
08
YoonGi había pasado muchas dificultades a lo largo de su vida, hace muchos años, su hermano SeokJin y él no tenían para comer ni un techo donde dormir. Fueron abandonados por sus padres a corta edad y vivían en las calles, ellos tenían nueve y doce años, no sabían lo que les deparaba en el bajo mundo.
De esa manera, ambos terminaron involucrados en cosas ilegales, al inicio eran cosas pequeñas como robos de comida en tiendas de conveniencia y luego negocios para poder comprarse cosas esenciales. No se les había dado otra opción porque nadie pretendía ayudar a unos niños desamparados, ni siquiera el gobierno, hasta que un anciano narcotraficante les dio cabida y trabajo.
Eran muy jóvenes, por lo que eran específicamente usados como vendedores y transportadores de drogas, ninguna autoridad sospechaba de los infantes. Fueron ascendiendo mientras pasaban los años y obtuvieron poder porque supieron jugar sus cartas, aunque pasaron cosas horribles en el trayecto.
Al final consiguieron sobresalir, YoonGi se informó sobre las diversas drogas y armas, se hizo de confianza con todos los proveedores posibles y muchos lo reconocían porque era excelente con los tratos. Por su parte, SeokJin se encargaba de administración y el lavado de dinero, nunca dejaba rastros y se hizo de conexiones en el gobierno, por eso les fue fácil armar su propio imperio.
Sin embargo, a ninguno de los dos hermanos les gustaba la idea de matar, pero eran "gajes" de su oficio desde un comienzo y se habían impuesto a la violencia con el tiempo. Debían defenderse, mantener a raya a su gente y también a sus múltiples enemigos, ya que en este mundo no podían arreglar todo con diálogo.
YoonGi tenía las manos llenas de sangre, pero nunca fue su elección ser una mala persona y menos la de SeokJin, solo pasó mientras intentaban sobrevivir. Aunque ahora quisieran retirarse no era tan fácil porque ya estaban en la mira y no había marcha atrás, no importaba cuanto desearan retroceder sus actos.
JiMin, en cambio, nunca pasó por necesidades o traumas parecidos, aunque sí sufrió la ausencia de su madre en el círculo familiar, ya que ella falleció cuando era muy pequeño. Su padre, JaeSang, desde la pérdida se volvió alguien distante y no le volvió a proporcionar el amor fraternal que debería, pero aun así se llevaban bien y se veían de vez en cuando.
Ese era el motivo por el que JiMin vivía aparte, cuidando la granja en que nació y creció con sus padres, la misma que su madre amaba con fervor. Por el contrario, JaeSang dejó ese lugar cuando su hijo tuvo la edad suficiente para vivir solo y se fue al pueblito para evitar el dolor de los recuerdos con su esposa.
JiMin nunca le reprocho por su falta, pues comprendía lo que sentía, pero era eso mismo lo que justificaba que no parecieran padre e hijo. Tampoco entendía por qué su JaeSang evitaba a toda costa que se acercara a YoonGi si cada que lo veía le hablaba bien de él. Pronto descubrió el motivo por rumores entre los pueblerinos, vaqueros y granjeros, aunque no se sintió intimidado por el narco.
Su padre siempre le dijo que no se entrometiera con hombres peligrosos, pero la advertencia solamente lo hizo sentir más curioso y atraído, por lo que veía a YoonGi cada que visitaba la zona. Claro que nunca se le acercó porque se recordaba que no era una buena persona, aunque no terminaba de entender por qué era considerado así cuando incluso JaeSang se encariño con él.
JiMin quería conocerlo por sí mismo y juzgar de primera mano, por eso se guardó el hecho de que sabía quien era y a lo que se dedicaba. Eso, sumándole el hecho de que terminó sintiéndose tentado al verlo de cerca y escucharlo reír.
Ambos, tanto YoonGi como JiMin, se pidieron disculpas por haber ocultado cosas desde el inicio y explicaron sus propios motivos para hacerlo. Luego de su primer encuentro, pasaron meses conociéndose y hablándose de sus vidas, a la vez que aprendían cosas nuevas del otro.
JiMin le enseñó a YoonGi como montar.
YoonGi le enseñó a JiMin como disparar.
Por supuesto que en ese lapso tuvieron varios momentos candentes, en los cuales se agarraban a besos y caricias, pero no volvieron a tener sexo. Ellos habían acordado primero ver su compatibilidad y posibilidades, ya se gustaban y no tenían problema con estar juntos, pero había ciertos hincapiés.
JaeSang no tardó en enterarse de su "relación" y no se lo tomó nada bien, ya que sabía que JiMin peligraría al estar emparejado con un narcotraficante.
El viejo PSY recibió la noticia por el mismo YoonGi, quien decidió hacer las cosas bien y pedir de manera formal que dejará a JiMin venir a la ciudad con él para presentarlo a su hermano SeokJin. No obstante, JaeSang se negó y estaba tan furioso que entre el arranque lo cacheteo en repetidas ocasiones mientras lloraba por el miedo a perder a su amado hijo.
Al final, YoonGi no tuvo el corazón para separar al viejo de JiMin y prefirió tomar otra ruta para poder tener la relación que tanto quería. Por eso le pidió a su vaquerito unos meses para ir a la ciudad, prometiendo que volvería pronto.
JiMin aceptó y no estaba desilusionado, en cambio, se sintió agradecido con YoonGi por comprender a su padre y esforzarse tanto por su futuro.
En la ciudad, SeokJin y toda la red recibió a YoonGi con los brazos abiertos, pero su jefe se encontraba muy distinto y todos pudieron ver un aura más radiante a su alrededor. Su hermano mayor junto a NamJoon fueron los primeros en señalar su felicidad y les explicó lo que sucedió visitando su ranchito, por lo cual incluyo el motivo de haber regresado antes de lo acordado.
Entonces YoonGi llevó a cabo el plan que tenía en mente, dejó todo el narcotráfico a SeokJin, quien sin dudarlo lo recibió y prometió llevarlo con sus mismas reglas. Después de todo, contaba con todo lo necesario para evitar los arrestos y cateos, también estaba el hecho de tener a su pareja, NamJoon, apoyándolo y cuidándolo.
De esa manera, y con el acuerdo de silencio con los múltiples proveedores, empleadores y conexiones del gobierno, YoonGi desapareció del mapa y esperaba que nadie lo buscará. Aunque SeokJin se encargó de que así fuera, nunca dio su ubicación y pronto fue olvidado por sus diversos enemigos, que fueron forzados a centrarse en el nuevo líder de la red.
JiMin por primera vez se interesó en lo que pasaba fuera del pueblito y acompañaba por las tardes a su padre para poder ver las noticias en su antiguo televisor. Estaba esperando pacientemente a YoonGi y cada día se levantó con la esperanza de que por fin volviera, pero sus ilusiones se fueron desvaneciendo.
JaeSang por eso ya no dejaba que estuviera en la tienda y le pidió que volviera a su granja, insistiendo en que su ganado y cultivos necesitaban de sus cuidados. Cuando la verdad era que no quería ver a su hijo triste por la ausencia de YoonGi y menos cuando la última noticia transmitida habló de una posible muerte.
JiMin tenía el corazón roto y un nudo en la garganta, no quería aceptar ese hecho, así que los próximos días se centró en su terreno y en el de YoonGi.
Este día en particular era distinto, desde muy temprano había empezado a llover y tuvo que resguardar a su ganado en el granero. Le tocaba limpiar los corrales y era lo más pesado de hacer con el excremento y el lodo, pero aun así lo realizó.
Estaba atardeciendo y JiMin finalmente terminaba, se encontraba empapado y cansado hasta los huesos, pero eso no importó cuando sintió a alguien tomar repentinamente su cintura. No tuvo la necesidad de voltearse para saber de quién se trataba y sus lágrimas se mezclaron con las frías gotas de lluvia, una sonrisa genuina apareció en su rostro.
—Estoy en casa, mi hermoso vaquerito.— ronroneo YoonGi en su oído con esa grave voz que lo estremecía y lo giró entre sus brazos para fundirse en un ansiado beso.
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