𝑭𝒊𝒏𝒂𝒍
El shock que le provocó esa frase de Atsushi fue grande, ¿No había nada? ¿Ranpo había logrado escapar mientras el estaba fuera?
Eso era imposible.
Él había envuelto el cuerpo y lo había llevado a ese lugar, él se había encargado de retirar los tablones y hacer el espacio suficiente para que cupiera el cuerpo.
¿Cómo que no estaba?
—Edgar, Edgar, Edgar...
Escucho la voz de Ranpo, detrás de él.
—R-Ranpo...
—¿Lo habías olvidado ya? Cierto, no haz tomado tu medicamento desde que desaparecí... ¿Pero como olvidas que eres esquizofrénico?
Los sucesos de aquella noche recayeron sobre él como un balde de agua fría.
La sangre en esas sábanas ni siquiera pertenecía a Ranpo.
Por qué Ranpo no había pisado esa casa desde que desapareció tras completar su último caso.
Esa noche, cuando supo que Ranpo había muerto gracias a ese último video que le envío, él terminaba de lavar aquellas sábanas blancas donde ambos dormían, cuando al fin recibió una noticia de su amado que llevaba tanto tiempo desaparecido.
—Ya sé por qué estoy aquí... Dazai-kun ya debe estar muerto.
Un golpe atinó a su mejilla, más no le borro la sonrisa.
A Poe la rabia le invadía, junto a la impotencia de no ser más que un simple espectador.
—¡Y eso es por tu maldita culpa!
—¿Mi culpa? Con todo lo que hiciste no me sorprende que también hayas asesinado a Dazai.
—¡Yo no fui quien lo mato, fuiste tu! Si tú simplemente no hubieras intervenido... Si simplemente no hubieras intervenido Dazai no se hubiera alejado de mí.
—¿Intervenir? Únicamente hice mi trabajo, ¿Acaso tu amiga Yuan también intervenía en tu loca fantasía?
—¿Sabes algo? Me tienes harto... Dime, algo que quieras decir antes de irte al infierno.
Ranpo sonrió a la cámara.
—Recuerda que todo esto es tu culpa, Nakahara Chuuya... —suspiro, dejando de lado esa sonrisa satisfecha—, Edgar, te amo por favor... Por favor vive por mi...
Un disparo bastó para terminar con la vida de Edogawa Ranpo, un disparo con el que terminó aquel video.
Edgar no quería creerlo, no lo podía creer, creía que había sido simplemente una alucinacion...
Una de esas que no puede distinguir entre la realidad...
¿Que haría él en un mundo sin Ranpo?
Ir a la cocina.
Tomar un cuchillo.
Apuñalar su propio brazo.
Gritaba por el dolor y por el miedo.
Porqué tenía a Ranpo en frente.
Porqué acababa de apuñalarlo.
Porqué no hacía más que observar mientras la vida se fugaba por esa herida en su estómago.
Porqué la luz en sus ojos verdes se extinguia.
Porqué aún así él tomo su rostro envolviendolo con cariño.
Porqué antes de morir susurró unas últimas palabras de amor.
Porqué solo un gato negro fue el testigo de su crímen.
Porqué la sangre nunca perteneció a Ranpo.
Siempre fue suya.
Se encontraba en aquel muelle que invadía sus sueños llenos de culpa, aquel muelle donde fue tomado aquel último video.
Dónde cerca del lago, en una cabaña, una cuerda vacía se balanceaba con el peso de un fantasma.
Dónde en el suelo yacía una última carta de amor escrita con sangre.
La máxima expresión de amor.
Un arma descansaba en su bolsillo mientras él se sentaba en el muelle junto a ese gato para admirar el atardecer.
—Tus compañeros no van a saber jamás donde es que estás...
—Mientras esté contigo está bien.
Ranpo lo miraba, con los ojos verdes bien abiertos y una tierna sonrisa adornando su rostro, él sol de color naranjo iluminaba sus ojos haciéndolos brillar como dos joyas, estaban llenos de curiosidad, esperando el momento en que él se decidiera actuar.
—Pero, aquello que me dijiste la última vez...
—Lo sé, pero te extraño demasiado...
—No puedo... Si puedo... No... Lo sé... Después de todo... Fue mi culpa, si te hubiera cuidado mejor... Es como si yo hubiera sido tu asesino...
El escritor de levanto de su sitio en el muelle, dándole la espalda al detective.
Entonces...
Saco el arma y apunto al lateral de su cabeza.
Un disparo.
Cayó al agua.
El cielo azul se reflejaba en sus ojos púrpuras, mientras iban perdiendo el brillo y su cuerpo se hundía en el agua clara que se teñía poco a poco de rojo.
El gato negro era el único testigo del crímen.
Permanecía sentado en el muelle mientras el cuerpo del escritor se cubría de agua como si algo lo estuviese jalando hacia adentro de aquel lago.
Cuando ya no pudo verlo simplemente se fue.
Contoneando su figura entre los árboles admirando su alrededor con sus ojos verdes y brillantes, con una sonrisa en aquel rostro felino que no debería sonreír.
Luego de una dolorosa confesión que resultó ser un malentendido Edgar Allan Poe había desaparecido sin dar rastro.
Todos los detectives se compadecían del desafortunado escritor que perdió al amor de su vida para luego perderse a si mismo.
Atsushi Nakajima desde su hogar imploraba frente a una ofrenda que la pareja se encontrará bien. Mientras su novio le acompañaba en sus rezos frente al altar con la fotografía de su último viaje juntos.
Era un día de otoño demasiado frío, tomando en cuenta que el verano recientemente había terminado.
Una de las ventanas permanecía abierta, pues a Karl le gustaba entrar y salir por ella para dar paseos por el jardín y olfatear las flores.
Ryuunosuke se había retirado, mientras Atsushi encendía una luz para su pequeño altar, un gato negro entraba por la ventana.
Podía reconocer esos ojos verdes a donde fuera.
Era el gato que Edgar había adoptado.
Sostenía algo en el hocico, que solo distinguió hasta que se acercó a su altar y la dejo en frente de la foto de la pareja.
Una flor de lirio de araña rojo...
No tardó en comprender el mensaje.
Lo que había pasado con el escritor y el detective estaba claro y al mismo tiempo tan confuso.
—Dios... Solo te ruego, por favor, que en su próxima vida, Ranpo-san y Poe-san puedan ser felices.
Separó las manos cuando termino de rezar, con una lágrima rodando en su mejilla.
Al final el gato había confesado lo que había presenciado.
Ese gato delator confesó el crimen.
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