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Capítulo 22

Como dos adolescentes, se escabulleron en silencio. Todos estaban de lo más ocupados guardando la despensa que ni si quiera se dieron cuenta de su ausencia de los dos, salvo Juno. Ella los miró sonriendo desde las escaleras que daban a la planta alta.

Ethan se puso su abrigo verde que Paul le había obsequiado y Katheryn el suyo. Con sigilo, se introdujeron a la iglesia, donde alrededor de quince personas escuchaban misa.

-No sabía que podíamos entrar por aquí. —susurró Ethan detrás de ella en cuanto salieron a la calle. En ningún momento se dejó llevar por sus impulsos de tocarla. Se mantuvo a distancia de ella.

-Así fue que salí hace unos días sin que nadie se diera cuenta.

El frío le caló hasta los huesos, se abrazó así misma tratando de que su abrigo le calentase. Ethan dudó entre abrazarla o dejar que se muriera de frío.

-¿Quieres mi abrigo? Te estás congelando.

-No, estoy bien. —Su cabello se alborotó por el aire y quedó cubierto de nieve. — ¿A dónde vamos?

-Son las seis en punto. Podemos ir a caminar por un parque que no está lejos de aquí, allá hay una agradable cafetería donde tomaremos café.

Los dos se dispusieron a caminar mezclándose entre las personas que paseaban con sus familias, todos abrigados hasta las orejas, menos ellos.

La nieve que rebozaba sobre los arboles caía con fuerza hacia el suelo, revuelto con más copos que caían del cielo siendo llevados por el fuerte aire helado de invierno.

Las luces de las residencias iluminaban todas las calles y los autos pasaban a paso lento para no derrapar en la nieve, y a tan solo tres calles se acercaba el enorme camión que limpiaba las calles de la nieve, vertiendo sal en todos lados.

Katheryn dio un paso en falso en una banqueta atiborrada de nieve y cayó de espaldas al frío asfalto. A Ethan no le dio tiempo de sujetarla, la ayudó a reincorporarse con una sonrisita de burla.

-Oye, no sonrías. Fue algo que no pude evitar. —se sacudió la ropa y lo miró. Él no borró su sonrisa. — ¿Qué?

-Nada. Andando.

Cuando al fin llegaron al parque—, donde Ethan había estado hojeando y pensando en Sam—Katheryn alcanzó a ver una cabellera rubia caminar a una distancia corta de ellos. Le rogó al cielo que no fuese Owen Kennedy. Su nerviosismo no moderado, captó la atención de Ethan.

-La cafetería está pasando la calle. —Le dijo él. — ¿Quieres pasear primero y luego tomar café o viceversa?

-Café. —respondió. Estiró su cuello para ver mejor al rubio, pero enseguida se encogió al ver los ojos cafés de Owen mirándola directamente. —andando, muero de frío.

En otra ocasión jamás hubiera cogido a Ethan del brazo estando peleada con él pero lo hizo. Cogió el brazo fuerte de Ethan y lo condujo a la cafetería.

Pero por alguna extraña razón, el aire sopló más fuerte hasta llegar al grado de no poder si quiera ver ni avanzar tan rápido como quería.

-¿Qué está pasando?—el tono de voz de Ethan sonaba con preocupación. —el aire se puso como loco.

-Es el clima. Entremos ya.

Ethan alargó su brazo por encima de los hombros de ella y entraron a la cálida cafetería. Cantidades de familias bebían café y panecillos, esperando a que bajara un poco el frío para poder salir y regresar a sus casas.

La cafetería era la misma a la que Owen Kennedy la había llevado a comer.

-¿Te sientes bien? Estas pálida, Florecilla…-hizo una mueca de fastidio.

-Hace frío, eso pasa. —una chispa de placer inundó los ojos grises de Katheryn al oír “Florecilla” salir de los labios de él.

Después de ordenar un delicioso café, Katheryn observó con detenimiento la ventana donde todo el parque se lograba ver desde adentro. Su amigo no estaba por ningún lado y eso la tranquilizó. Sin embargo, Ethan la observaba con el ceño fruncido.

-¿Qué tanto miras por la ventana?—le cuestionó.

-Nada, estoy…-estaba a punto de inventar una excusa pero después recordó que entre ella y él no había nada que los uniera sentimentalmente. —estaba buscando a un amigo que unos minutos atrás estaba. Ya no pude saludarlo.

-Sabía que habías conocido a alguien la semana pasada. Eres rápida. —Le dijo él, con indiferencia. —que buena suerte tienes, Katheryn. Te felicito, solo que ten cuidado. Palmer podría matarlo.

-Pues te recuerdo que la semana pasada estabas celoso, Ethan Quin. —puso los ojos en blanco, ignorándolo.

-No estaba celoso. Solo estaba cuidándote de que no te asesinaran sin escrúpulos. —enseguida llegó sus órdenes de café, él sonrió mientras seguía hablando: —Lo cierto es que, aunque nosotros ya no seamos nada, no quiere decir que deje de protegerte, ¿captas?, Podemos ser amigos o solo conocidos. Nuestro lazo que nos une sigue en pie y nada hará que se rompa.

Con una sonrisa ladeada, se llevó la taza caliente de café a sus labios. Le dio un gran sorbo y la miró.

-¿Te parece?

-¿Qué me parece?

-¿Te parece que seamos solo amigos?

Ella no supo responderle a su pregunta. Esa idea no le agradaba.

-¿No responderás?—insistió él.

-No tengo por qué responderte a eso.

-Bien. —le puso azúcar y leche a su café y se lo bebió poco a poco sin mirarla.

Katheryn extrañaba sus mimos, caricias y besos de él. Hasta sus ojos esmeraldas sobre ella. Pero tenía su orgullo. No podía perdonarlo. La había querido matar y eso ella no podía soportarlo.

Con la mano temblorosa, Katheryn se animó a beber su café sin azúcar. Eran las seis treinta y el cielo ya estaba oscuro, solo una pequeña línea rojiza en el horizonte daba señal de qué había estado el sol brillando y ahora se había escondido para darle paso a la luna y su oscuridad petulante.

El sonido de la puerta de la entrada captó su atención de ella. Alguien de cabello rubio y abrigo verde igual al de Ethan entró dando traspiés. Katheryn tuvo que beber precipitadamente la cantidad de café caliente que tenía en su boca.

-¿Ahora que te sucede? De nuevo te pusiste lívida.

-Mi amigo que conocí la semana pasada acaba de entrar. —le respondió, encogiéndose en su asiento.

-¿Por qué no lo invitas a sentarse? Sería buena idea conocerlo. —sus palabras disfrazadas de amabilidad tenían alto grado de veneno.

-No.

-¿Por qué no?

-Por qué yo vine aquí contigo. Si no hubiera querido estar en compañía tuya, le hubiese buscado compañía a él.

Pero para su mala suerte, Owen Kennedy se acercaba con paso lento pero firme hacia ella. Su sonrisa inquietante y su lunar contraído le hicieron temblar a Katheryn. Ethan volvió la mirada para ver al chico rubio, apretó los labios y fulminó a Katheryn.

-Te gustan los rubios ahora, eh.

-¡Cállate!—se sonrojó. —no hables.

Sin previo consentimiento, Owen se plantó al costado de Katheryn. Ethan gruñó y alzó la cabeza para verlo, los dos se miraron furtivamente.

-¿Qué haces aquí, Owen?—Katheryn entornó los ojos.

-Te vi ese rato, pensé en saludarte. —giró su mirada a ella. Sonrió ampliamente.

-¿Sabes? Es de mala educación no presentarnos a los dos. —interrumpió Ethan, sus ojos ardían y Katheryn sacudió la cabeza.

-Owen, él es Ethan Quin, Ethan… él es Owen Kennedy. —tartamudeó avergonzada.

-Hola. —Lo saludó Owen regalando otra de sus sonrisas inquietantes. —ustedes parecen hermanos, ¿Son familiares?

-No. —Carraspeó Ethan fijando su gélida mirada en Katheryn. —ella es mi ex novia.

Owen hizo una mueca y se rascó el cuello.

-Bien, sí alguna vez aceptas la invitación, no dudes en buscarme o yo te buscaré después. —dijo. —adiós, Katheryn. Te veré pronto.

Se recargó sobre sus talones y le robó un frío beso en la mejilla a ella. Ethan apretó los puños y observó al rubio irse con una sonrisa de oreja a oreja.

-Que feo lunar. —espetó él, furioso.

-Nunca he visto uno tuyo. Su lunar de él es muy bonito. —se encogió de hombros y bebió lo que quedaba de su café.

-Tengo varios lunares en lugares poco vistos, ¿Quieres verlos?—arqueó sus cejas de una forma seductora, insinuando algo más que ver solo sus lunares. Katheryn se ruborizó y apartó sus ojos grises de los verdes de Ethan.

-Si lo que buscas es incomodarme, déjame decirte que no lo lograste. —puso los ojos en blanco y clavó la mirada en sus manos.

-No busco incomodarte. Dijiste que nunca has visto lunares míos y te estoy dando una invitación VIP para que los veas en vivo y en directo, a nadie se los he mostrado. Serás la primera. —embozó una sonrisa llena de diversión, se inclinó lo suficiente a ella para susurrarle en el oído: —Aprovecha. Sin compromiso alguno, podrás tocarlos.

Con los ojos entre cerrados, Katheryn inhaló su aroma masculino de él. Por un pequeño segundo estuvo tentada a olvidar todo y besarlo. Pero el duro golpe de la realidad la trajo de nuevo a la verdad.

-¡Estás loco! no quiero ver tus lunares sexosos. —lo empujó y él ahogó una carcajada contagiosa, Katheryn apretó los labios para no reír.

-Son solo lunares, y los tengo en los muslos. ¿En qué parte creíste que los tenía?—ladeó la cabeza, y la miró acusándola de pervertida. —y piensas que yo soy el sensual pervertido y acosador sexual. Qué ironía.

-Tú haces que piense todo en doble sentido. Eres el culpable, no yo. —escondió su rostro entre su cabello, avergonzada.

-Nunca te he orillado a pensar mal. —Sonrió alegremente. —pero está bien. Ahorita si te di motivos para pensar otra cosa.

El silencio prolongado entre los dos, fue incómodo.

-¿Necesitas mi abrigo? Estás temblando. —Katheryn estaba temblando pero no se había dado cuenta por estar pensando en algún tema de conversación para emplear con él.

-No lo necesito. Estoy bien.

-Podrías al menos, por un día, ¿Ser menos orgullosa?—le espetó él, enfadado.—quiero que te pongas mi abrigo,—ella estaba a punto de protestar pero él le hizo cerrar la boca con solo mirarla.—sin decir ni una sola palabra contradictoria, ¿de acuerdo?

Katheryn lo observó en silencio quitarse el grueso abrigo, se lo pasó con suavidad sobre los hombros y él quedó con su sudadera de siempre. La delgada tela le traspasaba el aire helado de invierno.

-¿Y si te enfermas? No quiero que te de pulmonía por mi culpa.

-Hemos de morir de algo algún día. Y nada me haría más feliz que morir por una enfermedad que morir a manos de otro como nosotros. —hizo una mueca de indignación.

-Tu comentario no fue gracioso en lo más mínimo, Ethan. —musitó.

-Nunca dije que lo sería.

Minutos después, los dos estaban afuera de la cafetería. Katheryn no tenía nada de frío gracias al abrigo de Ethan, pero sin embargo, él estaba congelándose pero trataba de ocultarlo al caminar.

-En serio, ponte tu abrigo. —le insistió ella por sexta vez. Él negó con la cabeza, exhaló y salió aire helado de sus pulmones. —no volveré a salir contigo si no me obedeces.

-Nadie me controla. —se burló. —solo quédate en silencio. No puedo hablar, tengo helado los labios y siento que se romperán en pedazos.

-¡Ponte tu abrigo!—chilló.

-¡No!

-¡Entonces lo dejaré tirado y me largaré a la iglesia!—lo amenazó.

-Sí lo haces, lo lamentarás, Katheryn. —su mirada se ensombreció.

Con una sonrisa arrebatadora, se despojó del abrigo verde de Ethan y lo lanzó a varios metros lejos sobre la fría nieve.

-Púdrete, Ethan.

Se dio la vuelta con aire orgulloso y se echó andar por la calle. Sintió que su pulso se aceleraba, tuvo la sensación de que había cometido una locura y que estaba a punto de pagar por su delito. A regañadientes se dio la vuelta y miró la silueta de Ethan parada en el mismo lugar en el que lo había dejado. Sintió sus ojos verdes quemarle la espalda.

Siguió andando, se detuvo en una avenida y esperó nerviosa para poder pasar. El semáforo estaba en verde y ella estaba parada y expuesta a que Ethan la sorprendiera por detrás.

-Te dije que lo lamentarías. —un susurro frío sobre su oído, le erizó los vellos del cuello. Ethan estaba detrás de ella.

-Estamos en plena calle, no puedes hacerme daño.

-¿Quién dijo que te haría daño?—sintió su sonrisa sobre su cuello.

Ella no supo que responderle a su pregunta. En un segundo, sintió las frías manos de él cernirse en sus hombros dandole la vuelta para verla cara a cara. Katheryn entornó los ojos al ver su rostro sonrosado de él, sus ojos verdes ardían de deseo de poder besarla sin pudor frente todo el mundo. Un deseo que los dos compartían.

Sin previo aviso, Ethan buscó sus labios de ella y la atrajo hacia su fuerte cuerpo. Katheryn entreabrió sus labios para darle entrada a su cálida y húmeda lengua de él. Los labios de Ethan estaban fríos pero Katheryn sintió una oleada de placer al probarlos en medio de aquel clima.

Sus besos se intensificaron, llevaban semanas sin besarse y ya era casi enfermizo no hacerlo.

-¿A esto te referías con lo de lamentarme?—le susurró Katheryn, aun envuelta en el momento. Sus manos de él no la soltaban, la tenía aferrada a su cuerpo.

-Solo una pequeña parte. —jadeó. Sus ojos verdes de nuevo tenían el brillo deslumbrante de siempre, los labios de ella eran su fuente de existencia.

Poco a poco una sonrisa genuina curvó los labios de Katheryn. Ethan sintió que iba darle un ataque ahí mismo, ¿Lo había perdonado por fin, a su absurda idea que había tenido meses atrás de asesinarla? No lo sabía. Pero quería creer en la posibilidad de ser perdonado gracias al gran momento que habían compartido.

-¿Qué significa esa sonrisa tan traviesa?—se animó a preguntarle. Ella ensanchó aún más su sonrisa. — ¿Debo preocuparme?

-¿Desde hace cuánto tiempo llevabas planeando todo esto, Ethan?

-No lo planeé.

-No te creo.

-Créeme que si lo hubiese hecho, no hubiera servido de nada. Nunca me sale las cosas cuando las planeo. —se llevó una mano sobre su cabello alborotado tratando de apaciguarlo y la otra mano, todavía la mantenía aferrada al delicado brazo de ella. —esto tenía que pasar, tarde o temprano… Florecilla.

Solo bastó que pronunciara aquella palabra de cariño para que ella se derritiera ante él. Con impulso, rodeó el cuello de Ethan y lo abrazó con fuerza. No soportaba estar lejos de él. Lo necesitaba. Ambos se necesitaban y no podían seguir fingiendo indiferencia.

-¿Estoy oficialmente perdonado?—bromeó.

-No hagas que te estrangule.

-Es un sí, ¿no?

-¿Tú que crees, Quin?

-Creo que te amo más que a mi propia vida. Eso es lo que creo y estoy bastante seguro de que no dejaré que te escapes de mi lado. —le susurró en el cuello. Su aroma delicado de Katheryn inundó sus fosas nasales y permanecieron un largo rato abrazados en medio de la calle.

-¡Qué lindo abrazo! Yo quiero uno. —la graciosa y chillante voz de Juno los sobresaltó. Juno estaba sonriente a un lado de ellos, con una personalidad diferente, pero aun así teniendo el toque exótico y lindo de ella.

-¿Qué haces aquí, Juno?—le preguntó Katheryn con las mejillas ardiendo de vergüenza. Ethan, aun abrazándola, sonreía traviesamente.

-Estaba aburrida y como ustedes salieron, pensé en ir con ustedes. —Se meció adelante y atrás. —Pero estaban discutiendo así que decidí observarlos y cuidarlos de Palmer. —su sonrisa de los tres se desvaneció. —ella está lo bastante cerca de nosotros.

-¿La has visto?—la mandíbula de Ethan estaba tensa y sus ojos barrían todo a su alrededor en busca de Palmer. Juno asintió. — ¿Dónde?

-Está en compañía de otros. Ustedes no la vieron, pero ella estaba detrás de ustedes en la cafetería pero yo estaba afuera y no pudo hacerles nada, aunque planeaba matarlos en cuanto salieran.

Katheryn se puso lívida, Ethan le frotó los brazos dandole ánimos.

-Gracias, Juno. —Le agradeció ella. —debemos regresar.

-Yo estaré dando vueltas un rato más, pero los acompaño hasta la iglesia.

De regreso, Ethan mantenía su mano aferrada a la de Katheryn, pero antes de andar, le volvió a poner su gran abrigo y ella solo sonrió, ya que no tenía caso seguir peleando.

Juno los observaba desde atrás, ella siempre había soñado en tener novio, casarse y tener una familia, pero su vida literalmente acabó como los dos enamorados que iban enfrente, solo que la diferencia era que ellos dos no estaban solos, se tenían a ellos mismos y ella no tenía a nadie que la amara de esa manera. De tanto estar pensando, cayó de bruces en la avenida bañada en hielo congelado, haciéndose una gran herida en la rodilla.

-¿Estás bien?—Katheryn se dio la vuelta para ayudarla, Ethan se encargó de ponerla de pie con una tenue sonrisa.

-Estaba distraída. Pero mi rodilla sufrió las consecuencias. —se arremangó el pantalón y una rodilla ensangrentada salió a la luz.

-¿Podrás andar?

-Sí. En un minuto desaparecerá, pero necesito su ayuda para sentarme en algún lugar lejos de aquí.

Sin decir nada, Ethan la cargó. Era más liviana que una pluma y no fue de gran esfuerzo llevarla, Katheryn le sostuvo su delicada mano mientras caminaban a una banca metálica que Juno hizo derretir el hielo para poder sentarse.

-¿Quieres café?—le ofreció él.

-No. Me bebí tres tazas cuando ustedes discutían. —rió. Katheryn sacudió la cabeza y le apretó la mano.

-Eres muy adorable, Juno.

-Yo pensé que era una chica huraña, presumida, arrogante y orgullosa. —Terció Ethan. —pero es solo una niña. Una niña linda y adorable, pero fuerte.

-Por supuesto. —asintió Juno. —por eso los Elegidos que me han visto, me subestiman.

El reloj de alguna iglesia comenzó a sonar. El replique de las campanas anunciaban que eran las siete de la noche.

-Paul debe estar preocupado por los tres.

-¿No le dijiste que ibas a salir?

-No.

-¿Por qué? ¡Nos va a asesinar!

-Si le hubiese dicho, se hubiera negado y yo estaría enfadada. —Arqueó las cejas. —salí detrás de ustedes, ¿recuerdan?

Al regresar a la iglesia, se enfrentaron a Paul y a Heidi. Luke solo los miraba con recelo de haber salido y de no haberlo invitado, pero no estaba enfadado tal y como lo estaban Paul y Heidi, sin contar a Becca, que se había puesto a preparar la cena de tanta impotencia.

-Estoy lista para tu regaño, abuelo. —dijo Juno, cruzándose de brazos. Su rodilla ya estaba sin rastro de alguna herida y podía mantenerse de pie. Y su apariencia era la de siempre, sus ojos violetas desafiaban a Paul sin escrúpulos.

-¿Son conscientes de lo que hay allá afuera esperándolos?—gruñó Paul. Katheryn nunca lo había visto tan molesto, su altura le daba más aire de rudeza, se encogió detrás de Ethan.

-Oye, esos idiotas de afuera no pueden hacerme daño. —musitó ella, rodando los ojos.

-No te hablo a ti. Les hablo a ellos dos. —señaló a Ethan y a Katheryn con la cabeza. Juno resopló indignada y fue a la cocina por algo de beber.

-¿Por qué estás tan enojado? No nos pasó nada. —dijo Ethan, mirándolo y sujetando con fuerza la mano de Katheryn. Heidi embozó una sonrisa al ver el gesto.

-No les pasó nada porque Juno fue con ustedes. Es un milagro. —se llevó una mano a las sienes y con la otra se quitó las gafas. —Palmer pudo matarlos en un abrir y cerrar de ojos.

-Pero no fue así.

-¡Yo misma los voy a matar si los mata primero ella!—espetó Heidi, detrás de Paul.

-Tu argumento no tiene sentido, pero gracias. Ya sabemos que si Palmer no nos mata, lo harás tú. —Sonrió Katheryn. —eso me tranquiliza.

-¿Ustedes dos se quieren de nuevo?—preguntó Luke, sonriendo morbosamente.

-Nunca dejé de amarla. —respondió Ethan, arqueando las cejas. Se inclinó y besó la mano de Katheryn. —comenzaba a pensar que nunca me perdonaría.

-Katheryn, hiciste bien. Ethan estaba comenzando a transformarse en un zombie raquítico debido a tu falta de atención. Gracias. —bromeó Luke.

Paul se sentó en el sofá y Juno regresó con un vaso de agua. Becca seguía preparado la cena, segundos después Heidi fue en su ayuda.

La tv estaba encendida, las noticias nunca le habían gustado a Katheryn pero esa ocasión era importante. Hablaban de accidentes sin explicación sucedidos en Estocolmo, todos tenían el rostro pálido y la garganta reseca. Eso era un aviso de Palmer para ellos.

-Perfecto. La demente de Palmer está matando gente inocente por diversión, perfecto. —carraspeó Luke. —quiero estrangularla como si no hubiese un mañana.

-Lo harás. —Replicó Juno. —la vas a estrangular pero ella es posible que te rompa el cuello en el intento, así que mejor descarta esa idea.

-¿Predices el futuro?—Luke entornó los ojos mirándola.

-No, pero a veces sucede lo que pienso.

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