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Capítulo 04

Pasaron cinco días y por fin llegó el mes de Agosto. Katheryn y Thorsten seguían disfrutando de Hawái.

Después de haber nadado hasta quedar como pasas, decidieron repetirlo los siguientes días.

Ninguno de los dos quería irse y decidieron quedarse tres días más.

Thorsten sonreía a cada segundo y Katheryn perdía el aliento al verlo. Era como si él se hubiese transformado.

Un día antes de partir, ambos estaban sentados a la orilla del mar observando a las personas nadar y comían mariscos deliciosos.

-¿Por qué los mejores días suelen pasar rápido?—Katheryn extendió sus brazos y crujieron sus articulaciones.

-De seguro es porque se disfrutan mucho cuando estás con las personas adecuadas—respondió él con los ojos fijos en su té helado.

Los dos tenían el bañador puesto y parecían ser modelos listos para posar a una revista llena de glamur.

Incluso una mujer muy guapa con una cámara profesional colgando de su cuello se acercó a ellos preguntándoles si podía sacarles una foto. Katheryn vio a Thorsten asentir con una sonrisa y posaron para la foto, que seguramente la mujer recortaría para quedarse solo con él.

-Es para un collage que tengo en mi estudio—dijo la mujer al irse—deberían pensar en el modelaje, mis niños.

Comiéndose el último camarón, Thorsten miró a Katheryn con ternura.

-Pensándolo bien, creo que le tomaré la palabra a esa mujer—dijo.

-¿Piensas meterte a modelar?—se sorprendió.

-No, tontuela—aclaró—voy a comprarme una cámara como la que tenía y te voy a sacar miles de fotografías.

-Ni se te ocurra—lo amenazó con un tenedor.

-No sabrás en qué momento te sacaré una foto—se burló.

-Vaya. Serás oficialmente un acosador—rodó los ojos con diversión—entonces conseguiré dinero para comprarme una también y te sacaré fotos incluso cuando estés en el baño haciendo tus necesidades.

-¿Incluso duchándome?—elevó una ceja con picardía.

-Incluso duchándote—sentenció sonrojada.

-Entonces también te sacaré fotos duchándote.

-¡No!

-Estaremos a mano.

Se ruborizó el doble cuando él fingió tener una cámara en las manos e hizo el sonido del “clic”

-Podría vender a un buen precio una foto tuya en paños menores—bromeó.

-A mi me darían un millón de dólares con una sola foto de tu trasero—se partió de la risa y él se unió segundos después.

Regresaron al hotel para darse una ducha y ver un rato la televisión. Por muy absurda que le pareciera la idea, Katheryn estuvo muy alerta cuando se duchó. Sabía que Thorsten no tenía una cámara a la mano pero podría conseguirla. Así que cuando salió del baño, lo echó enseguida para vestirse.

-Me daré una ducha—le avisó él—y suelo hacerlo rápido. Así que no tardes en vestirte o no querrás que te mire.

-Fuera.

Cuando lo vio desaparecer por la puerta del baño, se apresuró a ponerse su ropa interior, luego unos pans suaves y cómodos y una blusa de tirantes muy fresca.

Se tendió en la cama con la toalla enrollada en su cabeza. Encendió el televisor y comenzó a ver una serie llamada Teen Wolf. El cual estaba interesante, más los protagonistas. Se echó a reír cuando un tal Stiles decía frases sarcásticas al protagonista, Scott. Un lobo sexy. Al actor que encarnaba a Stiles ya lo había visto en alguna parte. Y recordó haber leído que su nombre real era Dylan O’Brien y que era el protagonista de una saga llamada The Maze Runner.

Pero por desgracia, la serie estaba llegando a su fin y comenzó otra serie de nombre desconocido. Minutos después divisó a Thorsten frente a ella con una toalla alrededor de su cintura y con el cabello húmedo y alborotado. Sus labios asomaban una sonrisa.

-Date la vuelta. Voy a vestirme.

Le obedeció riéndose y hundió el rostro en los cojines.

Oía cada movimiento suyo al rozar su piel con la ropa. Se odió porque su piel se erizaba a cada mínimo sonido de su piel con su estúpida ropa. Al cabo de diez minutos, se dio cuenta que él lo estaba haciendo a propósito.

-¡Ya tardaste mucho!—gritó ella. Él comenzó a reír.

Se dio la vuelta para verlo y lo vio cómodamente recostado del otro extremo de la gran cama. Se había puesto unos jeans deslavados y una camiseta blanca con mangas. Su perfume llegó a las fosas nasales de Katheryn minutos después.

-Que desagradable eres. Me estaba asfixiando.

-Debería saber que una persona no tarda más de cinco minutos en vestirse.

-Da igual, ¿Qué miras?—le quitó el control remoto de las manos pero él se lo quitó de vuelta—oye, dámelo.

-Yo lo cogí primero—se defendió pero ella volvió a quitárselo.

Thorsten se lo quitó una vez más pero ella se lo arrebató.

Ambos se miraron fulminantes y comenzó una pelea de almohadazos.

Él no la golpeaba con fuerza pero Katheryn le pegaba con cólera.

-¡Me rindo!—dijo él debajo de las sabanas—es todo tuyo.

-¡THORSTEN STAGGS SE DIO POR VENCIDO! ¡ES EL APOCALIPSIS!—gritó ella con el control remoto en su poder.

-Solo es el televisor, ya madura—ocultó la cara en su cojín—además, tengo sueño.

-Duérmete y de todas maneras yo seguiré al mando.

-¡Bu! Que flojera me das—canturreó, provocándola.

-Pero si eres súper Thor, el dios del aburrimiento—dijo a la defensiva—no conoces la verdadera diversión.

-¿Qué no la conozco?—la miró bruscamente.

-No—chasqueó la lengua y se levantó de un salto de la cama, él se precipitó y se sentó—y nunca la conocerás.

-¿Eh?

-Me voy de putas, Thorsten. Regreso en la madrugada—cogió su bolsa beige y calzándose las sandalias, se dirigió a la puerta.

-¿De putas?—preguntó él consternado, su rostro estaba horrorizado—querrás decir me voy a putear.

-Es lo mismo. Adiosito.

-¡Hey!—gritó Thorsten cuando ella cruzó el umbral de la puerta.

-¿Qué?

-Llévame contigo a putear—sonrió de lado, haciendo que ella estallara en risa— ¿Pensaste que dejaría que te llevarás la diversión tu sola? Por supuesto que no.

El irse a putear o irse de putas, consistió en un agradable paseo por la playa desierta. Bajo un cielo estrellado y despejado, donde la luna brillaba con más intensidad que los días anteriores.

-Es agradable ir de putas contigo, Honey—bromeó él, pateando una roca en el camino.

-Lo sé. Soy genial llevando a dioses locos a pasear por la playa.

-Entonces ya entiendo tu código secreto de palabras—silbó emocionado—irte de putas significa ir a caminar lejos de mí. Vaya código tan raro. Pero técnicamente no te fuiste de putas porque estoy contigo, ¿no?

-Algo me dice que ya te ha gustado la palabra puta.

-Suena raro—hizo una mueca y comenzó a decir: —Puta, puta, puta, puta, puta.

-¡No hagas eso!—lo reprendió.

-Eso me recuerda al grafiti en Madrid, ¿recuerdas? Al que le dediqué a Samantha Blair—dijo, excitado por la emoción—decía algo como Apestas a puta barata.

-Y le quedó como anillo al dedo.

-Por supuesto—se puso de cuclillas, cogió una roca y la lanzó al agua.

-Ya no te he visto volar, Thorsten.

Él volteó a verla.

-No tengo necesidad de volar cuando estoy contigo.

-No seas cursi—sonrió juguetonamente.

-Solo digo la verdad—abandonó el tono divertido y su mirada se endureció.

Katheryn quiso darse un golpe por haber arruinado el humor de Thorsten.

-No quise hacerte enojar, en serio…

Comenzó a disculparse pero él la hizo callar con un dedo puesto en sus labios. Estaba escuchando algo más allá de lo que ella podía escuchar.

-Maldita sea—dijo después de un minuto—debemos regresar hoy mismo a Transilvania.

La agarró de la mano y tiró de ella de regreso al hotel.

-¿Qué pasa? ¿Qué ha pasado?

-Es Terry. Leonard le ha dejado un mensaje para mí y el muy maldito la lastimó.

-¿Quién es Leonard?

Cuando él postró sus grisáceos ojos en ella, entendió que ese tal Leonard era el sujeto que había llegado a la tierra con motivos nada buenos.

-Creo que ya entendiste de quién se trata—le dijo y se detuvo en seco—pero que estúpido.

Cogió a Katheryn en sus brazos y se tele transportó directamente al hotel. Ambos comenzaron a guardar sus cosas y a prepararse para partir.

En quince minutos ya estaban en el Jetta, yéndose unos cuantos kilómetros lejos para poder tele transportarse a Rumania.

Katheryn sintió que iba a vomitar pero intentó controlarse. Agradeció infinitamente haber llegado a la casa de Thorsten y así poder tranquilizarse. Pero él en cuanto bajó del auto, abrió la puerta doble hoja para que entrara y luego desapareció en sus narices.

No lo culpaba. De haber estado en la misma situación, hubiera corrido desesperada en busca de alguno de sus hermanos, así que entró y cerró la puerta. Sentía la casa más vacía sin sus hermanos. Subió  hasta su habitación y ahí se dio cuenta que su teléfono no lo había tocado en días, así que lo enchufó al cargador y al encender la pantalla, se encontró con dos mensajes de Owen, un mensaje de cada uno de sus amigos, menos de Heidi, porque ella le intentó llamar dos veces seguidas.

Abrió el primer mensaje de Owen y rió a carcajadas. Le había enviado el doble o más de letras incoherentes, pero su risa se esfumó al leer el segundo mensaje, donde le explicaba el motivo de su ausencia en las llamadas. Clara había estado apunto de ser hospitalizada por un terrible resfriado.

Sin perder tiempo, le envió como respuesta:

Pero, ¿Clara ya está mejor, no? Por favor, dime que ya se ha recuperado del todo.

 

Lo envió y siguió checando los demás mensajes. Luke solamente le reenvió el mismo mensaje, señal de que le había divertido al igual que Ben pero Brenton le envió un mensaje normal pero extensamente largo, que decía:

Hola, hasta que te acuerdas que tienes un amigo multimillonario, eh. ¿Cómo te va con el bastardo de Staggs? ¿Los está tratando bien? Porque si no lo está, puedo demandarlo. Tengo dinero suficiente para ahogar a un puñetero dios en prisión. Ja, Ja, Ja, como si eso fuera posible ): malditos dioses. Te diría: ¿Por qué tenían que ser inmortales? Pero teniendo en cuenta que tú y yo también lo somos, sonaría chocante.

Pero bueno, dime algo, mujer. ¡No se nada de ti!

Por cierto, Ethan y Sam vienen a menudo a visitarnos. Hace unos días bebimos unas cervezas y comimos botanas viendo la película de Soy el número cuatro. ¿Y sabes qué? La historia es muy parecida a la vida de Thorsten. Te recomiendo que veas esa película. Oh Dios, ¡Ya he abarcado cuatro textos! Espero tu respuesta de vuelta. Besotes a tus mofletes.

 

No pudo evitar reírse y responderle de vuelta:

¡Ashh! Una ya no puede enviarle letras incoherentes que ya se sienten importantes. ¡Ashh! Sdkhakkjdasja ¡Mentira!Pues ha tratado bien a mis hermanos y a mi mejor que nunca. Y con respecto a Ethan y a Sam, la verdad es que no me importa. Pensó en escribirle que Ethan y ya se mandaron textos días atrás y que también le llamó pero lo descartó de inmediato. Lo de la película suena interesante. A ver que día lo veo con Thorsten. Te dejo, estoy muy cansada y necesito dormir. Besos a tus mofletes pachoncitos.

 

Dejó a un lado su teléfono y se tumbó a la cama con la esperanza de oír regresar a Thorsten, pero el silencio reinaba en toda la casa. Se levantó y corrió al balcón a ver el espeso bosque que se arremolinaba más allá de su campo visual y vislumbró un par de siluetas entre cortadas por la claridad de la luna a unos veinte metros de distancia. Reconoció la ancha espalda de Thorsten y el cabello  color caoba de Terry. Pero algo andaba en aquella escena. La chica estaba recostada en la hierba y él estaba arrodillado, intentando cubrirle el estomago. Horrorizada, retrocedió y salió a toda leche para alcanzarlos.

Se golpeteó las espinillas con varias ramas al salir en dirección al bosque pero no le importó. Solo quería saber qué estaba pasando.

Cuando por fin llegó al claro donde Thorsten y Terry se encontraban, palideció por completo.

Él estaba llorando. Llorando a mares mientras sostenía la mano inerte de su hermana entre las suyas. Katheryn se llevó las manos a la boca al ver como una poderosa herida atravesaba el vientre de la chica, partiéndola prácticamente en dos. Ella apenas respiraba y algo brotaba de su boca, era sangre. Tosió muchas veces y susurró con debilidad:

-No dejes que Leonard toque a la última Elegida, no lo dejes…

Y después que dijo eso, inclinó su cabeza hacia a un lado y su pecho se quedó completamente inmóvil.

Jamás había visto llorar a Thorsten Staggs, incluso pensaba que quizá no supiera como hacerlo pero no, lo tenía frente a sus ojos, llorando por su hermana.

Katheryn sabía que un solo abrazo no apaciguaría la tristeza de él. Pero aun así, se acurrucó detrás y lo abrazó con fuerza como la primera vez que se abrazaron.

-Voy a matar a ese maldito bastardo—lo oyó gruñir entre sollozos.

Se impresionó sentir su agonía y melancolía.

Mientras le palmeaba la espalda, comenzó a notar que el cuerpo mutilado de Terry desaparecía ante sus ojos.

Thorsten se puso de pie con Katheryn aun pegada a su espalda y se dio la vuelta para estrujarla en sus brazos.

Se mantuvieron unidos por un largo rato, acoplando sus respiraciones al mismo ritmo hasta que Terry desapareció por completo y Katheryn supo que era el momento de verlo a los ojos y preguntarle lo que había pasado y lo que su hermana quiso decir con que ella no podía ser tocada por Leonard.

-Thor…-comenzó a decir pero él negó con la cabeza, dispuesto a no soltarla y seguir abrazándola—no te preocupes, estoy contigo. No pasa nada, ¿sí?

Él asintió y su cuerpo se derrumbó en sacudidas incontrolables.

Diez minutos después, al fin se despegaron pero sin mirarse a los ojos. Thorsten entrelazó sus dedos con los suyos y se tele transportaron a la casa, donde él la dejó en su habitación y desapareció para estar en la suya.

Pero Katheryn quería estar con él. Ayudarlo a superar aquel trauma de ver a su propia hermana a la mitad por culpa de un estúpido.

Subió las escaleras hasta el quinto piso, se mordió los labios sopesando la idea de llamar a la puerta o salir corriendo y esperar al día siguiente para hablar. Pero ya estaba parada ahí, así que en vez de tocar, giró la perilla y abrió. Todo estaba muy oscuro y fuertes ráfagas de aire le despeinaron su plateado cabello.

Escrutó toda la habitación y sus ojos repararon en una silueta entre cortada por la luminosa luz de la luna. Sus hombros seguían sufriendo sacudidas a causa del llanto silencioso.

Con sigilo, se acercó a él y lo envolvió en sus brazos una vez más pero él ni si quiera se inmutó. Susurraba palabras inaudibles.

-¿Quieres contarme qué sucedió?

Pensó que Thorsten no respondería y que en lugar de eso volvería a derrumbarse.

-Se enfrentó a Leonard Shay—dijo con rabia. Su tono de siempre había regresado—y él la asesinó sin miramientos, ¡Mi hermana trató de hablar con él y terminó muerta!

-Sé que tal vez no es el momento adecuado para hablar pero… creo que es hora de hablar acerca de todo ese problema de Leonard—dijo con cautela.

Thorsten se frotó los ojos y sorbió por la nariz como un niño pequeño. Y asintió.

-Es complicado pero intentaré explicártelo con detalles primordiales.

-Tómate tu tiempo. No me moveré de aquí—le aseguró con una pequeña sonrisa, que extrañamente fue correspondida.

Aspirando aire, comenzó a hablar con la voz ronca por haber llorado minutos atrás:

-Leonard Shay había sido mi mejor amigo desde que éramos niños. Mi padre, Nelid—dijo con amargura al pronunciar el nombre de su padre—es técnicamente el rey de mi mundo y yo sería algo así como el príncipe. Y bueno, Leonard perdió a sus padres y como su padre era un gran amigo de la familia, lo adoptamos para que formara parte de los Staggs, aunque siempre prefirió conservar su apellido, Shay.

>El punto es, que mi padre me odiaba. Y digo odiar en vez de nunca me quiso porque como ya sabrás, estamos vacíos. Carecemos de alma, corazón y de la capacidad de amar. Odiándome mi padre y con la muerte de Theodore después de mi nacimiento, al entrar Leonard al circulo familiar, se convirtió en su consentido como si de verdad fuese su hijo. Mi madre comenzó a tener riñas con mi padre por ese motivo pero a mi realmente no me importaba. Leonard seguía siendo mi amigo y de… Terry—ahogó un sollozo y la cogió de la mano y le besó los nudillos— ¿Sabes quién ha sido el culpable de mis cicatrices?

Katheryn sintió que se le secaba la garganta.

-¿Fue tu… padre?

Él asintió.

-Mi padre, por ser el rey de Krosper, contaba con el poder de controlar los rayos, relámpagos y tormentas, gracias a que tenía guardado un látigo eléctrico que le había otorgado el doble de poder. Y cada que yo desobedecía, me golpeaba con su súper látigo, dándome fuerte latigazos en todo el cuerpo sin darme un segundo para poder sanar como se debe. Básicamente me dejaba moribundo, con la carne hecha jirones y tiras.

>Por eso mi cuerpo parece un queso rallado—sonrió y ella hundió el rostro en su cuello—mis cicatrices sanaron gracias a mi madre, quién utilizó su poder sanador conmigo haciéndola envejecer sin control. La herida que tengo en el rostro fue la primera que recibí cuando por accidente tiré a Leonard al suelo. Mi padre se enfureció y me pegó.

-¡Es un maldito!—chilló Katheryn, tratando de no imaginar a Thorsten de pequeño siendo golpeado tan brutalmente con electricidad—pero, ¿Cómo es que tus heridas, excepto la de tu rostro, desaparecen?

-Puedo hacerlas invisibles, siempre y cuando esté despierto. Cuando me viste, mi cabeza no estaba consciente. Y la de mi rostro fue hecha con bastante fuerza, que no puedo hacerla desaparecer fácilmente.

-¿Qué hay de la cicatriz más reciente que tienes en la espalda?

-Me la hizo cuando estaba intentando escapar.

-¡Quisiera poder matarlo!—gruñó y él le acarició la cabeza distraídamente.

-Y días antes de llegar a la tierra, me vengué de él—continuó, absortó en sus recuerdos—Le robé su asqueroso látigo sin saber que eso le quitaría su poder para con los rayos y que por alguna razón, yo tomé su lugar como el DIOS del trueno. Él se enfureció como no tienes idea pero gracias a mi pobre madre, logré escapar. Me envió aquí—señaló el suelo—me hizo pasar por una puerta que daba a la tierra y que solo podía usarse una sola vez. ¿Y sabes que fue lo único que vi antes de atravesar la puerta?

-No, ¿Qué viste?

-Vi a mi padre cortarle el cuello a mi madre con sus propias manos—hizo una mueca.

-¡Qué terrible!—lo abrazó más fuerte, sintiendo su tristeza bajo la piel.

-Pero no me siento mal—le aseguró—eso pasó hace mucho tiempo. Estoy furioso porque Nelid encontró la manera de acceder a la tierra y ha enviado a Leonard cargado de odio contra mí y con parte de su poder para poder llevarme de vuelta. Él está muy cerca de nosotros justo ahora, puedo sentirlo.

-Pero si dices que la puerta por la que viniste se puede usar una vez, ¿Cómo fue que él logró entrar?

-Buena pregunta. Antes de morir, Terry me dijo que Leonard hipnotizó a una chica, también amiga nuestra, a que construyera un nuevo portal. Jecka, que siempre había estado enamorada de él, no lo dudó y logró hacer un portal, que también puede ser usado una vez pero con la ventaja que puede usarse de vuelta también.

-¿Y qué va a pasar conmigo y mis amigos?—de repente se sintió aterrada. Ahora Thorsten no era el más poderoso, había otro sujeto cargado de odio y de poder que venía a acabar con todos y llevárselo de vuelta.

-Por el momento puedes estar tranquila—dijo—Terry logró hacer un trato con él antes de morir.

-¿Qué trato?

-Ella ofreció su vida a cambio de que no se acercara a nosotros en dos meses para darme tiempo de valorar mis posibilidades y pensar en lo correcto—su voz se tensó y la miró a los ojos—tengo que pensar en decidir entre dos opciones, Honey.

-¿Qué opciones?—le tembló la voz.

-Tengo que decidir si irme con él a Krosper para no regresar nunca más o dejar que mate a todos ustedes frente a mis ojos, y al final matarme como matóa mi hermana.

Los ojos de Katheryn por poco se salen de sus orbitas. La segunda opción tenía que ser una broma. Él no podía morir. Y era algo estúpido preocuparse más por él que por su propia muerte.

-¿Tan solo dos meses de plazo?—tragó saliva.

-Sí. No tengo más tiempo.

-Elige la primera opción, Thorsten—le dijo con tristeza—en Krosper al menos no morirías y yo estaré tranquila de que estás bien.

-¿No lo entiendes, verdad, Honey?—sonrió con nostalgia.

-¿No entiendo el qué?—ladeó la cabeza.

-Ir a Krosper significa que moriré a manos de mi padre por haberle quitado el poder. Moriré de todas maneras pero al menos solo yo voy a morir. Nadie más.

Katheryn cerró los ojos con ganas de llorar.

-Entonces pensaremos juntos una tercera opción.

-Estos dos meses solo alargaran mi vida un poco más y es por eso que quiero pasar contigo estos sesenta días que me quedan en este mundo—se inclinó y besó sus manos—haces que me sienta como un ser humano.

Él se estaba despidiendo. Se estaba despidiendo porque ya había tomado su decisión de morir para que ella no muriera ni tampoco sus amigos pero no era justo.

¿Por qué cuando todo comenzaba a ir bien entre ellos, venía un estúpido a arruinarlo todo?

**

Al transcurso de los días, Jack entabló más amistad con el grupo, en especial con Kelly.

Jamás pasó por su cabeza llamarle a su hermana, pues, había tenido más cosas en que pensar que en ella. Ni si quiera tenía cabeza para saber si su hermano pequeño la estaba pasando bien. Se acordó de él cuando lo vio pasar cogido de la mano con una niña muy bonita en dirección a alguna parte. Y como Jack estaba esperando a Greg a que saliera del baño para ir a jugar beisbol a la cancha trasera del internado, decidió hablarle a su hermano en lo que él salía.

-Eh, Charlie—lo llamó y su hermano se volvió para verlo con recelo—hola.

Miró a la niña y esta sonrió sin soltar la mano de su hermano.

-Hola—dijo ella, y miró a Charlie.

-Te has olvidado de Tyler desde que llegamos. Te recuerdo que el dueño del perro eres tú—siseó Charlie con los ojos en llamas. Diane frunció el ceño.

-Oh, vamos. He estado ocupado—sonrió con sorna.

-¿Tienen un perro?—preguntó Diane, claramente fascinada.

-Sí—respondió Charlie, sonriéndole cálidamente—pero es un secreto. El dueño es exclusivamente mi hermano, Jack—señaló a Jack con la barbilla.

-Ya te dije que me digas Bennett—le graznó azorado.

-Como sea. Tyler necesita respirar, Gilbert ya no lo soporta y amenaza con decirle a la directora.

-Bien, esta noche voy por él—poniendo los ojos en blanco, Jack resopló—bueno, me largo. Iré a jugar beisbol con los chicos.

Y para reforzar su comentario, Greg lo llamaba con la mano desde el otro extremo del edificio.

Charlie vio correr a su hermano hasta perderlo de vista.

-No pensé que fueras hermano de Bennett—le oyó decir a Diane cuando comenzaron a caminar de nuevo.

-Es difícil de creer pero lo somos—suspiró agobiado—Jack es un completo imbécil cuando se lo propone.

-¿Quién es Jack?

-Bennett—se rascó el cuello—su nombre es Jack Bennett pero yo acostumbro a llamarlo Jack.

-Oh—sonrió—tu nombre es Charles, ¿no?

-Exacto, pero me gusta que me digan Charlie.

-Charlie, Charlie, Charlie—canturreó divertida. Y le dio un beso en la mejilla dejándolo atónito.

Jack aguardaba con impaciencia su turno para arrojar la pelota contra Zac, quién era todo un as en el beisbol y nadie, absolutamente nadie podía contra él. Y la respuesta era simple; nadie era inmortal como Jack y tampoco tenían más 151 años en la tierra para saber como burlar a un chiquillo de apenas dieciséis añitos.

Cuando por fin fue su turno, Zac le sonrió con astucia y Jack le sonrió de vuelta.

-Vamos, Bennett, enséñame lo que sabes—lo provocó.

Kelly, Cadi, Lucy y Candace estaban en primera fila echándole porras a Bennett y los varones estaban divididos en dos equipos. Los que estaban con Zac eran Damon y Bruce y en el equipo de Jack estaban Greg y Frederick. Peter hacia de arbitro.

Cuando Jack lanzó la pelota, la hizo con tal fuerza, que salió despedida a varios metros de altura y se perdió en la lejanía.

Zac, boquiabierto,  recargó el bate en su hombro y silbó fascinado.

-Cielos mío, ¡Buen tiro!—lo felicitó.

Y las cuatro chicas gritaron de emoción.

-¿Por qué dices que jamás había jugado beisbol, Bennett? ¡Lo has hecho fantástico!—gritó Kelly.

-Y lo sostengo. Nunca he jugado.

-Pues ahora eres parte de mi equipo—agregó Zac y lo abrazó amistosamente—cuando las clases inicien, hay torneos de Beisbol. Vienen otros internados a competir contra nosotros y tú serás el co-capitán.

-Perfecto—esbozó una sonrisa llena de orgullo.

**

Tres días después, Katheryn y Thorsten decidieron salir de picnic a un claro lejos de la casa, hasta el otro lado del bosque, donde casi no había arboles y había más hierba.

Él había ahuyentado las nubes grises que opacaban el cielo para tener un grato día y un sol perfecto.

Katheryn se la pasó la mayor parte de la mañana preparando sándwiches, fruta picada con miel y jugo de manzana, mientras que Thorsten sobrevolaba en el cielo para que el día fuera el más maravilloso.

-Mmm—murmuró él lamiéndose los labios— me gustaría saber que es lo que tú haces para que la fruta sepa tan deliciosa cuando la preparas.

-¿Qué hay de especial en un coctel frutal con miel?—le preguntó en respuesta con una sonrisa a mitad de un mordisco a su sándwich. Él soltó una risa ahogada y se llevó otro trocito de fruta a la boca.

-Simplemente reconozco las buenas manos. He comido cocteles pero nunca uno como el que has preparado. Me encanta.

-Es la miel—se encogió de hombros limpiándose la comisura de la boca con una servilleta, pero él seguía mirándola fijamente.

-No—dijo él, cogiéndole una de sus manos libres de Katheryn y llevándoselas al pecho, continuó: —Son tus manos. No, no solo son tus manos. Eres tú quién es perfecta que incluso enloquezco al solo pensar que te tengo por fin solo para mí en la casa. Sin Jack, sin Charlie y sin Tyler. Solos tú y yo.

Ella ladeó la cabeza y con una media sonrisa, le palmeó el pecho.

-Es solo un coctel de frutas, Thorsten. No soy perfecta. Tengo muchas imperfecciones.

-Tus imperfecciones te hacen perfecta para mí—con su otra mano libre, sostuvo el frasco de miel y lo lamió.

-A ver—Katheryn estrechó los ojos al grado de parecer dos pequeñas rendijas grises y le preguntó: — ¿A qué te refieres con Perfecta para mí?

Él desvió la mirada a otra parte, miró un punto lejano de ella y una ráfaga de aire le despeinó su castaño cabello.

-¿No responderás?—le insistió. Thorsten le apretó la mano.

-Eres mi última Elegida y estoy orgulloso de que seas perfecta para mí—pero sus palabras no sonaban sinceras.

-Una vez tuve una conversación parecida a esta con Ethan—dijo ella con la boca llena, él volteó a verla bruscamente con las cejas juntas—espera, deja que termine de hablar.

Él le gruñó en respuesta.

-Ethan me hizo muchas conjeturas para decirme que yo le interesaba. Tuve que atacarlo para que me dijera abiertamente si yo le gustaba y no quiero hacer lo mismo contigo—se acomodó sus mechones plateados detrás de las orejas, él la miraba estupefacto—ahora, te preguntaré una simple pregunta: ¿Sientes algo por mí, quitando que seas un jodido dios y yo una Elegida, sientes algo por mí persona? Y no me salgas con que no tienes corazón, porque la atracción hacia una persona viene de aquí—se dio unos golpecitos a la cabeza.

-¿Estás coqueteándome?—le alzó las cejas un par de veces, sus ojos brillaban de diversión pero sus mejillas enrojecieron de repente.

-Respóndeme—le exigió y mordisqueó el borde de su vaso.

-Eres hermosa—dijo por fin, mirándola fijamente a los ojos—eres extremadamente hermosa. Me gustas. Así, tal cual eres. Y aunque no fueras Elegida, me hubieras gustado con solo verte de nuevo.

-¿Qué sientes cuando me ves?—se atrevió a preguntarle.

-Siento algo inexplicable—se frotó el puente de la nariz con frustración—me vuelves loco y ya te lo he dicho más de una vez.

-Dices que te vuelvo loco de estrés, más no por otra cosa—lo acusó, riéndose.

-Me vuelves loco cuando hablas, cuando sonríes, cuando me ves o simplemente porque estás conmigo.

-¿Estás proponiéndome algo indebido?

-No, ¿y tú?—arrugó la nariz y sonrió.

-Tampoco.

-Bien—dio una palmada—creo que beberé mi jugo, Honey. Me he acalorado.

Más tarde, Thorsten llevó a Katheryn al pueblo por primera vez desde que habían llegado ahí.

Las personas, en particular, miraban a Thorsten con espanto y a Katheryn con extrañeza. Pero eso no impidió a que pasearan tranquilamente por las calles frías.

Ella deseaba comprar un libro. Tenía muchísimo tiempo que no leía y no recordaba la última vez que había leído un libro. Se estremeció al pensar en sus perfectos libros olvidados en algún lugar, quizá en California o en Nueva York, o en la calle. Había viajado tanto que no lograba recordar.

-¿Un libro?—le preguntó él al leerle la mente, ella lo golpeó en el brazo.

-Dijiste que no leerías mi mente.

-Fue inevitable. Tu rostro estaba nostálgico y quise saber que te pasaba—se encogió de hombros—hay una librería, por más extraño que parezca, hay una librería en este pueblo mezquino. Vamos, te llevaré a comprarte uno.

-¿En serio?—le brillaron los ojos.

-Sí, este pueblo tiene sus ventajas…

-No, ¿en serio me vas a comprar un libro?

-Pues sí. ¿No quieres uno?—se mostró confuso.

-Desde luego que sí. Tiene literalmente millones de años que no leo uno.

-Leíste el mío—carraspeó.

-Pero no cuenta. Tus palabras filosóficas jamás las entendí.

-¿Sabías que la filosofía es bella?—refunfuñó.

-Lo será para ti. Pero para mí es una rama llena de dudas, y de palabras muy fuertes. Pueden llamarle a un objeto diferente y por desgracia significa lo mismo. ¡Es tedioso!

-Tedioso es que tu cerebro no reconozca la buena escritura.

-Oh señor filósofo, ilumíname—se burló.

-Te voy a comprar un libro de filosofía—le pasó el brazo por los hombros y comenzaron a andar de nuevo, ahora en dirección a la librería. Ella se horrorizó.

-Ni se te ocurra.

-Entonces deja de blasfemarle a la filosofía.

-De seguro lo que sabes de filosofía—hizo comillas con las manos al pronunciar filosofía—lo aprendiste del libro El Mundo de Sofía de Jostein Gaarder.

-¿Qué? Pero ese libro apenas la década pasada fue publicado. Yo escribí el libro de La Vida hace siglos. Tu ni existías—se defendió entre risas.

Una pareja de adolescentes casi de la edad de Jack que iba caminando cerca de la acera, se detuvieron y mirándolos sin miramientos,  se acercaron a ellos con ojos curiosos. Eran totalmente pelirrojos, pero a juzgar por sus manos entrelazadas, no eran hermanos. Quizá novios o amigos.

Thorsten les echó una mirada suspicaz y dudó en detenerse o continuar avanzando con Katheryn.

Katheryn decidió por él y se detuvieron.

-¿Están filmando alguna película ustedes dos?—preguntó la chica con los ojos puestos exclusivamente en Thorsten.

-¿Película? ¿Nosotros?—preguntó Katheryn pasmada— ¿Qué les hace pensar que somos actores?

-Por la apariencia que tienen. Son impresionantemente fantásticos. Tu cabello, amiga, es maravilloso—añadió el chico sonriendo. Thorsten carraspeó—y tú, amigo, tienes la cara dura, inflexible que le da un toque misterioso a tu persona. Parecen de algún tipo de película basada en un libro de fantasía.

Thorsten frunció terriblemente el ceño, señal de incomodidad extrema y Katheryn se apresuró a decir:

-Para su mala suerte, somos simples ciudadanos con una simple vida que no tiene ningún trasfondo.

La pelirroja asintió, ruborizada y tiró de la mano del chico.

-Que decepción, ¿y no piensan ir a casting y cosas así? Digo, podrían protagonizar alguna película.

-No—espetó Thorsten con los ojos ensombrecidos.

-Bien—dijo la pelirroja con una mueca, rebuscó en sus bolsillos y sacó una pequeña cámara fotográfica—al menos, ¿podríamos tomarnos una foto? Estudio fotografía pero no he traído mi cámara profesional pero con esta bastará.

Katheryn volvió el rostro hacia Thorsten y este asintió con desgana. Ambos pelirrojos se turnaron para sacarse fotos con los dos o con uno. Al cabo de unos diez minutos, se despidieron alegremente y continuaron su recorrido por el pueblo. Thorsten estaba todo azorado. Su rostro estaba perlado de sudor.

-¿Qué sucede? Son solo niños.

-Agotan mi paciencia—alardeó, volviendo a reanudar la marcha y más deprisa para que nadie más se parara a escrutarlos.

Caminaron por varias calles con los ojos puestos en los pies.

Hacer contacto visual con alguien significa entablar al menos una pequeña conversación y lo que él odiaba era hablar con las personas pero amaba hablar con ella.

Pararon frente a un edificio de dos pisos. La puerta principal era de cristal al igual que las paredes, donde Katheryn miró excitada las grandes estanterías de libros de todos los colores y texturas.

Sin esperar un segundo más, se deslizó dentro con Thorsten pisándole los talones.

Recorrió las largas estanterías de libros con los ojos brillantes. Se relamió los labios y comenzó a tocar las texturas de los libros más interesantes. Eran libros antiguos y libros actuales. Pero ella tenía una debilidad por los libros clásicos. Thorsten se paseó en la sección de filosofía, dejándola a sus anchas en aquella librería; donde, en la entrada, la encargada los observaba en silencio. Aparte de ellos, habían alrededor de seis personas más eligiendo libros que comprar.

Después de ver algunos libros filosóficos, decidió mirarla a través de los espacios vacíos que habían dejado los libros al ser comprados. La vio recargada en la pared con un libro en las manos, sus ojos estaban bien abiertos y una media sonrisa adornaba sus perfectos labios. Él pensó que enloquecería. No quiso pensar en lo que haría en la casa al verla leer tan hermosamente.

Absorto en sus pensamientos, se sobresaltó al no verla ya en la pared. Giró en redondo y se encontró con la grisácea mirada de ella. ¿En qué momento rodeó la estantería?

-¿Qué hacías viéndome fijamente?—le preguntó con el libro bajo el brazo. Tenía arqueada una ceja y la lengua entre sus dientes.

Él deseó besarla en ese preciso instante.

-Iba a preguntarte sobre el libro que tienes en las manos—respondió con suavidad.

-Ah, este—pareció haberlo olvidado bajo su brazo y lo puso en sus manos otra vez—es hermoso. Siempre quise leerlo.

-¿Cuál es?

-Marianela de Benito Pérez Galdós—dijo—es un libro latino.

-¿Está en español?—le arrebató el libro y sí, el libro estaba en español—uhm, Marianela es una chica…-comenzó a leer la sinopsis y agrandó los ojos— es una chica, ¿fea? Y está enamorada de un, ¿ciego? ¿Qué clase de libro perturbador es ese?

-Es un libro bello—le quitó el libro con violencia—no sabes apreciar el buen gusto.

Ella volvió a pegar los ojos en el libro y suspiró profundamente.

-Quiero este—le dijo— ¿me lo vas a comprar de verdad?

-Escucha—le respondió él—el libro no es de mi agrado pero te prometí comprarte el que quisieras. Ahora vamos a pagarlo.

De vuelta a la casa, Katheryn no podía dejar de sonreír. El sol estaba ocultándose y se le antojaba tirarse a leer en cualquier parte, siempre y cuando no ser interrumpida por nadie. Se pasó los veinte minutos parloteándole a Thorsten sobre su horario de lectura que empezaría temprano y que, sospechaba que terminaría muy tarde. Escogió el sitio perfecto: El patio trasero. Al que raramente iba.

Sacó una silla reclinable con almohadas. Se tumbó sobre ella con la comodidad de poder leer a sus anchas.

Comenzó a leer.

En el quinto piso, Thorsten la observaba sin parpadear. Estudió cada uno de sus movimientos, cada una de sus respiraciones, cada una de sus expresiones al leer cada línea escrita de aquel libro. Él deseó poder congelar ese día para siempre. Solo podía congelarlo en su mente.

De repente, la vio levantarse y entrar decididamente a la casa. Frunciendo el ceño, se apresuró a salir al pasillo y verla por arriba de las escaleras. Ella subía lentamente los escalones, y pensando que entraría a su habitación, se sorprendió verla que seguía subiendo. Sus miradas se cruzaron por un segundo.

-¿Qué haces?—le preguntó él.

-Vine por ti—subió dos escalones más y se recargó en la pared, a unos dos metros de distancia.

-¿Por qué por mí? Me amenazaste que si te molestaba en tu lectura, me golpearías—bromeó.

-No quiero que estés resguardado aquí dentro. Vamos, acompáñame fuera. Hace una tarde estupenda.

-¿Estás segura?

-Vamos—se acercó a él y tiró de su mano.

Bajaron trotando y salieron al patio trasero donde Katheryn había dejado descansando su libro. Thorsten se sentó en posición de flor de loto y ella en su silla con almohadas. Retomó su lectura con elegancia.

Pero después volvió a dejar el libro en la hierba.

-¿Qué te parece si hablamos sobre los Elegidos?—le sugirió.

Él endureció su rostro y meneó la cabeza.

-No pienso ser todavía una ignorante para cuando ese Leonard se aparezca. Al menos déjame saber…

-Bueno. Pero empieza por preguntas simples—le dijo con seriedad—pero no creas que te lo contaré todo en este momento. Iremos con calma.

Ella asintió y se mordió los labios, pensando en una buena pregunta que hacerle.

Thorsten se contuvo de leerle los pensamientos y esperó.

-Uhm—se tamborileó los dedos en la barbilla con aire pensativo— ¿Por qué razón convertiste a los Elegidos?

-Para no estar solo en este mundo. Aunque ya sabes que cuando convertí a Juno, ni si quiera sabía lo que estaba haciendo.

-¿Por qué nos hiciste creer a los Elegidos que sus familiares que estuvieron con nosotros el día de nuestra conversión murieron?

-Cuando supe que eso sucedía, no tuve opción. Hipnoticé a muchas personas para que se hicieran cargo de ellos—juntó las manos y las colocó en posición de oración—juro que yo nunca quise que los Elegidos se sintieran mal. Pensé que sería una buena idea que ellos no supieran de sus familiares.

Apretando los labios, Katheryn cambió de postura y arrugó la frente.

-¿Por qué decidiste que yo fuera la última?

-Desde que te vi lo supe.

-¿Por qué tenemos  esta apariencia? ¿Es verdad que los Elegidos de diferentes ciclos tenían otra apariencia?

-Por si no lo has notado—dijo él—tú tienes mechones plateados y ojos grises, los demás lo tienen blanco.

-Ethan los tiene dorados.

-Quin fue creado por accidente—aclaró—tenía en mente convertir a su novia. No a él.

Eso la tomó por sorpresa, pensó en preguntarle más sobre el tema pero desistió. Estaba segura que él la enviaría a freír espárragos.

-Sí, todos los Elegidos en sus ciclos fueron distintos—continuó él—Yo elegí que tuvieras la apariencia que tienes, incluso elegí tus poderes. Tú fuiste a la única que moldeé a mi conveniencia.

-¿Por qué?—insistió— ¿Qué tengo de especial, Thorsten?

-¡Porque me gustaste mucho!—exclamó irritado—hablamos de eso hace unas horas.

-Me conociste de diez años si no mal recuerdo.

-Sí. Y te dije que tuve que esperar a que tuvieras veinte para no ser un pedófilo y hacer esto.

Se levantó de golpe y se inclinó apresuradamente sobre la cara de Katheryn, dándole un delicioso beso en los labios. Ella le correspondió enseguida.

-Ya te respondí a varias preguntas—le dijo incorporándose—voy a darme una ducha.

Miró al cielo y luego a ella.

-Ya oscureció. Te encenderé las luces para que puedas continuar tu lectura.

Lo vio irse con pasos largos y firmes.

Se recargó en el respaldo, cerró los ojos y se acarició los labios, deseando que él volviera y la besara de nuevo.

¿Qué le estaba haciendo Thorsten Staggs para hacerla desear sus labios?

No sabía y quería averiguarlo.

**

Ethan había perdido la batalla de dormir otra vez. Se levantó con los ojos ardiéndole como chile y salió al porche con el teléfono en sus manos.

Y sin darse cuenta de lo que hacía, comenzó a teclear con los ojos entre cerrados.

Necesito verte una vez más.

Presionó el botón enviar y guardó el aparato en alguna parte.

Quizá aquel mensaje era la gota que derramaría el vaso en la paciencia de Thorsten.

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