
Extra 7.
JinSoul Pov's
Observé con ilusión la construcción que se erguía frente a mí y suspiré tan nerviosamente como lo había estado haciendo desde que mis pies se posaron en este lugar hace unos minutos.
Observé a mi alrededor, cuando un brazo aprisionó mis hombros y me atrajo hacia sí. Volteé para observar a la dueña, cuando me di cuenta de que era HeeJin, quien me sonreía con mucha diversión, probablemente recordando como había sido todo cuando ella estaba en mi lugar.
—Estás nerviosa, ¿eh?
Me limité a asentir, el nerviosismo que recorría mi cuerpo me impedía hablar. HeeJin soltó una risa mientras con su otra mano frotaba mi brazo.
—No te preocupes, Jin. También me pasó. Es normal.
—Es... difícil no estarlo.
—Lo sé, estuve en tu lugar hace tiempo, ¿recuerdas? Sé lo que se siente— se acercó un poco, hasta que sus labios tocaron mi oreja y susurró—. Aquí entre nos, tuve ganas de visitar el baño tantas veces que empecé a creer que tenía diarrea.
Ciertamente aquel comentario me pilló desprevenida y no pude hacer más que reír. HeeJin siempre tenía esas ocurrencias.
—¡Es enserio! — murmuró en un tono divertido—. Y todo eso incluso antes de que llegara al altar.
—¿Y cómo le hiciste para dejar de sentirte así?
Ella sonrió y observó el edificio frente a nosotras con añoranza y felicidad.
—Dejé de sentirme así en cuanto la vi— susurró.
—¿En cuanto la viste?, ¿Te refieres a Hyun?
Ella asintió.
—Me sentía tan nerviosa e insegura... pero en cuanto ella cruzó la puerta, supe que había tomado la decisión correcta al quedarme a su lado. Jinnie es lo mejor que me ha pasado, y agradezco no haber corrido lejos por los estúpidos nervios ese día.
No era una novedad que HeeJin me contara cosas así, durante todo este tiempo nos habíamos vuelto algo así como mejores amigas, y pese a lo mucho que sabía que ella amaba a HyunJin, también sabía que amaba molestarla, por eso casi siempre estaba intentando ponerla celosa. Según ella, una HyunJin celosa es una HyunJin salvaje. Al principio no le entendí muy bien, pero después... Bueno, ya deben saber a qué se refiere.
Mientras HeeJin observaba el edificio, me límite a observarla a ella. Estaba absolutamente impecable, como siempre para estos eventos.
Pese a ser la HeeJin descuidada y risueña que todos conocíamos, debo admitir que sabía vestirse muy bien.
Llevaba puesto un smoking impoluto de color negro, debajo de él asomaba una camisa blanca y sus tacones elegantes la hacían parecer como si fuese a alguna reunión de negocios. Odiaba admitir que le quedaba estupendamente bien todo lo que se ponía.
Su cabello no iba suelto, como de costumbre, sino recogido y con algunos mechones en la frente.
Realmente ambas no íbamos vestidas tan distinto, sólo que mi traje era una especie de smoking de color blanco y llevaba tacones que me hacían ver un poco más alta de lo que ya era. Mi cabello también oscuro iba suelto, sólo que ya no tenía flequillo.
Al parecer debió darse cuenta de que la estaba observando, porque me sonrió con diversión.
—¿Ves algo que te guste, Jung?
—Iugh, ya quisieras, Jeon— le di un ligero golpe en su hombro y ambas reimos.
—Como quieras, tú te lo pierdes.
—¿Perderse qué?
Ambas volteamos a ver al hermano mayor de JungEun, JungWoo. Su vestimenta era igual a la de HeeJin, obviando el hecho de que él sí se había dignado a ponerse una corbata.
Avanzó algunos pasos hasta nosotras y sonrió con diversión.
—No me digas que estás engañando a mi hermana antes de la boda, JinSoul— dijo, con un toque de diversión.
—No quiso— replicó HeeJin—. Le ofrecí una buena porción, pero ella lo desechó. Parece que prefiere parecer activa, aunque todos sabemos que JungEun lo es.
—¿Qué? — me sonrojé fuertemente, sin embargo, palmeé su brazo izquierdo con fuerza y seguí hablando—. Yo soy la activa.
—Le preguntaré a Lip, sólo para estar segura.
JungWoo hizo una mueca de asco que nos causó mucha gracia.
—Ya basta, lo que menos quiero saber es la vida sexual de mi hermanita. Y mucho menos el día de su boda.
De inmediato, las palabras atravesaron mi mente como un taladro.
Boda...
El día de la boda...
El gran día finalmente es hoy...
Tragué nerviosa y empecé a jugar con mis manos sin apartar la vista del edificio.
JungWoo y HeeJin parecieron darse cuenta, por lo que intercambiaron miradas.
—¿Está todo bien, Jin? — inquirió HeeJin.
—Sí, sólo... Yo... — mordí mi labio inferior y me detuve a observar el largo camino de pavimento que se encontraba detrás de nosotros—. ¿Creen que sí vendrá?
—¡Por supuesto que sí! — dijo JungWoo.
—JungEun te ama, JinSoul. Ella no te dejaría plantada en el altar jamás.
—¿Están seguros? — pregunté, observándolos.
Ambos asistieron.
—Jamás— repitió HeeJin.
—Jamás...
Las palabras quedaron grabadas en mi mente, y me dije a mí misma que no tenía que dudar de el amor de mi vida.
...
—JinSoul, cariño, muévete hacia el altar, ¿a qué esperas? Cuando JungEun llegue tiene que encontrarte ahí.
Mi madre prácticamente me echó de su lado y, entre risas, HeeJin me arrastró hasta el altar.
Sonreí con amargura ante el recuerdo de por qué habíamos decidido hacer la boda en un edificio.
Ninguna iglesia quiso aceptar nuestra boda. Ninguna quiso celebrarlo a pesar de que era una unión de amor sagrada, sólo porque éramos dos mujeres.
Intentamos que la ceremonia se celebrara en el parque, pero resulta que ya habían alquilado el lugar a la hora de la boda.
A HeeJin y HyunJin les pasó lo mismo, y ya que habían pasado por ese proceso, no fue complicado encontrar a alguien que nos ayudara a celebrar el matrimonio. Aunque no fuese en el lugar que teníamos pensado.
Por suerte la recepción se haría en el parque. Después de una charla y dinero por adelantado al administrador, pudimos acordar eso. Al menos algo que queríamos salió bien.
HeeJin me dio una palmada en la espalda antes de posarse a unos cuantos metros de mí y guiñarme un ojo. JungWoo llegó casi corriendo a su lado después, seguido de uno de los primos de JungEun —ni idea de quién era—, que se había ofrecido para el puesto cuando no encontramos otra persona para hacer de los dichosos padrinos de la boda. Ahora que lo pienso, resultaba gracioso que HeeJin fuese un padrino de la boda, luego la molestaría con eso.
Tiempo después observé como HyunJin, SooYoung y la hermana de JungEun, JiWoo, cruzaban la puerta hasta posarse del otro lado del altar, y allí supe que JungEun había llegado.
Las personas a mi alrededor también lo supieron y empezaron a acomodarse en sus sillas.
La música del piano sonaba por todo el lugar.
Tragué con nerviosismo cuando las puertas se abrieron de par en par, y pude divisar a lo largo del pasillo a mi amada prometida, quien era guiada por su padre hacia mí.
Su vestido era de color blanco, a diferencia de las demás —quienes llevaban un vestido rojo y largo—, e igualmente llegaba hasta el suelo, con su escote jodidamente sensual. Su cabello castaño, adornado por una margarita, se encontraba suelto, resplandeciente y brillante, y caía en cascada por su espalda. No podía ver bien su rostro gracias al velo, pero no fue necesario para saber que realmente parecía una princesa. Mi princesa.
Por un momento nuestras miradas se encontraron aún con el velo en el medio y una sonrisa surcó los labios de ambas.
Observé a mi alrededor unos instantes, todos se encontraban allí; desde mi madre y la bisabuela de JungEun, a quien había tenido el honor de conocer, hasta DaHyun, la amable prima lejana de JungEun que había conocido hace algún tiempo.
Quería aparentar estar tranquila, sin embargo, al observar el leve movimiento de mis dedos, supe que JungEun sabría que estaba más que nerviosa, por lo que al llegar a mi lado lo primero que hizo fue regalarme una encantadora sonrisa a través del velo, que yo devolví, por supuesto, aunque no pudiese observarla del todo.
Su padre tomó su mano y me la entregó con delicadeza. Yo la recibí dando un pequeño pero significativo apretón.
—Cuídala, es lo más preciado para nosotros— murmuró hacia mí.
—Lo haré, señor Kim. No lo dude ni un segundo.
Él asintió y se marchó a su lugar no sin antes lanzarnos una mirada a ambas.
JungEun y yo intercambiamos miradas, volteándonos para quedar frente al pequeño y regordete hombre que nos observaba vestido de blanco, y portaba una biblia entre sus manos. Era curioso como no nos aceptaron en la iglesia, pero sí pudimos hacerlo fuera de ella.
—Queridos hermanos— empezó el mayor—. Estamos aquí reunidos para acompañar a Jung JinSoul y Kim JungEun, en el día en el que se disponen a celebrar su unión matrimonial...
Sin prestar mucha atención a lo que el padre decía, volví a observar a mi alrededor.
Intenté concentrarme, pero era jodidamente imposible. Los nervios me estaban jugando una mala pasada.
HyunJin, JiWoo y SooYoung estaban a mi lado izquierdo, prestando total atención a lo que el padre decía, incluso estaban más concentradas que yo, ¡Pero es que no podía controlarme! Entiéndanme, joder. Lo único que quería en ese momento era que todo eso acabase ya, estar casada con JungEun de una buena vez e ir juntas a casa.
Observé a la derecha y pude visualizar a HeeJin, JungWoo y el primo de JungEun, quienes también prestaban atención total a lo que decía el padre; todos iban vestidos con un smoking negro, para diferenciarse de mí, obviamente.
Dirigí mi mirada hasta el padre, pero nuevamente, no pude concentrarme, por lo que volví la mirada a JungEun, quien observaba al hombre frente a nosotras con cierta impaciencia. Bajo el velo, pude notar como mordisqueaba su labio inferior con sus dientes.
¡Ja! Lo sabía. No era la única que quería irme a casa después de todo.
La recorrí con la mirada disimuladamente y, esta vez, me mordí el labio inferior, se veía tan hermosa con ese vestido; ahora definitivamente debíamos volver a casa.
En ese momento JungEun me captó observándola y me sonrió, el brillo de sus ojos delató lo divertida que había encontrado la situación y movió sus labios, diciéndome: "Presta atención, ya habrá tiempo después".
Hice una pequeña mueca con mis labios y observé al pequeño hombre, fingiendo total interés en lo que decía.
Volví a la realidad al escuchar mi nombre.
—Jung JinSoul, ¿Aceptas a Kim JungEun como esposa y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarla y respetarla todos los días de tu vida?
Me volví hacia JungEun y le sonreí con tanta dulzura como me era posible.
—Sí, acepto.
—Y tú, Kim JungEun ¿Aceptas a Jung JinSoul como esposa y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarla y respetarla todos los días de tu vida?
Ella también se volvió hacia mí y me observó a los ojos bajo el velo.
Sus labios se movieron, pero nada salió de ellos. Tardó así unos cuantos segundos, haciendo que la presión aumentara y mis nervios se dispararan.
Todos se inclinaron hacia delante, intrigados.
—JungEun... — susurré su nombre y la observé con preocupación, temiendo su respuesta.
—Sí, acepto— musitó inmediatamente.
Todos suspiramos aliviados, incluyendo al padre.
—Ustedes han declarado su consentimiento ante la Iglesia. Que el Señor en su bondad fortalezca su consentimiento para llenarlas a ambas de bendiciones.
Después del proceso de los anillos, se escuchó el tan esperado "Puede besar a la novia" y unas risas después, pues no sabíamos como procederíamos ante eso. El padre estuvo a punto de reformular la oración, cuando levanté el velo de JungEun, la tomé por la cintura y la incliné, besándola inmediatamente. Ella correspondió un poco aturdida, pero con la misma emoción.
El lugar entero se llenó de gritos y aplausos.
...
—¡Fondo!, ¡Fondo!, ¡Fondo!
Los gritos ensordecedores de las personas llenaron el parque, obligándome a voltear hacia ellos.
Sonreí al ver a la multitud de jóvenes incitando a HeeJin a beberse todo el contenido de una botella, que supuse, era cerveza. Todos aplaudieron e incrementaron sus gritos cuando HeeJin terminó hasta la última gota y levantó la enorme botella con una mano, tambaleándose ligeramente en su lugar.
Un grupo de personas mayores cerca de ellos los observaban con cierta gracia, seguramente recordando sus andanzas pasadas. Y a su lado, no muy lejos, reí mientras observaba el ceño fruncido de HyunJin.
Oh-oh. Creo que alguien tiene problemas
JungEun y yo intercambiamos miradas unos instantes, haciéndome sonreír.
Ya habíamos bailado la primera canción de la noche hacía mucho, como era la tradición, pero fue algo silencioso y ensoñador. Luego de eso JungEun se había tenido que separar de mí porque su enorme familia la solicitaba.
A mí también, de hecho, tuve que detenerme a recibir consejos y advertencias de la bisabuela de JungEun y risas por parte del resto de sus familiares.
Y hasta el momento, apestaba.
Se supone que era el día en el que nos uníamos y aún así sentía que estábamos más separadas que nunca.
JungEun debió haber comprendido la angustia en mí mirada, pues me hizo un gesto con la cabeza y de inmediato supe que quería buscar un lugar para estar solas.
¡Finalmente! Algo de tiempo a solas con mi esposa.
Esposa... Qué bien sonaba eso.
Luego de escabullirme llegué al enorme árbol que se hallaba justo en el lugar favorito de JungEun y me posé bajo de él esperando por ella.
Antes de salir victoriosa del círculo de personas, mi madre se había acercado a decirme algunas palabras y entregarme con un plato y un tenedor un poco del postre servido, así que me dispuse a comer mientras esperaba.
Al terminar mi postre, sin ninguna señal de JungEun, empecé a juguetear con el tenedor e, inesperadamente, me encontré tallando algo en el frondoso tronco del viejo y enorme árbol. Dejé que mi mano se moviera libremente y al terminar, me separé para apreciar mi obra de arte.
J + J
Sonreí encantada, ahora la promesa no quedaría tallada solamente en nuestros corazones, sino también en aquel árbol.
Bajando el tenedor, me di cuenta de que JungEun venía caminando hacia mí lentamente con sus hermosos labios formando una pequeña sonrisa y sus ojos brillantes reflejando la intensa luz de la luna en ellos.
Al instante supe que no podía sentirme más afortunada y dichosa.
HeeJin tenía razón. Tomé la decisión correcta.
Varios segundos después, JungEun se posó a mi lado con una mirada divertida. Sus labios aún formando esa hermosa sonrisa.
—Hola, señora Jung— saludó con un tono juguetón.
—Hola, señora Kim. Es un verdadero placer verla por aquí, ¿Cómo está? — le seguí el juego, lamiendo de mis labios el chocolate que había quedado.
—Oh, de maravilla. ¿Y usted, señora Jung? ¿Qué tal está?
—Excelente.
—¿Ah sí?, ¿Y puedo preguntar por qué? — enrolló uno de sus dedos en un largo mechón de cabello que colgaba sobre sus pechos.
—Estoy profundamente enamorada de la persona más especial de este mundo, y justo hoy ha aceptado ser mi esposa, ¿no es esa una razón para estar excelente?
Su expresión juguetona pareció a ser una extremadamente dulce. Dejo de juguetear con el mechón de cabello y me observó a los ojos.
—En ese caso, ambas estamos en una situación completamente igual— susurró.
—Lo estamos— concordé.
El estallido de risas cercanas explotó la burbuja en la que nos habíamos sumergido, y nos vimos obligadas a mirar hacia el lugar del que provenía.
Nuevamente, el grupo de jóvenes observaba maravillados a HeeJin, quien parecía contar algo interesante y hacía bromas al respecto. Tomando en cuenta el estado en el que se encontraba, no era inusual. HyunJin permanecía a su lado, pero no hacia ningún movimiento más que observarla y reír igual que el resto, lo que indicaba que HeeJin no había dicho nada fuera de lugar.
Sin embargo, eso no duró mucho. Las risas se volvieron a escuchar cuando HyunJin gritó el nombre de la castaña y la golpeó en el brazo. HeeJin se tambaleó pero siguió hablando.
—Es nuestra fiesta y parecen estarla disfrutando más que nosotras. Nos quitan diversión— murmuró JungEun, con esa mirada divertida.
—Yo me estoy divirtiendo— respondí, encogiéndome de hombros ante su mirada—. Que se lleven la atención si eso significa pasar más tiempo contigo.
La acerqué a mí, pasando mis dos brazos por su cintura. De repente, sus ojos parecieron brillar aún más fuerte, y estuve segura de que los míos brillaron con la misma intensidad.
Ella sonrió, pero no dijo nada más. Se limitó a pasar ambos brazos por mi cuello y observarme. Tardamos así un buen tiempo, hasta que volteó la mirada, posándola en lo que había tallado en el árbol.
Permaneció inmóvil observando unos instantes, para después separarse de mí y tomar el tenedor —que había quedado tirado en el suelo gracias a mis enormes ganas de tocarla—.
—¿Pasa algo? — me atreví a preguntar.
—Sí, de hecho sí— se acercó unos pasos al árbol, y levantó el tenedor en el aire—. Aquí falta algo.
Y, cuando menos lo esperé, utilizó el tenedor para dibujar un corazón que rodeara las letras.
—Listo, ahora sí.
Con el corazón tallado alrededor de nuestras iniciales y las manos tan unidas como nuestras almas, volvimos junto al resto, donde disfrutamos del resto de la noche para levantarnos al día siguiente iniciando un nuevo ciclo lleno de felicidad, esperanza y, sobretodo, amor.
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