Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

OO6。

Los días y las noches pasaron tan lento que pensé que jamás se terminarían y que aquella pesadilla que estaba viviendo nunca terminaría.

Finalmente llegó el sábado, se supone que esos días yo acostumbraba a salir con mamá o conversar con ella sobre como había sido mi semana junto a aquella chica que creí especial. Sin embargo, mamá me había informado que debía asistir al trabajo hoy, debido a que tenía que compensar el día que faltó, así que eso sólo significaba una cosa... Que me quedaría sola en casa, hundiéndome en la agonía y la tristeza.

Que gran sábado iba a ser.

No obstante, cuando sentí como mi madre ingresó a mi habitación y pensé que se despediría, las palabras que salieron de su boca fueron totalmente distintas a las que pensé.

—Cariño —murmuró, sentándose en el borde del colchón—. ¿Estás despierta?

La razón de su pregunta fue porque yo me hallaba acostada boca arriba con los lentes puestos y no emitía ni un solo sonido.

—¿Jinsoul? —insistió. Yo gruñí, porque sabía lo que intentaba.

Durante toda la semana había intentado que entablara una conversación con ella, pero yo la había evitado lanzando monosílabos o simples sonidos, puesto que no tenía ganas de hablar con nadie.

Suspiré y me senté en la cama, abriendo los ojos mientras era consciente de que no hacía la diferencia.

—¿Qué sucede, mamá? —pregunté con voz ronca.

—Oh, que bien que estás despierta —su voz sonó casi emocionada, y no pude evitar arquear una ceja cuando percibí su tono—. Hay alguien que quiere verte.

—¿Alguien? —repetí, procesando las palabras. No habían muchas personas a las que yo conociera que les agradara. Solo estaban mamá y la vecina, una agradable ancianita que solía invitarnos a beber té con ella seguido, ya sea porque se sentía sola y deseaba compañía, o simplemente porque le gustaba contar anécdotas sobre su vida y las de otras personas, y necesitaba alguien que la escuchara—. ¿Quién es? Si es la señora Lee, dile que iré a su casa mañana, cuando tú puedas también.

—No, no es la señora Lee.

—¿Ah no?

—No —soltó una risa que me dejó aún más confundida.

—¿Quién es, mamá? —volví a preguntar.

—Baja y lo descubrirás tú misma.

—No puedo ver, ¿o se te olvida? No voy a reconocer a nadie.

—No necesitas ver para reconocerla.

¿Reconocerla? Así que era una mujer... ¿Quién podría ser?

Pero antes de que pudiera exigirle que me diese la identidad de esa persona, sentí el colchón volver a la normalidad y la puerta abrirse.

—Te esperamos abajo. No tardes.

¿Qué estaba pasando?

...

Después de quedarme pensando por más de cinco minutos quien podría ser esa persona misteriosa, decidí bajar y descubrirlo por mí misma. Después de todo, mamá había dicho que no necesitaba verla para saber quien era... Me pregunto por qué será.

Bajé las escaleras con mi bastón en la mano, sabía que no lo necesitaba, pero aún así me gustaba llevarlo. Por alguna razón, eso y los lentes me hacían sentir más segura.

Suspiré cuando llegué al final y escuché unos murmullos.

—Mamá, ya estoy abajo. ¿Ya me puedes decir quién es la persona misteriosa que dijiste que estaba en...? —pero antes de terminar, alguien me interrumpió.

—¿Jinsoul?, ¿De verdad eres tú?

Esa voz... La había escuchado antes...

Y como si fuera obra de arte, los recuerdos llegaron a mí de forma rápida y simultanea, por lo que de inmediato supe de quien se trataba.

—¿Hyunjin...?

—La misma —murmuró, riendo un poco al final.

En ese instante sentí mi garganta seca y las lágrimas queriendo salir de mis ojos. Había pasado tanto desde la última vez que hablamos... No tenía idea de cuanto me hacía falta escuchar su encantadora voz.

Mamá carraspeó un poco.

—Iré a ver si la gallina ya puso. Con su permiso, señoritas —pasó a mi lado, dando un ligero apretón en mi hombro izquierdo, dejó un beso en mi cien y se alejó.

—Confío en que cuidarás de mi hija, Hyunjin.

—Lo haré, no se preocupe, señora Jung.

Mamá se marchó cerrando la puerta tras ella y luego de unos segundos más de shock, ella habló.

—¿Tienen una gallina?

—No, solo es su manera de decir que quería darnos privacidad —suspiré y caminé hasta tomar asiento en el sofá, donde suponía, ella estaba—. ¿Estás aquí en el sofá, no?

—Sí, aquí estoy —dijo—. No sabía que caminabas sin el bastón. ¿No es peligroso?

—Solo lo hago en casa —levanté ambos hombros—. Ya es costumbre. He vivido tanto tiempo aquí que conozco cada rincón de este lugar aún sin verlo.

—Entiendo.

Apreté el bastón entre mis manos y me volví hacia ella.

—¿Por qué estás aquí?, ¿Hace cuando volviste?

Muy bien, desde aquí supongo que estarán un poco perdidos, así que voy a contarles paso a paso como sucedió todo.

La chica que está sentada a mi lado se llama Kim Hyunjin, y ella fue mi primera "amiga".

Sí bueno, sé que había dicho antes que no había tenido amigos y que Jungeun (antes de toda la traición) había sido una, pero eso fue porque Hyunjin nunca fue mi amiga. Ella era más que eso para mí. Y no, no me refiero a quererla de una forma romántica, sino más bien fraternal. Como una hermana.

Nos conocimos cuando yo tenía ocho años y ella siete, en una de esas terapias recreativas. Era una ayuda para los niños discapacitados o que tenían algún problema, y asistían niños de todo tipo.

Al principio, debido a que yo no podía ver, había pensado que Hyunjin era una niña normal y que solo iba para acompañar a algún hermano o familiar, sin embargo, luego me enteré que realmente no era como lo pensaba.

Hyunjin había sufrido un accidente automovilístico cuando tenía tan solo cinco años, y gracias a eso había sufrido de paraplejía. Fue un golpe muy duro para ella, y no hablo solamente de lo físico, sino también sentimental, puesto que en ese mismo accidente había perdido a su padre.

Ella se culpaba por eso, decía que si no hubiese querido ir a la panadería ese día nada hubiese pasado, y según relató su madre, su personalidad cambió desde ese entonces. Era tímida, con una autoestima realmente baja y muy, pero muy sensible.

Pero pese a todo eso, ella tenía un corazón tan bondadoso y tierno, que era imposible no amarla.

Las primeras veces no conversamos mucho, pero después, durante los minutos de receso en la charla, le pedí a mi madre que me llevara con ella y ambas empezamos a hablar. Inmediatamente me sentí identificada con ella, y nuestra relación de amistad creció.

Sin embargo, cuando Hyunjin y yo tan solo teníamos once y doce años respectivamente, ella tuvo que irse del país. Al parecer, su madre había conseguido una mejor oportunidad en Japón, y no podía darse el lujo de desaprovecharla, así que una semana después de que nos enteramos, ella se marchó y no la volví a ver.

Hasta el día de hoy, claro.

Y aquí nos encontramos ahora.

—Bueno... Volví porque mi madre y yo decidimos que era hora de hacerlo —suspiró—. Y llegué hace como dos días.

—¿Era hora?, ¿No estaban bien en Japón? —pregunté con curiosidad—. Siempre pensé que te iría mucho mejor allá.

—Oh, no. Nos fue muy bien allí. Pero... Las cosas no siempre son color de rosa, Jinsoul.

—¿A qué te refieres?

—No es nada.

—Hyunjin, ¿qué pasó exactamente allá?

—Yo... Yo sufrí de bullying durante algún tiempo —confesó y no pude evitar tensarme.

—¿Por eso regresaste?, ¿Todavía te molestaban?

—Lo hacían hasta que cumplí los catorce, hace dos años más o menos.

—¿Hacían...?

—Sí, ya no más.

—¿Te defendiste?

—No exactamente —titubeó y su mano se posó en mi brazo, dando un ligero apretón—. Yo... Alguien me defendió.

—¿Alguien?

—Oh Dios, Jinsoul. Esto jamás se lo había contado a nadie más, solo mamá lo sabe, pero es que... Debiste conocerla. Ella era un ángel. Bueno, sigue siéndolo.

—¿Ella?, ¿Ángel? —pregunté, realmente confundida.

—Es que... Mira, te contaré todo —se enderezó en su asiento y suspiró nuevamente—. Ese día yo estaba en la silla de ruedas, tratando de llegar rápido a mi salón, pues se hacía tarde y tenía que estar en clases. Pero unas chicas me detuvieron y... Empezaron a molestarme.

—¿Te hicieron daño?

—Mucho... Y no sólo físicamente. Me empujaron y me tiraron al suelo junto a mi silla de ruedas, luego pisotearon mis libros y yo... Yo no podía hacer nada, solo estaba ahí, viendo como ellas me lastimaban... Hasta que ella apareció. Fue como mi súper héroe. Llegó de la nada y las espantó. Luego me ayudó a levantarme y a arreglarme, se presentó e incluso me llevó hasta mi salón para asegurarse de que estuviera bien.

—¿Esa fue la única vez que la viste?

—Oh no, después de eso, sorprendentemente llegó a buscarme para almorzar. Y al día siguiente la encontré esperándome en la entrada de la escuela. Repetíamos esa rutina todos los días desde entonces.

—¿Y qué pasó después?

—¿Después? —volvió a suspirar—. Después todo fue mágico.

—¿A qué te refieres?

—Unas semanas antes de nuestra graduación me enteré que yo le gustaba. Y fue demasiado qué procesar. Así que me mantuve un tanto alejada, pero entonces me di cuenta de que ella también me gustaba y fue cuando mi mente explotó —rió.

—¿Se lo dijiste alguna vez?

—Sí, exactamente dos días antes de la graduación —dio otro apretón a mi brazo.

—¿Y qué pasó?

—Pues... Nos besamos.

—¿Se besaron?

—Sí, y joder, sus labios sabían a gloria Jin —exhaló y apretó mi brazo con más fuerza esta vez—. Fueron solo segundos, pero te juro que mis labios sentían un cosquilleo impresionante.

—¿Solo se besaron?

—No exactamente. Fueron tres besos, pero para nosotras fue suficiente.

—¿Y nunca te pidió que fueses su novia o algo?

—Lo hizo. Pero mucho después. Queríamos llevar las cosas con calma y demostrar que realmente nos amábamos.

—Entonces... ¿Qué pasó después?, ¿Ella sabe que estás aquí en Corea?

—Lo sabe.

—¿Y no dijo nada sobre eso?

—Al principio estaba nerviosa, lo entendía, pero tenía miedo.

—¿Miedo de qué?

—De que si yo volvía, pudiese enamorarme de alguien más.

—¿No confía en ti?

—Por supuesto que lo hace, pero con el corazón jamás se sabe. A veces es tu mejor amigo, y a veces tu peor enemigo.

—¿La dejaste allá aún con ese miedo?

—Ni loca. Yo también tenía ese miedo, pero porque ella se enamorara de alguien más.

—¿Entonces?

—Ella está aquí, Jin.

—¿Está aquí?, ¿y por qué no me la has presentado?

Escuché su risa después y sentí otro apretón.

—No está exactamente aquí. Es decir, no en tu casa. Me refiero a que está en Corea.

—¿Viajó solo por estar contigo?

—Lo hizo —murmuró.

—Pero... ¿No es eso algo problemático, económicamente hablando?

—Un poco, y yo le hablé de eso, pero me dijo que valía la pena.

—¿Por qué?

—Porque iba a estar conmigo.

—Uh...

—Así es el amor. Yo también lo hubiese hecho si el caso fuese al revés.

—Pero tú estás...

Y el silencio inundó todo el lugar cuando caí en cuenta de lo que sucedía.

Ella estaba sentada junto a mí, y juraba que la había sentido moverse algunas veces.

Mamá la había dejado sola conmigo en casa, así que ella no creía que tuviese que estar en su silla de ruedas.

Y eso solo significaba una cosa...

—¿Puedes caminar? —pregunté en un hilo de voz, volteando mi cabeza hacia donde suponía que ella estaba.

—Sorpresa —murmuró con una risa.

—¿C-cómo es...?, ¿Desde cuándo...? Oh Dios.

—Fue en Japón. Logramos encontrar a un doctor que estaba dispuesto a hacer la operación.

—¿Cuándo?

—No fue hace mucho, así que aún no puedo caminar muy bien. Tengo unas muletas pero el doctor dice que con la terapia podré caminar pronto sin ellas.

—Eso es fantástico —dije con verdadera alegría, y apreté el bastón en mis manos—. Vaya... Que suerte. De verdad te envidio.

—No tienes nada que envidiarme, Jin —ella acarició mi brazo.

—Claro que sí. Tienes una novia y puedes caminar ahora.

—Tú también podías hacerlo.

—Pero a diferencia de ti, yo no sé a donde voy cuando lo hago. Tú puedes ver.

—Tú también podrías, y lo sabes muy bien —insistió.

—Y tú sabes muy bien que no tengo dinero para hacerlo —negué—. Jamás encontraríamos a un doctor que estuviese dispuesto a hacer la operación por el precio que podemos pagarle.

—Yo tampoco encontré un doctor, Jin.

—¿Y la operación?

—Yo no fui quien la pagó.

—¿Tú mamá?

—No.

—¿Tus abuelos?

—No.

—¿Tus tíos o primos?

—Nadie de mi familia pagó la operación.

—¿Entonces?

—Fue ella.

Mis párpados se extendieron y no pude evitar jadear ante el asombro.

—¿Ella costeó tu operación?

—Bueno, fueron sus padres pero ella los convenció.

—¿C-cómo...?

—Al principio yo me negué, porque ella ya había hecho suficiente por mí y no quería que gastara su dinero. Pero ella insistió y luego siguieron sus padres... Hablaron con mamá y juntos lograron convencerme. Aún no me agrada del todo pero realmente lo aprecio.

—¿Ella tiene dinero?

—Sus padres. Ellos son dueños de varios restaurantes de comida japonesa en el mundo. Son famosos y la comida es deliciosa.

—Realmente te sacaste la lotería con esa chica.

—Hubiese sido así aunque ella no tuviera dinero —musitó—. Porque no me enamoré de ella por eso, sino por su forma de ser. Yo ni siquiera sabía que tenía tanto dinero.

—¿Ah no?

—No, aunque no lo creas, ella no lo aparenta. Es muy humilde y amable.

—Parece ser muy buena persona por todo lo que dices.

—Lo es. Es un amor, seguro te agradará cuando la conozcas. Pero es mía, ¿eh?

Yo sonreí y asentí.

—Y... ¿Qué has hecho cuando nos separamos?

—Pues... Nada inusual. Logré graduarme y así.

—¿Siguieron molestándote, no es así?

Suspiré, después de tantos años ella aún sabía leerme.

—Sí. Hasta la graduación. A diferencia de ti yo no tuve un super héroe. No conté con esa suerte.

—Jinsoul...

—Pero no importa, ya no los he visto y no tengo que volver a sufrir sus abusos, y eso es bueno —levanté los hombros y ajusté mis lentes—. Actualmente solo... Existo. Cool, ¿no?

—Uhm... ¿Segura que ya no te molestan?

—No, tranquila —dije—. ¿Y tú?, ¿Qué has hecho?

—Aprendí a tocar la guitarra poco después de que nos separamos.

—¿Enserio? —pregunté. Ella siempre me había expresado su deseo por aprender a tocar algún instrumento musical, y yo nunca dudé de que lo haría.

—Sí. También toco un poco de piano.

—Amaría escucharte tocar.

—Y yo amaría tocar para ti —musitó—. La próxima vez que venga puedo traer mi guitarra, pero solo si cantas para mí, claro.

—¿Cantar? Ya te dije que no hice nada, Hyun.

—¿Bromeas? Amabas cantar. ¿Ya no recuerdas cuando solíamos sentarnos juntas en el sofá a cantar por horas?

—Hyunjin.

Te quiero yo, y tú a mí —empezó a cantar, sorprendiéndome al notar que aún se acordaba de esa canción que tanto nos encantaba de niñas—, somos una familia feliz. Con un... —paró, y supe que estaba esperando a que yo continuara.

Negué con la cabeza y levanté una ceja con incredulidad.

Con un... —insistió.

—¿No piensas que yo continúe, o sí?

—No pararé hasta que lo hagas. Con un...

Suspire viéndome completamente atrapada y sonreí de lado antes de continuar con el canto.

Con un fuerte abrazo y un beso te diré.

Mi cariño es para ti —finalizamos ambas y no pudimos evitar reír.

—Aún la recuerdas —dije.

—¿Cómo olvidarla? Era nuestra canción favorita de toda la serie.

—A pesar de que yo no veía nada.

—Pero eso no te impidió tener una serie favorita y disfrutar de ella.

—Cierto.

Pasaron unos segundos donde no hicimos nada más que respirar, cuando ella volvió a dar un apretón en mi brazo. buscando llamar mi atención.

—¿Jinsoul?

—¿Sí?

—¿Crees que yo...? Uhm... ¿Puedo abrazarte?

Me sorprendí ante la petición, pero no me negué.

Necesitaba ese abrazo.

—Puedes.

Entonces la sentí envolverme con sus brazos, siendo correspondida casi al instante por mí.

—Te extrañé mucho, Jindori.

—Y yo a ti, Jinnie.

Y por primera vez en semanas, yo me encontraba completamente feliz.

Había logrado olvidar a Jungeun aunque fuera durante unas horas, pero me hizo bien. Más que bien.

El que Hyunjin estuviera aquí me hacía muy feliz.

Pero como había dicho ella minutos antes. No todo es color de rosa siempre.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro