𝓔𝓭𝓮𝓷
Eva abrió los ojos por primera vez, y el mundo ante ella era un mar de luz y formas que no podía entender del todo.
El suelo bajo sus manos era suave, húmedo, y los colores que la rodeaban eran vivos, casi palpables, como si el Edén respirara con ella.
El aire olía dulce, y todo lo que veía la llamaba a explorar, a tocar, a sentir.
El sonido del agua cercana la relajaba, el susurro del viento entre las hojas era una melodía que la envolvía.
Aun así, algo dentro de ella parecía inquieto, como si a pesar de la belleza, faltara algo más.
Se puso de pie, notando por primera vez su propio cuerpo, las manos que podía mover, los pies que la sostenían.
Era un cuerpo que sentía como suyo, pero que también parecía nuevo, por descubrir.
Dio un paso, luego otro, sintiendo la libertad y el impulso de caminar más allá, hacia lo desconocido. Pero entonces lo vio.
No muy lejos, junto a un árbol, un hombre la observaba.
Sus ojos se encontraron y, por un momento, el mundo pareció detenerse.
Era la primera vez que ambos veían a otro ser como ellos, y esa simple conexión visual fue suficiente para despertar una curiosidad profunda en cada uno.
Adam, con su mirada intensa, dio un paso hacia ella, inseguro, casi temeroso.
Eva lo observaba con cautela, preguntándose quién era, qué significaba su presencia en ese lugar.
El hombre habló primero, su voz baja y tranquila, pero temblorosa, como si estuviera probando palabras nuevas.
—Eres... como yo —dijo él, sus palabras lentas, cargadas de asombro.
Eva sintió su voz reverberar en su pecho, pero no respondió.
Aún no entendía del todo lo que él quería decir.
Miró su rostro con detenimiento, reconociendo una extraña familiaridad en sus rasgos.
¿Lo conocía? Parecía improbable, pero una sensación dentro de ella le susurraba que, de alguna manera, lo entendía.
—Me llamo Adam —añadió, acercándose un poco más. Al ver que Eva no retrocedía, sonrió débilmente, como si en ese gesto esperara una respuesta.
Eva abrió la boca, intentando imitar lo que él había hecho, tratando de formar sonidos con su propia voz.
Al principio, solo salió un susurro suave, pero luego habló con más claridad.
—Eva —dijo al fin, saboreando la palabra en sus labios, como si su nombre fuera una revelación tanto para ella como para él.
Adam sonrió, más relajado, y por primera vez ambos se sintieron acompañados.
Era una sensación nueva, cálida, pero también desconcertante.
Habían sido creados en un paraíso, pero hasta ese momento no se habían sentido realmente completos.
Adam extendió una mano hacia ella, y aunque Eva vaciló un instante, finalmente aceptó el gesto.
Sus dedos se rozaron, y al hacerlo, sintieron una pequeña chispa, como si algo más allá de la simple piel los conectara.
—Ven, quiero mostrarte algo —dijo él, guiándola hacia un claro del jardín.
Eva lo siguió, en silencio, observando cómo sus pies descalzos tocaban la tierra, cómo las flores parecían inclinarse hacia ellos mientras pasaban.
Había algo en su forma de caminar que la intrigaba. Parecía que conocía el lugar, como si ya hubiera estado ahí mucho antes que ella.
—Todo esto... es nuestro —dijo Adam, extendiendo un brazo hacia los árboles que se alzaban imponentes, hacia los ríos que fluían cristalinos. Su voz tenía un tono de maravilla, como si él mismo aún no pudiera creer lo que veían sus ojos.
Eva observó el paisaje que se desplegaba ante ellos.
Era un lugar vasto, lleno de vida, colores, sonidos y olores que nunca había experimentado antes.
Y, sin embargo, a pesar de toda esa belleza, había algo en ella que se sentía incompleto, como si todavía no comprendiera del todo su lugar en ese paraíso.
—¿Tú lo hiciste? —preguntó Eva, sus palabras vacilantes mientras observaba los alrededores.
Adam sacudió la cabeza.
—No... Lo que sé es que fui el primero en despertar aquí. Lo vi todo antes de conocerte, pero sin ti... no era lo mismo.
Sus palabras cayeron en el aire entre ellos, y Eva las escuchó con una mezcla de sorpresa y confusión.
¿Por qué ella hacía que este lugar fuera diferente? ¿Por qué su sola presencia cambiaba la percepción de Adam?
El primer atardecer juntos
El sol comenzó a ponerse en el horizonte, bañando el Edén en tonos dorados y naranjas.
Adam y Eva se sentaron juntos bajo un árbol frondoso, observando en silencio cómo el cielo se transformaba lentamente.
—Es hermoso —susurró Eva.
Adam asintió.
—Lo es... Pero nunca lo había visto de esta manera.
Eva lo miró de reojo, sin saber exactamente qué quería decir, pero algo en su pecho le decía que comenzaba a comprender.
El Edén era perfecto, pero era en esa compañía donde verdaderamente encontraba sentido.
Aún había tanto que no entendían, tanto que no sabían el uno del otro.
Pero en ese momento, el silencio compartido parecía ser suficiente.
Estaban juntos, y eso, de alguna manera, comenzaba a llenar el vacío que ambos habían sentido desde el primer despertar.
Awebo 😼
Volví y está vez no voy a desaparecer,ya extrañaba escribir sobre estos dos;sin embargo no tenía inspiración para estás historias 😿
Dare por terminado este libro pero seguiré actualizando por aquí cuando tenga más ideas que quiera compartir con ustedes.
Esto que acaban de leer es una pequeña colaboración que se ha estado posponiendo desde hace un mes creo yo con esta linda personita Escorpina208
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro