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III

Los días pasábamos demasiado rápido, me daba miedo que el día del enfrentamiento llegara, no estaba lista para algo como esto, nunca me imagine que me llegaría a pasar esto ni mucho menos con el hermano mayor, estab asustada, Zed había tratado de distraerme estos días pero nada parecía funcionar. El enfrentamiento se llevaría a cabo en el Circulo de Fuego, donde Marcoirus y Kivorgil se batirían a duelo por mi mano

-Sari, se que esto te tiene abrumada, pero pensar en eso te va a desgastar, ¿por qué no damos una vuelta por el pueblo? Eso siempre te anima- estábamos en mi taller, pero de tanta presión por lo que se venia, no había podido hacer nada

-De acuerdo-

Salimos de mi casa y comenzamos a caminar por las calles. Muchos susrraban cosas y otros simplemente me miraban con cara de desagrado, como si fuera a traer una maldición al reino o algo por el estilo; no quería pensar en eso, quería que mi mente se despejará pero era muy difícil con todos esos comentarios y miradas, me sentía como si fuera su enemiga, que pensándolo bien, me convertiría en eso, Zed me dio unas palmadas en la espalda y paso su brazo por mis hombros como consuelo. En nuestra caminata, para mi mala suerte, nos topamos con mi padre, pero ni iba sólo, iba con el príncipe Vatcler, el que recientemente había traído a su consorte, según mi intuición, eso no era buena señal.
Nos llevaron al castillo, donde estábamos hablando sobre el evento que se aproximaba

-Los tres vendrán, Sharva solo viene como guardaespaldas, nadie suele meterse en su camino, aparte de que le gusta el derramamiento de sangre-

-Él solo viene por entretenimiento- concluí ante su declaración

-Sí, por lo tanto, los otros dos serán quiénes lucharán por ti, y él ganador, se quedará contigo, pero eso no significa que no vaya a haber una riña interna entre ellos por ti-

-¿A qué se refiere con eso majestad?- se atrevió a preguntar Zed quien, al igual que yo, estaba confundido

-Es la primera vez que dos hermanos se pelean por una serga en años, la última vez que paso fue hace cono dos siglos, y no termino muy bien- el tono cálido de su voz no ayudaba, esto era peor de lo que me imaginaba

-Sigo sin entender qué fue lo que te vieron- dijo mi padre por lo bajo

El príncipe lo miró mal, resulta de que él y yo habíamos estudiado juntos, nos habíamos vuelto amigos cercanos pero no tanto como Zed, aun así, no le agradaba el trato que me daba mi padre, si por él hubiese sido, hubiera pedido que su padre me adoptara... ahora que lo recuerdo lo hizo una vez cuando eramos niños, sin embargo su padre solo soltó una carcajada por nuestra inocencia.
La semana había pasado muy rápido y, lastimosamente, el día había llegado, estaba en mi habitación preparándome para el evento, tenía puesto un vestido negro con toques rojos, como si de rastros de llamas se tratasen, estaba ajustado, sin mangas ni tirantes, era como si se adhiriera a mi torso, y de largo, llegaba hasta mis pies, solo que tenía una abertura al nivel del muslo y estaba convinado con unas guantes de encaje negro que llegaban hasta mis antebrazos mi cabello estaba atado en trenza con dos mechones rodeando mi rostro, mis párpados estaban pintados de rojo al igual que mis labios, pero mis ojos también tenían detalles negros, era como un centro rojo rodeado de negro. No me gustaba esa convinieron en mi, pero no podía reprochar, eso solo empeoraría más las cosas y eso era lo último que necesitaba.
Baje a la sala para reunirme con mi padre, como siempre, su mirada solo me dedicaba desprecio, por alguna razón, una parte de mi esperaba una clase de consuelo por su parte, pero nunca hubo nada.

Afuera nos esperaba un carruaje plateado oscuro, tirado por tres caballos negros, eche un último vistazo al lugar donde había crecido, esa... esa seria la última vez que vería ese lugar. Subí al carruaje y mi padre dio un golpe en el techo, indicándole al caballero que avanzara hacia nuestro destino.
Al llegar, me sorprendió ver a tanta multitud en el Circulo de Fuego, y entre ellos, estaba el príncipe Sharva, quien estaba completamente solo, sus hermanos deben estarse preparando para la batalla. Me indicaron que me sentara cerca del príncipe Vatcler, quien al instante me sonrío. Todos estaban emocionados por la pelea que se llevaría a cabo

-Este día, dos príncipes de la oscuridad se batirán a duelo por la mano de su nueva posible consorte-

Ambos príncipes salieron a la luz, todos miramos hacia abajo, hacia la arena puesto que el círculo tenía la arena encerrada en una especie de agujero con escalones, donde nos encontrábamos sentados. Ambos llevaban unas armaduras para el combate. Comenzaron dando un par de vueltas en círculo, hasta que Kivorgil se lanzó contra su hermano, tratando una y otra vez de hace4le algún corte mientras su hermano evitaba hábilmente sus ataques y los devolvia con furia, las espadas resonaban en el aire, y las chispas caían al piso, como caería uno de ellos, observé a Sharva quien tenía una mirada de satisfacción en su rostro, era más que obvio que le gustaba ese enfrentamiento, ña pelea perduró por unos minutos más hasta que Marcoirus encajó su espada en el abdomen de su hermano, haciendo que la sangra se escurriera hasta llegar al piso, dando la victoria al mayor.
Sharva soltó una ligera risa oscura, supongo que sospechaba que su hermano mayor ganaría la batalla, Marcoirus sacó su espada de Kivorgil y la levantó al aire, como símbolo de victoria ante su hermano. La victoria se le había dado. No había nada que yo pudiera hacer. Sentí una mirada sobre mi, así que me gire y me encontré con Sharva mirándome, su mirada transmitía pena por mi, era mi condena, así lo veía yo, este era un matrimonio arreglado para que la paz perdurace en ambos reinos. Observé como Kivorgil se levantaba como si nada, su herida completamente curada, eran seres casi inmortales, las heridas en ellos no les afectaban. El príncipe Vatcler se levantó y me tendió la mano, era la hora. Caminamos hacia abajo entre la multitud con el príncipe Sharva detrás de nosotros, al llegar a la arena, no quería mirar al príncipe que me llevaría a su reino, me negaba a verlo

-De verdad lo siento- mire a Vatcler, su mirada me transmitía tristeza por mi partida

-No se preocupe majestad, es un deber que recayó en mi esta vez. Es para mantener la paz en nuestro mundo-

Me dio un abrazo y me soltó para que me girara hacia el ganador, sus ojos estaban clavados en mi, pero los de su hermano más pequeño también. Me tomó del brazo delicadamente y me guío a la salida, donde nos esperaba un carruaje negro con detalles plateados y dorados con cuatro caballos, los cuatro subimos en él y el carruaje se puso en marcha y eché un último vistazo al reino donde crecí cuando estábamos en los límites de esas tierras. Durante el camino, nadie habló y todo estaba en completo silencio, excepto por los leves ronquidos de Kivorgil, quien había caído dormido casi al mismo tiempo que salimos del reino, en cuanto a los otros dos, el segundo hermano iba a un lado del tercero leyendo un libro de hechizos y el primero estaba somnoliento a mi lado, y de repente su respiración se volvió más pausada, dando indicio de que se había quedado dormido.
Cemtre por un momento mi atención en el único príncipe que estaba despierto, se le veía muy concentrado en su lectura y no quería interrumpirlo. Mire hacia afuera, observando el paisaje, no era más que bosque, sentía que mis ojos se llenaban de lágrimas, no quería irme, pero no tenía opción

-¿Todo bien?- su voz me sobresaltó y me giré a verlo

-Eso creo- me limpie las lágrimas con las manos, pero él me tendió un pañuelo azul marino, dudando, acepté y me lo pasé por la parte inferior de los ojos, traté de devolvérselo pero levantó una mano

-Conservalo, no tengo inconveniente con eso-

-Pues, gracias-

-No te sientas mal, piensa que salvas tu mundo de una posible guerra- cerró su libro y apoyó su pie en su rodilla

-Creo que no deberíamos de hablar tan alto, no quiero despertarlos- dije refiriéndome a los dos hombres que se encontraban durmiendo

-Tienen el sueño bastante pesado, será difícil que se despierten- asentí con la cabeza, él simplemente me observó durante unos segundos antes de hablar -¿Qué edad tienes? Pareces muy joven-

-Tengo diecisiete, en dos meses cumplo dieciocho- eso pareció sorprenderlo puesto que abrió ligeramente más los ojos

-Éste idiota, no sé cómo se le ocurrió pedir a una menor como consorte- dijo algo irritado, solo suspiro y continuo -Se que esto es duro, mi hermano solo busca a alguien con quien tener descendencia, pero ninguno de los dos te tendrá hasta que te marquen-

Sabía lo que significaba eso, pero no quitaba el hecho de que fuera algo que me arrebatará del lugar que consideraba un hogar, sin embargo, tal vez sería mejor que soportar los malos tratos de mi padre

-¿Qué edad tiene usted?- pregunte en un intento de cambiar el tema

-Veintitrés-

-Su voz no lo demuestra-

-Herencia de mi padre supongo, él también tenia una voz muy profunda a corta edad- baje mi mirada, pero el inclinó la cabeza con cierto interés -¿Hay algo más que te preocupa?- lo miré ante su pregunta

-Yo... el chico que estaba conmigo la noche del baile.. es como un hermano para mi y.. saber que.. es posible que no lo vuelva a ver.. es... doloroso- su mirada me estudió por un momento ,como si pudiera leer mis pensamientos y deseos

-Hablaré con mi hermano para que le permita visitarte, separarte de tus seres queridos es un golpe muy fuerte-

-Se lo agradezco-

El resto del camino fue un silencio total, él se había vuelto a concentrar en su lectura y yo en el paisaje, el bosque cambiaba a uno más tétrico conforme avanzábamos, revelando la naturaleza de esos reinos tan temidos, lo único que deseaba mi corazón era quedarme dormida y que al despertar.. me encontrara en mi habitación, despertándome con el dulce olor a vainilla de mi hogar, pero sabía que eso era algo imposible, al menos a estas alturas. Sentía como las lágrimas se presentaban de nuevo, amenazando con salir en cualquier momento, no quería llorar, pero a la vez quería hacerlo, quería salir del carruaje y correr a la casa del chico que consideraba un hermano y abrazarlo, pero eso.. eso no era más que una esperanza vacía.

De la nada sentí que el carruaje se detenía, no supe en qué momento fue, pero me había quedado dormida, el hombre a mi lado también se despertó, el único que había estado despierto durante todo el viaje había sido Sharva, quien en ese momento estaba intentando hacer que Kivorgil se despertara. Su desesperación llegó a su límite y abrió la puerta del lado de su hermano y lo tiró fuera del carruaje, haciendo que este no solo se despertara, sino que también se ensuciara su traje, se sentó en el piso y miró con ira a su hermano, quien solo sonreía con arrogancia tras hacerlo caer. Marcoirus abrió la puerta de mi lado y me tendió la mano, ayudándome a bajar. Observé el castillo, era un lugar enorme y algo tétrico para mi gusto, dos guardias protegían la puerta doble principal.

Marcoirus me ofreció su brazo y yo lo acepté, tenía que empezar a acostumbrarme a cosas como esa. Empezamos a caminar hasta que se detuvo a la mitad de la escalinata, al parecer había visto que Sharva se alejada al lado contrario

-Hermano, quédate por favor, por lo menos a la cena, debes estar hambriento- comentó puesto que las horas nocturnas no tardaban en caer

-Bien, solo por esta ocasión, pero espero que no sea otro de tus trucos- amenazó con un ligero tono distorsionado en su voz, lo que me asustó un poco

El interior del castillo era negro con detalles rojos y plateados, y los pasillos eran tan largos que me costaba creer que tantas personas vivieran en aquel lugar. Mi "futuro esposo" me llevó a lo que sería mi habitación. Era muy grande y espaciosa, había una cama donde cabían como tres personas sin problema, un escritorio,un closet de gran tamaño de madera pintada de color guindo, un estante, un tocador con un espejo y un taburete, ambos de color rojo y un baño privado que tenía una tina de color gris con detalles dorados, un lavabo blanco con un espejo ovalado y dos estantes a los costados, era una habitación increíble pero muy grande para mi y demasiado... elegante

-En el closet hay unos vestidos, cámbiate y vendré por ti en veinte minutos para la cena- dicho eso, se fue

Abrí el closet y vi los cuatro vestidos, eran de color azul marino, rojo, dorado y color vino, el de color vino me agrado, era un vestido de tirantes con dos aperturas en las piernas que llegaban hasta la mitad del muslo y un escote decente, me deshice del maquillaje que llevaba y pinté mis ojos de color rojo, sin ningún otro color y solté mi cabello para peinarlo y decidí dejarlo suelto, me llegaba hasta la parte baja de la espalda.
En cuanto el lapso de tiempo se cumplió, escuché toques en la puerta, así que me dirijo ahí y la abrí, Marcoirus me volvió a ofrecer su brazo y yo acepté, dejando que me guiará al comedor. Al llegar pude observar la gran mesa blanca que estaba en el centro de aquella sala, los otros dos príncipes estaban hablando hasta que notaron nuestra presencia, Kivorgil me recorrió con una mirada que solo emitía deseo, lo que me incómodo al instante, supongo que Sharva debió percibirlo porque le aventó una especie de humo que le dio una bofetada, dándole la indicación de que dejara de verme así. No sabía porqué, pero él príncipe me agradaba y.. por alguna razón... me daba tranquilidad.

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