ᰍ . ° 𝗍𝗁𝖾 𝗌𝖾𝗇𝗍𝖾𝗇𝖼𝖾 .ᐟ ˎˊ˗
: 𓏲🐋 ๋࣭ ࣪ ˖✩࿐࿔ 🌊
El ambiente en la sala de los tribunales era tenso. Mia estaba sentada junto a JJ, con la mano de él entrelazada con la suya. Aunque JJ parecía lograr mantener la calma, Mia no podía dejar de mover su pie nerviosamente bajo la banca. La espera parecía interminable.
Finalmente, la puerta se abrió y John B apareció escoltado por dos agentes. Mia lo observó mientras caminaba hacia su asiento con la manos esposadas detrás de su espalda. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no lanzarse contra los policías. No podía aguantar ver a John B esposado de aquella manera tan injusta.
Cuando John B tomó asiento, todos guardaron silencio para escuchar la sentencia final del juez.
—John Booker Routledge, de conformidad con el artículo 14 del Estatuto de Carolina del Norte, se le acusa de homicidio en primer grado con cricunstancias agravantes. De ser declarado culpable, podría ser condenado a la pena de muerte.
El silencio llenó la sala por un momento, solo para ser roto por un murmullo entre los presentes. Algunos asintieron en aprobación, otros intercambiaron miradas de incertidumbre.
—¡Señoría, tiene 17 años! —exclamó JJ, que se levantó bruscamente de su asiento, alertando a los oficiales que habían a ambos lados de la sala.
—Silencio en la sala —ordenó el juez, golpeando el mazo en su estrado.
—¿En serio? —se unió Mia, poniéndose de pie también con incredulidad.
Pero antes de que JJ o Mia pudieran seguir replicándole algo, el juez dio por terminada la sesión, ordenando que el público y los testigos abandonaran la sala. Las conversaciones sobre la sentencia llenaron el silencio mientras todos se ponían de pie.
Antes de salir, Sarah intentó acercarse a John B, pero un oficial la detuvo antes de que pudiera llegar hasta él. Mia, al ver esto, se dirigió directamente al agente.
—Oiga, no la toque —le dijo con frialdad. Luego, mirando a Sarah, añadió con suavidad—. Venga, Sarah, vámonos de aquí.
Mia sabía que Sarah quería quedarse con John B costara lo que costara, pero no tuvo más remedio que asentir mientras Mia la guiaba hacia la salida, donde los demás Pogues ya las esperaban. Detrás de ellas, el oficial escoltaba a John B de regreso a su celda.
Al salir al exterior, Mia no pudo evitar escuchar alguna de las conversaciones que mantenían algunas de las personas de la multitud que se había congregado fuera, provocándole una ira inmensa.
—"Se ha hecho justicia" "se lo merecía" —repitió las frases Mia con incredulidad—. No me lo puedo creer.
—Tiene que ser una broma —murmuró Kiara con indignación.
—No debimos haber vuelto a casa —susurró Sarah con la voz quebrada—. Fue mi culpa.
—Fue culpa de papá, Sarah —respondió Mia, que aunque también sentía el remordimiento recorrerla de pies a cabeza, quería sentirse fuerte frente a ella.
—Lo van a matar ahí dentro —dijo JJ, que recibió una mirada de advertencia al instantes tanto por parte de Mia como por parte de Kiara cuando vieron la cara de Sarah al escuchar aquello.
Antes de que pudieran continuar, una voz llamó su atención, obligando al grupo a detenerse.
—Siento mucho que hayáis pasado por esto tu familia y tu. Menos mal que el sistema funciona.
La voz pertenecía a un hombre que hablaba con Ward Cameron. Al escucharlo, Mia sintió que la rabia dentro de ella se desbordaba. Allí estaba Ward, haciéndose la víctima, mientras todo esto era culpa suya.
—¿Te importaría callarse? —gritó Mia en un impulso que no pudo evitar reprimir.
Todos se giraron inmediatamente hacia ella, tanto las miradas de sorpresa de la multitud como la de su padre. Pudo sentir su corazón ir a mil mientras un nudo se formaba en su garganta, pero antes de que pudiera decir algo, Kiara tomó la iniciativa dando un paso hacia delante.
—Claro que piensa que el sistema funciona —dijo Kiara, con voz alta para que pudieran escucharla claramente—. Se creó para proteger a gente como tú.
—Tendrá el juicio que se merece. El jurado decidirá.
—Pero el problema es que John B ni siquiera debería ir a juicio —intervino Mia—. Deberías ir tu, por asesino, y Rafe.
—Menuda jeta tienes para presentarte aquí después de todo lo que has hecho —le recriminó Kiara—. Mataste a Peterkin.
En ese momento, los agentes salieron del juzgado. Shoupe se adelantó para poner orden en la situación.
—Entiendo que estéis alteradas por el juicio de hoy... —empezó a decir Ward, pero Kiara lo interrumpió con una risita sarcástica.
—¿Alterada?
—John B os engañó, os engañó a todos...
—¡No, a mi no me engaña nadie!
Kiara perdió la paciencia y se lanzó contra Ward con los puños en alto. Pero antes de que pudiera alcanzarlo, Shoupe la agarró por la cintura y la apartó. Aunque Kiara forcejeó con todas sus fuerzas, los agentes lograron mantenerla a raya.
—¡No la toques! —exclamó Mia, dando un paso hacia Kiara.
—Otra vez del lado de los Kooks, ¿eh, Shoupe? —soltó JJ con sarcasmo en su voz.
—¿Queréis acabar en comisaría? —les espetó Shoupe, a quien se le acababa la paciencia—. ¡Largaos!
—Sabes que miente —le dijo Mia, mirándolo directamente a los ojos—. Te dimos las pruebas.
Pero Shoupe simplemente se dio la vuelta, ignorando sus palabras. Se acercó a Ward y Rose, junto con otra oficial que también parecía más interesada en apaciguar a los Cameron.
—Los sentimos señor Cameron, sentimos las molestias —les dijo la oficial mientras la familia sonreía agradecida por las disculpas.
—Gracias —respondió Ward.
Mia observó cómo Ward y Rose se alejaban hacia su coche. Pero antes de que alguno de los dos se subiera, Kiara se dirigió una última vez a ellos.
—¡No es ninguna casualidad que tus hijas estén de nuestro lado!
Ward se detuvo por un momento. Sus hombros se tensaron ligeramente, pero no dijo nada. Continuó su camino, acompañado de Rose, hasta desaparecer de su vista.
Mia lo observó irse, mientras notaba cómo su pecho subía y bajaba rápidamente. El dolor y la impotencia que sentía estaban formando un gran nudo en su garganta que le impedía respirar con normalidad. No podía evitar sentir que, aunque aún quedaba esperanza, todo parecía estar en contra de ellos.
: 𓏲🐋 ๋࣭ ࣪ ˖✩࿐࿔ 🌊
Los Pogues debían encontrar una solución, pero cada conversación terminaba en un silencio lleno de frustración. Nadie sabía cómo sacar a John B de la cárcel, y las ideas que surgían eran descartadas antes de que pudieran llevarse a cabo.
La desesperación comenzaba a apoderarse del grupo, pero JJ y Mia se miraron en silencio, entendiendo que debían tomar cartas en el asunto. Mia sabía que era mejor seguir un plan de JJ que quedarse de brazos cruzados sin hacer nada.
JJ había conseguido una vieja furgoneta de emergencias médicas gracias a un amigo que le debía un favor. Era perfecta para lo que tenían en mente. El plan era sencillo, al menos si todo salía bien: John B fingiría sentirse enfermo, lo suficientemente grave como para que lo sacaran de su celda. JJ se encargaría de interceptarlo con la furgoneta, mientras que Mia se quedaría cerca de la puerta trasera del edificio, vigilando que ningún policía o persona sospechosa se acercara a la zona.
Ambos sabían que era arriesgado, pero era su única opción. No había tiempo para dudas ni para buscar un plan alternativo. John B no podía esperar.
—Cualquier cosa, me llamas por teléfono —le indicó JJ mientras Mia asentía.
—Entendido —dijo, levantando los dedos en señal de acuerdo.
Entonces, Mia dio un pequeño paso hacia él, se puso de puntillas y lo besó suavemente. Él sonrió mientras acariciaba su mejilla delicadamente y observaba la pequeña sonrisa que empezaba a formarse en el rostro de Mia.
—No hagas ninguna estupidez —le pidió ella, mirándole directamente a los ojos.
—No puedo prometer nada —se encogió de hombros JJ.
Con esas palabras, subió a la furgoneta, encendió el motor y se fue. Mia se quedó sola, fijando su mirada en la puerta trasera del edificio de prisión, el sitio por el que saldría John B.
Mientras esperaba agazapada entre los arbustos, atenta a cualquier ruido o persona que pudiera ser sospechosa. Pero entonces, un crujido rompió el silencio. Una rama se había quebrado cerca de ella, y al girarse, Mia se chocó de frente con alguien. La fuerza del impacto le hizo perder el equilibrio y caer al suelo.
Cuando levantó la mirada, un nudo se le formó en la garganta cuando reconoció el rostro de la persona que tenía en frente.
—¿Qué haces aquí? —le espetó Mia mientras se ponía rápidamente de pie.
—Hola a ti también —le respondió Rafe con una sonrisa despreocupada que tan solo hizo que la desconfianza de Mia aumentara.
Mia retrocedió un paso, evaluando con su mirada cada movimiento de Rafe.
—Mia, cálmate —dijo él, levantando las manos como si quisiera demostrar que no iba a hacerle nada—. No pasa nada.
Pero Mia no bajó la guardia y dio otro paso atrás.
—No pasa nada, Mia —repitió Rafe con tranquilidad—. Es que necesito hablar contigo, ¿te parece bien? Lo que estás haciendo... me afecta, Mia.
—¿Pero tú eres consciente de todo lo que has hecho? —le respondió ella, incapaz de creer lo que estaba escuchando.
Rafe la miró con incredulidad y fastidio.
—Es muy fácil echarme siempre la culpa, ¿no? —replicó—. ¿Es que hago mal por proteger a nuestra familia?
—¿Porteger a nuestra familia? —repitió Mia, empezando a encenderse por la ira—. ¿Te recuerdo de que antes de que disparases a Peterkin le pegaste una paliza a Pope? ¿Y luego me pegaste a mi?
Rafe apretó la mandíbula, pero no dijo nada, así que Mia continuó.
—Y no fue solo eso. Pegaste a JJ. Pegaste a Pope otra vez. Y volviste a pegarme a mí.
Rafe finalmente explotó.
—¡Escúchame! —gritó dando un paso hacia ella—. La poli va a hablar contigo y necesito que aclaremos qué versión vamos a contarle.
—Es simple —le dijo Mia—. Mataste a Paterkin.
Pero Rafe negó con la cabeza lentamente.
—Escuchame, Rafe. Lo mejor que puedes hacer es confesar lo que has hecho y...
—¿Pero tú de qué lado estás? —le interrumpió él con un grito.
—Intento hacer lo correcto —respondió Mia.
—¿"Hacer lo correcto"? —Rafe soltó una risita sarcástica—. Hacer lo correcto fue el motivo por el que disparé a Sarah, porque iba siguiendo a John B.
—¡Lo podrían condenar a muerte por tu culpa! —le gritó.
—¡Eso! —exclamó Rafe, alzando la voz aún más—. ¡Eso es justo a lo que me refiero! Siempre has estado en mi contra, contra todos nosotros. Somos tu familia, y nos das la espalda.
Rafe avanzó otro paso hacia Mia, mirándola de arriba abajo con unos ojos encendidos de rabia.
—Y si no piensas cambiar de opinión por las buenas pienso hacerlo por las malas, ¿lo entiendes?
El grito de Rafe fue suficiente para que Mia reaccionara. Giró sobre sus talones y empezó a correr, olvidándose por completo del plan que había trazado con JJ. Sus piernas la llevaban tan rápido como podían, pero los alrededores de la cárcel estaban desiertos, solo habían callejones vacíos y sin nadie a quien pedir ayuda.
A pesar de sus esfuerzos, Rafe era más rápido. En un movimiento brusco, tras girar una esquina, le agarró de la camiseta y tiró de ella, haciéndola girar hacia él.
—¡Suéltame, Rafe!
Rafe no dijo nada. Con un movimiento brusco, la empujó contra la pared del callejón, haciendo que Mia soltara un jadeo por el dolor del impacto. Antes de que pudiera reaccionar para defenderse, sintió las manos de Rafe rodeando su cuello para empezar a presionarlo.
—¿Qué haces, Rafe? —jadeó Mia con una voz rasgada mientras trataba de respirar.—. ¡No lo hagas, suéltame!
Pero ese murmurllo desesperado quedó en el vacío. Los dedos de Rafe se apretaron más contra su piel, robándole el aire. Mia intentó resistir, golpeándolo y arañando sus manos, pero la diferencia de fuerza era bastante notoria.
Su visión comenzó a oscurecerse. Los colores del callejón empezaron a desvanecerse en manchas borrosas mientras un molesto zumbido llenaba sus oídos.
El oxígeno empezó a agotarse y su cuerpo empezó a rendirse. Su mente luchaba por mantenerse en alerta, pero sentía cómo cada vez su cuerpo se debilitaba más frente a Rafe. Sus piernas temblaban contra el suelo, dejó caer sus manos sobre su cuerpo vencida de forcejear, y sus párpados comenzaron a cerrarse como si sintiera que ya no tenía más fuerzas para seguir.
De pronto, el sonido de un golpe rompió el silencio, resonando por todo el callejón. Las manos de Rafe soltaron el cuello de Mia, que se desplomó contra el suelo a la vez que todo a su alrededor se volvía de color negro.
JJ había aparecido en el callejón y había golpeado a Rafe con todas sus fuerzas logrando que el Kook quedara inconsciente en el suelo.
Sin perder un segundo, JJ cargó a Mia en brazos. La preocupación le carcomía por dentro mientras avanzaba por los callejones hacia la furgoneta. Cuando finalmente llegó al vehículo, la acomodó en el asiento trasero con sumo cuidado, como si temiera que cualquier movimiento brusco pudiera hacerle daño.
Miró su rostro pálido y, por un momento, sus propios pensamientos amenazaron con desbordarlo.
Pero no quiso perder el tiempo, encendió el motor de la furgoneta y pisó el acelerador. El rugido de la furgoneta rompió el silencio de los callejones del alrededor de la cárcel mientras conducía hacia el Chateau, con sus manos aferradas al volante como si de eso dependiera mantenerla con vida.
Cuando llegó, no se permitió ni un segundo de descanso. La levantó nuevamente en brazos y la llevó directo al interior de la casa.
El Chateau estaba oscuro y tranquilo, pero JJ no le prestó atención. Se dirigió al sofá de la sala y la recostó con cuidado, asegurándose de que estuviera cómoda. Notó que su piel ardía, un calor que no auguraba nada bueno. Se despojó de su chaqueta y la usó como una almohada improvisada bajo su cabeza.
—No te preocupes, vas a estar bien... —murmuró más para sí mismo que para ella.
Corrió hacia la cocina, buscando desesperadamente una toalla limpia que pudiera usar. Cuando la encontró, la empapó en agua fría y regresó apresuradamente donde se encontraba Mia. La colocó en su frente, apartando suavemente su cabello desordenado de su rostro y la observó durante unos segundos. Luego buscó una manta y la extendió sobre su cuerpo, asegurándose de que estuviera completamente cubierta.
JJ se sentó en una silla junto al sofá, apoyando su codo sobre la rodilla y con su mano cubriendo su boca mientras observaba su rostro impacientemente.
Pasaron las horas, cada minuto, cada segundo, un tormento para JJ. El cansancio pesaba sobre sus párpados, pero no se permitió cerrar los ojos. No podía. Su mente repasaba una y otra vez lo que había pasado, y un sentimiento de culpa lo invadía. "Debí llegar antes. Esto es mi culpa", pensaba.
Finalmente, un leve sonido rompió el silencio. Mia dejó escapar un gemido débil, y sus párpados comenzaron a moverse. JJ se incorporó al instante, inclinándose hacia ella.
—Mia... —llamó suavemente con un tono de voz cargado de alivio.
Los ojos de Mia se abrieron lentamente, parpadeando mientras su visión intentaba enfocarse. Lo primero que vio fue el rostro de JJ, que mostraba una expresión cargada de preocupación y alivio.
—JJ... —susurró Mia.
—Eh, tranquila —le dijo JJ mientras se inclinaba más hacia ella, colocando una mano sobre su hombro para reconfortarla—. Estoy aquí.
Mia movió los labios, intentando formular alguna palabra, pero su garganta estaba adolorida.
—Rafe...
La mención del nombre hizo que los puños de JJ se endurecieran por un momento, pero su voz se mantuvo calmada.
—No te preocupes por él —le dijo JJ—. No volverá a hacerte daño, te lo prometo.
Mia intentó incorporarse, pero JJ la detuvo con un gesto firme.
—No te esfuerces —le dijo con suavidad—. Necesitas descansar.
Ella dejó caer su cabeza de nuevo en la almohada improvisada, demasiado débil como para protestar. Sus ojos buscaron los de JJ, y por un momento, esbozó una pequeña sonrisa que hizo que el rostro tenso de JJ se relajara.
—Gracias... —susurró Mia aún con una voz temblorosa.
JJ se rascó la nuca, esquivando su mirada por un momento antes de devolverle una sonrisa ligera.
—No me des las gracias —murmuró JJ inclinándose hacia ella para que su rostro quedara frente al de ella—. No voy a dejar que nadie te haga daño.
El silencio llenó la sala por un instante, pero esta vez no era incómodo. Mia cerró los ojos por un momento, y una lágrima solitaria rodó por su mejilla. JJ la observó, sintiendo un nudo en el pecho. Sabía que Mia era fuerte, lo había demostrado una y otra vez, pero verla tan vulnerable lo llenaba de una mezcla de furia e impotencia.
—Te quiero JJ —le dijo Mia, antes de acortar la distancia que separaba sus rostros para darle un beso en los labios.
—Y yo a ti, MJ.
Mia, aunque todavía débil, logró esbozar una última sonrisa. JJ la observó un momento más antes de sentarse de nuevo, decidido a quedarse a su lado hasta que estuviera completamente bien.
ᯓ★ 𝗺𝗮𝗱𝗱𝘀𝗰𝗹𝗶𝗻𝗲
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro