9

Fidel emitió un pequeño gruñido de puro disgusto, tirando de la corbata que se mantenía fuertemente apretada sobre su cuello, la cual estaba cortándole el oxígeno de una forma lenta y realmente tortuosa. Odiaba con todo su ser ese tipo de ropa tan formal, pero no pudo rechazar una orden directa de su alfa y mejor amiga cuando ésta le dijo que esa noche asistirían a la ceremonia de conciliación únicamente ellos dos como representantes de la manada; darían unas cuantas sonrisas falsas y unos cuantos apretones de manos antes de regresar a casa.
En definitiva, ellos solo irían para ser vistos como lobos que no tenían un por qué ser considerados como enemigos y se marcharían lo antes posible con todos sus quehaceres hechos. No obstante, Fidel no pudo aguantar todo el trayecto hacia la manada vecina y, en algún momento en el que Chiara no tenía puesta su atención sobre él, retiró la corbata de su cuello para, posteriormente, dejarla colgada en una rama de los tantos árboles que se encontraban por allí.
Así, cuando la alfa quiso recriminarle por eso, ya nada se podía hacer.
— Recuerda lo que hablamos antes de salir de casa —comentó Chiara, regalándole una mirada cargada de advertencia— No entres en sus juegos y mantén una sonrisa en tu rostro digan lo que digan —el chico asintió a regañadientes— No tardaremos mucho.
— No puedes obligarme a sonreír si no me has invitado a una copa de champán como mínimo —refunfuñó Fidel, tomando una copa de la amplia mesa de recepción— Menos mal que yo sé ofrecérmela solito, alfa desconsiderada.
Sin nada más que decir, se tomó todo el champán de un solo trago, depositando la copa de cristal totalmente vacía sobre el lugar de donde la tomó en primer lugar. Pocos segundos después, tomó otra copa con la intención de mantenerla consigo durante todo el tiempo que estuviera obligado a estar allí.
Así, cada vez que algún patán de los muchos que abundaban en aquella manada decidiera soltar alguna barbaridad, podría dedicarse a tomar un sorbito de la bebida antes de soltar algún merecido insulto que los llevara a una guerra que Chiara no estaba dispuesta a llevar a cabo, muy lamentablemente para él.
«Con las ganas que tenía»
— Pues empezamos bien —comentó a regañadientes, señalando de forma disimulada un punto en específico tras Chiara— Yo que tú no me acercaba a saludar —comentó con burla mientras la alfa se giraba para ver qué o a quién había señalado— No vaya a ser que esta vez golpee algo más que tu nariz.
Al fondo del amplio salón de la casa principal, es decir, la casa donde residía el alfa líder de la manada se encontraba la omega que en más de una ocasión logró cortar su respiración y hacer sentir a su animal interior en el más dulce y relajante limbo. Por supuesto, solo hasta que esa misma omega la golpeó y todas aquellas cálidas sensaciones se transformaron en desagrado y rabia.
— Creo que yo también voy a necesitar una maldita copa de champán —comentó Chiara, soltando un bajo gruñido mientras le arrebataba la copa a su mejor amigo y tomaba el contenido de ésta de un solo trago— O quizás algo mucho más fuerte.
Honestamente, la alfa creía estar perdiendo la cabeza.
¿Cómo era posible que aquel desagrado y aquella rabia que se instaló en su frío corazón en el último encuentro que tuvo con la chica hubieran desaparecido en el mismo instante en el que la vio aferrada al brazo de otra chica? ¿Cómo era posible el hecho de que parecía estar comportándose como la chica que conoció la primera vez en su visita al manantial, tan cohibida, delicada y tiernamente nerviosa mientras se aferraba al brazo de la chica que parecía ser su salvavidas en un evento en el que no parecía estar muy cómoda? ¿Por qué su loba tuvo que tranquilizarse como si su simple imagen fuera su droga?
— Mátame, Fidel —comentó a regañadientes mientras se dirigía hacia la mesa para tomar otra bebida más fuerte— Mátame.
El chico intentó contener las carcajadas, de verdad que sí.
Pero es que ver a su mejor amiga tan fuera de sí por una cachorra que la golpeó sin un motivo aparente más que el de una rabieta de niña caprichosa, era lo más gracioso del mundo para él.
— Salud, mujer —comentó con burla al ver cómo la alfa ingería otro trago de champán al no encontrar ninguna bebida que tuviese alcohol más que esa— A este paso vas a ser tú la que nos meta de cabeza en una guerra —rió más fuerte— Sabes que cuando coges el puntillo, se te va un poco la lengua con eso de la sinceridad y esas cosas.
Chiara emitió otro gruñido, esta vez de frustración, al saber que su mejor amigo tenía toda la razón. No es que la alfa no fuera sincera en la mayoría de las ocasiones, porque sí lo era, sino que más bien tenía que ver con el hecho de que diariamente intentaba utilizar las palabras menos hirientes si creía que la persona a la que le estaba diciendo la verdad resultaría muy dañada con otros términos.
Pero con alcohol recorriendo sus venas, esa especie de filtro no existía, por lo que acababa soltando todo tipo de cosas sin miramiento alguno. Si a eso se le unía el hecho de que esa pandilla de patanes no soportaba un mínimo comentario hiriente, el resultado era bastante predecible.
— Está bien —comentó la alfa en un bajo murmullo, más para sí misma que para su mejor amigo, tomando un profundo respiro— Lo mejor será que intentemos encontrar a Esaú, charlemos un poco con él y regresemos cuanto antes a la manada.
— ¡Me gusta ese plan! —chilló Fidel con entusiasmo, pasando su brazo por los hombros de la alfa— Cuando pasemos por el lado de la omega con fuertes cambios de humor, no la mires —comentó con diversión en un bajo murmullo, como si estuviera contándole un secreto— Y si aun así te dan ganas de besarla, tu mejor amigo hará que continúes andando —le guiñó un ojo, juguetón.
A pesar de la evidente diversión que la situación en sí misma estaba causándole al beta, para Chiara estaba resultando ser una completa desgracia, lo cual empeoró tras haber dado vueltas y más vueltas por el salón sin éxito alguno sobre la presencia del alfa Esaú.
— Iré a buscarlo por el resto de la casa —comentó Fidel, un tanto exasperado— Tú mejor quédate aquí por si decide aparecer mientras yo estoy en la pequeña excursión por la casa embrujada.
— Te estaré esperando justo aquí —comentó Chiara— Si está en el baño, tienes mi permiso para sacarlo de ahí a patadas, pero tráelo cuanto antes para poder marcharnos de una buena vez.
— Eso está hecho, jefa —comentó Fidel en respuesta, guiñándole un ojo— No te alteres demasiado.
Sin nada más que decir, el beta se giró sobre su propio eje y emprendió su marcha hacia algún lugar de la casa infernal, como a él le gustaba llamarle. Chiara, por su parte, quiso preguntarle sobre el motivo por el que dijo aquello, más desapareció tan rápido que solo tuvo tiempo para soltarle una maldición.
Pocos minutos después, sintió cómo alguien le proporcionaba un delicado apretón en su hombro para tratar de llamar su atención, lo cual provocó un revoltijo de inexplicables sensaciones, tanto en su animal interior como en ella misma.
— Hola —comentó la omega con una tímida sonrisa en sus labios— Al final has decidido venir.
¿Estaba de broma? ¿Realmente acababa de soltarle aquello después del puñetazo que le dio? ¿Quién estaba más loca de las dos? ¿La omega por actuar como si nada hubiera sucedido o ella por dejarse embaucar por esa actitud sumisa que la llevaría directa al infierno una vez más?
— Como no hacerlo después de tan hermosa invitación de tu parte —comentó Chiara en respuesta, regalándole una sonrisa cargada de ironía— ¿Qué tal está tu mano?
La tímida sonrisa en el rostro de la omega fue desvaneciéndose lentamente, dejando paso a una mueca cargada de nerviosismo. ¿Por qué la alfa estaba preguntándole por su mano? O, mejor dicho, ¿qué era lo que debía hacer?
— ¿Bien? —inquirió con cautela— ¿Por qué la... mmm... pregunta? —sin querer, emitió una pequeña risita nerviosa.
— No lo sé —comentó Chiara en respuesta, encogiéndose de hombros— Tal vez pensé que al golpear mi nariz, tu delicada mano resultó dañada en el proceso.
La omega emitió un pequeño jadeo, fruto de la sorpresa.
Sus manos viajaron por un pequeño instante hacia sus labios para tratar de acallar miserablemente el ruidito que ya había emitido, llevándolas poco después hacia la cara de la alfa, depositándolas en una cuidadosa y delicada caricia sobre las mejillas de la alfa mientras le regalaba una mirada cargada de preocupación y disgusto.
— Lo siento muchísimo —comentó Alana con verdadera angustia— No sé en qué estaría pensando cuanto te golpeé —prosiguió a regañadientes— ¿Te hice mucho daño?
Honestamente, Chiara deseaba saltar por la venta o, mejor dicho, quería correr hacia la terraza de la casa y saltar por ella para comprobar si caería de pie como los gatos solían hacer. Ojalá no lo hiciera y, por supuesto, ojalá su relativa inmortalidad viera su fin y, con ello, tanta confusión y tantos sentimientos enfrentados encontraran la paz.
¿Qué demonios estaba sucediendo con ella? ¿Qué demonios estaba sucediendo con la omega?
«Amor propio»
Se recordó la alfa a sí misma.
Definitivamente, necesitaba una buena dosis de amor propio porque lo que estaba sucediendo con ella no era normal. Por el amor de su Diosa, primero la dejaba marchar sin un rasguño cuando a cualquier otra persona le habría arrancado la cabeza presa de la rabia y ahora casi estuvo a punto de decirle que no sucedía nada; que la perdonaba.
— Ya te dije todo lo que necesitaba decirte en ese momento —comentó Chiara con seriedad, tomando las manos de la omega entre las suyas para alejarlas de sí misma.
El pánico comenzó a apoderarse lentamente de Alana.
¿Qué fue lo que le dijo a Eva? ¿Por qué su hermana no le contó que golpeó a la alfa en primera instancia? Joder, ella nunca había deseado golpear a nadie, pero lo estaba deseando tanto en ese momento que temió por ello.
— Eva, ¿por qué estás tan apartada de nosotros? —inquirió una voz masculina desconocida a sus espaldas.
Por supuesto, el temor se acrecentó a medida que se giraba lentamente para enfrentar al chico que, supuestamente, estaba intentando hablar con ella. Emitió un sonoro suspiro de puro alivio al saber que se trataba de Billy, pues Joselyn no paró de hablar en todo momento sobre lo mucho que le insistió al chico para que asistiera más éste se rehusaba a hacerlo.
Por tanto, era el único al que no conocía por no haberse incorporado antes al círculo de amigos de su hermana. Porque sí, la mejor amiga de Eva se encargó de presentárselos a todos de forma disimulada para que le fuera más fácil integrarse.
— Billy —comentó con fingida emoción, decidiéndose finalmente por darle un corto abrazo en forma de saludo— Creí que no vendrías —prosiguió con voz temblorosa— Es... —se calló, intentando encontrar la palabra perfecta— Genial.
— Lo sé —comentó el chico, regalándole una espléndida sonrisa— Yo también, pero Joselyn me dijo que vendrías y no quise perderme esta aburrida reunión si tú estás aquí —le guiñó un ojo, juguetón— Mírate, estás más hermosa de lo habitual.
«Ay, no»
Pensó Alana, sintiendo unas inmensas ganas de llorar.
¿Cómo decirle que se estaba equivocando de gemela?
Mierda, no podía.
— Bueno, resulta que iba a marcharme para que pudierais continuar coqueteando con más privacidad —comentó Chiara con seriedad, llamando la atención de ambos— Pero resulta ser que le dije a mi mejor amigo que lo estaría esperando justo aquí —señaló el suelo que estaba pisando— Así que os toca marcharos a vosotros, ¿no es eso fantástico? —inquirió— Así que, fuera.
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