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V

Comencé a despertar con un horrible dolor en mi cuerpo, los oídos me sumbaban, y mi visión era borrosa, sentía como si me hubieran tratado de arrancar la piel, lo único que podía distinguir a duras penas era a los dos príncipes discutiendo

-¿Es qué éstas loco o que demonios te pasa? Pudiste matarla, eres un idiota- esa voz pertenecía a Sharva

-Quería ver lo que podía hacer, solo eso, pero ella se negó- el príncipe me tomó en sus brazos, se había arrodillado a mi lado -Y ahora que se lo que es, con mayor razón me la quedaré yo-

-¿Y dejar que intentes matarla? Ni en sueños- sentí como pasaba un brazo por mi espalda y otro por debajo de mis rodillas y me elevaba

-Si te la llevas, espera que te ataque-

-Inténtalo, sabes bien como terminará- comenzó a caminar por los movimientos que sentía

-¡MIRA!-

Escuché el grito enfadado del príncipe mientras una leve brisa nos envolvía. Sentía que mi piel estuviera siendo arrancada, como si algo o alguien tirara de ella para arrancarla de mi cuerpo, era un dolor insoportable, sentía que las lágrimas inundaban mis ojos. De un momento a otro, sentí una calidez rodearme, abrí un poco los ojos con la intención de ver en donde me encontraba, topándome con una sala bastante grande con cortinas rojas cubriendo los grandes ventanales, no estábamos en el castillo de Marcoirus.
Lo último que vi fue que las cosas se movían, por lo que intuí que estaba caminando, quería seguir viendo el lugar, pero la oscuridad se apoderó de mi de nueva cuenta.
Comencé a despertar lentamente, viéndome en un lugar que se asemejaba a una habitación médica, escuchaba susurros de una chica y un chico, ambos se oían jóvenes, mire a mi izquierda y ahí los vi, por lo que suponía, debían tener entre veinte y veinticinco, no habían notado que ya estaba despierta hasta que entró un hombre de unos treinta años, se le notaban unas pocas canas, él notó que ya estaba despierta y les dijo a los dos chicos que fueran a buscar a alguien, y después se acercó a donde yo estaba

-¿Cómo te sientes?- tomó mi mano y presionó mi muñeca

-Siento que todo el cuerpo me arde- ya no sentía ese dolor tan insoportable, pero el ardor era lo suficientemente fuerte como para que me quejara

-Es normal, tu magia casi sale disparada de tu cuerpo, lo que provocó que tu piel casi se agrietara y si eso hubiera ocurrido, no estarías aquí- eso me hizo formularme una pregunta

-¿Cómo es que sigo viva si Marcoirus quería ver lo que podía hacer mi magia?-

-Sharva.. fue para ver cómo seguías y, llegó en el momento justo-

De no haber sido por él posiblemente estaría muerta, con lo que pasó, deseaba con más ansias largarme de aquel lugar, pero no podía irme hasta que estuviera mejor, además que que provocaría una guerra. Pasó como una hora, estaba despierta cuando entró a la sala donde yo estaba, su figura parecía imponente, algo que nunca había notado

-¿Cómo te sientes?- se acercó y me miró fijamente

-Estoy adolorida, pero un poco mejor- miró a otro lado, como si estuviera pensando -¿Se le ofrece algo?-

-No, nada realmente, solo venía a ver si ya estabas mejor para llevarte a una habitación para que descanses- me sorprendió, no esperaba esa amabilidad de su parte -¿Quieres que te ayude?-

-No, gracias, eso sería mucha molestia- trate de ponerme de pie, pero mis piernas cedieron y caí de rodillas

-Déjame ayudarte-

Me elevó en sus brazos, mi pecho se sentía algo tibio, una sensación nueva para mi, algo... que me pedía quedarme en aquel reino. Caminó por los pasillos hasta que llegamos a una doble puerta que, sin un mínimo toque, se abrió, dejando ver una habitación con tapiz rojo, una cama con mantas grises y un edredón blanco. Caminó un poco más y abrió otra puerta, dándome oportunidad de apreciar lo que vendría a ser el baño, era de un ambiente rústico, con una tina blanca recubierta de madera en el exterior, una regadera, un lavamanos blanco con un espejo y un retrete, era espacioso, elegante pero sencillo al mismo tiempo. Caminó fuera de esa habitación y me ayudó a recostarme en la cama, que era bastante cómoda

-Espero que la habitación sea de tu agrado- di una vista rápida a la estancia

-Es muy hermosa, la verdad... jamás había visto una habitación que tuviera un baño privado, aparte de la habitación en el castillo de su hermano-

-Supongo que tu padre no era muy... generoso contigo- supongo que no sabía como explicar su punto

-Si, siempre fue algo tacaño con respecto a mi- asintió en modo de comprensión

-Entiendo, si necesitas algo, no dudes en avisarme. A partir de hoy.. te quedarás conmigo, en mi reino, Marcoirus representa una amenaza para ti ahora, por lo que.. aun si te llevo de regreso a tu antiguo reino, él irá por ti- tenía razón, eso podría provocar una guerra -Te quedarás aquí y podrás depender de mi-

-No me gusta ser dependiente, siento que seria una carga para las personas- me miró con una mirada fría, indescifrable

-No se quien te dijo eso, pero viéndote, dudo que me des algún problema- suspiro cerrando los ojos, era obvio que estaba pensando en el problema que tendría con su hermano ahora -Te dejo para que descanses, mi médico vendrá a revisarte después-

Salió de la habitación, llevándose con él aquella sensación de calidez que me rodeaba, no sabía que era ese sentimiento, pero algo me decía, me imploraba, me gritaba que me quedara, que estuviera en ese lugar, que no me fuera. Pero, aunque quisiera, no podía irme,solo provocaría una guerra que podía significar la destrucción de los reinos de luz, y eso era algo a lo que no podía arriesgarme.
Sin pensarlo o poder evitarlo, caí en un sueño profundo, me sentía en calma, como una paz que inundaba mi corazón y alma.
Me desperté sintiendo un leve dolor de cabeza, pero él ardor de mi cuerpo se había ido, me sentía mejor, así que decidí darme un baño; el agua tibia contra mi piel hizo que el dolor de cabeza se esfumara, me relaje por unos minutos bajo el agua. Cuando salí, me envolví en una bata que estaba ahí y salí del baño, pero no me esperaba que el príncipe estuviera en la habitación, estaba sentado en la cama y tenía una tela en su brazo y mirando a la nada, al menos, hasta que notó mi presencia, me daba pena que me mirara en bata, pero no me esperaba su visita

-¿En qué puedo ayudarle, Mi Señor?- se puso de pie

-En realidad, vengo a traerte un cambio, espero te guste y te quede- me tendió el vestido y lo examiné, era de color azul celeste de manga larga de encaje y con el escote recto en el pecho, un poco abajo del cuello, alineado con las mangas

-Gracias, es muy hermoso-

-Cualquier cosa, mi habitación está al final del pasillo, puedes ir ahí incluso si se te ofrece algo durante la noche-

-Gracias, pero.. ahora que su hermano descubrió algo de mi.. ¿qué pasará?-

-Él ya tomó su decisión y me está tomando como su enemigo, si guerra quiere, guerra tendrá-

-No era mi intención provocar algo como esto-

-Tú no provocaste nada, él es muy ambicioso y hará la que sea para obtener cualquier cosa que aumente su poder-

Mi mirada se desvió al piso, no sabía porque me querría a mí, pero no era nada bueno, y ahora, se vendría una riña interna entre ambos hermanos. Sentí si dedo índice y pulgar en mi mentón y me hizo mirarlo

-No te culpes por todo esto, él siempre ha sido así- lo miré por unos segundos

-¿Qué ocurrirá después?-

-Mi hermano me toma como enemigo en estos momentos, mis hombres están preparados para cualquier ataque- su mirada emitía una ferocidad increíble -No sabe contra que esta peleando realmente-

-¿Por qué me quiere a mí

-Al parecer tienes un poder muy diferente a todos los demás serga, eres diferente, única, por eso-

-Me temía que algo malo me pasara en estos lugares, y mi temor se hizo realidad- mire de nuevo al piso

-Dicen que, mientras más miedo le tengas a algo, es más probable que suceda- lo miré de nuevo, sorprendida por sus palabras -Arreglate, te llevaré a conocer a los demás, te espero afuera-

Salió de la habitación, dándome privacidad para ponerme el vestido, me vi en un espejo que estaba en una esquina, el vestido se ajustaba perfectamente a mi figura. Vi unas zapatillas a un lado de éste y los tomé para verlos, eran de un tacón que apenas se notaba, eran de color plateado y se veían cómodas por lo que terminé poniendomelas. Desenredé mi cabello y lo até en una media coleta con mechones de cabello rodeando el contorno de mi rostro. Salí de la habitación y ahí estaba Sharva, recargado contra la pared, esperando pacientemente

-Pensé que demorarías más-

-No quiero causarle más inconvenientes- baje la cabeza con respeto, para sentir unos dedos tomar mi mentón y levantando mi mirada

-No inclines la cabeza, párate ergida, sino te verán como presa fácil-

Asentí y empezó a guiarme por los pasillos, cada detalle de las paredes me hacía sentir una sensación agradable, era como estar en casa, de la nada, choqué contra su espalda, se había detenido y yo por distraerme, continúe caminando hasta chocar con él, me volteó a ver confundido

-¿Estás bien?-

-Sí, solo admiraba los detalles del lugar-

-Entiendo- guardo silencio por unos momentos hasta que hablo de nuevo -Me parece que tendré que presentarte más tarde, aparentemente no hay nadie... hay mucho silencio-

Caminó, a lo que yo le seguí, su manera de caminar era muy... curiosa, su espalda recta y la mirada al frente, parecía muy similar a la forma de andar de los caballeros, quizás él era tanto un príncipe como un caballero. En nuestro mundo, eso era casi siempre algo muy peculiar, casi todos los príncipes querían más los lujos, pero Sharva.. él era diferente. Me llevó hasta la sala médica en la que había estado antes, y ahí se encontraba el médico que me atendió

-Te presento a Rennot, él se encarga de curar nuestras heridas y enfermedades- el mencionado se acercó a mí y tomó mi mano

-Un placer conocerte- presionó su pulgar contra la muñeca de mi mano -Tú ritmo cardíaco esta estable, pensé que tardaría más- llevó una mano sobre mi frente -Tú temperatura todavía se está estabilizando-

-¿Eso es bueno o malo?-

-Es bueno-

Volvió a su trabajo y el príncipe me llevó a otro lugar, pero en un momento se detuvo a la mitad el pasillo, palmeando su rostro y se giró a verme

-Me disculpo, debí preguntarte antes, ¿quieres comer algo? Debes tener hambre-

-No quiero causarle más inconvenientes-

-Para nada, sígueme-

Seguimos caminando hasta que llegamos a una sala, los sillones eran blancos con detalles azules, había una mesa al centro, la habitación era acogedora, no era para nada tenebrosa, había un ventanal por el que pasaban los rayos del sol, era una estancia bonita

-Ponte cómoda- me senté en el sofá individual y él llamó a alguien -Sally- una chica más o menos de mi edad apareció por la puerta -Trae un poco de comida para nuestra invitada, por favor- una vez que la chica se fue, se sentó también

-Esta es una biblioteca, ¿verdad?- pregunté viendomoos estantes con libros

-Sí, éste es como mi lugar seguro, aquí puedo relajarme una vez terminado el día-

-Entiendo-

La chica entró con comida y con algo de beber, dejándolo sobre ka mesa y sirviéndose un plato, era una rebanada de carne con arroz blanco y queso amarillo sobre éste, se veía realmente delicioso. Me entregó el plato y se retiró, probé ka comida, y realmente me sorprendió su agradable sabor, era la mejor comida que había probado

-Espero que te guste la comida, Sally conoce muchas recetas de los serga, así que, si quieres un platillo en específico, puedes acércate a ella o pedirme a mi que le diga-

-Se lo agradezco-

-Se que tienes muchas preguntas,así que responere algunas de ella-

-¿Por qué sus hermanos se pelearon por mi- recordé aquel día en la arena

-Ellos siempre han sido así, tienen una especie de rivalidad desde hace unos años, el más envidioso y avaricioso es Kivorgil, Marcoirus lo es en menor cantidad, pero no quita que le atraiga el poder-

Eso no me sorprendió, se veía que era ambicioso, y yo no deseaba estar cerca de ninguno de ellos, no importaba lo que dijeran, quería irme.... quería alejarme de todo aquello....

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