XI
Habían pasado tres noches, nuevamente era luna llena, y como de costumbre, Némesis seguía despierto a media noche, llevaba puesta una gabardina negra. Odiaba esas noches en vela, normalmente traían pensamientos que lo dejaban confundido y con una sensación extraña. Mirando por la ventana, contemplaba sus tierras, condenadas a un invierno eterno.
Escuchó que alguien tocaba la puerta, por lo que fue a abrir, pero le era raro ya que esa hora todos estaban dormidos. Al abrir se topó con la femme que le hacía dudar de su plan
-Sariatu, ¿qué haces despierta a estas horas?- preguntó confundido
-No podía dormir, me preguntaba si todavía tenía medicina para el insomnio- dijo un tanto apenada y con la voz algo baja
-Claro, pasa- se hizo a un lado, dejándola entrar a su habitación
-Me disculpo si le he despertado-
-Para nada, no duermo cuando hay luna llena- respondió mientras buscaba la medicina en la mesa que tenía en una esquina
Sariatu miraba la habitación, no era tan tenebrosa como la recordaba de aquella noche, estaba alumbrada por una pequeña lámpara en la mesita de noche junto a la litera aún hecha, no lo entendía, se supone que las criaturas de la noche aman la oscuridad y más las de oscuridad, pero ¿por qué él no?
-Aquí tienes, prepara un té o un poco de energon caliente y agrega tres gotas, no más- señaló con autoridad
-Gracias- tomó el frasco entre su mano -¿Puedo.. preguntarle algo?-
-Claro, ¿qué ocurre?- dijo mientras miraba a través de la ventana
-¿Por qué su habitación no está tan tenebrosa como la recuerdo? Pero admito que es una habitación acogedora-
-No me gusta estar sin luz-
-¿Por qué?- se giró a verla
-Porque le temo a la oscuridad- esa respuesta la sorprendió -Siento que las criaturas de Unicron me acechan en las sombras, en cada esquina. Por eso prefiero tener una luz que me alumbre-
Un ser de oscuridad teniendole miedo a las tinieblas, que ironía. Pero entendía su temor
-Un tanto irónico, pero cierto- comentó sin despegar la mirada de la ventana
-¿Acaso... usted duerme por las noches?- se acercó un poco a él
-En luna llena no, mi magia gana más fuerza, lo que hace que no pueda dormir-
-¿Puedo... quedarme con usted? Así no pasará la noche solo- la miro, le sorprendió su propuesta
-Claro, usualmente paso estas noches solo- aceptó sin más
Ambos se sentaron en la litera y comenzaron a platicar, y de cuando en cuando, una risa por parte de ambos se escuchaba. Parecía que la femme nunca caería rendida de sueño, incluso se pusieron a jugar ajedrez, siendo Némesis el ganador de las tres rondas jugadas.
Terminaron recostados en la litera, y en unas ocasiones, al mech se le ocurría hacerle cosquillas a la femme que lo acompañaba.
Las risas salían incontrolablemente de ella por sentir los dedos del Rey en sus costados, cuando paró, lo vio a los ojos mientras él se apoyaba en su codo izquierdo en la litera. Contemplaba esa ferocidad en ellos, un fuego que podría provocar un incendio en segundos. De la nada, Némesis sostuvo su rostro delicadamente de la mejilla y se fue acercando poco a poco
-Mi Señor, ¿qué hace?- preguntó temerosa
-Algo que dejamos pendiente-
Sus rostros quedaron a unos centímetros, hasta que Némesis terminó de acortar la distancia entre ambos. Sariatu sentía que su chispa se saldría de su pecho en cualquier momento. Pero el sabor de sus labios era como probar el veneno de una serpiente, y eso estaba haciendo,probando el veneno de la oscuridad, de la muerte hecha mech, de la maldad. Se sentía en las nubes, se estaba embriagado por el sabor de su boca. Némesis igual, el sabor de sus delicados labios era como probar el energon más caro y esquisto de todo Cybetron, sentía que su chispa se calmaba, que sus temores a la oscuridad se iban, que su ira se aplacaba.
Se separaron con la respiración agitada, mirándose a los ojos, sus ojos azules reflejaban su inocencia, bondad, amor y humildad, mientras que ella, veía en sus ojos morados, el caos, ira, tristeza y una ferocidad increíble, pero también pasión, amor, era un ser increíble ante sus ojos.
Némesis se levantó para ir al baño, al entrar, se enjuago el rostro, ¿qué había hecho? No lo sabía, no sabía porque se dejó llevar, no era lo que tenía en mente. Pero algo era seguro, ya no podía escapar de ese sentimiento, su chispa se sentía más cálida, sabía lo que sentía, pero no si era correcto.
Cuando salió, vio que Sariatu se había quedado dormida,no quería despertarla. Habían pasado horas hablando, ya casi serían las tres de la madrugada, así que lo mejor era dejarla descansar. Se acostó a su lado, cubriendo a ambos con la sábana, y sin saberlo, él también cayó en un sueño profundo por primera vez en esos últimos años desde que Unicron lo maldijo.
Durante lo que restaba de la noche,abrazó a Sariatu, y esta estaba de cara a él,sintiendo una calidez rodeandola.
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