♡ Especial de Navidad ♥︎
Universo alterno
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Hamburgo, Alemania.
24 - Diciembre - 2022.
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Veinticuatro de diciembre en las calles de Hamburgo estaban llenas de dulces y tiendas hasta el tope de gente comprando los regalos y los preparativos de la cena para Navidad. Las vibras de alegría –y estrés– adornaban cada rincón de ese hermosa ciudad, creando la linda y perfecta emoción navideña.
Pero, para nuestra protagonista no era lo mismo.
Third Reich. Para ella, estar rodeada de toda esa gente le causaba ansiedad. Nunca fue fan de las aglomeraciones de gente, pero ahora era distinto. Pues sentía como codos, brazos, mano, y de todo aplastadas su estómago. Con su mano libre trataba de proteger esa parte de su cuerpo con su vida. Afortunadamente, una de las trabajadoras de la tienda la miro y se apiado de ella atendiendola para que se fuera y no tener que seguir en esa montículo de gente.
Suspiro al salir del lugar, miro las calles esta no están tan llenas de personas, –pues casi todas estaban atorados en las tiendas– así que se dio su tiempo para caminar de manera lenta con su bolsa en mano, hasta llegar a su casa.
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No pasó mucho para que llegara a su casa, en la comodidad de su soledad y...
—¡Mama! ¡¿Donde estabas?!
Al parecer hoy no estaría solita como los tiburones.
—Hola, Ale —Le sonrió a su hijo que la veía enojado desde la cocina —Fui a comprar cosas para hacer una tarta de manzana...antojo de último momento —Lo último lo comento un poco apenada. El contrario suspiro cansado antes de acercarse y tomar la Bolsa que se veía pesada –realmente solo la manzana hacia que pesará la bolsa–.
—Mamá, le hubieras dicho a Derek o a mi. Nosotros pudimos haber ido.
—Tenía ganas de tomar aire.
—Si, pero, la gente te pudo hacer algo inconsciente o conscientemente. Mirate, esta vulnerable.
—Estoy embarazada, no inválida o algo por el estilo —La mujer se fue a sentar en el sillón que ONU le había comprado sólo para ella –pues era grande y muy amplio–cómodo para que no le estorbara su pancita ya de ocho meses.
—Lo se, pero cualquiera se puede aprovechar, o en las tiendas hay mucha gente y te pudieron golpear sin quererlo.
—Pero no pasó. Yo y también mi bebé estamos bien, así que deja de preocuparte, Ale.
—¿No te hicieron nada?
—No, solo en la tienda casi me aplastan. Pero, una trabajadora se apiado de mi, incluso me regaló una manzana acaramelada.
El menor ya no dijo nada, solo negó divertido por la manera en la que su mamá sacaba las cosas de la bolsa –que se la había robado de las manos minutos atrás–y sacaba la dichosa manzana para abrirla de su empaque y comerla emocionada. Se veía feliz...y eso es lo que más le importaba.
—¿Que tengo algo en la cara? —hablo con la boca llena la alemana , al ver que su hijo no le quitaba la mirada. El menor negó, se acercó a darle un beso en la frente a su madre.
—Solo que me gusta verte feliz. Te quiero, mamá. Pero, no vuelvas hacer eso...al menos avisa antes de salir.
—Lo haré, lo prometo.
—¿Que pasa?
—Hola, Derek.
El mayor de los gemelos bajo las escaleras para saludar a su madre y a su hermano.
—¿Y, Emma?
—Se quedó dormida, pero al rato la despierto.
—Bueno, en ese caso deberíamos de apurar nos no tardan en venir los invitados.
—Nos me suena a manada, tu te quedas aquí a cuidar de mi hermanita o hermanito.
—Esta bien, esta bien. Como quieras, hijo.
Los dos jóvenes adultos fueron a la cocina a preparar la tarta de manzana que se la había antojado a su madre. Así como otro platillos que aún no terminaba.
Mientras la nazi se quedaba en su sillón leyendo un libro –más bien se lo leía al bebé en su vientre–.
—¡PODRÍA, YA TERMINAR ESO!
—¡ESO INTENTO!
—Hermanos, podrían dejar de gritar y tomar las cosas pacíficamente.
—Mira, OMS. Tu te callas, por que tu no tienes una esposa y un bebé esperando en tu casa.
—Técnicamente solo es un esposa embarazada. Aun no nace el bebé.
—¡Tu cállate, FBI!
—Bien, bien. Tienes razón, pero ONU cálmate.
La organización de color celeste trato de relajarse haciendo ejercicios de respiración para calmar su ataque de ira que le estaba dando.
Es que le enojaba que el FBI no podía poner unos putos fuegos artificiales bien para que a la hora estos explotaran en el aire en un espectáculo de luces. Y ella tenía que estar ahí corrigiendo sus errores y no se podía ir a su casa a pasar su primera cena con la familia alemana. O sea, el padre de la nazi no le tenía buen visto, como para que estos vengan a arruinar la única oportunidad que tiene.
—Ya, está.
—¡YA!
—Ya, te dije que no soy tan inútil —dijo el FBI bajándose de las escaleras.
—Gracias, te amo FBI —Lo abrazo.
—Si, si, si. Ahora ve con tu esposa.
—Claro —Le dio un beso en la mejilla a FBI y otro a OMS —Los amo, no vemos.
Y con eso dicho la celeste se fue corriendo a su auto.
—¿A donde fue? —EU apareció en el balcón donde estaban mirando intrigante a los dos hombres. Mientras bebía su copa de vino.
—Fue con Reich, ya sabes compromiso de casada —Le contestó OMS nervioso.
—Mmm...Ojala le vaya bien —dijo para irse de hay a su habitación con su pareja.
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Mientras tanto en la casa de la nazi, Ale y Derek por fin habían terminado la cena. Reich se encontraba en el mismo lugar de antes con la diferencia de que estaba viendo la televisión "Mi Pobre Angelito" comiendo un rebanada de la tarta de manzana y estaba ahora acompañada de su nieta Emma.
En ese momento la puerta de la entrada se escuchó, todos voltearon a ver a la misma. En ella ONU estaba cerrándola puerta cuando sintió unos brazo en su espalda.
—Aww. my little angel —Se dio la vuelta para mirar a su esposa, dándole un besito en sus labios. El cual fue correspondido —Angelito, ¿cómo te encuentras? —pregunto dando caricias en los cabellos largos azabache de Reich.
—Muy bien. No he tenido dolores.
Sonrió —¿Y como esta mi adorable bebé? —dijo acariciando el vientre de su esposa.
—Muy bien, acaba de escuchar un cuento y comer manzana acaramelada.
—¡Y tarta de manzana! —grito Emma alzando su plato en manos. Los presente rieron enternecidos por la escena. El momento se vería interrumpido nuevamente por el timbre de la gran casa. La Organización que estaba más cerca de la puerta la abrió.
—¡Mami! —Emma corrió a abrazar a la madre, quien la recibió con los brazos abiertos.
—¿Como esta mi cuervito?
—Estuvo toda la tarde preguntando por ti —apareció Derek en escena acercándose a la mujer que están en la puerta.
—¿En serio?
—Es que te extrañe mucho, mami —Abrazo más fuerte a su madre.
—Buenas noches, Amapola.
—Buenas noches, Reich.
—....¿Soy invisible acaso?
—Lo siento, tío Pol —La niña abrazó al polaco. Esta la alzó en brazos cargándola.
—Oh, no te preocupes —Dio un besito en su mejilla —Hola Reich, ONU, Ale, Derek y bebé de Reich.
La alemán río por eso último.
Los siete presentes se encaminaron al comedor después de que como de costumbre de la familia alemana. Alemania —que era el más chico de todos— tenía que entregar chocolates amargos a todos, a excepción de Emma que el de ella fue de leche.
Doce de la noche y ya toda la familia estaba reunida. Alemania y USA, Derek y Amapola junto a Emma, Prusia y Zar junto a su bebé recién nacido, Second y Pol más solos que nosotros en San Valentín. Y claro nuestras protagonista ONU y Reich.
Todos están reunidos en una mesa gigantesca, comiendo estrés pláticas alegres y tranquilas –un alivio para las parejas de los integrantes de la familia alemana– pues siempre había conflicto con second y ellos.
—Y dime Reich, ¿ya saben que será? —preguntó el papá de Reich.
—No se, quise que fuera sorpresa hasta el momento del nacimiento.
—Y como piensan que le pondrán nombre o pintar su habitación.
—Sobre la habitación decidimos pintarla de blanco y amarillo.
—Y también, Ale y Reich, pintaron dibujos de colibríes por su gran significado de pureza y fuerza.
—Si, México nos dio la idea de los colibríes —comentó USA contento, pues él le había dicho al mexicano sobre el embarazo de la nazi.
—Mm, ya veo...¿Y el nombre?
—Bueno sobre eso, pensamos que se podía llamar Laisha si es niña, Ritter si es niño.
—Me gusta el nombre de Ritter —comentó el prusiano sonriente.
—Lo se, abuelo, por eso lo escogimos.
—¿Y cuando nace? —Siguió second con su interrogatorio
—OMS, dice que entre finales de enero.
—¿La habitación esta lista?
—No, aun no. Pero ya le avanzamos bastante, solo falta pintar los colibríes.
—Hablo de los muebles.
—Oh, si ya están todos.
El alemán asiente y siguió la cena en tranquilidad. Después de eso todas fueron a la sala donde se encontraba el árbol decorado y muchos regalos debajo de mismo.
—Yo quiero abrir este —Emma tenía un regalo forrado de rosa con unicornios.
—Espera, Emma. Deja que vengan todos para empezar a abrir los regalos —Amapola cargo a su hija para que se calmara y soltara el regalo.
—Bueno, los más pequeños empezarán a dar los regalos —Second se sentó en el sillón principal frente a todos —Y este año te toca a ti Emma Kornelia Miller.
La menor sonrió al ser cargado por su bisabuelo para llevarla al árbol a tomar los regalos que ella preparó para cada uno de los integrantes de esa –antes pequeña– familia, que ahora era grande. La pequeña tomó un pequeño paquete que abrió y dentro había otros paquetes más pequeños.
—Bueno, se que no es mucho pero no quería ser la única que no diera regalos...así que espero les guste —Estaba nerviosa, pero su bisabuelo la apoyo. Bajo al suelo y empezó a caminar por la sala entregando los paquetes a los respectivos integrantes, cada paquetes estaba decorado del color favorito y cositas que le gustaban a cada uno.
—Abranlo.
Le hicieron caso y se murieron de ternura. Era un marco con un dibujo hecho por la pequeña Emma, donde estaban toda la familia dibujados.
Se escuchó la risa de USA.
—Que detalle, incluso Reich tiene su estómago de embarazada.
—No se si tomarmelo como burla, o como un solo un comentario.
—Un comentario y halago hacia Emma —contestó USA, abrazando a la pequeña —Thank you.
—De que, tío USA.
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Todos ya tenía sus regalos repartidos, algunos ya los había abierto y no era de esperar que para la nazi casi todos los regalos fuera relacionados por su bebé. y uno que otro también para ella. Todos reían en familia, tomando un té, café o chocolate. Mientras Emma pasaba por la casa con su nueva bicicleta y peluche de unicornio. Era una ternura esa niña.
Reich estaba en la cocina preparándose un té. Se tomaba su vientre con fuerza, pues este le empezó a doler mucho, como si la estuvieran apuñalado. El sonido del microondas anunciando que el agua estaba lista, la hizo llamar su atención y tener que levantarse. Se levantó de la silla, pero al dar un paso cayó al suelo por el dolor. Intentó agarrarse del mesón, pero, solo se resbaló y tiró la caja de metal que tenía los tés.
Todos en la sala se quedaron callados al escuchar el sonido del metal cayendo al suelo, y después un gemido ahogado de dolor.
—Reich, ¿Te encuentras bien? —No recibió respuesta —Con permiso, ir a ver —La organización se levantó de su asiento para ir a ver a su amada. Tan sólo entró y se alarmó al ver a la nazi tirada en el suelo, tomando su vientre con fuerza, mientras lloraba por el dolor que sentía.
—¡Reich!, ¡amorcito, ¿está bien?! —ONU, se acercó corriendo a ver cómo estaba.
—El bebé.
—¡¿El bebé?!, ¡AYUDA, POR FAVOR!
—¿Que pasa?, ¿Por que tanto al...¡Hija!
—¡Por favor, señor second, llame a una ambulancia!
—¡Alemania, el teléfono rápido, llama a una ambulancia! —El Second salió rápido de la cocina para ir a llamar a la ambulancia. Todos estaban preocupados, Derek y Amapola habían entrado a ayudar a la organización.
Amapola era la que revisaba si la nazi se encontraba bien, y lo descubrió. Eran las contradicciones la que la tenía así, así que empezó a contar de cuanto aparecían.
—¡Dios mío!, ¡Está en labor de parto!.
—¿¡Que!?, ¡pero, apenas lleva ocho meses!
—¡¿Y eso que importa?!, ¡asi tenga cinco, está en labor de parto!
En ese momento todos se pusieron más nerviosos. Gracias a dios, llegó la ambulancia. Llevándose a la nazi al hospital más cerca, donde la atendieron de urgencia, ya que se le había subido la sangre a la cabeza y el corazón el estaba latiendo demasiado rápido. Si no la atendían de inmediato podía morir.
—¿Así que yo nací en navidad y casi mato a mi, mama? —pregunto un poco asustada la niña de aproximadamente unos 8 años de edad.
—Si —Le respondo con sinceridad y muy sonriente el bisabuelo de l niña. Prusia. Aunque su diversión se acabó cuando un cojín estrelló en su cabeza, cortesía de su marido.
—No le creas, palomita —El zar a apareció en escena junta Reich y ONU. Se acercó a tomar a la pequeña niña en brazos, quien ya estaba llorando —El bisabuelo Prusia, se inventa eso para asustarte. Pero no lo hará porque eres una niña muy valiente.
—¿Entonces no fue cierto?
—Claro que no, si fuera asi tu mami no estuviera aquí. ¿o no Reich? —La nazi se acercó para cargará a su princesa.
—Si hija, no le hagas caso a tu bisabuelo. Mejor ve y ayuda a Emma con las decoraciones.
La pequeña asiento para salir corriendo a la salida para ayudar a sobrina a decorar el árbol.
—Deja de decirle eso a la pequeña.
—Ella tiene derecho a saber la verdad de su nacimiento.
—Mejor sigamos con los preparativos pero sí, si vuelves decir eso yo misma te matare abuelo.
—Sera un gusto —dijo con una amplia sonrisa, antes de salir para ayudar a las más pequeñas.
Una nueva integrante a la familia alemana. Familia catalogada como rara pero así eran, y eso hacían su encanto.
FIN.
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