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🍎 Sangre 📻

Dieciocho años después
del nacimiento de las niñas.

Lucifer y Alastor nunca habían discutido con sus hijas las desgracias que acechaban más allá de las paredes del hotel y de la gente que las rodeaba.

Lucifer siempre había sido sobreprotector con sus hijas, prohibiéndole a Alastor hablarles sobre las oscuridades del reino en el que vivían: el Infierno. Quería que alcanzaran la madurez suficiente antes de enfrentar la cruda realidad de su entorno.

Sin embargo, lo que los padres no sabían era que en el corazón de la sofisticada Isadora se escondía un secreto: había comenzado a sentir un amor prohibido por otra demonio. Evelina era la única que conocía ese amor y sabía que su hermana "perfecta" se escapaba a fiestas nocturnas en el Entertainment Vees District desde los quince años. Fue en una de esas fiestas donde Isadora conoció a una demonio que la cautivó a primera vista. Fue un clic instantáneo, uno de esos raros encuentros que no todos experimentan, pero peligrosos, ya que el desenlace era incierto.

La mujer de la que Isadora se enamoró resultó ser una devoradora de almas. Bastaba una mirada para que Isadora cayera en su juego, un movimiento de cadera para desorientarla y una palabra para sumirla en un abismo de tristeza.

Aunque Isadora repetía que la dejaría, cada semana era lo mismo: corría a abrazarla mientras lloraba porque esa mujer le había roto el corazón en mil pedazos. Evelina no sabía qué hacer; temía que un día Isadora no soportara más y se preguntaba qué sucedería entonces.

Esta noche era otra de esas en las que Isadora se había escapado sin el permiso de sus padres. Evelina miraba el reloj en su habitación; esta vez, su hermana se había tardado más de lo habitual en regresar.

—Tal vez se quedó con Vespera —murmuró después de un pesado suspiro, dejándose caer sobre su hamaca. En lo más profundo de su ser, deseaba que fuera así, ya que el vacío que sentía era un presagio de que algo muy malo iba a ocurrir.

Se acomodó como pudo y cerró los ojos, intentando dormir. Pasaron aproximadamente diez minutos en los que se dio vueltas en su hamaca en un inútil intento de disipar esa extraña sensación en el pecho. Un mal movimiento hizo que cayera de su hamaca al suelo, desde una altura de tres metros. Su espalda le dolía mucho. Se levantó dándose golpes en la espalda, como hacía su tío Azrael cada vez que le dolía.

—¡Maldita hamaca! —maldijo, poniéndose de pie. Caminó hacia la puerta para buscar un vaso de leche o algo que le calmara la ansiedad y le ayudara a dormir nuevamente. Un cigarro sería lo mejor, pero no podía hacerlo en el hotel.

Su travesía se interrumpió al ver la habitación de su hermana entreabierta y con la luz encendida. ¿Cuándo había llegado? ¿No la había escuchado? Dudosa, se acercó a la puerta, la empujó y no vio a nadie, solo a Kee Kee y Gore dormidas en la cama de su hermana.

—¿Isadora? —llamó tímidamente al entrar en la habitación—. ¿Isadora, ya llegaste?

En ese momento, abrió la puerta del baño privado y dio un grito, retrocediendo. Cayó de espaldas y comenzó a arrastrarse, aterrorizada al ver el piso manchado de sangre dorada.

—¡Evelina! —Alastor se despertó con el grito y corrió a buscar a su hija, arrastrando a un Lucifer aún adormilado y desorientado.

—¡Papá! —Evelina corrió a abrazarlos, temblando.

—Hija, ¿qué pasó? ¿Por qué gritaste?

—I-Isadora...

Alastor y Lucifer se miraron; ver a su hija llorar les dio una mala espina. Lucifer fue el primero en aventurarse hasta el baño y casi se desmayó al presenciar la escena.

—¡Una ambulancia! ¡Llama a Belfegor!

Sin dudar, Alastor comprendió la orden.

Belfegor llegó rápidamente ante el llamado de su rey y atendió de inmediato a la hija de su rey, quien había quedado inconsciente por la pérdida de sangre. Las causas eran múltiples mordidas en áreas como el cuello y las muñecas.

Alastor y Lucifer sentían la angustia recorrer sus cuerpos. Después de que Evelina les contara la trágica historia de amor de Isadora, su preocupación aumentó. Sabían cuán intensa podía ser Isadora con sus sentimientos; sus emociones eran tan puras y sinceras como las de su hermana mayor, Charlie. Ahora temían que ese amor, combinado con el torbellino que seguramente le había causado aquella mujer que había entrado en el corazón de su hija, pudiera haber llevado a algo devastador: que su hija se hubiera arrancado la piel para aliviar su dolor emocional o incluso para morir por amor.

En un intento desesperado de desahogarse, Lucifer llamó a su hermano Miguel. A pesar de sus diferencias pasadas, Miguel fue al hospital y abrazó a su hermano mientras este lloraba en su hombro. Alastor, por su parte, se quedó dormido en la silla de espera. Charlie había regresado al hotel junto a Evelina, a quien obligaron a irse con su hermana mayor.

Isadora, por su parte, yacía en su camilla con las mordeduras vendadas, que lentamente se iban regenerando. El sentimiento de tristeza era palpable en toda la habitación. La pobre familia estaba sumida en un profundo dolor.

Por otro lado, en un edificio colosal del Entertainment Vees District, una joven miraba pensativa por la ventana. La ciudad brillaba con luces de neón, pero su mente estaba en otro lugar, atormentada por la reciente confrontación con su padre.

—¡Vespera Lumen! ¡Por fin llegas, maldita niña malcriada! —exclamó Valentino con rabia. Su reprimenda se detuvo cuando la joven volteó hacia él. La escasa luz que entraba desde los carteles de fuera iluminó su rostro, revelando manchas de un dorado distintivo que cubrían tanto su piel como su ropa.

—... Tú... ¿de dónde...? —Valentino, aterrorizado, dio un paso hacia ella. La presencia de Vespera, con su apariencia inusual y su actitud desafiante, lo dejó completamente desconcertado.

—¿Qué te importa? ¿Dónde está papá? —Vespera, desafiando la confrontación, se alejó de la ventana y agarró el primer suéter que encontró. Estaba lista para salir de nuevo, pero cuando pasó junto a Valentino, él la tomó del brazo con una fuerza que le provocó un gruñido de dolor.

—¡¿Cómo te atreves a hablarle así a tu padre?! —exigió Valentino, su tono cargado de furia. Vespera forcejeaba para soltarse, pero él no cedía, sus uñas hincadas en la piel de su hija con una presión dolorosa—. ¿De dónde conseguiste esa sangre angelical? ¡Me lo vas a decir ahora mismo, maldita monstruo del demonio!

—¡Sueléltame!

El forcejeo y los gritos resonaron por todo el piso, llamando la atención del demonio de la televisión, que había estado disfrutando de un café mientras su amiga Velvet le advertía sobre la situación. Alarmado, se dirigió al último piso y entró en la habitación de su hija. Allí encontró a Valentino ahorcando a Vespera mientras ella pataleaba desesperadamente para liberarse.

—¡Valentino, ya es suficiente! —gritó Vox, su voz cargada de autoridad. Valentino, sorprendido por la interrupción, se apartó de inmediato, permitiendo que Vespera cayera al suelo. Ella tosió para recuperar el aliento, su cuerpo temblando de miedo y cansancio.

—Cariño, ¿qué haces aquí? —preguntó Valentino, aliviado y confundido al mismo tiempo.

—Velvet me dijo que estabas nuevamente cometiendo homicidio con Vespera —respondió Vox, visiblemente molesto. Ignorando a Valentino, se acercó a su hija y la ayudó a levantarse con cuidado.

—¡Esta vez tiene una justificación!

—¿Una justificación? ¿Cuál es? —Vox estaba cada vez más desconcertado. El tono de Valentino era desesperado, y su actitud sólo aumentaba la tensión en la habitación.

—¡Ella ha tomado sangre angelical! ¡Míralo! —Valentino insistió, señalando el dorado que manchaba a Vespera. Vox, a punto de burlarse de lo que parecía una fantasía absurda, se detuvo al observar las manos de su hija, que estaban cubiertas de un brillo dorado. Al mirar más de cerca, vio que el color dorado también estaba en la boca de Vespera, confirmando la alegación de Valentino.

—... ¿Dónde?

—Papá, yo...

—Vespera, dime de dónde. —Vox, normalmente amoroso y comprensivo, estaba ahora profundamente enojado. El miedo que inspiraba en su hija era evidente; su ira era tan intensa que casi igualaba la de Valentino.

—Yo... Isadora.

—¿Isadora? ¿Quién demonios es Isadora?

—La hija de Lucifer y Alastor, maldito idiota —intervino Valentino, recordando los numerosos artículos sobre las mellizas y sus habilidades excepcionales.

—Ah...

—¿Pero cómo llegó su sangre a ti? La... —La sonrisa de Vox se amplió ante la idea que se le vino a la mente—. ¿La... ya sabes?

Vespera temía que su padre pensara que su implicación era más de lo que realmente era y que eso lo enorgulleciera. La abrazó de los hombros, buscando consuelo en su cercanía.

—Eh... no, no es eso.

—¿Entonces? —Vox se tornó serio, sus ojos fijos en su hija, esperando una respuesta clara.

—... Ella es mi pareja.

—¿Qué? —Los dos padres quedaron en shock ante la inesperada revelación. La atmósfera en la habitación se volvió densa con la sorpresa y la confusión de lo que acababa de descubrirse.

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Inspiración del capítulo:

https://youtu.be/rKG46PYIQBs

Pido perdón por los días que no publique, pero, de la nada me dio un bloqueo creativo para la historia y además se me junto mi cumpleaños.

Pero, ya mi imaginación volvió de su viaje al otro lado del mundo y volvió a mi. Este es un capítulo un poco triste, pero, ahora la historia dará una introducción a la relación entra Isadora y Vespera. Por el momento se mantiene de la perspectiva de Evelina ante lo contado de su hermana, pero, más adelante veremos la perspectiva de Isadora y Vespera.

También aclaro, que este episodio iba a ser mucho despues, pero, lo cambie y como consecuencia se revolvieron los capítulos, según ya los arregle pero no estoy segura por lo que asegúrense que vayan en este orden:

 1. Sinopsis.

2. Comienzo.

3. Prueba de Embarazo.

4. Antojos.

5. Lactancia.

6. Ropa de Maternidad.

7. Nido.

8. Canción de Cuna.

9. Familia.

10. Epilogo.

11. Parte II.

12. Apatía.

13. Boda.

14. Noche.

15. Sangre.

También, estoy pensando darle otro hijo más a Lucifer y Alastor, en este caso seria un varón. Pero, ustedes que dicen ¿si o no lo hago?

Bueno esos es todo, y ya saben todo esto agarenlo de manera como entretenimiento y no hagan nada de las cosas malas en este libro.

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