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𝙲𝙰𝙿Í𝚃𝚄𝙻𝙾 𝟸𝟾.

—¿Qué venganza? – pregunté.

—El matrimonio de mis padres fue más un negocio entre dos socios. Nuestros abuelos eran socios y decidieron que casar a nuestros padres sería bueno para el negocio. Creo que mi padre estaba bastante enamorado de mi madre. Ella... no tanto, pero aún así terminaron casándose.

Esperé a que ella continuará.

—Ella no quedó embarazada hasta después de diez años de matrimonio. Estaban intentado tener un bebé durante mucho tiempo hasta que hubo un milagro. A mí padre le pareció sospechoso cuando estaba embarazada, probablemente hubo una prueba de ADN o algo así, no estoy completamente segura de los detalles, pero mi padre descubrió que JiMin y yo no éramos suyas.

—¿Qué quieres decir?

—Después de algunos años de matrimonio, mi madre estaba teniendo una aventura con su antiguo amante, con el que inicialmente había querido casarse. Ella amaba a ese hombre y no podía olvidarlo. Kim JunMyeon. Lo llamábamos tío SuHo. También era un amigo de mi padre. Éramos el resultado de un amor que estaba condenado desde el principio. Mi papá se enteró del asunto cuando teníamos seis años, le dijo a mi mamá que cortará todos los lazos con SuHo, que la amistad entre los hombres se había roto. Mamá hizo exactamente lo que papá quería y él decidió seguir criandonos como suyas, aunque nunca nos miró de la misma manera. Creo que SuHo quería que mamá se divorciara y viniera a él, pero ella se negó. A menudo venía a la escuela y nos llevaba a los parques de diversiones, de pesca y nos daba juguetes, cosas así. En realidad nos gustaba más que nuestro padre que nos trataba con indiferencia. SuHo estaba siendo el padre que Yoo MinSeok nunca podría ser.

«Para nuestro padre, éramos un recordatorio constante de la aventura de mi madre y su propia incapacidad para darle un hijo. – Karina sonrió. — Fuimos como una patada en la cara. No tenía elección, quería un heredero y éramos su única opción. De alguna manera se las había arreglado para sacar a SuHo de nuestras vidas y éramos demasiado jóvenes para entenderlo en ese entonces. Para nosotras, MinSeok era nuestro padre. JiMin y yo competimos la una contra la otra, luchando por el afecto que nunca íbamos a recibir. Tratamos de complacerlo demasiado.»

—Odio interrumpir, pero no es tu culpa, ni la de tu hermana. – comenté. — Todos los niños ansían amor y atención.

Karina me miró con tristeza mientras acariciaba mi mejilla y luego comenzó a jugar con mi cabello. Sus pestañas largas, sus mechones oscuros pedían atención, me moría por pasar mis dedos por su cabello.

Como si leyera mis pensamientos, ella susurró. — Acércate un poco más.

Me moví más cerca, pero ella me agarró de la mano y me llevó a su guitarra. Nuestros ojos se encontraron por una fracción de segundo antes de que yo mirara hacia otro lado.

—Quiero escuchar tu historia. ¿Qué sucedió?

Karina me miró con un indescriptible anhelo, la intensidad de su mirada hizo que mi corazón se acelerará. — Winnie, ¿puedo continuar con mi historia más tarde?

—¿Por qué? ¿Qué te distrae?

Hubo una pizca de sonrisa.

—Me di cuenta de que tengo asuntos más apremiantes a la mano.

—¿Por ejemplo?

Se rió suavemente. — Como la palpitante erección que estoy teniendo ahora por ti.

Decidí molestarla un poco. — Hmm. No creo que pueda hacer nada para resolver tu problema.

—Créeme, solo tú puedes.

Karina no me dejó contestar mientras me tomaba la boca en un hambriento beso. Sus manos se movieron de mi cara a mis hombros y se detuvieron en mi cintura. Me atrajo posesivamente hacia ella mientras su boca seguía moviéndose contra la mía.

Cuando su lengua se movió en mi boca con movimientos urgentes, gemí desesperadamente.

Mis manos subieron a su cabello, atrapando un puñado de las hebras sedosas.

Me di cuenta de que cuando besé a JiMin pensando que era Karina me imaginé que me besaría así, pero no lo había hecho y eso había demostrado mi teoría.

Karina necesitaba saber. Pero, definitivamente, no ahora.

¿Qué pasaría si le confieso haber besado a su hermana y ella detenía ese beso alucinante?

No podía arriesgarme.

Sentí las manos de Karina moviéndose por todo mi cuerpo. Alcanzó mi camiseta, me la quitó y la tiró al suelo. Me quitó el sostén, y su boca estaba en mi pecho, mordisqueando y chupando.

Suspiré de placer.

Karina era un demonio reencarnado, y su lengua estaba destinada a cosas pecaminosas como la que me estaba haciendo a mí.

Estaba demasiado metida en estás emociones que sentía por ella.

No había vuelta atrás.

Si Karina decidiera más tarde que yo no valía la pena, quedaría en pedazos.

—Tu hermano no estará aquí sino hasta la mañana, ¿verdad?

Asentí.

—Vamos a tu habitación. – ella sugirió.

Se aseguró de que la puerta tuviera seguro.

Lanzó una mirada a las luces sobre la cabecera que iluminaban toda la habitación.

Era un poco romántico y mucho mejor que el motel en el que nos habíamos refugiado semanas atrás.

Karina se quitó cada prenda de su cuerpo cuando se unió a mí en la cama.

Tomamos nuestro tiempo para explorarnos sabiendo que está vez no nos molestarían, al menos no hasta después del amanecer.

Karina me besó como si no hubiera un mañana, y francamente en su caso, no sabíamos que pasaría al minuto siguiente.

Sabía que nunca expresaba mi preocupación, pero en el fondo, ambas sabíamos lo que se avecinaba.

Me besó apasionadamente mientras mis manos se movían para ahuecar su trasero y llevarla más profundo dentro de mí.

Dejó escapar un gruñido de angustia con los constantes empujes, sus ojos ardiendo en los míos. Se tendió sobre mí durante unos segundos antes de que sus brazos me rodearan en un abrazo íntimo.

Se quedó en silencio y eso no se parecía a ella.

—Karina.

—Quiero plasmar este momento contigo en mi memoria para siempre. Pensaré en ti cuando respiré por última vez, Winnie. – susurró alejándose de mí y rodando hacia un lado.

—¿Por qué estás diciendo eso? – pregunté.

—El asesino no descansará hasta que me condenen a la inyección letal o me cuelguen. Uno de nosotros vive, o ambos morimos, y no me arrepentiré si muero derribándolo. Sea cual sea el juego al que esté jugando, acabará pronto. Lo encontraré y lo mataré.

No había ninguna duda en mi mente de que llevaría a cabo lo que había planeado.

Karina era peligrosa, y también lo era el asesino, pero también sabía que podía sacrificarse haciendo eso.

—Tenemos que encontrar una manera de salir de esto. No puedes simplemente morir. ¡Le estarás dando lo que quiere! – dije.

—Shh, Cotton-Candy. Mis días están contados desde que encontré a mi madre asesinada brutalmente en el cobertizo. Decidí que si la ley no hacía lo que era necesario, yo lo haría. Todos estos asesinatos por lo que me han inculpado; solo han alimentado mi venganza.

—Prométeme que lucharás hasta el final. – dije.

—Min...

—Prométemelo, Karina, que pase lo que pase no renunciarás a tu vida. Tienes que vivir, si no es para ti, entonces... para nuestro bebé.

Sus ojos se ensancharon. — ¿Estás embarazada?

Me reí. — ¿No habría sido genial si pudiera decir eso? No, Rina, no estoy embarazada. ¿Aún querrías vivir? ¿Por mí?

Había una sombra de sonrisa en sus rasgos. — Pensé que estabas hablando en serio por un momento. No puedo prometerte un futuro, pero puedo decir que haré todo lo posible para salir de esto con vida.

—Eso es lo suficientemente bueno para mí. – dije.

Besó mis labios una vez más. — Te amo.

—También te amo. Más de lo que debería admitir. – dije besándole la punta de la nariz.

Ella sonrió. — Dices eso, pero no veo ninguno de mis pósters colgados en tu pared o en el baño. Incluso no soy el fondo de pantalla de tu teléfono.

Me reí, tocando su cabello de nuevo y jugando con este.

Su mirada se suavizó. — Te gusta jugar con mi cabello, ¿verdad?

—Es grueso y largo. Por supuesto, me encanta.

Sus cejas se alzaron. — ¿Estás segura de que estás hablando de mi cabello o de algo más?

Yo resoplé. — Tu mente siempre está en otro lugar.

Ella rió y acarició mi mejilla con su pulgar. — Gracias por confiar en mí.

—Simplemente no me hagas arrepentirme. – susurré.

—Sabes Winnie, a veces me preguntó cómo habría sido si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias normales, como en un club o en un café, o si nos presentarán amigos en común.

Sonreí. — Hubiera sido agradable. Aunque no estoy segura de si hubieras estado disponible.

—¿Por qué piensas eso?

—¿No te has mirado en el espejo? – yo pregunté. — Las personas como tú nunca prestan atención a personas como yo en circunstancias normales. Probablemente tendrías a una chica alta y hermosa de tu brazo. Yo soy demasiado simple.

—Winnie, creo que te estás subestimando. No eres simple, al menos para mí. Creo que eres jodidamente hermosa. Mi atracción por ti fue desde el primer día cuando entraste en la oficina y me confundiste con Aeri. Lo creas o no, te he deseado desde entonces. – suspiró con evidente felicidad tomando mi mano en la suya. — Quiero tener esta vida contigo, despertar y ver tu rostro a la primera hora de la mañana, llevarte a citas y hacerte el amor. Sé que es simple, pero eso sería como un sueño hecho realidad para mí.

No pude evitar sonreír. — No sabía que la criminal Yoo Karina podía ser tan cursi.

Parecía divertida. — Ríete todo lo que quieras, pero es verdad. – de repente, sus expresiones se volvieron oscuras. — Crees que no maté a esa gente y esa es una de las razones por las que me apoyas en todo esto.

Le di un asentimiento.

—¿Qué pasa si te digo que maté a unas personas? ¿Me amarías menos? – preguntó.

—¿Lo hiciste, Rina?

—Primero hice una pregunta, Minjeong. – dijo fríamente.

—Mi respuesta depende de la tuya.

—Era una pregunta hipotética. No te estoy dando hechos.

—Si mataste gente, quiero saber la verdad. Si realmente eres una asesina como lo que la gente presenta, entonces eso lo cambia todo, porque nunca estaría con alguien que asesinará a personas inocentes a sangre fría.

Sonrió tímidamente y se recostó contra la cabecera. — Eso es todo lo que quería saber.

—No tiene ningún sentido. – le dije.

—Pensé que sentías algo por mí porque realmente te gustan los asesinos psicóticos. Si ese es el caso, entonces estarías decepcionada de que no lo sea.

—Me alegra saber que no mataste a nadie.

Las expresiones de Karina eran impasibles. Ella continuó mirándome. — Dije que no soy una asesina psicótica, pero eso no significa que no sea capaz de asesinar a alguien.

Mi corazón comenzó a latir rápidamente mientras esperaba que ella agregara más.

Me miró directamente a los ojos. — Me gustaría hacerte una confesión, Winnie.

—¡Karina! ¿Qué estás...?

—Maté a tres personas y disfruté matándolas.

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