tiró de su mano y comenzaron a caminar de regreso al ascensor.
Subieron y subieron, al parecer seis pisos. Hasta que llegaron a su destino.
Con toda la familiaridad del mundo, Thorsten la fue guiando hasta llegar a la habitación correcta. Ese hotel era sumamente lujoso. Katheryn no se sorprendería si encontrase una banda de Jazz en medio de la habitación para alivianar el ambiente. De solo pensarlo le dio escalofríos.
Él abrió la puerta y la dejó pasar primero.
El olor a flores exóticas inundó sus fosas nasales al entrar. La habitación parecía sacada de un cuento de hadas…
El techo estaba pintado del infinito. O quizá era algún tipo de truco para hacerlo ver más realista.
Al verse frente al espejo, sintió que iba a vomitar.
Se sentó en la suave cama y divisó a Thorsten aun de pie en el umbral de la puerta pero estaba de espaldas y estaba hablando con alguien. Pero al cabo de un minuto, cerró la puerta y ambos se quedaron viendo.
-¿Qué te parece la decoración?—se rascó el cuello y su cicatriz se contrajo al hacer una mueca de incomodidad—al parecer todas las habitaciones son así, ¿te gusta?
-Es perfecta—comenzó a quitarse las botas y el abrigo. No sabía por dónde iniciar, así que prefirió quitarse poco a poco la ropa hasta quedar con sus jeans y su camiseta sin mangas. Él la quedó viendo durante todo el proceso y segundos después la imitó, quedando solo con sus jeans, solo que sin nada de playera ni camiseta. Su torso desnudo lo hizo lucir más alucinante de lo normal y Katheryn tuvo que tranquilizarse.
-En un rato traerán la cena—le anunció y cogió el control remoto—Honey, no te pongas nerviosa. Es temprano todavía. Cenáremos y veremos un rato televisión—la pantalla de la televisión se encendió—después ya veremos qué hacer.
Le guiñó un ojo y se tumbó junto a ella.
Desde la posición que él se encontraba, Katheryn alcanzó a verle su precioso tatuaje de rayo que tenía debajo de su oreja izquierda y qué sin razón alguna quedó plasmada una copia en todos los Elegidos.
El suyo lo tenía al inicio de sus glúteos pero intentó no pensar en ello, ya que eso implicaba recordar el hecho de que Ethan la ayudó a descubrírselo.
Postró sus ojos en el techo y la simulación del infinito le causó nauseas.
-Ordené carne de milanesa con patatas, aderezo y no sé qué más. De beber pedí la especialidad del hotel. Espero que esos imbéciles no nos defrauden.
-Quizá nos traigan vino tinto—replicó Katheryn con vaguedad. Ni si quiera se había dado cuenta en qué instante llegó hasta Thorsten y comenzó a acariciarle el cabello. De hecho no recordaba haber puesto la cabeza de él en sus piernas. Pero se sentía a gusto estar tocando su suave cabello.
Katheryn se dedicó a seguir acariciándolo y a verle el torso y brazos, donde se ocultaban sus heridas y cicatrices más aterradoras.
Minutos más tarde, llamaron a la puerta y Thorsten se levantó de un salto para ir a abrir.
El mesero entró empujando un carrito con dos bandejas cubiertas de dos tapas de aluminio. Y en el piso inferior del carrito, aguardaba una hielera y una botella de champán fría.
Thorsten intercambió algunas palabras con el mesero y lo acompañó a la puerta.
Katheryn ya estaba temblando pero la mirada tierna de Thorsten la hizo tranquilizarse solo un segundo.
Cenaron en la cama muy a gusto. Y decidieron dejar el champán para después. A medida que iban pasando los segundos, ella se iba sintiendo cada vez más cohibida ante la mirada de Thorsten.
La televisión estaba encendida pero no tenía volumen.
El techo de infinito la estremecía y a la vez la llenaba de adrenalina.
-Los latidos de tu corazón están desenfrenados, Honey—observó él, lamiéndose el pulgar que estaba manchado de aderezo.
-¿Y si lo hago mal?—le soltó de repente y se odió por haber pensado en voz alta.
Thorsten, que había comenzado a masticar otro bocado, comenzó a toser. Se estaba ahogando.
Katheryn entró en pánico.
-¿Estás bien? ¡¿Thorsten?!—chilló.
-Estoy bien—tosió una vez más y sonrió—no pienses en eso. Come tranquila. Miraremos la televisión después de cenar, Honey.
Asintió, sintiéndose boba.
Cuando terminaron de cenar, dejaron todo bien en orden y alejaron el carrito hasta el otro extremo de la habitación. Se lavaron las manos y se acostaron en la cama.
Katheryn miraba al techo y Thorsten miraba embobado la televisión.
Ella estaba nerviosa y él estaba relajado.
¡Vaya locura!
-Pensé que beberíamos el champán después de cenar—susurró Katheryn.
-En efecto, sí.
Thorsten se deslizó por la cama y cogió un par de copas y la botella. El corcho apenas hizo ruido y un fino hilillo de humo helado salió del orificio.
Temblorosamente, Katheryn le dio un sorbo a su copa y se recostó en los cojines, con los ojos puestos en él hombre salvajemente atractivo que tenía a solo unos centímetros y que bebía deliciosamente aquel manjar burbujeante.
¡Al demonio con la vergüenza y la necesidad de echarse a correr como una adolescente!
Esperó a que él bebiera hasta la última gota de su copa para actuar.
El aire que se colaba de las persianas le despeinó el cabello y un mechón plateado se le metió a la boca.
-¿Estás bien, Honey?—le pregunto Thorsten al verla escupir.
-¡No me mires!—chilló nerviosa—si me miras juro que te golpearé.
-Bien—alzó las manos con las palmas extendidas hacia arriba y sus labios tenían dibujados una gran sonrisa—tranquilízate, por favor. No te voy a morder.
-Acércate, yo no voy a dar el primer paso, ¿o sí?
Thorsten ahogó una risa nasal y se acercó hasta donde ella estaba y se detuvo justo frente a su cara. Depositó sus fuertes y varoniles manos en la cintura de Katheryn y comenzó a acariciarla de arriba abajo, a cada caricia, su blusa se iba levantando poco a poco.
Cuando Katheryn intentó buscar sus labios, él ya lo había hecho. La besó fugazmente para luego besarla de nuevo pero con más salvajismo.
Él la empujó hacia atrás, haciendo que la espalda de Katheryn quedara aplastada contra las persianas.El aire que entraba hacia que el momento se tornara más excitante.
De pronto, sin previo aviso, Thorsten dejó de besarla en los labios para descender a su cuello y detrás de las orejas.
Pero Katheryn soltó una risilla, haciendo que Thorsten se detuviera y arqueara las cejas.
-¿Qué ocurre? ¿Te da cosquillas?
-No—ella negó con la cabeza sin dejar de sonreír—es que estás siendo muy romántico y se supone que eres el dios del trueno.
-Oh…-ahora él soltó una carcajada sin despegar sus labios de la garganta de ella— ¿Quieres que sea de nuevo rudo y amenazante para que me parezca a ese tal Grey de esos libros? Si quieres te ato las muñecas a una de esas lámparas con mi propio cinturón para que solamente yo disfrute y tú te mueras de ganas por tocarme.
-Ay, claro que no lo harías, además, solo fue un decir—canturreó pero muy en el fondo deseaba que Thorsten estuviera bromeando.
Pero Thorsten la levantó sin esfuerzo y la dejó caer sentada en su regazo, poniendo a cada lado de su cintura las piernas de Katheryn y la besó de nuevo. Continuaron besándose un largo rato hasta que él optó por quitarle de tajo la blusa. Katheryn sintió los ojos de Thorsten en sus pechos que estaban cubiertos por su lindo sostén de encaje negro.
Y de repente, él hundió su rostro en medio de sus pechos e inhaló su aroma, haciendo que Katheryn cerrara los ojos de placer.
Que no sea un Christian Grey, por favor.
Pensó Katheryn, casi riéndose.
Deseaba que Leonard le ayudase a que Thorsten no leyera sus pensamientos pero no. El maldito bastardo la dejó sin protección y se dio cuenta que Thorsten le había leído el pensamiento porque escuchó su típica risa nasal oculta en su pecho.
-No soy un Christian Grey pero tampoco soy un Patch Cipriano, así que no te hagas ilusiones.
-¿Patch Cipriano? ¿Quién es ese?
-Pensé que habías leído una de las sagas de libros más famosas—se deslizó hacia su cuello y le dio un breve mordisco. Katheryn apenas podía respirar.
-No leo libros de moda, así que… no sé quién es.
-Es un ángel caído o algo así leí…
-¿Tu pasatiempo es… leer libros para adolescentes?—titubeó, presa del delirio de los besos de él.
-¡Carajo, no!—alzó la cara para verla con sus penetrantes ojos grises que estaban encendidos de deseo—solo quería que supieras que he leído libros por ti. Quiero ser parte de tus pasatiempos pero creo que simplemente lo he cagado, ¿no?
-¿Has leído libros por mí?
-Eh, sí.
-¿En serio? ¿Cuáles?
-¿Sabes qué es lo que estás cagando justo ahora?
-¿Qué?
-El momento perfecto. Eres una completa mata pasiones, Honey—elevó los ojos al techo de infinito ficticio. Ella entornó los suyos sin poder dar crédito a lo que estaba oyendo—creo que será mejor que durmamos porque ya es tarde.
Se alejó de ella precipitadamente, dejándola estupefacta.
-¿Qué demonios, Thorsten?—lo siguió con la mirada.
Pero él soltó una carcajada y la miró tentadoramente.
-¿De verdad piensas que voy a retractarme, después de esperar más de un siglo y medio para estar contigo justo ahora?
Y sin previo aviso, se lanzó encima de ella y comenzó a besarla sin freno.
Breves sonidos de desgarres de ropa se hizo presente.
Minutos después, ambos estaban en ropa interior o al menos Thorsten sí lo estaba. Katheryn no.
Ella estaba bajo su poder. Sin la menor prenda que le cubriese el cuerpo.
Él la admiraba en silencio con el labio inferior debajo de sus dientes.
-Ahora, relájate, Honey—se quitó lentamente la única prenda que le faltaba y Katheryn, al verlo, sintió que su boca se secaba de deseo.
-Thorsten…-dijo ella en un hilo de voz.
-Shh—le susurró él, dándole un delicado beso en los labios antes de hundirse en ella.
Katheryn cerró los ojos y deleitó el exquisito placer de por fin estar entre los brazos de aquel hombre. Sintió que absolutamente toda su piel se erizaba y pequeñas estelas de electricidad borboteaban a su alrededor. Entre abrió los ojos y se dio cuenta que aquellas estelas eran reales.
Un segundo después, se encontró con la delirante mirada de Thorsten.
Sus besos le hicieron querer más de él.
Tiempo después de estar amándose, Katheryn se percató que fuera de la ventana, se estaba desatando una tormenta eléctrica, acompañada de infinidades de rayos y relámpagos.
Postró la mirada en él y lo vio con los ojos cerrados, estaba temblando y sudando, pero Thorsten no paraba de hundirse dentro de ella. Y a juzgar por su expresión, él estaba sufriendo.
Katheryn lo sostuvo de los brazos para detenerlo y sintió los enormes nudos de piel de sus cicatrices. Estaban a flor de piel.
-¡Thorsten!—le gritó sobresaltada y él se detuvo al tiempo que un rayo colapsaba en el edificio más cercano y causara un apagón.
Thorsten se dejó caer a un costado y Katheryn se levantó de un salto para ayudarlo.
-¿Thorsten? ¿Thorsten?—lo movió de un lado a otro, él no reaccionaba. Y su visión a través de la oscuridad era nebulosa— ¿Qué te ocurre? ¡Thorsten!
Y una ráfaga de aire hizo que las persianas se cerraran de golpe.
La luz regresó enseguida y logró abrazarlo fuertemente.
La tormenta seguía en su apogeo. Y él no reaccionaba.
**
Misma hora, diferente lugar.
Transilvania, Rumania.
-¡Santo Dios!—chilló Heidi— ¿Qué demonios ocurre? ¿Por qué esta tormenta no parará jamás?
-Menos mal estamos dentro de la casa del mismísimo dios del trueno—bromeó Luke y fue reprendido por la fulminante mirada de su novia—ay, solo fue un chiste, cariño.
-Un chiste de mal gusto—carraspeó—ahora debemos cerrar todas las puertas de los balcones o entrará agua por doquier.
-¿Por qué tendríamos que hacerlo? Después de todo esta no es nuestra casa y no es nuestra obligación.
-Tómalo como un favor. Ahora vamos.
-Pero debe haber cientos de habitaciones aquí…
-Y por ese motivo debemos darnos prisa—alardeó ella subiendo las escaleras.
-Se me hace que esta tormenta es obra de Staggs. Quizá Katheryn y él están…
-¡Ash!—le gritó Heidi desde el segundo piso— ¡Deja de pensar en ridiculeces! Por supuesto que no.
-¿Tú qué sabes? Se han ido todo el día—alzó las cejas dos veces.
-Eso no nos incumbe.
-Piénsalo…
Lucrecio. Sube en este momento.
-¡Sabes que odio cuando dices mi nombre completo!—refunfuñó y trotó en dirección a la escaleras—y ya no me hables telepáticamente, te lo ordeno.
**
Misma hora, diferente lugar.
Londres, Inglaterra.
Tanto Jack y Charlie, habían decidido salir a acampar con sus respectivas amistades en un bosque muy cerca del océano pero sin permiso. Charlie logró convencer a Diane y ambos guardaron lo necesario para el campamento y Jack con su grupo de amigos hicieron lo mismo. Pero cuando estaban a punto de prender la fogata, una lluvia monstruosa los bañó por completo.
-¡Estamos muy lejos del internado!—le oyeron todos gritar a Kelly, quién se refugiaba en los brazos de Jack— ¡Sé a dónde debemos ir y superar esta tormenta! ¡Sujétense de dos en dos y sígannos!
Pero Jack no divisaba a su hermano y no podía irse sin él.
-Adelántate—le dijo.
-¿Qué? Bennett, debemos irnos.
-No veo a Charlie y Diane está corriendo con Candace. No pienso dejarlo aquí.
-¡Allá está!—gritó ella señalando una silueta que apenas podía sostenerse de pie.
Jack no lo pensó dos veces y corrió en dirección a su hermano, pero tal sorpresa se llevó al encontrarse con el mismo sujeto rubio y de ojos amarillos y que estaba ridículamente vestido. El rubio tenía a su hermano menor del cuello, impidiéndole respirar.
-¡Suéltalo!
-No intentes hacerte el héroe—le gritó el rubio para hacerse oír entre la tempestad—este niño vendrá conmigo.
Y se esfumó frente a sus ojos sin dejar ningún rastro.
**
Misma hora, diferente lugar.
México, D.F.
Después de la fantástica cena que Ethan le invitó al joven Toni, este decidió pasar a visitar a la parejita que tanto echaba de menos en aquel momento. Ethan no tenía ganas de enfrentarse a Sam, así que regresó al aeropuerto por su Matiz y a mitad de camino a casa de Brenton, se desató la peor tormenta jamás vista. Y recordó a Toni. El chico no tenía a donde ir y refugiarse, así que optó por buscarlo y llevarlo también a visitar a ese par.
Lo encontró a tres calles de donde lo había dejado y gustoso, Toni se subió empapado al Matiz.
-Joven Quin, me ha salvado de la peor lluvia del mundo—le dijo tiritando de frío. Y un rayo iluminó el cielo, dejándolos casi ciegos.
-No te preocupes. Te llevaré al departamento de unos amigos ahora y luego dormirás en mi casa. Quiero pasar a saludarlos.
-De acuerdo.
Pero definitivamente aquella lluvia era la más aterradora del mundo, ya que las gotas impedían la visión de Ethan a pesar de que el parabrisas limpiaba y limpiaba el cristal.
A regañadientes se vio obligado a ir a una velocidad lenta para no colisionar con otros autos.
En un semáforo, se aventuró a marcarle a Ben pero le envió a buzón e intentó con Brenton, quien de inmediato contestó:
-¿Hola?
-Brenton, soy Ethan.
-¿Ethan? ¿Qué demonios? ¿Dónde estás?
-Aquí, cerca de tú casa.
-Ajá.
-¿Puedo pasar a verlos? Tengo aquí a un amigo de Katheryn que conoció en el hotel que se hospedaron unos meses aquí en México y definitivamente ahora no tengo ganas de verle la cara a Sam.
-Bien. Te espero—suspiró—ven con cuidado. Esta maldita lluvia está haciendo cortos circuitos con las luces y no dudo que después haya interferencia con la señal. Prepararé café.
-Okey. En unos minutos llegamos.
-Pero cuando estés aquí, procura no hacer ruido porque Ben cogió un resfriado.
**
Misma hora, diferente lugar.
Líbano.
-¡Tío Gabriel!—gritó Gabriela al verlo entrar empapado hasta los pies—debiste llevar un paraguas.
-¡Que sofocante agua!—se quejó Gabriel, dejando las bolsas de comida regadas por todas partes—el paraguas no hubiera aguantado semejante tormenta.
-Christian llevó una a su trabajo y la trajo en perfecto estado.
-¿Y no será que Christian en vez de venir caminando como Dios manda, vino corriendo a la velocidad de la luz?—le preguntó con los ojos achicados. Gabriela se ruborizó.
-A Chris no le gusta caminar y lo sabes, tío.
-Entonces no lo uses de ejemplo—le gruñó y un rayo lo hizo callar de golpe.
-Por lo que he visto en este instante—agregó Christian desde alguna parte de la casa—es que esta tormenta es obra de Thorsten Staggs.
-¿Qué? Desde luego que no, amor—dijo Gabriela, horrorizada
-¿Quién más pudo haberlo hecho si no fue él?
**
Misma hora, diferente lugar.
California, Estados Unidos.
Owen caminaba tranquilamente por las calles de California, debajo del abrazante sol de la mañana. Se había levantado temprano con la fabulosa idea de regalarle un gigantesco ramo de rosas rojas a Clara cuenta de su cumpleaños y para eso tuvo que madrugar y salir antes de que ella se percatara de su ausencia. Pero él no contaba que, a mitad del trayecto, una tormenta lo sorprendería, echando a perder las hermosas rosas.
El cielo ni si quiera mostraba signos de lluvia minutos atrás y maldijo para sí.
Regresó a la florería bajo el agua y compró otro ramo para Clara pero decidió esperar a que la tormenta pasase para salir.
-Oh, querido niño—le dijo la encargada de la tienda de flores—es una pena que esa lluvia te destruyera el anterior ramo. Eran unas rosas preciosas.
-No se preocupe—contestó con amabilidad, pero dentro de su ser, deseaba aniquilar a la señora por restregarle una vez más su desgracia.
-¿Quieres una taza de té, muchacho? Esta tormenta va para largo.
-Eh, no, pero muchas gracias. Así estoy bien—suspiró—y creo que pediré un taxi…
-Me recuerdas mucho a mi hijo Thomas, él falleció hace seis años en un accidente de autos por conducir en medio de una tormenta idéntica a esta—objetó la señora con nostalgia—y yo insisto, por favor, acepta beber una taza de té mientras pasa la lluvia, ¿sí?
-Está bien, señora…
-Nasty, señora Nasty—le sonrió con suavidad—iré a prepararlo y sí alguien entra, dile que ahorita regreso.
Perplejo, Owen asintió y se dedicó a ver la calle a través del ventanal y olfateando el delicioso aroma de las flores y rosas que tenía a su alrededor.
***
-¡Thorsten! ¡Despierta!—seguía Katheryn gritándole. Y él seguía sin reaccionar. El aire, los rayos, relámpagos y la lluvia seguían azotando el cielo—por favor, despierta…
Lo arrastró hasta su pecho y lo acunó fielmente a su cuerpo. No iba a dejar que nada le sucediera.
Él era fuerte y poderoso pero muy en el fondo era tan débil e indefenso y solo ella podía protegerlo.
-Por favor… ¡Despierta!—comenzó a llorar, desesperada. Su único consuelo era que él seguía respirando.
Y no fue hasta que Thorsten soltó un gemido de dolor, se dio cuenta que tenía marcada una línea de más cinco centímetros que le atravesaba su espalda en diagonal. Era una herida que le estaba sangrando y su piel estaba al rojo vivo. Ambas heridas formaban una perfecta roja y escalofriante equis (X) labrada en su espalda. También se percató que absolutamente todas sus cicatrices estaban al descubierto.
Era una escena dolorosa para Katheryn.
-¡Qué te ha pasado!—le temblaron las manos mientras se ponía su ropa interior y corría al sanitario por toallas.
Pero al regresar, una rubia cabellera captó su atención.
Leonard Shay estaba sentado junto a Thorsten y a su derecha estaba un individuo pequeño, que apenas sobresalía de su cuerpo. Reconoció aquel cabello castaño y ahogó un grito.
Era Charlie, su hermano y estaba paralizado de miedo.
-¡Suéltalo!—se abalanzó sobre Shay pero este la esquivó con facilidad y sin tocarla, la estampó contra las persianas.
-Mañana te dije que era el último día que tenías para darme la maldita llave—musitó con furia—pero he cambiado de parecer. Y no porque yo lo quisiera, querida zorra. Pero Nelid está ansioso por hacerle una visita a su adorado hijo y no puedo seguir perdiendo el tiempo.
-Eres un ser repugnante—le espetó ella con amargura—no debiste traer a mi hermano. A él déjalo fuera de todo esto.
-Sin tu pequeño hermano, tú no harías lo que tengo en mente para ti.
-¿Qué quieres que haga? No puedo negarme de todas maneras, además, ¡Estoy segura que tú fuiste el que hirió a Thorsten de una manera brutal!
Charlie ahogó un gorjeo y Leonard le envió una punzante mirada, dejándolo helado.
-Vendrás conmigo a Transilvania y de una vez por todas me darás la estúpida llave.
-De acuerdo—intentó retroceder de las persianas pero Leonard se lo impidió—quiero que dejes a Charlie en paz.
-Charlie, Charlie—canturreó Leonard— ¿Qué piensas de esta escenita que estás presenciando? Tu hermanita se revuelca con el mismísimo Thorsten Staggs y a la vez se miraba a escondidas con el Elegido Ethan Quin.
-¡No vuelvas a hablar de Katheryn así!—exclamó Charlie y corrió hacia Katheryn pero una ráfaga de aire lo hizo caer de espaldas y arrastrarse a los pies de Leonard.
-Ya. Haces demasiado escándalo.
Leonard, acompañado de Charlie, desapareció. Y a los pocos segundos reapareció solo.
Pero Katheryn aprovechó a ponerse sus jeans y su blusa. Arropó a Thorsten entre las sabanas y le colocó un par de toallas para parar la hemorragia.
-Que ingeniosa. Ahora vámonos. De que me devuelvas la llave, te regresaré a tu mágica noche.
No dejó que ella se despidiera de Thorsten, la cogió del brazo y la tele transportó a la guarida de la casa de Transilvania.
Ya había parado de llover y eso la ponía más nerviosa.
-Adelante. Busca la llave—le ordenó Leonard—estaré esperándote en la habitación de mi amigo. Recuerda que puedo escuchar todo lo que hagas, digas o pienses.
Se esfumó y solamente la luz de la única vela le hizo compañía para buscar el libro y la llave.
Rebuscó en todos los rincones y no había ningún rastro ni del libro ni la llave.
Comenzó a estresarse. ¿Qué pasaría si no tenía éxito? ¿Leonard la mataría sin más?
¿Por qué tenía que haber echado a perder esa noche?
Todos esos pensamientos negativos danzaban en su cabeza sin dejarla pensar con claridad.
Recordaba con vaguedad que Thorsten tenía una repisa lo bastante alta como para alcanzar y en la punta tenía distintos libros sepultados en capas de polvo de años pero el libro de La Vida no podía estar ahí y mucho menos la llave.
Trepó hasta lo alto de la repisa y ninguno de esos libros era el indicado. El peso de su cuerpo no pudo soportar aquel cacharro y se vino abajo con kilos de polvo y suciedad.
Y atrayendo la atención mezquina de Leonard, logró salir a rastras y toparse con unos ojos amarillos que detonaban rabia pura y salvajismo.
-¿Qué es lo que estás haciendo, asquerosa zorra?—le espetó y la levantó de golpe, dejándola aturdida.
-Estoy buscando la maldita llave—replicó ella, quitándose las telarañas de la cara.
-Hazlo en silencio, ¿o quieres despertar a tus amiguitos?—le siseó en la oreja con los dientes apretados—porque si eso sucede, los mataré.
-Creo que la llave está arriba, en la habitación de Thorsten—titubeó, presa del pánico.
-¿Por qué lo crees?
-Porque no está aquí.
-Entonces vamos.
La tele transportación los llevó hasta la habitación de Thorsten y en cuanto Katheryn tocó el suelo, se dedicó a escrudiñar todo a su alrededor, sintiéndose una verdadera cobarde.
La amarillenta mirada de Leonard la puso de nervios pero siguió indagando hasta que encontró un extraño cofre color bronce que estaba sellado. No tenía ningún candado. Lo cogió en sus manos y lo agitó. Algo pequeño se movía dentro: metal.
-Leonard—le dijo. Pronunciar ese nombre le causaba nauseas. El rubio arqueó una ceja y se acercó—aquí debe de estar, solo que está sellada.
-Aparta tus lujuriosas manos de este artefacto—le quitó el cofre y cerró los ojos durante un momento.
Katheryn quiso protestar pero enseguida una luz a través de una de las fisuras del cofre la deslumbró.
El cofre se partió en dos y algo metálico cayó y rodó por el suelo.
Era la llave.
Leonard la recogió y con una sonrisa lobuna, se volvió hacia Katheryn.
-Ha sido un placer hacer tratos contigo—le guiñó un ojo—ahora puedes regresar a pasar tu última noche al lado de Thorsten.
…
Thorsten seguía tal y como lo había dejado: desnudo, ensangrentado y envuelto en las sabanas del hotel. Y seguía sin abrir los ojos.
El cielo seguía nublado y una fina cortina de gotas era lo único que quedaba de aquella tormenta.
Mordiéndose los labios para no romper a llorar, consiguió curarle su herida y arroparlo.
-Thorsten, abre los ojos, ¿sí? Quiero ver tus hermosos ojos grises haciéndome sonrojar y decirme alguna cursilería fingida referente a lo que sucedió entre nosotros.
Pero él no abrió los ojos, siguió respirando tranquilamente como si nada en el mundo pudiera pasarle.
Cuando Katheryn se cercioró de que Thorsten estaba perfectamente bien, abrió las persianas y se tumbó junto a él para poder sentir el aire fresco que entraba hasta su rostro.
¿Por qué nunca podía tener un día de tranquilidad en su vida?
¿Por qué cada que tenía un mínimo momento de felicidad, ocurría algo para estropearlo todo?
Estaba segura que en cuanto Thorsten se enterara de su desfachatez, la enviaría por un tubo.
Y no supo en qué momento fue que se quedó dormida pero lo hizo.
Al otro día, despertó sobresaltada y buscó a Thorsten por todos lados y se encontró bien envuelta en las sabanas. Pero él ni sus luces.
Estaba preparándose para saltar de la cama y salir disparada a buscarlo, pero de repente, escuchó el sonido de la ducha y la voz ronca de Thorsten.
-Ella vive en mí como una canción que alimenta los oídos de mi corazón… ella vive en mí, en cada despertar, en mis sueños y secretos aun sin revelar… y yo me pierdo en su sonrisa y ante su abismo me dejo caer…
Thorsten estaba… ¿cantando?
-…y es ella… la que me lleva al cielo de la mano, la que me quiere tal y como soy…
Katheryn sintió ganas de echarse a reír. ¿Desde cuándo Thorsten era fanático de las canciones románticas? ¿A caso se refería a ella en esa canción?
¿Qué había pasado con sus heridas? ¿Leonard había hecho algo?
Aspiró y exhaló lo suficiente para guardar la calma.
Pequeña zorra, yo no he hecho nada. Ni si quiera toqué a Thorsten cuando tuvieron su noche de pasión. Así que no molestes y disfruta lo que te queda de tiempo.
Maldito Leonard Shay.
Lo odiaba.
De pronto, la puerta del baño se abrió y un Thorsten recién duchado salió reluciente de limpio con una toalla alrededor de su cintura y el cabello escurriendo de agua.
En sus labios estaba dibujada una sonrisa pícara y tierna.
-¿Cómo amaneciste, Honey?
-Perfectamente—vaciló y le sonrió ampliamente— ¿y tú?
-Más que perfecto—se acercó a ella y le depositó un beso fugaz en los labios—pero, ¿Qué infiernos? Mírate, Honey, tienes ojeras.
-Thorsten, ¿no recuerdas que sucedió anoche?
-¿Aparte de lo que tuvimos?—ladeó la cabeza, con perplejidad. Ella asintió—pues no. ¿Qué ocurrió?
-Hubo una gran tormenta eléctrica y te lastimaste gravemente la espalda.
-¿Mi espalda?—se llevó la mano hacia atrás y frunció el ceño—no tengo nada… oh, vaya… ¿Qué pasó?
Su rostro mostraba perplejidad y confusión. ¿Qué debía decirle ella para no levantar alguna sospecha?
-Ya te lo he dicho. Estábamos… ya sabes…-apartó la mirada y la postró sobre sus manos, estaba sonrojada—y minuto después inició una tormenta eléctrica y tu caíste desmayado con esa herida en la espalda.
Thorsten agrandó los ojos y se sentó a los pies de la cama con aire despistado.
-¿En serio ocurrió todo eso? Yo no recuerdo nada, Honey—apretó la mandíbula—ah…-se quedó en blanco por unos segundos y luego parpadeó—…esto debe ser obra de Leonard.
Katheryn retuvo el aliento tan solo oír ese despreciable nombre.
-¿Te duele?
-No. Si tú no me dices que estoy herido, no me doy cuenta.
-¿Me dejas darle un vistazo?
Él le dio la espalda y Katheryn no vio absolutamente nada. Ni un rasguño.
-Thorsten, haz aparecer todas tus cicatrices.
-Sabes que las detesto y no quiero que las veas, Honey.
-Por favor, confía en mí. Muéstrame como realmente eres.
-Pero…
-La canción que estabas cantando dice que ella te acepta tal y como eres. Déjame ser ella y aceptar tu verdadero yo.
-¿Estabas escuchándome?—se mostró horrorizado y a la vez avergonzado.
-Tu voz me despertó pero eso no importa—ella lo miró a los ojos fijamente—por favor, quítate tú caparazón y muéstrame al verdadero hombre que está ahí y dentro que se muere por salir.
-No hay ningún otro hombre dentro de mí y mucho menos que muera por salir—espetó, de mal humor.
-¡Quiero comprenderte pero tú no me dejas!—exclamó Katheryn.
-No quiero que nadie me comprenda.
-¿Entonces qué hago aquí contigo?
-Estás aquí porque me quieres—se levantó de inmediato y comenzó a vestirse. Katheryn se llevó las manos a la cabeza y se encaminó al sanitario para darse una ducha también, pero antes de si quiera entrar, sintió los fuertes brazos de Thorsten a su alrededor y suspiró agobiada—te voy a confesar el porqué de las dos cicatrices que ahora tengo en la espalda.
-No estoy segura de querer escucharte, Thor—echó hacia atrás la cabeza y la recargó en su firme pecho de Thorsten.
-Tendrás que hacerlo—le besó la sien izquierda y la condujo de regreso a la cama.
Estando ya sentados en la cama, Thorsten y ella se sentaron uno al frente del otro para verse a los ojos mutuamente. Katheryn quería explicaciones y estaba aliviada de que por fin las tendría.
-¿Recuerdas que antes de saber todo sobre las cicatrices que mi padre me hizo, viste una herida un poco más reciente en mi espalda?—comenzó a decir Thorsten y Katheryn simplemente asintió, con mucha atención—pues esa herida repugnante de mi espalda no me la hizo él.
-¿Qué? Entonces, ¿Cómo te la hiciste?
-Escucha—dijo Thorsten con más seriedad—esa herida apareció en el segundo en el que te convertí en Elegida. El rayo que te convirtió cayó sobre ti y luego rebotó hacia a mí—se rascó el cuello con incomodidad—y quiero creer que la nueva herida que tengo es porque pasé una noche contigo.
-¿A qué te refieres?—ella frunció el ceño sin entender.
-Me refiero que… cada que estoy contigo, una nueva herida aparece en mi cuerpo—cerró los ojos y Katheryn postró su mirada en los brazos de Thorsten, en los cuales comenzaron a aparecer las cicatrices que antes ella había visto, pero en el pecho tenía nuevas heridas, incluso estaban rojas e hinchadas. Horrorizada por lo que estaba mirando, alzó la mirada y se encontró con los delirantes ojos de Thorsten puestos en ella.
-Por favor, explícame con claridad lo que está sucediendo porque no te entiendo nada…
-Las heridas de mi padre no son tan dolorosas como las que tú me provocas.
-¿Dices que una nueva herida aparece en tu cuerpo cuando estoy contigo?—estiró una de sus manos y la posó sobre su pecho. Thorsten cerró los ojos y asintió— ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué?
-No me había dado cuenta hasta ahora. La primera vez que apareció la primera, y digo primera porque las demás no cuentan, fue cuando te mostré un espectáculo en la mansión con la lluvia y a causa de ello me desmayé. Y viste mis cicatrices por primera vez—ahogó un suspiro y continuó—al siguiente día me di cuenta de las nuevas heridas, pensé que fue culpa de mi estúpido truco pero no podía ser posible. Y después que seguimos estando interactuando, fueron apareciendo más y ahora que hicimos el amor… una nueva herida se plasmó en mi espalda.
-Pero, ¿Por qué te hago daño?—se sintió deseosa de abrazarlo.
-No me haces daño—negó con la cabeza—quizá es porque…
-¿Por qué, qué?
-Nada. No tiene sentido.
-Dime.
-No.
-¡Thorsten!—le gritó, ansiosa.
-Es porque quizá quiero quererte… quiero amarte como si yo fuera un ser humano, quiero ser el hombre que tu ames y desees tener por toda la eternidad y tal vez eso causa que mis Raíces me castiguen por querer actuar como alguien que no soy.
Y Katheryn sintió que su estómago se retorcía. Y no llegaban las palabras a su boca. Estaba atónita.
-¿También te sucedió eso en Hawái?—le preguntó por fin y con la voz temblorosa.
-Sí.
-Perdóname.
-¡No es tu culpa, Honey! El culpable aquí soy yo.
-No. El culpable aquí es tu padre y Leonard. Odio a todo ser que quiera herirte—susurró ella y lo abrazó—por favor, déjame quedarme a tu lado hasta que se cumpla el plazo.
-No es posible, Honey. Te irás hoy mismo a México con tus amigos—le acarició el cabello y enredó uno de sus dedos en un mechón plateado que Katheryn tenía detrás de las orejas—tengo que estar lo suficientemente fuerte para enfrentar todo lo que me repara el destino y si te tengo cerca, seguiré teniendo más heridas y estaré débil.
-Si yo me voy, jamás volveré a verte y me niego rotundamente a eso.
-Te prometo que iré a verte una semana antes de que se cumpla el plazo.
-¡No es suficiente!—Katheryn comenzó a perder el control de sus emociones.
-Es hora de irnos a Transilvania, Honey, arréglate. Regreso en unos minutos. —se alejó de ella, se puso su chaqueta y salió de la habitación, dejándola sola.
***
Charlie no podía superar lo que sus ojos habían visto la noche anterior. Y no había querido decírselo a Jack para no alarmarlo pero la desesperación lo iba a volver loco.
¿Dorian Murphy era el mismísimo Thorsten Staggs y todavía Katheryn tenía el descaro de pasar la noche con él?
¿Y ese rubio estúpido e imbécil, quién era?
Un escalofrío helado le recorría el cuerpo cada que pensaba en lo sucedido.
Ni si quiera Diane podía levantarle el ánimo.
Ese día era el primer día de clases.
Y se dio a la tarea de olvidarse un poco de lo que había vivido la noche anterior.
***
Heidi estaba vestida con su típica bata de corazones en la cocina de la casa de Thorsten y anhelaba que en cuanto Katheryn y Staggs volvieran, ella estuviera con ropa decente, ya que Luke ni si quiera se dignó a ayudarla en preparar el desayuno.
-¡Luke, ya está el desayuno!—le anunció con voz cantarina.
-¡En un segundo voy!—le respondió él un segundo después.
Heidi, llevando cuidadosamente los platos al gran comedor, tuvo el peor susto de su vida. Pues, a mitad de la sala, se encontraban Thorsten y Katheryn, ambos cogidos de las manos pero con una expresión triste en el rostro. Heidi se preguntó si quizá ellos eran obra de su imaginación porque parecían ser una aparición en vez de personas.
-Ay, Dios—dijo Heidi en cuando recuperó el aliento y dejó los platos en la mesa— ¿Qué les pasó? ¿Por qué esas caras?
-Nada que no pueda solucionarse, Delorme—le respondió Thorsten con frialdad y pasó a su lado en dirección a las escaleras.
Katheryn tuvo que esquivar la mirada quisquillosa de su amiga con el pretexto de irse a la cama. Pero a la mitad de los escalones, se encontró con Luke, él la miraba con los ojos bien abiertos.
-Katheryn…
-No estoy de humor para tus palabras, Luke—alardeó ella al pasar a su lado sin si quiera mirarlo.
Cuando ella subió lo que restaba de las escaleras y se oyó el sonido de la puerta cerrarse de su habitación, Luke bajó hasta donde estaba Heidi y ambos se sentaron a la mesa para desayunar.
-¿Crees que sería prudente subir y preguntarle si se encuentra bien?—preguntó Luke con la boca llena.
-Quizá, pero yo seré quién hable con ella, cariño.
-¿Por qué se comportan extraños? Digo, Thorsten es raro de por sí, pero Katheryn no lo es. ¿Qué habrá pasado entre ellos?
-Después de desayunar lo averiguaremos.
-¿Katheryn regresará a México con nosotros?
-Definitivamente no lo sé.
Katheryn había iniciado a empacar toda su ropa en unas maletas que Thorsten tenía guardadas en el armario. Tal vez irse era lo mejor.
No sabía si resistiría tanto estar lejos de él. Pero era lo correcto. No iba a poder soportar ver que Leonard lastimara a Thorsten frente a sus ojos.
La ropa se fue acumulando tediosamente hasta formar una grandiosa bola impidiendo que más prendas entraran en la angosta maleta. Estaba tan distraída que ni si quiera se percató de ello hasta que alguien llamó a la puerta y la despertó de sus pensamientos.
-Adelante—graznó con desgana y ahogó una exclamación al ver semejante abultamiento de ropa en la maleta.
-¿En serio vas a irte con nosotros a México?—le oyó preguntar a Heidi.
-Pues sí—dijo con vaguedad. Lo que menos quería era seguir pensando en ello.
-¿Necesitas ayuda?
-Supongo…
Pero Heidi se colocó frente a ella con los brazos en jarras y con las cejas alzadas, casi llegándole al nacimiento del cabello. Sus ojos azules brillaban de duda y de desconfianza.
-A ver, Katheryn Levis—repuso, furiosa— ¿Qué demonios te sucede? De ante mano sabemos que Thorsten es un demente y que milagrosamente logras congeniar con él, pero no es justo que te contagie su temperamento y su estado de ánimo espeluznante que tiene. Ahora dime que ocurre.
-¡Quiere que me vaya porque teme que me sucederá algo terrible!—explotó Katheryn, derrotada.
-¿Por lo del tipo que es de su propio planeta?—ladeó la cabeza.
-Sí.
-Katheryn—le espetó su amiga y la cogió de los hombros con fuerza—si Thorsten dice que es riesgoso que sigas en este sitio, tiene que ser cierto. Él conoce bien a los de su clase. Vamos a México, Kath. Lo digo en serio.
-Me niego a dejarlo solo—se hizo a un lado y se dejó caer en la alfombra—pero voy a obedecerlo. No quiero pelearme con él antes de partir. Me prometió ir a verme una semana antes de que se cumpla el plazo, así que…-le tembló la voz y Heidi la abrazó— ¿Por qué todas las cosas malas me pasan a mí? ¿Por qué no puedo enamorarme de alguien normal? Primero fue Ethan, lloré por él durante meses, y ahora Thorsten… ¡Mi destino es quedarme acompañada con mi maldita soledad!
-Amiga, no digas eso—le dio ánimos, sabiendo que no había poder humano para hacerla entrar en razón—no creo que ese tipo de verdad fusile a Thor. Thor es fuerte y todos lo sabemos. Él no dejará que acaben con su ser tan fácilmente y más sabiendo que tú eres como su vida misma.
-Él no puede amar. Ni si quiera tiene corazón—sorbió por la nariz, sorprendida de no haberse dado cuenta de que estaba llorando en silencio.
-Sean peras o sean manzanas—canturreó su amiga y le dio un beso en la frente—pero Thorsten Staggs, dios del trueno y nuestro creador, te ama con locura. No podría vivir sin ti.
-No es posible. Yo soy la que no podrá vivir sin él.
-Katheryn—la seriedad llegó al rostro de Heidi en un segundo—reconozco el amor en un instante y Thorsten tiene el mismo brillo en los ojos que Ethan y las dos sabemos que Ethan te amaba o bueno, te sigue amando con toda la fuerza de su cuerpo; incluso daría su vida por ti. Y Thorsten también.
-¡Ay! No me digas eso, ¡Por favor!—se cubrió el rostro con las manos.
-¡Pues créelo!
Minutos después, alguien más llamó a la puerta y Katheryn puso los ojos en blanco. La mente de Luke estaba pensando en los deliciosos tocinos que seguían en el congelador y venía únicamente a preguntar si podía cocinarlos.
Tocinos. No creo que Staggs se enfade si le robó unos cuantos tocinos, ¿o sí? Pero… ¿y si Katheryn planeaba comérselos? No, no. Esos tocinos deben ser míos…
Heidi también había escuchado los pensamientos de su novio y enseguida el rubor tiñó sus mejillas.
Katheryn se levantó de inmediato de la alfombra y le abrió enseguida la puerta. Luke entró dando traspiés y sonrió ampliamente, preparando su discurso acerca del tocino.
-No hace falta que preguntes por el tocino. Es tuyo—se apresuró a decirle Katheryn con una mano puesta en su vientre le había comenzado a doler y sintió un leve mareo. Pero le restó importancia
Luke entornó los ojos y agachó la mirada con vergüenza
-¿Leíste mis tontos pensamientos?
-Cariño—terció Heidi con dulzura exagerada antes de que Katheryn le respondiera—hasta el mismísimo Staggs te ha escuchado.
-Escuchen—objetó Katheryn, su rostro había perdido color—necesito estar sola un par de horas. Así que hagan lo que deseen con la comida y después ya hablaré con Thor para decirme a qué hora nos iremos.
La pareja asintió y antes de retirarse, la dieron un cálido abrazo.
-Si necesitas algo, no dudes en llamarme telepáticamente—le aconsejó Luke—yo estaré aquí en un segundo.
Al cerrar la puerta, Katheryn echó a correr hacia la cama sin importarle haber tirado la maleta al suelo. Enterró su cara en las almohadas y llorando en silencio, se quedó profundamente dormida.
Thorsten se sentía como un animal enjaulado en su propia habitación. Se sentía hambriento de exasperación y de rabia. No le agradaba la idea de alejarse de Katheryn pero era por su bienestar, además, la maldita llave de Krosper había desaparecido del cofre que había mantenido oculto en la pequeña mesa de noche que tenía cerca de su cama.
Esa llave no pudo haber desaparecido de la nada. Leonard no pudo haberla tomado sin antes lastimar a los amigos de Katheryn. Pero si no fue él, ¿Quién fue?
Tampoco la parejita de Elegidos pudo haberla tomado, porque ni si quiera hubiesen podido entrar y sus pensamientos estaban vacíos de la información que necesitaba.
Indignado, comenzó a tirar todos los muebles. Abrió de una patada la puerta del balcón y miró directamente al cielo azul y despejado de la mañana.
Y cuando pensó que nadie podía empeorar, reconoció la rubia cabellera de Leonard a través del rabillo de su ojo izquierdo. Se había colado a su habitación sin hacer el menor ruido y peor aún: entró sin que él pudiera percibirlo.
Se dio la vuelta para encararlo. Leonard le sonrió malévolamente y tomó asiento en la amplia cama, mientras que Thorsten sentía que se le revolvía las entrañas de solo verlo. La furia lo estaba embargando y tenía que tranquilizarse.
Apretando los puños con tal fuerza y llegando al grado de poner blanco sus nudillos, se vio obligado a hablar primero:
-¿Se puede saber que infiernos estás haciendo en mi casa?—su voz sonó más a un siseo de serpiente que a un reproche. La furia contenida lo estaba haciendo hiperventilar.
-¿Es verdad que Katheryn se irá a México porque temes que yo le haga daño?—le respondió con otra pregunta que estaba lejos de ser la respuesta que Thorsten buscaba.
-Eso no te concierte—rechinó los dientes y sintió que iba a darle un ataque de coraje—ella no está entre tus planes de llevarme de vuelta y tampoco los demás Elegidos.
-Eso ya lo sé. Pareces disco rayado—bostezó con pereza y fijó sus ojos amarillos en Thorsten—tengo la llave, querido amigo.
Thorsten sintió que sus piernas se habían convertido en gelatina y que pronto estaría siendo castigado por su padre hasta morir. Disimuló bastante bien su desconcierto y mantuvo firme la mirada y el rostro. Leonard dejó escapar una risa nasal y se incorporó, dio unos pasos hacia él y quedaron frente a frente. Ambos median iguales, solo que Thorsten era más fornido y robusto.
Sus narices se rozaron, fruncieron el ceño y se miraron con repugnancia el uno con el otro hasta que Thorsten lo empujó lejos y se cruzó de brazos.
-¿Qué te hace pensar que esa es la llave?—lo retó con la voz careciente de emoción, pero en el fondo estaba temblando.
-Te dije que tu propia Katheryn me lo entregaría—se burló y sacó la llave antigua de su bolsillo y comenzó a agitarla frente al rostro de Thorsten—y ya lo hizo.
-Mientes. Ella no se ha separado de mí ni un solo segundo—le espetó—pero, ¿sabes qué? Lárgate. Ya tienes la maldita llave. Ahora lárgate. Si Nelid quiere visitarme, que lo haga. Pero que se aparezca cuando Katheryn y sus amigos se hayan ido.
-Es una idea estupenda, pero no te haré ese gusto, Thor…
Thorsten entornó los ojos y apretó la mandíbula.
-…te dejaré vivir un poco más—prosiguió el rubio caminando a su alrededor—el plazo termina en octubre. El día 29 de octubre será el último día que estarás en este repugnante mundo. Nelid no te hará una visita—se detuvo detrás de él y le susurró en la oreja: —Thor, ni si quiera yo quiero que tu asqueroso padre pise este mundo.
Sobresaltado, Thorsten se volvió para verlo.
-¿Qué? ¿Estás ayudándome o qué?
-No. No te confundas. Solo digo que Nelid no es apto para este mundo—se guardó la llave en un bolsillo—es preferible que te castigue en Krosper que aquí. ¡Imagínate que espectáculo vergonzoso pasarías! Él ni si quiera dejaría vivo a ningún ser humano de este lugar y mucho menos a tu querida Katheryn.
Thorsten estaba perplejo y no sabía si Leonard estaba tendiéndole una treta o hablaba en serio.
-Por cierto, Thor—le dijo con una ceja alzada— ¿Qué sientes por Katheryn? Digo, los dos sabemos que estamos vacíos. No somos humanos para amar o algo así, pero… ¿Qué sientes por esa humana? Es simple curiosidad.
-No te importa—le contestó Thorsten con los ojos como rendijas.
-Escucho latir algo dentro de tu pecho—observó Leonard con la cabeza ladeada y con los ojos puestos en el pecho de Thorsten—es raro. Pareciera como si tuvieras… ¡JA! Es imposible. Ni si quiera es gracioso pensarlo.
-¿De qué hablas?
-De nada. Ahora me largo—de un salto, llegó al balcón y comenzó a levitar en los aires—recuerda: 29 de octubre.
Y desapareció.
Muy en el fondo, Thorsten le agradeció a Leonard por su sensatez.
Dejó a un lado los pensamientos negativos con respecto a la insinuación de su ex mejor amigo con la descabellada afirmación de que Katheryn le había dado personalmente la llave. Y se juró a sí mismo seguir confiando en ella y no juzgar su cabeza para sacarle la verdad.
Ahora lo que importaba era dejar que ella se fuera lejos para estar a salvo, ya que no se fiaba del todo de las palabras del rubio.
Salió de su habitación en dirección a la de Katheryn pero a mitad de las escaleras, se encontró con la pareja, que lo miraron detenidamente y sin decir nada. Thorsten leyó la mente de Heidi y supo que Katheryn quería estar sola por un par de horas, pero aun así, fingió no saber nada y se aproximó a ellos.
-¿Y Katheryn?—les preguntó. Ellos se enviaron miradas nerviosas y él bufó— ¿y bien?
-Se siente indispuesta por el momento—respondió Luke con la barbilla sobresaliéndole. Estaba desafiándolo.
-Perfecto. Entonces cuando se sienta mejor, y espero que sea en unas horas, le dicen que suba a verme o simplemente me llame como ella sabe llamarme. Quiero hablar con ella a solas—se pasó una mano sobre su castaño pelo—además, hoy tienen que llevársela con ustedes. Sé que cuidarán bien de ella.
Y dicho eso, se tele transportó a la guarida para tener un poco de paz.
***
Horas atrás…
México, D.F.
-La lluvia de ese rato estuvo de locos—alardeó Brenton mientras escaneaba a Toni, el invitado sorpresa de Ethan.
Ben se había resfriado y no podía salir de la cama a menos que fuera para ir al sanitario. Y bajo las ordenes y supervisión de su amado.
Toni miraba embobado la tv sin parpadear si quiera. Brenton le había obsequiado una sudadera para abrigarlo.
Ethan suspiró agobiado y se dejó caer sobre la mesa, hundió la cabeza entre sus brazos y ahogó una exclamación.
-Déjame quedarme aquí por unos días, por favor—le suplicó con desesperación—Sam me matará y no quiero dejar abandonado a este chico—señaló a Toni con la cabeza.
-Amigo—le contestó Brenton sonriendo—esta es tu jodida casa. Por mí no hay problema y tampoco con Ben, pero tendrás que hablar con Heidi y Luke, ya sabes que ellos tienen mayor orden aquí.
-Mientras que Katheryn no esté cerca, no habrá problemas. Ellos me quieren asesinar porque todavía me interesaba, pero ya no más. Tengo que seguir con mi vida.
-¿Qué pasó?—Brenton abrió los ojos como platos y le prestó total atención. La cafetera anunció que el café estaba listo y se levantó apresuradamente—dame un segundo.
Mientras servía el café para los tres, incitó a Ethan a relatar su aventura.
-Fui a verla. Hablamos durante horas. Me rompió el corazón por segunda vez. Ama a Staggs. Punto final—añadió mecánicamente sin levantar la cabeza que seguía entre sus brazos. Brenton por poco deja caer la cafetera al suelo.
-Por el amor de Dios—musitó el rubio— ¿Qué le pasa a esa chica? ¿Ama a Staggs? Ya sabía que le gustaba pero no que lo amaba.
Ethan asintió con la cabeza y gruñó.
-Ojalá pueda verla y hablar con ella seriamente.
-No tendría caso—levantó su cabeza y se encontró con la petulante mirada de su amigo— ¿Qué?
-Pero tú tienes la culpa—le espetó. Y le llevó una taza de café a Toni. Regresó a sentarse frente a Ethan sin quitar la expresión mortífera de su rostro.
-¿Mi culpa?—preguntó Ethan con sarcasmo y soltó una áspera carcajada—no es mi culpa que ese desgraciado se haya cruzado en su camino cuando yo apenas la había logrado localizar, además, él me envió hasta Tokio durante tantos meses, fingiendo haberme ayudado después del incidente de la estúpida de Juno y… ¡Lo odio como no tienes idea!
-Sé cómo te sientes.
-No, no lo sabes.
-Sí, sí lo sé. Solo que de diferente manera lo he sentido.
-Ay, te juro que deseo ser mortal para poder decir Cuando sea anciano se acabarán los putos problemas, pero por desgracia todos estamos anclados a ese imbécil. Seremos jóvenes de por vida, incluso, quizá existiremos hasta que la humanidad se extinga por completo.
-¿Podrías hablar bajo? Tenemos a un mortal a unos pasos—le hizo señas para que viera a Toni. El chico los miraba de reojo.
-¡Lo que sea!—arrastró una de sus manos y cogió su taza de café. Le dio un sorbo y se frotó los ojos—tengo sueño, Brenton.
-¿Quieres dormir en la habitación de Luke y de Heidi o en el sofá donde está Toni?—le ofreció.
-Dormiré en el suelo junto al chico. Tengo una bolsa de dormir en mi mochila.
-Okey.
-Y gracias por todo, Brenton. Nunca imaginé tener una charla profunda contigo.
-Ni yo contigo—le guiñó el ojo y le dio un sorbo largo a su taza—eh, Toni—lo llamó y el chico lo miró—dormirás en el sofá, ¿de acuerdo? Ethan dormirá junto a ti, en el suelo.
-Oh—se levantó de un salto del sofá. La sudadera de Brenton le quedaba bastante holgada a causa de estar tan delgado—desde luego que no, güerito. El joven Quin va a dormir en el sillón y yo en el suelo.
-Toni…-murmuró Ethan con cansancio.
-¡No! Yo estoy acostumbrado a la frialdad del suelo y no es lo correcto—se apresuró a recostarse en el suelo de espaldas— ¿lo ve? Estoy perfectamente.
Brenton apagó la tv y se cruzó de brazos.
-Tienes suerte de que el suelo esté alfombrado, diablillo—lo acusó—traeré mantas y almohadas para los dos.
En cuanto Brenton desapareció de la vista, Ethan sacó su bolsa de dormir y la tendió en el suelo, casi encima de Toni.
-¿Qué está haciendo?—le preguntó a Ethan con el ceño fruncido.
-Si vas a dormir ahí, dormirás en mi bolsa de dormir—le gruñó Ethan—y si te niegas, te obligaré a meterte, eh.
Toni ni si quiera imaginaba que Ethan tenía el poder de hacerlo dormir en un santiamén si así lo deseaba. Y accedió a dormir en aquel raro artefacto de plástico.
***
Katheryn despertó dos horas después y de nuevo sintió una desesperación delirante dentro del pecho. No quería irse.
Saltó fuera de la cama y vio su reflejo en el espejo.
-¿En quién me he convertido?—se preguntó.
Ya no era aquella Katheryn que vivía alegremente en California, la que solía salir al trabajo y al supermercado con su única amiga, Clara, la que solamente se preocupaba por vivir al limite su larga vida y sin preocupaciones.
-Todo momento mágico tiene que llegar a su fin—se dijo con los ojos fijos en su pelo. Las hebras de plata estaban opacas. Frunció el ceño y las miró con detenimiento: sus mechones plateados estaban oscureciéndose.
Asustada, echó a correr en dirección a la puerta y al abrirla, se encontró con Thorsten en el umbral, lucía triste pero en perfecto estado.
-¡Que está pasándole a mi cabello!—le gritó, alterada.
Pero él no le respondió, sino que le cogió un mechón y lo enrolló en su dedo durante un segundo.
-En este preciso instante, tú y todos tus amigos, incluidos tus hermanos…-dijo con firmeza—han dejado de ser inmortales.
Los ojos de Katheryn se abrieron como platos y se quedó lívida.
-Te prometí que serías mortal para que siguieras el curso de tu vida—le aclaró—aparte, en Hawái me dijiste que querías serlo.
-¡En Hawái ni si quiera sabía si te amaba o no!
-¿Me amas ahora?
-¿Qué pregunta es esa? ¡Te amo, pedazo de…!
Y antes de que ella terminara la frase, Thorsten la besó.
-No hay tiempo, Honey, debes irte en este momento.
-¡No!—chilló, presa del pánico.
-No te estoy preguntando. Es una orden—gruñó.
Y sintiendo como sus pies dejaban el suelo, se aferró al pecho de Thorsten con los ojos cerrados y cuando los abrió, se percató que ya no estaba en Rumania, estaba en México, donde todavía estaba amaneciendo. Aún estaba oscuro.
Escrutó todo a su alrededor y divisó a Heidi y a Luke de pie del otro lado de la calle con sus maletas y el Jetta estacionado a dos metros de distancia.
-No, Thorsten, por favor—le rogó, destrozada.
-Ya estás aquí—le susurró él—es por tu seguridad.
-¿Cuándo vendrás a verme?—le preguntó en un hilo de voz.
-El plazo llega a su fin el 29 de octubre pero vendré a verte una semana antes—le prometió.
-Por favor, no tienes por qué hacer esto…
-No toleraría perderte. No a ti. He perdido muchas cosas en la vida y tú no serás una de ellas.
-Podríamos fugarnos al lugar más recóndito del planeta, solos tu y yo—le susurró, deseosa de que cambiara de opinión. Los dos estaban parados en medio de una calle solitaria—quiero pasar contigo cada segundo que me queda de vida. Ya no soy inmortal y ya comencé a envejecer.
-Entre la vida y la muerte, no quiero perderte, Honey. No quiero.
-Pasa una noche más conmigo, Thorsten—lo abrazó con fuerza y él la apretujó a su cuerpo—por favor…
-No puedo, Honey—dio un paso atrás y ella lo quedó viendo con la boca abierta—no puedo seguir debilitándome. Por supuesto que deseo estar contigo otra vez pero es imposible.
-Al menos quédate un rato más—se acercó a él.
-Tus amigos no están contentos con lo que he hecho—dijo Thorsten con recelo—te voy a hablar todos los días por teléfono y te enviaré textos, lo prometo.
-No será lo mismo. Yo quiero verte y tocar tu piel—le acarició la mano.
Thorsten cerró los ojos e inhaló profundamente y al abrirlos, sus ojos parecían dos monedas de plata brillando bajo el sol.
-Te veré dentro de unas semanas, Honey—se inclinó hacia ella y la besó delicadamente. Tragó saliva antes de pronunciar dos simples palabras de gran significado sentimental: —Te amo.
Él se fue, dejando tras sí un hilillo de aire que aterrizó en las mejillas de Katheryn.
Luke y Heidi se acercaron lo suficiente para hacerla reaccionar.
-¿Ya viste lo que nos ha hecho el maldito?—le graznó su amiga llena de cólera— ¡Nos hizo mortales!
Katheryn parpadeó, mirando al frente donde segundos atrás había estado él.
-Nos estamos decolorando, literalmente—agregó Luke, mirándose el mechón largo de pelo por encima de su frente—el color blanco se está tornando poco a poco rubio cenizo. Detesto mi verdadero tono.
-¡Katheryn!—gritó Heidi— ¡Mírate y míranos!
Heidi, que horas atrás había sido una pelinegra con mechones blancos, ahora era una casi pelirroja con pecas en el rostro.
-Ya los vi—añadió Katheryn sin inmutarse—y sé que también me estoy decolorando pero eso a mí me vale una mierda.
-¿Eres castaña?—le preguntó Luke, ahora apreciando el pelo de Katheryn.
-Sí—asintió y se encaminó a su auto—debemos ir al departamento. Necesito poner a cargar mi teléfono porque tiene días que no lo uso y quiero saber algo de mis hermanos.
En el minúsculo trayecto en dirección al departamento, Katheryn se la pasó con la mirada perdida. Luke tuvo que conducir ya que ella apenas y respiraba.
Llegaron cuando el sol estaba más de la mitad fuera.
Katheryn ahogó un bostezo al encontrarse cara a cara con aquel departamento y se inundó de recuerdos.
Heidi fue la primera en bajar y su apariencia de Elegida había desaparecido absolutamente, y lo único que le quedaba era los ojos azules. Era una pelirroja hermosa. Luke también dejó atrás su apariencia de Elegido para ser un sensual rubio cenizo con sus ojos azules. Y solo faltaba saber si ella había cambiado drásticamente o también le habían quedado sus ojos grises.
-Esto es enfermizo—se quejó Heidi sacando la llave de su bolsa— ¿Qué pasará ahora que ya estamos envejeciendo?
-Oh no…-le oyeron decir a Luke y Katheryn no entendía a que se debía y no fue hasta que oyó el chillido de Heidi, que tomó la iniciativa en bajar por fin de su auto.
Entornando los ojos, miró el Matiz vino de Ethan aparcado a unos dos metros más adelante del Jetta y le envió una mirada furtiva a sus amigos.
-¿Sabes, Katheryn? Con el pelo castaño que tienes ahora, tus ojos grises se ven aterradores—susurró Luke, debatiéndose en abrir la puerta del departamento o no.
Pero Heidi fue la que se animó a abrir.
Katheryn se encargó de bajar su bolsa de cosas importantes y avanzó casi arrastrando los pies hacia el interior del departamento.
Le daba igual si tropezaba con Ethan o alguien más a quién no quisiera ver. Ella solamente anhelaba poder encerrarse en su antigua habitación y romper a llorar hasta que Thorsten se dignara a verla de nuevo. Apenas tenía media hora de que lo había visto y ya lo necesitaba.
Encendería su teléfono en cuando estuviera a solas.
Al entrar, lo primero que vio fue a Toni, el chico simpático que había conocido meses atrás en el hotel Cuba, él estaba profundamente dormido dentro de una bolsa de dormir y a su lado, arriba del sofá; estaba Ethan Quin bocabajo, y obviamente dormido.
Y su cabello estaba totalmente rubio, no había rastro de su pelo de Elegido.
-Entonces eres rubio como tu noviecita—susurró para sí misma y pasó de puntitas a la cocina.
-¿Chicos, pero qué demonios?—escuchó la voz ronca de Brenton a causa del sueño. Bostezó tediosamente y ahogó una exclamación al verla— ¡Katheryn!
Pero Katheryn apenas lo miró y subió directo al piso superior con su bolsa personal para evitar preguntas; estaba segura que Luke y Heidi le explicarían todo con tranquilidad, ya que ahora ella ansiaba encender su teléfono.
Estando dentro de su antigua habitación, se dejó caer sobre la cama ordenada y comenzó a buscar su teléfono. Lo encontró enseguida y lo puso a cargar.
Segundos después la pantalla se encendió y recordó que no tenía el número de Thorsten.
-¡Maldita sea!—estuvo a punto de arrojar el aparato a la pared pero se tranquilizó un instante después de ver el nombre de Thorsten registrado en su agenda.
Sonrió estúpidamente y no perdió más el tiempo: le envió un mensaje de texto.
De: Katheryn.
Para: Thorsten.
Hola, cariño. Lo sé, se escucha cursi pero no encuentro otra manera de llamarte.
Ha pasado apenas cuarenta minutos desde nuestro último encuentro y ya te extraño demasiado. Por favor, llámame o respóndeme de vuelta.
Me dejaste sorprendida y más enamorada por lo que me dijiste. Te amo.
Apretó el botón de enviar con el dedo pulgar entre sus dientes.
Aguardó la respuesta pero se desesperó enseguida, así que decidió llamar al internado Haventoor y saber noticias de sus hermanos. Le preocupaba Charlie. Además, sus hermanos ya no eran tampoco inmortales.
Alguien respondió luego de tres intentos:
-Internado Haventoor, ¿en qué puedo ayudarle?
-Quisiera hablar con la directora, por favor.
-Por el momento la directora Jones no se encuentra. Yo soy la secretaría y puede decirme que necesita.
Katheryn sopesó sus opciones. No tenía dos opciones. Al cuerno, necesitaba hablar urgente con sus hermanos.
-Soy la hermana y tutora de mis hermanos. Y quisiera hablar con ellos, es una emergencia.
-¿Nombres y apellidos de los niños?
-Jack y Charles Levis.
-Un segundo—le dijo y alcanzó a oír el sonido de las teclas de una pc—ah, sí. Ahorita la comunico con ellos.
Katheryn esperó alrededor de diez minutos pegada al teléfono. Y cuando pensó que le habían colgado, la voz jocosa de Jack le hizo dar un respingo.
-¡KATHERYN!
-¡JACK! ¿Estás bien? ¿Charlie está bien?—tartamudeó.
-Eh, sí. ¿Y tú lo estás?
-Sí…
-Dorian vino a la reunión pero tú no. ¿Por qué?—le reprochó.
-Luego te explico—se precipitó—pásame a Charlie.
-¡Que genio!—graznó—toma, enano, quiere hablar contigo.
Contuvo la respiración por unos segundos, esperando a que su hermanito le gritara acerca de sus mentiras, pero no fue así.
-Sabía que me llamarías—le dijo simplemente—estoy preparado para saber absolutamente toda la verdad, Kate.
-¿Te hizo daño el sujeto que te raptó?—no sabía por dónde empezar.
-No. Me hiciste más daño tú al ocultarme la identidad de Thorsten Staggs—le espetó—¿Cómo pudiste hacerte amiga… no, amiga no, amante de Staggs, y viéndonos la cara de estúpidos a Jack y a mí? Nos hiciste vivir bajo su techo a sabiendas que lo odiamos. Eres despreciable.
-Thorsten no es lo que antes creímos. Él es diferente.
-¡Tonterías!
-Charlie yo no quería que…
-¡Te acostaste con él y luego te viste a escondidas con tu antiguo novio! ¿Qué quieres que yo piense de ti? Quizá haya más mentiras en todo lo que nos has dicho. Ya no sé si seguir confiando en ti.
Las palabras de su hermano fueron como pequeñas espinas que se enterraron en su corazón.
-Y no quiero que vuelvas a llamarnos a menos que de verdad sea una emergencia—musitó su hermano.
-Está bien—gimió ella—solo quiero decirles que Thorsten les ha quitado la inmortalidad. A todos.
-¿Qué?
-Thorsten ha renunciado a seguir en este mundo. Se irá para siempre—decir todo aquello era más doloroso de lo que pensó que sería.
-No entiendo nada. ¿Te refieres a que somos de nuevo personas normales? ¿Voy a crecer?—la ilusión en su voz era palpable.
-Sí.
-¿También tú y Jack?
-Sí.
-Entonces dile a tu amante que muchas gracias. Al fin hizo algo razonable en toda su maldita vida—y colgó agresivamente, dejándola perpleja.
Suspiró aliviada. Y sacudió la cabeza.
Miró a la pantalla y encontró un mensaje de texto por parte de Thorsten. La respuesta.
De: Thorsten.
Para: Katheryn.
Hola, Honey.
Te amo. Te amo. Te amo. Te amo.
¡No puedo dejar de decírtelo!
Te echo más de menos, créeme.
Ahorita estoy en Transilvania arreglando mi habitación y luego iré a la librería a comprar un libro.
Sonrió como boba y de inmediato le respondió:
De: Katheryn.
Para: Thorsten.
Se supone que no tienes corazón para amar a una persona. Y sabes que yo estuve en lo correcto; no necesitas ser un ser humano para tener corazón, si tú quieres tener uno, lo tendrás.
Te amo. Te amo. Te amo.
¿Por qué no mandas al cuerno lo que estás haciendo y vienes? ¡No quiero estar separada de ti!
P. d: ¿qué libro comprarás?
Lo envió y se sobresaltó ante la persona que estaba aporreando la puerta con la intención de entrar.
Abrumada y de mal humor, corrió y abrió.
Era Ben y no se miraba nada bien.
Ya no estaba como Elegido, su pelo ahora era color arena pero sus ojos seguían siendo azules.
Pero su nariz roja, sus ojeras y la voz gangosa, le delató la tediosa gripe que tenía.
-Oda, Katheryn. ¿Pedo pasar?—se frotó un pañuelo en la nariz y se abrigó en su frazada.
-Adelante—arrugó la frente y cerró la puerta cuando él entró.
-Entonces Staggs dos hizo motales—dijo con dificultad.
-Siéntate.
-Estoy bien de pie, ensero—estornudó ruidosamente. Y Katheryn dio un paso atrás.
-Bueno—alardeó con los pelos de punta— ¿Qué necesitas, Ben?
-¿Poque nos quitó la imotalidad?—se frotó la nariz y los ojos se le pusieron llorosos.
-No lo sé—mintió—quizá porque ya se va de aquí.
-Él que do se lo tomó bien fue Ethan—le informó—edá como un psicópata.
-Pues que mal—alzó las cejas y miró su teléfono. No había respuesta todavía—tendrá que acostumbrarse.
-Buedo. Creo que quieres privacidad—sonrió y se cubrió la nariz con el pañuelo—hablamos depues.
Ben salió a paso de tortuga de la habitación y la respuesta de Thorsten llegó a su teléfono.
De: Thorsten
Para: Katheryn
El libro se llama Cien años de soledad es de un escritor latino, Gabriel García Márquez. ¿Lo conoces?
Me hiciste fanático de los libros latinos.
Y no, Honey, no puedo ir a verte. Iré a verte una semana antes del plazo, no trates de convencerme. Porque ganas de ir por ti otra vez no me falta. Pero debes estar conviviendo con tus amigos.
Eres una persona normal ahora y aprovéchalo.
Ya no podré enviarte mensaje porque haré unos cuantos pendientes, te hablaré cuando allá sea de noche.
Pd: No te sientas culpable al hablarle a Quin. Sé qué él está en casa de tus amigos. Yo no me molestaré. Él es mejor para ti que yo. Te amo.
Katheryn releyó el mensaje más de tres veces y deseó con todas sus fuerzas poder tener enfrente a Thorsten y golpearlo, no, no, golpearlo no. Besarlo. Sí, besarlo.
Pero lo único que podía hacer en ese momento era acunar su teléfono en el pecho, tumbarse en la cama y dormir un poco.
Era demasiado temprano como para discutir con quién fuere que no estuviera de acuerdo con su transformación…
-¡Katheryn! ¡Katheryn!
Sobresaltada, dio un respingo y se levantó para abrir la puerta, pero Ethan ni si quiera preguntó si podía entrar, entró sin miramientos y se plantó frente a ella con sus ojos verdes esmeraldas encendidos en llamas. Por un nanosegundo, su mirada mostró confusión al verla diferente pero de nuevo recobró la compostura.
-Al menos debió habernos preguntado, ¿no?—le espetó de inmediato— ¿Por qué carajos decide lo que será de nuestras vidas sin nuestro consentimiento? Por supuesto que he deseado ser de nuevo mortal, pero mínimo nos hubiera advertido. Pude haber estado en peligro y morir desangrado como un perro.
-Así que eres rubio—dijo Katheryn simplemente y arqueó las cejas.
Ethan frunció el ceño y cerró la puerta con pasador.
-Sí, soy rubio—alzó la barbilla y la desafió con la mirada—mis ojos debieron cambiar también pero siguen siendo verdes. Pero ese no es el punto…
-¿De qué color son tus ojos naturales?—sintió curiosidad. Y también estaba tratando de tranquilizarlo porque verdaderamente no tenía ánimos de reñir con él.
-Grises.
-¿Grises?—repitió, atónita.
Me estás tomando el pelo, Quin.
Pensó.
-Sí, ¿Qué tiene de extraño? Tus ojos grisáceos no son tu verdadero color, ¿o sí?
-No. Los míos son marrones.
-Vaya. Le faltó ese pequeño detalle a Staggs—gruñó—bueno, el punto es…
-Ethan, olvídalo, ¿okey? Lo hecho, hecho está.
-¿Por qué lo hizo? ¿Por qué de la noche a la mañana nos regresó nuestra vida?—la interrogó, dispuesto a no irse a menos de saber la verdad y Katheryn lo sabía.
-Yo te dije que alguien de su mundo ha venido a fusilarnos, y Thorsten está incluido. Pero él no dejará que eso pase. Así que tomó la decisión de regresar a su planeta con ese sujeto y así estaremos a salvo.
-¿En serio te crees todo ese cuento?
Ella rodó los ojos.
-Yo conozco al sujeto desconocido en persona. Leonard Shay—objetó—yo….
-¿Tú qué?
-Olvídalo. Ahora te ordeno que te vayas. No me siento bien.
-Bien—asintió e hizo una mueca—hablaremos más tarde. Estaré aquí un par de días con tu amigo Toni.
-Ah, Toni—sonrió a medias—dile que al rato iré a hablarle.
Ethan volvió a asentir y se dio la vuelta para irse, pero Katheryn logró distinguir que, en la parte trasera de su cuello, muy debajo de su cabello rubio, no había rastro del tatuaje de rayo que un año atrás le había descubierto y se sobresaltó.
-¡Ethan!—soltó un gritito. Él se paralizó en medio del umbral y se volvió para verla.
-¿Qué sucede?
-Acércate. Quiero ver tu cuello.
Sin saber la razón, él se acercó y se colocó de espaldas a ella. Katheryn se subió a la cama y le bajó el cuello de la playera para visualizarlo mejor.
Y sí. Tenía razón.
El tatuaje se había esfumado.
-¿Me dirás que sucede, Katheryn?
-Tu tatuaje se ha ido.
Él se dio la vuelta y agrandó los ojos.
-¿Lo dices en serio?—se frotó el cuello.
-Sí. Ya no está—dijo pensativa—a lo mejor el mío tampoco está.
-¿Quieres que te ayude a verlo?—se ofreció con los ojos puestos en alguna parte, lejos de ella.
Katheryn intentó no ruborizarse ante el recuerdo: donde Ethan le había descubierto el tatuaje. Y que extrañamente lo tenía al inicio de su trasero.
-De acuerdo—aceptó—pero solo un vistazo, Ethan—achicó los ojos.
-Si piensas que voy a violarte, estás muy equivocada—resopló—una cosa es que yo te quiera y otra muy diferente a que yo sea un enfermo.
-¡Bien!
Katheryn se puso de espaldas a Ethan y relajada se tumbó a la cama con la cara estampada en una almohada. Él se sentó a su lado y le levantó la playera por detrás y le bajó un poco el pantalón.
-Mmm—le oyó decir a Ethan—estupendo. Magnifico.
-¿Qué?—frunció el ceño— ¿Por qué dices eso?
-Staggs nos menos precia a todos, excepto a ti. Fantástico—farfulló y posó su mano en la espalda de Katheryn, ella cerró los ojos y él le acarició brevemente la cintura—tu tatuaje sigue ahí. Creo que más reluciente que nunca.
-¿Por qué será que el mío no desapareció?—preguntó vagamente, sin darse la vuelta y Ethan seguía sin retirar la mano de su cintura.
-¿No es evidente?—preguntó con sarcasmo.
-Evidente, ¿Qué?
-El idiota quiere tener su marca personal en ti para que yo no me acerque. Pero pierde su puto tiempo—masculló enfadado y se levantó bruscamente. Katheryn se dio la vuelta y lo fulminó con la mirada—yo ya no voy a intentar reconquistarte. Si quieres podemos ser amigos, por mí no hay problema. Pero no creas que me tienes a tus pies.
Katheryn abrió la boca para protestar pero él meneó la cabeza de un lado a otro.
-Tranquila, Levis—le dijo con una sonrisa torcida—siempre amigos. Bueno, ya dije lo que tenía que decir, ahora voy a bajar a desayunar, ¿vienes?
Katheryn negó con la cabeza, incapaz de articular palabras.
-Fabuloso—dijo él—al rato hablamos, Katheryn.
¿Era su imaginación o absolutamente todas las palabras de Ethan contenían alto grado de sarcasmo ironía?
Parpadeó confundida y decidió dormir.
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