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03

—Te dije que lo empujaras, no que lo mataras, idiota.— reclamó YoonGi, mirando con reproche a su hermano.

—Si no te gusta como hago las cosas, debiste hacerlo tú.— respondió Agust, alzando los hombros y le restó importancia.

Suga, el menor de los tres hermanos, apretó fuertemente su preciado peluche entre sus brazos con disgusto, ya que no le gustaba verlos pelear.

—¿Crees que está bien?— preguntó con un puchero en el rostro a su muñeco en forma de galletita.

Los mayores se acercaron al cuerpo inconsciente de JiMin, ignorando como de costumbre la extraña manía que tenía el menor de hablar solo. Ambos miraron las heridas sangrantes e inhalaron el dulce y tentador aroma a manzanas que desprendía, era el olor del pecado.

Sin duda, la extrema sed que sintieron confirmaba que lograron encontrar a su nueva Eternâ, aunque era muy distinto a los anteriores. Habían conocido cinco ejemplares durante todo el tiempo que llevaban vivos, pero nunca fue un chico.

—¿Se habrá quedado sin mujeres o qué?— dudó YoonGi casi ofendido.

—Umm... ¿Qué más da?— contestó Agust, evaluando de pies a cabeza al chico que yacía en el piso —No está nada mal.— opinó.

El menor al escucharlos decidió acercarse para también poder ver y sus ojos grisáceos destellaron. Sostuvo su peluche con una mano y se agachó para acariciar delicadamente el rostro de JiMin, era sumamente suave al tacto.

—¡Es hermoso!— exclamó Suga, poniéndose de pie para dar brinquitos de emoción alrededor de sus hermanos.

—De igual manera morirá.

Las tajantes palabras de YoonGi lograron que el silencio los volviera a rodear, Suga se desanimó y Agust sintió la ira recorrer su cuerpo. Ciertos recuerdos azotaron de manera violenta a los tres, no hay nada bueno en ellos y sus iris se tornaron ligeramente rojos por instinto al dolor.

Siempre había sido así, las Eternâ morían sin importar cuanto las quisieran y cuidaran o si intentaban convertirlas. Ese era su castigo, tomarles afecto para luego verlas morir, una y otra vez, todas de manera inolvidable y horrible.

Los Min aprendieron por la mala, luego de la segunda muerte presenciada, y es por eso que después de tantos errores dejaron de sentir. Sus sentimientos estaban encapsulados en un rincón de sus pechos y cada que encontraban una Eternâ solamente les daban el uso que les fue encomendado.

Este slujitorul nostru.— sentenció YoonGi, acuclillándose para tomar el frágil cuerpo entre sus brazos y cargarlo —Recuérdenlo bien, no debemos fracasar de nuevo y hundirnos mucho más.

JiMin despertó por el dolor recorriendo cada una de sus extremidades, su cabeza estaba punzando repetidamente, provocándole fuertes mareos. Fue abriendo los párpados de a poco y entonces pudo ver una oscuridad absoluta.

No sabía exactamente dónde estaba, pero se encontraba en un lugar con olor a madera vieja, humedad y polvo. Su nariz picó ante la combinación y estornudo como el maullido de un gatito, eso lo resintió en todo su cuerpo y jadeo. Trató de ponerse en pie, pero sus piernas estaban endebles y se quedó inmóvil unos instantes para luego volver a intentarlo. Con mucha inseguridad palpó tentativamente a su alrededor, eso para descubrir si había algo de que sostenerse. Sin embargo, no encontró absolutamente nada, únicamente el vacío y el tacto de las tablas de madera bajo sus dedos que conformaban el piso.

Luchó como pudo hasta conseguirlo y caminó entre el negro, sin saber realmente a dónde se dirigía o lo que hacía. El sitio desconocido lo llenó de incertidumbre, sus malestares continuaban y su mente rememoraba lo ocurrido. Se había alistado para conocer los alrededores, conoció a Lonela y huyó de ella por temor a su comportamiento. En el regreso a su casa recuerda vagamente que corría bajo la lluvia, fue empujado por algo y después... vio el cielo nublado.

No había nada más, ningún indicio de cómo demonios llegó ahí y tampoco podía haberlo hecho por sí mismo cuando no podía ni mantenerse estable.

—Te ves gracioso caminando así.— comentó con diversión una voz algo aniñada que provenía justamente frente a él.

JiMin se impresionó, gimió de pánico y dio varios traspiés hasta finalmente caer de culo contra el piso. No pudo ver quien era la persona que hablaba, aun cuando forzó la vista para poder distinguir mínimamente su sombra.

—¿Q-quién eres?— balbuceó aterrado.

No escuchó respuesta o pasos, ni mucho menos una ráfaga de viento que avisará antes sobre su acercamiento. Por el tono se supuso que se trataba de un niño, pero se recuerda que no puede fiarse cuando ni siquiera sabe dónde está.

—Él no nos conoce, Shooky.— murmuró Suga en respuesta con pesar.

—¿Quién es Shooky?— preguntó JiMin, sintiendo una respiración caliente chocar contra su cuello y se alejó de golpe por reflejo.

—No importa, ven conmigo.

JiMin volvió a tener la presencia delante, sintió una mano sobre su brazo y lo ayudó a levantarse. Permitió que el contrario lo hiciera porque realmente necesitaba apoyo, aunque estaría mintiendo si dijese que no estaba aterrado.

El niño entrelazo sus manos con mucha confianza y al parecer sabía por dónde estaba la salida, ya que se movió por la oscuridad como si conociera el sitio o tal vez pudiera ver a través de ella.

—¿Qué edad tienes?— cuestionó JiMin, diferenciando el tamaño de sus manos.

Se exhortó a mantenerse tranquilo y no pensar demasiado, por lo menos hasta que hubiera algo de luz, pero fracasó deprisa. Al no recibir respuesta del niño a sus preguntas lo puso a la defensiva y no pudo evitarlo porque se inquieta demasiado cuando tiene miedo.

—¿A dónde vamos?— insistió.

—Te llevaré con mis hermanos, ellos te explicarán.— respondió tranquilamente la voz aniñada —YoonGi dijo que morirías, aunque yo quiero ser tu amigo antes de que eso pase y Agust no sé si desee lo mismo.— agregó dulcemente.

Por muy tierno que Suga haya querido sonar, no logró que JiMin se tranquilizara porque entre lo que dijo había una clara e indirecta advertencia de muerte. Eso provocó que JiMin entrará en una clase de ataque de pánico, pues estaba claro que había riesgo en ese lugar y podría causar hasta su muerte. Su reacción fue intentar desenlazar sus manos, pero no pudo y comenzó a ser más rudo, tirando de su brazo con fuerza. No logró absolutamente nada, el niño parecía demasiado fuerte para él, ni siquiera se inmutaba de sus intentos y lo que hacía.

—¡Suéltame!— gritó JiMin exaltado.

—Ya casi llegamos.— dijo Suga como si nada, sin dejar de llevarlo, aun cuando había cierta, mucha, resistencia.

JiMin no supo qué hacer para huir, se dejó caer en el suelo creyendo que eso lo haría detenerse y lo único que consiguió es que ahora lo llevara a rastras. Se hizo pesado, intentando mantenerse firme en el piso, aunque eso tampoco sirvió.

Pronto dejó de tratar y fue diferenciando un rayo de luz, estaban llegando al final del pasillo. Quizás encontraría una salida, solo tendría que estar atento y volvería a utilizar toda su fuerza disponible para tratar de liberarse nuevamente.

—No te puedes ir, ni siquiera lo pienses.— dictaminó el niño.

JiMin se quedó congelado ante sus palabras porque estaba seguro de no haber pronunciado nada, más parecía haber leído su mente y eso le heló la sangre. Lentamente, la luz fue iluminándolos y entonces pudo verlo con claridad, no era un niño como se imaginó, sino un chico más o menos de su edad.

—Claro que puedo leer tu mente.— comentó con obviedad, mirándolo y alzando su peluche en la mano izquierda mientras continuaba arrastrándolo con la derecha —Él es Shooky y yo Suga.

JiMin no supo qué responder por el shock de saber que sus pensamientos estaban al descubierto, era totalmente irracional. Además, el chico estaba hablando con un peluche de galleta y se refiere a eso como si fuera una persona. No obstante, Suga le pareció alguien dulce y muy inocente, aunque en su interior algo le gritaba que estaba en peligro, que corriera.

—Es difícil llevarte así.— confesó Suga, deteniendo sus pasos —No debes temer, o por lo menos no de mí.

JiMin no sintió ni una pizca de tranquilidad, solo vio como Suga se le acercó y lo soltó, pero así de repentino, también lo alzó en el aire para cargarlo estilo nupcial. Todo fue muy rápido, tanto que ni siquiera le dio tiempo para huir o de evitar que lo contuviera entre sus fuertes y delgados brazos.

Sin muchas opciones, examinó a Suga mientras era llevado, no tenía un físico musculoso, pero de alguna manera lo levantó como si no pesara y lo mantenía sin esfuerzo. Era muy pálido, tan blanco como la nieve misma, por eso su cabello azul intenso contrastaba sobremanera. Sus ojos eran pequeños y de aspecto gatuno, poseía iris de un color gris precioso que lo hipnotizó.

—Tú también eres hermoso.— lo halago Suga súbitamente, sonriéndole.

Los finos labios de tono rojizo robaron toda su atención, aquella que supuestamente JiMin estaba intercalando en ver el lugar y a su vez en el chico. El magnetismo que sentía era muy poderoso y olvidó por completo qué es lo que debería estar haciendo o lo que pasaba. En ese momento, exclusivamente tenía la necesidad de probar y fundirse en los apetitosos belfos de Suga. Se relamió sus propios labios, tratando de así reemplazar esa explosiva ansia y se obligó a centrarse en buscar la salida.

Ahora estaban caminando por un cuarto enorme, distinto al anterior, y JiMin se percató de que por donde pasaban no había ni una sola ventana abierta. Todas y cada una de las posibles entradas de luz solar estaban cubiertas por cortinas espesas de un tono guindo oscuro, el cual impedía la iluminación. Con ese detalle se dio cuenta de que era de día, pero él recordaba que salió de casa por la tarde y anochecía cuando estaba regresando de con Lonela.

¿Cuánto tiempo lleva aquí? Se preguntó mentalmente y su duda quedó aparte cuando los pasos de Suga se detuvieron frente a unas puertas y se abrieron por sí solas.

Dentro de esta habitación había dos chicos que estaban rodeados de varias mujeres y JiMin tragó saliva sonoramente al identificar sus inolvidables iris. Uno tenía el cabello negro y sus ojos azules, mientras que el otro era rubio y de ojos verdes, ambos eran muy parecidos a Suga, aunque con ligeros rasgos distintos.

Al final sí que logró descubrir quienes vivían en la extraña mansión frente a su nueva casa.




*Este slujitorul nostru: Él es nuestro sirviente.

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