Capítulo 15
Ethan se acercó a su auto—aun teniendo a Heidi en sus brazos—, no había ningún rastro de Katheryn y de Luke. Todo el estacionamiento estaba en total silencio y oscuridad. Ni si quiera los faroles que minutos antes alumbraban aquella zona estaban encendidos. Dejó a Heidi en el asfalto y rodeó su auto para poder verificar si había signos de pelea o algo peor.
Solo el parabrisas estaba hecho pedazos y todas las puertas estaban con seguro. Sintió un gran alivio al darse cuenta que Luke se había llevado a Katheryn lejos de ahí. Pero la incógnita era saber a dónde se la había llevado. Estiró los brazos por encima del parabrisas roto y le quitó el seguro a la puerta del copiloto. Cargó a Heidi y la colocó en el asiento. Su sangre de la nariz ya estaba seca y esparcida por toda su blusa. Apretó un botón y todas las puertas quedaron sin seguro.
Se subió de inmediato y comprobó que todo estuviera en orden, de una patada seca derribó lo que quedaba del parabrisas. Amaba tanto su auto pero se alegró de que solo eso pasara.
Arrancó el matiz y se impulsó hacia adelante a una velocidad excesiva. Ni si quiera le importó pasar de largo en la gran avenida llena de autos, pasó sin cuidado e hizo rechinar las llantas de los demás autos.
Luke sostenía a Katheryn firmemente en sus brazos. Los dos estaban agazapados debajo de la cama de ella. Por instinto, Luke lo único que pudo pensar fue en el departamento de Katheryn y aparecieron ahí en un segundo.
Era eso o morir a manos de su primo.
Ella aun dormía. Relajada, tranquila y aliviada. Sin saber nada de lo que a su alrededor pasaba, pero el efecto de Ethan estaba por terminar. Katheryn apretó los labios con molestia y arrugó la frente.
-¿Estás bien, Katheryn?—le preguntó Luke, acercando su rostro al de ella.
Un golpe seco proveniente de sus frentes se hizo presente. Katheryn se levantó de golpe y chocó su frente con la de él.
-¡Qué te pasa!—se quejó.
-Tranquila, no te precipites. —se llevó las manos a la frente. —eso dolió.
-¿Qué hago aquí? ¿Por qué estoy…?—miró a su alrededor— ¿Estamos debajo de mi cama?
Con el ceño fruncido, Katheryn se deslizó por debajo y se irguió fuera de la cama. Luke hizo lo mismo pero se limitó a darle la espalda.
-¿Dónde está Ethan? Quiero ahorcarlo. —Dijo, exasperada. —usó de nuevo su truco para dormirme y tú me trajiste aquí.
-Era necesario.
-¿Por qué? si él mismo Ethan me dijo que no podía regresar a mi departamento.
-¡No sabía en qué otro lugar ir! Aquí fue lo primero que se me vino a la mente. —se sentó en la cama y miró un punto fijo en la pared. —Ethan no sabe que estamos aquí.
-¿Sucedió algo malo?—se sentó junto a él. Los dos miraban hacia la pared sin expresión alguna. Seguía aturdida por su sueño forzado, sus ojos le dolían y le lloraban. Dio un bostezo exagerando mientras esperaba la respuesta de Luke.
-No, pero tuve que pensar rápido. Una enfermera por poco nos descubre. —mintió. Sus ojos azules brillaban bajo la luz de la habitación. —Ethan no tardará en encontrarnos.
-¿Por qué debemos irnos? Al menos yo tenía planeado irme después de las fiestas navideñas. —Luke volteó el rostro para verla. —irme yo sola. Sin nadie más.
-¿Sola? ¿Por qué?
-Así ha sido mi vida. Y así seguirá siendo. —Puso sus manos sobre las rodillas y las frotó de arriba abajo. —y eso nadie lo cambiará.
-¿A qué te refieres con eso?
-Nadie me llevará a otra parte en contra de mi voluntad.
-¿Piensas que queremos raptarte o algo?
-Sí.
-¡Ethan te adora! Él solo quiere que estés a salvo. —Se quitó la gorra de beisbol y se hizo aire con ella. —estuviste solo unas horas en casa de otra persona, ¿y qué pasó? ¡Por poco pierdes la vida, Katheryn!
-He estado más veces en esa casa y nunca había pasado nada. Lo que pasó fue un accidente que pudo haber pasado antes o después.
-No vine hasta acá solo para verte morir, Katheryn. —carraspeó.
-Ahora que lo mencionas, Luke, quiero hacerte una pregunta.
Luke tragó saliva y se puso la gorra tratando de evitarla.
-Mírame y responde con la verdad.
-¿Qué quieres saber?
-¿Quién es Palmer y por qué desea asesinarme?—preguntó, tenía el rostro serio pero a la vez sentía miedo.
-¿De dónde escuchaste el nombre?—quiso saber.
-No importa. Solo dime. —insistió. Se inclinó más a él con la intención de presionarlo, pero él se retiró hacia atrás.
-Por supuesto que importa. ¿Dónde lo escuchaste?
Katheryn soltó una maldición entre dientes, resopló indignada y cerró los ojos.
-He soñado con esa tal Palmer varias veces y ayer la soñé de nuevo. Las veces anteriores nunca dijo su nombre o si lo dijo, no lo recuerdo. —dijo. —pero esta vez me dijo claramente que ella era Palmer, la única elegida, y que quiere matarme. Y a juzgar por tu rostro que tienes ahora, me doy cuenta que la conoces más de lo que pensaba.
Luke tenía el rostro sudoroso, la gorra de beisbol tenía una pequeña mancha de sudor a los lados, y sus manos transpiraban más que cualquier cosa.
Se mantuvo en silencio.
-¿No piensas decir nada?—espetó ella, quiso abofetearlo pero se lo pensó dos veces. — ¡Luke!
-Ethan te dirá todo lo que desees saber. Yo no puedo.
-¿Por qué no?
-Es difícil de explicar, aparte yo no quiero tener problemas con Ethan. Pero quiero que sepas que aunque por desgracia apenas nos conocemos, puedes confiar en mí. Después de todo, nosotros somos como hermanos que nos une un pasado terrible. Tenemos que estar unidos todos para poder seguir existiendo en este mundo.
-Hablas como si nos fuéramos a morir en cualquier instante. —Sonrió, más tranquila. —por algo somos inmortales. No moriremos tan fácilmente.
Luke asintió, conmovido por la dura inocencia e ignorancia de ella. Después de todo, ¿Quién no podía quererla, siendo tan dulce y simpática?
Se odió a sí mismo por no haber llegado antes a la vida de Katheryn. Ahora ella estaba con Ethan. Y por lo que tenía entendido, ellos solo se enamoran una sola vez y para siempre. ¿Qué cómo lo sabía? Se había pasado los últimos cien años buscando información en todas las bibliotecas que encontraba para saber algo de lo que era él y los demás. Apenas cincuenta años antes, supo lo que era cuando Palmer lo encontró y le mostró un libro peculiar—se miraba a leguas que era alguna clase de réplica de otro libro, porque había tachaduras y palabras entre líneas—donde decía lo que él había estado buscando por años. Era Un elegido más de diez Elegidos. Siglos atrás habían existido más Elegidos y ahora él estaba en un nuevo ciclo.
En el libro contaba una leyenda muy antigua, del año 470. Donde un rayo le había causado la vida eterna a una muchacha y una belleza excesiva—la muchacha se llamaba Juno Weber, tenía quince años y fue llevada a la hoguera junto con su abuelo, pero antes de morir se le oyó gritar “Yo no soy la única. Dentro de poco, habrán más como yo y se van a arrepentir”. —y luego aparecía los indicios sobre lo que “supuso” la persona que escribió el libro y debían de tener aquellos que habían sido tocados por los rayos, tanto virtudes y desgracias: Belleza, vida eterna, enamorarse de una sola persona para siempre, ver morir a sus seres queridos y a vagar solos por la eternidad. Pero nunca podían enamorarse de otro elegido, estaba prohibido—pero esa regla, Palmer la había inventado. Luke lo sabía porque estaba escrito con tinta reciente. —por ningún motivo podían juntarse todos los elegidos. Pues eso, ocasionaría un caos. Los elegidos por naturaleza tenían que estar separados o sino, al encontrarse, tenían que pelear a muerte. Y solo uno tenía derecho a seguir viviendo.
Luke al leerlo, se deshizo del libro tirándolo en un cubo de basura. Al final de ese libro, había algo escrito que no podía distinguirse, hablaba algo sobre una llave y de otro libro, sintió más ganas de desaparecer. Deseó con todas sus fuerzas no haber encontrado a Palmer, pero fue demasiado tarde. Ella era dueña de ese libro y lo tenía consigo.
Y ahora, Katheryn había sido escogida para morir primero. Katheryn no solo había violado la regla que Palmer había puesto, sino que, ahora tres de ellos estaban dispuestos a protegerla.
Semáforos en rojo, bocinas de autos y gritos obscenos de personas irritadas. Eso era lo que Ethan y Heidi escuchaban al pasar las calles transitadas. Eran las diez con cuarenta minutos de la noche y ninguno de los dos tenía idea de dónde ir.
-¿No has pensando que, tal vez, estén en el departamento?
-Luke sabe lo que pasó hace unas horas, no es idiota. —dijo, aferrado al volante.
-Nada pierdes con buscarla allá.
-¿Y si no están? ¿A dónde iremos?—estaba irritado, sus ojos verdes destellaban angustia. — ¿Por qué demonios Brenda y Jake tuvieron la estúpida idea de venir justo hoy? ¿Por qué no mañana?
Heidi sacó su teléfono, con la palma de su mano se limpió la sangre seca que tenía en su nariz y marcó el número de Luke. Con el ruido de la ciudad, le resultaba difícil escuchar con claridad. Al quinto timbre, respondió.
-¿Dónde diablos te metiste? Aquí Ethan está exasperado por encontrar a Katheryn. —dijo ella, con recelo.
-Estamos en el departamento. Vengan por nosotros.
-¿Qué hacen allá?
-Aquí fue el primer lugar que se me vino a la mente.
-¿Cómo está ella?
-Ella está bien, ahorita está preparándome café.
-Pues date prisa, porque en cuanto lleguemos nos largamos.
-Da igual. Te dejo, tomaré café hecho por Kath. —rió y colgó.
Al parecer Ethan ya había escuchado perfectamente todo, frenó de golpe e hizo girar el volante. El matiz dio una vuelta en “U” haciendo rechinar las llantas en el asfalto y no faltó de nuevo las groserías y las bocinas de los demás autos de atrás.
-¿Qué demonios hacen allá?—preguntó él, pasándose una mano en el cabello.
-Agradece que Katheryn está bien. Pudieron haber muerto los dos.
Hubo un gran silencio. Ethan aferraba los dedos al volante y tenía la mandíbula apretada.
-Lo que necesitamos hacer es irnos del continente. —dijo él, mirando por el espejo retrovisor. —Palmer se aburrirá de buscarnos.
-¿A dónde quieres ir? Las Vegas era una gran idea para ti hace unas horas. —se cruzó de brazos.
-No. Y tampoco iré a Inglaterra, eso no. —musitó. —quiero ir a Suecia a ver a ya sabes quién. —La miró, Heidi contuvo la respiración. —si vamos para allá, Palmer no podrá seguirnos, ella le teme.
-¡Ethan, ella no sigue viva! ¡Es solo un rumor!—carraspeó, indignada.
-Aunque no esté viva, iremos a Suecia.
La cafetera que tenía Katheryn estaba algo descompuesta, pero a pesar de eso, el café que lograba salir de ahí, salía delicioso. Sacó dos tazas medianas y vertió el café con cuidado, Luke la observaba fascinado.
-¿Qué tanto me miras?—le preguntó ella, sonriendo.
Cogió su taza y le dio un sorbo, buscó entre las alacenas y sacó un rollo de galletas con azúcar.
-¿Amas a Ethan?—le preguntó él de repente. Ella dejó a medio tomar su taza y la dejó de nuevo en la mesa.
Sus ojos azules de Luke brillaban bajo la luz de la cocina y los grises de Katheryn no demostraban nada, solo perplejidad.
-¿Qué?
-¿Lo amas o solo te gusta?—le dio un sorbo y cogió una galleta.
-¿A dónde quieres llegar con esa pregunta?—elevó las cejas y bebió otro trago.
-Simple curiosidad. —se encogió de hombros.
Los dos se mantuvieron en silencio.
El departamento estaba en total silencio, solo algunos autos pasaban a toda velocidad afuera. Ningún matiz vino.
Katheryn miró su reloj de la pared y frunció el ceño. Las manecillas marcaban las once y diez de la noche. Luke bebió hasta la última gota de su café y se dedicó a comer la única galleta que quedaba en seco. Sus ojos azules no se despegaban del rostro de ella.
-¿Sabes? Iré a hablar con George. Es extraño que no lo haya oído pasar por los pasillos como es de costumbre. —se levantó y fue en busca de su chaqueta para salir.
-El portero no está, Kath. —dijo él, con nerviosismo.
-¿A dónde fue?
-Se ha ido. Dijo que ya no tenía por qué estar aquí y se marchó.
-¿No te dijo por qué?—arqueó una ceja, sin entender. —él no se marcharía sin decirme.
-La verdad es que él habló con Ethan y yo solo lo vi irse.
-Hablando de Ethan, ¿a qué horas vendrá?
-¿Te irás con nosotros?
-No.
-Pero, ¿Por qué…?
-Solo quiero despedirme. Porque no pienso ir a ningún lado. —se cruzó de brazos y se sentó de nuevo a la mesa.
-¿Por qué insistes en estar sola? Todos los que están aquí morirán. Si estamos los cuatro juntos, podremos vivir toda la vida. —alargó una de sus manos para alcanzar la de ella, sus dos manos masculinas cubrieron las de ella como si fueran las de una niña pequeña. —Ethan te protegerá con su vida, Heidi también lo hará…-sonrió. —Y por supuesto, —sonrió aún más, a los laterales de sus ojos aparecieron pequeñas arruguitas. —yo también lo haré.
-¿De qué me protegerán?—preguntó, irritada. — ¡Si quieres que vaya con ustedes, habla con la verdad! todos me están ocultando cosas.
-Lo sabrás a su debido tiempo. —retiró sus manos de las de ella.
-¿Eso tiene que ver con esa tal Palmer?
Él giró el rostro a la izquierda y se dedicó a contemplar el recipiente vacío de azúcar que estaba en la mesa. Eso hizo enfurecer a Katheryn. Cogió el recipiente de azúcar y lo azotó en el suelo. Los cristales se esparcieron por toda la cocina. Luke alzó sus ojos azules para verla, estaba sorprendido por la reacción de ella, pero a la vez feliz. Feliz por qué ella no era débil.
-¡Respóndeme, maldita sea!—gritó ella.
-Ethan te dará las respuestas, ya te lo dije.
Aburrida y exasperada, Katheryn se levantó de la mesa y se dejó caer en su sofá para ver la televisión. No había nada interesante para ver, así que decidió darse una ducha para hacer tiempo y encarar a Ethan fresca y fuerte.
-Me daré una ducha, si viene Ethan dile que me espere. —le avisó. —por ningún motivo dejes que entre a mi habitación.
Asintiendo, Luke se mofó en el sofá para ver una serie policiaca y esperar a Ethan y a Heidi. Pero en vez de ver la televisión, su mente vagó muy lejos. En su mente estaba un rostro muy femenino, sonriente y coqueto. Clara. La mejor amiga de Katheryn era hermosa, Katheryn también lo era pero él no podía tratar de conquistarla porque Ethan lo asesinaría. Deseaba ver una vez más a Clara Ponce. Sabía que tal vez esa noche sería la última vez que estaría en California y si lograba salir con vida, regresaría uno o dos siglos después, donde Clara ya no existiría, ni sus hijos ni sus nietos.
Rascó su negra cabellera con los dedos. Estaba agobiado, estaba indeciso. Quería ir a ver a Clara y despedirse de ella pero no podía dejar sola a Katheryn. Era probable que Jake encontrara la dirección—aunque de seguro ya la sabía pero no tenía idea de que estaban ahí—.
En la siguiente habitación, Katheryn estaba preparando la bañera. Aquella bañera fue un regalo de cumpleaños por parte de Brenton y de Clara. Nunca la utilizaba, pero aquella noche era necesario. Había sufrido pulmonía y había estado hospitalizada un día entero y necesitaba relajarse en agua tibia y olorosa.
Vertió sales con olor a incienso y a frutas. Se despojó de toda su ropa, se amarró el cabello con una liga y metió sus piernas primero, luego el resto de su cuerpo. La sensación que experimentó, fue inexplicable. Ella sola, adentro de la bañera, sin ningún ruido, se sentía lo bastante bien como para dejar California e irse con tres sujetos al fin del mundo, —aunque amara a uno de ellos— jamás se iría. Su vida tenía que seguir como siempre lo ha sido. Tranquila y a su manera.
Sus ojos grises recorrían su propio cuerpo lentamente, acarició sus piernas y sus brazos, imaginando que sus manos eran las de Ethan, que él la tocaba.
Y por primera vez en su larga vida, se masturbó pensando en un hombre.
Nunca había tenido la necesidad de hacerlo por qué cualquier hombre siempre estaba dispuesto a ir a la cama con ella. Y a pesar de ser la “pareja” de Ethan, no había tenido intimidad con él.
Los minutos pasaron, ella seguía masturbándose con sus propias manos, fingiendo estar con Ethan en la bañera. Pero aquel momento de intimidad consigo misma se esfumó al escuchar la puerta de su habitación abrirse precipitadamente. La voz de Luke resonó en el baño, al parecer estaba tratando de detener a Ethan, tal y como ella se lo había pedido.
-No voy a hacerle nada, apártate. —le dijo Ethan, exasperado.
Ella aprovechó para estirarse y cerrar con pasador la puerta.
-Se está dando una ducha larga, espera a que salga. —le respondió.
-No es hora para eso. Es hora de irnos.
-Ella me pidió que no te dejara entrar, ahora espérala afuera.
-Pero…
-No seas patético, Ethan. —Dijo Heidi, al parecer estaba molesta también. —déjala bañarse. Quiere estar sola.
Segundos después, dos pares de pisadas salieron de la habitación.
-Hey, Kath. —susurró Luke a través de la puerta. —Ethan estará en la sala, no te preocupes.
-Gracias, Luke.
En la sala, con humor lleno de irritación, estaba Ethan. Llevaba dos noches sin dormir y tenía los nervios de punta. Heidi le hizo un té de relajación pero eso lo alteró más.
-Nos iremos a Suecia. Ya lo decidí. —dijo Ethan de repente. Luke le lanzó una mirada de osadía, sin comprender.
-Pensé que iríamos a las Vegas.
-Lo pensé bien y decidí irnos del continente. —Replicó Ethan, bebió un sorbo del té y lo dejó en el suelo. —necesitamos descansar. No soporto la cabeza.
Con el ceño fruncido, Luke se sentó junto a él y le palmeó el hombro. Heidi bajó a la calle para sacar algunas mantas que había guardado horas antes en el auto. Al parecer, pasarían la noche aun en el departamento. El reloj marcaba con tenacidad las once cuarenta de la noche.
La puerta de la habitación de Katheryn se abrió. Ella salió con un pijama que le pertenecía a su amiga, que consistía de un pans azul y una playera sin mangas del mismo color. Su cabello estaba húmedo pero ordenado.
Ethan dejó de beber su té, solo para verla.
-Florecilla, me alegro que estés bien. —sonrió, con cansancio. Se levantó del sofá y fue hacia ella para abrazarla.
-Espera, Ethan. —le dijo ella, poniendo ambas manos al frente.
-¿Qué sucede?
Antes de hablar, Katheryn observó el rostro cansado de él. Sus brillantes ojos verdes esmeraldas carecían de aquel brillo de siempre.
-Nada, olvídalo. —llevó sus delgados brazos al cuello de Ethan y lo abrazó con todas su fuerzas. Independientemente de lo que pasara, sabía de ante mano que él la cuidaría.
Los fuertes brazos de Ethan se enroscaron a la perfección en la cintura de Katheryn y su rostro lo ocultó en el cabello húmedo de ella inhalando su aroma. Permanecieron así durante varios minutos.
Katheryn olfateó el aroma de Ethan, olía a su perfume tan varonil de siempre pero revuelto con sudor. Un olor agradable.
Heidi pasó de puntitas detrás de ellos para hacer más té pero Luke la agarró de la mano y la obligó a sentarse en el sofá para que no deshiciera aquel momento de Ethan y Katheryn.
-Ellos ni si quiera se darán cuenta cuando yo pase detrás. —susurró Heidi, enfadada.
-Espera a que se separen y sonrían. —arqueó las cejas y se llevó a la boca un trozo de galleta. —Katheryn aún está confusa, no quiere irse con nosotros y hay que esperar a que ese abrazo tan tierno la haga cambiar de opinión.
-Cierto. —Susurró más bajo. — ¿Por qué no vamos al departamento de Ethan, y dejamos a estos dos tortolos solos?
-Vamos.
Los dos se escabulleron por el balcón.
El departamento quedó en silencio.
Pero ellos permanecieron abrazados sin ninguna preocupación.
Sin nadie más a su alrededor.
Pero los buenos momentos nunca duran para siempre.
En el balcón, la sombra de una persona estaba observándolos, sin hacer el menor ruido. Sin ser apenas presenciado por nadie.
Los observaba, embozando una ridícula sonrisa llena de sarcasmo y aburrimiento.
-¿Quieres dormir un poco? Estás agotado. —dijo Katheryn, aun pegada a él. Su voz se escuchaba apagada estando apretada contra el pecho de Ethan.
-Eso no te lo puedo discutir. —respondió él, besando su delgado hombro de Katheryn.
-Entonces preparé algo leve para que cenemos los cuatro y luego dormiremos, ¿te parece?
-Pensé que estabas molesta por lo que te hice.
-Ethan Quin, esa charla será mañana. Ahora no es un buen momento. —por fin, separó su cuerpo del suyo y estiró los brazos con una sonrisa.
-De acuerdo, Florecilla. —sonrió, y dio un bostezo.
Katheryn barrió toda la sala de su departamento con sus grisáceos ojos y frunció las cejas.
-¿A dónde se fueron ese par de. . .?
Pero su pregunta quedó flotando en el silencio que irradiaba la noche y oscuridad, la luz de la sala se apagó de repente, ella divisó a aquella persona que se ocultaba detrás de la puerta del balcón. Ethan se dio la vuelta y empujó a Katheryn para atrás.
-Sé que estás ahí. No te escondas y da la cara. —gruñó Ethan. Pero Katheryn no entendía lo que estaba pasando, permaneció agazapada a las espaldas de él. —puedo ver tu sombra, sal de ahí.
Pero no hubo respuesta de por medio. La sombra permanecía parada, estática, sin moverse.
-¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es esa cosa que está en la puerta?—preguntó ella.
-Es un elegido más, Florecilla, —susurró, apenas su voz era audible para Katheryn. —pero no tiene buenas intenciones.
-¿Qué quieres decir?
-Él no es como Heidi y Luke—pasó saliva y se relamió los labios. —cuando te diga que corras, corres. Cuando te diga ocúltate, ocúltate.
-¿Por qué?
-Solo hazlo. —siseó. Sus ojos estaban pegados en la sombra.
Katheryn asintió titubeante. Se mordió los labios y volvió la cabeza hacia la puerta. Estaba a tres metros y no sabía a donde ir cuando llegara el instante de correr. Aunque no sabía que era lo que estaba pasando.
Un breve movimiento hizo que Ethan se tensara más, aquella sombra estaba jugando con él y estaba esperando el momento para sorprenderlo.
-¡Deja de jugar, Ben! No es necesario que uses tu poder de Batman para camuflagearte de nosotros. —carraspeó. —solo estás asustando a Katheryn.
-Yo no estoy aquí para tener una charla con ninguno de ustedes. —respondió una voz masculina, que provenía de aquella silueta en la oscuridad.
-Entonces si no estás para eso, puedes marcharte.
-Dame a la chica, Quin. Dámela y nadie saldrá herido.
-El plazo es hasta enero, recuérdalo.
-¿Qué plazo?—terció Katheryn.
-¿Por qué no se lo has dicho? Pensé que querías que ella lo supiera. —se burló y dio un paso adelante, dejando atrás la penumbra. A pesar de ya no estar como una sombra, no se podía distinguir su rostro.
-No es el momento. —Ethan apretó los puños.
-Oye, Palmer quiere hablar con ella antes de…
-¡Cierra la boca!—gritó Ethan.
-¿Palmer?—preguntó Katheryn. — ¿Conoces a Palmer?—miró a Ben, él asintió.
-Perdóname, Florecilla. Me odiarás más pero es necesario.
Y de nuevo, con solo haber pasado la palma de su mano frente al rostro de ella, Katheryn cerró los ojos y se fue hacia atrás. Ethan logró sostenerla y dejarla en el suelo.
-¿Qué crees que haces? La boba pronto podrá bloquear tu poder, Quin. —rió con fuerza. —anda, está dormida, dámela y aprovecha que tienes más tiempo para vivir.
-No te daré a Katheryn. Haz lo que quieras pero de aquí no saldrás con ella.
-No quiero pelear contigo, recuerda que la última vez por poco te mato. —embozó una sonrisa de orgullo.
Ethan recordó brevemente el enfrentamiento que tuvo con Ben. Por un simple abrigo, Ben le riñó. Pelearon y como Ethan era principiante, sufrió heridas graves pero se le curaron en dos horas, pero durante esas horas sintió que de verdad iba a perder la vida.
Ben salió completamente de la oscuridad y Ethan logró ver su rostro. Su cabello estaba más largo que la última vez que lo vio, le llegaba por debajo de las cejas. Con el cabello así, parecía algún artista sacado de Hollywood.
-Antes que nada, quiero hablar con Juno y Paul. —dijo Ethan.
-Paul está escondido en algún sitio del mundo como una asquerosa rata, se anda pasando de fiesta en los sueños de tu querida Katheryn y Juno, —rodó los ojos con exasperación. —esa estúpida elegida antigua murió hace muchos siglos. Y lo sabes.
-Estoy seguro que ella aún vive y voy a encontrarla. Ella podrá matarlos a todos los que quieren acabas con Katheryn. —espetó, furioso. —ahora lárgate de aquí.
-Mira, Quin. —Alargó su delgada mano y la cernió alrededor de su cuello de Ethan, lo empujó y lo estampó contra la dura pared. —yo no vine aquí para hablar de antigüedades, vine por Katheryn Levis. Así que no te interpongas en mi camino o esta vez te mataré primero.
-Yo creo que no, Justin Bieber barato. —Luke apareció detrás de Ben y detrás de Luke estaba Heidi.
Ben soltó el cuello de Ethan y se dio la vuelta para encararlo, pero antes de poder hacerse un lado, Luke lo sujetó de la espalda y le sonrió.
-Espero que te guste la muralla china, Ben. —dijo Luke, y en un segundo, desapareció junto a Ben.
El sol brillaba radiante, como siempre, sus rayos entraban por el balcón y justo en el rostro de Katheryn. Eran las diez de la mañana y lo que la había hecho despertar era la canción de llamada del teléfono de alguien. Abrió los ojos desorientada y observó todo a su alrededor. Estaba en el suelo, junto al balcón y detrás de ella estaba Ethan. Al verlo, sintió ganas de estrangularlo, estrangularlo como si no hubiese un mañana, pero en vez de eso, sacudió la cabeza y se puso de pie. En el sofá, estaba Luke y Heidi durmiendo plácidamente.
En la mesa de la cocina sonaba el teléfono de Ethan, a paso lento, caminó hacia la mesa y lo cogió. El número que marcaba era de Clara. Al responder, Katheryn tragó saliva y miró a Ethan por el rabillo del ojo.
-¿Ethan? ¡Ethan, donde demonios llevaste a Katheryn!—gritó ella cuando Katheryn apretó el botón de responder.
-Soy yo, Katheryn.
-¿Katheryn? ¡Cielo mío! ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Por qué te largaste así de la nada del hospital? ¡Aun no debías salir! ¿Dónde estás?
Las preguntas salieron precipitadamente de los labios de su amiga.
-Estoy en mi departamento. —respondió. No sabía si era buena idea decírselo ya que era posible que Clara se dejara venir del hospital y armar un escándalo. —pero en unas horas me iré.
-¿Irte? ¿A dónde?
-No lo sé. Me iré con Ethan. —se sentó a la mesa.
Jugueteó con algunas pelusas del pijama de su amiga—el único recuerdo que tendría de ella—. Y respiró profundo.
-Espera, ¿De qué hablas? ¿Por qué te irás con él?—su voz subió de tono. —apenas lo conoces de dos meses o menos, ¿estás loca o qué?
-Es difícil de explicar, Clary. . . pero quiero que sepas que eres mi mejor amiga y que siempre te querré. —suspiró, con tristeza. —no intentes llamarme, ¿sí?
-¿De qué hablas? Me estás asustando.
-¿Cómo sigue Brenton?—preguntó Katheryn, apaciguando su corazón y tratando de cambiar el tema.
-Ha despertado, por eso te estoy llamando. —No podía ocultar su alegría. — ¡Tienes que venir! Quiere saber qué tal estás y pedirte disculpas.
-No es necesario. Dile que no tiene la culpa de nada, fue un accidente.
Hubo un breve silencio.
-¿Katheryn?
-¿Qué ocurre?
-¿En serio piensas irte con Ethan?
-Sí. . .
-Dime la razón para que yo no te insista más y te deje ir.
-Por qué lo amo, eso es todo. —se mordió los labios y buscó con los ojos a Ethan y para su sorpresa, él estaba sentado en el brazo del sofá, mirándola y sonriendo con ternura. Katheryn se ruborizó y apartó la mirada de él.
-Eso lo tengo entendido, pero, ¿Por qué te vas?
-Te tengo que dejar, ¿sí? Te quiero. . .
Cortó la comunicación y dejó el teléfono sobre la mesa. Soltó un respiro y se llevó las manos a la cabeza. El episodio de la noche anterior la había dejado más confundida que antes. Aquel sujeto conocía a Palmer, conocía a esa chica que tanto quería conocer y nadie le decía nada.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí, Ethan?—le preguntó ella, sin despegar la mirada de la mesa.
Sintió la presencia de Ethan detrás de ella.
-Desde que te levantaste, Florecilla. —susurró él en su oreja. Deslizó sus fuertes brazos alrededor de ella y la abrazó.
-¡No estoy contenta contigo!—gritó ella, pero él no se apartó.
-Fue necesario, Florecilla. Créeme que odio hacer eso con las personas y más contigo, pero no tenía opción.
-¿Opción? Me has dormido varias veces, dos que no me di cuenta y dos que en mi propia cara lo hiciste.
-Y lo seguiré haciendo si eso hace que sigas con vida.
Katheryn contuvo la respiración y apretó los brazos de Ethan con bastante fuerza.
-Quiero que me digas ahorita mismo que es lo que pasa. —dijo ella, con firmeza.
-Te diré cuando sea el momento, ¿de acuerdo?
-¿Qué?—frunció el ceño. —dímelo ahora. Tengo tiempo.
-Como ya sé que te irás con nosotros, tendremos suficiente tiempo para hablar de eso. —le besó la frente. —ahora quiero desayunar, ducharme y largarnos rápido.
-Ethan, ¡Por favor!—insistió.
-Ya te lo dije, Florecilla. Pronto. —le robó un pequeño beso en los labios y sonrió, a cada lado de sus ojos aparecieron pequeñas arruguitas.
Una hora más tarde, los cuatro ya estaban listos y bien desayunados. Listos para irse directo a Suecia.
California ya no era un lugar seguro para nadie. Ni si quiera para los tres, sacando a Katheryn. Ahora eran los cuatro los que debían huir para salvar sus vidas.
Ethan optó por irse en la autopista libre, llegarían directo a Nueva York y allá cogerían un avión que los llevaría justo en la capital sueca. Pero para llegar a Nueva York pasarían varias horas en la autopista. Katheryn recordó el viaje que había tenido con Ethan días atrás. Pasarían de largo en su ciudad natal.
-Quiero ir al sanitario. —dijo Luke, llevaban treinta minutos de camino. Heidi soltó un suspiro.
-Acabamos de salir del departamento, ¿Qué rayos te pasa, Luke?—espetó Ethan, malhumorado.
Katheryn iba en el copiloto, mirando al frente, donde días atrás aún estaba el parabrisas en buen estado. Ahora había un parabrisas diferente. Ethan había llevado el matiz a un mecánico y compró un parabrisas usado para no viajar sin cristal.
-De acuerdo, estaciónate. Haré mis necesidades en algún lado. —protestó Luke.
Ethan rodó los ojos y se fue orillando hasta que quedó estacionado. Un par de autos pasaron a toda velocidad.
Luke bajó de prisa y corrió detrás de un árbol. Katheryn aprovechó para hablar.
-¿Qué pasó ayer con ese sujeto llamado Ben?
Heidi y Ethan se miraron a través del espejo retrovisor.
-Luke lo llevó de paseo a China.
-¿Qué quería ese tipo? ¿Por qué hablaron de un plazo?—volvió a preguntar, deseosa por saber.
-Hoy en la mañana te dije que. . .
-¡Ya estoy harta! ¡No pienso esperar para que me digan que sucede!—dijo, irritada.
Segundos después, con una gran sonrisa, Luke abrió la puerta y se subió. Pero al ver el rostro de los tres, su sonrisa se esfumó y resopló.
-¿Qué demonios pasó aquí?—preguntó. — ¿A caso esperan a que yo desaparezca para hablar de algo tedioso? ¡Hablen de nuevo! Yo también quiero tener sus caras.
-No hablamos de nada interesante. —masculló ella. —lo de siempre. Yo pregunto, y ellos se callan.
Luke enmudeció y contrajo su rostro como ellos.
-¿Lo ves? ya pusiste tu cara igual. —Katheryn bajó la ventanilla. —ahora ya sabes el chisme.
Volvieron a integrarse en la autopista.
Los cuatro mantuvieron la boca cerrada. Mientras miraba la ventanilla, Katheryn cerró los ojos durante un rato, pero sin querer se quedó dormida.
El bosque de siempre, la oscuridad de la noche, el silencio penumbroso. De nuevo estaba soñando.
Solo que esa vez estaba vestida diferente, tenía un pantalón corto y una blusa ligera. El viento frío le alborotaba su gran melena negra con mechones plateados. Los arboles silbaban con el aire, y una niebla que le llegaba a la rodilla se expandía todo a su alrededor.
La luna estaba oculta por nubes grises, no había ninguna estrella. Solo silencio, oscuridad y soledad. La soledad siempre había sido su mejor amiga y lo seguiría siendo hasta el último día de su vida.
Descendió por una colina—la misma que había subido con el anciano Paul—. Miró todo a su alrededor y no se sintió amenazada, sino al contrario. Se sintió en paz y relajada.
-¿Qué relajante está la noche, no?—la voz de Paul la hizo sobresaltarse. Era costumbre del anciano asustarla de esa manera.
Paul estaba parado junto a ella, sonriendo con naturalidad.
-¿Qué haces aquí?
-Estoy seguro que esta vez si podremos hablar con libertad, Katheryn.
-Primero que nada quiero preguntarle, ¿Quién es usted?
-Soy alguien que también fue tocado por un rayo y no murió. —se pasó una mano por su cabello canoso.
-¿Eres un elegido?
-No, no lo soy. —sonrió. —pero soy algo similar a ustedes.
-De acuerdo. —dijo ella, sin entender. De repente, recordó la charla que habían tenido la vez pasada. — ¿Qué era aquello que no podías decirme? ¿Es algo relacionado con Palmer, la chica que se metió en mi mente?
Él asintió sin temor ni cautela. Katheryn sintió un alivio de ver que Paul no trataba de evadirla como Ethan.
-Mira muchacha, todo esto que está pasando ya ha pasado muchas veces atrás. —dijo. —pero tú eres una elegida diferente. Eres la más fuerte que ha existido después de tantos siglos. Tienes una fuerza interior impresionante, yo estoy aquí desde el año 4OO y fracción, ha habido cientos de elegidos a lo largo de ese tiempo y tú eres distinta.
Katheryn ni si quiera sabía con exactitud lo que el anciano decía, pero lo escuchaba con atención.
-No quiero asustarte y mucho menos quiero que pierdas el control de ti misma. —Se rascó las sienes. —estoy perturbado. Debiste saberlo desde hace tiempo pero ya sé la razón por la cual no te enteraste antes. Te eligieron a ti primero, por desgracia.
-¿Primero? ¿Pero, de qué?—preguntó, con los ojos entornados.
-Caminemos. Es más fácil decírtelo así. —se dio la vuelta y comenzó a caminar en la oscuridad. Ella lo siguió de cerca, pero tropezó con una roca y cayó de bruces.
-¡No veo nada!—se quejó.
-Es tu sueño. Puedes poner faroles de luz o hacer que salga el sol. —le respondió Paul, sin dejar de andar por la oscuridad.
Katheryn deseó tener faroles de luz ultra clara y en un segundo cientos de faroles aparecieron en el bosque. Todo se miraba radiante, parecía Central Park de Nueva York.
-Así está mejor.
-Lo sé. —Paul la miró de reojo. —pon bancas metálicas. Nos podremos sentar más adelante.
Y así fue. Katheryn pensó en bancas cómodas para sentarse, que más bien parecían sillones.
-Nada mal. —arqueó sus canosas cejas.
-¿Podrías seguir con lo que estabas diciendo? Quiero que me digas todo lo que sabes.
Paul se aclaró la garganta, tragó saliva y abrió la boca:
-Los elegidos son personas jóvenes o adolescentes que son tocados por un rayo y no les quita la vida, sino lo contrario. Les da belleza, poderes e inmortalidad. Son de épocas diferentes y cada determinado ciclo, nacen diez elegidos. Ninguno sabe la existencia de los demás y cuando eso sucede, no pueden convivir entre ellos. Todos tienen en común su vida. Sufren la pérdida de su familia, vagan solos. Nunca se casan ni tienen familia. Y tampoco pueden enamorarse entre ellos—aquello dejó atónita a Katheryn. —todo es sensacional, no lo niego. Pero hay un detalle que lo hace espeluznante.
-¿Cuál es el detalle?
-El detalle es que, de los diez elegidos, solo sobrevive uno. Todos se tienen que matar entre todos y solo uno tiene que sobrevivir, pero después, los diez elegidos que vuelven a nacer, matan al elegido que quedó vivo de la ronda anterior. Y así sucesivamente.
Katheryn tenía los labios entreabiertos, respiraba dificultosamente.
-¿Y yo he sido elegida para morir primero?—preguntó, en un hilo de voz.
-Sí.
-¿Por qué yo?
-Por lo que te dije: Eres la elegida más fuerte que ha existido.
-Si soy la más fuerte, ¿Por qué no sabía nada de lo que era en realidad?
-Por qué así fue planeado. Una elegida lo ha estado planeado desde que se enteró de que tú eras la más fuerte. Te tiene miedo. No quiere morir.
-¿Por qué demonios no podemos vivir en paz, como siempre? ¿Por qué matarnos entre nosotros? Es algo estúpido.
-Es que así debe ser. —suspiró. —pero no todos quieren que mueras y que seas la primera.
Con el corazón desembocado, Katheryn comprendió que Ethan estaba arriesgando su propia vida para salvarla al igual que Luke y Heidi.
-Incluso hay alguien que ha sobrepasado los límites. —le acarició la cabeza a Katheryn. —Ethan se ha enamorado de ti, pequeña. Te ama y no dejará que nada te pase. Incluso está dispuesto a dar su vida por ti.
-¿En serio?
-Sí. —sonrió. —y me alegra que justo ahora se dirijan a Suecia. Allá me encontrarás y quiero que cuando me veas no digas nada de lo que hemos hablado.
Ella asintió, sin poder hablar.
-Todo lo que te dijo el anciano es verdad, salvo una cosa, Katheryn. —la voz de Palmer interrumpió a Paul. Tanto él como Katheryn se dieron la vuelta para verla.
-¿De nuevo estás en mi cabeza?—espetó Katheryn, irritada. — ¡Lárgate!
-¿Qué haces aquí, Palmer?—preguntó Paul, con aburrimiento. —ya le he dicho todo. Ahora ella podrá prepararse para pelear contigo.
-No le has dicho toda la verdad. —sonrió ella, con malicia.
-¿De qué hablas?—terció Katheryn.
-Katheryn, Katheryn, Katheryn. —cantó Palmer, mientras bailaba sobre las bancas tipo sillones. Su vestido negro ondeaba a cada vuelta que daba. —Ethan fue el primero que se ofreció para rastrearte. Él quería asesinarte con sus propias manos. Aun quiere acabar contigo, solo está jugando a qué te ama. Te detesta. Todos te detestamos. ¿Quién te amaría? Ni si quiera un humano. A parte, nosotros no podemos enamorarnos entre nosotros. Así que hicimos un plan para que cayeras redondita. Y lo hiciste. —rió. —estás enamorada perdidamente de él.
Katheryn tenía los ojos inundados en lágrimas, sus ojos grises buscaron a Paul pero él ya no estaba. Solo estaba sola con Palmer.
-Y si no me crees, pregúntale a Ethan. Pregúntale si es verdad que intentó asesinarte la vez que entró un ladrón a tu departamento dispuesto a matarte. Él le pagó a ese hombre para acabar rápido contigo pero se lo pensó y prefirió hacerlo él mismo.
-No te creo.
-No lo hagas si quieres. Pero, dime, ¿Cómo demonios crees que una persona puede amar a alguien en menos de dos meses? Tal vez tú sí, porque eres detestable y necesitas cariño. El cariño que tu madre te negó al descubrir lo que eras.
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