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XVI

"Tened cuidado con la tristeza, es un vicio" — G. Flaubert

La primera vez que Tzuyu vió a su padre, tenía 5 años de edad y el cuerpo de su madre yacía inerte en la camilla del hospital donde murió por una sobredosis de pastillas para dormir, aún tibia. Ella no comprendía qué ocurría, no conocía del mundo más que las historias fantásticas que su madre le contaba por las noches; en su pequeña inocencia, el héroe rescataba a la princesa, el malvado siempre era vencido y al final de cada cuento había un "vivieron felices para siempre". El mundo tenía colores, pero cuando murió su madre, estos les fueron arrebatados de la noche a la mañana y Yi Cheng Chou, el hombre que la engendró, fué el cuatrero que lo hizo.

"Desde hoy eres una Chou y deberás actuar como tal, Tzuyu."

Oh pequeña inocente, no comprendió el peso de aquellas palabras hasta que fue demasiado tarde, hasta que un día miró su reflejo en el espejo y se dió cuenta que frente a ella no había un ser humano, sino un monstruo, justo como su padre esperaba. ¿Lo peor? no se sentía mal por serlo, fué forjada en acero, moldeada a voluntad del hombre más desalmado que pudiese haber.

La primera vez que Tzuyu tuvo que defender su vida, solo tenía 12 años de edad. Confinada en un internado para hijas de militares; en una prisión con buenas camas y profesores aficionados a abusar de sus alumnas, su cuerpo avistaba composiciones brutales de golpes y sus labios no pronunciaban más de unas cuantas palabras sin que comenzara a tartamudear, era una víctima, el eslabón débil de la cadena y seguramente habría seguido así de no ser por su padre. Jamás olvidaría el día que Yi Cheng la visitó, luego de años sin tener alguna noticia de ella. Imponente y con su porte recto, despojado de cualquier emoción humana, se mofó de ella, de su pobre y lastimera condición; fué repudiada.

—¿Así que tu profesor te golpea, Tzuyu?

Tzuyu no pudo responder y simplemente bajó la cabeza, sin saber qué debería estar sintiendo en ese momento, tan perdida y desorientada... como un barco sin su brújula. ¿Por qué no había alguien que le dijera que era lo que debía sentir? todo hubiera sido más simple. Y lo que nunca había ocurrido, llegó a ella en ese momento, su padre acarició su pequeña cabellera, sonriendo como Tzuyu quería pensar, lo haría un padre a su hija. No fué así, lo comprendió cuando la puerta de la habitación donde estaban se abrió y entró por el umbral de esta, su profesor.

—Al parecer tenemos un problema aquí. — El coronel se colocó al lado de Tzuyu, con su mano sobre el escuálido hombro de la menor. —Tzuyu me ha informado que ejerces violencia en ella.

—Debe fortalecer su carácter.

Tzuyu quiso llorar, ya podía sentir los golpes que llegarían cuando su padre se fuera; estigmas punzantes en su lechosa piel que tardarían semanas en sanar.

—Y estoy completamente de acuerdo. —Respondió su padre.—Así que haremos esto...

Yi Cheng Chou miró a uno de sus oficiales y este le entregó su arma. Tzuyu dejó de respirar, al igual que su profesor cuando Yi Cheng colocó el revólver frente a Tzuyu.

—¿Qué demonios está haciendo?

—Fortaleciendo el carácter de mi hija, justo como usted aconsejó. —Tzuyu cerró los ojos, cantando en su cabeza, rogando porque eso no fuera más que una pesadilla. —Tómala, Tzuyu.

—N..no.

Yi Cheng bufó y sacó su propia arma y el tiempo pareció detenerse cuando, sosteniéndola firmemente, apuntó el revólver sobre la sien de Tzuyu. La niña temblaba, a sabiendas de que el coronel no estaba bromeando.

—Tómala, ahora. Tzuyu obedeció y con manos temblorosas sostuvo aquel peso de plomo.

El profesor retrocedió unos cuantos pasos, sin embargo los guardias de Yi Cheng habían bloqueado la salida y los gritos del hombre no demoraron en hacerse escuchar.

—Dispárale, hija.

—P..po..por favor... no. —Sollozó.

Su padre sacó el seguro del revólver, el hombre frente a ella rogaba que no lo hiciera. Tzuyu no quería hacerlo, Dios... la opción de dejar que su padre le disparara y terminara con todo de una vez, era casi mayor a su instinto de supervivencia.

—Dispárale, Tzuyu.

—N..no puedo. —Sus manos temblaban, trémulas y frías, empapadas en sudor, su corazón latía con tanta fuerza, que su pecho dolía. —No... no, no, por favor no.

El revólver de su padre se presionó sobre su cabeza.

—Merece morir.

—... No.

—Sí, porque si no muere, seguirá golpeándote... ¿eso quieres? —Tzuyu negó con la cabeza. —Entonces dispara, a quien sea que quiera interferir en tu vida, elimínalo.

—¿Po..por qué? no quiero... no quiero ser una asesina.

—¿Qué tiene de malo ser una asesina? —Preguntó su padre como si no fuera la gran cosa, con una sonrisa pérfida y ojos de pupilas dilatadas. —Tzuyu... ¿crees en Dios?

—Y..yo no, no sé, sí, mamá...

Su padre negó con la cabeza, luciendo casi decepcionado.

—Pues, Dios es el mayor asesino de la historia hija, nosotros solamente estamos hechos a su imagen y semejanza. —Las bocanadas de aire que Tzuyu respiraba se sentían como un caudal de agua, ahogándola lentamente. —Ahora, contaré hasta 3 y dispararás... o lo haré yo.

—Pa..padre...

—Uno. —Todo se definía en ese momento ¿iba a morir? ¿por qué? no quería morir por salvar la vida del hombre frente a ella, él la lastimó, le hizo daño tantas veces. —Tú tienes el control hija, tú decides. Ella solo no quería seguir sufriendo, hacía frío y su pecho le dolía. —Dos... —¿Entonces así era cómo funcionaba? ella tenía el arma... ella decidía quien vivía o quien moría ¿su padre tenía razón?. —¡Dispara, Tzuyu!

Y Tzuyu disparó. La pólvora calcinada llenó sus fosas nasales y el arma cayó a sus pies al mismo tiempo que el hombre frente a ella, en sus ojos no hubo arrepentimiento, no hubo miedo ni dolor.

—Bien hecho, hija, has aprendido tu más importante lección hoy, tú decides el destino de los hombres o las mujeres frente a ti, tú puedes ser Dios.

Tzuyu levantó la mirada, todo frente a ella era blanco y negro, su músculo cardíaco ya apenas latía, sus manos no temblaban. Su padre enarcó ambas cejas al ver la expresión mortuoria en su hija.

O el Diablo. —Respondió la futura Emperadora con una pequeña sonrisa.

—Sana, ve a ver a Dahyun.

La pediatra giró en dirección a Tzuyu, quería negarse, oponerse a ser apartada como si no fuese más que una molestia, pero mordió su lengua y apretando los puños se retiró de ahí. Tzuyu no iba a ceder en ese momento, no había caso ni siquiera en intentarlo, así que hizo lo que mejor se le daba, se inclinó rápidamente hacia Tzuyu depositando un tibio y suave beso en los llenos labios de su dueña antes de apartarse y a paso apresurado, salir de la unidad médica. Tzuyu la vió desaparecer, perdiendo el calor de su cuerpo a medida que Sana se alejaba de ella. ¿En qué momento había pasado a necesitarla tanto?

—Una verdadera monada. Se burló su padre.

—¿A qué has venido?

—Luego de salvar tu miserable vida, pensé que estarías feliz de verme. Tzuyu parpadeó, sin mostrar reacción alguna en su rostro, no iba a darle el gusto a Yi Cheng y molestarse. —¿Hasta cuándo continuarás dejando que tu ego te domine?

—Solo lo diré una vez más ¿a qué has venido?

Tzuyu vio a Yi Cheng bufar y negar con la cabeza, si su padre estaba ahí, nada bueno podía estar ocurriendo. No había vuelto a ver a Nicholas, por lo que no pudo enterarse en qué maldita manera estaba su mecenas relacionado con su padre.

—¿No puedes hacerte una idea, Tzuyu?

—¿Me extrañabas? —Repasó su mentón con los nudillos, formando esa sonrisa que precedía a palabras obscenas y desquiciadas. —Que guarro padre, no me va el incesto y ya tengo vagina que follar.

—Así veo, Minatozaki Sana.

Para Tzuyu, no era difícil suponerlo, Yi Cheng seguramente ya sabía todo sobre Sana y decir que aquello no hacía que su pulso se acelerara, sería mentir y ella era una pésima mentirosa.

—Adelante, ve por ella, siempre quise una razón para matarte de todas formas.

—Pensé que tenías varias.

—Pero ninguna lo suficientemente deliciosa. — La Emperadora entornó los ojos, sin dejar de sonreír. —¿Por qué no dejas de joder con mi puta y me dices qué demonios tienes que ver con mi mecenas?

El coronel llevó su dedo corazón y pulgar a las comisuras de la boca, delineando por debajo de su labio inferior hasta que sus dedos se juntaron al medio de este y un atisbo de diversión estaba reflejado en sus facciones.

—¿Nicholas? trabajaba para mí.

De acuerdo, eso sí que no lo esperaba.

—¿Tú lo mandaste?

—Naturalmente, tenía que tener un ojo puesto sobre mi querida hija. —Tzuyu molió su dentadura al apretar con fuerza su mandíbula, la ira ya comenzaba a alojarse en su abdomen, como un volcán próximo a estallar. —Teníamos un acuerdo simple.

—Muero por escucharlo. —Su padre se encogió de hombros.

—Te mantenía con vida y a cambio... —La sonrisa triunfal de su padre le revolvió el estómago. —Yo lo dejaba seguir haciendo sus porquerías de torneos en el Under.

—Hmm, ya, bueno, quizá no te has dado cuenta, pero hace bastante tiempo que aprendí a mantenerme con vida, por mis propios medios.

—Y habrías muerto el primer día en este agujero por un balazo en la cabeza debido a tu arrogancia ¿realmente crees que las guardias te respetan? no eres nadie sin mí Tzuyu, yo te he mantenido con vida hasta ahora.

—No necesito su respeto, ellas me temen o ¿quieres que lo comprobemos? —Yi Cheng ladeó la cabeza, cruzándose de brazos.

—No salvé tu culo para verte morir 2 semanas después por una estupidez. —Sonrió al decir cada maldita palabra y Tzuyu ya comenzaba a ver rojo, es que la mataba su cinismo sin límites.

—¿Hacerme parte del torneo también era parte del trato?

—Dímelo tú a mí, fuiste tú quien por voluntad propia se subió al cuadrilátero la primera noche y retó a la campeona del Under, Nicholas solo vió la oportunidad y la tomó.

—¿Dónde está?

—Muerto.

—¿Lo mataste? ¿por qué?

—No cumplió su parte del trato y sabes que no me gusta cuando intentan joderme. —Tzuyu bajó la vista, analizando las palabras de su padre. —¿Algo que decir al respecto?

—No te quiero en Camp Alderson, así que vas a desaparecer o me obligarás a escapar de prisión solo para meterte una bala de plomo en el pecho.

Su padre soltó una carcajada ronca, negando con la cabeza.

—Eres una presuntuosa. —Se mofó. —De todas formas, no tenía pensado tomar el lugar de tu mecenas, hija.

—Bien, entonces, ¿qué ocurrirá ahora?

Eso era lo único que le importaba saber, necesitaba establecer una alternativa ahora que había perdido a su mecenas y bajo ninguna circunstancia iba a aceptar que su padre, el culpable de que estuviera condenada a prisión, le ayudara.

—Un hombre llamado Reynolds me contactó, tomará el puesto de cabecilla y lo dejaré seguir con los torneos a cambio de una pequeña suma monetaria. —Sonrió. —Un buen negocio, ¿no te parece?

Tzuyu sintió un tirón en sus labios al pensar en la suertuda hija de puta de Momo, seguro ahora iba a andar de chula pomposa, presumiendo sobre su mecenas. Reynolds era dentro de todo ese nido de ratas ostentosas, el único al que Tzuyu podría llegar a respetar.

—Eres una rata. —Le sonrió a su padre.

—No estás en posición de hablar, Tzuyu, has perdido a tu mecenas; no estás muy lejos de ser la que limpia las alcantarillas de Camp Alderson.

—Voy a seguir peleando. —Decretó con voz firme, la ausencia de Nicholas no influiría en nada.

—¿De verdad? ¿y quién va a apostar por ti?

—No faltarán mecenas.

—Uhmm, interesante, pero no creo que sea posible si no doy la autorización para que continúes peleando, Reynolds debe obedecerme o todo este circo de peleas se acabará.

Tzuyu comenzaba a impacientarse, su padre la dejaba sin salida. Le daba igual pelear, pero necesitaba una manera de mantenerse a la cabeza en Camp Alderson, no solamente por ella, sino por cierta corderita coqueta. Lo peor, las reas seguían solamente a quien demostrara ser la mejor en el Under.

—¿Qué quieres? —Su padre hizo un amago de agradecimiento y Tzuyu solo quería lanzarse sobre él y romperle el cuello.

—Me he enterado de un evento un tanto peculiar y necesito que me hables un poco al respecto... le dicen la fosa.

Tzuyu arrugó el entrecejo y chasqueó con la lengua, encogiéndose de hombros.

—¿Qué quieres saber? es un torneo de pelea, la misma mierda del Under.

—Sí, comprendo eso, pero mi duda es... ¿quiénes participan en ese evento?

—¿La mafia? ¿políticos? no lo sé, hay de todo...

—Has salido campeona.

—Sí, ¿y qué?

—Volverás a participar este año...

—No lo sé, como le arrancaste la cabeza del cuello a mi mecenas, no sé si podré participar.

—No es una pregunta Tzuyu, volverás a participar en la fosa... necesito que te encargues de alguien ahí. —Tzuyu pestañeó flojo, dándole tiempo a su padre para que se explicara. —Me encargaré de que estés dentro y matarás a alguien por mí.

Maldito, Tzuyu no podía pensar de otra forma sobre su padre; era un maldito. Una rata que no podía encargarse de su propia mierda.

—Nombre.

—Ivanov, algunos años atrás hicimos negocios que no tuvieron un buen desenlace, se ha convertido en un asunto difícil de manejar y me estoy viendo en una situación comprometedora; ya encontraré un mecenas para ti, quizá el mismo Reynolds, pero necesito que llegues a la fosa y te encargues de Ivanov.

—Eres una mierda inútil ¿por qué no lo haces tú mismo?

—Créeme, lo he intentado y su seguridad es impecable, no se expone y jamás se le ve en eventos de los bajos mundos.

Yi Cheng carraspeó, sintiéndose ligeramente incómodo y Tzuyu podía notarlo, a diferencia suya... con los años su padre había demostrado signos que lo delataban.

—¿Qué te hace pensar que irá a la fosa?

—Tengo mis contactos, amigos que participarán en esa mierda de torneo.

La coreana entornó los ojos en dirección a su padre.

—¿Amigos? no deberías confiar en tus... —Hizo comillas con los dedos. —"Amigos" para algo así.

—No, pero no pierdo nada con asumir que irá y de ser así... deberás encargarte de él. —Tzuyu asintió en silencio. —Reynolds no sabe nada al respecto y prefiero que se mantenga de esta forma.

—¿No crees que Ivanov se enterará de tus movimientos y decidirá no ir?

—Es probable que ya sepa sobre mi intromisión en Camp Alderson, que sepa sobre mi hija y cómo la salvé de morir. —Señaló a Tzuyu con la mano extendida y una mueca de desprecio en el rostro. —Eso solamente servirá para instarlo a ir; seguramente querrá ver con sus propios ojos cómo mi hija es asesinada.

Tzuyu hubiera sonreído de no ser que odiaba como su padre y ella parecían ser tan parecidos en ciertos aspectos.

—Pues, déjame decirte, padre querido... que no podrían importarme menos tus malditos problemas, es más , ojalá Ivanov se vuelva tu infierno personal, así como tú has sido el mío. —Lamió la comisura izquierda de su boca, esbozando una sonrisa con hoyuelos.

—Respuesta equivocada Tzuyu, no tienes alternativa, harás lo que digo o tendrás que afrontar las consecuencias. —Se acercó dos pasos y colocó una mano sobre el hombro herido de la Emperadora, atenazando sus dedos con la fuerza suficiente para lastimar a su hija y Tzuyu apretó los puños, más ninguna mueca de dolor se presentó en sus facciones. —Tendrás un maldito mecenas, seguirás peleando, irás a la fosa y te encargarás de ese maldito hijo de puta de Ivanov, es una orden.

Tzuyu no respondió, giró el rostro y permaneció en silencio, escuchando cómo su padre hacía sonar las suelas de sus zapatos contra el suelo, al alejarse. ¿Cuál era la posibilidad de deshacerse de Ivanov y posteriormente de su padre? Yi Cheng Chou comenzaba a irritarle y eso no era bueno, Tzuyu no era muy buena lidiando con la irritación. Sonrió al recordar el consejo de Sana sobre tomar clases de yoga para aprender a canalizar su enojo.

—¡¿Dónde está mi puta cordera?! ¡tráiganmela!

—¿Estás segura de esto, Dahyun?

—Shhh. —Siseó la rubia.

Sana quiso protestar, pero decidió no hacerlo, no era ni el momento ni el lugar para hacerlo. Nayeon se encontraba delante de ellas, alumbrando con una linterna la vieja y oscura bodega y era increíble lo que su amiga podía conseguir con las guardias gracias a esa boquita que tenía. No deberían estar ahí, de eso estaba completamente segura y como Tzuyu se enterara, le caerían mil maldiciones encima y seguro algunos azotes en el culo. Últimamente Tzuyu parecía buscar motivos para bajarle los endemoniados pantalones y darle azotes hasta que sus glúteos quedaran rojos, adoloridos y muy sensibles al tacto; ya habían pasado varias semanas desde que Tzuyu había sido dada de alta, por lo que habían vuelto a la relativa normalidad, solamente que su dueña se pasaba todo el maldito día entrenando y no era como que a Sana le molestara ver a su dueña sudado mientras levantaba pesas, pero quizá se sentía un poco olvidada y ahora estaba ahí, en un acto de rebeldía, acompañando a sus 2 locas amigas en una aventura para obtener prendas de ropa del almacén donde estas se guardaban. Según Nayeon, había increíbles cosas olvidadas... o eso le había contado la guardia y Sana solo esperaba que ninguna rata la mordiera.

—Tzuyu va a matarme. —Susurró, con sus dedos sosteniéndose al suéter gris de Dahyun.

—¡Que te calles, maricona! —Chilló a voz baja la rubia.

—¡Cállense ambas, joder! —Nayeon se volteó y pegó un salto cuando sintió una cosa sobre su pie. —¡Mierda, una rata me atacó!

—¡Me voy de aquí! —Exclamó Sana y justo cuando se dio media vuelta, convencida de hacer una salida triunfal de aquella caverna putrefacta... chocó con una enorme caja y cayó dentro de esta. —Ouch.

—¡Ay, esa cosa chupó a Satang! —Gritó espantada Dahyun

—No me chupó, imbécil, es una caja. —Se colocó de pie, y entornando los ojos debido a la molesta linterna de Nayeon, estiró los brazos en dirección a sus amigas. —Ayúdenme a salir.

Sana colocó una rodilla sobre el borde de la caja de madera para salir de esta, quizá su estatura no ayudaba mucho ya que el maldito cuadrado le llegaba a la cintura.

—Oye, espera, ¿qué contienen esas bolsas? —Nayeon alumbró al interior de la caja y bolsas negras y abultadas se encontraban a los pies de Sana. —Ábrelas.

—Ni loca.

—¡No seas miedosa! —Exclamó Dahyun con el ceño fruncido.

Sana rodó los ojos y se agachó, soltando los nudos de las bolsas de tela, parpadeó varias veces al ver el contenido de las bolsas y cuando levantó la mirada, apenas podía vislumbrar el rostro de Dahyun, pero estaba jodidamente segura de que se encontraba sonriendo.

—¡Sí! ¡gané, perras! —Levantó las bolsas. —¡Esta noche está claro quién es la reina!

De acuerdo, Dahyun definitivamente estaba loca.

La rubia extendió los brazos y tomó su botín, olvidándose completamente de Sana, que salió de la caja con ayuda de Nayeon. Ese era el motivo por el cual se habían adentrado a esa bodega, buscar las viejas ropas del personal femenino de Camp Alderson.

—Voy a hablar con Momo ¡esta noche brillaremos!

—Ya, seguro y montas un espectáculo de modas.

—Sana, no seas ridícula. La pediatra casi se sintió ofendida, Dahyun hablando de ridiculez, eso sí era ridículo.—¡Haré una maldita fiesta! —Y solo Dahyun podía superarse a sí misma con tanta facilidad.

Salieron de la bodega, donde Yeojin las esperaba en la puerta junto a Yerim con quien se estaba besando sensualmente y Sana sintió un poquito de envidia.

—Váyanse a su celda, conejas. —Se burló Nayeon tomando de las caderas a Yerim e inclinando su pelvis hacia adelante para restregársele de golpe.

Dahyun miró a Sana con una ceja alzada y la castaña se encogió de hombros, no quería ni saber que ocurría con esas tres. Yeojin, entre risitas cómplices, se apartó de su pareja y miró las enormes bolsas que tenía Dahyun y un brillo en sus ojos la delató.

—... No.

—¡Sí! —Respondió la rubia.

Sana bufó y comenzó a caminar, escuchó las burlas de sus amigas a su espalda, quienes caminaban tras ella, con Dahyun emocionada y vociferando sobre cómo esa sería la mejor noche de sus vidas. Desde que Reynolds había adquirido la potestad del Under, Momo había ganado algunos cuantos beneficios y Dahyun era quien más los disfrutaba, era cosa de ver como se paseaba por los pasillos de la penitenciaría, prácticamente restregándole a todas las reclusas que era la puta de una de las mandamases.

Llegaron a la celda de Dahyun, donde Yerim las dejó para ir a avisarles a Tzuyu y a Momo los planes de la rubia, Dahyun estaba decidida a convertir esa celda en un maldito antro y quizá a Sana no le molestó tanto la idea al ver como su amiga sacaba 3 botellas de Bourbon de una vieja caja.

—Veamos que tenemos aquí.

Comenzaron a inspeccionar las prendas de ropa y Sana tomó un brasier pequeño de encaje en color negro.

—¿Quieres un porro? podemos drogarnos primero. —Soltó Nayeon rebuscando en los bolsillos de sus pantalones.

—Por favor, sí. —Sana juntó las palmas de sus manos y asintió reiteradas veces.

De los meses que llevaba en Camp Alderson, algunas veces se drogaba con porros que las chicas generosamente compartían con ella, a Tzuyu no parecía molestarle particularmente y Sana tampoco abusaba de ello.

Se sentó con el brasier en mano, arrugó la nariz al olerlo ya que no tenía precisamente el aroma de las flores y vio cómo Dahyun comenzaba a desvestirse al igual que Yeojin, mientras Nayeon prendía el porro y todas mantenían una conversación completamente estúpida; sí, es que eran un caso especial. Para cuando llegaron las chicas rudas, Sana ya se encontraba completamente ida, con una botella de Bourbon en la mano y el brasier sobre sus deliciosos pechos, sentada sobre una superficie de madera que simulaba ser una mesa; sonreía estúpidamente ante las bromas absurdas de Nayeon sobre lo genial que lucía esa... ¿era una falda? o lo que fuese ese tubo de tela que tenía sobre sus piernas. No, no era una fiesta, eran pobres convictas fingiendo que, por una noche, no se encontraban reclusas en una cloaca de lamentos y miserias, pero se sentía malditamente bien.

—¡Por esto te quiero, rubia de mierda! —Gruñó Momo tomando a Dahyun del brazo para apretarla contra su cuerpo, juntando sus pechos con la espalda de la rubia.

—¡Solo besa el suelo por el que camino! —Respondió emocionada, sonriendo ante los besos que Momo dejaba en su nuca.

Sana casi saltó sobre Tzuyu cuando la vio entrar a la celda, con su rostro agotado y unas enormes ojeras adornando sus brillantes ojos ónice, con toda su fibrosa contextura, perfectamente moldeada y que invitaba a probar a base de lametones; al desnudo.

—Voy por algunos asientos. —Murmuró Nayeon y golpeó el hombro de Yerim para que la acompañara.

Tzuyu llegó hasta Sana, que se abrió de piernas, dejando sus centros perfectamente encajados; le era imposible no sonreír, su dueña estaba con ella y estaba malditamente drogada... y llevaba puesto un muy sensual brasier haciendo lucir sus perfectos pechos.

—¿Qué hace mi corderita vestida así? —Le preguntó Tzuyu al oído, tironeándola de las caderas para que juntaran sus cuerpos lo máximo posible. —Hmm, tan caliente para su dueña.

—¿Te gusta? —Ronroneó, colocó su mano sobre el duro abdomen de Tzuyu y se calentó al sentir la piel algo húmeda y firme de su dueña. —¿Te excita verme así y no toda andrajosa?

Tzuyu, sin importarle en lo más mínimo quienes estaban ahí, tomó la mano de Sana y la colocó sobre su sexo, eso bastaba para responder su pregunta. Sana gimió bajito y se acurrucó en los pechos de Tzuyu, dejando la botella a un lado y levantando sus brazos para rodear el cuello de su dueña.

—¡Perras en celo, dejen eso para después! —Exclamó Dahyun con fingida molestia, siendo bestialmente traicionada por su sonrisa brillante, mientras se encontraba sobre el regazo de Momo, que fumaba un porro. —Ahora vamos a beber hasta que olvidemos quiénes somos.

Eso no sonaba tan mal. Yerim y Nayeon no demoraron en llegar, así como unas cuantas guardias, quienes se vieron en la obligación de comprobar el motivo por el que había tanto ruido en la celda de la peleadora de Reynolds y solo hizo falta que vieran la molestia en los rostros de Tzuyu, Momo y Yerim para que desaparecieran, disculpándose por interrumpir. Dahyun cantó, Yeojin inventó juegos estúpidos y Yerim hizo aparecer unas botellas de Ron de algún lado, Sana tomó hasta que el alcohol le hizo imposible hablar sin arrastrar las palabras y Tzuyu realizó estúpidos concursos junto a Momo y Yerim.

—¡Bastarda tramposa! —Reclamó Momo a Yerim cuando esta le encestó a un pequeño vasito con una bola de papel arrugada.

—Ma..mal per..perdedora. —Bromeó Dahyun, notablemente ebria y arrastrando las palabras. —Puta perdedora.

—Púdrete rubia.

—A tu lado. —Sonrió.

Momo borró cualquier molestia de su rostro y se inclinó para dejar un beso en los húmedos labios de Dahyun. Sana estaba demasiada ebria para decir cuán linda pareja hacían y que deberían casarse, no, mejor aún... ¿por qué mejor no se casaba ella con Tzuyu?

Se apartó un poco de su dueña, que tenía una expresión ligeramente risueña mientras miraba como Yerim intentaba meterle mano a Yeojin y esta no se dejaba.

—Tz..Tzuyu...

—¿Hm? —Ahuecó sus manos para arrullar el rostro de la castaña y que esta la mirara. —¿Corderita?

Tzuyu se llevó la botella a la boca y le dió un sorbo al licor de Ron que pasó por su garganta, quemando deliciosamente los músculos de esta.

—Por qué n... —Sacudió su cabeza en un intento por pasar su borrachera, mala idea. —Cásate co..conmigo.

Tzuyu escupió el licor que había en su boca, agitó sus pestañas y todas guardaron silencio. Dahyun miró a Momo y luego a Yeojin, un efecto cadena de miradas se desató y Sana solo sonreía perezosa.

—¿Nos perdimos de algo? —Preguntó Yeojin.

Tzuyu tragó grueso cuando Sana presionó un beso sobre sus labios, permitiéndole sentir ese tibio vaho alcoholizado.

—Oops.

—... Sana. —Tzuyu bajó el rostro y luego observó a las presentes cuyas miradas curiosas indicaban que realmente querían saber que había ocurrido.

Encontró sus orbes ónice con los de Momo y se encogió de hombros

—Es que es tonta.

Tzuyu mordió su labio inferior y volvió su vista a Sana

—Un día de estos vas a acabar conmigo, tus mariconerías... son mi debilidad, corderita. —Se apartó de Sana y con un movimiento ágil, la tumbó sobre su hombro cual costal de papas.

—¡O..oye! —Se quejó Sana, pegando un chillido cuando Tzuyu dejó caer su mano en un azote duro y cruel sobre su trasero.

—Nos vamos. —Les indicó a las presentes, al ver como todas esperaban una explicación y con sus labios torciéndose por voluntad propia en una sonrisa, decidió hablar. —Tengo una luna de miel que celebrar.

Para cuando Tzuyu la sacó de la celda, solo faltaba poco más de una hora para que se cortara el suministro eléctrico al interior de los calabozos y con el brasier bajo una holgada camiseta que no sabía a quién pertenecía, llegaron hasta su propio nido. Tzuyu dejó a Sana sobre sus pies, apoyada en la pared para poder tirar del escueto colchón del catre superior al suelo.

—Voy a mon..montar t..tus de..dos. —Susurró Sana con una sonrisa oculta tras su mano hecha puño.

—Por supuesto que sí. —Tzuyu humedeció sus labios, y ya con el colchón en el suelo llegó hasta Sana.

Tiró del suéter de esta y la dejó nuevamente con aquella vieja y maltrecha pieza de lencería

—Esta noche vas a hacer tantas obscenidades, corderita. —Tzuyu se inclinó para comenzar a degustar la piel caramelizada de Sana.

—V..voy... —Jadeó, buscando aire. —A comerme tu vagina.

—Sí, lo harás.

Las manos de Tzuyu se presionaron sobre el trasero de Sana y la pediatra suspiraba entre gemidos dóciles. Tzuyu comenzó a lamer la curvatura del cuello de Sana, degustando su piel caliente.

—...Y a llenarme de ti.

—Sí, tan guapa, llena de mí ¿te gusta eso, verdad?

—M..me gusta...porque eres mi dueña.

Sana encorvó los dedos de sus manos cuando Tzuyu deslizó sus manos por debajo del brasier, ahuecándolas en los sensibles pechos de la castaña, acariciando con sus pulgares los erectos pezones de Sana

—Mi novia... mi esposa.

—Hm... ¿no te basta con que sea tu dueña?

—N..no, lo quiero todo.

—Eres una maldita ambiciosa. —De un movimiento brusco, tomó a Sana de los hombros y la empujó al colchón del suelo, el frío no importaba gracias al alcohol en sus cuerpos. —Una muñequita caliente dispuesta a dejarse follar por su dueña.

Tzuyu se sentó a horcajadas de Sana y barrió con sus manos por los suaves y deliciosos pechos de esta, sus centros se rozaban a través de sus pantalones.

—Eres... m..mi esposa.

—Maldita sea, ¿no puedo sacarte esa puta idea de la cabeza?

Sana negó con la cabeza.

—No.

—Perra caprichosa. —Tzuyu rumió y tiró los cabellos de la nuca de Sana para dejar expuesto su cuello.

Se inclinó hacia adelante y mordió la quijada de la castaña, sintiéndose mareada y excitada en demasía. El cuerpo de Sana estaba febril, y sus labios adormecidos rogaban por un beso castigador y cruel, buscó la boca de Tzuyu, gimió de placer cuando su dueña la devoró con avidez y respondió perezosa a las provocaciones de la lengua de Tzuyu que penetraba su boca. Se separaron indóciles y Tzuyu lentamente se deshizo de los pantalones de la pediatra, recorriendo lentamente las blanditas piernas de esta, mordió el interior de un muslo de Sana y sonrió perversamente al escucharla soltar un quejido de dolor y placer.

—T..Tzuyu... —Estaba desorientada, perdida en los chispazos de corriente que estallaban en cada parte de su cuerpo que Tzuyu tocaba. —Fóllame, tócame, tómame, lo quiero.

—Todavía no, tienes que comerte la vagina de tu dueña y tengo que prepárate. Sana negó con la cabeza.

—No, no quiero, házmelo ahora, quiero sentirte, quiero que duela... po..por favor.

—Joder guarra.

Con movimientos lentos y sensuales, guiados por el alcohol, Sana quedó encima de Tzuyu, sentada a horcajadas de ella y con todo viéndose levemente borroso a sus ojos, desabrochó el pantalón de Tzuyu y se acomodó para que la coreana pudiera tener acceso a su centro. No quería esperar, necesitaba sentir a Tzuyu dentro suyo casi con urgencia, necesitaba esa conexión, ese algo que ocurría últimamente, cada vez que tenían sexo.

Tzuyu dió un lametón en su mano, dejando en esta un rastro de su saliva; caliente y espesa, lubricó pobremente la entrada de Sana, que sonrió al escuchar cómo su dueña jadeaba en anticipación. Sabía que a Tzuyu el sexo duro le encantaba, y ella en particular había comenzado a encontrar cierto placer en el dolor que le precedía al orgasmo.

—Estás tan caliente, solo por mí.

—Solo por ti, pequeña ramera.

—Sí. —Se deslizó sobre los dedos de la coreana, impulsándose con sus rodillas para quedar con su pelvis en altura.

Su rostro estaba tenso y tenía su labio inferior dolorosamente atrapado entre los dientes. Los dedos calientes de Tzuyu rozaron su entrada y gimiendo por el dolor, se penetró a sí misma

—Mi..mierda, duele, b..bebé, duele.

Tzuyu botó el aire de sus pulmones y entornó los ojos en un goce pleno al sentir las calientes y estrechas paredes de Sana en sus dedos.

—Ahora te aguantas cariño, porque no pienso salir de tu vagina hasta que te corras sobre mí. Rasguñó la piel de un glúteo de Sana con una mano y ejerció fuerza en la otra mano para penetrarla aún más.—Vamos, corderita, muévete o voy a ponerte sobre tus rodillas para castigarte.

El dolor en su piel magullada por las uñas de Tzuyu le dijo que no mentía sobre castigarla, a pesar del dolor y de la quemazón en su dilatado sexo; comenzó a moverse. Apoyó ambas manos en los pechos de Tzuyu y comenzó a dar pequeños brincos oscilantes.

—Estoy tan llena, bebé. —Gimió agudo. —Chupa mis pezones, por favor, te lo ruego.

La coreana no demoró en someterse a la súplica de su corderita y le bajó los tirantes del brasier, dejando expuestos esos dos pechos que la volvían loca, tan rosados que lucían marcas de besos a su alrededor. Sana inclinó la cabeza hacia atrás y ahogó un lamento cuando Tzuyu agarró impulso con su mano, hundiéndose en ella con fuerza; la boca de su dueña lamía y chupaba sus pezones; el centro de Tzuyu estaba tan húmedo por sus flujos, debido a la excitación, al ver a su corderita penetrar sus dedos, mientras sus pechos brincaban frente a sus ojos, provocando una sensación tortuosamente placentera debido al roce de su piel contra la de Sana.

—Joder, tu cuerpo... tu cuerpo es perfecto.

Sonrió ante las palabras de Tzuyu, premiándola con sensuales gemidos de placer que abandonaban sus labios, llenando la celda de música lasciva. La mano libre de Tzuyu se posó en su cintura, agarrándola con firmeza y supo que su dueña no podría controlarse más, cerró los ojos lagrimosos ante el dolor de las crueles y toscas embestidas en su interior; entreabriendo los labios, abandonándose al martirio de placer que solamente Tzuyu podía provocarle. Los ojos de Tzuyu estudiaban cada movimiento de Sana; quería devorarla hasta que no quedaran ni sus huesos. Las pieles chocando sonaban obscenamente, el calor en sus cuerpos y el alcohol en su sistema creaba una sensación única y hormigueante que recorría todas sus conexiones nerviosas, se sentía quemar en placer.

—Beso. —Exigió Tzuyu con voz rasposa y entrecortada.

Se enderezó de un movimiento alífero, buscando con rabia los labios de Sana que la seducían, rojos y húmedos; dispuestos a dejarse morder por sus dientes.

—S..sí, beso, beso.

Colisionaron sus bocas y Tzuyu rodeó a Sana con su brazo libre, guiando los movimientos rápidos y feroces; sonriendo cuando supo que había dado con el punto dulce de su corderita.

Sana se retorció en sus brazos, derritiéndose cada vez que el pulgar de la Emperadora tocaba su clítoris. Tzuyu quería hacerla sentir más, volverla loca para que jamás pudiera olvidarla, para que el cuerpo de Sana rechazara cualquier toque que no fuera el suyo.

—Vo..voy a llegar... mierda, Tzuyu... bebé. —Rodeó a la Emperadora con sus brazos, atenazando sus manos en la nuca de esta.

Tzuyu la castigó con un último beso mientras ella alcanzaba un sublime y febril orgasmo. Sana apretó sus rodillas a las caderas de la coreana, porque fué tan intenso que estaba segura, su pobre corazón no lo aguantaría.

—Ven aquí.

Tzuyu sacó los dedos del interior de Sana y colocándose de rodillas, comenzó a bombear su propio clítoris frente al rostro de la pediatra que se encontraba tras su espalda; temblando por los espasmos de su reciente orgasmo. Se colocó sobre la cabeza de Sana con sus rodillas a cada lado de la cabeza de esta.

—Abre es bonita boca, corderita y cómeme mi vagina.

Sana obedeció, levantando la mirada y sacando la punta de su rosada lengua. La simple imagen llevó a Tzuyu de vuelta al infierno en unos segundos, solo para después guiarla al cielo. Sana lamió el clítoris de su dueña con frenesí y la Emperadora alcanzó el clímax con sus fanales fijos en Sana, viendo como la boca de su corderita se llenaba de sus flujos y Sana saboreaba con la lengua las comisuras sucias de sus labios.

—Puta guarra... me traes loca.

Y era esa sonrisita, aquel gesto infantil que Sana tenía siempre al finalizar, la coronación que su bestia interna necesitaba para calmarse. Sana era suya, quería ser suya. La castaña se lanzó sobre Tzuyu, obligándola a caer de espaldas al colchón entre risas bobas y borrachas. Se miraron a los ojos, buscando sentimientos que ni siquiera sabían, existían antes de conocerse.

—No puedes dejarme. —Musitó finalmente la coreana, con su cabello desordenado y su respiración todavía agitada, acunó una mejilla de Sana con su mano y dejó suaves caricias en su lechosa y aterciopelada piel. —No puedes.

—No, no puedo.

—No tú, corderita... —Negó con la cabeza, comenzando a sentirse subyugada por primera vez. —Tú me haces humana.

—Te quiero, Tzuyu

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