Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 11

Emma

Se baja del taxi sin despegar la mirada del letrero en neón de El Sammy's Haven. Le sonríe, o al menos eso cree ella. Había salido de la cita con el doctor, y, al dar la dirección, se sorprendió a sí misma mencionando la antigua, la que compartió con Samantha muchos años atrás.

Tras darse cuenta del error, la siguiente dirección que vino a su mente fue esa. Necesitaba respuestas a una de los cientos de preguntas que resonaban en su cabeza: ¿Qué pasó con Nick?

Durante el trayecto, empieza a recordar todos los momentos vividos en ese lugar, buenos y malos. La puerta de cristal, con el letrero en letras blancas junto a la imagen de una bailarina sosteniendo una cerveza en pose sugestiva, le arranca una sonrisa. Viene a su memoria el recuerdo de ella y Sam ayudando a Sammy con el diseño para el club. A diferencia de otros, este no la golpea; lo siente como una caricia.

La primera sorpresa la encuentra detrás de la barra: el barman que alza la vista al escuchar la campanilla es nuevo. Sin decir nada, avanza hacia la mesa donde solía esperar a sus amigos: Samantha, Pierre, Alessandro, Jason y Nick. Los recuerdos, dulces y amargos, se mezclan en su mente mientras desliza las yemas de los dedos sobre la madera pulida. Allí habló por primera vez con Jason; tejió sueños con Samantha y Antwan; conversó con Alex; encontró en Pierre lo más cercano a un hermano; y creyó hallar el amor en Nick.

Nick, el chico que nunca volvió a buscarla después de su secuestro. Y lo entiende. Su cuerpo es un mapa de los crímenes cometidos contra ella y Pierre. La prensa se deleitó narrando los detalles del secuestro, mezclando datos verdaderos y falsos.

—Linda, es un honor tenerte aquí —dice Sammy.

—Espero no incomodar —se excusa.

—Tu presencia siempre será bienvenida —responde él, con firmeza.

Sammy se sienta frente a ella e intenta tomarle las manos, pero Emma las retira con sigilo. Si se siente decepcionado, no lo muestra. Ella espera que lo comprenda: la Emma que él conoció empezó a morir casi un año atrás, día tras día durante su secuestro, y exhaló su último aliento cuando Pierre lo hizo.

—¿Alessandro y Jason saben que estás aquí?

Niega en silencio, y su amigo asiente con expresión conciliadora.

Sammy levanta una mano al barman, mientras ella se hunde en sus pensamientos. Incluso a Anthony lo conoció en ese lugar, en esa misma mesa donde comenzó su pesadilla con aquel hombre.

Cierto día, Alessandro llegó acompañado de un hombre, de ojos grises extraños y mirada inquietante. Su acompañante era atractivo —no podía negarlo—, pero emanaba un aura oscura que le erizó la piel. Su padre siempre les decía que nunca dudaran de su sexto sentido: un Bradford podía distinguir a una mala persona, sin importar la máscara que usara. Y Emma, ese día, decidió hacerle caso.

Anthony coqueteó con ella toda la noche, incomodándola profundamente. Ya sabía por qué había llegado a América, según lo que le contaron Alessandro, Pierre y Jason: el tipo estaba casado —con la ex prometida de su mejor amigo— y, aun así, le lanzaba miradas descaradas. Ella lo ignoró durante toda la velada.

Al terminar la reunión, Alex estaba demasiado borracho para conducir, así que Anthony se ofreció a llevarlo a casa de Emma. No entendía por qué Alex había bebido tanto; solo tiempo después lo descubriría.

Aceptó el ofrecimiento, pero mintió: —Mi turno aún no termina. Me falta una hora.

En realidad, calculaba el tiempo que tardarían Jason o Pierre en llegar. No le agradaba ese hombre, y no quería dejar a Alex a su merced.

Aunque vivía cerca del trabajo, Emma no estaba en buena forma física y le costaría cargarlo sola. Al final, solo Pierre pudo llegar; Jason estaba fuera de la ciudad.

Fue ese día cuando Emma descubrió que Anthony Johnson era un ser oscuro. No solo por los regalos, flores y mensajes que le enviaba, sino por cómo trataba a Alessandro y a quienes lo rodeaban.

Gregori Bradford solía decir: «Es increíble cómo el ser humano tiene el poder de develar almas con facilidad y no lo usa». Emma nunca lo había entendido... hasta que conoció a Anthony.

Un hombre al que, finalmente, tuvieron que recurrir a la violencia para que la dejara en paz. Pierre, Jason e incluso ella misma se vieron obligados a usarla, solo para que aquel miserable abandonara su obsesión por ella.

—Jason y Alessandro están preocupados por ti —la voz de Sammy dispersa sus pensamientos, y ella alza la mirada hacia él—. Dicen que no has querido buscar ayuda.

—No la necesito —responde, girando la botella de agua que su amigo le ha entregado—. ¿Lo has visto? —pregunta, y Sammy la mira sin entender—. A Nick. ¿Lo recuerdas?

Tras una pausa —bastante larga para ella—, asiente en silencio. La mirada que le dirige le indica que le dirá la verdad, aunque no le gustará. Pero a ella no le importa. Hay demasiadas preguntas en su cabeza y ha decidido buscar respuestas para cada una, empezando por las menos importantes... o al menos eso quiere creer.

—La última vez fue un día antes de... —se interrumpe, y ella asiente, comprendiendo.

—¿No volvió más?

—No. Lo siento —se disculpa—. Tengo un par de amigos; si quieres, puedo preguntar por él.

—No es necesario —resopla—. Alex también se ofreció a ayudarme.

—Si necesitas ayuda... —su amigo duda, lo que la obliga a alzar la mirada y mirarlo—. ¿Lo pedirás?

—Sí —promete—. Pero estoy bien.

Sus palabras parecen calmarlo, pero él no termina de creerle.

La preocupación de ambos comenzó con el cambio en su vestuario y comportamiento. Abandonó los vestidos por trajes —pantalones, sacos, camisas—, incluso sus zapatos siempre son cubiertos. Llevaba consigo un arma y la daga de los Bradford, el único recuerdo que le quedaba de su padre. La sonrisa había quedado atrás, una reacción apenas lógica después de todo lo que había vivido.

Luego de unos minutos, Sammy llamó a Jason y le dijo que ella estaba con él, prometiéndole llevarla a casa al terminar la visita. Fue un encuentro que calmó una parte de su agonía. Y, aunque no obtuvo las respuestas que esperaba, entendió que el silencio también podía ser una respuesta. Si Nick se había alejado de ella, era por algo.

*****

Se enteró de que Pierre y Samantha le habían dejado a cargo de la sociedad, junto a Jason, de sus bienes. Una decisión que los padres de su amigo decidieron respetar, y ella hizo lo mismo. La mejor forma de rendirle homenaje era tomar las riendas de sus negocios y convertir esa empresa en un éxito.

Trabajaba con Jason, quien se había retirado de las fuerzas armadas para estar al frente de la empresa de vinos junto a ella. En resumen, le iba bien con él, aunque a veces la hiciera enojar, tanto que la idea de retorcerle el cuello le resultaba atractiva.

Como en este instante.

Jason está sentado frente a ella, piernas cruzadas, en total relajación. Atrás quedó el corte militar de su época de servicio al país. Ahora lo llevaba largo, provocando suspiros en el personal femenino.

Pero no en ella, que sabía lo insufrible que podía ser.

—¡No tiene por qué ventilar mi vida! —le dice, señalándolo con un dedo acusador. Él resopla.—¿A quién le interesan mis problemas?

—¡A mí! —responde con una calma que ella odia—. Y no se lo dije a cualquiera, fue a un psicólogo amigo...

—¿Crees que necesito ir por la vida repitiendo mis problemas? —lo interrumpe, y él exhala frustrado—. ¿Quién demonios sana repitiendo su tormento?

—Cielo...

—¡Estoy bien! —le corta, exaltada—. No necesito ayuda.

Cierra los ojos, buscando paz en medio de su exasperación.

Por seguir por esa línea, acabará disparándole, está segura de ello. Al abrir los ojos, se encuentra con su rostro sonriente; sus ojos verdes esmeralda brillan al verla enfadada.

—Sara Johnson llegará mañana por la mañana —el cambio abrupto de conversación le hace arquear una ceja y mirarlo con cautela—. La viuda de Anthony —aclara él.

—Sé quién es —gruñe—. ¿Qué tiene que ver eso con nuestra discusión?

Él se encoge de hombros mientras le sonríe con falsa inocencia, aunque de inocente no tiene nada.

—¿Quieres seguir discutiendo?

—¡No! —responde secamente, lo que hace que su sonrisa se ensanche y a ella le escape un resoplido.

—Me lo imaginé.

Dios, cómo lo odia cuando se pone en ese plan.

—La lectura del testamento será el fin de semana —continúa él, y ella decide seguirle el juego.

No gana nada discutiendo con él; acabarán como siempre: ella enfadada y él burlándose de su poca paciencia, mientras insiste en que su comportamiento violento demuestra que necesita ayuda.

—¿Sabías que debo estar presente? — esperando que sea otra de sus bromas guarda silencio, pero al mirarlo encuentra su rostro serio y tan intrigado como el suyo—. ¿Qué puede haberme dejado ese bastardo?

—Nada bueno —responden al unísono, lo que provoca una sonrisa en ambos que finalmente disipa el mal humor de Emma.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro