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Capítulo 25

-Haré como si te creo solo por qué estoy cansada y quiero dormir. —le dijo, y dio un largo bostezo para que fuese más notorio su cansancio.

-¿Dormir? Son las siete veinticinco.

-Tal vez tú te desvelas haciendo tonterías pero yo no. Así que llévame a la iglesia, quiero dormir—lo fulminó con los ojos y se frotó el cabello—aparte me quedó shampoo en el cabello porque no dejaste que terminara de…

-Ya, ya, no te quejes. Vamos. —tiró de su brazo hacia una calle poco alumbrada, ella se dejó llevar en silencio.

-¿A dónde me llevas?

-Dijiste que querías dormir, te voy a llevar a un hotel donde me hospedo.

Las calles cada vez estaban más oscuras y pocas personas caminaban cerca de ellos, sin intención de aligerar el paso. Ya no se escuchaba el sonido de las luces de los árboles de Navidad de las casas, todo era total silencio y Katheryn comenzó a sentir pánico pero fingió estar serena e indiferente.

Dos calles más y llegaron a un hotel sencillo pero con falta de alegría navideña. A Katheryn por poco le da un infarto al encontrarse con Becca hablando con el recepcionista, al parecer estaba alquilando una habitación, sintió las manos de Ben en su espalda y tuvo que cerrar la boca, ya que estaba preparada para gritar.

-Ni se te ocurra. —le siseó en su oído—ve a las escaleras y sube al tercer piso, espérame en la habitación 15. Intenta no llamar la atención de la anciana.

Katheryn asintió sin titubeos y lo obedeció, se cubrió la cabeza con la capucha de su sudadera y subió de dos en dos los escalones sin volverse a ver a Becca.

¿Qué demonios hacía en aquel hotel con él? ¿Por qué no simplemente golpeaba a Ben y escapaba? ¿Estaba por qué le daba lástima o le tenía miedo? Miles de preguntas rodearon su mente y no se dio cuenta que Becca estaba subiendo las escaleras y estaba a punto de descubrirla.

-Con su permiso, señorita. —le dijo Becca al pasar junto a ella con dos cajas de cartón repletas de sus cosas. Katheryn se hizo a un lado y la observó ascender al piso siguiente, quiso ayudarla pero se contuvo.

La habitación 15 estaba cerrada y ella se recargó en la puerta para esperar al lunático de Ben. Minutos después él subió y le regaló una sonrisa sin ninguna intención.

-No sé por qué estoy siguiéndote en este juguito estúpido.

-Por qué eres distinta a todos nosotros—sacó una llave y giró de la perilla—entra.

Olor a comida chatarra inundó las fosas nasales de ella, con la nariz arrugada entró sin vacilar con Ben pisándole los talones.

-Hay dos camas, ¿Sabías que iba a acceder a seguirte o solo fue por intuición?—examinó toda la habitación con los labios y puños apretados.

-Ninguna de las dos cosas. Apenas planeé raptarte en dos segundos y lo hice. —Recogió dos cajas vacías de pizza y varias latas de sodas que estaban tiradas en todo el suelo. —el desorden espero que no te incomode, como sabrás… aquí no cuento con comodidades.

-Júrame que esto no es una idea de Palmer para matarme mientras duermo, Ben Smith—se le acercó lo suficiente hasta acorralarlo en la pared, él dejó caer las latas de soda al suelo cuando la miró a los ojos. Los ojos grises de Katheryn brillaban de furia y de cólera.

-Nunca había visto tus ojos tan cerca, son hermosos. —susurró, hipnotizado. Katheryn arqueó las cejas y sacudió la cabeza ruborizada y se odió por ello.

-¡No digas tonterías, responde!

-Palmer no tiene nada que ver con lo que yo estoy haciendo contigo—respondió mecánicamente, sin dejar de verla a los ojos.

-Si ella no tiene nada que ver en todo esto entonces háblame de ti y de lo que está planeado. Quiero saberlo todo.

-¿Por qué tendría que contártelo?—curvó las comisuras de sus labios hacia arriba y se inclinó a recoger las latas del suelo, se acercó al bote de basura y tiró lo que estaba en sus manos.

-Por qué de eso depende mi vida, la tuya y de la gente que amo—se cruzó de brazos y lo miró desafiante.

-Yo no te traje aquí para hacer las paces, solo quiero compañía.

-Entonces busca a alguien más porque yo me largo de aquí—le espetó y pasó empujándolo en dirección a la puerta.

-¡Ya! ¡Está bien! Te diré todo lo que Palmer quiere hacerte a ti y a Ethan. —carraspeó y se sentó en una silla de madera y le indicó a Katheryn que se sentara.

-No estoy segura de poder creer todo lo que me digas. Después de todo estás de su parte.

-Estoy de su parte porque no me queda otra alternativa. Pero tú puedes acabar con ella.

-Te equivocas, solo Juno Weber puede.

-Ambas pueden. Siento tu poder, Katheryn. Estás por encima de todos nosotros y de Juno—arqueó sus cejas y se llevó las manos a su cabeza—ya no soporto vivir así, ¿sabes? Estoy a punto de rendirme, enfrentar a Palmer y morir para poder estar al lado de toda mi familia otra vez.

Las palabras de Ben tomaron por sorpresa a Katheryn. 

-¿Por qué no empiezas a contarme su plan de Palmer?—le sugirió con cautela. Él levantó la cabeza y le sonrió con sorna.

-Te aburrirás mucho, pero veo que estás dispuesta a escuchar todo, ¿no es así?

Katheryn asintió y alzó la barbilla intentando desafiarlo o al menos intimidarlo para que soltara la sopa sin rodeos.

-Correcto—dio una palmada y la sobresaltó—el plan de Palmer consiste en que…

-¡Abre la maldita puerta, Ben!—una voz femenina gritó desde el otro lado de la puerta y la aporreó con fuerza a punto de derribarla. Ben tragó saliva y miró a Katheryn, ésta tenía los ojos fijos en la puerta—soy Brenda, idiota. ¡Abre, sé que estás ahí!

-Rápido, ocúltate debajo de una de las camas y no hagas ruido. —Susurró y ella se escabulló con rapidez por debajo de la cama que estaba pegada a la ventana y desde donde estaba miraba perfectamente bien la puerta. — ¡Ya voy! Estaba en el sanitario, ¿Por qué no dejas de estar jodiendo?

Abrió la puerta y una chica arrogante y lunática entró sin preguntar. Era una Elegida que Katheryn no conocía y que no pensaba en tener que conocerla de cerca.

-Dejaste a Palmer plantada en el bar desde anoche, estuvimos a punto de capturar a la estúpida de Katheryn y a Ethan, pero te largaste dejándonos solas. Y Juno Weber nos amenazó a muerte, gracias por tu ayuda.

-Sabes que esa chiquilla, Weber, puede acabar con nosotros si desea. Así que no me metas en su lista.

-¿De qué lado estás, Ben?—lo acusó con el dedo.

-Del mío.

-No pensé que fueras tan cobarde.

-También tú lo eres. Ayudas a Palmer para que te deje vivir más tiempo aunque te matará cuando sea el momento.

-Igual que a todos, te recuerdo.

-No. Te equivocas. Antes de año nuevo me iré. Nadie sabrá a donde me fui.

-No seas idiota, te encontrará.

-¿Por qué no regresas con Jake y Palmer, y a mí me dejan tranquilo hasta el 3O de diciembre?

-¿Pasarás solo Navidad?—arqueó sus cejas y lo agarró del hombro.

-Sí.

-No puedes. Palmer nos quiere a todos hoy a la media noche en donde quedamos ayer,  así que no faltes.

Dicho eso, abrió la puerta, le regaló una sonrisa con un guiño y se fue.

Ben se dejó caer sobre la otra cama y soltó un suspiro agotado. Katheryn salió a rastras de su escondite y lo observó.

-¿Qué?

-¿Irás a tu muerte hoy en la media noche?—le preguntó. Ben se reincorporó sin entender.

-¿De qué hablas?

-No me digas que no te diste cuenta—elevó los ojos al techo—Palmer quiere asesinarte hoy mismo. Se ha dado cuenta que ya no quieres seguir de su lado. 

-¿Por qué estás tan segura? Brenda no dijo nada.

-Lo vi en sus ojos.

-Tal vez tienes razón, no debí traerte conmigo. Estás confundiéndome—se sentó a regañadientes y se frotó el rostro—lamento haberte molestado, te llevaré de vuelta a la iglesia.

Katheryn se mordió los labios indecisa, ahora Ben le caía un poco mejor, Brenda le había dicho que tenía que ir y solo era para acabar con él. 

-No es necesario. Te acompañaré a tu encuentro con Palmer.

-No. Eso no. —La miró horrorizado— ¿Quieres que te asesine hoy mismo? No estás preparada y tampoco yo lo estoy para protegerte.

-¿Qué, ahora quieres protegerme?—se echó a reír irónica.

Él gruñó.

-¿Después de qué querías asesinarme frente a Ethan en mi departamento, piensas que voy a creerte que me vas a proteger?

-Eso fue antes, ¿no lo entiendes? ¡Estoy harto! ¿Y sabes por qué?—ella no respondió—por qué hemos vivido todos engañados, Katheryn, ¡Engañados por Juno Weber y su estúpido abuelo, Paul!

-¿A qué te refieres?

Ben alargó sus brazos y la atrajo hacia él, la abrazó con fuerza. Ella quedó inmóvil sin saber qué hacer.

-Sí te lo digo ahora, es probable que la misma Juno te mate.

-Por favor, dímelo.

-No.

-¡Ben!

-¡Es por tu bien! Pronto lo sabrás. Si todo sale bien, yo mismo te lo diré en unos meses.

-Pero…

-Ahora te enviaré de vuelta a casa. 

-No me dijiste nada sobre lo que planea Palmer.

-Aún no tiene ningún plan—sonrió.

-Mentiroso—le espetó, enfadada.

-Lo único que debes saber es esto: Palmer puede matar a todos los Elegidos que quiera, al igual que nosotros a ella pero no lo hacemos por miedo a ser calcinados por los rayos que ella controla. Pero hay dos personas que ella no puede matar.

Katheryn abrió la boca, sorprendida.

-Así es, Katheryn. Ella no puede matarte a ti y tampoco a Juno.

Ben la hizo coger un taxi para regresarla a la Catedral antes de las nueve de la noche, y se encargó de ir con ella para cuidarla de Jake o de Brenda que estaba lo bastante cerca. 

-La iglesia solo está a unas pocas calles, podría haberme ido a pie.

-Teniendo a dos Elegidos con rabia de asesinar detrás de ti, esas calles se vuelven inmensas.

-Te recuerdo que tú eras uno de ellos. —bromeó ella.

-Pero ya no más.

-Ben, temo por ti.

-Es gracioso oírte decir eso, ya que horas atrás querías matarme con tus propias manos—sonrió y ladeó la cabeza mirando por la ventana.

-Eso era antes—imitó su voz—ya no más.

-Oye, eres buena imitado.

-Puedo darte clases de actuación cuando quieras.

-Será un placer.

El taxi aparcó frente a la Catedral iluminada de luces navideñas. Katheryn tenía los labios apretados, indecisa por bajar o no.

-Ya llegamos—le anunció el taxista.

-Gracias, no me había dado cuenta—respondió ella, irritada. El taxista rió por lo bajo.

-Tienes que bajar y correr para estar a salvo—Ben abrió la puerta por ella.

-Ahora soy yo la que va a dar un consejo, Ben—bajó del taxi y cerró la puerta, se inclinó en el cristal para verlo de frente y decir: —No vayas a su encuentro de Palmer esta noche. Huye de aquí.

Y antes de que él replicara, se alejó corriendo entre la nieve. 

Solo dos horas había estado con Ben Smith y ya le echaba de menos mientras se dirigía a la iglesia. El taxi arrancó en un santiamén y se alejó entre las calles iluminadas.

-¡Katheryn! ¡Katheryn!—Ethan venía corriendo hacia ella como un loco.

-Hola—le regaló una sonrisa, Katheryn se dio cuenta de lo sonrosado que estaba el rostro de su novio.

-¿Dónde estabas? ¿Estás bien? ¿Qué te pasó?—balbuceó sin dejar de abrazarla.

 -Fui a dar una vuelta, estoy bien y no pasó anda—dijo con calma, pero él no dejaba de darle besos por todo su rostro, ella rió. —estoy bien, guapo. No te preocupes.

-Owen dijo que no saliste. ¡Alguien te raptó!—se quedó mudo mirándole el rostro a ella, no mostraba signos de haber sido raptada— ¿no te secuestraron?

-No. ¿Por qué piensas eso?—tenía en mente no contárselo a nadie su encuentro con Ben o de lo contrario, estarían perdidos los dos. Pero Heidi y Juno sabían leer la mente, pero ya sabía bloquear su mente, sería fácil.

-¡Olvídalo! Me alegra que estés a salvo, Florecilla. —la besó con dulzura y a la vez con ferocidad.

Los dos entraron por la puerta trasera, y se llevaron un gran susto al entrar: Todo estaba hecho un desastre y muy lejos de ahí, en la planta alta, se escuchaban gritos y maldiciones de la boca de Juno. 

Owen estaba acojonado en la espalda de Heidi y Heidi detrás de Luke, los tres miraban hacia arriba con terror.

-¿Qué está pasando aquí?—preguntó Katheryn.

-¡Santo cielo, Katheryn!—chilló Owen y se abalanzó a ella para abrazarla— ¡Estás bien!

-Oye, modera tu afecto—gruñó Ethan.

-¡Katheryn, estás bien!—repitieron Luke y Heidi, con el rostro lleno de angustia. —esto es un caos. 

-¿Qué está pasando aquí?—repitió.

-Es Juno, después de que desapareciste, Ethan le dijo a Owen y a Becca que se fueran para no salir heridos—respondió Luke, rascándose el cuello—Becca hizo caso y se fue, es por eso que Juno está así. La quiere de vuelta y Paul no puede controlarla.

-¿Y por qué tú sigues aquí, Owen?—le preguntó Katheryn, acariciando sus manos, Ethan gruñó.

-Por qué ya sé todo sobre ustedes—con una gran sonrisa, le robó un beso en la mejilla a Katheryn y esta vez Ethan lo apartó con brusquedad—solo fue un beso, Elegido. ¿O qué, me dormirás?

Tanto Katheryn y Ethan abrieron la boca sorprendidos. Owen Kennedy sabía todo de ellos, y eso explicaba por qué ninguno de ellos tenía un aspecto distinto, sino el de siempre, el de Elegidos.

-¿No tienes miedo? 

-¿Por qué debería tenerlo? No son unos psicópatas, ¿o sí?

-No, pero…

-¡Bah! Ya decidí estar con ustedes hasta que muera y como ustedes no morirán, será sencillo deshacerse de mi cadáver—se animó a abrazar a Ethan—tendrás mucho Owen Kennedy, querido Quin.

-No me toques—musitó Ethan, empujándolo.

-Por cierto, ¿Dónde estabas Katheryn? ¿Te secuestraron?—preguntó Heidi y se cruzó de brazos mirándola fijamente.

-Aunque trates de entrar en mi cabeza es inútil. Puse de nuevo la barrera—sintió un gran alivio de no medir sus palabras enfrente de Owen—así que confórmate con saber que he estado paseando por ahí.

-De ninguna manera, Katheryn. ¿Dónde estabas?—insistió.

-Por favor, no estoy de humor. Juno no cierra su boca y tengo migraña.

-¡Katheryn Levis!—rugió Juno desde arriba— ¡Ven aquí, ahora mismo!

-Yo te acompaño—se ofreció Ethan.

-No, iré sola.

Subió trotando las escaleras aun escuchando las maldiciones de Juno y las advertencias de su abuelo. Respiró hondo y se aferró a la barrera mental para que ella no pudiera penetrar en su memoria.

-Pasa—la llamó desde adentro. Su voz estaba distorsionada.

Entró. No había tenido oportunidad de entrar a su habitación y no se sorprendió de ver que todo era infantil y de colores rosas, varios muebles con peluches y una gigantesca cama King sise. Pero se sorprendió al ver un escritorio con una portátil de la mejor marca junto con varios Xbox.

-Aquí estoy.

-¿Dónde estabas? Estábamos muy preocupados por ti—su voz volvió a ser dulce, Katheryn frunció el ceño y recordó que Ben le había dicho que Juno ocultaba algo serio a todos los Elegidos.

-Estaba dando un paseo—apretó la mandíbula y reforzó su barrera mental, porque Juno estaba intentando leer su mente. No lo logró.

-Voy a ir a hacer la cena—alardeó Paul, con el rostro sudoroso. Se fue y las dejó solas.

-Ya veo, ¿Sabes? Becca se ha ido, me dejó—hizo pucheros y se sentó en su cama, llamó a Katheryn con la mano, le obedeció y se sentó a escasos centímetros de ella.

-Entonces fue por eso que la vi hace un par de horas irse con cajas de cartón en dirección a algún lado—se mordió el interior de sus mejillas y balanceó sus pies sin dejar de ver todo a su alrededor. Eso incomodó a Juno.

-No hagas eso, me pones de malas.

-Lo siento—se encogió de hombros pero no dejó de hacerlo— ¿Qué querías? ¿Por qué estoy aquí?

-Ya le contaron a Owen sobre nosotros.

-Lo sé.

-Es peligroso que sepa.

-¿Por qué?

-¡Por qué sí!

-¿Y qué haremos?

-Lo que sé hacer mejor—sonrió—desaparecerlo de la faz de la tierra.

-¿Qué? ¿Estás loca? 

-No. Él sabe de nosotros y yo no estoy como para ponerme en peligro para una rebelión.

-¿De qué rebelión hablas?

-De nada. Solo olvídalo—apretó sus labios.

-No vas a matarlo.

-Por supuesto que sí.

-No te dejaré.

-Pero no te estoy preguntando, solo te lo estoy diciendo—rió con fuerza.

-No lo hagas. Él puede saber de nosotros pero no te hará nada, aparte, tú lo conoces. No es sano asesinar personas solo porque te estorban—espetó.

-No sé si no has entendido aun todo esto, Katheryn—siseó—yo soy la que decide aquí quién vive y quién no. Quien debe desaparecer o borrarle la memoria. 

-Eres la primera Elegida pero no eres Dios para controlar la vida de los demás.

-Puedo ser tu Dios. De hecho soy más que eso.

-Debes descansar, es por tu bien.

-Para eso falta un año. 

-Lo siento.

-En fin, Owen Kennedy será ejecutado mañana.

-¡No lo voy a permitir! ¡Es una estupidez, Juno! Tú no eres Palmer, recuérdalo.

-Uhm.

-Mañana es Navidad. Piénsalo. Déjalo vivir.

Al bajar de la habitación de Juno, Katheryn se encontró con Ethan en el inicio de las escaleras, jugando con las llaves de su auto con gesto aburrido.

-Esto es injusto, ¿no crees?—le enseñó sus llaves con una sonrisa torcida.

-¿De qué hablas?—entornó los ojos, lívida.

-De mi adorado auto, mi preciado Matiz Vino, sigue solo en el aeropuerto de Nueva York, tengo suerte si aún lo encuentro entero.

-Ah—jugó con sus manos y descendió hasta llegar a él y pasar de largo. Ethan la sujetó del brazo y ella se volvió para verlo.

-¿Qué pasó ahí adentro?—le señaló el techo y guardó sus llaves— ¿Qué quería Juno?

-Está enfadada por lo de Becca y no le parece que Owen sepa sobre nosotros—rodó los ojos—tengo dolor de cabeza, ¿podremos hablar  de eso luego?

-De acuerdo—la abrazó y se dirigieron a la sala. Paul estaba terminando de hacer la cena y todos estaban cooperando en llevar los platos y cubiertos a la mesa. 

En silencio, Katheryn y Ethan se sentaron a la mesa, nadie articuló ninguna palabra, excepto Owen.

-Son las diez cuarenta de la noche, en pocas horas será Navidad—dijo él, llevando consigo un gigantesco platón lleno de puré de papas.

-Oye, señorito parlanchín—lo llamó Paul desde la cocina. La falta de Becca era notoria—deja de hablar por un segundo y ayúdanos a llevar la cena.

Owen dejó el puré en la mesa y salió disparado a ayudar. Luke se unió a la mesa segundos después, seguido por Heidi.

Katheryn se percató que los dos tenían cierto grado de angustia en sus rostros, ni si quiera se habían atrevido a mirarla a los ojos desde que fue a hablar con Juno.

-¿Qué les pasa? ¿Por qué esas caras?

-¿Qué tienen nuestras caras?—quiso saber Luke, con tono brusco.

-No estás sonriendo ni diciendo tonterías y Heidi ha estado en silencio durante cinco minutos. ¿Qué ocurre?—insistió. Ethan se puso rígido pero no dijo nada— ¿Ethan, que pasa?

-Juno se ha vuelto loca, está obsesionada con Becca, y por eso nos tiene amenazados  y si hacemos o decimos algo que a ella no le gusta, nos castiga—susurró Luke lo más bajo posible—mira lo que me hizo por haberme reído con Heidi.

Se arremangó la camisa hasta los codos y dejó al descubierto una herida hecha con fuego, aún tenía sangre fresca. Katheryn ahogó un grito y entornó los ojos. Luke se llevó un dedo a los labios.

-No grites, por favor—compuso su ropa y miró a Heidi—tuve que suplicarle que a ella no le hiriera como yo.

-La herida que le hizo fue con fuego de la chimenea, con su puño cogió una llama y se la lanzó, y no parece que pueda curarse—alardeó Heidi, horrorizada—no hay ningún signo de curación. Creo que si ella nos daña con gravedad, no nos podremos curar.

-Pero, ¿Paul no la reprendió?

-Es su abuelo, no su padre. Y aunque lo fuera, no la puede controlar—bramó Luke—se ha vuelto loca y es gracias a Ethan.

-¡Yo no sabía que Becca se largaría!

-¡Baja la voz!—Heidi le lanzó una mirada asesina—si sigues gritando, Juno te quemará los testículos para siempre.

-A ti te debieron quemar, Quin—musitó Luke.

-Solo hay una cosa que tenemos que hacer—dijo Katheryn. Todos la miraron—hay que traer a Becca de regreso.

-Nadie sabe dónde está.

-Suerte que yo sí.

Al terminar de cenar, Paul le llevó la cena a Juno y Katheryn se las ingenió para salir con Luke en busca de Becca. El aire frío y helado le enrojeció las mejillas y le hicieron llorar brevemente, parpadeó un par de veces para acostumbrarse.

-Iré con ustedes—agregó Ethan detrás de ellos.

-No, tú quédate con Heidi y Owen. Luke puede traerme aquí en un segundo si hay problemas—le dio un beso fugaz en los labios y se alejó corriendo detrás de Luke.

La nieve estaba más gruesa y helada, eran las doce menos diez de la noche y lejos de la iglesia Palmer estaba esperando a Ben para asesinarlo, y le rogaba al cielo de qué él hubiese huido en vez de ir a su muerte.

-¡Cuidado!—le oyó gritar a Luke. Se volvió en su dirección y los faros de luces de un auto de auto se le fueron encima. 

Sintió un leve golpe frío en su brazo, cerró los ojos asustada. La habían arrollado o al menos eso pensó.

Los brazos de Luke estaban a su alrededor protegiéndola. Ella estaba temblando.

-Tranquila, no ha pasado nada—le dijo él en un susurro.

-¿Estamos muertos?—preguntó, aun con los ojos cerrados.

-No—rió—abre los ojos, estamos al otro lado de la calle. El estúpido auto iba a matarte pero te cogí justo a tiempo.

-¡Esto es una maldición!—gritó, exasperada y miró a Luke—si no nos mata Palmer, lo hará Juno y si no lo hace ella, lo harán las personas accidentalmente.

-Tranquilízate.

Katheryn puso los ojos en blanco y se puso en marcha con Luke pisándole los talones. Recordaba a la perfección donde había estado horas antes con Ben. Aunque las calles eran el doble de oscuras de lo que recordaba.

-¿Dónde está Becca?

-Está en un hotel a unas calles. Apresúrate.

El hotel estaba intacto a horas anteriores, pese a un detalle: Estaba cerrada la puerta principal. Como pudieron, se escabulleron por la parte de atrás intentando encontrar alguna puerta trasera o ventana abierta pero fue inútil. 

-¿Puedes tele transportarte adentro?

-No estoy seguro.

-¿Podrías intentarlo? 

-Bien.

En un segundo, Luke desapareció y reapareció tres segundos más tarde, tenía una gran sonrisa en el rostro. Katheryn frunció el ceño.

-¿Y bien…?

-Dame la mano. Entraremos a la habitación de ella.

-No es de caballeros irrumpir de esa manera en la habitación de una mujer.

-¿Quién dijo que soy un caballero?—ensanchó su sonrisa y la tomó de la mano.

La sensación de un vacío corporal se adentró en su ser de ella. Sintió que estaba en medio de la nada, sus pies no tocaban nada solido debajo. Abrió la boca para gritar pero cayó hacia adelante y aterrizó en la sucia alfombra de la habitación de Becca.

-¡Ah!—gritó Becca, horrorizada. Se llevó una mano al pecho al reconocerlos— ¡Por el amor de Dios! ¿Qué les pasa, muchachos? ¿Por qué entran de esa manera a mi habitación? ¿Cómo supieron dónde estaba…?—se quedó callada—olvídenlo. De ustedes nada me sorprende.

-La puerta del hotel estaba cerrada y no tuvimos opción—se disculparon.

-No se preocupen—se sentó y suspiró— ¿A qué se debe su visita?

-Usted debe regresar. Juno se ha convertido en una lunática—dijo Luke, sobresaltado. Se levantó las mangas y le enseñó su herida, Becca abrió la boca—ella me hizo esto sin ninguna razón. Dijo que se desquitaría con todos porque usted no está a su lado. Debe regresar. En serio.

-Juno no pudo haberte echo eso. Es imposible.

-Pues lo hizo—interpuso Katheryn, apretando los dientes—ella es alguien distinta. Puede matarnos si no lleva a cabo su capricho y lo que menos quiero es tener más enemigos.

-Ethan me dijo que si no quería salir herida, que lo mejor sería que me fuera y eso hice. No quiero morir. No soy como ustedes, soy mortal.

-Owen Kennedy también lo es y quiere estar con nosotros hasta que muera. No tiene miedo. No es cobarde.

-¿Y qué pasaría si muero? Ustedes dicen que Juno se puso demente sin mí, ¿Y si muero? Piensen. Los mataría sin pensarlo—tenía razón. Katheryn y Luke parpadearon, perplejos.

-Es un riesgo que correremos, pero en su debido tiempo. 

-El caso es que nos mataría si usted muere, pero si solo se va de su lado, ella nos torturará y ya no quiero ser quemado vivo solo por diversión—espetó Luke, sus ojos azules ardían de rabia.

-Mañana es Navidad. Piénselo.

-No tengo nada que pensar. No regresaré aunque me duela separarme de ella.

-Le diré algo—siseó él, encolerizado por la terquedad de la señora—si no regresa con Juno, y si Juno me hace otra herida como la que tengo en el brazo, le juro que yo mismo vendré por usted y la mataré. Sé matar a estúpidos mortales, y usted no será excepción.

La expresión del rostro de Becca reflejó miedo y horror. Tragó saliva y desvió sus ojos hacia la cama y se encontró con los ojos azules y flamantes de Luke.

-No me gusta ser amenazada, muchacho.

-Entonces obedezca. 

-¿Y si muero…?

-¡Al carajo!—gritó Luke, irritado—si mueres, mueres. No hay vuelta atrás.

-Luke, modera tus palabras—objetó Katheryn y fijó sus grises ojos en Becca, esta se estremeció, esperando alguna grosería de parte de ella—debes regresar. Eres la familia de Juno, no puedes darte el lujo de abandonarla, lo que haya dicho Ethan carece de sentido.

Hubo un largo lapso de silencio, un musculo en la mejilla de Luke salía a relucir cada segundo que transcurría y Katheryn temía por la seguridad de Becca.

-¿Ustedes me ayudarán a llevar mis cosas de regreso?—pregunto, después de la larga agonía. Luke se relajó y sonrió ampliamente, Becca se alejó unos pasos de él, intimidada.

Luke sujetó las cajas repletas de objetos personales de Becca y desapareció. Un minuto después reapareció con las manos vacías y las cejas levantadas.

-Denme sus manos, bellas damas—rió, divertido. A ninguna de las dos les hizo gracia—solo cojan mi mano y listo…

-Sobre advertencia, no hay engaño—susurró Katheryn antes de desaparecer con ellos.

Un golpe rudo y seco fue lo primero que Katheryn sintió al reaparecer en la iglesia, ella salió volando hasta impactarse con la chimenea encendida. Para su buena suerte, a penas y se lastimó. Ethan dio traspiés para ayudarla a levantarse, de su nariz goteaba sangre y tenía la ceja izquierda reventada, con sangre deslizándose sobre su mejilla.

-¿Qué está pasando?—preguntó, aturdida e intentó limpiarle el rostro— ¿Qué te pasó?

-Juno está riñendo con Paul—dijo, alerta—Owen logró salir de aquí con Heidi. ¡Juno está loca! Solo Becca puede con ella.

-Luke y yo la trajimos—barrió todo a su alrededor con la mirada y divisó a Luke con Becca— ¡Becca! ¡Ve con Juno!

-¿Dónde está ella?—preguntó alarmada. El convento estaba todo destrozado.

En la parte alta, la voz de Paul retumbaba por todas partes, seguida de la voz de Juno. 

Becca se escabulló hasta las escaleras, se apretó bien el abrigo y ascendió para encontrase con aquella adolescente histérica. Si tenía suerte, lograría apaciguar su capricho y sino, moriría en el intento.

-Salgamos de aquí—murmuró Ethan, empujándola a la puerta—estaremos mejor afuera.

-¿A dónde creen que van?—preguntó Paul a sus espaldas, los dos se volvieron para verlo. A simple vista se notaba un fuerte golpe en su mejilla.

-No pienso recibir otra bofetada de parte de tu nieta y tampoco quiero que Katheryn salga herida. Así que iremos afuera—espetó Ethan, apretando a Katheryn a sus brazos.

-¿Por qué no nos dijiste que Juno es agresiva?—siseó Katheryn.

-Ella no es así. Bueno, no es así del diario. A veces sucede, pero esta vez tuvo razones para enfadarse—se quitó las gafas, que tenían una raya  en medio de los dos cristales, al parecer él también había recibido una paliza.

-Fue un error venir hasta aquí. Estoy huyendo de una loca y vengo a la casa de otra loca que es doblemente peor.

-Ya no está gritando.

-Yo no estaría tan seguro. Puede que la haya asesinado.

-Salgamos. Quiero ver a Owen.

Ethan y Katheryn salieron dando traspiés por encima de todos los muebles destrozados, para su buena suerte de los dos: Paul iba detrás de ellos. 

Al abrir la puerta, el aire frío se coló dentro. Afuera había una Heidi histérica con los ojos rojos de tanto aguantarse su cólera, Owen tenía un ojo hinchado y morado, Luke lo tenía sobre su espalda. 

-¡Owen!—gritó Katheryn y se lanzó a verlo— ¿Qué le pasó?

-Ya sabes, Juno—bufó Heidi, fulminando a Paul, este sacudió la cabeza y suspiró.

-Al parecer Becca logró tranquilizarla—dijo Ethan, su ceja aun le sangraba y su nariz tenía aun sangre fresca, se volvió para encarar al anciano— ¿Por qué justo a unos minutos de Navidad, tu estúpida nieta se le ocurre hacer un berrinche?

-Tú fuiste el culpable. Le dijiste a su nana que se largara, ¿Qué esperabas?—el anciano se defendió.

-Le sugerí que se fuera. Y ella lo hizo. No la obligué.

-Es igual…

-Basta, ya tengo bastante con los golpes que me dio tu nietecita—gruñó y se limpió la mejilla.

Owen a los pocos minutos volvió en sí, y sonrió al ver a Katheryn junto a él. Ethan gruñó y recibió un golpe por parte de Luke.

-¿Estás bien?—le preguntó ella, sobresaltada. Owen estaba aturdido.

-Estoy bien, solo que no puedo abrir el ojo derecho. No deberían ustedes dejar que Juno se aproveche de su súper fuerza—dijo, sus ojos estaban fijos en Paul—ni si quiera la vi venir. Solo me tacleó por detrás y me dio una bofetada en el ojo, ¡Quedaré ciego!

-No exageres. Pero tendrás un ojo morado durante semanas—Heidi elevó los ojos al cielo nublado, luego miró a Paul— ¿podemos entrar ahora? Está helando aquí y Owen necesita asearse el rostro.

-Todos necesitamos eso—alardeó Luke, Katheryn por primera vez desde que salió de nuevo con Ethan, divisó que Luke tenía el labio reventado.

Todos volvieron a entrar a la iglesia, y para sorpresa de ellos, todo estaba en total orden. Parecía que nada hubiera pasado. Los muebles en su sitio y la chimenea ardiendo con normalidad. Katheryn arqueó las cejas y detectó movimiento en la cocina, se puso en tensa y la cálida mano de Ethan sobre su cintura la tranquilizó unos segundos.

-¿Dónde estaban? Lo estuve buscando por todos lados—todos volvieron la mirada hacia Juno pero ninguno respondió, incluso Paul la fulminó enfadado con la mirada. Y Ella sonreía y parecía no recordar nada—lamento lo sucedido. Extrañaba a Becca, les prometo que no pasará otra vez—miró a Ethan, Katheryn dio un paso delante de él—siempre y cuando no hables de más, Ethan Quin o lo pagarás con tu miserable vida.

-Por favor, ya. Deja de decir estupideces y ve a tu habitación—rugió Paul detrás de todos.

-Pero…

-¡Ahora, maldita sea! ¡Obedece Juno!

Sin decir nada más, Juno se dio la vuelta y se alejó corriendo por el pasillo. Sus pasos se escucharon en las escaleras y un fuerte portazo fue lo último que se oyó.

De repente, Katheryn recordó a Ben Smith.

-¿Qué hora es?—preguntó, alarmada.

-Son las doce con treinta minutos, Florecilla.

-¡Tengo que salir de aquí antes de que lo asesinen!—exclamó y empujó a todos dándose paso hacia la puerta, pero un fuerte brazo la detuvo antes de si quiera rozar la perilla—Ethan, suéltame. Tengo que salir.

-¿A quién van a asesinar?—le preguntó, su voz irradiaba perplejidad y miedo.

-No puedo decírtelo. Tengo que ir a salvar a una persona, Palmer tenía planeado asesinarlo a la media noche y ya pasaron treinta minutos. ¡Debo ir!

-¿De quién se trata?—insistió él, sin tener la menor intención de soltarla.

-Ben Smith—siseó, tratando de no hablar fuerte pero tanto Luke y Heidi la oyeron.

-¿Ben Smith? ¡Qué demonios te pasa, Katheryn!—gritó Heidi, le dio un empujón a Ethan y tomó a Katheryn de los hombros— ¿Te has vuelto loca? Él quiere asesinarte.

-¡No! Eso fue antes. Lo juro.

-O sea que estuviste todo el día con él, por eso no quisiste decirnos y tampoco dejaste a Heidi leer tu mente…-espetó Ethan atando cabos— ¿Quieres morir, Katheryn? ¿Eso quieres? Por qué Ben es un completo imbécil, te ha engañado y le creíste. Quiere asesinarte, él es su “parejita” de asesinato de Palmer, ¿no lo entiendes?

-No entienden nada. Ben necesita mi ayuda. Aparte si su intención era matarme, ¿Por qué no lo hizo?

-Por qué está fingiendo.

-Bien. Piensen lo que quieran, yo iré a protegerlo. 

-No te sabes cuidar tu sola, ¿Y piensas cuidar a alguien?—dijo Ethan, riéndose. Luke embozó una sonrisa y Heidi apretó los labios.

-Yo te acompaño, Katheryn—se ofreció Owen, su ojo izquierdo estaba entreabierto a causa del otro ojo herido.

-No es necesario, Owen—le sonrió—pero gracias.

-Por favor, dime que estás bromeando…

-No, Ethan. No bromeo.

-¡Es Navidad! Ni si quiera podemos estar tranquilos en este día—musitó—no irás, Katheryn. 

-Sabes bien que detesto que me den órdenes.

-No me dejas otra opción, sabes que es por tu bien—alzó su mano izquierda y pasó la palma de su mano frente al rostro de ella, Katheryn se cruzó de brazos enfadada, pero no se durmió. Ethan frunció el ceño y lo intentó varías veces más, pero ella seguía fulminándolo con los ojos— ¿Qué pasa? No puedo…

Sus palabras quedaron a medias, fueron interrumpidas por una fuerte bofetada por parte de Katheryn en su mejilla ensangrentada. Tuvo que sostenerse de Luke para no caer de espaldas.

-Eso dolió, Florecilla—se frotó la mandíbula y achicó los ojos—no sé qué rayos te sucede pero no irás. No quiero perderte. Te he protegido y no dejaré que vayas directamente a ellos en bandeja de plata. Me niego.

-Confía en mí, ¿Sí? Te juro que me dolió más a mí que a ti al golpearte tan fuerte, pero quiero que me dejes ir por él. No me pasará nada.

-No.

-De todos modos voy a salir, te guste o no.

-¿Qué crees que haría yo si te asesinan? ¿Crees que podría vivir sabiendo que ya no te veré más? ¿Crees que podría seguir existiendo sin tu compañía?—dijo él, sus ojos estaban rojos, ella estaba muda—si tu caes, caigo contigo, si te levantas, me levanto contigo, si tú vas, voy contigo y si tu mueres, muero contigo.

-¿Saben? Si quieres matarse en manos de esos idiotas, háganlo. Pero juro que buscaré la manera de revivirlos para asesinarlos otra vez pero con mis propias manos—dijo Heidi. Todos rieron por su comentario.

-No quiero que vengas. No quiero que te pase algo.

-Si no voy, no vas.

Katheryn rodó los ojos, exhaló e inhaló un par de veces antes de asentir.

-¿Están bromeando?—preguntó Heidi, sus ojos estaban abiertos como platos, pero ninguno de ellos respondió—en serio, díganme que lo que estoy presenciando no es un acto idiota y suicida que puede afectarnos a todos por igual.

-Es un acto idiota pero no suicida o eso espero—Katheryn sacudió la cabeza, abrumada—Ethan no dejará que vaya sola, así que iremos los dos por Ben.

-Ben es un idiota, Katheryn—afirmó Luke, quién había estado en silencio mientras Ethan y Katheryn reñían.

-Quisiera saber de quién demonios hablan—dijo Owen, todos giraron a verlo, ceñudos—mejor no, iré a descansar.

Se alejó de los tres Elegidos cojeando de una pierna y a unos tres pasos, Paul lo ayudó a caminar. Katheryn arrugó la nariz al ver al anciano, le pareció extraño que no se hubiese acercado a opinar en la conversación. 

-¿Y si todo eso es una trampa?

-Debo correr el riesgo.

-Si es una trampa, ¿cómo piensas que se defenderán? Ethan está herido y al parecer sus heridas no pueden curarse como siempre y tú, Katheryn, no tienes idea de cómo volver a atraer rayos a tus manos, y si Luke fuera, con esa herida que tiene en los brazos le será difícil tele transportarse—Heidi estaba enfadada y apretaba los puños al hablar, tenía razón—si yo voy, no haría nada, sería solo un bulto y una presa fácil, como todos. Recapacita, por favor. Porque no solo pones en peligro tu vida, sino la de todos nosotros, incluidos Becca y Owen, esos pobres humanos débiles no tienen por qué morir.

-Juno puede acabar con ellos…

-Por si no te has dado cuenta, Juno Weber solo piensa en sí misma. Nos agredió sin sentido, es solo una niña desquiciada que tiene poderes, solo eso—siseó lo más bajo que pudo—no podemos confiar en ella. Tengo un plan pero para eso es necesario que te quedes porque si mueres, ya no tendría caso.

-¿Un plan? ¿Para qué?—se mostró interesada y se relajó un poco. Despegó sus dedos de la perilla de la puerta y Ethan la aferró en sus brazos.

-Prométeme que no irás a ningún lado hoy ni mañana ni nunca.

Katheryn desafió a Heidi con los ojos y asintió sin decir nada. 

-Entonces vamos a mi habitación, todos. Tenemos que hablar—jaló a Luke.

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