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01

El sol era intenso, el sudor se acumuló bajo la nuca de JiMin y se deslizó lentamente por su cuello, hasta su pecho para luego bajar por su torso, ombligo y vientre. Se había puesto la ropa más suelta y fresca que tenía, un conjunto específico para sus exploraciones, era un short y una camisa de gris lino. Como se adentraba en zonas con diversas superficies se preparaba con unas buenas botas, un sombrero y un kit completo en su mochila de viaje.

A veces iba acompañado por otros exploradores o zoólogos, solo que en esta ocasión nadie había ido con él por la ubicación que había elegido: la selva del Congo en África. No se encontraba triste, todo lo contrario, cuando estaba solo en la naturaleza le gustaba parlotear sobre los árboles, frutos, flores y animales que conocía. Se tomaba su tiempo para sacar fotos y hacer apuntes sin que lo apresuraran o se burlaran de su emoción.

En fin, este viaje era importante para él, ya había estado en otros países, pero África era más naturaleza y podía encontrarse con especies que no había en ningún otro lado. Pese a eso, jamás se imaginó que al buscar un cuerpo de agua se toparía con un cocodrilo africano, era enorme, alrededor de 6 mts y estaba devorando lo que parecía ser una tortuga.

JiMin se apresuró a alejarse entre los helechos y colocarse en un buen punto para tomar fotografías, pero terminó pisando unas ramas secas. El cocodrilo tragó y se giró hacia donde había escuchado el movimiento, lentamente se fue acercando. Su cuerpo era pesado y lento, pero era bien sabido que podían lanzarse contra sus presas.

En segundos iba a ser comida, la sensación de pánico y tristeza lo inundó, soltó algunas lágrimas mientras temblaba. Encontró un poco de paz al apretar la cámara entre sus manos, y cerró los ojos, no quería ver cuando llegara a él.

Sin embargo, algo inesperado pasó, del agua salió un hermoso cocodrilo blanco, había pocos de ellos, alrededor de cien en todo el mundo y se encontraban en cautiverio para su propio bien. JiMin quedó estupefacto, mirando las deslumbrantes escamas y fue perdiendo todo el miedo. Observó atentamente como ambos cocodrilos se enfrentaban y dio un paso atrás para no estorbar, dándose cuenta de que el blanco era más pequeño, media probablemente unos 4 mts y era más delgado.

JiMin sabía que era una especie en peligro de extinción y que solo había alrededor de cien en el mundo, mantenidos en cautiverio en varios zoológicos. Encontrar uno significaba para muchos una buena suerte, siendo lo que era, debería reportar que encontró uno viviendo en la naturaleza y asegurarse de que sea llevado a algún lugar sano y salvo. Personalmente, no tenía esa idea, había visto con sus propios ojos como los empleados de esos sitios se aprovechaban para maltratar a los animales, dejarlos pasar hambre y morir sin vivir su libertad. Era lo natural, amaba la ferocidad de lo connatural, lo dejaría ahí, que era su hogar.

Desesperado y sin saber qué más hacer, busco algunas piedras para lanzarle al primer cocodrilo, logró darle en la cabeza, ojos y boca, pero solo abrió la boca para soltar un ronco siseo. Tenía unos enormes colmillos y JiMin se estremeció al verlos, aunque el cocodrilo blanco parecía muy concentrado y podría decirse que hasta confiado.

Pronto estaban uno encima del otro, lanzándose mordidas, rasguñándose y empujándose. Al final, el cocodrilo más grande se marchó, hundiéndose en el agua y alejándose rápidamente. JiMin estaba asombrado y algo preocupado al notar que el hermoso blanco tenía rastros rojos de sangre y se acercó sigilosamente al cocodrilo blanco. Se sentó en el suelo y rebusco en su mochila, el animal ya estaba observándolo con sus ojos color rosáceo y cabeza ladeada, como si no comprendiera su comportamiento.

—Te ayudaré como tú me ayudaste.— aseguró suavemente JiMin, sacando un ungüento, algodón y alcohol. —Pensé que moriría, te lo debo.— continuó diciendo sin percatarse de que el cocodrilo blanco ponía los ojos en blanco.

JiMin se arrastró a gatas para no asustar ni provocar con su proximidad, remojo el algodón en alcohol y limpio los rasguños y mordidas con delicadeza. El cocodrilo blanco giró su rostro para ver sus acciones, pero no le siseo ni mostró los colmillos, al parecer no lo veía como un enemigo. Era fortuito, ya que permitía darle la atención que necesitaba y la pomada fresca fue lo último en colocar.

—Gracias, señor cocodrilo.— dijo JiMin, sonriendo de oreja a oreja, sus ojos marrones entrecerrándose y sus mejillas coloreadas de un llamativo rojo.

El cocodrilo blanco se alejó, metiéndose en el agua, manteniéndose hundido a excepción de sus ojos rosáceos que seguían mirando atentamente a JiMin. El humano era raro, los otros solían salir corriendo en su presencia y no solían ser tan bonitos. Además, no sabía por qué lo había defendido de otro cocodrilo, simplemente sintió que debía hacerlo, podría ser debido a que portaba el aroma de almizcle, sal y algo más que no identificaba.

JiMin se despidió con la mano tiernamente y procedió a mirar alrededor, buscando algo, hasta que encontró un cedro grande y frondoso, en el cual se subió. Estaba anocheciendo y no era buena idea continuar caminando sin poder ver por donde iba, así que descansaría. Abrió su mochila y sacó una cuerda con gancho y se acomodó en una gruesa rama, se amarró tanto de pies como estómago y pecho para evitar caerse.

En el agua, los ojos rosáceos seguían observando al humano, no solía ver personas con ese tono de piel, todos los hombres y mujeres eran morenos, pieles oscuras. Aquellos que poseían un tono más blanco a ellos... no solían terminar con un final feliz, si alguien lo sabía, era él. Esperaba que no lo encontrara ninguna tribu, él ya no podía hacer nada para asegurar su bienestar. Esta noche solo lo vigilaría por si acaso, solo eso, después se iría y dejaría que se las arreglara como pudiera.

¿Siquiera era un hombre? El cocodrilo blanco no estaba seguro, parecía una hembra por algunos rasgos, como sus carnosos labios rojizos, sus tonificadas piernas y... No, debía ser un hombre porque llevaba un corte de pelo corto y tenía músculos en los brazos. Se sintió un poco confundido, pero ¿Quién era él para saber de los humanos actuales? Sobre todo, aquellos que parecían no ser de los alrededores.

JiMin tarareo un poco, busco en el cierre delantero y saco una barrita de proteínas, le quedaba un poco de agua en el termo, ceno eso y se dispuso a dormir. Las estrellas en el cielo brillaban hermosamente y la luna era enorme, todo a su alrededor estaba oscuro, apenas iluminado por las luces naturales. No se dio cuenta en absoluto de que el cocodrilo blanco seguía en el mismo lugar, sin moverse en las aguas, mirándolo con una mezcla de asombro y desconcierto.

Esa noche, en la nebulosa del sueño, JiMin se encontró cara a cara con un hombre de cabello blanco largo, piel pálida como porcelana, ojos con alejandría, nariz redonda y rasgos suaves. No dijo absolutamente nada y el otro hombre tampoco, aunque el desconocido le sonrió, sus labios finos se separaron y mostraron unas bonitas uñas rosas, aunque poseía unos colmillos puntiagudos que contradecía toda la ternura que exudaba.

—De nada, humano. Y soy YoonGi.— murmuró, sonó como un gruñido áspero, como si no hablara seguido y hubo un toque leve de diversión en su entonación.

Los primeros rayos del sol golpearon el rostro de JiMin, provocando que apretara los párpados y usará su antebrazo para cubrirse, bostezo. Le tomó unos minutos despabilarse y darse cuenta, miró hacia todos lados, pero no había nadie con él, debió ser solo un sueño. Se repite eso mientras se desamarraba, bajaba del árbol y sacaba su brújula para irse.

El cocodrilo blanco, se había alejado a una distancia de acecho, para no ser visto y decidió irse a su hogar. El mundo de los humanos no era cuestión suya, estaba bien solo, aun si sentía un extraño vacío en el estómago al alejarse, probablemente fuera hambre.

...


Hola galletitas, es bueno aparecer un ratito. Espero que estén bien y que wattpad no me borre la historia jajaja ♡

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