Capítulo extra.
Muchas lo habéis pedido, aquí lo tenéis como siempre con todo mi amor 😍
-¡Eh, devuélveme eso!- chilló Ada peleando con su hermana Lyndeen- ¡He dicho que me lo des!- chilló aún más fuerte.
-¿O qué, mocosa malcriada?- se burló su hermana- ¿Vas a gritar por ayuda?
-Sabes que no necesito a nadie- Dijo molesta Ada- ¡Devuélvemelo!
-Deja que lo piense- hizo una mueca- ¡No!
-¡Ahora verás, Lyndeen!- gritó enfurecida lanzándose sobre su hermana para comenzar a pegarle por donde podía, básicamente.
-¡Estúpida!- gritó Lyndeen empezando a defenderse.
En ese momento sus padres y sus hermanos llegaron a la casa. Y gracias a dios que lo hicieron, o las dos hermanas acabarían con la casa antes de matarse entre ellas.
-¡¿Qué pasa aquí?!- gritó Sheran- ¡Parad ahora!- viendo que no les hacía caso tuvo que ir y separarlas él mismo- ¿Por qué os estabais peleando?
-¡Es ella que la tenéis malcriada!- gritó Lyndeen- ¡Por eso!
-¡Pero si has sido tú la que has empezado quitándome mi coche de juguete!- gritó Ada ofendida.
-Sí, tu coche- se burló Hugo- Cierta pequeña me lo robó.
Ada se lo quitó mientras dormía, pero a decir verdad el culpable era él por engancharla a jugar a las carreras de coches.
-Cuando seáis mayores deberéis llevar la manada todos vosotros, ¿Cuántas veces os he dicho que no podéis pelearos?- preguntó ofuscado Sheran- Y ahora deberéis hacer diez flexiones cada una.
-¡Pero papá!- gritó Lyndeen.
A diferencia de ella, Ada se echó al suelo encantada de empezar su castigo.
-Pequeña, debes hacerlas tocando el suelo, ¿Sabías?- se burló su hermano Dean.
-¿Qué más le puedes pedir a una niña de siete años?- se quejó su padre- ¡Ahora tú también a hacer diez!
-Papi no puedo más- se quejó Ada cuando iba por la tercera- Me voy a ca...- Y se cayó de bruces al suelo.
Todos murieron de ternura, incluso la enfadada de Lyndeen, a la cual le gustaba hacer rabiar a Ada, pero era ella la que acababa explotando por su poca paciencia.
¿Quién entendía a los niños?
-Deja ya cumplo el castigo yo por tí- dijo riendo Hugo, quien segundos después se echó al suelo y las hizo sin ningún problema.
¿Será por qué es un Alpha y a pesar de ser el segundo mayor en edad parece el primero?
-¡Muy bien mis niños si ya han terminado su castigo se lavan las manos y a comer!- gritó Arlette desde la cocina.
Todos salieron a correr obedeciendo las órdenes de su madre, excepto Ada que se quedó tirada en el suelo.
-¿Qué le pasa a mi niña linda?- preguntó Sheran cogiéndola en sus brazos.
-Papi yo también quiero ser como mamá- susurró Ada mirando a su padre para hacerle ojitos.
-Ya hemos hablado de eso, ¿si?- besó su frente- cuando tengas un poquito más de edad comenzaremos a entrenar para que lo seas.
-¿Pero también podré ser como mamá, verdad?- preguntó esperanzada.
-Sí, mi niña linda- ella chilló de alegría- Ahora a lavarse las manos- la depositó en el suelo y salió a correr.
-¿Ada está bien?- preguntó Arlette preocupada.
-Sí, solo está ansiosa- dijo Sheran riendo tiernamente- Eso no es extraño, ¿no?- ahora Arlette también se unió a las risas.
-¿Todavía sigue con la idea de ser protectora?- preguntó aguantando sus ganas de llorar.
-Sí- besó a Arlette- Y no creo que nadie le quite ese sueño.
-Es hermoso que insista en ser como yo- susurró llorando.
-Si Lyndeen, Dean o Hugo no quieren ser también como tú pues ellos se lo pierden- dijo Sheran haciendo reír a su esposa- Ahora a lidiar con esos pequeños diablillos.
Ambos se pararon antes de entrar en la cocina para saber el motivo de la nueva pelea.
O quizás no tan nueva.
-¡Soy una niña mayor!- gritó Lyndeen- ¡Respétame!- le tiró un trozo de pan a Dean.
-Yo soy el mayor, tú eres una mocosa de siete años- se burló éste.
-¡No! ¡La mocosa es ella!- señaló a Ada que estaba intentando no mancharse la ropa mientras comía- ¡Yo parezco una niña de diez años al igual que Hugo! ¡Y tú con nueve años pareces más pequeño!
-¡Retira eso!- chilló indignado Dean tirándole un trozo de pan a Lyndeen como ella había hecho anteriormente- ¡Ada ayúdame!
Todos giraron a verla y ella estaba limpiando su camiseta mientras hacía pucheros.
Todos murieron de amor nuevamente.
-Muy bien dejad ya de pelear un rato- se quejó Sheran dejando su escondite secreto- Si no queréis otro castigo.
Rápidamente obedecieron.
¿Así van a dirigir la manada?
Me están dando pena la gente a la que cuidarán.
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La pequeña Ada consiguió despistarlos a todos y salió hacia el jardín.
Con un poco de esfuerzo, y gracias a la práctica, consiguió subirse en un árbol bajito, pero al fin de cuentas un árbol.
-¿Dónde estás, mía?- se escuchó la voz de Isaac. Aunque Ada tuvo ganas de reír se contuvo.
Isaac inconscientemente se puso debajo del árbol, y en menos de dos segundos Ada ya estaba saltando encima suyo.
-Hola, mío- susurró feliz tapando sus ojos.
-Estás aprendiendo muy rápido, mía- le dijo tiernamente- Pronto serás igual que tu madre, o incluso mejor.
-Algún día seré como mamá y te protegeré a tí, ¿Quieres, mío?-
Palabras que una niña de siete años no sabía la gran promesa que eso conllevaba.
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